El ciclo
Las mismas tres preguntas que nos hicimos con los diccionarios de Domínguez y de Barcia: qué había cuando apareció, cuántos años estuvo en la cima y qué hizo que cayera. La respuesta corta: nació barato y sin rival, estuvo arriba tres años, y no lo tumbó nadie: se quedó solo y fuera de la imprenta, hasta que el Barcia ocupó su sitio.
En corto
- Nace en 1856 como libro de texto barato y sin rival. Un tomo de 600 páginas a 32 reales, que vende el propio autor; en etimología castellana solo había el Cabrera de 1837 [Diario oficial de avisos de Madrid, página 4, 2/4/1856; Bibliografía: 501].
- Arriba estuvo tres años, y de joven. En la prensa, el pico es 1856 (salida, reseñas y polémica) y la venta sostenida, 1857-1858; en 1865 se saldaba en los puestos de libros [Nuestro recuento de la prensa].
- No lo tumbó un rival: se quedó solo y fuera de la imprenta. Muerto Monlau en 1871, lo reimprimen en México (1877) y sale una 2.ª edición en Madrid a finales de 1881, justo cuando el Barcia llenaba la prensa; desde entonces apenas aparece [México, 1877; El Imparcial (Madrid. 1867), página 4, 29/12/1881; Nuestro recuento de la prensa].
- interpretación nuestra Lo arrinconaron el tamaño de su público y la etimología nueva: era un libro de profesor para estudiantes; los estudiantes compraron gramáticas, los curiosos el Barcia, y los filólogos leían a Diez.
Lo que había en 1856
- La Academia: la edición vigente era la 10.ª, de 1852, casi sin etimologías [El ciclo de Domínguez]. En 1859 sus nuevos estatutos ponían el diccionario etimológico entre las obras que «hacen suma falta», y un periódico se quejaba de que «todavía no tengamos en España un Diccionario etimológico, ni siquiera un centón» [La España (Madrid. 1848), n.º 4.013, 11/9/1859]. En 1879 la Academia «está terminando su diccionario etimológico» [La Unión (Madrid. 1878), página 2, 27/4/1879]; no llegó a salir.
- Los diccionarios generales: el Diccionario nacional de Domínguez, en sus reimpresiones de Mellado, a 120 reales por suscripción y 180 de catálogo; el de Salvá; el de Gaspar y Roig. Ninguno etimológico [El ciclo de Domínguez].
- Los etimológicos: en castellano, solo el Diccionario de etimologías de Ramón Cabrera (1837, póstumo), con unas 2.500 etimologías [Bibliografía: 501]; fuera, el Roquefort francés (1829) y el Diez alemán (1853) [Bibliografía: 498, 508].
Lo que prometía Monlau era lo que ninguno tenía: el origen de casi nueve mil voces, por familias, con 180 páginas de gramática de la palabra delante, y sobre todo «todas las voces (así técnicas como vulgares) de orígen griego que se usan en castellano» [Prólogo: VIII-IX]; y para la escuela, como «apéndice á todas las Gramáticas» [Portada de 1856]. Pero no entró en las listas oficiales de libros de texto de 1856 y 1858, donde sí estaban otros dos libros suyos [La Esperanza, 19-IX-1856; La Época, 1-X-1858].
La cumbre, medida
Contamos en la Hemeroteca Digital de la BNE las páginas de prensa de 1850 a 1935 que nombran el diccionario de Monlau: 147 páginas bajadas y leídas, clasificadas por reglas sobre su texto; 87 hablan del diccionario: 34 anuncios, 15 reseñas o polémica y 38 citas [Nuestro recuento de la prensa]. Para comparar años, cada cifra se divide por la prensa digitalizada de ese año. Lo que se cuenta son menciones en la prensa, no ventas: es un termómetro, no una cuenta.

| Años | Monlau (anuncios / reseñas / citas) | Barcia | Qué pasa |
|---|---|---|---|
| 1856 | 21 (9 / 9 / 3) | — | Sale en abril; reseñas en mayo y junio; la polémica en noviembre |
| 1857-1859 | 23 (15 / 0 / 8) | — | Las listas de la librería de la Publicidad (32 reales); académico |
| 1860-1870 | 14 (7 / 0 / 7) | — | Su propia revista lo anuncia (1861); saldo a 24 reales (1865) |
| 1871 | 3 (0 / 0 / 3) | — | Muere Monlau: treinta páginas más hablan del hombre, no del libro |
| 1872-1880 | 3 (0 / 1 / 2) | 53 | El Barcia: prólogo (1878) y salida (1880) |
| 1881-1883 | 3 (1 / 0 / 2) | 25 | La 2.ª edición (diciembre de 1881): tres anuncios en El Imparcial |
| 1884-1900 | 12 (1 / 3 / 8) | 189 | Citas de autoridad y catálogos |
| 1901-1935 | 8 (1 / 2 / 5) | 39 | Citas sueltas; «agotado» en 1935 |
¿Cuántos años estuvo arriba? Si «arriba» es que se le hace publicidad propia, de 1856 a 1858: tres años, con un coletazo de saldo en 1865 y otro de la 2.ª edición en 1881-1882. Es la curva más corta de los tres: Domínguez estuvo arriba unos ocho años (1846-1853) y Barcia unos seis (1880-1885) [El ciclo de Domínguez; El ciclo de Barcia]. Las cuentas de 1856-1857 son por lo bajo: el OCR esconde una decena de anuncios y reseñas de esos años [Nuestro recuento de la prensa].
Y una cosa que dicen los números: Monlau-persona sale en la prensa mucho más que su diccionario: 104 páginas en 1856 y hasta 754 en 1865, los años del cólera, cuando era consejero de Sanidad [Nuestro recuento de la prensa]. El diccionario fue una parte pequeña de su vida pública.
Los precios
El de 1856 no bajó de precio en las librerías (32 reales de 1856 a 1870) y se saldó en la calle a 24 en 1865; la 2.ª edición triplicó el precio al doblar las páginas. Era un precio de libro escolar: la cuarta o la sexta parte del Domínguez [El ciclo de Domínguez]. Y en los años ochenta, al lado del Barcia (unas 206 pesetas) y del Echegaray (60-75), el Monlau de 1881 seguía siendo el etimológico barato [El ciclo de Barcia].
¿Era rentable hacerlo?
Lo hizo un hombre solo, con su biblioteca y «largos años de lectura, de extractos, consultas, notas y apuntes» [Prólogo: VI]; lo vendió él mismo, con rebaja a los libreros [Las Cortes (Madrid), página 4, 5/5/1856]; lo anunció dos años y lo vendió quince. Lo que no sabemos es la tirada, el coste de la imprenta ni cuántos se vendieron. interpretación nuestra No fue un negocio como el Domínguez o el Barcia, con suscriptores, entregas o el Estado comprando: fue un libro de autor, como sus higienes: un tomo, precio escolar, venta lenta. Que en 1865 se saldara dice que sobraban ejemplares; que siguiera en catálogo a 32 en 1870, que el saldo era de restos.
¿Por qué cayó? Seis explicaciones
1. ¿Lo hundió la polémica de 1856? No. Se siguió anunciando al mismo precio y en 1858 la Academia lo eligió [La Corona (Barcelona. 1857), página 2, 3/7/1858]. Le dejó una etiqueta, la de etimologista de latín y griego, que la crítica de 1870 repite con educación [Revista de España, n.º 14, 3/1870] (ver La polémica). Descartada como causa.
2. ¿Se quedó sin público? En parte. Se vendió como complemento escolar pero no entró en las listas oficiales de libros de texto [La Esperanza, 19-IX-1856; La Época, 1-X-1858]; y en 1865 se saldaba [La Discusión (Madrid. 1856), n.º 2.809, 17/2/1865]. interpretación nuestra Tres años de anuncios y un saldo a los nueve es lo que se espera de un libro que no encontró su aula. Probable.
3. ¿Lo sustituyó el Barcia? En el público, sí. Desde 1880, en la prensa el Barcia sale diez o veinte veces más que el Monlau (1884-1900: 189 páginas frente a 12) [Nuestro recuento de la prensa], y en 1888 un periódico de La Coruña ya daba por indiscutible «el adelanto» de la Academia y de Barcia sobre Monlau [Galicia (La Coruña. 1887), página 3, 6/1888]. Pero entre los que hacían diccionarios siguió en la mesa: Fernández Cuesta consulta «el etimológico de Monlau» para su francés-español (1888) [Revista contemporánea (Madrid), n.º 70, 4/1888]. Probable, para el gran público.
4. ¿Fue la 2.ª edición de 1881 una respuesta al Barcia? Es posible, no probado. La fecha cuadra: se anuncia en diciembre de 1881, cuando el Barcia iba por su tomo II [El Imparcial (Madrid. 1867), página 4, 29/12/1881; El ciclo de Barcia]; y el tamaño también, porque un libro que dobla las páginas no es una reimpresión. Pero no tenemos ni el libro ni su prólogo. Lo que sí se ve es que no funcionó en la prensa: tres anuncios en El Imparcial y nada más [Nuestro recuento de la prensa]. Sin pruebas.
5. ¿Quién tuvo la propiedad? En vida, él. Murió dejando un hijo único, José Monlau y Sala, catedrático de historia natural [La Correspondencia de España, n.º 4.833, 17/2/1871; Castillo Carballo 2021: 132-133]. interpretación nuestra La propiedad sería suya como heredero; si preparó la 2.ª edición o la vendió a un editor, no lo sabemos. Sin datos.
6. ¿Lo mató la ciencia nueva? Sí, y lo sabía. Es el único de los tres que nació diciendo que lo superarían: un «ensayo», hecho para que otros «mas capaces» hicieran más [Prólogo: IX]. En 1870 era «un breve, aunque bien trazado bosquejo» que reunía «los primeros materiales para la obra que aún está por escribir» [Revista de España, n.º 14, 3/1870]. El castellano tuvo su etimológico moderno con Corominas, ya en el siglo XX [Metzeltin 2018: 157]. Entre medias, el Monlau sobrevivió como el más serio de los viejos [Castillo Carballo 2021: 135]. Lo damos por cierto a la larga.
La vocación del autor
interpretación nuestra Fue la obra de un hombre que hacía muchas: uno de unos ochenta libros, entre la higiene del matrimonio y la de los obreros. Un libro de profesor, no de lexicógrafo: para enseñar a descomponer las palabras, no para definirlas. Y el único que lo podía poner al día, él, siguió por otro lado: lo que hizo después en lengua fue gramática, no etimología. Comparado con los otros dos: Domínguez murió al acabar su libro y lo heredaron unas planchas; Barcia lo dejó a una viuda que lo vendió y a un sobrino que hizo la versión corta; Monlau lo dejó a un hijo naturalista, y el libro tuvo una segunda vida, más gruesa y más cara, de la que no sabemos casi nada.
Lo que no sabemos
La tirada y las ventas de 1856 y de 1881; quién preparó la 2.ª edición, qué añadió y de quién era la propiedad; si respondía al Barcia; y si el libro se usó en las aulas sin estar en la lista oficial. Algunas respuestas estarán en la Relación de su hijo [La Relación de su hijo], en la portada y el prólogo de 1881, o en los programas de los institutos de aquellos años.