La viuda, Faquineto y Seix

Un diccionario de cinco tomos es un negocio de imprenta. El de Barcia lo imprimieron los Álvarez, lo administró un sobrino, lo heredó la viuda, lo compró una editorial de Barcelona, y el mismo sobrino sacó una versión corta y barata que acabó vendiéndose más que el original y, sesenta años después, con el nombre de Barcia en la portada.

José María Faquineto, el hombre del negocio

En octubre de 1880, con el diccionario a medio salir, el administrador que firma los anuncios es José María Faquineto de Cantos [La Raza latina (Madrid. 1874), 15/10/1880, p. 1]. Alvar Ezquerra lo llama sobrino de Barcia [Alvar Ezquerra 2019: 18]. Como la mujer de Barcia era Ana Cantos [RAH], sería sobrino por parte de ella; eso lo deducimos del apellido y no lo hemos visto escrito interpretación nuestra.

Ya en 1869-1870 había editado folletos políticos de Barcia [RAH]. Su casa vendía por cuadernos semanales, como el diccionario, novelas por entregas y un Teatro selecto de Ramón de la Cruz [El Pabellón nacional (Madrid), 16/12/1882, p. 4; Anuario literario y artístico, 1891, p. 6]. Cambió tres veces de casa: Mesón de Paredes, 26 (1880-1881) [La Raza latina (Madrid. 1874), 15/10/1880, p. 1; El Mundo político, 5/8/1881, p. 4]; Atocha, 135, entresuelo (1881-1885), la casa donde murió Barcia [Gaceta universal, 29/3/1883, p. 2; El Imparcial (Madrid. 1867), 7/11/1884, p. 4; El Imparcial (Madrid. 1867), 1/7/1885, p. 3]; y Olivar, 6, desde 1887 [El Diario español, 17/4/1887, p. 3]. Mientras salía la obra, cobraba él: en 1881 el gobierno de Puerto Rico pagó a «Faquineto y compañía», «administradores de la obra», los cuadernos 41 a 62 de sus treinta suscripciones [Gazeta de Puerto-Rico, 21/7/1881, p. 2].

Muerto el autor, la familia se reparte la obra

Barcia murió en julio de 1885 (ver El hombre). Lo que pasó después lo cuentan los anuncios:

  1. Faquineto se queda con lo suyo y lo amplía. Saca en 1887 el Echegaray (abajo), en 1890 una segunda edición de los Sinónimos, «edición póstuma, corregida y considerablemente aumentada por su autor», y en 1891 su propio Vocabulario de la lengua española [Alvar Ezquerra 2019: 18, 21; Anuario literario y artístico, 1891, p. 6; El Comercio (Manila. 1869), 6/2/1892, p. 1].
  2. El Primer diccionario no lo vende él, sino la viuda. En 1892, durante meses, los periódicos anuncian que el diccionario de Barcia «se vende y se sirven suscripciones únicamente en la librería de la viuda de su autor, calle de las Huertas, núm. 21» [La Opinión (Madrid. 1890), 5/5/1892, p. 4; La Correspondencia de España, 27/9/1892, p. 4]. Faquineto, a la vez, anuncia el Echegaray en otro periódico [El Resumen (Madrid), 19/8/1892, p. 4].
  3. En noviembre de 1893, Seix. La Vanguardia da la noticia: el Primer diccionario «ha pasado á ser propiedad de una empresa editorial catalana. La casa Seix…» [La Vanguardia, 26-XI-1893]. De esa página solo hemos podido ver el fragmento que enseña el buscador.

Nuestra lectura de estos datos interpretación nuestra: la propiedad del diccionario grande era de la viuda, Ana Cantos, y no de Faquineto; ella, o sus herederos, la vendió a Seix a finales de 1893, y con la propiedad viajaron las planchas de Madrid a Barcelona. Muerto el autor, la familia se repartió el producto en dos: la viuda vendía el grande y el sobrino hacía y vendía el pequeño. Eso responde en parte a la duda de Alvar Ezquerra, que no entendía cómo se habían cedido los derechos a Seix si Faquineto prefería el Echegaray [Alvar Ezquerra 2019: 20]: no los cedió Faquineto, porque no eran suyos. Cuánto pagó Seix, no lo sabemos.

Las planchas de Álvarez, en Barcelona

Seix reimprimió el diccionario en Barcelona: los tomos IV y V en 1894, el II y el III en 1902, y el I sin año en la portada (será de 1893 o después) [Nuestra comparación de las ediciones; Alvar Ezquerra 2019: 6]. No lo compuso de nuevo: comparados en la imagen el ejemplar de Seix y el de Álvarez, tienen las mismas líneas, los mismos cortes de palabra y la misma paginación. Son las planchas de 1880-1883 tiradas otra vez [Nuestra comparación de las ediciones].

La misma página del tomo IV en la edición de Seix (1894) y en la de Álvarez (1882)
Las mismas planchas. Tomo IV, página 29, en la reimpresión de Seix (Barcelona, 1894) y en la primera edición (Madrid, Álvarez hermanos, 1882): mismas líneas y mismos cortes («me-/tafórica», «priván-/dole», «adver-/bial», «pal-/mos»). La raya entre «mucho» y «alguna» del ejemplar de Álvarez es tinta o papel de ese ejemplar, no de la plancha. [Nuestra comparación de las ediciones]

Una plancha estereotipada es un molde de metal de la página entera: con ella se puede tirar la obra cuantas veces se quiera, pero no se puede cambiar ni una letra sin rehacerla. Al Barcia, a diferencia del Domínguez (al que sus editores iban pegando suplementos; ver su historia), no le añadieron nada: se tiró en 1902 lo mismo que en 1883 [Nuestra comparación de las ediciones; Alvar Ezquerra 2019: 11]. No sabemos de ninguna reimpresión del Primer diccionario posterior a 1902.

El Echegaray, la «edición económica»

En abril de 1887, dos años después de morir Barcia, Faquineto empezó a sacar por cuadernos un Diccionario general etimológico de la lengua española, «edición económica arreglada del Diccionario etimológico de D. Roque Barcia, del de la Academia Española y de otros trabajos importantes de sabios etimologistas, corregida y aumentada considerablemente por don Eduardo de Echegaray»; Madrid, José María Faquineto, editor, impreso por los mismos Álvarez; cinco tomos a dos columnas, de 1887 a 1889 [Nuestra comparación de las ediciones; BVFE; El Diario español, 17/4/1887, p. 3].

Quién era Eduardo de Echegaray. Eduardo de Echegaray y Eizaguirre (1839-1903) era hermano del Nobel José de Echegaray e ingeniero, como él: ingeniero jefe del Cuerpo de Caminos, Canales y Puertos e inspector general del cuerpo, profesor honorario de la Universidad Central y de las escuelas de Caminos y de Ayudantes de Obras Públicas; dio conferencias sobre «La construcción moderna» o «La torre Eiffel» [Puche Lorenzo 2000: 384; Alvar Ezquerra 2019: 18; BVFE]. Un ingeniero, no un filólogo, como tantos aficionados a la etimología del siglo XIX [Puche Lorenzo 2000: 383].

Por qué, según su prospecto y su prólogo. La obra de Barcia, «siendo demasiado voluminosa, y, por consecuencia, cara, no es libro manejable, de continua consulta, y no puede, consiguientemente, penetrar en todas las esferas sociales» [El Imparcial (Madrid. 1867), 19/4/1887, p. 4]. El prólogo de Echegaray habla de poner un diccionario etimológico al alcance «de todas las fortunas»: alaba a Barcia y le pone un solo defecto, el volumen [Puche Lorenzo 2000: 384]. La prensa lo presentó como «edición económica y complemento del Diccionario de Barcia» [La Iberia (Madrid. 1868), 14/6/1888, p. 4], con «tipos más pequeños y un tamaño de papel mucho más reducido» [El Diario español, 1/5/1887, p. 2].

Qué recortó. El prólogo dice quitar todo lo que no es etimología: la sinonimia, la mitología, las descripciones geográficas, las biografías y las etimologías «absurdas» [Puche Lorenzo 2000: 384; Alvar Ezquerra 2019: 18-19]. No lo hizo con mucho orden: quedan artículos de ciudades (Almería, Baza, con sus datos resumidos) y personajes (Afrodita, Amadís de Gaula), y hay gentilicios sin su ciudad (alcoyano sin Alcoy, menorquín sin Menorca) [Puche Lorenzo 2000: 387]. Alvar Ezquerra cuenta unas 104.000 entradas, un 20 % menos que el Barcia [Alvar Ezquerra 2019: 18-19].

Qué dejó igual. La definición. En nuestra comparación, de 141 artículos con la misma cabeza en diez páginas al azar, la definición del Echegaray es casi siempre la del Barcia, palabra por palabra; lo que cambia es la etimología, recortada, y lo enciclopédico, quitado [Nuestra comparación de las ediciones].

El mismo artículo en el Barcia y en el Echegaray: figuración, figurado
Figuración, figurada, figuradamente, figurado: a la izquierda, en el Barcia (tomo II de Seix, pág. 749); a la derecha, en el Echegaray (tomo III, pág. 386). La definición, la misma; la composición, otra (dos columnas, otros cortes); y la etimología del Echegaray, recortada. [Nuestra comparación de las ediciones]

Qué añadió. Un «abrumador número» de voces técnicas de la química, la medicina, la botánica, la zoología o la farmacia, que la Academia no traía (ni trae: Puche las buscó en la edición de 1992), locuciones latinas y muchos diminutivos y aumentativos [Puche Lorenzo 2000: 385-386]. Y una costumbre honrada: en la etimología dice de dónde la toma, y si Barcia y la Academia no coinciden, da las dos (ardid, atener, atentado, atenuar); otras veces calla la fuente y es la de Barcia (aguaceta, alzar, añejo), y otras prefiere la de la Academia (aquelarre) [Puche Lorenzo 2000: 389-390]. Puche juzga muchas de esas etimologías «acientíficas» y aun «absurdas»; el caso extremo es barato, con nueve orígenes en nueve lenguas [Puche Lorenzo 2000: 390].

Cómo se vendió. A dos reales el cuaderno semanal: el prospecto prometía 75-80 cuadernos, de 35 a 40 pesetas la obra [El Diario español, 17/4/1887, p. 3; El Imparcial (Madrid. 1867), 19/4/1887, p. 4]; salió más larga (en octubre de 1889 iba por el cuaderno 116) [El Diario español, 29/10/1889, p. 2], y en 1891 costaba 75 pesetas encuadernado al contado y 85 a plazos [El Heraldo de Madrid, 9/6/1891, p. 4]: más o menos un tercio de lo que costaba el Barcia (ver El ciclo). Siguió vendiéndose mucho tiempo: Puche lo cita por una edición de 1898 de la «Imprenta de los hijos de Ricardo Álvarez», que nosotros no hemos visto [Puche Lorenzo 2000: 384]; en 1910 aún estaba en los catálogos, a 100 pesetas [El Fomento industrial y mercantil, 20/5/1910, p. 2].

Y el final. En 1945 se reimprimió en Buenos Aires, «a plana y renglón» de la edición de 1887-1889… con Barcia como autor [Alvar Ezquerra 2019: 20]. Eso explica que la RAH diga que el etimológico de Barcia «siguió publicándose hasta 1945» [RAH]: lo que siguió publicándose fue el Echegaray interpretación nuestra.

Lo que no sabemos

Textos de Karb and Sil, con licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0): cópialo, compártelo y adáptalo citándonos. Los textos de Barcia, la prensa de 1855-1913 y las imágenes antiguas son de dominio público; la fotografía de 1869 es de la Biblioteca Nacional de España, que la ofrece con licencia CC BY 4.0. Cada dato lleva su fuente entre corchetes; lo que es lectura nuestra, va marcado. Editor: Wordkers. Hecho a partir de nuestras notas de estudio; generado el 12/10/2026 06:32.