Roque Barcia · 1880-1883
Permitido
tomo 4 · página 191 · ver la página del original
Permitido, da. Participio pasivo de permitir.
ETIMOLOGIA. Permitir: latín, permissus; italiano, permesso; francés, permis; catalán, permés, a.
SINONIMIA. Permitido, lícito. Con tal de que no cause escándalo, la ley me permite que yo haga en mi casa cuanto me parezca. En mi casa, lo mismo que en la calle; en una cabaña, como en un trono, no es lícito que hagamos lo que no debemos hacer. Lo permitido es la moral del código. Lo lícito es la moral de la conciencia. Lo permitido está reglado por las leyes. Lo lícito tiene por pauta la idea universal é inalterable del deber. Lo permitido es un estatuto, un mandato. Lo lícito es una regla, un precepto. Lo permitido es muchas veces el trampantojo de los astutos y el privilegio de los malvados. Lo lícito es siempre el mandamiento de los hombres de bien. El legislador no castiga sino las infracciones de lo permitido. Un espíritu que, á despecho del hombre, reina en el mundo, castiga inexorablemente las infracciones de lo lícito. Nótese (á fin de no caer en error) que el licet de los latinos equivale á permitido, y que nuestro lícito equivale á fas est, como podemos verlo en los dos ejemplos siguientes; el primero, de Cicerón, y el segundo, de Tácito. Licet autem nemini contra patriam ducere exercitum, siquidem licere dicimus, quod legibus, quod more majorum institutisque conceditur: «que no es permitido á nadie conducir un ejército contra su patria, porque no es permitido lo que no es conforme á las leyes, á las costumbres de los antepasados y á las instituciones.» Segundo ejemplo: A liud cuique fas nec quidquam illicitum. Lo lícito, lo moral, variaba de individuo á individuo, y toda acción se reputaba licita. Lo lícito está expresado por el fas; lo permitido, por el licet. Creemos conveniente hacer esta advertencia, porque nos consta que más de un hombre docto, llevado por la autoridad de los latinos, no ha sazonado sus ideas en este punto. Lo permitido mira á las leyes, á las instituciones y á las costumbres de nuestros mayores, como dice elegantemente Cicerón: «este es el licet.» Lo lícito no tiene otro código que la conciencia de lo justo y de lo honesto, el sentimiento de lo equitativo y de lo virtuoso, digan lo que quieran las costumbres, las instituciones y las leyes; este es el fas. Lo permitido vive en un siglo, en un pueblo, en unos anales. Lo lícito vive en el mundo y en la historia; por mejor decir: vive eternamente en el pensamiento de la Providencia.
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