El hombre

Médico a los veinticinco años, periodista progresista a los treinta y deportado por ello, higienista de oficio y de fama, catedrático de literatura en Barcelona y de lógica en Madrid, académico de tres academias: escribió unos ochenta libros, y el diccionario fue solo uno. Su biógrafo de 1859, que lo conoció en vida, lo llama «infatigable».

Barcelona, 1808

Se llamaba Pedro Felipe Monlau y Roca (en catalán, Pere Felip Monlau i Roca), hijo de Jaime Monlau y España y de María Francisca Roca y Alavedra [RAH]. Nació en Barcelona el 29 de junio de 1808 [RAH; Wikipedia (ca)]: aquí, a diferencia de Barcia, las fuentes no discuten. Estudió en el Seminario de Barcelona (1816-1824) latín, retórica y filosofía, y luego Medicina en el Real Colegio de Cirugía: licenciado en 1831, doctor en 1833; a la vez, matemáticas y cosmografía, física, química, botánica, inglés, francés, italiano y griego [RAH].

El médico del cólera (1833-1834)

Fue médico militar en el Hospital Militar de Barcelona. En la epidemia de cólera de 1834 atendió solo a los enfermos del hospital, porque sus compañeros habían enfermado o huido, y le dieron la cruz de Epidemias [RAH; Ovilo 1859: 79].

El periodista progresista, deportado (1835-1843)

En los años de la guerra carlista, Monlau fue un liberal de combate. Estuvo en la redacción de El Vapor, con Pedro Mata, Antonio Ribot, Milà i Fontanals y Fontcuberta, y lo dirigió de agosto de 1835 a octubre de 1836; fundó El Constitucional en agosto de 1837, y en octubre de 1837 lo deportaron a Canarias [RAH]. Se escapó a Francia, y de allí salió su libro De la instrucción pública en Francia: de 1840 según la RAH, de 1838 según Ovilo, que lo publicó en vida de Monlau [RAH; Ovilo 1859: 79]. Volvió a Barcelona en la primavera de 1839, fundó El Popular (1841) y en el asedio de 1843 negoció la rendición de la ciudad [RAH].

En 1841 ganó el concurso del Ayuntamiento con una memoria de título inolvidable: ¡¡Abajo las murallas!!, sobre «las ventajas que reportaria Barcelona y especialmente su industria de la demolicion de las murallas que circuyen la ciudad»; el Ayuntamiento le dio una medalla de oro [Ovilo 1859: 79; RAH]. Es su primer escrito de higienista [RAH].

Mientras, desde 1840, fue catedrático de Literatura e Historia en la Universidad de Barcelona [RAH; BVFE]. De ahí salieron sus Elementos de literatura (1842), libro de texto oficial [Ovilo 1859: 80; Castillo Carballo 2021: 133].

El higienista (1844-1871)

Con los moderados en el poder lo trasladaron a Valencia (1844); en 1846 llegó a Madrid y, dice la RAH, «habría evolucionado hacia posiciones conservadoras» [RAH]. Desde 1847 trabajó para la sanidad del Estado: secretario del Consejo de Sanidad (1847), delegado de España en el Congreso Sanitario de París (1851), consejero de Sanidad (1855), con parte en la Ley de Sanidad de 1855 [RAH]. En 1859 era además «segundo jefe del cuerpo de Administracion civil», comendador de Carlos III y caballero de la Legión de honor francesa, y miembro de las academias de medicina de Madrid, Barcelona, Cádiz y Palma y de las de Lisboa, Génova, Atenas y Constantinopla [Ovilo 1859: 78-79].

Sus libros de higiene son lo que más se vendió de él: Elementos de higiene privada (1846) y pública (1847), Higiene del matrimonio (1853), Higiene industrial (1856), premiada en Barcelona, sobre lo que el gobierno podía hacer «á favor de las clases obreras», y Nociones de higiene doméstica (1860), de texto en las escuelas de niñas; y una revista que escribía casi solo, El Monitor de la salud de las familias (1858-1864) [RAH; Ovilo 1859: 81]. Dos veces ganó la cátedra de Higiene de Madrid y dos veces se la quitó la política, en 1854 y en 1868 [RAH].

El profesor de filosofía y de lenguas

Catedrático de Psicología y Lógica en el Instituto de San Isidro de Madrid desde 1848, escribió con Rey y Heredia un Curso de psicología y lógica (1849) que fue libro de texto oficial [RAH]. Cuando sale el diccionario, la portada lo presenta así: «catedrático que fue de Literatura é Historia en la Universidad de Barcelona, y ahora de Psicología y Lógica en la Universidad de Madrid» [Portada de 1856]. Estudió además Lengua y Literatura Griega en la Universidad Central, y eso le dio la cátedra «de latín de los tiempos medios, castellano, lemosín y gallego antiguos» de la Escuela Superior de Diplomática [RAH], desde 1857 según la BVFE [BVFE]; fue su director, y después director del Museo Arqueológico Nacional [Revista de archivos, bibliotecas y museos, página 8, 28/2/1871], que guarda su retrato.

El académico del sillón D (1858-1871)

La Real Academia Española lo eligió en 1858, y la prensa lo felicitó como el «laborioso autor del "Diccionario etimológico"» [La Corona (Barcelona. 1857), página 2, 3/7/1858]. Ingresó el 29 de junio de 1859, el día que cumplía cincuenta y un años, con el discurso Del origen y la formación del romance castellano, que le contestó Hartzenbusch [RAH; La América (Madrid. 1857), página 10, 24/10/1859]. Su tesis cabe en una línea, y así la resumió la prensa: «del latín y solo del latín nació la lengua castellana» [La América (Madrid. 1857), página 10, 24/10/1859; La Razón (Madrid. 1860), n.º 3, 1861]. Ocupó el sillón D [Castillo Carballo 2021: 131; Diario de Manila, página 3, 18/11/1893]. En la Academia leyó Del arcaísmo y el neologismo (1863) y un informe sobre el válaco (1868), y trabajó en la Gramática de 1870 [Calero Vaquera 2021; Castillo Carballo 2021: 132, 138]. En 1870 entró en la de Ciencias Morales y Políticas con un discurso de título de médico, Patología social [RAH].

Su último libro de lengua fue el Vocabulario gramatical de la lengua castellana (1870), 634 artículos: «el primer diccionario de lingüística de la tradición española que conocemos» [Calero Vaquera 2021].

Los seudónimos y lo demás

Firmó también como Juan Primario, Felipe Roca y Lavedra, P. F. Walnom (Monlau al revés), Hilario Pipiritaña u O. E. Moralinto [BVFE; Castillo Carballo 2021: 133-134]: comedias, una guía de Barcelona (1831) y otra de Madrid (1850), un Arte de robar (1844), un Libro de los libros, ramillete de máximas, con cinco ediciones en 1859 [Ovilo 1859: 79], y Las mil y una barbaridades (1857), que según La Época iba por «once ó doce» ediciones en 1871 [La Época, 22-III-1871]. Su hijo cuenta unas ochenta obras [Castillo Carballo 2021: 133]. En la lista de treinta que da Ovilo en 1859, el diccionario ocupa una línea: «Diccionario etimológico. Un tomo.» [Ovilo 1859: 81].

Tuvo un hijo, José Monlau y Sala, catedrático de historia natural (en 1859, «en el Instituto Balear»), que escribió la Relación de los méritos de su padre, «redactada en vista de documentos oficiales» [Ovilo 1859: 82], y se la regaló en 1858 por su cincuenta cumpleaños, «trazado por la mano de un hijo único» [Castillo Carballo 2021: 132-133; Torres Martínez 2021: 211]. Esa Relación es la fuente de casi todas las biografías; nosotros no la hemos encontrado digitalizada [La Relación de su hijo].

La muerte, en 1871

Murió en Madrid el 16 de febrero de 1871, a los 62 años [La Correspondencia de España, n.º 4.836, 23/2/1871; RAH]. La esquela la firmaron «su hijo, su hija política, sus nietos y hermanos»; lo enterraron el sábado 18 en la Sacramental de San Luis y San Ginés [La Correspondencia de España, n.º 4.833, 17/2/1871]. De qué murió, ninguna necrológica lo dice.

La prensa general lo despidió con elogios: «una verdadera ilustración española por su talento, por su inmensa instrucción y por su laboriosidad» [El Tiempo (Madrid. 1870), página 3, 18/2/1871; La Época (Madrid. 1849), n.º 7.208, 18/2/1871]; «tan laborioso como honrado, tan sabio como afable y modesto» [Revista de archivos, bibliotecas y museos, página 8, 28/2/1871]; desde Barcelona, «hijo ilustre de Cataluña» [El Correo de España (Madrid. 1870), n.º 12, 28/2/1871]. La RAH, en cambio, dice que murió «casi en el anonimato» para la prensa médica [RAH]. interpretación nuestra La prensa general no lo olvidó; la médica, casi.

Su sillón fue para Emilio Castelar, elegido por 16 votos contra 7 el 20 de abril de 1871 [La Ilustración española y americana, página 3, 25/4/1871; El Diario español, página 3, 18/2/1871].

Tres hombres, tres oficios

interpretación nuestra Domínguez fue un tipógrafo y periodista que hizo su diccionario solo y contra la Academia (su historia); Barcia, un político federal que lo hizo entre cárceles y exilios (la suya). Monlau es el funcionario sabio: médico del Estado, catedrático, académico de tres academias, conservador desde 1846. Su diccionario no pelea con nadie: es un libro de profesor. La pelea se la buscaron otros (lo contamos en La polémica de 1856).

Lo que no sabemos

Textos de Karb and Sil, con licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0): cópialo, compártelo y adáptalo citándonos. Los textos de Monlau, la prensa de 1856-1935 y las imágenes antiguas son de dominio público; la fotografía del retrato es del Museo Arqueológico Nacional, en Wikimedia Commons, con licencia CC BY-SA 4.0. Cada dato lleva su fuente entre corchetes; lo que es lectura nuestra, va marcado. Editor: Wordkers. Hecho a partir de nuestras notas de estudio; generado el 12/10/2026 19:24.