Diccionarios de dominio público · un capítulo del libro

Quién copia a quién

Busque usted «encina» en esta biblioteca. Salen seis diccionarios, de 1846 a hoy, cada uno con la página del original al lado: Domínguez, Monlau, el de la Academia de 1869, Barcia, Echegaray y el Diccionario libre. Leídos uno detrás de otro, en una sola pantalla, cuentan algo que ninguno cuenta por separado: los diccionarios del siglo XIX se copiaban, y se copiaban por caminos distintos según qué parte del artículo se mire.

No hay una cadena: hay tres. Y un diccionario que no está en ninguna, porque iba en paralelo y opinando.

Karb and Sil · 12 de octubre de 2026, 18:58 · CC BY 4.0

Portada del tomo I del Primer diccionario general etimológico de Roque Barcia, Madrid, 1880
Tomo I del Primer diccionario general etimológico de Barcia (1880), el eslabón por el que pasan las tres cadenas. Ejemplar de la Biblioteca Nacional de Austria escaneado por Google.

Primera cadena: la definición

El diccionario de la Academia de 1869 define así la encina: «Arbol ramoso, que tiene el tronco macizo, las hojas aovadas, perennes, oblongas, dentadas, blanquecinas por debajo, y que da por fruto bellotas» [Diccionario de la Academia de 1869]. Barcia, once años después, dice lo mismo [Barcia, Primer diccionario]. Echegaray, siete años más tarde, también [Echegaray]. Palabra por palabra [«Encina» en los seis diccionarios].

No es un caso suelto. De las 17.236 definiciones que Barcia comparte palabra por palabra con Domínguez, unas 9.700, el 57 %, están también en el diccionario de la Academia de 1869: son la fuente común de los dos, y Barcia la copia casi en todo lo que trae [Nuestra medida Barcia-Domínguez; A tres bandas, con la Academia de 1869]. Echegaray, por su parte, no escondía lo que era: se anunció en 1887 como «edición económica del de Barcia» [La Unión (Madrid. 1882), 13/7/1887, p. 2], porque el de Barcia era «demasiado voluminoso, y, por consecuencia, caro» [El Imparcial (Madrid. 1867), 19/4/1887, p. 4].

La cadena: Academia (1869) → Barcia (1880) → Echegaray (1887)

Segunda cadena: la ciencia, desde París

¿Y el otro 43 %? Son unas 7.300 voces que el diccionario de 1869 no traía, sobre todo de ciencias: botánica, zoología, medicina, química. Esas Barcia no las sacó de la Academia sino de Domínguez [A tres bandas, con la Academia de 1869]. Y Domínguez, a su vez, las había traducido del Dictionnaire national de Louis-Nicolas Bescherelle, publicado en París poco antes que el suyo [Bescherelle]: de treinta voces de ciencias de Domínguez sacadas al azar, veinticuatro están en el Bescherelle, y veintiuna son traducción [A tres bandas, con la Academia de 1869].

Que la medida no se inventa la copia lo dice el control: si se compara una definición de Barcia con la de otra palabra de Domínguez, coinciden una vez de cada 2.772 [Nuestra medida Barcia-Domínguez]. Ya lo dijo la prensa en 1893: «Domínguez, á quien más tarde copió Barcia» [Revista contemporánea (Madrid), 10/1893, p. 500].

La cadena: Bescherelle (1843-1846) → Domínguez (1846) → Barcia (1880) → Echegaray (1887)

Barcia se llevó las definiciones limpias, sin lo que Domínguez había puesto de su cosecha [Nuestra medida Barcia-Domínguez]. Y eso que había mucho.

Domínguez, en paralelo

Domínguez no va detrás de los académicos: va al lado, y discutiéndolos. Redactó deprisa sobre la novena edición académica, la de 1843, pero en cuanto el artículo era político, filosófico o simplemente le daba la gana, ponía su propia definición, y muchas veces un recado [Álvarez de Miranda 2024; Seco 1987]. Su prólogo presume de «cuatro mil y quinientas voces del lenguaje usual» que el diccionario académico no traía, y de «cien mil y quinientas voces técnicas» [Prólogo de Domínguez]. Dentro, la pelea es artículo a artículo [Domínguez, Diccionario nacional]:

Domínguez echaba de menos en el diccionario académico la ciencia y la técnica, y las metió, aunque fuera traduciendo de París. interpretación nuestra Esa parte, la que él añadió, es justo la que Barcia se llevó; las opiniones las dejó.

Tercera cadena: la etimología

La etimología tiene otro camino. Para «encina», Barcia da esta: viene del latín quercus, que en la Edad Media habría dado carnus, de donde el francés chaigne, chesne, chêne; luego, cambiando una letra, otra y añadiendo un prefijo, encina. Él mismo la llama «rarísima é increíble transformación» [Barcia, Primer diccionario].

Es una etimología francesa, la de chêne, trasplantada a una palabra española interpretación nuestra. La prensa de la época dice de dónde salían las etimologías de Barcia: del Dictionnaire de la langue française de Émile Littré [Littré]. En 1880 lo elogiaban por haber «notado millares de omisiones» en el Littré [La Voz de Madrid (Madrid. 1878), 20/2/1880, p. 2]; en 1885 El Estandarte llamaba su obra «trascripción, no siempre afortunada» del Littré [El Estandarte (Madrid), 13/10/1885, p. 1]; en 1888 la Revista contemporánea lo acusó de plagiar sus etimologías [Revista contemporánea (Madrid), 4/1888, p. 153].

Y en enero de 1891 la misma revista discutió justo esta palabra. Frente a la cadena de Barcia, copia la de un «docto religioso» que no nombra: el latín de la encina es ilex, ilicis; su adjetivo, ilicina, «y de ilcina se formó el castellano enzina». Se queda con esa porque «suele ser más cierto lo más sencillo» [Revista contemporánea (Madrid), 1/1891, p. 116]. Echegaray ya había puesto las dos en 1887: la de Barcia y, detrás, «Del latín ilex» con la marca de la Academia [Echegaray].

La cadena: Littré → Barcia (1880) → Echegaray (1887)

Las tres, juntas

parte del artículocadena
definición generalAcademia (1843, 1869) → Barcia → Echegaray
ciencias y técnicaBescherelle → Domínguez → Barcia → Echegaray
etimologíaLittré → Barcia → Echegaray
opiniónDomínguez, solo (y nadie se la copió)

Echegaray está al final de las tres porque es Barcia abaratado. Domínguez está en dos sitios: como puente de la ciencia y, solo, como el único que opinaba.

Por qué aquí cada etimología va «según quién»

Una etimología del siglo XIX no es un dato: es lo que alguien dijo en un año, a veces copiándolo de otro. Por eso esta biblioteca no elige: pone cada una con su autor, su año y su página, una al lado de otra, y deja que el lector compare. «No me fío de estas etimologías… ni de ningunas», dice Eduardo. Tiene más de un siglo de compañía: el crítico de 1891 tampoco se fiaba.

Para seguir

Textos de Karb and Sil, con licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 (CC BY 4.0): cópialo, compártelo y adáptalo citándonos. La prensa de 1847-1893, los diccionarios del siglo XIX y las imágenes antiguas son de dominio público. Cada dato lleva su fuente entre corchetes; lo que es lectura nuestra, va marcado. Editor: Wordkers. Hecho a partir de nuestras notas de estudio; generado el 12/10/2026 19:24.