Historia de unos tipos
Tipos de imprenta y tipos de personas: una viuda que se quedó la imprenta y vendió el diccionario, un editor que lo exprimió veinte años hasta arruinarse, un librero que lo tuvo hasta su muerte, y unas planchas de metal que lo imprimieron todo ese tiempo sin cambiar una coma.
- La viuda, Mariana Pérez, se quedó la imprenta de Hortaleza, 67 y vendió la propiedad del diccionario a Francisco de Paula Mellado en octubre de 1848, el mes en que se acabó la primera edición.
- Mellado lo reeditó unos veinte años, hasta que su negocio se hundió en 1869.
- Miguel Guijarro lo tuvo al menos desde 1875 hasta su muerte en 1895, el año de la última edición conocida. Cómo le llegó, no lo sabemos.
- Las planchas: las ediciones de 1849, 1853 y 1878 salen de la misma plancha por página, cada vez más gastada. Qué fue de ellas al final, no lo sabemos.
1848: la viuda
Domínguez murió el 7 de mayo de 1848 con el diccionario a medio publicar. Lo que vino después, según la prensa:
- Mayo. Una noche la policía registró «la casa de la viuda del señor Domínguez», sin respetar «el dolor de una desgraciada»; en la misma página, los colaboradores prometen acabar la obra «en nombre de la inconsolable viuda» [La Prensa, 22-V-1848, p. 3].
- Junio. La redacción sigue en Hortaleza, 67, «donde continúa la obra sin interrupción alguna»; se reparte la entrega 47 [Diario oficial de avisos, 5-VI-1848, p. 3].
- 21 de octubre. «Ha terminado la publicación» [El Heraldo, 21-X-1848, p. 4]. Tres días después, la noticia clave:
«El señor Mellado, por contrato celebrado con la desgraciada viuda del señor Domínguez, á la cual ha comprado la propiedad de la obra, se propone hacer de ella una reimpresión económica, cuyo coste será la mitad de su valor.» [El Observador, 24-X-1848, p. 4]
- 8 de noviembre. Un anuncio da su nombre: «Doña Mariana Pérez, viuda del infortunado don Ramón Joaquín Domínguez, autor del Diccionario nacional, sigue con el [establecimiento tipográfico] de su difunto esposo», con «elegancia de tipos y economía en los precios» [El Espectador, 8-XI-1848, p. 4].
O sea: la viuda se quedó la imprenta y vendió el diccionario. En 1849 la imprenta seguía haciendo diccionarios, pero ajenos: el Diccionario general de la lengua castellana de José Caballero y Cipriano de Arnedo salió de la «imprenta de la Viuda de D. R. J. Domínguez» [Esparza 1999: 50]. La tercera edición, ya «de Mellado», lleva una advertencia del editor fechada en «Madrid: octubre de 1848», el mismo mes del contrato [Diccionario nacional]. Cuánto pagó Mellado, si el contrato incluía las planchas o solo el derecho a reimprimir, y ante qué escribano se firmó, no lo sabemos: buscamos en los índices publicados del Archivo de Protocolos de Madrid y no aparece, porque esos índices, en la práctica, no llegan más allá de 1839 [Índices del Archivo de Protocolos].
Siete años después, en 1855, las Cortes votaron una pensión para la viuda. Un diputado dijo que su marido, «defendiendo la causa de la libertad», «perdió todos sus capitales y hasta su vida» [Las Cortes, 21-XI-1855, p. 1]. La ley declaró a Domínguez «benemérito de la patria» y dio 4.000 reales al año a la viuda, «mientras no pase á segundas nupcias», y 2.000 a su madre, doña Antonia Hervella [Las Novedades, 23-XII-1855, p. 2].
1848-1869: Mellado
Francisco de Paula Mellado (Granada, 1807 - Madrid, 1876) era entonces el editor más fuerte de Madrid: periódicos, novelas por entregas, colecciones y diccionarios, con su establecimiento tipográfico en la calle de Santa Teresa, 8 [García Naharro 2019; Pérez Valle]. También se quedó el otro diccionario de Domínguez, el francés-español, y en 1853-1854 sacó una segunda edición «considerablemente corregida y aumentada» [Esparza 1999: 46-47]. Lo que hizo con el Nacional, según sus anuncios:
| Cuándo | Qué | Precio | Fuente |
|---|---|---|---|
| 1849 | 3.ª edición «de Mellado», con el suplemento | 170 reales (un ejemplar de lujo, en una librería) | [Diario oficial de avisos, 7-XI-1849, p. 3] |
| 1850 | La misma, en los anuncios | 140 y 160 reales | [Boletín de medicina, 2-VI-1850, p. 8; Boletín de medicina, 8-IX-1850, p. 8] |
| 1851 | «Cuarta y última edición», por entregas | — | [La Época, 7-III-1851, p. 4] |
| 1852 | Regala el Compendio a quien se suscriba a su Biblioteca Española | — | [El Clamor público, 10-III-1852, p. 4] |
| 1852-1853 | El diccionario entra en la Biblioteca Española: «más de doscientas mil voces», cuatro entregas por semana (es la 5.ª) | 120 reales en Madrid, 140 en provincias | [El Heraldo, 19-XI-1852, p. 4; El Diario español, 29-I-1853, p. 4] |
| hacia 1867 | 10.ª edición, en el catálogo de la librería que despachaba ya lo de Mellado | 180 reales en Madrid, 200 en provincias | [Almanaque de la risa, 1867, p. 165] |
| 1869 | 11.ª edición por entregas, vendida por los corresponsales de Crespo, Martín y Compañía | 75 céntimos la entrega | [El Imparcial, 5-VI-1869, p. 4] |
El precio bajó a la mitad desde los 320 reales de 1846: era la oferta de Mellado, la «reimpresión económica» [El Heraldo, 19-II-1846, p. 4; El Observador, 24-X-1848, p. 4].
La caída. Según la reseña del libro que Jesús A. Martínez Martín dedicó a Mellado, a comienzos de 1869 el editor, que había pasado a banquero y propietario en plena crisis financiera de los años sesenta, estaba «al filo de una quiebra anunciada que terminó en ruina» [García Naharro 2019; Martínez Martín 2018]. Quiénes eran Crespo y Martín, y si compraron el diccionario o solo lo distribuían, no lo sabemos.
1869-1875: el hueco
Entre la 11.ª edición (1869) y la 13.ª (1875, ya de Guijarro) no hemos encontrado ningún papel que diga quién compró la propiedad y las planchas, ni cuándo, ni por cuánto [Iglesia, tesis]. El libro de Martínez Martín sobre Mellado quizá lo cuente; está pedido.
1861-1895: Guijarro
Miguel Guijarro tenía un puesto de libros en la calle de Jacometrezo y en 1861 abrió «una gran librería y centro general de suscripciones» en la calle de Preciados, 5 [Las Novedades, 13-I-1855, p. 4; Boletín de loterías y de toros, 25-VI-1861, p. 4]. Sacó la 13.ª (1875) y la 14.ª edición (1878) [Iglesia, tesis; Diccionario nacional]; un librero de Manila anunciaba en 1886 la 16.ª, «con un nuevo suplemento en que se han añadido más de doce mil voces» [El Comercio (Manila), 11-XII-1886, p. 4]; su catálogo de 1892 ofrece la «última edición», «Madrid, 1890», por 33 pesetas [Anuario literario y artístico, 1892, p. 170]. Y en 1895, la 18.ª [Ejemplar de 1895].
Murió en enero de 1895. La necrológica recuerda que en cuarenta años había publicado «varios Diccionarios», aunque «sus mayores éxitos industriales fueron… las novelas por entregas» [El Día, 15-I-1895, p. 2; El Nacional, 16-I-1895, p. 3]. Después la casa aparece «en testamentaría» y luego como «Hijos de Miguel Guijarro» [El Imparcial, 20-XII-1896, p. 4]. En 1904 un juzgado de Madrid subastó, en un pleito contra los hijos, «varias obras literarias de los señores Selgas, Escrich, Trueba, Osorio, Blasco y otros» [Diario oficial de avisos, 15-I-1904, p. 2]. Si el diccionario y sus planchas estaban entre esos «otros», no lo sabemos.
Lo que cuentan las planchas
Una plancha de estereotipia es una placa de metal fundida en un molde sacado de la página ya compuesta. Con la plancha guardada, los tipos vuelven a la caja y la página se puede reimprimir años después sin componerla otra vez [Wikipedia, estereotipia]. Las planchas eran capital del editor y se vendían con la obra [Makala 2023].
Para ver si las ediciones salían de las mismas planchas, comparamos en la imagen el tomo II de la 3.ª (1849), la 5.ª (1853) y la 14.ª (1878): veinte páginas al azar, y otras treinta y siete que el programa de texto no lograba casar [Nuestra comparación de las planchas]. Esto es lo que se ve.




La marca de la página 1111 dice que las tres ediciones salen del mismo molde; las heridas que aparecen en 1878 dicen que es la misma plancha física, gastándose. Y midiendo cuánto se desplaza cada trozo de columna de una edición a otra, las cuatro columnas de una página se mueven siempre juntas: una plancha por página, no una por columna [Nuestra comparación de las planchas]. Ninguna de las cincuenta y siete páginas que miramos está recompuesta. Es lo que dijo Seco, que todas las ediciones «reproducen en estereotipia el texto de la primera» [Seco 1987; Iglesia 2023: 334], y ahora se ve.
El final
La prensa no dice que el diccionario se acabe: simplemente deja de anunciarse. Después de unos anuncios en Manila en 1896, a 12,50 pesos los dos tomos [Diario de Manila, 5-V-1896, p. 1], solo vuelve a salir en 1907, en un catálogo que aún ofrece una «décimaséptima edición» junto a sus competidores, más nuevos y con América dentro [El Fomento industrial y mercantil, 9-III-1907, p. 19].
Lo documentado es una coincidencia de fechas: Guijarro muere en enero de 1895, la 18.ª es de 1895, y después la casa pasa por testamentaría, pleitos y subastas. Que la muerte del dueño y la llegada de diccionarios más modernos fueran las causas del final es una hipótesis razonable interpretación nuestra, no un dato. Tampoco hemos encontrado nada que lo relacione con la guerra de Cuba ni con 1898.
¿Y las planchas? Un juego de planchas de 1.793 páginas en folio era mucho plomo, y fundirlo cuando la obra dejaba de venderse era lo normal en la época; pero eso es lo que pasaba en general, no un dato de estas planchas interpretación nuestra. No sabemos qué fue de ellas.
Lo que falta, y dónde podría estar
| No sabemos | Dónde se podría saber |
|---|---|
| El contrato de la viuda con Mellado (1848): precio, si incluía las planchas | Protocolos notariales de 1848 en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid; el libro de Martínez Martín |
| Quién tuvo el diccionario entre 1869 y 1875 | El libro de Martínez Martín (los años de la liquidación de Mellado); protocolos de esos años |
| Cuántos ejemplares se tiraron de cada edición | Los libros de cuentas de Mellado o de Guijarro, si se conservan |
| Si las planchas estaban en la herencia de Guijarro o en la subasta de 1904 | Protocolos de 1895-1896; el expediente judicial de 1903-1904 |
| La «m» de la página 1329 | Un escaneo a más resolución, u otro ejemplar de la 3.ª edición |