La obra
Un tomo de unas 580 páginas: 180 de gramática de la palabra, los Rudimentos de etimología, y casi 300 de diccionario, con el origen de cerca de nueve mil voces agrupadas por familias. Monlau lo llamó «ensayo» y «floresta etimológica», y lo hizo para la escuela.
Qué es
Diccionario etimológico de la lengua castellana (ensayo) precedido de unos Rudimentos de etimología, Madrid, Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, 1856: un tomo con el prólogo (págs. I-IX), los Rudimentos (1-180), el diccionario (181-475) y una bibliografía con índices (477-554) [Diccionario etimológico]. Los anuncios lo daban como «un tomo de 600 páginas» [Diario oficial de avisos de Madrid, página 4, 2/4/1856; El Sainete (Madrid. 1857), n.º 7, 9/2/1858]. Él dice que «se acerca á nueve mil el número de voces cuya etimología ú orígen se indica» [Prólogo: IX]. En nuestro texto son 1.234 artículos, y en sus familias de derivados y compuestos, 6.653 palabras más [Diccionario etimológico].
El prólogo: lo que no es y lo que quiere ser
Monlau empieza diciendo que lo que trae no es un diccionario etimológico de verdad, porque ese libro no existe «ni lo poseerá en mucho tiempo» ninguna lengua. Haría falta saber de cada voz nueve cosas: su origen inmediato, cuándo entró, su significado primero, sus formas sucesivas, sus acepciones en orden, por qué se dejó de usar, sus derivados, sus compuestos y su «verdadera ó primitiva etimología» [Prólogo: I-II]. Ese libro sería «el verdadero Diccionario nacional, el verdadero Tesoro de la literatura del país» [Prólogo: III].
Lo suyo es un «ensayo», «no como una obra de profunda erudicion, sino como un modesto trabajo de compilacion esmerada»; la etimología se hará «por una suscripcion voluntaria» a la que cada cual pone lo que puede, «hasta el óbolo del pobre» [Prólogo: IV-V]. Lo escribe para «los jóvenes que hoy estudian» y para «los hombres hechos que no han estudiado», y quiere darles en un tomo «lo que sin mi libro les costaria, y á muchos nos ha costado, largos años de lectura» [Prólogo: VI]. Siete propósitos, el primero «vulgarizar las nociones mas positivas y necesarias sobre el orígen y la formacion de la lengua castellana»; y uno muy de su tiempo, explicar «todas las voces… de orígen griego que se usan en castellano», las de la ciencia [Prólogo: VI-IX]. Lo firma en Madrid, el 1 de enero de 1856, con un verso latino: Feci quod potui; faciant majora potentes, «hice lo que pude; hagan más los que puedan» [Prólogo: IX].
La portada lo vendía como libro escolar: «complemento de los estudios elementales de la Gramática y de la Retórica», que «puede agregarse como apéndice á todas las Gramáticas» [Portada de 1856].
Los Rudimentos de etimología
Antes del diccionario, ciento ochenta páginas de gramática de la palabra en siete capítulos: la estructura de las voces, cómo se forman (derivación y composición), la eufonía, la ortografía, el origen del castellano y su formación, y unas Tablas etimológicas con las desinencias, los prefijos, los «pseudo-prefijos» griegos y latinos (auto-, geo-, -grafía) y las voces y frases latinas que se usan en castellano [Rudimentos]. La idea es que el lector, sabidas las tablas, descomponga solo las palabras; por eso el diccionario no explica los derivados [Advertencias: 180; Castillo Carballo 2021: 137]. Para Castillo Carballo son un tratado de formación de palabras «esencial para interpretar adecuadamente el repertorio» [Castillo Carballo 2021: 132, 136]; para la crítica de 1870, «bien pensados y escritos» [Revista de España, n.º 14, 3/1870].
Los Rudimentos se pueden leer enteros aquí, capítulo a capítulo, desde la cabecera del diccionario. Desde octubre de 2026 van corregidos por las mismas reglas que los artículos, con cuidado de no deshacer las tablas (medidos en cinco páginas transcritas a mano: de 8 a 6 errores por cada mil caracteres) [Diccionario etimológico].
Cómo es un artículo
Las Advertencias lo explican: tras la voz, sus formas antiguas y la voz latina, griega o árabe de la que viene inmediatamente; a menudo la griega equivalente, aunque no sea el origen; la onomatopeya cuando la hay; las dudas; a veces la voz italiana, francesa o catalana; y lo enciclopédico justo [Advertencias: 177-179]. Solo las palabras primitivas tienen artículo; las derivadas van detrás, en un párrafo que empieza «D. y C.», derivados y compuestos [Advertencias: 180; Castillo Carballo 2021: 137]. Y una regla de oro: basta el origen inmediato, porque «la etimología es el pasaporte del vocablo, como dice Nodier», y las informaciones etimológicas, como decía la Academia, «no obligan á probar nobleza hasta la primera generacion» [Advertencias: 178]. Unos ejemplos, para abrir en esta biblioteca:
- Abad. «Abbas, abbatis: formado del siriaco abba, ó del hebreo ab… que significa padre», remite a padre y a papa, y su familia: abacial, abadengo, abadesa, abadía [Diccionario etimológico]. Un artículo corto y completo.
- Parte. «Pars, partis, ablativo parte: la cosa que se desprende ó separa de un todo», y una familia de veintisiete palabras, de aparcería a repartir, pasando por compartir, imparcial y participio («de capiens partem, que toma parte del verbo») [Diccionario etimológico]. Es lo que el prólogo llama clasificar las palabras «por familias naturales ó etimológicas» [Prólogo: VIII]. (Hasta octubre de 2026 nuestro troceado cortaba esta familia en dos y fabricaba un falso artículo Participio; ya está entera.)
- Higiene. Del griego hygieia, salud, y «Hygie ó Hygiea llamaban tambien los griegos á la diosa de la salud, hija, segun la fábula, de Esculapio» [Diccionario etimológico]: el médico en una línea.
- Estar. Aquí sí sube varias generaciones: el latín stare, el griego, el francés antiguo estre, y una cita de Puigblanch [Diccionario etimológico].
- Etimología. «Del g. etymos, verdadero, y logos, palabra, sentido» [Diccionario etimológico].
interpretación nuestra Frente a Barcia, que es un diccionario general con un apartado de etimología sin límite (su obra), el de Monlau es solo etimológico: no define las palabras. Es el diccionario de un profesor, corto y por familias.
De dónde sacaba las etimologías
Lo que declara. Al final del libro, una Bibliografía con los autores citados («una especie de conmemoración honorífica») y una lista cronológica de 77 obras de lingüística y etimología, comentadas, de san Isidoro a Diez [Bibliografía: 477-512]. Tres le importan. El Dictionnaire étymologique de la langue françoise de Roquefort (París, 1829), ordenado por familias: «me dió la primera idea del ensayo de Diccionario etimológico que hoy publico» [Bibliografía: 498; Castillo Carballo 2021: 135]. El Diccionario de etimologías de Ramón Cabrera (Madrid, 1837), con «el orígen inmediato latino de unas 2500 voces» [Bibliografía: 501], el único etimológico castellano anterior. Y el de Friedrich Diez (Bonn, 1853), la etimología románica alemana: en España «será necesario tambien publicar algun Diccionario etimológico comparativo» [Bibliografía: 508].
Lo que cita de verdad. Contamos con un programa cuántas veces nombra a cada autor dentro de los artículos [Nuestra cuenta de las citas]:
| Autor | Veces | Quién es |
|---|---|---|
| Covarrubias | 117 | El Tesoro de la lengua castellana (1611) |
| Rosal | 112 | El doctor Rosal, «docto médico cordobés», cuya obra manuscrita conocía por una copia [Bibliografía: 481-482] |
| Puigblanch | 26 | Antonio Puigblanch, con quien se carteaba desde 1838 [Bibliografía: 498] |
| la Academia | 22 | |
| Cabrera | 17 | |
| Ménage | 13 | El etimologista francés del siglo XVII |
| san Isidoro | 13 | |
| Roquefort | 11 | |
| Diez | 0 |
interpretación nuestra El andamio del libro es la tradición española (Covarrubias, Rosal) y la francesa (Ménage, Roquefort), no la filología alemana que elogia en la bibliografía. Su hijo lo dijo a su manera: una «imitación muy mejorada» del Tesoro de Covarrubias [Castillo Carballo 2021: 135]. Y es justo lo que le reprocharon en 1856: que no pasaba del latín y el griego (lo contamos en La polémica).
Cómo salió y cuánto costó
El 2 de abril de 1856 ya se vendía, a 32 reales, en las librerías de la Publicidad, Bailly-Baillière, Sánchez, Hernando y Martínez [Diario oficial de avisos de Madrid, página 4, 2/4/1856]; los pedidos, «al autor, calle de Santiago, núm. 1»: lo vendía él [Las Cortes (Madrid), página 4, 5/5/1856]. Llegó a Palma, Barcelona, Valencia, Málaga y La Habana [Las Cortes (Madrid), página 4, 5/5/1856; El Balear (Palma de Mallorca), página 4, 22/4/1856]. Cuánto se vendió y cómo le fue, en El ciclo.
Las otras ediciones
- México, 1877. José María Sandoval, impresor, en su «Almacén literario», recompuso el texto de 1856 a dos columnas, en unas 370 páginas, con la misma portada de catedrático [México, 1877]. Es una reimpresión, no la 2.ª edición: así se la ha llamado a veces, pero el texto es el de 1856.
- Madrid, 1881: la 2.ª edición, que solo conocemos por los anuncios. Póstuma, «un tomo en 4.º mayor de mas de 1.100 páginas, á dos columnas, de letra pequeña y compacta», a 25 pesetas, anunciada en El Imparcial desde el 29 de diciembre de 1881 [El Imparcial (Madrid. 1867), página 4, 29/12/1881; El Imparcial (Madrid. 1867), página 4, 5/1/1882]. No la hemos visto: no hemos encontrado ningún escaneo abierto. Por los anuncios, más del doble de páginas que la de 1856, y en un formato mayor; quién la preparó y qué añadió, no lo sabemos.
- Buenos Aires, 1944, El Ateneo, «llamada segunda edición», con prólogo de Avelino Herrero Mayor [BVFE]. En 1935, en España, «se agotó la edición y no ha vuelto a ser reimpresa» [El Siglo futuro, n.º 18.617, 1/6/1935].

Lo que dijeron los estudiosos
Corominas lo tenía por el único de los etimológicos castellanos del siglo XIX con cierto interés, y Porto Dapena por el mejor considerado [Castillo Carballo 2021: 134-135]. Para varios historiadores de la lingüística es «el primer diccionario etimológico moderno del castellano» [Calero Vaquera 2021], y Metzeltin pone ahí el principio del camino que acaba en Corominas: «del Diccionario etimológico… de Pedro Felipe Monlau y Roca (1856) al Diccionario crítico etimológico… de Joan Corominas» [Metzeltin 2018: 157].