Roque Barcia · 1880-1883
Pedro
tomo 4 · página 143 · ver la página del original
2. Pedro. Masculino. Germanía. El vestido que al tacto muestra pelo; y lo usan los ladrones de noche. I Germanía. Capote ó tudesquillo, y también el cerrojo. [ DON PEDRO DE NOCHE. DON DIEGO. II PEDRO DE URDEMALAS, Ó TODO EL. MONTE Ó NADA. Refrán que enseña que la fuerza del genio no se contiene por la razón, ni se contenta con medianías en lo que hace. PEDRO, POR TI POCO MEDRO; — MENOS MEDRARÁS SI YO PUEDO. Refrán que enseña cuán dificil es contener los progresos de la envidia y de la venganza. ] ALGO VA Ó MUCHO VA DE PEDRO Á PEDRO. Refrán con que se da á entender la diferencia que hay de un sujeto á otro. PEDRO ¿POR QUÉ ATIZA? POR GOZAR DE LA CENIZA. Refrán que advierte lo mucho que suele influir el interés en las acciones humanas. BIEN ESTÁ SAN PEDRO EN ROMA. Refrán que se dice contra cualquier mudanza que se propone á alguno, si él juzga que no es de su conveniencia respecto del estado en que se halla. MUCHO OS QUIERO, PEDRO: NO OS DIGO LO MEDIO. Refrán que reprende la afectada ponderación del cariño cuando se pretende ó cuando las obras no corresponden. PICAME, PEDRO, QUE PICARTE QUIERO. Refrán con que se reprende y procura contener á los que riñen y contienden tenazmente sin querer ceder ninguno. TAN BUENO ES PEDRO COMO SU COMPANERO. Refrán con que se denota que tanto motivo hay para desconfiar entre dos sujetos del uno como del otro. ACERTÁ DOLE HA PEDRO Á LA COGUJADA, QUE EL RABO LLEVA TUERTO. Refrán con que irónicamente se reprende á los que se jactan de lo que no han hecho.]YA ES DURO PEDRO PARA CABRERO. Expresión provincial que denota ser poco á propósito para el estudio ó para el trabajo la persona ya muy entrada en años. Pedro Alcántara (San). Religioso franciscano, que nació en la villa de Alcántara en 1499; fué varón de ejemplar virtud; reformó la orden de san Francisco, dándole nuevos estatutos, por lo cual los nuevos individuos fueron llamados alcantarinos; murió en 1562 y fué canonizado por Clemente IX en 1629. (SALA.) Pedro el Ermitaño. Religioso, que nació en la diócesis de Amiens en el siglo xi. Predicó en el Concilio de Clermont, y condujo la primera cruzada á Oriente en 1095, volvió á morir en 1115 á un monasterio que había fundado en la diócesis de Lieja. (SALA.)
Reseña.—Nuestros ilustrados lectores comprenden que la biografía de este personaje necesita de mayor desarrollo, sin que se entienda que motejamos lo hecho por Sala, cuyo trabajo convendría sin duda al plan de dicho autor. 1. La profesión primera de nuestro personaje no fué la de monje, sino la de soldado, un soldado oscuro; y debió tomar parte, en 1071, en las guerras de Flandes, que sostuvo el conde de Bolonia. 2. Pero su diminuta estatura y sus deformidades físicas le obligaron á mudar de rumbo, inclinándose á la vida del matrimonio. 3. Se casó con Ana de Roussí; pero disfrutó poco tiempo de las dulzuras de la familia, puesto que, muerta su esposa sin haberle dejado hijos, se vió precisado á buscar un refugio en la soledad. De aquí provino el nombre de ERMITAÑO, con que le designan las crónicas, suponiéndose que llevó una vida eremítica hasta fines del siglo xI (1093), en que salió de su retiro para visitar la Palestina, que era la pasión dominante eutonces. 4. Espantado allí de la suerte extrema de los fieles; más espantado todavía de las continuas profanaciones de que era objeto el Santo Sepulcro, tuvo—según refiere la tradición—una visión celeste, á consecuencia de la cual..hizo voto de consagrarse por completo á la conquista de los Santos Lugares. 5. Con tal propósito regresó á Italia; puso en manos de Urbano II algunas cartas del patriarca Simeón y de los afligidos cristianos de Jerusalén; pintó al vivo las humillaciones escandalosas que sufría la Cruz, y recabó autorización para predicar una cruzada, con cuya intención atravesó los territorios francés y alemán, arrastrando por todas partes á los pueblos. PEDRO EL ERMITAÑO inflamó á las naciones de Occidente con el prestigio de una doble oratoria: el fervor de PEDRO EL ERMITAÑO y el fervor de las generaciones cristianas. 6. En 1095 comunicó su ardiente entusiasmo al Concilio de Clermont; continuó sus predicaciones por el Norte de Francia y aceptó irreflexiblemente la misión (punto menos que fabulosa) de pasar al Asia con la indisciplinada multitud que le aclamaba por único jefe. 7. Careciendo absolutamente de las más simples cualidades de caudillo en una expedición tan arriesgada, puesto que era una expedición de gentes bravías, partió sin dinero y sin víveres, fiándolo todo á la misericordia de la Providencia, sin tener en cuenta que una visión celeste puede inspirar á un hombre, no mantener y guiar á un ejército. Al llegar á Hungría, permitió, ó no pudo evitar, que los peregrinos se entregaran á toda clase de desórdenes, de donde resultó que vió exterminada á la mayor parte de sus tropas por el rey de los húngaros, el inexorable Colomán. 8. Acosado por aquella persecución y la de los búlgaros. no tuvo más partido que pasar á Constantinopla, en donde tampoco pudo permanecer, á consecuencia de la apremiante excitación de Alejo Canmeno, á quien molestaba la visita de aquellas tropas turbulentas. 9. Viéndose expulsado de esta suerte, atravesó el Bósforo y fué testigo del exterminio casi total de los cristianos en las inmediaciones de Nicea. 10. Casi solo, fugitivo, á hurtadillas, volvió á Constantinopla; y allí, perdiendo su carácter postizo de jefe, hubo de confundirse con los ejércitos ya organizados que llegaban á la sazón. El capitán murió al convertirse en fraile, como el fraile había muerto al convertirse en capitán. 11. En Antioquía, no pudo soportar el hambre y abandonó secretamente el campamento de los cruzados (1097); pero Tancredo le forzó á volver, haciéndole gravísimos cargos y tomándole juramento de no repetir aquella fuga. 12. Después de estas contrariedades, los hechos de nuestro personaje en Tierra Santa están reducidos á los dos que siguen: haber sido comisionado por los cruzados de Antioquía, que se hallaban sitiados entonces, para proponer la batalla, y haber arengado á los guerreros de la cristiandad, reunidos en el monte Olivete. 13. Olvidado despues, volvió á Europa; se retiró á las cercanías de Huy, diócesis de Lieja, y fundó un monasterio, en donde acabó sosegadamente sus días. 14. La ciudad de Amiens, en cuya diócesis nació, le erigió una estatua en 1854. 15. El nombre de Cucupietro, que le da Ana Canmeno, viene del capuchón con que se cubría la cabeza, llamado cucullum en latín. Por consiguiente, Cucupietro representa Cucullum-Petrus, «Pedro el de la capucha.» 16. Juicio.—PEDRO EL ERMITAÑO, idealizado por la admiración de siete siglos, se ofrece á nuestra fantasía como un coloso de los tiempos, á lo cual se añade la tradición piadosa, que lo presenta como un milagro de la religión. Dejando aparte, en este juicio, la vehemencia de sus sentimientos religiosos y la eficacia de la gracia divina; es decir, considerándole en sus aptitudes naturales y humanas, PEDRO EL ERMITAÑO fué un hombre que sintió la fe de su época; que sintió á la par esa elocuencia espontánea y magnífica que infunde la fe; que tuvo momentos solemnes, como los del monte de las Olivas, en que exhortó á los guerreros de la cristiandad, teniendo delante el Santo Sepulcro, mientras que el sol de los misterios reflejalba sobre su frente la santa majestad del apóstol. Si se le juzga
ahora como espíritu organizador y como caudillo, fuerza es reconocer que cayó en el descrédito y en la nulidad. Si el ridículo pudiera caber en un asunto de tal monta, nuestro personaje hubiese caído en el ridículo. PEDRO EL ERMITAÑO concibió un propósito gigantesco por lo que sentía, no por lo que pensaba: asombró al mundo; conmovió la tierra; provocó el desafío más sangriento de que tiene noticia la humanidad; abrió un palenque que no se ha cerrado, que no se cerrará durante muchas geueraciones; pronunció una queja profunda que se pronunciará durante el trascurso de muchos siglos; fué la sombra inmensa del mundo cristiano; pero no supo lo que hacía. Si se nos permitiera una imagen, podríamos decir que PEDRO EL ERMITAÑO es un templo tan iluminado por fuera, que casi llega á fascinar; mas cuando se penetra en el interior, sólo vemos la luz de alguna lámpara que hiere las sombras del venerable santuario. Y para decirlo de una vez, PEDRO EL ERMITAÑO era un hombre relativamente pequeño, que motivó una empresa muy grande, la más grande de toda la Edad media, puesto que llevaba en su seno la futura transformación de Europa y de Oriente. Esa transformación, figura colosal de un porvenir indefinible, voz interior de revelaciones sagradas, necesidad perenne de los destinos providenciales, guardará siempre la sepultura de PE DRO EL ERMITAÑO. Esta grandeza póstuma, infinitamente superior á las flaquezas personales, no puede negarse sin ingratitud á las cenizas de Cucupietro.
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