Roque Barcia · 1880-1883
Alfaneque
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1. Alfaneque. Masculino anticuado. Nombre de unas pieles famosísimas, muy usadas durante la Edad media, las cuales servían para forros; en cuyo sentido se decia: peel de A FANEQUE y piel ALFANEQUE, adjetivando el vocablo propuesto.
ETIMOLOGÍA. Arabe al, el ó la, y fanẽ, fanẽque, en Pedro de Alcalá; fenneh, en Bruce; fanek, en Dozy. Los árabes conocieron el alfaneque, como lo acreditan varios autores. 1. El famoso médico Razy, en el capítulo sobre los vestidos habla del fanc̃h entre las cinco especies de pieles ó forros que menciona: «marta cibelina, zorra. fanc̃k, armiño y cormorán;» esto es, al-hauãsil, pájaro acuático que tiene una gran bolsa debajo del pico, llamado en árabe hausala, singular de al-hauasil.
2. Ibn-al-Hachchä, que escribía en Túnez á mediados del siglo xII, dice que «el fanck es un animal de cuvas pieles se hacen abrigos, y que se le conoce en el Sahara de Ifrikiya.» (Glosario sobre Mansuri) 3. Confirma este dato el testimonio de Gastón Lemay, quien hace mérito de dos alfaneques cazados en los alrededores de Ghadamés: «el conductor nos trae dos pequeñas zorras liliputianas, que allí llaman fenek, del tamaño de un gato, cogidas en su madriguera de arena.» 4. El poeta Maccari habla de dos capotes de piel de alfaneque (farmai fanc̃h), añadiendo que eran de hhorosan, lo cual supone que el Khorosán había ganado fama por la preparación de dichas pieles. 5. El mismo animal es sinónimo de mustela foina, en Ibn-al-Baitar. 6. Beccri dice que «el faneh se cazaba en la Ifrikia.» 7. Este animal habita las regiones cálidas del Africa, desde la Abisinia y el Darfur hasta Constantina. Los árabes le conocieron y se sirvieron de sus pieles. (CLÉMENT, MULLER.)—Sin embargo, la existencia del alfaneque ha sido para los zoólogos, durante mucho tiempo, no sólo capítulo de duda, sino asunto de disputas y sátiras, como si se tratase de un animal casi fabuloso. En medio de esta enemistada diversidad de pareceres, Brander lo describió en las Transacciones de Suecia, bajo el nombre de zerda, hacia fines del siglo pasado, ó sea, en 1777; pero tales noticias no apaciguaron la especie de tumulto que reñidas contradicciones y dudas antiguas habían movido entre los hombres de la ciencia. Después de Brander, el famoso viajero Bruce vió el alfaneque en Abisinia, lo estudió con curiosa solicitud, con extremo cuidado, con observación afectuosa, con verdadero ahinco; acompañó además un boceto; y para dar remate á su industriosa diligencia, lo describió con su nombre propio; es decir, con el vocablo árabe fennẽk, fanẽc. Estos antecedentes llamaron la atención, disiparon las dudas, dieron fijeza á las opiniones; pero la cuestión no estaba resuelta todavía.
Buffon, que no conocía el alfaneque más que por el relato de Bruce, no se atrevió á darle carta de naturaleza y lo describió bajo el nombre postizo de animal anónimo, mientras que Godofredo de Saint-Hilaire, que le conocía perfectamente, se empeñó en creer que tal animal no podía existir, al menos como especie, fuera del género galogo; de donde resultó que el alfaneque, alojado ya en la común creencia, no halló vecindad en los libros. Por fin, la Sección zoológica del Jardín de Plantas de París encontró manera de adquirir una pareja de esos animales, procedente el uno del Norte de Africa; el otro, del Sennaar, y los dos alfaneques fueron á Francia. A la sazón no se trataba de conjeturar ó de discutir, sino que era menester atenerse á la filosofía práctica de santo Tomás: ver y creer. El alfaneque existe; está en el Jardín de Plantas de París, á vista de todo el mundo, y la ciencia no pudo negarle esta vez la tan disputada hospitalidad del asilo. Pero mucho antes de todo esto, siglos antes, la piel del alfaneque, estimadísima para forros y adornos, fué un objeto de lucro, considerada como industria y comercio; lo cual explica que la voz del artículo se aplicase aún á las ricas pieles del Norte; y en general, á toda piel fina y delicada, según vemos en Mármol. Este autor nos dice, en la descripción de Cairaván, que sus habitantes, pobres y abyectos, no conocían otra industria que el adobo de pequeñas y finas pieles de cabrito, llamadas finque, corrupción evidente de fanc̃h, fennẽh. Esto demuestra que la piel del cabrito usurpó su nombre al alfaneque, para agenciarse el mayor precio que da la fama, encubridora
irresponsable de la codicia. Así aconteció que el nombre del fancẽk pasó á ser el nombre de sus pieles, de donde viene la expresión piel alfaneque, que se halla en muchos pasajes de textos antiguos. Tal es la historia de este célebre y precioso animal, mencionado por Razi, Ibn-al-Baitar, Ibn-al-Hachchã, Mascari, Becri, Quatremère, De Sacy, Lane, Dozy, Engelmann, Devic; descrito por Brander, Bruce, Buffon, De Colomb, Tristam, é historiado por Clément Mullet. La voz del artículo pasó al latín de la Edad media bajo formas muy variadas, según resulta de los siguientes textos. Esas formas prueban que el alfaneque era conocido en España con más de seis siglos de anterioridad á la descripción científica de Brander. Debemos advertir, para que se comprendan los textos, que pierna significa tira ó banda, y fateles, del árabe fatil, quiere decir ruedos de cama; esto es, rodapies. Formas del bajo latin. 1. Alfanez. Laxo coorpertorium meum matrinum et pelles meas ALFANEX; «dejo mi cobertor de piel de marta y mis pieles de alfaneque.» (Testamento de Arnaldo, arzobispo de Narbona, documento de 1149.) Y en otro lugar: coorpertorium meum ALFANEX; mi cobertor de alfaneque; esto es, de piel de alfaneque. Y más abajo: præter fulcra serica et coorpertorium unum alfanex; «dejó además camas ó colchones de seda y un cobertor de piel de alfaneque. 2. Alfaneque: lectus cum suo tapetes... faleles ALFANEGUES; «camas con sus cubiertas y ruedos de cama de piel de alfaneque.» (Carta citada por el PADRE SANTA ROSA y DU CANGE.) 3. Alfaneche et una pelle ALFANECHE. (Documento del siglo XI, 1084.)
4. Alfañec. Tres piernas (tiras ó bandas), de ALFAÑEC; una, de manto; y dos, de garnacha. (Inventario de los efectos que quedaron por muerte de don Gonzalo Palomeque, Obispo de Cuenca.)
5. Alfaneque. Et unas sabanas literatas, et fateles ALFANEQUES in pannos greciscos: «y unas sábanas listadas y ruedos de cama, hechos de pelo de alfaneque, etc.» (Escritura de donación que el conde Garci Fernandez y la condesa Dona Aba, su mujer, hicieron al Monasterio de Covarrubias en la era de 1016. YÉPES. Crónica de san Benito, tomo V, folio 444.)
6. Alfanir. «Mulier qui viduitatem toluerit tenere, accipiat... una bestia asnar et una mora et un moro et un lecho COR ALFAÑIR: «la mujer que quisiese vivir en el estado de viudez, reciba una bestia asnar, y una mora, y un moro, y una cama con alfaneque;» esto es. «con ruedos ó colchas de piel de alfaneque.» (Fuero de Cáceres, folio 28.) El texto más antiguo que conocemos es el 1016, que trae Yepes.
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