Manual de biografía y de bibliografía de los escritores españoles del siglo XIX

Manuel Ovilo y Otero · 1859

Clemente, Simon de Rojas

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CLEMENTE (D. SIMON DE ROJAS), SABIO NATURALISTA.

Vamos á transcribir un extracto de una biografía mas extensa que dejó escrita este sabio español, pues además de ser poco conocida, nuestros ilustrados lectores agradecerán mas su lectura que el pálido relato que nosotros pudiéramos ofrecerles, y que no conservaria la animacion é interés que su autor supo comunicar á la narracion de sus hechos.

« Vi la luz primera, dice, el 27 de setiembre de 1777 en Titaguas, pequeña y moderna villa del partido judicial de Alpuente, provincia de Valencia. Apenas empecé á andar me enviaron mis padres á una escuela, cuyo cruel maestro me arredró tanto, que á pesar de los esfuerzos de mi padre llegué á 9 años sin conocer un signo del alfabeto. Tal seria hoy probablemente el grado de mi cul tura, si la villa no hubiese despedido al inexorable vapulador. Entregóme mi padre á otro maestro muy honrado y de suave carácter, y fué tanta la aficion que tomé al estudio, que para evitar el exceso de mi aplicacion, hubo que emplear mayores conatos de los que se habian usado para que asistiese á la escuela del primero.

» Queria mi padre aplicarme á la labor, y que mi hermano siguiese la Iglesia; pero como este no quisiese dejar sus hogares, recibí yo la invitacion con indecible gozo, y me enviaron á Segorve á estudiar latinidad de edad de 10 años para seguir una carrera llena de afanes, riesgos y luchas peligrosas, de que no hablaré, ni de las enfermedades que me pusieron muchas veces al borde del sepulcro, por haber debilitado mi robustísima constitucion con el afan de ver y saber, en que vivia contento, pues lo que entienden comunmente los hombres por felicidad en el mundo, consiste lisa y llanamente en que uno se la crea. En Segorve me enseñó el excelente y malogrado profesor Sr. Cister la sintaxis, retórica y poética latina y castellana.

» En 1791 empecé la filosofia en Valencia con el Doctor Galiano, y obtuve por oposicion el grado de maestro en artes de premio. Sentiame yo irresistiblemente llamado á la contemplacion de la naturaleza que era la mas permanente de mis pasiones, y desde mi infancia, antes de entrar en la latinidad, concebí y comencé á realizar el quimérico proyecto de reunir los nombres de todos los seres existentes. Mis padres apartaban de mí con artes increibles cuanto me pudiese separar del estado eclesiástico, que yo repugnaba; mas por no disgustarlos me avine á estudiar con harto dolor mio teología. Las lenguas griega y hebrea me parecian un paraiso comparadas con los mas severos estudios, y en la segunda fueron muy aplaudidos mis progresos.

» Casi decidido á ordenarme aspiré á una beca de San Pio V, que afortunadamente no me dieron; pero logré el grado de doctor de premio, con que ahorré los gastos á mi padre, que enajenado de contento me permitió invertirlos en venir á Madrid, á hacer oposicion á la cátedra de hebreo. Concurrió á este certámen el sabio D. Francisco Orchell, á cuyo gran mérito se hizo justicia. Firmé tambien oposicion en 1800 á las cátedras de lógica y ética dél Seminario de Nobles, en cuyos ejercicios logré solo acreditar mi aplicacion, en términos que se me confió en San Isidro la sustitucion de las tres cátedras á que habia aspirado mientras asistia á las de griego y árabe. En este último idioma hice un alarde singular que desempeñé con aplauso. Abiertos en 1800 y 1801 los cursos de botánica, mineralogia y quimica, me precipité en ella con la fuerza que van los graves á su centro, y contribuí á la composicion de un tratadito sobre las criptógamas españolas. Entonces se desfogaba mi aficion en el estudio de la hermosa naturaleza por las inmediaciones de Madrid y las alturas del Guadarrama, así en la canícula como en las escarchas del invierno, durmiendo donde quiera que me cogia la noche, lo que he hecho hasta el año de 1817 semanas enteras en mis excursiones, despues de perdida la fuerza atlética de mi complexion.

» En 1802 me hallaba sustituyendo la cátedra de árabe por enfermedad del propietario, cuando se presentó á las lecciones un desconocido que en poco tiempo hizo muchos progresos, y no tardó en proponerme un viaje científico que habíamos de emprender disfrazados para hacer descubrimientos en lo interior del Africa. Yo le contesté sin vacilar que estaba pronto á seguirle, y en pocos dias me hallé con el nombramiento real de asociado á esta empresa con la dotacion de 18,000 reales, que fué el primer sueldo que he disfrutado, sobrándome siempre para las necesidades de la vida, y faltándome muchísimo para mis apetitos científicos.

» No pudieron retraerme de este viaje mis respetables amigos D. Antonio José de Cavanilles y D. Agustin Argüelles (a.) el divino, ni otros que me pintaban el incógnito como un aventurero loco; y sali de Madrid en mayo de dicho año á tan atrevida expedicion, á que debia preceder un rápido paseo por Francia é Inglaterra, con el fin de acopiar noticias, instrumentos de observacion y otros artículos indispensables. Ya se deja conocer el ahinco con que me apresuraria á satisfacer mi sed de ciencia, colectando objetos en todo el tránsito, y que el Museo de Historia natural de París y la casa de Banks en Londres serian mi morada continua. Ni me contentaba con asistir á las lecciones públicas si no conversaba diariamente con los sabios de una y otra capital, admirados de que un jóven español arrostrase una empresa tan original, que prometia tantas adquisiciones á la ciencia. Al mismo tiempo salí á herborizar á gran distancia de dichas capitales, y tuve el gusto de presentar á aquellos sabios algunas plantas ó no descubiertas, ó no bastante conocidas.

» Ni en Paris ni en Londres dejé culto que no examinase en sus templos, persuadido de que conservaria la fortaleza de mis 24 años hasta los 80, y de que me era posible, segun habia leido del Tostado y otros, llegar á abarcar un dia cuanto saben los hombres.

» Mi compañero de viaje y yo debíamos circuncidarnos en Londres, á fin de aparentar en Africa que éramos musulmanes y no varar en la tentativa como Hosmman y otros. Un dia que volvi á casa en aquella capital, de herborizar en los bosques de Esping-Forest, encontré á mi socio (era el catalan D. Domingo Badía, que despues recorrió el Asia y el Africa con el nombre de Ali Bey) pálido, bañado en su sangre y casi exánime : dijome que habia escogido aquella ocasion de hallarme yo fuera para verificar la operacion, con el intento de figurármela menos cruel, pero lo es tanto, añadió, que nunca osaré aconsejarla, pues me hallo en una situacion mortal. No bien cicatrizada la herida, nos embarcamos para Cádiz, donde los Moros nos perseguian como judios disfrazados, bien que despues nos miraban con mucho respeto. » Arrostró mi compañero solo el viaje á Africa, desde donde me escribió que yo no podia ir allá, por faltarme la circunstancia que tan á peligro le puso. Yo me quedé en Andalucía, donde me llamaban el moro sabio y donde fui objeto de la curiosidad general. Entonces me ocupé en trabajar el Ensayo sobre la vid, publicado en 1807, de que se han impreso extractos y capítulos enteros en todas las lenguas europeas y en la latina, por los mas acreditados botánicos y agrónomos.

» Entretanto me apuraba el gobierno para que pasase á Africa con el nombre de Mahamed Ben Alí, que habia adoptado, mas hallándome inhábil para hacerlo, pedí que se me diese el encargo de examinar las producciones de los tres reinos de la naturaleza en las sierras de Granada y Ronda, mientras se podia verificar el viaje. Para ello me transformé en Simon de Rojas Clemente una madrugada de marzo de 1804 á fin de comparecer cristiano en Granada. Recorrí las playas granadinas desde el puntal del Pinar al de la Sagra, capaces de saciar mi voracidad exploradora, arrojo nunca imaginado, que me guardaria bien de repetir. Medi geométricamente la elevada altura del famoso pico de Mulacen, las alturas de Sierra Nevada, y demás de aquel montuoso reino, formando al mismo tiempo la escala vegetal desde sus cimas al nivel del mar : rectifiqué su geografía, equivocada en los mapas de Lopez, examiné las prácticas agrícolas, los usos, el lenguaje y cuanto incumbe á un viajero observador, eficaz é ilustrado.

» La Europa culta espera la publicacion de trabajos tan importantes, con la favorable prevencion que inspira uno de sus paises mas heróicos, el mas ricamente variado y acaso el que con mas esmero se ha reconocido, segun lo indica una ú otra ligera muestra divulgada ya en varios impresos. Engolfado en estas investigaciones hube menester mucho esfuerzo para apartarme de tan delicioso pais y venir en octubre de 1805 á servir la plaza de bibliotecario del Jardin botánico de Madrid, perdida va toda esperanza de ir á Berbería. Entre mas de 80 arrobas solo de muestras de las preciosidades granadinas, traia una serie de frumenticias con la idea de hacer una mono especial ó Ceres española. Comunicado el pensamiento con D. Mariano Lagasca, nos convinimos en llevarlo adelante de consuno; y aunque las vicisitudes políticas nos hayan proporcionado copia de materiales con que engrandecerlo, han retardado la conclusion de un monumento, no menos honorífico á la agricultura árabe, que necesario á la Europa actual.

» Despues que cedió D. Juan Antonio Melon al Jardin botánico la empresa del Semanario de Agricultura, de que habia publicado 17 tomos, trabajé como uno de los redactores en los 6 últimos hasta el 23, en que se hallan mis tareas; suspendiéndose con harto dolor mio en 1807 para ir á San Lúcar de Barrameda á enseñar en el nuevo Jardin experimental, establecido sabiamente, cuanto podia contribuir á sus progresos. Un año debia durar este encargo; pero la invasion francesa de 1808 arrebató cual furioso torbellino á casi todos mis discípulos al campo de Marte, y la ferocidad, la envidia y la ignorancia arruinaron aquel naciente establecimiento, que tan lisonjeras y útiles esperanzas anunciaba al Estado. No por eso quedaron enteramente perdidos los conatos del director cientifico, como lo testifican algunos sobresalientes alumnos, entre ellos Doña Maria Josefa de la Piedra, que sostiene una correspondencia arreglada con botánicos de suprema categoria, habiendo merecido de uno de ellos que haya inmortalizado su apellido con un género nuevo. » Faltábame para redondear la historia del reino de Granada concluir el escrutinio de la serranía de Ronda y de la inagotable Hoya Malagueña, y prefiriendo al goce tranquilo del sueldo arrostrar nuevas tareas y riesgos en la suspicaz exacerbacion de los ánimos de aquella crisis, realicé el reconocimiento sin que pudiesen estorbar mis observaciones geodésicas los mas arduos obstáculos. Los disturbios públicos me hicieron perder riquísimas colecciones, fruto de una expedicion hecha á tanta costa asi en Sevilla como en toda la Andalucía baja, y muchisimos apuntes importantes.

» En 1809 se me comisionó para recibir y cuidar un rebaño de vicuñas, alpacas mestizas de ambas especies, y llamas, que acababan de llegar á Cádiz; idea suscitada por el Semanario de Agricultura, cuyos artículos habia hecho ver D. Francisco Zea á la fundadora de los jardines de la Malmaison, á cuyas instancias se habia pedido de la América dicho rebaño, que llegó en un estado lastimoso. De mis observaciones sobre él resultó una Memoria muy original, todavia inédita, producto único de la malograda colonia, por las nulidades cometidas en su traslacion á la península, y por la apurada sazon en que arribó.

» Ocupada Andalucía por los Franceses, vine á Madrid á revisar mis manuscritos y colecciones, no hallando en otras partes recursos para continuar estas tareas, y en 1812 me retiré al pueblo de mi naturaleza, que me dió la mas generosa y agradable acogida. Allí me dediqué á establecer las cosas de mi lugar en términos que cuando se imprima su historia civil, natural y eclesiástica, se verá que ningun pueblo puede presentar un monumento comparable al que ilustrará el nombre de Titaguas.

» En 1814 me arrancó el gobierno de mi querido retiro para que formase el plan topográfico y estadistico de la provincia de Cádiz, empresa perfectamente combinada como desgraciada en sus principios. Volví á la plaza de bibliotecario no ya con la pretension de saberlo todo, sino con el intento de asegurar una subsistencia menos precaria, y me dediqué en los años de 1815, 16 y 17 á ganar las matriculas de Farmacia, honrándome con las notas de sobresaliente y los premios. Entonces se encargó á Lagasca recibir y arreglar las colecciones de Mutis, recien llegadas de Santa Fe de Bogotá, y me excitó á nombre del gobierno para cooperar á su publicacion.

» En 1818 fui nombrado censor en las oposiciones á la cátedra de zoología. La Sociedad económica de Madrid quiso que se restaurase el texto de la agricultura general de Alonso de Herrera, nivelándola con el actual estado de las luces: yo trabajé en el prólogo y artículos que se ven en la hermosa edicion publicada en 1818 y 19, y no llegaron á tiempo ciertos apéndices, que hubieran dado mucho realce y esplendor á la obra, si no me lo hubiese estorbado una pertinaz oftalmía.

» Por desconfianza de mi mismo ó por mi poca aficion á la polémica comunicaba mis pensamientos familiar y amistosamente ó por medio de la imprenta, y repugnaba inscribirme en las asociaciones, y mas en las que abrigan espiritu de partido, especialmente si exigen de sus miembros otra contribucion que las de sus luces. Por esta circunstancia dejé de alistarme en la famosa sociedad Linneana de Londres, aunque mi cerazon jamás ingrato no es insensible al honor que me han dispensado, enviándome los diplomas la Real Academia de Ciencias de Babiera, la de Ciencias y Artes de Barcelona, la Fisio del Sund, la Real Sociedad de Agricultura del Alto-Garona, la Económica de Madrid, Granada, San Lúcar y el abolido Instituto militar Pesttalozziano.» Aqui termina el manuscrito del autor, que retirado por los trastornos politicos á su lugar, mereció del monarca ser llamado nuevamente á Madrid para que continuase sus tareas científicas. En ellas le sorprendió la muerte á consecuencia del vómito negro el dia 27 de febrero de 1827. Entre sus legados dejó al rey su Historia natural de Granada y el Tratado de la Ceres española; y al Real Gabinete una gran coleccion de animales disecados y de reptiles en espíritu de vino.

Fueron los principales escritos de este sabio los que siguen, segun expresa el Sr. Colmeiro en su Botánica : Ensayos sobre las variedades de la vid comun, con listas de plantas observadas en el reino de Sevilla. Sobre variedades del trigo, vid, uva, naranjas, olivo, fresa, patata y pimiento.

Sobre un centeno que se cultiva en Tahad.

Instruccion sobre el modo con que pueden dirigir sus remesas y noticias al Real Jardin botánico de Madrid los que gusten concurrir á la perfeccion de la Ceres espanola. Memoria sobre el cultivo y cosecha del algodon. Introduccion á la Criptogamia española.

Discurso pronunciado en la apertura solemne de la enseñanza de Agricultura y Botánica establecida en San Lúcar de Barrameda, el año de 1808.

Historia natural de Granada. M. S.

Indice de los manuscritos, dibujos y láminas que se con 10.

servan en la Biblioteca del Real Jardin botánico de Madrid. M. S.

Además dejó manuscritas la Historia civil, natural y eclesiástica de Titaguas, su pueblo, en poder de su sobrino, y un Nomenclator ornitológico español y latino.

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El texto de Ovilo 1859 (1859) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Clemente, Simon de Rojas», en Manuel Ovilo y Otero, Manual de biografía y de bibliografía de los escritores españoles del siglo XIX (1859), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/ovilo/clemente-simon-de-rojas.