Ramón Joaquín Domínguez · 1846-1847
Judío
tomo 2 · página 1037 · ver la página del original
Judío, día. s. El natural de Judea. lladj. Perteneciente á Judea, 6 4 sus naturales. || s. El que observa la ley antigua de Moisés, creyendo todavía en la venida del Mesías, contra lo que establece el cristianismo fundado por ese mismo salvador que anunciáron los profetas, y murió crucificado á manos de ese mismo pueblo hebreo, cuyos descendientes, hoy dispersos por el mundo, continúan en el ciego error de sus padres y púrgan los pecados de estos, con arreglo á la espantosa maldicion que ellos mismos se echáron cuando pedían á gritos la crucifixion del benigno Jesús: «caiga su sangre toda sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» y cayó y seguirá cayendo, desde la ruina de Jerusalen arrasada por Tito, hasta ¿1 fin del mundo, en cuya época se cree piadosamente que seran perdonados, porque el señor tocará sus corazones y rendiranse al arrepentimiento. Asísea l fam. Voz injuriosa, depresiva, despreciativa que se suelta como epíteto infamante en momentos de cólera y enojo, denostando á cualquier individuo por mal cristiano, ruin, miserable Ó cosa parecida; ni mas ni menos que por costumbre análoga y en alusiones soberanamente necias, se suele decir: perro, turco, moro, hereje, y otras lindezas ejusdem géneris stultorum. || m. Cierta variedad de judía de hoja mayor y mas redonda, con las vainas masanthas, cortas y estoposas, y que se conoce mas comunmente con el nombre dejudiones. || de señal; el judío convertido á quien se le permitía vivir en tre cristianos, y para ser conocido se le ponía una señal en el hombro; lo cual ciertamente probaba bien poca genero- | sidad de parte de los que, fraternizados ya con él, todavia conservában cierta prevencion indigna de la religion mas dulce y conciliadora, prevencion ademas muy propia para alejar ó retraer á los muchos que, sin herir de ese modo la natural susceptibilidad de su delicadeza, hubiéran deseado y podido convertirse. || Hist. Los judios, pueblo verdaderamente singular y tan empenado en mantener su unidad de carácter contrala dispersion con que la Providencia lo castiga, obtuviéron en España prescindiendo de otros países muchas consideraciones por sus riquezas, saber é industia, hasta que la Inquisicion se propuso acabar con todos ellos. Habíanse introducido en tiempo de los reyes godos, sectarios del arrianismo; después fuéron persegidos por los sucesores de Recaredo; que, como este principe, éran catolicos romanos. Con la invasion de los arabes, mas tolerantes que los cristianos, y grima causa decirlo, tuviéron paz los judios y estabilidad social. Entonces acopiáron grandes bienes, acumuláron caudales, cultivaron las ciencios, se hiciéron célebres sobre todo en la astronomía , en la medicina, en el comercio. Como doctores médicos insignes éran admitidos y festejados hasta en las cortes de los principes cristianos, pasando de aqui simultáneamente á tesoreros de los monarcas, y por este medio, como satisfactores de sus necesidades, que no éran pocas, á ejercer sobrada influencia en los negocios públicos. Don Alonso el sabio dispenso mucha proteccion á los judios, en calidad y á título de astrónomos. Las inmensas riquezas de estos, su insaciable avaricia y prácticas supersticiosas, concitáron primeramente contra ellos el odio popular, y los gobiernos tuviéron que ir promulgando leyes contra las judíos, sin que bastáran sus prudentes medidas á evitar las violentas usurpaciones y tropelías cometidas de vez en cuando por las turbas fanáticas, contra los desgraciados hijos de Israel, víctimas muchas veces de implacables verdugosen sangrientas matanzas. Llegó á ser tan general el clamor contra los judíos, que el dia 30 de mayo de 1492, los reyes católicos, Don Fernando Y y doña Isabel 1, espidiéron un decreto en Granada mandando salir de todos sus dominios á los judíos que no se bautizásen, sulicientemente iniciados en el preciso é improrogable término de cuatro meses únicos, concedidos. Con este apremiante motivo, ofreciéron en vano cuantiosas sumas las casas mas poderosas del comercio judío, para que los tolerásen en España; algunos, aunque pocos, se bautizáron por no dejar la amada y dulce patria; 3000 emigráron á Portugal, donde los admitieron, pagando caroel hospedaje mísero y la hospitalidad interesada; pero la mayor parte, 100,000 segun unos, 800,000 de todas edades y sexos segun otros; la mayor parte, repetimos, fuéron á enriquecer otras naciones distantes, bajo los tres aspectos de poblacion, caudales, y conocimientos en los distintos ramos del saber. Si algunos infelices permaneciéron rezagados, la terrible Inquisicion establecida por los mismos reyes, se encargó de irasándolos vivos, después de martirizarlos atroz é inicuamente; lo cual, en nuestro pobre concepto y en el de otros ilustrados escritores, será siempre un borron que afeará la historia de aquellos monarcas, cuyo próspero y floreciente reinado, tan fecundo en victorias y fortunas, no necesitaba ciertamente echar mano de semejantes medios para conservar inalterable la tranquilidad de los pueblos. ¿ Noeran tambien súbditos suyos y propietarios españoles, tambien de padres españoles hijos, los desventurados israelitas? Mártires judios hubo en tiempo del fanático rey Sisebuto; pero muchísimos mas. sin comparacion, en la época tan ponderada del aragonés Fernando Y, de aquel piadoso y sabio principe queinundó de sangre á Zaragoza porque se oponía al establecimiento de la inquisicion, y por vengar la muerte de un inquisidor, que hoy figura en el catalogo de los santos!.
la historia de «judio», de obra en obra →
abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra