Diccionarios de dominio público · un capítulo del libro
La Academia que citó a sus autores
Entre 1726 y 1739 salieron seis tomos en folio de un Diccionario de la lengua castellana que explicaba cada palabra con textos de escritores concretos: de ahí que lo llamen «de Autoridades». Lo hizo una Academia de cortesanos, clérigos y juristas fundada en 1713, que tardó trece años en sacar el primer tomo [Historia de la Academia, 1726: IX, XXXIX]. Aquí, lo que dicen sus preliminares, lo que contó la prensa y lo que vino después, con la fuente de cada dato.
Karb and Sil · 14 de octubre de 2026, 10:28 · CC BY 4.0

Una Academia de cortesanos (1713-1715)
«Tuvo principio la Academia Española en el mes de junio del año de 1713», dice la Historia que ella misma puso al frente del primer tomo; su fundador y primer director fue Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona, mayordomo mayor del rey [Historia de la Academia, 1726: IX]. Los estatutos impresos en 1715 dan otro día: la primera junta fue el 6 de julio de 1713, con ocho fundadores [Estatutos, 1715: fol. 3]; y la Historia cuenta como primera junta asentada en el libro de acuerdos la del 3 de agosto [Historia de la Academia, 1726: IX-X].
Los fundadores no eran lexicógrafos de oficio. Estaban el doctor Juan de Ferreras, cura de San Andrés de Madrid y después bibliotecario mayor del rey; los jesuitas Bartolomé Alcázar y José Casani; el mercedario Juan Interián de Ayala, de Salamanca; el consejero Andrés González de Barcia; y dos bibliotecarios reales [Historia de la Academia, 1726: X]. Después entraron un canónigo de Salamanca, jueces, consejeros de Indias y de Hacienda, un oficial de la Guardia y un diplomático [Historia de la Academia, 1726: XXX-XXXII]. Serían veinticuatro, con un director y un secretario [Estatutos, 1715: cap. II].
Se reunían una vez por semana, por lo general los jueves, en la posada del marqués, y no cobraban: pidieron solo el honor de ser criados de la Casa Real [Historia de la Academia, 1726: XV, XXXII]. El rey lo aprobó primero de palabra; la real cédula del 3 de octubre de 1714 fijó los veinticuatro, el director (el primero, perpetuo; los siguientes, por un año), un secretario perpetuo, imprenta propia y sello [Historia de la Academia, 1726: XX-XXII; Estatutos, 1715: fols. 6-10]. El sello es un crisol al fuego con el mote «Limpia, fija y da esplendor» [Historia de la Academia, 1726: XIII]; en el segundo tomo, crisol es el vaso en que los plateros funden y acrisolan el oro y la plata.
Cómo se hizo (1713-1726)
Primero se repartió el trabajo por combinaciones de letras (AB, AC, AD…): cada académico compuso la suya a su manera, y ya se elegiría después el método [Historia de la Academia, 1726: XII]. Luego se imprimió una planta con las reglas, para que el trabajo saliera uniforme [Historia de la Academia, 1726: XV]. Cada artículo se leía en la junta sin que nadie interrumpiera al lector; si había reparo, se votaba y se enmendaba allí mismo, en el papel [Historia de la Academia, 1726: XXVII-XXVIII].
Hacia 1723, además de las cuatro primeras letras, había nueve más completas (E, F, G, H, I, J, K, L y O), y juntas hacían más de la mitad del diccionario [Historia de la Academia, 1726: XXXIII]. Al repasar los papeles para llevarlos al impresor, las cuatro primeras estaban desiguales: unos artículos demasiado concisos, otros difusos, algunos con muchas citas y otros con ninguna [Historia de la Academia, 1726: XXXVII]. Dos revisores, Adrián Connink y Lorenzo Folch de Cardona, las volvieron a leer; Interián de Ayala puso las equivalencias latinas; y los seis discursos del principio se repartieron entre cinco académicos [Historia de la Academia, 1726: XXXVIII].
Un decreto de un 22 de diciembre dio a la Academia sesenta mil reales al año, de dos maravedís más por libra de tabaco [Historia de la Academia, 1726: XXXIV]. La impresión empezó en octubre de 1724, tarde, por la falta de papel: escaseaba en España y en Génova [Historia de la Academia, 1726: XXXIX]; años después se compró en las fábricas de Capellada, en Cataluña [Continuación de la Historia, 1739]. El 29 de junio de 1725 murió el fundador, cuando se imprimía el pliego 128; lo sustituyó su hijo, Mercurio López Pacheco [Historia de la Academia, 1726: XL-XLI].
Las autoridades: a quién citaron y por qué
La Academia tenía delante dos modelos y se separó de los dos: la francesa, dice la Historia, calificaba la voz sin autorizarla, y la de la Crusca citaba hasta treinta o cuarenta autores por palabra; ella decidió dos o tres, porque una voz castiza queda probada con pocos testigos [Historia de la Academia, 1726: XIX]. Los académicos leyeron clásicos y entregaron a la Secretaría las citas más dignas, algunos «a millares», y de ahí se repartían entre todos [Historia de la Academia, 1726: XVIII].
Para elegir a los autores hizo una Lista, repartida por siglos y separada en prosa y verso, que se imprimió al final de los preliminares [Lista de autores, 1726: LXXXV-XC]. Empieza con el Fuero Juzgo, sigue con las crónicas, las Partidas y el Conde Lucanor, y en los siglos XVI y XVII nombra, en prosa, a fray Luis de Granada, fray Luis de León, santa Teresa, Cervantes, Mariana, Quevedo y Solís; en verso, a Garcilaso, Góngora, Lope y Calderón. Trae a dos de sus propios académicos, Interián de Ayala y Alcázar, y al Tesoro de Covarrubias, y acaba con Palomino, ya del siglo XVIII [Lista de autores, 1726: LXXXV-LXXXIX].

Cuando el marqués de Almodóvar aprobó el libro, en septiembre de 1724, destacó sus innumerables citas de libros de materias diversas, y que ninguna chocaba con la religión [Aprobaciones, 1726]. Hay matices. Las citas se ponen unas «para autoridad» y otras «para ejemplo» (en las voces ya olvidadas), y sin orden de mérito entre los autores [Prólogo, 1726: V-VI]. La Academia no se presenta como maestra sino como jueza que enseña las razones: la voz se califica y se pone al lado el texto que la sostiene [Historia de la Academia, 1726: XIX]. Las voces vulgares, que no salen en escritos serios, se buscaron en los jocosos, y aun así a veces faltó la cita [Historia de la Academia, 1726: XVIII-XIX]. Y el Prólogo advierte que su fin no es «emendar, ni corregir la Lengua», sino explicarla [Prólogo, 1726: § 5].
En el primer tomo, Academia incluye las de Italia, España, Francia y Portugal entre las «instituidas principalmente para la formación de los Diccionarios de las lenguas» (t. I, p. 33); y en el tercero, Diccionario, distingue el diccionario del vocabulario, lo mismo que en el Prólogo [Prólogo, 1726: § 4]. De los cinco primeros tomos, que ya tenemos en texto, nuestro troceado cuenta 32.136 artículos y 47.102 citas con su referencia [Nuestra cuenta del Diccionario]: casi una cita y media por artículo interpretación nuestra.
Seis tomos en trece años
| Tomo | Letras | Portada | Impresor | Entregado a los reyes |
|---|---|---|---|---|
| I | A-B | 1726 | Francisco del Hierro [Portada, 1726] | 30 de abril de 1726, Buen Retiro [Continuación de la Historia, 1739] |
| II | C | 1729 | Francisco del Hierro [Fichas de Internet Archive] | 21 de marzo de 1729, Isla de León [Continuación de la Historia, 1739] |
| III | D-F | 1732 | su viuda [Fichas de Internet Archive] | 11 de septiembre de 1732, Sevilla (por comisión) [Continuación de la Historia, 1739] |
| IV | G-N | 1734 | sus herederos [Fichas de Internet Archive; BVFE] | 16 de abril de 1734, Buen Retiro [Continuación de la Historia, 1739] |
| V | O-R | 1737 | sus herederos [Fichas de Internet Archive] | 22 de abril de 1737, Buen Retiro [Continuación de la Historia, 1739] |
| VI | S-Z | 1739 | sus herederos [Fichas de Internet Archive] | no cuenta su entrega: la Continuación va en este tomo |
Cuando salió el sexto, la Academia ya trabajaba en un Suplemento y en la corrección de los seis [Continuación de la Historia, 1739]. Por el camino murió también el segundo marqués de Villena, el 7 de junio de 1738 [Continuación de la Historia, 1739]. La quinta edición de 1817 resume el conjunto: la Academia acabó el diccionario «a los veinte y seis años de su fundación» [Prólogo de 1817].
Cómo lo recibieron
El Prólogo ya lo avisa: faltarán voces y sobrarán errores, y las críticas servirán para corregirlo en la segunda impresión [Prólogo, 1726: § 4]. La crítica llegó en 1737. El Diario de los literatos de España, considerado el primer periódico importante de España fuera de la Gaceta [Diario de los literatos, ficha], reseñó los Orígenes de la lengua española de Gregorio Mayans y recogió que este tachaba el diccionario de «diminuto», por haber buscado las voces en libros comunes y haber encargado cada letra a una sola persona [Diario de los literatos de España, n.º 2, 4-6/1737, p. 102], y que la Academia había condenado muchísimas voces antiguas [Diario de los literatos de España, n.º 2, 4-6/1737, p. 105]. El reseñador contesta con la Historia del propio diccionario: no se repartieron letras sino combinaciones de la A, y lo escrito pasaba por la junta [Diario de los literatos de España, n.º 2, 4-6/1737, p. 103]. Lo que sabemos de Mayans es lo que dice el Diario.
Qué fue después
La Academia siguió corrigiendo. El 5 de diciembre de 1753 acordó reimprimir con correcciones y añadidos [Prólogo de 1770], y en 1770 salió «el primer tomo de la segunda edición», A-B [Prólogo de 1770]; la ficha de Internet Archive de ese tomo dice que no se publicó otro [Fichas de Internet Archive]. En 1780 la Academia dio otra cosa: el diccionario reducido a un tomo, «suprimiendo las autoridades y las etimologías, pero sin quitar ningún artículo» [Prólogo de 1817]. En 1790 un lector lo tenía claro: para ver las citas había que ir a los tomos grandes [Diario de Madrid, 10/5/1790, p. 1].
Por qué importa
Es el diccionario de la Academia que apoya sus acepciones en textos con autor y folio. Su Lista fue un canon: dijo, del Fuero Juzgo a Palomino, qué escritos contaban como castellano bien dicho interpretación nuestra. También fija sus límites: sin nombres propios, sin palabras deshonestas [Prólogo, 1726: § 14], y dejando las artes y las ciencias para un diccionario aparte, «quando este se haya concluido» [Prólogo, 1726: § 8].
Lo que no sabemos
- El día de la fundación. La Historia dice junio de 1713 y una primera junta escrita el 3 de agosto; los estatutos de 1715, el 6 de julio [Historia de la Academia, 1726: IX-X; Estatutos, 1715: fol. 3].
- El año del decreto del tabaco. En la misma página la Historia dice 1720 en el texto y 1723 al pie del decreto [Historia de la Academia, 1726: XXXIV]; no hemos visto otro documento que lo fije.
- Lo que escribió Mayans. Solo lo que cuenta el Diario de los literatos; no hemos leído sus Orígenes.
- La edición de 1780. No hemos visto un escaneo: sabemos lo que es por el Prólogo de 1817 y por un lector de 1790 [Prólogo de 1817; Diario de Madrid, 10/5/1790, p. 1].
- Si el de 1770 fue el único tomo de la segunda edición. Lo dice la ficha de Internet Archive, que cita a Palau; no hemos mirado a Palau [Fichas de Internet Archive].
- Un retrato libre del marqués de Villena o de Felipe V. No lo hemos encontrado con procedencia clara: no ponemos ninguno.
- La ficha de la BNE. No hemos podido consultar su catálogo (la web exige su interfaz); las copias que usamos son de Google, en Internet Archive.
- Cuántos autores hay en la Lista. El OCR la rompe; no los hemos contado.
- Lo que dice Lázaro Carreter. Su Crónica del Diccionario de Autoridades es el estudio de referencia y no lo hemos leído, solo su ficha [Lázaro Carreter 1972].
Para seguir
- El diccionario, palabra por palabra · Los tomos I-V en texto, con la cita y su referencia.
- El Tesoro de Covarrubias (1611) · El libro en que la Academia dice apoyarse.
- Quién copia a quién · Otro capítulo del libro.
- Los preliminares del tomo I · Prólogo, Historia y Lista, en Internet Archive.
- Fuentes · Todo lo citado, enlazado a su original.