El ciclo
Las mismas tres preguntas que nos hicimos con el diccionario de Domínguez: qué había cuando apareció, cuántos años estuvo en la cima y qué hizo que cayera. La respuesta corta: nació con el dinero del Estado delante, estuvo arriba poco y a empujones, y lo desplazó su propia versión barata, sacada por la misma casa.
En corto
- Nace en 1880 con dinero del Estado delante. Antes de la primera entrega, el Estado compra 200 ejemplares para sus bibliotecas, y Ultramar 30 más [Preliminares del tomo I; Gazeta de Puerto-Rico, 16/7/1881, p. 1]. Se vende por entregas y se acaba en tres años y medio.
- Arriba estuvo poco, y a empujones. En la prensa, el pico es 1880, la salida; luego una campaña de rebajas en 1884-1885, un rebrote en 1892 (la viuda) y otro en 1896 (las librerías de Manila) [Nuestro recuento de la prensa].
- Lo desplazó su propia edición económica. Desde 1887 el Echegaray, con el mismo texto de definición, a un tercio del precio, sale en la prensa tanto o más que el Barcia [Nuestro recuento de la prensa].
- Las planchas lo congelaron. Seix lo reimprime en 1894 y 1902 sin tocar una línea [Nuestra comparación de las ediciones].
- Y lo tocó la crítica, no la Academia interpretación nuestra: lo que fue minando su crédito entre los filólogos fue la acusación, repetida de 1885 a 1893, de calcar a Littré.
Lo que había en 1880
- La Academia: la edición vigente era la 11.ª, de 1869, que es la base de las definiciones del Barcia [Alvar Ezquerra 2019: 11-12; Henríquez Salido 2015: 32-33]; la 12.ª saldría en 1884 y la 13.ª en 1899 [Wikipedia, DLE]. La prensa decía que la Academia llevaba años anunciando un diccionario etimológico propio [El Diario español, 3/11/1878, p. 3; Revista contemporánea (Madrid), 1/1880, p. 203].
- Etimológicos: el de Monlau (1856; muy ampliado en 1881), que también publicamos [Preliminares del tomo I: VIII]; y, en francés, el de Littré, con el que lo compararon todos [Revista contemporánea (Madrid), 1/1880, p. 203; El Estandarte (Madrid), 13/10/1885, p. 1].
- Generales y enciclopédicos: el Diccionario nacional de Domínguez, que su editor seguía reimprimiendo de las planchas (su historia); y, después, Montaner y Simón (1887-1899) y Zerolo (1895).
Lo que prometía Barcia era lo que ninguno tenía: el primer diccionario general etimológico, con la «genealogía» de cada palabra en todas las lenguas, y además sinonimia, enciclopedia y las voces de la Academia [Alvar Ezquerra 2019: 8-10]. Y el aval oficial, que los anuncios repetían aún en 1886: «Único en su clase que ha merecido un excelente informe de la Real Academia Española, y por tal concepto recomendado por S. M. en 9 de enero de 1880» [El Comercio (Manila. 1869), 10/12/1886, p. 4].
La cumbre, medida
Contamos, en la Hemeroteca Digital de la BNE, las páginas de prensa de 1875 a 1935 que nombran el Primer diccionario o el Echegaray: 454 páginas distintas, clasificadas por reglas sobre su texto (306 del Barcia y 125 del Echegaray), y para comparar años cada cifra se divide por la prensa digitalizada de ese año [Nuestro recuento de la prensa]. Lo que cuenta son menciones en la prensa (anuncios, reseñas, citas), no ventas: es un termómetro, no una cuenta.

| Años | Barcia | Echegaray | Qué pasa |
|---|---|---|---|
| 1878-1879 | 13 | — | Llega el prólogo de París; se anuncia la obra |
| 1880-1883 | 65 (40 en 1880) | — | Real orden, primeras entregas, tomos I-V |
| 1884-1886 | 43 (24 en 1885) | — | Campaña «para facilitar la adquisición»; necrológicas de 1885 |
| 1887-1891 | 27 | 43 | Sale el Echegaray, con más prensa que el Barcia |
| 1892 | 44 | 27 | La viuda anuncia el Barcia a diario; Faquineto, el Echegaray |
| 1893-1897 | 54 | 49 | Seix compra (1893); las listas de libreros de Manila con los dos |
| 1898-1902 | 23 | — | Manila y citas |
| 1903-1935 | 37 | 6 | Citas de autoridad y catálogos de venta |
¿Cuántos años estuvo arriba? Si «arriba» es que se le hace publicidad propia, de 1880 a 1885, con un rebrote en 1892 que no es de una edición nueva, sino de la viuda vendiendo lo que tenía. En 1880-1885 supera en la prensa a Monlau y a Domínguez; desde 1887 lo superan el Echegaray y, de 1889 a 1897, Montaner y Simón. La Academia está siempre por encima [Nuestro recuento de la prensa].
Los precios
El Barcia. Por cuadernos, a un real la entrega y cuatro el cuaderno semanal: la obra entera, 176 cuadernos y medio, 706 reales [La Raza latina (Madrid. 1874), 15/10/1880, p. 1; El Pabellón nacional (Madrid), 2/12/1883, p. 4]. Encuadernado, los cinco tomos sumaban unos 826 reales en Madrid en 1884-1885, unas 206 pesetas [El Imparcial (Madrid. 1867), 7/11/1884, p. 4; La Iberia (Madrid. 1868), 24/9/1885, p. 4].

El Echegaray. Dos reales el cuaderno en 1887 [El Diario español, 17/4/1887, p. 3]; 75 pesetas encuadernado en 1891 [El Heraldo de Madrid, 9/6/1891, p. 4].
| Año | Barcia | Echegaray | Domínguez | Fuente |
|---|---|---|---|---|
| 1884-1885 | 826 reales (unas 206 pesetas), encuadernado | — | — | [El Imparcial (Madrid. 1867), 7/11/1884, p. 4] |
| 1891 | — | 75 pesetas al contado, 85 a plazos | — | [El Heraldo de Madrid, 9/6/1891, p. 4] |
| 1896 (Manila) | 52,50 pesos | 24,50 pesos | 12,50 pesos | [La Oceanía española, 9/10/1896, p. 1] |
| 1907 | 127 pesetas en rústica, 152,50 en tela | — | — | [El Fomento industrial y mercantil, 20/3/1907, p. 19] |
| 1910 | 205 pesetas encuadernado | 100 pesetas en pasta | — | [El Fomento industrial y mercantil, 20/6/1910, p. 2; El Fomento industrial y mercantil, 20/5/1910, p. 2] |
En los años ochenta el Echegaray costaba un tercio que el Barcia; en Manila, en 1896, menos de la mitad; en 1910, la mitad. El Barcia subió con los años, quizá porque ya era libro de catálogo y de viejo interpretación nuestra: hoy alcanza en el mercado de libros viejos precios «elevadísimos» [Alvar Ezquerra 2019: 6]. Al lado, en 1907, la Academia de 1899 costaba 29 pesetas [El Fomento industrial y mercantil, 20/3/1907, p. 19].
¿Era rentable hacerlo?
Con el Estado delante, sí, mientras salía interpretación nuestra. Los 200 ejemplares de Fomento se pagaban «á medida que se publique» [Preliminares del tomo I], y los 30 de Ultramar por tandas de cuadernos [Gazeta de Puerto-Rico, 21/7/1881, p. 2]: a 706 reales la obra, 230 ejemplares son unos 162.000 reales asegurados (cuenta nuestra). La venta por cuadernos pagaba la composición según avanzaba. Lo que no sabemos son los costes: ni la tirada, ni lo que cobraron los Álvarez. Que la viuda la vendiera aún en 1892 y que Seix la comprara en 1893 dice que el producto valía algo diez años después.
¿Por qué cayó? Cuatro explicaciones
1. Las planchas lo congelaron. Seix lo reimprimió en 1894 y 1902 de las planchas de 1880-1883, sin una línea nueva [Nuestra comparación de las ediciones]. El autor había muerto en 1885 y nadie lo rehízo: lo que se rehízo fue otra cosa, el Echegaray. Lo damos por cierto: es un dato.
2. Lo desplazó el Echegaray, más barato. Lo sacó la misma casa, en 1887, con el mismo impresor, a un tercio del precio y con solo un 20 % menos de entradas [El Imparcial (Madrid. 1867), 19/4/1887, p. 4; Alvar Ezquerra 2019: 19]; desde entonces sale en la prensa tanto o más que el Barcia [Nuestro recuento de la prensa]. interpretación nuestra El Echegaray le quitó al Barcia el público general, el que compraba por cuadernos, y el Barcia se quedó como libro de bibliotecas y eruditos, cada vez más caro. Es la jugada que con Domínguez hizo la competencia; aquí la hizo la propia casa (ver La viuda, Faquineto y Seix). Muy probable.
3. ¿Lo mató la Academia? No como etimológico: el prospecto del Echegaray dice de la Academia de 1884 que quiso ser etimológica pero «sólo contiene ligeras observaciones relativas á este punto en un corto número de palabras» [El Imparcial (Madrid. 1867), 19/4/1887, p. 4]. Sí, quizá, como diccionario de uso barato interpretación nuestra: en 1907 la Academia costaba 29 pesetas y el Barcia, de 127 a 152 [El Fomento industrial y mercantil, 20/3/1907, p. 19]. Pero la curva de prensa del Barcia ya estaba casi a cero antes de 1899, salvo en Manila [Nuestro recuento de la prensa]. Poco probable como causa principal.
4. ¿Lo hundió la crítica? Los filólogos lo midieron desde el primer año contra Littré y salió mal: «no satisface» (1880), «trascripción, no siempre afortunada» (1885), «pandemónium» (1888), la encina de Littré (1891), la copia de Domínguez (1893) [Revista contemporánea (Madrid), 1/1880, p. 203; El Estandarte (Madrid), 13/10/1885, p. 1; Revista contemporánea (Madrid), 4/1888, p. 153; Revista contemporánea (Madrid), 1/1891, p. 116; Revista contemporánea (Madrid), 10/1893, p. 500]. A la vez, el público lo usaba como autoridad: hay citas en la prensa hasta los años treinta [Nuestro recuento de la prensa; El Comercio (Manila. 1869), 15/10/1893, p. 2]. Alvar Ezquerra lo resume: no gozó «del favor de la crítica, desde su salida», pero «la aceptación por parte del público sí que fue notable» [Alvar Ezquerra 2019: 6]. interpretación nuestra La crítica no lo sacó del mercado; lo que hizo fue que nadie quisiera rehacerlo: ningún filólogo iba a poner al día una obra que la filología daba por mala, y a un editor le bastaba con reimprimir las planchas o vender la versión corta. Probable, junto con la 2.
La vocación del autor
Fue la obra de un hombre, hecha «a lo largo de muchos años, con notables interrupciones» [Alvar Ezquerra 2019: 17-18], con una sola colaboración documentada, la geografía de José Trinchant [El Motín (Madrid), 7/4/1900, p. 4]; el último trabajo de un político retirado, que la prensa de su muerte recordó más que sus libros políticos [El Noticiero (Madrid. 1883), 4/7/1885, p. 2]; y un negocio de familia, que a su muerte se repartieron la viuda y el sobrino interpretación nuestra.
Lo que no sabemos
Las tiradas y las ventas reales; cuánto pagó Seix y a quién; cuánto cobraron los Álvarez por componerlo; qué reimpresiones del Echegaray hubo entre 1889 y 1945; y qué valían esos precios en jornales de la época. Algunas respuestas estarán en la biografía de 2021 [García Moscardó 2021], que no hemos leído, o en los protocolos notariales de Madrid.