Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Sanscrito

tomo 4 · página 896 · ver la página del original

Sanscrito, ta. Adjetivo. Aplícase á la antigua lengua de los brahmanes (que sigue siendo la sagrada del Indostán) y á lo referente á ella. Así se dice: lengua SANSCRITA, libros, poemas SANSCRITOS, etc. ( Masculino. El idioma SANSCRITO.

ETIMOLOGÍA. 1. HERN (sanskrita), perfecto. Compónese de sans, con, equivalente al griego háma, por sáma, y shrita, la obra por excelencia, de kri, hacer, crear. 2. Los eruditos notan que la s de shrita es puramente eufónica ó de enlace; de modo que la forma orgánica del nombre es sankrita, hecho acabado, conjunto perfecto. 3. El radical kri, hacer, nos explica el latín creare, hacer de nuevo.

Reseña.—1. Lengua sagrada del Indostán, que hoy es una lengua muerta. Dejó de hablarse del tercero al séptimo siglo de la era cristiana. De ella parecen derivarse los idiomas indo-germánicos, en ella se escribieron los Vedas, los Puranas, las leyes de Manú, el Ramayana y el Mahâbhârata. 2. Así se llama la lengua sabia ó erudita de la India, la lengua que constituye la literatura más antigua de aquella región del mundo. SANSCRITO significa civilizado, per fecto, consumado, y etimológicamente corresponde, según ha hecho notar Eichhoff, al concretus (concreto) de los latinos. El sentido de estas voces presenta el SANSCRITO como la lengua escrita por excelencia, la lengua de los libros. 3. Con gran esmero cultivan hoy el SANSCRITO todos los filólogos y etimologistas de Europa, por cuanto han descubierto en ese idioma la fuente del griego y el latín, y encuentran en su mecanismo y contextura la explicación de varios hechos lingüisticos. El SANSCRITO posee, con efecto, el sistema gramatical más vasto que se ha conocido y su sistema de escritura es tan completo como su código de gramática. Su alfabeto se llama devanagari (escritura de los dioses) y se compone de 50 letras: 14 vocales, 34 consonantes y 2 signos accesorios. Su ortografía está constantemente de acuerdo con su pronunciación y representa con toda fidelidad las alteraciones eufónicas, que son muchas y rigorosas. Las raíces del sanscrito son todas monosílabas, y los catálogos hasta ahora formados no dan más allá de 1.700 de esos elementos etimológicos. Con los simples forma indefinido número de compuestos. (Mon San Sebastián. Masculino. Geografía. Plaza fuerte, capital de la provincia de Guipúzcoa y de la jurisdicción de su nombre.

1. Situación.—La ciudad, considerada desde el punto más céntrico, se encuentra situada á los 43° 19° 34" de latitud Norte y 1° 41' 387 de longitud Este del meridiano de Madrid, distante: 446 kilómetros de esta capital; 64, Estenordeste, de Bilbao, y 62, Noroeste, de Pamplona.

2. Clima.— Los vientos del Sudeste y Noroeste, que reinan con frecuencia en el país, hacen de éste uno de los más sanos de la costa cantábrica, y su puerto, de los más concurridos del mundo en la temporada de los baños. Las enfermedades más comunes son los catarros, reumas y afecciones gástrico-mucosas. 3. Aspecto de la ciudad.—Se halla edificada en anfiteatro en un enorme cerro, que las irrupciones del mar aislaron del continente, con el cual se comunica hoy por medio del puente de Santa Catalina. La población se extiende al pie de la falda meridional del monte Urgull, llamado del Castilio' por la tortaleza que majestuosamente se levanta sobre su cumbre. La posición que ocupa, es verdaderamente deliciosa. Al Sudoeste, tiene el arrabal de San Martín, y al Sudeste, el de Santa Catalina. Por la parte oriental corre el río Urumea, que desagua en el Océano Cantábrico, próximo á la capital, formando una barra, denominada comunmente la Zurriola, aludiendo sin duda á las muchas olas que azotan aquel banco de arena. Al Occidente se ve una bahía que, en figura de concha, cubre con sus aguas una extensión prolongada hasta el monte Igueldo, mientras que la planicie, en que está enclavada la ciudad, se dilata por el Mediodía hasta el pie de la colina de San Bartotome, desde cuyo punto va elevándose el terreno según se aleja de la costa. Hallándose, pues, á muy corta distancia los dos brazos de mar. que bañan los muros oriental y oceidental, la población y el monte Urgull quedan reducidos á una verdadera península, siendo muy probable que en sus primitivos tiempos se cruzaran las aguas de la Concha y del Urumea, transformando en isla el indicado monte Urgull y su planicie meridional. Hoy la ciudad se comunica con el interior del país por una lengua de tierra, que avanza hacia el golfo de Vizcaya, sea cual fuere la situación de sus aguas. 4. Interior de la capital.—Destruida por un incendio en 1813, fué reedifi

cada después, á expensas de sus moradores, con notabilísimas mejoras, pudiendo decirse que la ciudad, tal cual hoy se conoce, es enteramente nueva hasta en los cimientos, así de medio punto: los lienzos de enfrente sus grandes como de sus pequeños se levantan más que los arcos, en for El suelo de la población es ma de pilastras, hasta la imposta inferior de las ménsulas de los balcones del piso principal; los de las caras interiores, divididos desde los arranques de los arcos en dos partes iguales, proyectan fajas resaltadas y concéntricas con los arcos. Los pilares, no obstante su forma cuadrada, descansan sobre una especie de pedestales cilíndricos, de piedra dura caliza, evitando de este modo los desmoronamientos de aristas en parajes tan expuestos á fuertes choques y rozamientos. La plaza ofrece cuatro entrahadas por cada uno de los extremos opuestos de los lados menores, las cuales forman trasversalmente la cuoantinuación de los pórticos, techados por azoteas con antepechos de balaustres, correspondiendo á los del piso principal de las casas. Los pórticos están enlosados, constituyendo en invierno uno de los paseos más concurridos y deliciosos. Las casas son to das de tres y cuatro pisos, y los aleros de tejados, á nivel, con poco vuelo, para que no oscurezcan las calles: greneralmente, el primer cuerpo, cuando menos, es de piedra sillería, así como los ángulos, cabezas de los medianiles y muchos de los marcos de huecos de ventanas: los balcones, salva alguna que otra excepción, son de hierro y de poco resalto. La parte de piedra sillería, que se emplea en la construccioción, se pinta con color negruzco blanquecino, imitando al natural, para que no tome con el tiempo un tinte que demuestre desaseo, contrastando así en finura con el blanco del resto de los lienzos de fachada. El interior está distribuido con inteligencia, aprovechamiento y comodidad: las escaleras son claras y cómodas. de os anee c, sos e el ue centra cerrado po as co to- Los pisos bajos y algunos entresuelos se encuentran ocupados por almacenes de frutos coloniales y de otras mercancías de venta por mayor, así como de tiendas de géneros al por menor, de comestibles y de talleres de artesanos, dispuestos todos con mucn mucho orden y, en su mayoría, ad aaodrnados con exquisito gusto.

5. Templos.—Aparece en primer término la iglesia de Santa María, cuyo origen y antigüedad son enteramente desconocidos. Consta de tres naves: la principal de más de 10 metros de luz, y las laterales, de 5. En el crucero central, sobre arcos torales de medio punto, se eleva una cúpula algo achatada y adornada en su centro con un florón: las demás bóvedas de las tres naves están sujetas en sus claves á un nivel; la nave principal es de s arqueadas; su primer tramo, que ll medio punto, y, por consiguiente, las ga hasta la mitad de la altura, es todo de piedra; desde la primera mesilla se divide en dos iguales, y ambos suben hasta el piso principal en sentido opuesto al primero, repitiéndose en el segundo la misma disposi

ción. En el principal se halla la sala capitular, decorada con columnas, que sostienen el cornisamento de los entrepaños. El edificio, desde sus cimientos hasta la cornisilla del ático, es, interior y exteriormente, todo de piedra sillería, trabajada con el mayor esmero y solidez. La ordenación de sus fachadas de costados y posterior, se hallan en perfecta armonía con la principal, particularmente, la segunda, que es un excelente modelo de habilísima combinación entre la continuidad de la decoración de los costados y la central, la cual hace juego en el interior con la suntuosa disposición de la escalera. En la construcción de este suntuoso edificio se han observado en todas sus partes las varoniles proporciones y nobleza de formas del orden tomado por tipo en la composición; reconociéndose en él la majestad de la arquitectura romana, unida á la sencillez griega.

7. Estadística.—La capital que nos ocupa, cuenta en su recinto: 21.670 habitantes, conventos, un magnífico edificio destinado á carnicería y pescadería, cuarteles, teatro, varias sociedades, instituto, cementerio, cárceles, hospital civil, casa de misericordia, hospital militar, escuelas de adultos, de comercio, de náutica, de niños y primarias gratuítas. 8. A lrededores de la capital.—Saliendo por la antigua puerta de tierra, se presenta á la vista el paseo, llamado de Hornabeque, elevado, frondoso y circuído de una verja; así que se pasa el puente levadizo, en el glasis, se ve el espacioso Prado, cubierto todo el año de un césped verde, que no bastan á marchitar los ardores de la canícula. Por el extremo que toca al camino de Francia, aparece rodeado de un considerable número de árboles, entre los que se hallan colocados hermosos y cómodos asientos de piedra; y por el lado opuesto, la estacada del foso de la plaza. A la terminación del Prado, se entra en el paseo, denominado de Santa Catalina, que ha sido siempre el elegido por la sociedad elegante para lucir sus galas, durante los meses de verano; distinguiéndose en toda su longitud cómodos asientos de piedra, con respaldo de hierro, y un plantío de copudos árboles; disfrutándose, desde cualquiera de sus sitios, del majestuoso é imponente aspecto que presenta la inmensa llanura de los mares. Otro de los paseos más bellos y acaso también el más notable, es el que conduce al valle de Loyola, situado á corta distancia de la ciudad. Empieza en el puente de Santa Catalina y se extiende hasta Astigarraga, atravesando los parajes más pintorescos y deleitosos. Yendo de SAN SEBASTIÁN, se lleva el manso Urumea á la derecha, el cual se pierde de vista por algún tiempo, á causa de la configuración del camino, y, atravesando luego un puente de madera de alguna longitud, queda este río á la izquierda. Tarea dificil sería trasladar al papel las vivas impresiones, las risueñas imágenes que produce en aquel sitio el variado y portentoso espectáculo de la naturaleza. Una vegetación siempre frondosa, galana siempre, excita la curiosidad y la admiración del paseante, sacándole de las meditaciones más profundas, si es que en aquel paraje puede la fantasía desviarse de los encantos de la contemplación. Por este lado se ve una hermosa extensión de tierra, perfectamente cultivada; por el otro, un alegre caserío, que parece hundirse en el Urumea, cuyas aguas lamen cariñosamente sus cimientos, y, de vez en cuando, alguna gabarra que, abriéndose paso por entre grandes manadas de patos domésticos, surca pausadamente con su pesada carga la tranquila corriente de aquel río. Todo el litoral del Urumea es verdaderamente fascinador por la hermosura de su perspectiva, por la deliciosa sombra que prestan sus árboles y la verde alfombra que esmalta su suelo. 9. Bahía y puerto.— La ciudad que se describe, fundada al abrigo del monte Urgull, ofrece una magnífica bahía Ilamada Concha. Su figura es una especie de semielipse, cuyo eje mayor tiene 1.619 metros de longitud, de Oriente á Occidente, y el menor, 306, de Norte á Mediodía. Entre Urgull é Igueldo, se distingue la isla, denominada de Santa Clara, que sirve de mucho abrigo á la Concha, y la distancia que separa el monte Urgull de la isla, que es próximamente de 364 metros, forma la entrada y salida para los buques. El fondo de la Concha es de arena fina y limpia; su piso, uniforme, claro y seguro, y de una pendiente sumamente suave para internarse en el mar. El puerto se encuentra igualmente al abrigo del mencionado monte Urgull, y, para entrar y salir de él, hay que contar con las mareas. Los muelles principales, que separan el puerto de la Concha, son dos: el Caiamba y el Caiburo, los cuales cierran el espacio del puerto, amén de otros que existen en el interior para amarrar los buques y para la carga y descarga, En el mismo puerto se halla establecido el depósito de cadenas, cables y otros efectos de socorro. 10. Termino.—El' de SAN SEBASTIÁN, confina con las villas de Pasajes, Rentería. Astigarraga, Hernani, Usursil, Lasarte y Orio, que se hallan á 8 y 10 kilómetros de la ciudad, excepto los pueblos anejos de Zubieta y Aduna, que se encuentran algo más distantes. La dirección de Oriente á Occidente es la más dilatada, ofreciendo una longitud de II kilómetros de camino desde los confines de Rentería hasta Montefrío. || Calidad y accidentes del terreno.—El terreno de los alrededores de la población está esencialmente constituido de arcillas, calizas, areniscas y arcillosas, formando diferentes rocas, pertenecientes todas á una misma época geológica. Estas rocas, depositadas horizontalmente durante el período liásico, han sido trastornadas por la aparición del pórfido verde ó la ofita, presentando las diversas y variadas alturas que componen las ásperas y quebradas montañas de Guipúzcoa. El monte Urgull, en cuya cumbre se destaca el castillo de la Mota, se eleva unos 120 metros sobre las aguas de la Concha. Su falda meridional, que ofrece un descenso rápido, á la vez que un aspecto agradable, contrasta singularmente con la parte ruinosa, la cual presenta su lado opuesto, que mira al mar. Las areniscas, que la constituyen principalmente, son de un color amarillo pardusco, á veces de un color de chocolate, sumamente duras, de fractura concoide, salpicadas de hojas de mica. Al Occidente del monte Urgull, aparece la isla de Santa Clara, á la que sigue el monte Igueldo, llamado vulgarmente Monte frío: las areniscas, que se encuentran en su punto culminante y en la falda septentrional, tienen también, por lo general, un color amarillo pardusco, más ó menos micáceas, blandas y poco olor arcilloso. El monte de Ulia, situado al Oriente del Urgull, se extiende hasta Pasajes, que forma su límite occidental: escarpado y áspero por ambas pendientes, contiene preciosas canteras, y su terreno, continuación de las areniscas de Igueldo y Urgull y de igual composición mineralógica, alterna con las capas calizas y de arcilla. La línea que dejamos someramente descrita, forma parte de los montes cántabros, que constituyen la prolongación de los Pirineos, á orillas del Océano Cantábrico, y su dirección, con cortas diferencias, es la misma que la de las rocas mencionadas. Al Sur de toda esta línea, se presentan varios montes de escasa importancia por su elevación, compuestos por lo común de calizas arcillosas. Estas calizas de color azul, negruzcas en su mayor parte, las cuales, frotándolas, despiden un olor á hidrógeno sulfurado (cal fétida), forman las variedades mineralógicas de este terreno. En las cercanias del punto llamado el Antiquo, ó bien en el camino que conduce á Miracruz, son muy arcillosas, de estructura compacta, dispuestas en bancos de diferentes gruesos, más ó menos cargadas de mica. Dada la acción de las influencias atmosféricas, se descomponen con facilidad, se disminuye su color, se rompen en fragmentos angulosos que se desmenuzan sin grande esfuerzo, y en los planos paralelos al de la estratificación, presentan un aspecto mamelonado, arrojando un olor fuertemente arcilloso. En las calizas existentes en Loyola, en el paraje denominado Esparchu, se han encontrado algunos fósiles bastante bien conservados. 12. Producciones.—Si se exceptúan los hermosos y abundantes manzanos, que dan una excelente sidra para el consumo del vecindario, las demás producciones agrícolas se reducen

principalmente á un poco de maíz y bastante hortaliza, de la cual saca el agricultor alguna utilidad por las seguridades que ofrece su venta en el mercado de la capital. 13. Industria y comercio.—La población de SAN SEBASTIÁN, no obstante ser poco industrial, sostiene buenas fábricas de papel pintado, de cerveza, curtidos, velas de sebo, remos, jabón, cordelerías, imprentas, establecimientos de baños y numerosas tiendas y talleres de las artes y oficios para objetos de necesidad y de lujo.—El comercio exporta aceite, cacao, café, chocolate, piedras de molino, jabón, vino, hierro y regaliz; é importa pescados, aceite, canela, hierro, lino, maderas tintóreas, vidriado, zinc y tabaco. El valor de las exportaciones se evalúa en más de 2.800.000 pesetas; el de las importaciones, en 14. Etnografía. (Carácter y costumbres.)—La dulzura, la afabilidad, la franqueza y excelente trato de los naturales de este país, es ya proverbial, observándose la misma bondad é igual agrado, así en las clases que han recibido una educación esmerada, como en las más toscas que viven en el campo. Pocas son las cuestiones en que las autoridades tienen necesidad de intervenir: grupos numerosos de jóvenes, en los momentos en que con más ardor disfrutan de una fiesta, se disuelven y retiran pacíficamente á la menor indicación amistosa de un simple alguacil. Nada es para ellos tan repugnante como el ver las bayonetas encargadas de mantener el orden; esta desconfianza les ofendería en sumo grado, y prefieren ser conducidos á la cárcel pública por la autoridad municipal, á recibir la menor reconvención de la fuerza armada. 15. Historia.— La población de SAn SEBASTIÁN era ya conocida en el siglo ix bajo el nombre de Izurum. En una época, que no ha podido precisarse por falta de documentos; pero que algunos historiadores remontan á los tiempos en que la irrupción agarena arrojó tantos obispos y magnates á esta parte de la Península, postrer refugio y asilo sagrado de la independencia española, se erigió un monasterio bajo la advocación de SAn SEBASTIÁN, que más tarde hubo de comunicarse á la población misma, y cuyo monasterio se ha conocido modernamente por SAN SEBASTIÁN el antiquo. Esta denominación y el existir allí la iglesia parroquial, parecen indicar haber sido este el sitio que ocupara la primitiva población; de donde pudo ser traída á su actual situación por sus mejores proporciones para el comercio, así que éste fué desarro Ilándose é indicándose como el principal elemento de la riqueza de aquellas costas. Dada una idea del origen de esta noble y antigua población, vamos á consignar brevemente los hechos más notables que ofrece su historia. Después de los incendios que sufrió la ciudad en 1278, 1338 y 1361, en Julio de 1366 entró el rey Don Pedro en su puerto con 22 navíos y otros bajeles, acompañado de sus tres hijas, y llevando consigo el real tesoro, con que había salido de la Coruña. Atribúyese á este monarca el haber declarado al pueblo de Hernani aldea de SAN SEBASTIÁN, y que las apelaciones de las sentencias de los alcaldes de aquélla viniesen á los de ésta; en 1374 le concedió los derechos de peaje sobre el pescado, con el objeto de que pudiera reponerse de los estragos del último incendio; en 1376, mandó que, de todos los navíos que arribaran á Pasajes, se hiciese descarga y vendiese parte de sus géneros en SAN SEBASTIÁN: por ser la mejor villa que tenía en Guipúzcoa y convenía estuviese quarnecida de armas y tropas; en Febrero de 1379, ordenó que los de Igueldo, Zubieta, Ibaeta y Andoain, fuesen vecinos de SAN SEBASTIÁN, y en 2 de Marzo del mismo año le concedió el derecho de poner alcaldes en las aldeas ó pueblos de su vecindario, los cuales debían conocer sólo en causas civiles, hasta la cantidad de 60 maravedises, pasando las criminales á los de la matriz. En esta población se congregó luego la provincia, que ardía en guerras civiles entre oñecinos y gamboinos: Don Pedro López de Ayala, merino mayor de Guipúzcoa, presidió la junta en la que se redactaron varias ordenanzas para reprimir los bandos; las cuales fueron confirmadas por Don Juan I en 18 de Setiembre, verificándolo también con la gracia de 3.000 maravedises, de 10 dineros cada uno, por año, deducidos del diezmo viejo. Formóse concordia entre SAN SEBASTIÁN y Hernani, en virtud de la cual, el concejo de ésta tuvo su preboste, alcaldes y jurados, según el fuero de la primera, si bien de los juicios de los alcaldes de Hernani se apelaba á los de SAN SEBASTIÁN. El rey aprobó esta concordia en 28 de Enero de 1380; y, en 21 de Julio de 1389, confirmó igualmente la sentencia dada en revista por D. Alonso, obispo de Zamora, sobre que los de Oyarzún fuesen vecinos de SAN SEBASTIÁN y no de Rentería, como ésta solicitaba, y que de los alcaldes de Oyarzún se apelase á esta población, como se apelaba también de los de Rentería. Este asunto produjo muchos altercados y aun derramamiento de sangre por la diferencia de partidos. En 1397 y 1433, tuvo que lamentar dos nuevos incendios. En 1475, los Reyes Católicos confirmaron á SAN SEBASTIÁN todos los privilegios y libertades, que le habían sido otorgados por los anteriores monarcas. Don Fernando, al ver que los pueblos de las costas de Galicia habían tomado el partido de Don Alonso V de Portugal, escribió á esta población, disponiendo: que se armase el mayor número posible de bajeles y que, incorporados á otros que iban á salir de los demás puertos de Guipúzcoa, se dirigiesen á aquel punto. Los de SAN SEBASTIÁN, como era de esperar, desempeñaron esta orden con gran lucimiento, acreditando su valor é inteligencia en la rendición de Pontevedra, Bibero y Bayona; en cuyo último pueblo, según Garibay, se apoderaron de una enorme pieza de artillería que, con un pasavolante, fué conducida en triunfo á SAN SEBASTIÁN. En 1512, se vió sitiada esta población por un ejército francés, compuesto de 15.000 infantes y 400 caballos, mandados por el célebre Carlos, duque de Borbón, y los habitantes, dirigidos por Don Juan de Aragón, nieto del Rey Católico, hicieron una brillante y gloriosa defensa, entregando á las llamas en los arrabales más de 166 casas, para que no se aprovecharan de ellas los invasores, quienes, en vista de la heroica resolución de SAN SEBASTIÁN, determinaron levantar el cerco en 19 de Noviembre, dos días después de haberse presentado ante sus murallas. En la famosa jornada de San Juan de Luz de 1558, se hallaron 418 vecinos de SAN SEBASTIÁN, los cuales fueron los primeros que, al mando de don Juan de Borja y Loyola, se apoderaron de aquel pueblo; y bajo el reinado de Felipe II, prestó también la población grandes servicios, contribuyendo con sus hijos y riquezas á todas las empresas de aquel soberano, en las que tanto se distinguió, particularmente, el bizarro y entendido general don Miguel de Oquendo. Estos servicios fueron reconocidos por el monarca en diferentes cartas y premiados con varias concesiones. En 1597, una terrible peste redujo á la población al último extremo, siendo socorrida por la ciudad y el obispo de Pamplona, don Antonio Zapata, Salvatierra de Alba y otras repúblicas. En 10 de Mayo de 1616, confirmó Felipe III todos los privilegios y fueros de SAN SEBASTIÁN, declarando: por cuánto convenía conservar esta interesante plaza en su entero ser y estado. En 1638, el príncipe de Condé se presentó con su ejército á la vista de la invicta plaza, quemó el caserío exterior, taló los campos y se apoderó de la torre de la ciudadela en el puerto de Pasajes. Al año siguiente, temiendo los habitantes una nueva embestida de los franceses, emprendieron la reparación de todas las fortificaciones, sin que ninguno, ni aun los más pobres, consintiera admitir jornal alguno. Felipe IV y su hija Doña María Teresa de Austria permanecieron en esta población, desde el 11 de Mayo al 2 de Junio de 1660, donde, con motivo de los desposorios, que se iban á celebrar entre aquella princesa y Luis XIV de Francia, se reunio lo más escogido de las cortes de Madrid y París. Los obsequios, que en aquella ocasión hizo SAN SEBASTIÁN á su monarca, le valieron el título de ciudad, con que la honró en 7 de Marzo de 1662, y en 1699, recibió los dictados de muy noble y muy leal. En 1719, fué nuevamente sitiada por un ejército francés de 16.000 hombres,

al mando del duque de Berwik, cuyo asedio terminó con una honrosa capitulación. Los perjuicios sufridos por la ciudad durante el sitio, fueron calculados en 3.185.879 reales, sin incluir los 134.203, en que se evaluó el hospital de San Antonio A bad, demolido en aquella ocasión. La guerra de la Independencia vino luego á ser el complemento del cúmulo de desdichas, que había experimentado la población en las pasadas épocas por las luchas, las guerras y los incendios. En 1808, esta plaza, importante por su posición en la guerra que provocaba Bonaparte contra los consejos de la sana razón, del buen sentido y hasta de la conveniencia pública y privada, cayó, como cayeron otras, por la deslealtad y la perfidia, en poder de los franceses, los cuales la conservaron en su poder hasta 1813, en que fueron atacados por los ingleses, portugueses y españoles. No queremos pasar en silencio la horrorosa catástrofe de 31 de Agosto de 1813, ocurrida en San SEBASTIÁN por la codicia y desenfreno de una soldadesca indisciplinada y salvaje. «Melancolízase y se estremece el ánimo—dice el señor conde de Toreno, en su Historia de España—sólo al recordar escena tan lamentable y trágica, á que no dieron ocasión los desapercibidos y pacíficos habitantes, que, alegres y alborozados, salieron al encuentro de los que miraban como libertadores, recibiendo en recompensa amenazas, insultos y malos tratos. Anunciaban tales principios lo que tenían aquéllos que esperar de los nuevos huéspedes. No tardaron en experimentarlo, comportándose en breve los aliados con SAN SEBASTIÁN, como si fuese cindad enemiga, que desapiadado y ofendido conquistador condena á la destrucción y al pillaje. Robos, violencia, muertes, horrores sin cuento, sucedieron con presteza y atropelladamente. Ni la ancianidad decrépita, ni la tierna infancia, pudieron preservarse de la licencia y desenfreno de la soldadesca, que furiosa forzaba á las hijas en el regazo de las madres; y á las madres, en los brazos de los maridos, y á las mujeres todas, por doquiera. ¡Qué deshonra y atrocidad! Tras ella sobrevino, al anochecer, el voraz incendio; si casual, si puesto de intento, ignorámoslo todavía. La ciudad entera ardió; sólo 60 casas se habían destruído durante el sitio: ahora consumiéronse todas, excepto 40 de 600 que antes SAN SEBASTIÁN contaba.

Caudales, mercadurías, papeles, casi todo pereció, y también los archivos del consulado y ayuntamiento, precioso depósito de exquisitas memorias y antigüedades. Más de 1.500 familias quedaron desvalidas, y muchas, saliendo como sombras de en medio de los escombros, dejábanse ver con semblantes pálidos y macilentos; desarropado el cuerpo y martillado el corazón con tan repetidos y dolorosos golpes. Ruina y destrozo, que no se creyera obra de soldados de una nación aliada, europea y culta, sino estrago y asolamiento de enemigas y salvajes bandas venidas del Africa.» En efecto, y la historia ha dejado consignada una página deshonrosa para el ejército inglés, que sitiaba á SAN SEBASTIÁN, para el general Graham, que permitió tamaños desmanes, y para el mismo duque de Wéllington, que ni reprobó como debía tales desafueros, ni trató á la munieipalidad y al vecindario de la que había sido ciudad de SAN SEBASTIÁN, con el interés que exigía la naturaleza del hecho que se le denunciaba, así como las consideraciones que reclamaba el infortunio; especialmente, cuando no se halló entonces, ni se ha hallado después, el más pequeño motivo que justifique, ni aun atenúe, tan bárbaro y cruel procedimiento. Copiamos á continuación el curioso cuadro de los daños producidos por el incendio de la ciudad. | l FINCAS 25 casas de 1.a clase, à 300.000 reales unas con otras... 7.500.000 50 de 2.? á 200 000... 125 de 3.a á 150.000.......... 125 de 4.a à 100.000... .. 125 de 5.0 à 80.000....... . ..755.000.. ... AJUARES El de 25 casas de 1.*, á 50.000 50 de 2." à 40.000.. . 125 de 3. à 30.000.. 125 de 4.* á 20.000.. 125 de 5.a à 10.000... 75 de 6.a à 5.000.. 5 á 2.000.... Casa Consistorial y Consulado con sus adornos...... Propios de la ciudad......

TOTAL. . . .. 5.755.000 Alhajas y metálico. . . . . ... 8.000.000 TOTAL GENERAL. 102.305.000 Humeaban todavía los edificios de SAN SEBASTIÁN, cuando un puñado de hombres, reuniéndose con el objeto de reconstruir, á toda costa, la ciudad que acababa de ser pasto de las llamas, concibió el noble y atrevido pensamiento de levantar nuevos edificios, donde pudieran albergarse los infelices que habían sobrevivido á la terrible catástrofe, y que se hallaban fugitivos en los montes, llorando su infortunio. He aquí íntegra la memorable acta de la primera junta, celebrada en Zubieta por aquellos insignes ciudadanos. Dice así : «En la comu »nidad de Zubieta y su casa solar de »Aizpurua, jurisdicción de la M. N. »y M. L. C. de SAn SEBASTIÁN, á 8 de »Setiembre de 1813, se juntaron y »congregaron, previo mutuo aviso y »acuerdo, viniendo desde Pasajes, »Orio, Usurbil é Igueldo, donde se »hallan provisionalmente con sus fa »milias, los señores don Miguel An »tonio de Bengoechea y don Manuel »de Gogorza, alcaldes y jueces ordi »narios; don José Santiago de Clae »seno, don José María de Ezeiza y »don Joaquin Bernardo de Armen »dariz, regidores y síndico del ayun- »tamiento de la misma ciudad, y »don Joaquín Antonio de Arambu »ru, prior del ilustre cabildo eclesiás »tico; don Joaquín Santiago de La »rreaudi y don Joaquín Pio de Ar »mendariz, presbíteros beneficiados; »don Joaquín Luis de Bermingham, »don Bartolomé de Olózaga, prior y »cónsul del ilustre consulado; don »José María de Soroa y Soroa, don »Evaristo de Echagüe, don José Eli »ces de Legarda, don José Ignacio »de Sagasti, don Sebastián Ignacio »de Alzate, don Francisco Antonio »de Barandiaran, don Rafael de Ben »goechea, don Manuel de Riera y »don Domingo de Galardi, vecinos »todos de esta ciudad, á una conmigo »el infrascrito secretario de ayunta »miento de la misma, no habiendo »asistido otros muchos por no habér »seles pasado aviso, á causa de igno »rarse su paradero, por la fatal dis »persión del vecindario, y después de »un gran rato de triste y profundo »silencio, interrumpido por los sollo »zos y las lágrimas, excitadas al ver »se reunidos los señores concurrentes. »pálidos, macilentos, traspasados de »dolor y desarropados los más, habla- »ron alternativamente los dos señores »alcaldes, aplaudiendo el celo patrió »tico que manifestaban todos estos »señores con haberse reunido aquí, »abandonando sus familias y olvi- »dando sus particulares desgracias, »á tratar del partido que debía to »marse en estas tristes circunstancias »á favor de todo el vecindario, y agra »deciendo los parabienes que, con lá »grimas y con la efusión más sincera »de su corazón, les dieron los que no »habían estado dentro de la plaza du »rante el sitio, por haber salido con »vida dichos señores alcaldes, síndico » y presbítero beneficiado, don Joaquín »Santiago de Larreaudi; pidieron que

»se ocupase desde luego el congreso »acerca de los medios que debían adop »tarse para reunir el vecindario y tratar »de reparar sus pérdidas, si es que po »dían repararse tantas muertes, heri »das, violaciones de mujeres de todas »edades, saqueo total de cuanto en »cerraban las casas, tiendas y alma »cenes, y, por último, el incendio ge »neral de toda la ciudad, que aun en »este día y en este momento mismo »continúa desde el anochecer del 31 de »Agosto en que principió, siendo lo »más sensible y doloroso que todas »estas muertes, heridas, violaciones, »saqueo total é incendio, hayan sido »causados por las tropas que tomaron »por asalto la plaza, por los ingleses »y portugueses, nuestros aliados, que »habiendo sido recibidos cuando ga »naron la brecha, por los habitantes »de la ciudad con vivas y aclamacio »nes, correspondieron bárbaramente »con fusilazos y se entregaron en se »guida la noche del 31 y en todo el »día siguiente, á los mayores desór »denes y horrores, de modo que todo »el vecindario tuvo que huir y salir »del pueblo el 1.° y 2.° del corriente, »despavorido y medio desnudo; y aun »los dos señores alcaldes hubieron de »hacer lo mismo por salvar sus vidas, »viendo que cuantos esfuerzos hicie »ron con los ingleses y portugueses »para contener las muertes, violacio »nes, pillaje y fuego de las casas, »eran inútiles é infructuosos. El con »greso, sin embargo de hallarse ató »nito, asombrado y fuera de sí con la »horrorosa catástrofe, que ha presen »ciado, y con la vista de la desnudez »y figura cadavérica en que han sali »do cuantos se hallaban dentro de la »plaza, por el atroz y bárbaro trato »de los ingleses y portugueses, y, á »pesar de la miseria en que se hallan »todos los que lo componen por haber »perdido cuantos bienes poseían, á »resulta del saqueo y subsiguiente »incendio, olvidando en este momen »to sus particulares infortunios, re »cordó que en diversas épocas ante »riores, se ha abrasado la ciudad de »SAN SEBASTIÁN enteramente por in »cendios, aunque casuales, y que, no »obstante, por la constancia y amor »de los habitantes á su nativo suelo, »ha vuelto á repoblarse hasta el pun »to de opulencia y esplendor, que la »hicieron célebre y famosa en ambos »hemisferios, utilísima al Estado y »muy amada de los Reyes por sus »distinguidos servicios. Convino en »que, imitando la magnanimidad de »sus antepasados, sin abatirse por la »espantosa calamidad presente, se de »bían poner todos los medios imagi »nables para la más pronta repobla »ción de la ciudad; y, considerando »que el medio más eficaz de que no »se disperse y emigre á otra pro »vincia la parte del vecindario que »se ha salvado de la furia de los an »glo-lusitados, de conservar siquiera »los templos y algunas casas, atraer »los habitantes, reedificar la ciudad »y conseguir del Gobierno algunos »auxilios, es la creación de un ayun »tamiento que reuna la voz, represen »tación y derechos de todos los veci »nos, y lleve el nombre de la ciudad »de SAN SEBASTIÁN, para que suene »su existencia política, ya que ha »desaparecido la física por su quema »total, resolvió de común conformi »dad y ante todas cosas escribir con »propio á la Diputación provincial, »que reside en Tolosa, la carta si »guiente, firmada por todos los que »componen el congreso (limítase ésta »á pedir la indicada rehabilitación). »Después de escrita, firmada y des »pachada (continúa el acta) la prece »dente carta, se volvió á tratar sobre »las atroces circunstancias con que ha »sido tomada la plaza por los sitia »dores, tratando á los habitantes de »una ciudad, tan patriótica, fiel y »adicta á la gloriosa causa de la na »ción, mucho peor que si fuera ene »miga; mas todos los individuos del »congreso sofocaron sus resentimien »tos particulares, conociendo impor »taba mucho couservar la reputación »de los aliados, en un tiempo en que »iban á entrar en el territorio enemi »go, y que perjudicaría á la causa de »la nación publicar en estas circuns »tancias su atroz y bárbara conducta.

»Sacrificando, pues, todo el congreso »unánimemente en favor del bien ge »neral toda reclamación sentida; fijó »su atención y esperanza en el inven »cible lord, duque de Ciudad-Rodri »go, para quien se dispuso y aprobó »con entusiasmo la representación si »guiente: Que se encargó á los seño »res don José Ignacio de Sagasti, »don José María de Soroa y Soroa y »don Joaquin Luis de Bermingham; »se puso en limpio y se dirigió al »lord Duque, firmándola los tres en »nombre de la junta. (Se reduce á »implorar la protección del duque de »Ciudad-Rodrigo). Concluida la lec »tura (prosigue el acta) de la repre »sentación precedente, se ocupó la »junta en formar una memoria de todo »lo ocurrido al tiempo del asalto y »después que se apoderaron de la pla »za los aliados, con lo que informa »ron extensamente los dos señores »alcaldes, síndico, presbítero benefi »ciado, don Joaquín Santiago de »Larreaudi y otros varios vecinos, »que estaban dentro de la plaza, y, »hallándose extendiendo dicha me »moria, llegó aviso de que se había »rendido esta mañana por capitula »ción el castillo de la Mota, al que se »retiraron los franceses el mismo día »del asalto, y para cuya expugnación »no había permitido el fuego, que »abrasaba al pueblo, tomar antes dis »posiciones activas. La junta, en vis »ta de esta noticia, se apresuró á fe »licitar al general inglés, comandan »te de las tropas aliadas, que ocupan »la plaza de SAN SEBASTIÁN con un »oficio, que resolvió lo llevase y en »tregase yo el secretario, acompaña »do de uno de los alguaciles de la »ciudad, que también se presentaron, »y dicho oficio se extendió en los tér »minos siguientes: El magistrado de »esa ciudad de SAN SERASTIÁN, que se »halla reunido en este pueblo de su »jurisdicción, acaba de saber con la »mayor satisfacción que el castillo de »la Mota se ha rendido. Cree de su »deber felicitar á V. E. por este acon »tecimiento, en que se interesa la »causa común, al mismo tiempo que »su obligación le impele á preguntar »á V. E. si podrá trasladarse y tomar »con libertad sus funciones en favor »de la causa de la nación y de los ha »bitantes. A este fin se dirige á V. E., »de cuya atención espera se sirva ex »presarle, si podrá disponer de los »edificios, tanto de los que existan, »como de los derruídos, y tomar en »cumplimiento de sus deberes las pro »videncias que tenga por convenien »tes al mayor bien de los habitantes, »sirviéndose V. E. expresarle el apo »yo y auxilio que le dispensará de su »parte. Renueva á V. E. sus respetos »y ruega á Dios guarde á V. E. mu »chos años. Zubieta 8 de Setiembre »de 1813. Al Excelentísimo señor ge »neral, comandante general de las »tropas aliadas en SAN SEBASTIÁN. »Con tanto, se disolvió por hoy esta »junta, quedando convocados todos »los señores concurrentes á esta mis »ma casa de Aizpurua, por hallarse »ocupada la consistorial, para maña »naá las nueve; y, por mandado de »la misma junta, firmé esta acta yo el »secretario Ante mí, José Joaquín de »Arizmendi.» Se ignora cuál fué la respuesta del gobernador á la petición de los edificios; pero no hubo de ser muy satisfactoria, cuando los comisionados del ayuntamiento y vecinos de SAN SEBASTIÁN pedían á lord Wéllington, el 12 de Setiembre, esto es, cuatro días después, que los edificios públicos se pusieran á disposición del ayuntamiento, reservándose el convento de San Telmo y la iglesia de Santa Teresa para tropa y almacenes, y dejándose las iglesias, cárcel y unas 40 casas, que quedaban, derruidas en parte, para el uso del vecindario, sin que se emplearan en otro objeto, ni se ocuparan con alojamientos militares, y cuando la respuesta, fecha en Lesaca á 18 del mismo mes, se limitaba á decir: que se tendría esto en consideración. Pero hay más aún: una comisión nombrada por el ayuntamiento y consulado, trabajó durante muchos años eu las gestiones que se entablaron para obtener un resarcimiento, puesto que la destrucción de un pueblo leal debe ser siempre considerada como una desgracia, á cuya reparación debe atenderse por disposiciones generales, sin considerarla como una cosa local; pero la ciudad de SAN SEBASTIÁN tuvo el sentimiento de que tan fundadas súplicas fueran desatendidas, como así resulta de la declaración hecha en 9 de Octubre de 1829 por la real junta de examen y liquidación de reclamaciones contra Inglaterra, que fué confirmada por la de apelaciones en 31 de Marzo de 1830, en términos que las corporaciones y

el vecindario de SAN SEBASTIÁN experimentaron aquellas considerables pérdidas, sin que alcanzaran la menor reparación. Nada notable que merezca referirse ocurrió en esta ciudad hasta el año de 1823, en que, invadida de nuevo España por el ejército francés para derrocar al Gobierno constitucional, fué bloqueada el 9 de Abril, siguiendo en tal estado, sin acontecimiento alguno notable, hasta el 1.° de Octubre, en que la ocuparon los franceses. La noticia del fallecimiento de Fernando VII, ocurrido en 30 de Setiembre de 1833, llegó á SAN SEBASTIÁN simultáneamente con la del alzamiento de algunas ciudades y comarcas enteras en favor del Pretendiente Don Carlos. Dado el grito en Bilbao, secundado en Vitoria, generalizado en Alava y Vizcaya; en armas, la Rioja; en movimiento, Castilla la Nueva, dirigido por el cura Merino; agitada Navarra por el cabecilla don Santos Ladrón; enseñoreada la insurrección desde las costas del Océano hasta las montañas de Somosierra, hubieron de verse los habitantes de SAN SEBASTIÁN en grave y terrible compromiso al adoptar una resolución heroica, que nunca abandonaron: la de comprometer sus intereses y sus vidas por defender el trono de Isabel II. Dificil sería reseñar la historia de todos los hechos de que fué testigo, actor, y algunas veces víctima, si no todo, parte del vecindario de la ciudad, en la prolongada serie de acontecimientos que tuvieron lugar en las cercanías, frente y aun á las mismas puertas de la población que nos ocupa; por lo que nos limitaremos á consignar, para consuelo y gloria de sus habitantes, que en aquellas difíciles circunstancias abrazó con verdadera fe y entusiasmo la causa constitucional, á la que prestó grandes y eminentes servicios, contribuyendo con su sangre y su oro á salvar del general naufragio las libertades patrias, por cuyo heroísmo no faltó escritor que llamase á SAN SEBASTIÁN, hablando de varias ciudades del Norte, la Jerusalén de la libertad española. Asombra verdaderamente, hasta el punto de causar estupor, cómo un vecindario, abandonado á sus propios recursos; incendiado, vejado y destruído; contrariado horriblemente en sus más legítimas pretensiones de reparación y de justicia; abatido de todo punto su comercio; desfallecida, si no muerta, su industria, sosteniendo por muchos meses un bloqueo en 1823, y resistiendo por espacio de cuatro años ataques sucesivos, durante la guerra civil, lograra en treinta y seis años reedificar una población, destruida por las llamas, levantar suntuosos edificios públicos, abrir una carretera, que aseguró por entonces su porvenir, y presentar, como brotado del fondo de la tierra, un nuevo y más gallardo SAN SEBASTIÁN. digno de admiración por su hermoso conjunto, por su agradable aspecto, por su regularidad y limpieza, que pueden servir de dechado. He aquí le que hace y logra siempre un pueblo parco y trabajador: convertir un montón de escombros ensangrentados en una be Ilísima ciudad. Nosotros nos gozamos infinitamente en pagar este justo homenaje al patriotismo, á la sobriedad, á la economía, á la diligencia y á la virtud. Y la insigne ciudad de SAN SEBASTIÁN no debe agradecernos esta necesaria tarea, puesto que, si algún favor hubiera aquí, los favorecidos seríamos nosotros. 16. Varones ilustres.—En el extenso catálogo de hombres notables que cuenta SAN SEBASTIÁN entre sus hijos, figuran: Don Antonio de Oquendo, general de la armada española, comparable con los primeros héroes que ofrece la historia de la marina; don Miguel de Oquendo, general de marina, hijo del anterior; don Lorenzo de Ugalde Orella, famoso por sus hazañas en los mares de Filipinas contra la armada holandesa, en los años de 1646; don Agustín Diustegui, cuya conducta sobresalió en las expediciones de Flandes, la Rochela y Burdeos; don Blas de Lezo, conocido por su gloriosa defensa contra el almirante Vernón, en el sitio de Cartagena de Indias, en 1741; don Alonso Idiaquen, duque de Ciudad-Real, virrey de Navarra y capitán general, célebre por sus grandes hechos de armas y acciones marciales en las guerras de Flandes y liga de Francia; Juan Cruzat, intérprete de lenguas, quien poseía la tudesca, la polaca, la rutena, la italiana, la flamenca, la francesa, inglesa, latina, castellana y vascuence; el padre Domingo Meagher, jesuíta, acreditado teólogo en Valladolid, poeta distinguido en los idiomas vascuence y castellano; don José Santiago de Las Casas, inventor de un nuevo sistema del mundo; don Felipe Arizmendi, escultor notable del siglo XVI; don Miguel de Santa Celay don Ambrosio de Bengoechea y Juanes de Iriarte, arquitectos distinguidos; don Manuel Sagasti, músico famoso; don Luis Liñán y Vera, talento consumado en la maquinaria; don Miguel de Olarreaga, pintor acreditado, y Juan de Echaide, descubridor del puerto de su nombre.

Reseña.—1. Notabilísimas son las mejoras que continuamente se están llevando á cabo en esta amenísima ciudad, una de las más favorecidas en la estación veraniega. Este mismo año se ha inaugurado con gran éxito el alumbrado eléctrico en el Boulevard y plaza de Guipúzcoa. 2. Esta ha sido embellecida no há mucho con un elegante parterre á la inglesa. 3. El paseo, llamado de la Concha, está ya cubierto en toda su extensión de elegantes palacios particulares, entre los que sobresale por su gusto y riqueza el hôtel Oteiza. 4. La imposibilidad de dar mayor extensión á esta agrupación de casas, hace que las nuevas construcciones se extiendan por la parte de atrás, con lo cual quedará en muy pocos años convertido el antes extraviado barrio de San Martín en uno de los más aristocráticos de la ciudad. 5. La necesidad de dar más ensanche á la parte nueva, ha obligado á emprender una obra, en la cual se trabaja con la mayor actividad, existiendo el propósito de que, para el verano próximo, esté terminada. Esta consiste en trasladar unos cuantos metros más allá la muralla, que limita el paseo de la Zurriola, terraplenando en parte la desembocadura del Urumea, con objeto de hacer variar el curso del río hasta tomar el cuarto ojo del puente de Santa Catalina. De este modo se hará paseo de lo que hoy es mar y se edificará en él una extensa hilera de casas, que formen una anchurosa calle con las ya existentes.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Sanscrito», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/sanscrito.