La obra
Cinco tomos en folio, a tres columnas, con unas 125.000 entradas: el título dice «etimológico», pero es un diccionario general de la lengua con mucha enciclopedia dentro, en el que cada palabra lleva, además, su historia en un apartado propio y sin límite de espacio. Lo hizo, dice él, un hombre solo.
Qué es
Primer diccionario general etimológico de la lengua española, por D. Roque Barcia; Madrid, Establecimiento tipográfico de Álvarez hermanos, 1880-1883; cinco tomos en folio a tres columnas [Primer diccionario; Alvar Ezquerra 2019: 6-7]. Pese al título, no es un diccionario etimológico en sentido estricto, sino un diccionario general con mucha enciclopedia, en el que la etimología va en un apartado propio, sin límite de espacio [Alvar Ezquerra 2019: 6]. Alvar Ezquerra calcula unas 125.800 entradas en los cinco tomos y unas 4.700 más en el suplemento: unas 130.500, de ellas unas 25.000 de nombres propios [Alvar Ezquerra 2019: 11-12]. Nuestro programa, al trocear el texto, separó 110.595 artículos [Primer diccionario]; la diferencia puede ser de criterio (qué cuenta como entrada) y no la hemos cotejado.
El prólogo, impreso en París en 1878
El prólogo salió antes que el diccionario: se imprimió en París, en la Tipografía de A. Lahure, fechado el 13 de octubre de 1878 [RAH; Alvar Ezquerra 2019: 6, 8]. En Madrid la prensa lo recibió en noviembre: España tendría su diccionario etimológico «adelantándose así á la academia da la Lengua, que hace una porción de años viene anunciando» el suyo [El Diario español, 3/11/1878, p. 3].
Frente a la Academia, elogio y no guerra. La «Introducción» abre con grandes elogios a los académicos que hicieron el Diccionario de Autoridades en el siglo XVIII y presenta el suyo como lo que ellos no llegaron a hacer: «el pensamiento de un DICCIONARIO GENERAL ETIMOLÓGICO no pasó de ser una valerosa tentativa» [Preliminares del tomo I: VII; Alvar Ezquerra 2019: 8]. La segunda parte, «A la ilustre Real Academia Española» (fechada el 18 de mayo de 1879), es de agradecimiento por el informe favorable que le valió la compra del Estado [Alvar Ezquerra 2019: 11]. Es lo contrario de Domínguez, que se burlaba de la Academia artículo a artículo (lo contamos en su microsite).
El método. No derivar cada palabra de su raíz inmediata, sino de la de origen: «Supongamos que nuestro romance tomó una palabra del latín, pero que esta palabra latina se deriva del griego: yo parto de la raíz griega»; y dar la «genealogía» de cada voz en todas las lenguas. Para eso dice que repartió las palabras en seis familias de lenguas, hizo seis diccionarios y los fundió en uno [Preliminares del tomo I: XII-XIV; Alvar Ezquerra 2019: 10-11].
¿Lo hizo solo?
Él dice que sí, y con orgullo: «Lo hice y lo sé […]; pero lo hice, lo sé y no lo creo» [Preliminares del tomo I: XIV; Alvar Ezquerra 2019: 8]. Pero no del todo: cuando murió José Trinchant, en 1900, El Motín contó que «encargóse de la sección de geografía» del diccionario, «trabajo que terminó en 1884» [El Motín (Madrid), 7/4/1900, p. 4]. Es la única noticia de un colaborador que hemos encontrado.
Sus fuentes, las que dice y las que no
En el prólogo declara más de cien etimologistas extranjeros, «cuyas citas hallará el lector en el DICCIONARIO», y una lista de unos noventa autores españoles, de la Academia a Yepes, entre ellos Domínguez y Monlau [Preliminares del tomo I: VIII; Alvar Ezquerra 2019: 15]. Vuelca en él su propio diccionario de sinónimos y los de otros (Jonama, March, Huerta, Cienfuegos, el conde de la Cortina, Mora), y calla a otros dos de los que también toma [Alvar Ezquerra 2019: 16]. El punto de partida de las definiciones es el diccionario de la Academia de 1869, que copia unas veces al pie de la letra y otras enmienda, reordena o amplía, aunque «no lo hace de manera servil» [Alvar Ezquerra 2019: 11-12; Henríquez Salido 2015: 32-33].
Y Littré. Desde el primer año la crítica lo midió contra el gran Dictionnaire de la langue française de Émile Littré, y salió mal parado. En 1880, «ni el de Monlau, ni el de Barcia» satisfacían «las exigencias científicas de la moderna filología» [Revista contemporánea (Madrid), 1/1880, p. 203]; en 1885 era «una trascripción, no siempre afortunada, del de la lengua francesa por Littré» [El Estandarte (Madrid), 13/10/1885, p. 1]; y en 1888, el ataque más duro: «un pandemónium», cuyo autor «plagió las etimologías que pudo utilizar de una manera tan poco escrupulosa, que copió no sólo los errores, sino también las faltas que no pueden ser atribuidas sino á errores de caja» [Revista contemporánea (Madrid), 4/1888, p. 153]. Quién firmaba esos artículos de la Revista contemporánea no está en esas páginas.
Cómo es un artículo
Detrás de la definición vienen, cuando los hay, unos apartados con rótulo: ETIMOLOGÍA (el primero y el más largo), Sinonimia y Reseña, con lo enciclopédico; y sin abreviaturas [Alvar Ezquerra 2019: 13-17]. Tres ejemplos que se pueden abrir en esta biblioteca:
- Encina. Una línea de definición («Arbol ramoso, que tiene el tronco macizo…») y luego la etimología en seis pasos numerados, del latín quercus a encina: «Veamos de qué modo se ha verificado esta rarísima é increible transformación». Pasa por un carnus del latín medieval, por el francés chêne y por el italiano quercino, y acaba poniendo un prefijo en- a la forma francesa. Sigue una «Derivación», la cita del Diccionario de Autoridades y una «Reseña» sobre la creencia antigua de que las bellotas caían con encantamientos [Primer diccionario]. En 1891 la Revista contemporánea copió esta etimología y notó que la serie es la de Littré para chêne, salvo un carnus donde Littré pone casnus [Revista contemporánea (Madrid), 1/1891, p. 116]: el mismo reproche de 1888, con un ejemplo.
- Alevino y alevinar. La definición de alevino, «Pescado menudo que se echa en los estanques para poblarlos», y una etimología que cita por su nombre a cada autor (Landais, Ménage, Littré) y remata: «Confirma esta sabia etimología…»; alevinar, en una línea. Son las dos palabras de la acusación de 1893 (abajo).
- Madrid. El artículo más largo de todo el diccionario, con casi 290.000 caracteres en nuestro texto: Alvar Ezquerra cuenta 106 columnas para Madrid, 94 para París y 74 para Italia [Alvar Ezquerra 2019: 12; Primer diccionario]. Es la enciclopedia dentro del diccionario: geografía, historia, monumentos. La geografía, si El Motín tiene razón, sería de Trinchant (arriba).
La sinonimia, que explica en qué se distingue una palabra de las de significado parecido, es novedad suya en un diccionario general [Alvar Ezquerra 2019: 16]. Y, como en Domínguez, la voz del autor asoma en los artículos de fondo filosófico, religioso y político [Alvar Ezquerra 2019: 14-15]: Henríquez Salido ha estudiado sus contenidos masónicos [Henríquez Salido 2015] y el léxico jurídico del tomo III [Henríquez Salido 2008]. La crítica de hoy le reconoce «una honda preocupación por el lenguaje y una evidente admiración por sus infinitas posibilidades», «pese a sus evidentes defectos» [García Platero 1998: 141]; y lo da por «útil si se sabe manejar con la prudencia pertinente», con etimologías a veces «extravagantes» [Alvar Ezquerra 2019: 16-18].
¿Copió a Domínguez?
En octubre de 1893, a propósito de alevino y alevinar, la Revista contemporánea puso «á la cabeza de estos innovadores á Domínguez, á quien más tarde copió Barcia, apoyándose en las etimologías de Littré» [Revista contemporánea (Madrid), 10/1893, p. 500]. Era una acusación sobre dos palabras. Barcia nombra a Domínguez entre sus fuentes [Preliminares del tomo I: VIII], y en su diccionario tiene una biografía de él, «lexicógrafo español» que organizó la insurrección de mayo de 1848 (Domínguez) [Primer diccionario].
Lo hemos medido con un programa, artículo contra artículo, con los dos diccionarios que publicamos [Nuestra medida Barcia-Domínguez]. La respuesta: sí, Barcia tomó de Domínguez miles de definiciones casi palabra por palabra:
- De 70.984 parejas de artículos con la misma cabeza, unas 17.000 tienen la definición literal (una frase común de ocho palabras o más, o un parecido de más del 80 %): el 37 % de las que se pueden juzgar. Pasa en todos los tomos y en casi todas las letras, de un 25 % en el tomo III a un 46 % en el I.
- No es casualidad: comparada la definición de Barcia con la de otra palabra cualquiera de Domínguez, sale literal 1 vez de 2.772.
- Una parte viene de la fuente común, la Academia: donde Domínguez marca que copia a la Academia, Barcia coincide con él en el 75 %; donde no lo marca, en el 37 %.
- Pero otra parte no: en las voces de historia natural y medicina (géneros de insectos, peces, plantas, árboles del Brasil), que un diccionario de la lengua como el de la Academia no definía así, Barcia coincide literalmente con Domínguez en el 47 %. Acalefos, «Género de zoófitos ó animales plantas que viven en el mar; tienen la propiedad de comunicar á la mano que los toca una sensación análoga á la del contacto de la ortiga», está igual, palabra por palabra, en los dos.
- Y las tomó limpias. En alevinar, Barcia copia la definición de Domínguez, «Poblar un estanque de pescado menudo ó de alevino», y corta justo donde Domínguez empieza a defender los galicismos útiles (el artículo de Domínguez). Las opiniones de Domínguez no pasaron al Barcia.
- Barcia solo nombra a Domínguez en ocho artículos: frente a 17.000 definiciones literales, la cita es casi nula.
Lo que no sabemos: cuánto de eso pasó por la Academia de 1869, que no tenemos en texto, o por un diccionario intermedio (el de 1853, abajo). Las cifras son un mínimo: casi 40.000 artículos de Barcia no encontraron pareja, unos porque Domínguez no los tiene y otros porque nuestro troceado no los separó bien [Nuestra medida Barcia-Domínguez]. Que Barcia siguiera un texto ajeno se ve también en el orden: en las parejas con dos acepciones que se corresponden, el 93 % van en el mismo orden [Nuestra medida Barcia-Domínguez]. Es una medida nuestra, de lo que se ve en los textos; interpretación nuestra que la copia fuera directa, del Domínguez al Barcia, es lo más probable, pero no lo podemos probar sin la Academia de 1869.
Cómo salió: por entregas, con el Estado delante
- 9 de enero de 1880. Una Real orden de Fomento, «en vista del informe emitido por la Real Academia Española», manda comprar doscientos ejemplares para bibliotecas públicas y centros de enseñanza, pagaderos «á medida que se publique» [Preliminares del tomo I; El Diario español, 25/1/1880, p. 1]. Ultramar se suscribió a treinta [Gazeta de Puerto-Rico, 16/7/1881, p. 1]. El Estado compró el diccionario antes de que existiera.
- Febrero de 1880. Primera entrega [El Globo (Madrid. 1875), 24/2/1880, p. 4; Alvar Ezquerra 2019: 6]. Hubo un retraso al principio por «dificultades en la fundición de algunos tipos», seguramente los de tantas lenguas [Alvar Ezquerra 2019: 6-7].
- Cómo se vendía: «por cuadernos semanales de cuatro entregas cada uno, constando cada entrega de 8 páginas en folio de 24 columnas de impresión compacta, al precio de un real la entrega»; administrador, José María Faquineto de Cantos [La Raza latina (Madrid. 1874), 15/10/1880, p. 1].
- Los tomos: el I en febrero de 1881, a 170 reales en Madrid [El Tiempo (Madrid. 1870), 20/2/1881, p. 1]; el II en noviembre de 1881 [La Ilustració catalana, 10/11/1881, p. 7]; el III en julio de 1882; el IV en marzo de 1883 [Gaceta universal, 29/3/1883, p. 2]; el V en octubre de 1883 [Alvar Ezquerra 2019: 7]. En total, 176 cuadernos y medio, a cuatro reales [El Pabellón nacional (Madrid), 2/12/1883, p. 4].
Quién vendió la obra, quién se quedó con ella y cómo acabó en Barcelona lo contamos en La viuda, Faquineto y Seix; cuánto costaba y cuánto duró arriba, en El ciclo.
Antes del etimológico: los Sinónimos y el Nuevo diccionario de 1853
Barcia llegaba al gran diccionario con oficio:
| Año | Obra | Qué es |
|---|---|---|
| 1853-1858 | Nuevo diccionario de la lengua castellana, «arreglado según la última edición de la Academia» y «aumentado con más de veinte mil voces usuales de ciencias, artes y oficios», «por una sociedad de literatos, bajo la dirección de D. Roque Barcia» | Un diccionario manual de un tomo; la 2.ª edición (Madrid, 1855), 1.018 páginas a dos columnas, a 30 reales [Alvar Ezquerra 2019: 5; Las Novedades (Madrid), 14/10/1855, p. 4; La Esperanza (Madrid. 1844), 3/11/1855, p. 4]; la 3.ª, a 50 [Las Novedades (Madrid), 10/1/1858, p. 4]. Se reeditó hasta el siglo XX [BVFE] |
| 1863-1865 | Filosofía de la lengua española. Sinónimos castellanos, dos tomos | Unos seiscientos artículos de sinónimos [RAH; García Platero 1998: 140-141]; la prensa los recibió como un «escelente y concienzudo trabajo» [Las Novedades (Madrid), 9/11/1864, p. 3]. Se pueden leer los dos tomos de la primera edición (en Internet Archive) y la edición póstuma, reimpresa en 1910 (también) [Sinónimos castellanos (1863-1865); Sinónimos castellanos (1910)] |
| 1872 | Formación de la lengua española derivada de la formación natural racional é historia del idioma humano | Un ensayo de etimología «a los profesores de instrucción primaria», de 256 páginas, a ocho reales (en BNE Digital) [Formación de la lengua española (1872)]. Abajo |
En los Sinónimos llamaba al neologismo «una interminable manía»; en el prólogo del etimológico, quince años después, «natural y necesario crecimiento» [Alvar Ezquerra 2019: 9-10].
La Formación de 1872, el ensayo general del diccionario. Es un librito para maestros, y es donde Barcia ensaya ya lo que hará en el diccionario. Lo cuenta él: «Principié este ensayo en 1848, estando en Montpelier: lo concluí en 1871, estando en la cárcel: escribo la última palabra en 1872, hallándome libre en Madrid» [Formación de la lengua española (1872): 7]. Explica la lengua en cuatro «edades», del sonido al sentido espiritual [Formación de la lengua española (1872): 7-8]; deriva palabra por palabra familias enteras («Hemos derivado del nombre mano trescientas diez y ocho voces») [Formación de la lengua española (1872): 177]; discute las etimologías de Monlau y se queja de que «en todo diccionario español» bandurria no venga de ninguna parte [Formación de la lengua española (1872): 245]. Y lo imprime el establecimiento de la viuda e hijos de M. Álvarez en la calle de San Pedro, 16, la misma dirección del «Establecimiento tipográfico de Álvarez hermanos» que ocho años después imprimiría el Primer diccionario [Formación de la lengua española (1872); Tomo I de 1880]; serán los mismos hijos, ya sin la madre en el nombre interpretación nuestra. No todo pasó igual: en 1872 bandurria era una corrupción de mandolina, de manus; en el diccionario de 1880 viene del griego pandoura, con Covarrubias y la Academia [Formación de la lengua española (1872): 245; Primer diccionario].

Una pista que no hemos podido cerrar. El Nuevo diccionario de Barcia salió en 1853 en Gerona y en París, en la librería de Rosa y Bouret, firmado «por D. R. B.» [Alvar Ezquerra 2019: 5; BVFE; RAH]. Y el plagio de Domínguez que denunció su editor en 1878 es, según Esparza, un Nuevo diccionario de la lengua castellana «por una Sociedad literaria», París, Rosa y Bouret, con prólogo de julio de 1853, que copia definiciones de Domínguez como vínculo, pudor y sílfide [Esparza 1999: 48-49]. Mismo título, mismo año, mismo editor de París y los dos «por una sociedad». ¿Son la misma obra? No lo sabemos. La edición de 1864 de la «Sociedad literaria», que está en Internet Archive, no nombra a Barcia y dice traer «cerca de 100.000 voces», muchas más que las del de Barcia [Nuevo diccionario de 1864; Las Novedades (Madrid), 14/10/1855, p. 4]. Pueden ser dos productos de la misma casa o la misma obra crecida; lo dirían dos estudios en papel que no hemos leído [Alvar Ezquerra 2012; Bajo Pérez 2007]. Si lo fueran, la copia de Domínguez en el Barcia de 1880 empezaría ya en 1853 interpretación nuestra.