Diccionarios de dominio público · un capítulo del libro
Lo que les faltaba a los diccionarios
En Madrid, en 1857, salió un diccionario que no quería ser uno más. Su título lo dice entero: Vocabulario de todas las voces que faltan á los diccionarios de la lengua castellana publicados por la Academia, Domínguez, Caballero, Peñalver, Campuzano, Salvá, Barcia y los demás, «ó sea Suplemento necesario» para que esos diccionarios «puedan ser completamente útiles» [Portada de 1857]. Lo firmaba Luis Marty Caballero. Es el negativo de los diccionarios de su tiempo: solo lo que ellos no traían. Con los diccionarios de esta biblioteca se puede medir si era verdad y qué pasó después con esas palabras.
Karb and Sil · 18/10/2026 16:29 · CC BY 4.0

La promesa: unas cuarenta mil voces
El libro abre con una página «Al lector» de dos párrafos. El argumento es de bolsillo: para encontrar definido «un mediano número» de las palabras corrientes había que comprar todos los diccionarios, «cuya adquisicion supone un desembolso de 550 rs.», y aun así el dueño se quedaba «sin el significado de unas 40,000 ó mas voces de que constará nuestro Suplemento» [«Al lector»]. Y renuncia a venderlo con «frases pomposas»: la idea, dice, es sencilla [«Al lector»].
Salen 10.617 artículos [Las cuentas]: el 27 % de lo prometido. El libro no dice cómo contaba Marty sus cuarenta mil. Puede que contara acepciones y no artículos, o que el plan fuera más largo que el tomo interpretación nuestra. Un año después, en 1858, sacó un Diccionario de la lengua castellana en dos tomos que anunciaba «80,000 voces que no se hallan en los publicados anteriormente» [BVFE, Marty Caballero]: hacía la misma promesa, más grande, en otro libro.
Qué faltaba
La Esplicacion de las abreviaturas ya enseña dónde iba a buscar: junto a las de siempre trae «(am.)», voz americana; «germ.», germanía; «mit.», mitología; «min.», minería y mineralogía [Esplicacion de las abreviaturas]. Contadas en las categorías de los artículos [Las cuentas]:
Es lo que un lector de 1857 no encontraba en ningún diccionario: los dioses y las ninfas, la jerga de los ladrones, las voces que ya nadie usaba y la química, la mineralogía y la medicina de mediados de siglo interpretación nuestra. Y 149 voces americanas marcadas, como altamisal.
¿Era verdad que les faltaban?
La portada nombra a los diccionarios que dice completar. Cinco de ellos están en esta biblioteca: el diccionario oficial de 1843 y el de 1852, Domínguez (1846-1847), Salvá (1847) y Barcia. Hemos buscado cada cabeza de Marty en los lemas de los cinco [Las cuentas]: el 78,1 % (8.293 artículos) no está en ninguno. Si se quita a Barcia y se miran solo los cuatro anteriores a 1857, el 91,0 % (9.661). Marty cumplía lo que prometía: casi todo lo que trae faltaba de verdad interpretación nuestra.
La cuenta es por lema y aproximada: una errata del OCR en una cabeza la hace parecer nueva, y una palabra que el otro diccionario trae con otra grafía no se encuentra interpretación nuestra.
Qué Barcia: el de 1853, no el de 1880
La portada de 1857 cita a «Barcia». El Barcia que publica esta biblioteca, el Primer diccionario general etimológico, es de 1880-1883 [Barcia, 1880-1883]: no lo pudo conocer. El de 1857 tiene que ser el Nuevo diccionario de la lengua castellana que dirigió Roque Barcia, un tomo «arreglado según la última edición» del oficial y «aumentado con más de veinte mil voces usuales de ciencias, artes y oficios»: salió en 1853 en París y en Gerona, en Madrid en 1854, y tuvo segunda edición en 1855 y tercera en 1858 [El Nuevo diccionario de Barcia]. Es el único diccionario de Barcia anterior a 1857 interpretación nuestra. Ese tomo no está en la biblioteca, así que no lo hemos podido cruzar; por eso la cuenta de arriba usa el de 1880, y la cifra es un mínimo para el de su tiempo interpretación nuestra.
Qué recogieron después
De las 9.661 cabezas que no estaban en los diccionarios anteriores a 1857, ¿cuántas entraron en los que vinieron detrás? Cruzadas por lema con los de esta biblioteca [Las cuentas]:
| Diccionario | Recoge | De cada cien | Ejemplos (Marty → el otro) |
|---|---|---|---|
| el diccionario oficial de 1869 | 111 | 1,1 | abretonar → 1869, fetiche → 1869, mejunje → 1869, rábula → 1869 |
| el de 1884 | 259 | 2,7 | acatalecto → 1884, civeto → 1884, galvanoplastía → 1884, perigonio → 1884 |
| el de 1899 | 413 | 4,3 | acaparador → 1899, desbastador → 1899, leporino → 1899, quiliárea → 1899 |
| Barcia (1880-1883) | 1.368 | 14,2 | aalcuabe → Barcia, centunviral → Barcia, gonalgia → Barcia, peristiarca → Barcia |
| Echegaray (1887-1889) | 1.085 | 11,2 | aalcuabe → Echegaray, bordelés → Echegaray, flautin → Echegaray, periníctida → Echegaray |
El diccionario oficial casi no se movió: en cuarenta años recogió el 4,3 % de lo que Marty decía que faltaba. Barcia y Echegaray, fuera de la Academia, recogieron muchas más. Y el 83,2 % (8.035 voces) no entró en ninguno de los cinco [Las cuentas]: siguió faltando interpretación nuestra. Las columnas de ejemplos llevan a cada palabra en los dos libros.
Dos ediciones, las mismas planchas
En 1859 salió una «segunda edicion» [Portada de 1859]. Pero no es otra composición: renglón a renglón es el mismo libro, impreso con las mismas planchas, en la misma imprenta de Anselmo Santa Coloma; solo cambian la portada y la hoja siguiente, y desaparece la dedicatoria al gobernador de Madrid, Carlos Marfori [Las cuentas; La dedicatoria de 1857]. La BVFE dice lo mismo: la de 1859 no tiene más cambio que la dedicatoria quitada [BVFE, Marty Caballero].


Que fueran las mismas planchas nos vino bien: hay dos escaneos del mismo texto, cada uno con sus manchas, y la máquina los leyó los dos y votó entre ellos letra a letra. Donde una lectura falla, la otra suele acertar: en los trozos copiados a mano, el texto votado se equivoca en menos de un carácter de cada cien (0,98 %, sobre 7.486 caracteres), y de seis páginas contadas a mano salen el 98,9 % de las cabezas [Las cuentas].
¿Quién es «D. J. Ll.»? No lo sabemos. Donde la portada de 1857 decía que la obra era «propiedad de sus editores», la de 1859 dice «propiedad de D. J. Ll.» [La hoja de propiedad de 1859; La hoja de propiedad de 1857]. Ni la ficha de la BVFE ni lo que hemos leído lo nombran [BVFE, Marty Caballero]. Antes se leía «D. J. L.»; en la imagen son una J y una Ll: un apellido que empieza por Ll.
Lo que se sabe del autor
Casi nada, y lo poco sale de sus propios libros. Es lo que dice la ficha que le dedica Manuel Alvar Ezquerra en la BVFE [BVFE, Marty Caballero], que resumimos. En 1861 empezó a publicar un Anuario general del comercio, de la industria y de las profesiones de Madrid, en 1862 una Guía alfabética para el uso del papel sellado y en 1863 otro Anuario para 1864: por eso se piensa que se ganaba la vida en el comercio. Su segundo diccionario, el de 1858, sigue el modelo del oficial pero mete mucha enciclopedia, como era costumbre entonces, y lo continuó un E. Marty Caballero. Que el apellido de la portada cambie hace pensar que Luis había muerto hacia 1864, aunque pudo haber otras razones que no conocemos. En 1894 ya no vivía: la ficha cuenta que su hijo Luis y tres nietos estaban en la miseria. Las fechas que da la biblioteca, «¿?-ca. 1864», salen de ahí.
Lo que no sabemos
- Cómo contaba Marty sus cuarenta mil voces. El libro no lo dice.
- Quién es D. J. Ll., el dueño de la edición de 1859.
- El Nuevo diccionario de Barcia, el de 1853: no lo tenemos, y la cuenta de «lo que faltaba» se hace con el de 1880.
- Caballero, Peñalver y Campuzano. De los diccionarios que cita la portada, tenemos el Panléxico de Peñalver pero no lo hemos cruzado aquí (su escaneo pierde páginas de la N a la Z); el de Caballero y el de Campuzano no están en la biblioteca.
Para seguir
- El Vocabulario, palabra por palabra · Cada artículo con su página del original.
- Quién copia a quién · Cómo se copiaban los diccionarios del siglo XIX.
- Barcia y su diccionario etimológico · Y su Nuevo diccionario de 1853, en La obra.
- Las historias · Los demás capítulos del libro.
- El libro en Internet Archive · El escaneo de 1857, con los preliminares.
- Fuentes · Todo lo citado, enlazado a su original.