Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Recapacitar

tomo 4 · página 611 · ver la página del original

Recapacitar. Activo. Recorrer la memoria refrescando especies, com

binándolas y meditando sobre ellas. Usase más bien como neutro.

ETIMOLOGÍA. Re y capacitar, forma verbal de capaz: catalán, recapacitar; italiano, ricapitare.

SINONIMIA. Recapacitar, reflexionar. Recapacitar es querer recordar. No consiste tanto en el recuerdo como en el propósito. Acaso no conseguirá recordar; pero lo quiere, lo desea, y no cesa un momento de llamar las sensaciones, cuya memoria necesita. Recapacitar es una amalgama de voluntad, de juicio y de reminiscencia. Reflexionar tiene otra extensión, otra importancia, otro sentido. Consiste en hacer que el alma se refleje sobre las ideas adquiridas, pudiendo juzgar de las cosas sin ayuda de los sentidos corporales. Por ejemplo: el individuo más rudo sabe que los moradores de España son personas como él; oye decir que los habitantes de Italia, de Francia, de Prusia, son personas como los de España; aprende que los hijos del polo son personas como los de Prusia, y su alma dice: yo pienso, quiero, siento, calculo, imagino y obro; si esas personas que pueblan el mundo son como yo, deben pensar, querer, sentir, imaginar y obrar como yo mismo. Si yo soy hombre, esas personas serán hombres también. Si todos tenemos una naturaleza, seremos semejantes, constituiremos un género, formaremos una familia, una comunidad, una grey. De manera que yo tengo algo del género humano, y el género humano tiene algo de mí, como el eslabón tiene algo de la cadena, y la cadena tiene algo del eslabón. Yo seré un género humano en pequeño, y el género humano será un individuo en grande. Convertirse un hombre en humanidad, esa es la reflexión. Reflexionar no es otra cosa que universalizar nuestras concepciones, sin otro poder que la acción del espíritu que se refleja sobre las ideas que ya tiene, ideas recibidas de los sentidos corporales. De estas ideas ya recibidas, de estas verdades acumuladas, de estos pensamientos retenidos, saca nuestra mente el germen vario y casi infinito de nuevas ideas, de nuevos pensamientos; de nuevas, luminosas, desconocidas é inmensas verdades. Este es el oficio de la reflexión. La materia tiene su sensibilidad: el espíritu tiene también la suya. Esta sensibilidad del pensamiento, si así puede decirse, se denomina sentido íntimo. La reflexión no es otra cosa que la práctica, la actividad de ese sentido: es ese mismo sentido que obra y se realiza en su grande y misteriosa esfera de acción; ese mismo sentido oculto, esa exquisita sensibilidad del espíritu humano; ese tacto sublime del alma, esa luz de Dios, que se refeja sobre las sensaciones materiales y que arranca de esas tinieblas vivísimos y eternos fulgores. La reflexión es el gran milagro que trastorna el mundo material, que revoluciona la creación entera sin recibir nada presentemente de la física. Recapacitar es un acto: reflexionar es un gran carácter y una inmensa prerrogativa. Todo el mundo recapacita: sólo los hombres pensadores reflexionan. Ejercicio indispensable sobre este artículo. Nuestra alma es capaz de dos estados cuando elabora sus ideas. O bien recibe estas ideas de los objetos materiales por conducto de los sentidos, ó bien funciona sobre las ideas recibidas, independientemente de las sensaciones; es decir, obrando por su propia virtud, abstrayéndose de los sentidos corporales. En el primer caso, obran los órganos sobre ella; en el segundo, obra ella sobre sus mismas concepciones El objeto material se dibuja primero, si así puede decirse, en nuestros sentidos. Este primer dibujo se llama sensación. La sensación se dibuja después en el entendimiento. Este segundo dibujo se llama idea. Esta idea se dibuja en nuestra razón, en nuestra mente, y con aquel modelo el espíritu dibuja á su modo, y crea los dibujos y los modelos que le hacen falta para completar la parte más alta de su obra. Este último dibujo se llama reflexión. La reflexión es una idea esencial; una operación del espíritu que piensa en nosotros. La idea que nace de la sensación es como la llama envuelta en humo. La idea que nace de la reflexión es la llama que se ha aleiado de la hoguera, que sube al espacio, que se convierte en aire puro. Cuando recibimos una idea de los sentidos materiales, tenemos simplemente conciencia del objeto que motivó la idea. Cuando la recibimos de nuestro espíritu, tenemos conciencia que se llama refleja, porque parece que nuestra alma se está reflejando sobre sí misma, como si tuviera su órgano propio, su sentido particular. Un ejemplo hará más que todas las explicaciones. Nosotros escribimos en este momento, y nuestra alma lo sabe. Nuestra alma sabe que movemos la pluma sobre un papel, que trazamos ciertos caracteres, que ejecutamos una operación que se llama escribir. Pero ¿por qué lo sabe? Porque los sentidos se lo han comunicado. Sin tacto y sin vista no podríamos escribir. La vista y el tacto son dos sentidos; luego los sentidos son aquí los motores, los primeros agentes, los artífices originales de las ideas que el alma tiene sobre la operación que ejecutamos. Pues bien; ahora podemos decir que tenemos conciencia de que escribimos, conciencia simple. A nuestra alma se lo han dicho, y lo sabe. Le han puesto delante el dibujo de un hecho, y nuestra alma ve aquel dibujo. Nada más. Pero después cierra los ojos (personificando nuestra alma), se niega al tacto, vuelve la cara á las sensaciones materiales, se recoge en sí misma, funciona sobre ideas que son ya suyas, mira los dibujos que tiene delante; su propio sentido, el sentido espiritual, hace brotar sensaciones nuevas y superiores, sensaciones que no se tocan, que no se gustan, que no se oyen, que no se ven; sensaciones que son un prodigio, que no pueden ser otra cosa, siendo un alto prodigio de Dios; el sabio obrero trabaja de su cuenta, y la materia no sabe nada de aquella obra ni de aquellos instantes de divina creación. El alma dice entonces: conozco que hace poco escribía. Este conozco es una idea de sentido intimo, una idea puramente espiritual. En el orden de la materia, en todo el universo conocido, no existe un objeto que se denomine conozco. Lo que no está en el orden material, no puede estar en los sentidos; lo que no puede estar en los sentidos, no puede ser objeto de sensaciones: luego el alma no ha recibido, no ha podido recibir nunca aquella idea de la sensación de los órganos. Aquella idea es una reflexión, una sensación impalpable del espíritu. Ahora diremos que tenemos conciencia refleja de que verificamos una operación que se llama escritura. Esta conciencia refleja, pura, verdaderamente espiritual, es lo que se llama reflexión. Sentados los datos anteriores, nada más fácil que determinar el sentido propio de las dos palabras del artículo. Recapacitar es querer recordar. Reflexionar es universalizar las ideas. La reflexión es la gran pobladora del mundo.

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