Mellado, Guijarro y los demás
La historia de los editores del Diccionario nacional de Domínguez ya la contamos entera en Historia de unos tipos: el contrato, la viuda, las planchas, la subasta. Aquí, lo justo de cada uno para ponerlos junto a los del Barcia.
Francisco de Paula Mellado
Quién: el editor más fuerte de Madrid a mediados de siglo (Granada, 1807 - Madrid, 1876): periódicos, novelas por entregas, colecciones y diccionarios [García Naharro 2019].
Lo nuestro: el 21 de febrero de 1848 compró a Domínguez la «propiedad absoluta» del Diccionario nacional, con las páginas ya estereotipadas, por 80.000 reales (hasta 120.000 si subían los suscriptores); muerto el autor, la viuda, Mariana Pérez, le firmó la escritura el 16 de enero de 1849 por 86.000 [Martínez Martín 2018: 256-257]. Lo anunció como «reimpresión económica, cuyo coste será la mitad de su valor» [El Observador, 24-X-1848, p. 4] y lo sacó hasta la 11.ª edición, en 1869 [El Imparcial, 5-VI-1869, p. 4].
Qué fue de él: en 1867 vendió su imprenta, con la estereotipia y los derechos de propiedad, a una sociedad de crédito, y acabó en la ruina [Martínez Martín 2018: 481; García Naharro 2019].
Al lado de Faquineto interpretación nuestra: Mellado compró la obra y las planchas y la reimprimió veinte años; Faquineto la administró sin ser suyo y, para tener un producto barato, hizo otro libro. Los dos acabaron igual: el almacén lleno y la caja vacía.
Miguel Guijarro y sus hijos
Quién: Miguel Guijarro y Rodrigo, librero de la calle de Preciados y editor de novelas por entregas y de «varios Diccionarios»; murió en enero de 1895 [El Día, 15-I-1895, p. 2].
Lo nuestro: en 1872 la sociedad que tenía el fondo de Mellado lo sacó a subasta; Guijarro ejerció su derecho de tanteo y se quedó con la imprenta, «con los efectos de estereotipia», y 145 propiedades literarias [Martínez Martín 2018: 503-504]. Reimprimió el Diccionario nacional de las mismas planchas de 1849 hasta la 18.ª edición, de 1895 (Historia de unos tipos).
Qué fue de la casa: los «Hijos de Miguel Guijarro» siguieron en la calle de Lagasca, tuvieron pleitos, y en 1904 el juzgado subastó obras de su fondo [Diario oficial de avisos, 15-I-1904, p. 2]. Qué fue de las planchas, no lo sabemos. Guijarro y Faquineto desaparecen como editores en los mismos años, 1894-1895, y con ellos se acaban las reimpresiones madrileñas de los dos grandes diccionarios no académicos interpretación nuestra.
Gaspar y Roig
Quiénes: libreros y editores de Madrid. En 1846 su librería era uno de los sitios donde se suscribía el Diccionario nacional [El Boletín del ejército, 6-V-1846, p. 8]; en 1869 vendían la Cartilla política de Barcia que editaba Faquineto [El Amigo de los trabajadores, 1/8/1869, p. 4].
Lo suyo: en 1853 sacaron el Diccionario enciclopédico de la lengua española, el primero que se llamó así, hecho sobre el modelo de Domínguez [Esparza 1999: 49-50] y por un equipo, porque «es imposible que una sola persona, por privilegiados que sean su talento y erudición», abarque los conocimientos de su siglo [El Clamor público, 30-III-1853, p. 4]. Es la otra manera de hacer un diccionario después de Domínguez: ni comprar el de otro ni recortarlo, sino pagar un equipo y empezar de nuevo interpretación nuestra. Quiénes eran Gaspar y Roig, no lo hemos buscado todavía.
Carlos Bailly-Baillière
Lo nuestro: en la subasta del fondo de Mellado del 25 de marzo de 1872, con doce licitadores, ganó Carlos Bailly-Baillière, con 800.300 reales; Guijarro ejerció el tanteo y se lo quitó [Martínez Martín 2018: 503-504]. Si no hubiera habido tanteo, el Diccionario nacional y sus planchas habrían sido suyos. La casa tenía imprenta propia: en 1907 dos obreros cuentan que empezaron «á trabajar en casa de los Sres. Bailly-Baillière» [Boletín de la Unión de Impresores, 5/1907, p. 5]. Lo demás, no lo hemos buscado todavía.