El diccionario oficial · el método
Cómo comparamos dos ediciones
Nuestro texto de cada edición lo leyó una máquina de un escaneo, y a los escaneos les faltan páginas y a las lecturas, cabezas. Si comparásemos las listas de voces sin más, diríamos que la Academia quitó miles de palabras que en realidad perdimos nosotros. Por eso cada voz pasa por unas reglas, en este orden, y lo que ninguna regla separa se queda en «no se sabe».
Karb and Sil · 15 de octubre de 2026 · CC BY 4.0
Las reglas, en su orden
- Misma voz. El lema de cada edición se normaliza (minúsculas, sin tildes, sin lo que va entre paréntesis) y se pasa por el transductor de grafías de su momento ortográfico (los momentos ortográficos): muger y mujer llegan a la misma palabra de hoy, quixada y quijada también. Si las dos ediciones llegan a la misma palabra, es la misma voz. Si además la grafía vieja difiere, es un cambio de grafía, y se anota la regla del transductor que lo explica (ss → s, x → j, ph → f…). Cuentan también las variantes de la cabeza («ENCINAL, ò ENCINAR») y el femenino («ACÉFALO, LA»): una voz que en una edición es cabeza y en la otra va como femenino de otra es la misma voz.
- Hueco nuestro. La voz está en A y no en B, y pasa una de estas tres cosas: (a) en B le tocaría caer, por orden alfabético, entre dos voces que están en páginas distintas con una página rota o que falta en medio (en 1843 faltan las págs. 289-294 del escaneo y la pág. 1 pierde dos letras; en 1852 falta la 121); (b) su cabeza, en versales, está dentro del texto de la voz de al lado en B: el OCR no la vio como cabeza y la dejó en el artículo de delante; (c) sus dos vecinas de A (la anterior y la siguiente) tampoco están en B: lo normal es que se perdiera un trozo de columna. → No se sabe (hueco).
- Mal leída. Entre las voces que B tiene y A no hay una a una o dos letras de la voz de A (Accitoso / Aceitoso), o la misma sin la inicial (bad / abad), o la misma con la abreviatura de la categoría pegada (contumazmenteadv). Si las dos son palabras de hoy, solo vale una sustitución de las que hace el OCR (c/e, n/u, i/l, t/r…): portador y porteador son dos voces, ingratitud e ingratitod una mal leída. A dos letras solo vale si ninguna otra edición trae la voz tal cual (si la trae, es una voz de verdad). Y si la voz de A no es palabra de hoy y está a una letra de cualquier voz de B (comumicable / comunicable), también: es una lectura doble. → No se sabe (mal leída), con la pareja anotada. - Dudosa. La voz de A no es palabra de hoy, ninguna otra edición la trae y tiene la pinta de una mala lectura (dos tildes, una mayúscula dentro, vocales o consonantes que el español no junta: Cóstosíémo, Vco, Resouebradura). Y si el texto de A pierde cabezas (menos del 95 % encontradas en el conteo a mano: hoy todas menos la de 1869), basta con que no sea palabra de hoy y ninguna otra edición la traiga: una voz que solo trae un texto con erratas en las cabezas no se distingue de una errata. Se pierden así voces viejas de verdad (Conloar, que solo trae Autoridades), y lo decimos. → No se sabe (dudosa).
- Testigo de una tercera edición. La voz está en A y en la edición siguiente a B, pero no en B: lo normal es que B no la leyera. → No se sabe (testigo), salvo que el sitio de B esté bien leído: sus dos vecinas de B caen en la misma página, y el texto de B encuentra el 95 % de sus cabezas o más (hoy solo el de 1869; el de 1852 pierde una de cada cinco, y esas pérdidas no dejan rastro, así que en él el testigo manda siempre). Mirando hacia atrás vale igual: una voz que entra en B, falta en A y está en la edición anterior a A es, casi seguro, una cabeza que A no leyó.
- Lo que queda, sale (en A, no en B, con su sitio leído en B) o entra (en B y no en A, con las mismas reglas mirando hacia A y hacia la edición anterior a A).
- La definición. Con la voz en las dos, la definición (sin la cabeza y sin el latín) es igual, retocada o nueva, con las mismas medidas y umbrales con que medimos quién copia a quién: igual, una frase común de ocho palabras o un parecido de 0,8 o más; retocada, un parecido entre 0,5 y 0,8 y un cuarto de los trigramas comunes (en las definiciones de doce palabras o menos basta el parecido); con menos de cinco palabras, corta y no se juzga. Antes de medir, las palabras a una o dos letras de una de la otra definición se igualan (una errata del OCR no es un retoque), y se mide dos veces, entera y recortada al largo de la más corta, porque el troceado a veces traga el artículo siguiente, y eso no es una definición nueva.
Lo que esto no sabe hacer
- Una grafía que el transductor no reconoce (una h que se va, una tilde que cambia) no cuenta como cambio de grafía: si las dos formas son palabras de hoy y difieren en una letra que no es confusión del OCR, salen como dos voces; si no, como «mal leída». Las reglas del transductor están en los momentos ortográficos.
- La curva de cada rasgo edición a edición no está aquí: los cambios de grafía de cada par quedan en un fichero (`grafia.tsv`) con las columnas del rasgómetro, para que la curva se haga con todas las ediciones cuando el taller acabe de leer las de 1770, 1817 y 1822.
- Las erratas que salen al comparar no se corrigen en el texto de ninguna edición: se anotan para la revisión de erratas de la biblioteca.
- La columna. La regla 4 dice «bien leído» cuando las dos vecinas caen en la misma página; no sabemos la columna.
Lo que medimos a ojo
De cada clase y cada par miramos veinte filas contra el texto de las dos ediciones (no contra la imagen: lo que el texto no puede probar, lo decimos). El acierto de cada muestra está en la página de cada par y en `docs/estado/diccionario-oficial.md` del repositorio; una clase por debajo del 80 % no se publica, y la página dice por qué. Lo que más cuesta es el texto de 1852 (cinco erratas por cada cien letras y una cabeza perdida de cada cinco): entre 1843 y 1852 y entre 1852 y 1869 las definiciones no se publican todavía.
- La línea de las ediciones
- Fuentes · Las portadas, la Gaceta y nuestras cuentas.