Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Paris

tomo 4 · página 73 · ver la página del original

Paris. Masculino. Mitología. Llamado también Alejandro, hijo de Príamo y de Hécuba. Su madre, mientras le llevó en su seno, soñó que llevaba una antorcha que incendiaba á Troya; y para evitar el cumplimiento de este presagio, Priamo hizo exponer el niño, tan pronto como nació; pero Hércules le salvó y dispuso que le cuidaran en el monte Ida. PARIS se distinguió muy pronto por su hermosura y destreza, y casó con (Euone. Escogido por Júpiter como juez, para dirimir la cuestión entre Juno, Minerva y Venus, con motivo de su belleza y de la famosa manzana de la discordia, adjudicó á Venus la de oro, que dicha diosa había arrojado con la inscripción: pulchiori detur; «sea dada á la más hermosa.» Habien

do ido á Troya á luchar en los juegos fúnebres, fué reconocido por su padre y recibido con alegría. Poco tiempo después, encargado de ir á Grecia á reclamar la herencia de Hesione, hermana de Príamo, robada por Hércules, robó á su vez á Helena, mujer de Menelao, rey de Esparta, que le había acogido en su corte. Durante la guerra de Troya, causada por este robo, no se distinguió más que por su flojedad y su perfidia, huyó ante Menelao, dió muerte á Aquiles á traición, y fué herido mortalmente por Pirro ó por Filoctetes.

ETIMOLOGÍA. Latín Paris. (VinGi Paris. Masculino. Geografía. Ciudad vastísima y populosa de la Europa occidental, centro de la civilización moderna, capital de la República francesa y residencia ordinaria del presidente, de las Cámaras legislativas, del Gobierno, de las autoridades superiores, de los representantes de las potencias extranjeras y de la Administración general de Francia. 1. Situación astronómica.—La importante ciudad que vamos á describir, está situada sobre el Sena y el pequeño río de Bièvre (Beverœ), á los 48° 50 49” de latitud septentrional y los 0° 0' 35” de longitud oriental del meridiano de PARÍS.

2. Alturas.—La altura media del suelo de PARÍS, sobre el nivel del mar, es de 65 metros; sobre el del Sena, 42’29 metros, al Norte, en el Matadero Montmartre; 35 24, al Mediodía, en la plaza de la Estrapade, y 37/24, al Sudeste, en la barrera de Italia.

3. Distancias.— La capital de Francia, dista: 330 kilómetros del Océano; 525, del Mediterráneo; 420, de Londres; 370, de Bruselas; 1.398, de Viena; 3.050, de San Petersburgo; 1.922, de Stokolmo; 1.080, de Copenhague; 2.600, de Constantinopla; 1.800, de Florencia; 1.320, de Roma; 525, de Francfort-sur-le-Mein; 890, de Berlín; 610, de Amsterdam; 1.820, de Lisboa; 599, de Turín; 1.595 de Nápoles; 2.120, de Atenas, y 1.444, de Madrid.

4. Climatología.—El clima de PARís es sano, pero muy inconstante. La primavera raras veces se deja conocer; las enfermedades, durante esta estación, son peligrosas, y la mortalidad, muy grande: el otoño es la menos expuesta á variaciones y la más conveniente á la salud pública. Generalmente hablando, el clima de PARÍS es favorable á la longevidad, de la cual se encuentran muchos ejemplos sorprendentes. Entre los hombres dedicados á las tareas mentales, no es extraño hallar personas de 70, 80 y hasta 90 años, las cuales se hallan en plenitud perfecta de sus facultades. La temperatura media general del año es — á — 10° 80 centígrados: el máximum de calor, ★ 35°; el máximum de frío, — 17° bajo cero. Los vientos dominantes son los del Sur, Oeste, Sudoeste, Norte y Noroeste. La mayor elevación de la columna barométrica es 077740; la menor, 5. Accidentes del territorio.—PARÍS, cuyo suelo está generalmente formado de mangas y espejuelo, se encuentra circuido de una serie de cerros, algunos de los cuales miden de 80 á 90 metros de elevación. Esta serie da principio: al Oriente y sobre la margen derecha del Sena, por la colina de Bercy, que continúa por las de Charonne. Ménilmontant, Belleville y Montmartre, constituyendo el punto más culminante; á partir de aquí, el suelo va inclinándose hasta la llanura de Monceau, para volver á elevarse hasta la colina de Chaillot, que limita el río. Al Mediodía y sobre la margen izquierda del mencionado Sena, las alturas menos considerables que las precedentes, empiezan: al Sudeste, por una elevación del suelo, que se extiende desde la ribera á la barrera de Fontainebleau, cerca de la cual se distinguen la meseta de Ivry y el cerrillo de las Cailles; siguen después la quebrada, por donde corren las aguas del Bièvre, y la montaña de Santa Genoveva, que se une á la meseta de Montsouris; al Occidente de ésta, el terreno va formando ondas hasta Petit-Montrouge y elevándose luego hacia las barreras de Montparnasse y del Main; en donde empieza á descender insensiblemente para formar la llanura de Grenelle, que se dilata hasta el río. El suelo del interior de la metrópoli francesa se presenta generalmente nivelado.

6. Rios.—Dos son los que bañan el territorio que se describe: el Sena, que tiene su origen en la vertiente occidental de las montañas de la Costa de Oro, y su afluente, el pequeño Bièvre, que nace á 2 kilómetros de Saint-Cyr, departamento del Seine-et Oise. El Sena, que es el más importante, atraviesa la capital de Francia, en dirección Sudeste á Noroeste, sobre una longitud de 8 kilómetros. Dos islas, denominadas de San Luis y de la Cité, ó de Nuestra Señora, dividen sus aguas, después de haber recorrido de 1.600 á 1.700 metros: el resto de su curso se efectúa sobre un solo lecho, cuyo ancho medio varía de 130 á 176 metros; deslizándose por el fondo de un valle, del cual se eleva la crudad */, al Norte, sore la orilla derecha, y !/, al Mediodía, sobre la izquierda. 7. Recintos y fortificaciones. — PARís viene á formar dos ciudades concéntricas: una, militar y otra, civil. Determina la primera un recinto de muros, protegido por un ancho foso y fortificado con 94 baluartes, los cuales se hallan revestidos de piedra de molino y talla y pueden contener hasta 982 piezas de artillería. Diez y seis fuertes, levantados separadamente á su alrededor, completan la linea de fortificaciones que hacen de esta ciudad una plaza fuerte respetabilísima. Bajo la muralla, del lado de la ciudad, se extiende una magnífica vía ó camino estratégico, adornado de dos hileras de árboles. A 1.000, 1.200 ó 2.000 metros próximamente de aquel recinto, según los parajes, se encuentra el del PArís civil, compuesto de un sencillo muro de circunvalación, que contiene á la ciudad, propiamente dicha, y sus arrabales. 8. Burgos y bulevares exteriores.— El espacio comprendido entre los dos recintos anteriores está ocupado por varias colinas que dominan á PARÍS, campos cultivados y 28 grandes villas ó burgos muy populosos, independientes (antes del ensanche) de la capital, y situados: 19 sobre la margen derecha del Sena, y 9 sobre la de la izquierda. Los más notables son: al Oriente, Bercy, Charonne, Menilmontant y Belleville; al Norte, La Villette, La Chapelle-Saint-Denis, Montmartre y los Batignolles; al Occidente, Las Ternes, Passy y Auteuil, y al Mediodía, sobre la orilla izquierda, el Petit-Montrouge; Vaugirard y Grenelle. Los 45 bulevares exteriores, de 29 metros de ancho, 24 centímetros, y embellecidos con triple hilera de árboles, forman una no interrumpida línea de 24 kilómetros de desarrollo.

9. Barreras.—Antes del ensanche, el número de barreras que daban ingreso á la capital, era de 54: 37, sobre la orilla derecha del Sena, y 17, sobre la izquierda, cerradas todas con elegantes verjas de hierro y adornadas con uno ó dos pabellones de estilo monumental. La mayor parte de las que ornaban el antiguo muro de circuito, han quedado todavía en pie, siendo destinadas á diversos servicios de la administración municipal. El carácter monumental que algunas de ellas presentan, débese al gusto particular del arquitecto Ledoux y al decreto de la Convención que, para utilizarlas, quiso grabar en ellas «los nombres de todas las victorias alcanzadas por las armas republicanas sobre los tiranos.» Las principales de estas barreras se encuentran en las grandes vías de la ciudad y son: al Este, las de Reuilly y Trono; al Sur, las del Infierno, Maine é Italia; al Oeste, las de Clichy, Roule, Estrella y Conferencia, y al Norte, las de Pantin, La Villette, San Dionisio y Montmartre. Las más célebres de las antiguas, que no han perdido más que su enverjado, son: la del Trono, la de Italia ó Fontainebleau, en las cuales fueron fusilados, en Junio de 1848, el general Brea y el capitán Mansin; la de Passy, una de las más ricas en frontis, columnas y estatuas, y en la que se ven dos templos que sirven de apoyo á dos figuras colosales, que representan la Bretaña y la Normandía; la de Clichy, en donde Moncey opuso una enérgica resistencia á la entrada de los aliados, el 30 de Marzo de 1814, y las de la Villette y Pantin, entre las que se eleva la vasta rotonda de San Martín, castillo ó fortaleza que sirve de alojamiento á los empleados de consumos ó de puertas. 10. Ferrocarriles. —Nueve lineas

férreas completan las vías de acceso á PARIS: las de Rouen, Nord, Strasbourg, Lyon, Orleáns, Quest, Saint Germain, Sceaux y Auteuil. Los seis primeros, de largo trayecto, están unidos entre sí por un camino de hierro, llamado de cintura, que parte de la línea de Orleáns, se extiende hasta la del Oeste, rodeando casi completamente el camino estratégico de la capital. y prolongándose hacia el Noroeste, por la vía férrea de Auteuil, enlaza con la de Rouen, recorriendo los 3/, del perímetro fortificado. 11. Arrabales.—Panís se desarrolla en 15 vastos faubourgs ó arrabales: á al Norte: Saint-Martin, Saint-Denis, Poissonnière y Montmartre; 3 al Oeste: Saint-Honoré, Roule y Chaillot: ó al Sur: el (Gros Caillón, Saint-(ermain, Saint-Michel, Saint-Jacques, Saint Marcel y Saint-Victor. 12. Forma, perímetros y super ficie. —El muro ó línea de circuito presenta la forma de un óvalo irregular, ensanchado, al Norte, y deprimido al Sur. Su diámetro, de Norte á Mediodía, desde la barrera Poissonnière á la de Croullebarbe, era, en 1860, de 6.020 metros; el de Oriente á Occidente, desde la barrera de la Cunette á la de Saint-Mandé, 8.410. Su perímetro alcanzaba un desarrollo de 24.980 metros. La superficie de esta ciudad ha ido aumentando constantemente, durante diez y ocho siglos: el primer recinto, trazado en el año 56 antes de Jesucristo, bajo Julio César, comprendía una superficie de 15 hectáreas, 23 áreas; el segundo, levantado de 358 á 375, bajo Juliano, 38 hectáreas, 79 áreas; el tercero, construído de 1190 á 1211, bajo Felipe Augusto, 25287; el cuarto, formado de 1367 á 1383, bajo Carlos V y Carlos VI, 439’18; el quinto, desde 1553 á 1583; bajo Francisco I y Enrique II, 483761; el sexto, levantado hacia 1600, bajo Enrique IV, 56782; el séptimo, desde 1671 á 1686, bajo Luis XIV, 110378; el octavo, desde 1715 á 1717, bajo Luis XIV y Luis XV, 13378; el noveno, llevado á cabo en 1788, bajo Luis XVI, y en 1798, bajo la República, 3370/36. En 1860, la superficie de París, intra-muros, se elevaba á 3.402 hectáreas cuadradas; el recinto fortificado, construído en 1840, bajo el gobierno de Luis Felipe I, y que constituye hoy el nuevo muro de circunvalación de la capital, comprendía 7.450 hectáreas cuadradas de superficie, y su perímetro, 38 kilómetros, 660 metros, repartidos de este modo: 277900, sobre la orilla derecha del Sena, y 10/760, sobre la izquierda. 13. Interior de PARIS.—Siguiendo el sistema generalmente adoptado en esta obra, para la más cabal inteligencia de nuestros ilustrados lectores describiremos ó enumeraremos, según su importancia, pero separadamente, cada una de las múltiples partes que constituyen esta gran metrópoli. 14. División física.—PARIS, como ya hemos indicado, aparece naturalmente dividido en dos porciones desiguales por el caudaloso Sena, sobre cuyas márgenes va extendiéndose la población hasta la cumbre de los ribazos, que la estrechan al Norte y Mediodia. 15. Bulevares.—Los foburgos (faubourys) ó arrabales del Norte, Nordeste y Noroeste, se hallan separados de la capital por una línea de hulevares, antiguas murallas de PARIS, los cuales constituyen uno de los rasgos característicos de esta población. Cuatro hileras de árboles los divide en tres calles, una, muy ancha en el centro, destinada para los coches y caballos, y dos menos espaciosas, para los transeuntes. La latitud total de estas tres calles es próximamente de 32 metros. Este semicircuito empieza al Este, en la plaza de la Bastilla, y, describiendo una curva, cuya parte cóncava corresponde á la ciudad, termina al Oeste en la plaza de la Magdalena, después de recorrer sobre 4.500 metros. Este largo trayecto se llama de los bulevares, porque cambia once veces de nombre, á pesar de no hallarse interrumpido. El nombre de dichos bulevares, partiendo de Poniente á Levante, es: bulevard de la Magdalena, de Capuchinos, de los Italianos, de Montmartre, de la Buena Nueva, de la Pescadora, de Beaumarchais, de San Dionisio, de San Martín, de las Hijas del Calvario y de la Bastilla. Entre el bulevard de las Hijas del Calvario y el de la Bastilla, se nos figura que debe haber otro, cuyo nombre no recordamos. Otro bulevard de más de 4.000 metros de longitud, por 30 de ancho, atraviesa, bajo la denominación general de Sebastopol, casi toda la ciudad, de Norte á Mediodía, desde el ferrocarril de Estrasburgo hasta la barrera del Infierno, franqueando los puentes del Châtelet y de San Miguel. El tercer bulevard corta la capital de Oriente á Occidente, desde el Depósito ó Almacén de los Vinos hasta el foburgo ó arrabal de San Germán, cuyo nombre toma: un cuarto bulevard, denominado del Príncipe Eugenio, va, en línea recta, desde la Fuente de Château D'Eau hasta la barrera del Trono, sobre una longitud de 3.300 metros. 16. Calles.—Las antiguas calles de PARIS, angostas é irregulares, han sido reemplazadas por anchas y rectas vías, entre las cuales hay algunas verdaderamente monumentales. En 1490 contaba París 309 calles; en 1716, subió esta cifra á 999; la cual, hacia 1860, excedía de 2.500, cuyo desarrollo se calculaba en 385 kilómetros. Las más notables, con la fecha de su origen, llevan las denominaciones siguientes: Sèvres, del año 1300; Lille, 1640; Varennes, 1650; Bourgogne, 1707; Tournon, 1803; Soufflot, 1758; Montparnasse, 1775; Ouest, 1798; Dauphine, 1607; Saint-Honoré, 1300; Saint-Denis, 1134; Saint-Martin, 1147; Montmartre, 1200, Richelieu, 1629; Chaussée-d'Antin, 1720; Poissonnière, 1633; Lepelletier, 1786; Royale, 1757; Castiglione, 1802; Paix, 1807; Tronchet, 1808; Trevise, 1838; Vivienne, 1809; Bourse, 1824; Londres, 1826; Rambuteau 1833; Run fort, 1838; Victoire, 1734; Provence, 1771; Lavoisier, 1840; Lafayette, 1822; Richer, 1785; Castellane, 1823; Amsterdam, 1826; Faubourg-Saint-Antoine, 1633. Figuran también entre las primeras, las de Saint-Dominique, Grenelle, Saint- Germain, Université, Saints-Pères, Bac, Bonaparte, Ancienne-Comédie, Harpe, Saint-Jacques, Vaugirard, Hauteville, Neuve-des-Petits-Champs, y, finalmente, la del Rívoli, abierta en 1802 y considerada como una de las más hermosas del mundo: tiene 20 metros, 78 centímetros de ancho; sigue la misma dirección que la de San Honorato y se extiende, en línea casi recta, desde la calle de San Florentino á la de San Antonio, sobre una longitud de 3.009 metros. Su arquitectura es uniforme y los notables edificios que la forman, descansan sobre una serie de 287 bóvedas, que forman para los transeuntes una inmensa galería cubierta, adornada de suntuosas tiendas, las cuales se prolongan hasta la extremidad del Luvre. La travesía de PARIS, de Oriente á Occidente, puede hacerse por la no interrumpida línea de malecones de las dos márgenes del Sena, ó por las calles del Foburgo ó arrabal de San Antonio, Rívoli, plaza de la Concordia y gran avenida de los Campos Elíseos. Partiendo de la barrera del Trono, para llegar á la de la Estrella, que son las dos mejores entradas que tiene la población, se recorre una distancia de 7 á 8 kilómetros próximamente. 17. Pasajes — Cuéntanse más de veinte, y constituyen, en su mayor parte, bellísimas galerías cubiertas de cristales y adornadas á uno y otro extremo de lujosas tiendas. Entre los más notables se citan: el de los Panoramas, el de Jouffroy, Vivienne, Colbert, Opera, Choisseul, Véro Dodat, Salmón, Delorme, Gran Ciervo, Vendôme, Cairo, Brady, Saneide, Magdalena, Industria, Ponceau y el del Comercio. 18. Plazas públicas.—Las plazas de PARIS, cuyo número excede de 80, son todas notables; pero ninguna iguala á la de la Concordia en la magnificencia, la extensión y los monumentos que la rodean, formando su admirable perspectiva. Su construcción data del año de 1757: el obelisco de Louqsor, que ocupa su centro; las dos soberbias fuentes-surtidores que la refrescan, las ocho estatuas colosales que la adornan y los elegantes candelabros que la alumbran, débense á los dibujos del arquitecto Hittorf y al reinado de Luis Felipe. Sigue á ésta la del Carrousel: data de 1622 y se extiende entre las Tullerías, el Luvre y las inmensas galerías que unen estos dos palacios. La de Napoleon, formada en 1855, es una continuación de la primera y se encuentra adornada de dos bellísimos jardines, rodeados de

verjas. La plaza de Vendôme, circunscrita por magníficos edificios, levantados en 1699 sobre los planos de Mansard, está decorada de una columna de bronce, inaugurada en 1810: es una imitación de la columna trajana; mide 43 metros de elevación y sirve de apoyo á la estatua de Napoleón I, cuyo bronce fué suministrado por las victorias de la República y del Imperio. La plaza de la Bastiila debe su nombre á la antigua fortaleza derribada por el pueblo el 14 de Julio de 1789. En el centro se levanta la arrogante columna de Julio, empezada en 1831 y concluíada en 1840. tiene 47 metros de elevación, es de bronce y está coronada por el genio de la Libertad, que ostenta la antorcha de la civilización. Descansa sobre un macizo que cubre las bóvedas subterráneas, en donde se encuentran colocados los féretros de los combatientes de Julio de 1830 y de Febrero de 1848. En el cuerpo de esta columna aparecen inscritos los nombres de 615 combatientes. La plaza de Châtelet, construída en 1806, está igualmente adornada de una columna, levantada en 1807 bajo la dirección de Brolle, y coronada por una estatua de la Victoria. Sobre el pedestal descansan las estatuas de la Fe, la Vigilancia, la Ley y la Fortaleza, formando un grupo, y en cada uno de los ángulos se ven algunas cornucopias y cabezas de mónstruos marinos, que arrojan agua en un ancho pilón. Aparte las mencionadas, distínguese también la plaza de las Victorias, adornada con la estatua ecuestre de Luis XIV, fundida en Bronce, la Real, con la estatua de mármol de Luis XIII, y las de la Bolsa, Panteón, San Sulpicio, Palacio Real, Palacio de Borbón, Casa Ayuntamiento, Belle-Chasse, Odeón, Rívoli, Magdalena, Lafayette, Europa y la de Borgoña, cuyo lado principal presenta el pórtico del palacio legislativo. 19. Muelles y puertos —Treinta y seis magníficos muelles de piedra, de un desarrollo total de 23 kilómetros, encauzan é impiden el desbordamiento de las aguas del Sena. Los más celebrados por sus anchas vías, las magníficas construcciones y excelente arbolado que los adornan, son: los del Luvre, Tullerías y Billy, que se encuentran sobre la margen derecha de aquel río, y los de San Bernardino, Conti, Voltaire y Orsay, sobre la izquierda. Este último, particularmente, podría llamarse, por la esplendidez de sus construcciones, muelle de los palacios. Para el desembarque de los géneros y materiales de construcción, que se transportan por el alto y bajo Sena, cuenta este río 9 puertos, cada uno de ellos destinado á una clase distinta de mercancías. 20. Puentes.—La parte septentrional y la meridional de la metrópoli se comunican entre sí por medio de 22 puentes, que son: en las islas antes mencionadas, el de Austerlitz; sobre el brazo derecho del río, los de María, Luis Felipe, Arcole, Nuestra Señora y Pont-au-Change; sobre el izquierdo, los de Constantino, Tournelle, Ciudad, Arzobispo, Grenelle, Puente Doble, Pequeño Puente y San Miguel; en la unión de los dos brazos, el Puente Nuevo, y finalmente, los de las Artes, Carrousel, Real, Concordia, Inválidos, A lma y Jena. 21. Templos.—A la cabeza de los edificios públicos que han hecho de PARÍS el encanto del mundo, aparecen los monumentos religiosos. De las numerosas iglesias consagradas al culto católico, merecen singular mención las siguientes: I. La catedral.—Se halla colocada bajo la advocación de Nuestra Señora (Notre-Dame); fué construida desde 1193 á 1447 y restaurada luego completamente durante el reinado de Luis Felipe. Tiene 12668 metros de longitud; 48707 de latitud y 3377 de elevación; el vértice de sus dos torres gemelas alcanzan una altura de 68 metros; el pórtico, un desarrollo de 40. La torre septentrional contiene cuatro campanas para el servicio ordinario, y la meridional, otra de grandes dimensiones, cuyo diámetro es de 2 metros 60 centímetros, y su peso de 16.000 kilogramos (300 quintales en números redondos). El exterior de este gigantesco edificio es verdaderamente notable por la unidad y riqueza de sus esculturas. El interior se compone de una nave principal, flanqueada de dos colaterales, que se prolongan alrededor del coro, y está adornado de 45 capillas, 297 columnas, 113 claraboyas y 121 pilares, que sostienen las principales bóvedas. Este grandioso templo ha sido descrito é idealizado por Victor Hugo en su bellísima novela Nuestra Señora de PARÍS.

II. Iglesia de San Germán de los Prados (Saint-Germain-des-Prés). — Fué empezada por el abate Morand, á principios del siglo xI; mide 65 metros de largo, 21 de ancho y 19 de elevación. Su torre cuadrada está adornada de dobles ventanas de estilo romano Su interior, ricamente decorado, contiene los túmulos de Casimiro, de Ch. Castellan, de Descartes, de los benedictinos Mabillon y Montfaucon y de Boileau.

III. San Germún de Aujerres (Saint- Germain d’Auxerrois).—Data del año 606; el vestibulo que precedé á la fachada, de 1429. Tiene 78 metros de largo por 39 de ancho bajo el crucero. Su gran pórtico, que ha quedado como una de las maravillas gálicas más curiosas de PARÍS, créese que fué construído bajo el reinado de Felipe el Hermoso (siglo xIII). La torre levantada recientemente entre la iglesia y la abadía, tiene 40 metros de altura. La disposición interior de este templo es regular; su plan, cruciforme, con una extremidad octágona, al Oriente, y una torre en la intersección de la nave principal y del coro. La campana de San Germán de Aujerres fué la que dió la señal de La Saint Barthelemy el 24 de Agosto de 1572.

IV. Saint-Merry.—Se remonta al año 1200 y fué reedificada bajo Francisco I: es un monumento gótico, cuyas capillas interiores se hallan adornadas de bellísimos cuadros de autores célebres. El claustro de esta iglesia fué teatro de una tenaz y sangrienta lucha durante el motin que tuvo lugar en los días 5 y ó de Junio de 1832.

V. San Severino (Saint-Severin).—Es también, como el anterior, un monumento de estilo gótico, cuya construcción fué diferentes veces empezada é interrumpida. A la izquierda del pórtico principal se eleva una elegante torre de forma cuadrada. El interior es notable por más de un concepto. El ábside ó bóveda, alumbrada por doble hilera de ventanas; los capiteles de las columnas, las molduras de las bóvedas, recargadas de esculturas de toda clase; la delicadeza de ejecución de las columnas de la galería inferior del coro; las vidrieras de las ventanas, que se atribuyen á Juan Cousin, y la cúpula del altar mayor, llaman justamente la atención del arqueólogo. Las numerosas capillas, que se abren en los costados laterales, contienen un verdadero museo de frescos modernos. Los restos de Pasquier y de los hermanos Santa Marta reposan en aquel sagrado recinto, el cual sirvió de taller en 1794 para la fabricación del salitre.

VI. San Esteban del Monte (Saint- Etienne-du-Mont).—Esta iglesia, conjunto de primores, empezada en el primer tercio del siglo XVI y concluida en el siguiente, está considerada como un modelo acabado de estilo gótico. Su fachada oriental es sumamente pintoresca. El interior contiene una gran riqueza en obras de arte, distinguiéndose particularmente: un suntuoso altar mayor, formado de hermosos mármoles; un admirable coro, con preciosas esculturas de Biard, un primoroso púlpito, dibujado por L. Lahire y ejecutado por Lestocart; una bellísima coleccion de cuadros de Jouvenet, Larguillière, Detroy, Varin y Cousin; unas magníficas vidrieras, debidas á Nicolás Pinaigrier, y un notabilísimo túmulo de santa Genoveva, patrona de PARÍS. En una procesión celebrada el 3 de Enero de 1857, con motivo de la novena que se dedica á aquella santa, el arzobispo Sibour, revestido con sus hábitos pontificales, fué asesinado por el cura Verger, el cual había sido suspendido de sus funciones por haber predicado contra el dogma de la inmaculada Concepción. La iglesia de San Esteban del Monte, cerrada, según las reglas canónicas, á consecuencia de este crimen, quedó purificada, nueve dias después, por el ceremonial de la reconciliación. Los inteligentes llaman á esta iglesia «el recreo de los artistas.» VII. San Gervasio (Saint-Gervais).— Las obras de este antiquísimo templo, que afecta la forma de una cruz latina, dieron principio en 1212 y terminaron en 1420. Jaime Desbrosses

construyó en 1616 el pórtico actual de esta iglesia, que goza de una gran celebridad y presenta tres órdenes griegos: el primero se compone de ocho columnas dóricas, estriadas en sus dos tercios superiores, las cuales se apoyan sobre un zócalo de poca altura; el orden jónico se eleva sobre el mismo plano, mientras que constituyen el tercero cuatro columnas corintias, que sostienen un frontis semicircular. El interior es notable por la elevación de sus bóvedas y claves pendientes, por la capilla de la Virgen, por algunos cuadros y por las vidrieras de Cousín y Pinaigrier.

VIII. San Kustaquio (Saint-Eustache).—Esta iglesia, la mayor de las de ParÍs después de la catedral y de San Sulpicio, fué edificada desde 1532 a 1641. Tiene 105 metros de longitud; 44, de latitud y 33, de elevación. Su arquitectura pertenece al arte gótico; su ornamentación, al del Renacimiento. El interior presenta naves de orden compuesto; sus arcos, como los de las bóvedas y coro, son todos circulares, excepto el del ábside de este último. La capilla de la Virgen ocupa el fondo del edificio; aparece decorada con una estatua, obra de Pigalle, y de algunos bajorrelieves. Las demás capillas contienen bellísimos cuadros de Lagrenée, de Pallière y de Deschamps; el púlpito fué ejecutado por Fixon, mediante los dibujos de Soufflot, y el órgano, de Cavalier, es uno de los mejores de PARÍS. El pórtico, de construcción moderna, corresponde al estilo griego y contrasta con el conjunto del monumento. Se compone de dos órdenes: el inferior, tiene diez columnas toscanas, y el superior, otras diez jónicas; las cuales sirven de apoyo á un frontis triangular, cuya extremidad se halla á 30 metros del suelo. Sobre las puertas laterales se elevan dos torres cuadradas, de 36 metros de altura, que coronan una balaustrada. Antes de la revolución se hallaban depositados en esta iglesia los restos mortales de Colbert, Benserade, Voiture, Vaugelas, La Mothe-Levayer, La Feuillade, Tourville y Chevert.

IX. San Pablo y San Luis (Saint- Paul y Saint-Louis).—Las obras de este templo empezaron en 1627 y concluyeron en 1641, bajo la dirección del arquitecto Francisco Derrand. Su magnífico pórtico, ejecutado por Marcel-Ange, de la Compañía de Jesús, se compone de tres órdenes superpuestas; tiene 48 metros de altura por 24 de base, está decorado con las estatuas de san Luis, santa Catalina y santa Ana, y su ornamentación, tanto exterior, como interior, es riquísima. El célebre cardenal Richelieu celebró la primera misa en esta iglesia el día 25 de Agosto de 1641.

X. San Roque (Saint-Roch).—Este templo, terminado en el siglo XVIII, es notable por la profusión de pinturas, bustos y estatuas que atesora. Su fachada es de Roberto Cotte y el interior, de Jaime Lemercier. Desde la escalera de este lugar sagrado hizo ametrallar Bonaparte al pueblo insurreccionado contra la Convención, el 13 Vendimiario de 1793.

Xl. San Sulpicio (Saint-Sulpice). —Este vasto y hermoso edificio, empezado en 1646 y concluido hacia 1745, tiene 140 metros de largo por 56 de ancho y 33 de elevación. Su pórtico está considerado como una maravilla en su género; mide 128 metros de longitud y se compone de dos órdenes: el dórico y el jónico. En los extremos se ven dos cuerpos de edificio cuadrados, que sirven de base á las dos torres que le adornan, de 70 metros de altura. Las puertas laterales ofrecen en el exterior varios nichos con estatuas de santos. El coro, de 28 metros de largo próximamente, aparece rodeado de siete arcos, cuyos piés derechos están adornados de pilastras corintias. El altar mayor, colocado á la entrada del coro, es de excelente efecto. Esta iglesia tiene además un meridiano, establecido en el centro del crucero, con los signos reales del zodíaco, Norte y Sur, trazado en el pavimento sobre una longitud de 58 metros, 60 centímetros. A su extremidad Norte, esta línea se prolonga y se eleva verticalmente sobre un obelisco de mármol blanco, de 8°33 metros de altura. La ventana meridional está completamente cerrada, sobre una pequeña abertura, por donde penetra un rayo del sol, que forma una imagen sobre la línea vertical del obelisco. Este y el meridiano tienen por objeto fijar el equinoccio de la primavera y el domingo de pascuas. Bajo la revolución se llamó este monumento templo de la Victoria. Puede asegurarse que San Sulpicio es el monumento de PARÍS, cuya misteriosa confusión de luz y de sombra imprime más profundamente en el ánimo el patético religioso. No es la iglesia más magnífica; pero es seguramente la más poética en sentido místico.

XII. Santa Clotilde (Sainte Clotilde).—Este edificio se levantó en 1846, por iniciativa de la reina María Amalia y bajo la dirección del arquitecto Gau. Mide 94’50 metros de largo por 32 50 de ancho y 21 06 de altura. La fachada, compuesta de tres pórticos, está flanqueada de dos torres, cuyas agujas alcanzan sobre 65 metros de elevación. Constituyen el interior una nave central y dos colaterales. Las vidrieras de las claraboyas forman un verdadero museo y las pinturas y las esculturas son obra de famosos artistas.

XIII. La Magdalena (La Madeleine). Este vistosísimo monumento, imitación colosal de la Casa cuadrada de Nimes, forma un paralelógramo de 100 metros de largo por 42 de ancho, y se eleva sobre un basamento de á metros de altura. Se encuentra rodeado de 52 elegantísimas columnas estriadas, de orden corintio, de 15 metros de elevación, 5 de circunferencia y 2'50 de diámetro. El peristilo está compuesto por una doble hilera de columnas, aisladas ó separadas las unas de las otras, como las anteriores. Cada uno de los extremos del edificio presenta 8 columnas de frente, y cada uno de los lados, 18. Delante de la iglesia se extiende una grada de 30 peldaños, dividida en dos partes por una meseta. El frontis, obra maestra del escultor Lemaire, representa el Juicio final. Las figuras tienen 533 metros de proporción. En medio del grupo se ve á Jesucristo; á su izquierda, la Magdalena, en actitud suplicante, como implorando el perdón de los pecados, los cuales están representados por los siete capitales, que un ángel rechaza armado con una espada, en donde se ve esta inscripción: ¡Ve impiis! A la derecha del Cristo hay un ángel que acaba de tocar la trompeta del juicio final; detrás las Virtudes teologales personificadas, y cerca de éstas otro ángel ayudando al justo á salir de su tumba, sobre la cual ha grabado el artista las siguientes palabras latinas: Ecce dies salutis. El friso, que circuye el edificio, ofrece en su desarrollo algunos grupos de ángeles con guirnaldas, mezcladas de atributos religiosos. El cimacio superior ó parte extrema de la cornisa, está adornada de cabezas de león y pequeñas palmas, y el frontis principal, de un bajo relieve de nueve figuras. No hay nada que iguale el magnífico aspecto que presenta esta fachada, ornada de todo lo más rico y elegante que ha producido la escultura. La puerta principal, que da frente á la calle Real, al obelisco de Lougsor y al frontis del palacio del Congreso de los diputados, es una obra única en sus inmensas proporciones, compuesta y ejecutada por Triquetti y fundida en bronce, bajo su dirección, por Richard, Eck y Durand. Mide 10 metros de altura por 5 de latitud y representa los Diez mandamientos de la ley de Dios: los dos primeros están contenidos en la imposta; el tercero, cuarto, quinto y sexto, en la hoja de la izquierda, y el séptimo, octavo, noveno y décimo, en la de la derecha. En cada uno de los lados hay un gran nicho, que ocupan las estatuas de san Felipe y san Luis, ejecutadas por Nanteuil. La galería de la derccha, que mira á los bulevares, tiene 14 nichos, en los cuales aparecen colocadas las estatuas de san Gabriel, san Bernardo, santa Teresa, san Hilario, santa Cecilia, santa Irene, santa Adelaida, san Francisco de Sales, santa Elena, san Martin de Tours, santa Agata, san Gregorio, santa Inés y san Rafael; la de la izquierda contiene otros 14, con las de san Miguel, san Dionisio, santa Ana, san Carlos Borromeo, santa Isabel, san Fernando, santa Cristina, san Jerónimo, san Juan de Valois, san Gregorio el Grande, santa Genoveva, san Juan Crisóstomo, santa Margarita de Escocia y el Angel de la Guarda. Los cuatro nichos que dan frente á la calle Tronchet, representan á san Ma

teo, á san Marcos, á san Juan y á san Lucas. El interior de esta iglesia es notable por su rico y espléndido decorado. Del vestíbulo se pasa á la nave por un arco de bóveda de 25 metros, 91 centímetros de elevación, y de 14 á 15 de latitud. Decoran esta nave dos órdenes: el jónico y el corintio. La bóveda se halla dividida en tres cúpulas idénticas, decoradas cada una con cuatro apóstoles esculpidos, y alumbrada por una abertura circular de 5 metros de diámetro próximamente. Esta misma nave contiene 8 capillas: 2, bajo el vestíbulo, y 3, en cada lado. Las dos primeras sirven: la una, para la celebración del sacramento del bautismo; la otra, para el del matrimonio: las de los lados, comunican con el coro por un arco semejante al del vestibulo interior. Los seis grandes espacios semicirculares, que se encuentran sobre las capillas laterales, están adornados de bellísimas pinturas, que representan la vida de la Magdalena. Alrededor del muro se extiende un magnífico bajorrelieve: la construcción del todo es enteramente de hierro y cobre. Una balaustrada de mármol blanco sigue el contorno interior del templo y guarnece todas las construcciones que se encuentran adheridas al gran muro de circuito. Una estrada de mármol blanco, de 8 metros, conduce al coro, en cuyo centro se eleva el altar mayor, sobre el que campea un interesante grupo en mármol, que representa á la Magdalena en éxtasis, elevando sus ojos al cielo, sostenida por tres ángeles, y á los lados, dos arcángeles, colocados sobre pedestales, en actitud de adoración. Estas esculturas son de Marochetti: las pinturas que concurren á la ornamentación de los frentes laterales del interior, pertenecen á varios artistas. La gran composición del ábside es de Ziégler: esta obra maestra, cuyas figuras del primer plano tienen 3 metros de proporción, aparece desarrollada con suma claridad y gran desempeño. Finalmente, las dos pilas del agua bendita, esculpidas en mármol por Lemoine, son también dos obras maestras, llenas de gracia y delicadeza. Bajo el primer Bonaparte, se poetizó esta iglesia, denominándola el Templo de la (loria. Así como San Sulpicio es la iglesia más religiosa de la ciudad que se describe, así la Maydalena es la más brillante; debiendo parte de esta alucinadora brillantez á los encantos sensuales del arte gentil.

XIV. La Trinidad (La Trinité).— Ocupa una superficie de cerca de 3.000 metros y presenta un desarrollo de 90 de longitud, por 30 de latitud. Independientemente de las tres grandes puertas de su fachada, ofrece otras muchas de salida en los demás frentes. Grandes galerías forman en el interior las tres naves. El coro, elevado algunas gradas, se comunica, á derecha é izquierda, con dos espaciosas sacristías. Debajo de toda esta parte del edificio existe una anchurosa cripta ó capilla subterránea, á la que se desciende por dos escaleras interiores, y otras dos, que conducen al exterior por el lado del ábside. El square (jardinillo) que ocupa el centro de la plaza, decorado de una fuente monumental, contribuye á hacer de esta moderna construcción una de las más elegantes y pintorescas del nuevo PARÍS. El reloj de la Trinidad, situado en medio de las dos torres, se columbra desde el bulevar de las Capuchinas, al través de la calle Chaussée-d Antin, formando una vista sencilla, imponente y armoniosa.

XV. El Panteon, ó Santa Genoveva (Sainte Généviève).—Está considerado como uno de los más hermosos monumentos del siglo xvin y el primero, en su género, que posee Francia. Empezó á levantarse en 1757, bajo la dirección del arquitecto Soufflot. El plano del edificio es una cruz griega, formada por cuatro naves, que se unen en el centro, en donde está colocada la media naranja. La nave de entrada y la del fondo son un poco mayores que las dos restantes. Este plano, comprendido el perímetro, tiene 112 metros de largo por 84 de ancho, fuera la obra. La fachada principal se compone de una grada, que se eleva sobre once peldaños, y de un pórtico, en peristilo, imitado del Panteón de Roma: consta de 22 columnas estriadas, de orden corintio, de 20 metros de elevación por 2 de circunferencia; 18 de las cuales, comprendidas en ellas las ó del frente, están aisladas: sobre estas columnas descansa un magnifico frontis triangular, que constituye una de las más bellas obras de escultura monumental, debida al cincel de David d’Angers. Las cuatro naves anteriormente referidas se hallan separadas por 130 columnas de orden corintio, estriadas, de 19 metros de altura y de 1’25 de diámetro, que sirven de apoyo á un cornisamiento, cuyo friso aparece adornado de festones. La media naranja interior, centro adonde, como hemos dicho, van á reunirse las cuatro naves, deja entre éstas un espacio cuadrado de 21 metros de lado, cuyos ángulos ocupan los cuatro pilares que la sostienen, unidos entre sí por cuatro arcos de 14 metros de ancho y 21 de altura, los cuales están decorados de pinturas al fresco de Gérard. Sobre el cornisamento se eleva el peristilo, formado de 16 columnas corintias. En los intercolumnios se abren otras tantas ventanas con marco de hierro; las que corresponden á los cuatro pilares de la media naranja están pintadas y provistas de cristales. Debajo de estas ventanas se encuentran algunas tribunas, á las que se llega por una galería circular. La media naranja ó cimborio se compone de tres cúpulas; sobre el cornisamento de las 16 columnas nace la primera, adornada de molduras y rosetones, en cuyo centro se ve una abertura circular de 7 metros de diámetro, por la que se distingue la cúpula, y en la que Gros, con arte felicísimo, pintó al fresco la apoteosis de santa Genovera. La altura de la primera cúpula, tomada desde el pavimento hasta el borde inferior de su abertura, es de 59 metros; la del vértice de la segunda, desde el mismo pavimento, de 70; la de la tercera, desde la parte superior del ático, de 24. La media naranja exterior ofrece desde luego, sobre el término ó remate de las cuatro naves, un vasto basamento cuadrado, en donde terminan cuatro robustos estribos, en que se apoyan las escaleras que conducen á la cúpula. Sobre este basamento, cuya parte superior alcanza una altura de 34 metros desde la gradería del pórtico, hay un segundo basamento circular, sobre el que se eleva una columnata de igual forma, compuesta de 32 columnas de orden corintio, y en la cual descansa un cornisamento que corona una galería descubierta y embaldosada. Estas 37 columnas forman un peristilo, dividido en cuatro partes por macizos que corresponden á los cuatro pilares del cimborio, y sobre los cuales se ha construido una escalera de caracol. Parte de los macizos se hallan ocultos por las columnas, en que se apoya un ático, formado por la elevación del muro circular de la torre de la cúpula; mide ó metros y presenta 16 ventanas arqueadas, con marcos de hierro. Sobre el zócalo de la cornisa de este ático se apoya la gran bóveda, que constituye la tercera cúpula de la media naranja, la cual presenta un balcón circular y una linterna de la misma forma, adornada de 8 columnas y 16 ventanas arqueadas, y que, elevándose 9 metros sobre el cimborio, da el edificio, desde la galería de la entrada principal hasta la cima de la linterna, una altura total de 83 metros. Vista desde esta altura la enorme bóveda del Panteon, el vértigo se enseñorea de nuestro espíritu, imaginándonos que vemos fantasmas en el aire, los cuales nos miran fijamente con una expresión horrorosa y sublime. Para que nuestros ilustrados lectores puedan concebir idea aproximada de la elevación de santa Genovera, bastará decir que hay que subir más de 300 tramos. En el centro del frontis maestro que decora la fachada principal, se destaca la figura de la Patria, distribuyendo coronas á todos aquellos que la han honrado y servido con sus talentos, sus virtudes ó su valor; á sus piés aparecen sentadas la Historia y la Libertad: la primera, inscribiendo en su libro ó indice los nombres de los varones ilustres; la segunda, tejiendo coronas que la Patria distribuye. A la derecha se encuentran las celebridades del orden civil: Malesherbes, Fénelon, Mirabeau, Cuvier, Laplace, Monge, Carnot, Manuel y el pintor David; á la izquierda, las glorias militares, Bonaparte, un viejo granadero y el pequeño tambor de Arcole.

Finalmente, en los ángulos se

ven algunos jóvenes; entre ellos, los discípulos de la escuela politécnica. El Panteon se halla totalmente aislado y circuido por completo de una elegante verja de hierro. En el interior y en el centro, se distinguen cuatro lápidas de mármol negro, en donde están grabados, en letras de oro, los nombres de los ciudadanos muertos durante las jornadas de los dias 27, 28 y 29 de Julio de 1830. Cuatro frescos de Gérard representan la Muerte, la Patria, la Justicia y la Gloria; el del cimborio, por Gros, á Clodoveo. Carlomagno, san Luis y Luis XVIII, delante de santa Genoveva, quien las acoge desde lo alto de los cielos. Vamos á dedicar algunas palabras á una curiosidad notabilísima de este famoso templo. Las construcciones subterráneas ocupan toda la extensión del edificio y presentan una capilla debajo de la nave oriental. Las bóvedas de esta espaciosa cripta aparecen sostenidas por muros y pilares cuadrados, que corresponden á las columnas del edificio superior, y contienen unos 40 sepulcros; pero sólo encierran las cenizas de Voltaire y de Rousseau, que hayan recibido los honores del Panteón. Entre los restantes, se distinguen los del célebre navegante Bougainville y del gran geómetra Langrange; el del mariscal Lannes, duque de Montebello; los de algunos senadores, tales como el famoso pintor Vien y el conde Treilhard, uno de los autores del Código civil, y de los generales del imperio, como Lariboisière y Saint-Hilaire. El guía de la iglesia, que muestra la cripta á los curiosos, se complace en llevarlos por aquellas bóvedas perdidas, en donde parece que conversamos con criaturas del otro mundo. El menor ruido, la respiración agitada, cualquier violencia en la emisión del aliento, produce bajo aquellas almenas un eco tardío, lúgubre, espantoso. De golpe, sin que el visitante se aperciba, el guía de la iglesia da una sacudida en un tambor enorme, y el visitante permanece mudo de horror. Al sacudir en aquel aparato, se oye un estrépito tan formidable, que cualquiera diría que el templo se hunde, desplomándose sobre su cabeza. Aquel ruido parece ser como la trompeta del ángel exterminador, que anuncia el juicio final. Así como el San Sulpicio es la iglesia más religiosa, así como la Magdalena es la más brillante, así el Panteón es el monumento en que reina más unidad, más armonía, más belleza interior y profunda. En una palabra, Santa (enovera es el edificio más discreto, más sabio, de PARÍS.

XVI. San Vicente de Paul (Saint- Vincent-de-Paul). Esta iglesia, empezada en 1824, bajo la dirección del arquitecto Lepère, y concluida en 1844 por M. Hittorff, ofrece un notable parecido con las basilicas italianas de los primeros siglos del cristianismo. Edificada sobre una eminentia, el aspecto que su exterior presenta es verdaderamente imponente: dos anchas escaleras, en forma de herradura; y varias rampas, dispuestas en anfitentro, conducen al peristilo de este templo. Su largo mide 80 metros; su ancho, 37. La fachada se extiende sobre toda la longitud del edificio y está precedido de un pórtico con seis columnas de frente, de orden jónico, y flanqueada de dos torres cuadradas, entre las cuales se encuentran colocadas las estatuas de los cuatro evangelistas, debidas al cincel de Barre, Brión, Foyatier y Valois. La puerta principal está forrada en bronce, distinguiéndose, en 12 nichos, las imágenes de los apóstoles, acompañadas de ángeles, envueltos entre espirales de frutas y de flores. Los símbolos de los cuatro evangelistas y el Espíritu Santo, en forma de una paloma, decoran el friso de la imposta, sobre la cual se eleva la inspirada figura de Jesucristo. El ancho interior de este monumento se halla dividido en cinco bovedillas, por cuatro órdenes de columnas, distribuidas de dos en dos, de derecha á izquierda, entrando por la puerta principal. Las dos divisiones intermedias, las colaterales y las dos últimas, constituyen las capillas, en número de ocho; la parte central forma la nave, cuyo ancho y el de las colaterales ocupa el ábside. Alrededor de la nave y del ábside, sobre una longitud de 170 metros, se desarrolla lozanamente un friso de 3 metros de altura, en el cual Hipólito Flandrin ha pintado, sobre fondo de oro, algunas figuras de cristianos, pertenecientes á todas las clases y á todas las épocas: sobre aquél, un segundo orden de columnas, decorado de una serie de medallones, forma, en los dos ángulos laterales de la nave, varias tribunas, y sobre la puerta de entrada, un espacio cómodo y desahogado para el órgano. El cielo raso ó techo de la nave, cuya altura se aproxima á la de las bóvedas de las catedrales góticas francesas, aparece, dividido en doce compartimientos, decorados con exquisito gusto. Las pinturas que se admiran en la cúpula del coro, debidas al pincel de M. Picot, representan á Cristo sobre un trono, teniendo á sus piés á san Vicente de Paúl, y á su alrededor, grupos de evangelistas, apóstoles y doctores. El mismo artista ha pintado también los siete sacramentos, que se ven sobre el friso del hemiciclo. Aparte las bellísimas pinturas que enriquecen el interior de esta iglesia, son también notables: la rosa de la puerta principal, la vidriera del fondo del ábside, ó capilla de la Virgen, y las de las ocho laterales: las de la derecha, representan la. Resurrección, á san Dionisio, santa Clotilde y san Carlos Borromeo; las de la izquierda, el bautismo de Jesús por san Juan, á san Martín, santa Isabel y san Francisco de Sales. En la vidriera de la gran portada, se ve, sobre fondo de oro, la apoteosis de san Vicente de Paúl, en medio de una aureola de gloria. El magnífico templo, cuya descripción terminamos, encierra además: en el coro, dos hileras de sillas, esculpidas por M. Millet; en el santuario, otras, ejecutadas por M. Derre; un Calvario en bronce, de Rude, que adorna el altar mayor; un púlpito de M. Duseigneur, compuesto de cinco bajorrelieves y de un grupo de dos ángeles; las verjas de hierro, primorosamente labradas, que cierran ó separan las capillas las unas de las otras, y las pilas bautismales, ricamente adornadas de conchas, guirnaldas y festones.

XVII. Valle de Gracia (Val de Grüce).—El 1.° de Abril de 1645, puso Luis XIV la primera piedra de este edificio, el cual quedó completamente terminado en 1665. La puerta principal se eleva sobre 16 gradas y forma un pórtico sostenido por 8 columnas corintias, aisladas y acompañadas de nichos. La media naranja, de elegantes proporciones, de estilo gallardo y coronada de una linterna, es una imitación de la de San Pedro de Roma. Su cúpula, debida al pincel de Mignard, está considerada como una de las pinturas al fresco más notables de Europa: representa la mansión de los bienaventurados, y se compone de 200 figuras, algunas de las cuales miden más de 5 metros de altura. El patio de entrada se encuentra separado de la calle de San Jaime por una verja de hierro, artísticamente trabajada, la cual termina, en cada uno de sus extremos, en un pabellón cuadrado. El interior de este templo ofrece una nave, separada de las laterales por arcos y pilastras estriadas, de orden corintio. La bóveda se halla cubierta de bajorrelieves, distinguiéndose ó medallones que representan las cabezas de la Virgen, de san José, de santa Ana, de san Joaquín, de santa Isabel y de san Zacarías. Debajo del cimborio se ven 7 capillas, guarnecidas de elegantes pilastras; cada una de aquéllas sostiene sobre su frontis una tribuna ricamente dorada. El altar mayor está coronado por un pabellón magnífico, sostenido por ó columnas torneadas de mármol negro, de orden compuesto, cuyas bases y capiteles son de bronce dorado. Detrás de este altar se ven: la capilla del Santísimo Sacramento, terminada en cúpula, en la que los artistas Felipe y Juan Bautista Champagne representaron á Jesucristo con una hostia en la mano y rodeado de ángeles; á la derecha, la capilla del coro de las religiosas, y á la izquierda, la de santa Ana. El pavimento es de mármol de varios colores y presenta, bajo la media naranja, un verdadero mosaico con la cifra de ANA DE AUSTRIA en mármol blanco.

XVIII. La Santa Capilla (La Sainte- Chapelle).— Este edificio, modelo en su género por la pureza del plan, la unidad y la elegancia de la construcción y la riqueza de las esculturas que le decoran, fué levantado por orden de Luis IX (siglo XIII) para depositar en él las reliquias que había recibido de Baudouin de Courtenay,

emperador de Constantinopla. Tiene! 35 metros de largo, 8 de ancho y 35 de elevación, desde el suelo al vértice del ángulo del frontis. La igualdad de altura y de longitud contribuye al efecto general. La puerta principal se halla precedida de un elegante pórtico. El magnífico rosetón, de 10 metros de diámetro, que ocupa casi todo el ancho de la fachada, así como la pared delantera y las dos torrecillas que la flanquean, pertenecen al último período del arte ojival. El interior de la capilla es de arrogante y atrevida construcción. Algunas pequeñas columnas agrupadas sostienen el declive del arranque de la bóveda, cuya altura es de 20 metros, en tanto que á las principales, las cuales sólo tienen unos 15 centímetros de módulo, están adheridas las estatuas de los apóstoles, cuya perfección es verdaderamente maravillosa, dada aquella época en que la estatuaria había salido apenas de la barbarie. El edificio aparece completamente cubierto de pinturas, dorados, incrustaciones en cristales de colores, estampados y pequeñas figuras en bajorrelieve. Las vidrieras de las ventanas ó claraboyas, que representan pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, el Juicio final y algunos detalles de la traslación de la Santa Corona, se distinguen por la expresión del dibujo y la viveza de los colores. Detrás del altar mayor, bajo una bóveda ojival, que sostienen cuatro pilares y que se halla adornada de esculturas, dorados é incrustaciones, imitando las piedras preciosas de Oriente, se encontraba en otro tiempo una urna de bronce, en la que se guardaban: la corona de espinas, un pedazo de la verdadera Cruz, el hierro de la santa lanza y un trozo de la esponja y de la caña, que figuran en la Pasión. Estas reliquias fueron trasladadas en 1791 á la iglesia de Nuestra Señora; y las piedras preciosas que guarnecían la urna, á la casa de la Moneda. El tesoro de la Santa Capilla conservaba, entre otras riquezas, un busto en ágata del emperador Tito y el ónix que se ve hoy en el gabinete de antigüedades de la Biblioteca Nacional de PARÍS, magnífico camafeo, que representa la apoteosis de Augusto y el cual fué regalado á esta capilla por Carlos V. El monumento que acabamos de describir, se construyó, bajo la dirección de Pedro de Montreuil ó Montereau, desde 1242 ó 1245 á 1247; costó más de 6.000.000 de francos (24 millones de reales, en cifras redondas), y quedó consagrado, en 1248, con el título de la Santa Corona y de la Santa Cruz; recibiendo más tarde el de Santa Capilla, que hoy le distingue.—Después de estas iglesias monumentales merecen consignarse: La de Santa Eugenia (Sainte Fugénie), de estilo gótico del siglo XV, cuya ornamentación, así como los pilares que sostienen las bóvedas y separan las naves colaterales de la principal, son de hierro fundido.—La de Santa Isabel (Sainte Elisabeth), levantada en 1676 y cuyo interior ha sido reedificado en 1829.—La de San Ambrosio (Saint-Ambroise), edificada en 1539 y engrandecida en 1818.—La de San Jaime (Saint-Jacques), empezada en 1630 y concluida en 1684.— La de San Juan y San Francisco (Saint- Jean et Saint-François), construida en 1623.—San Lorenzo (Saint-Laurent), fundada en 1429 y engrandecida en 1595.—Saint-Leu et Saint-Gilles, edificada en 1235, reconstruida en 1611 y en cuyo recinto se conserva un trozo de escultura que representa la Cena y la Flagelación, el cual se remonta al año 1005.—San Luis de Antin (Saint-Louis-d’Antin), con una nave en el centro y otra lateral.—Santa Margarita (Sainte Marguérite), reedificada casi por completo después de 1712.—San Medardo (Saint-Médard), fundada en el siglo xII, engrandecida en el xvI y modificada en el VIIi por Petit-Radel. En 21 de Diciembre de 1561 fué sitiado este templo por más de 2.000 protestantes, y en el cementerio, que existe detrás, tuvieron lugar, en 1727, las escenas escandalosas representadas por los convulsionarios sobre la tumba del diácono Pâris.— La iglesia de las Misiones extranjeras (L’église-des-Missions-étrangères), erigida en 1683 —San Nicolás de Cardencha (Saint-Nicolas-du-Chardonnet), construida en 1230, elevada á parroquia en 1243 y reconstruída de 1656 á 1709.—Nuestra Señora de los Mantos Blancos (Notre-Dame-des Blancs-AManteaux), levantada en 1687. —San Luis de la Isla (Saint-Louis-enl'Ile), empezada en 1664 y concluída en 1726.—Nuestra Señora de la Buena Nueva (Notre-Dame-de-Bonne-Nouvelle) destruida hacia 1593, durante el sitio de PARÍS, levantada de nuevo desde 1624 á 1725 y reconstruida casi completamente en 1825 por Godde.— Nuestra Señora de las Victorias (Notre Dame-des-Victoires), cuya primera piedra puso Luis XIII en 1656, quedando terminada en 1740.—San Felipe (Saint-Philippe), construída desde 1769 á 1784.—San Pedro de Chaillot (Saint-Pierre-de-Chaillot), restaurada en 1750. — San Pedro del Chinarro (Saint-Pierre-du-Gros-Caillou), erigida en 1822, bajo la dirección de Godde.— Santo Tomás de Aquino (Saint-Thomas-d’Aquin), cuyas obras dieron principio en 1682 y terminaron en 1740.—La capilla expiatoria de la calle de Anjou (Le-chapelle-expiatoire-de-la-rue-d’Anjou), concluída en 1826 y consagrada á la memoria de Luis XVI y de María Antonieta.—Finalmente, la de San Agustín (Saint Agustin): San Dionisio de la Marisma (Saint Dénie-du-Marais); San Nicolás de los Campos (Saint-Nicolas-des-Champs) y San Bernardo (Saint-Bernard).— PARÍs cuenta además sobre cinco templos protestantes, una iglesia griega, otra americana, varias capillas y 12 sinagogas, los cuales completan el conjunto admirable de los edificios consagrados á los diversos cultos. 22. Monumentos civiles.—A la cabeza de éstos figuran los palacios, en número de 13, de los cuales vamos á dar una idea, aunque imperfecta, á nuestros ilustrados lectores.

I. Palacio del Luvre.—Esta denominación de Luvre (Louvre) sólo data, oficialmente, desde el año 1204, en cuya época se fundó la torre de igual nombre, levantada por Felipe Augusto en el centro de un patio cuadrado ya subsistente. Esta fortaleza, emblema del poder feudal de los soberanos de Francia, ante los cuales vinieron prestando los pares del reino fe y homenaje, durante cinco siglos, fué transformada en palacio por Carlos V, quien hizo numerosas adiciones para colocar en él la biblioteca, instalar á diversos empleados de la corte y alojar a los principes extranjeros y personajes distinguidos, que iban á visitar la metrópoli. Este monumento se hallaba en ruinas, cuando Francisco I, haciéndole demoler, en 1528, encargó á Pedro Lescot la construcción de un palacio digno del rey de Francia: una parte del ala occidental de este edificio, tal como hoy existe, se debe á los dibujos de aquel arquitecto, el cual supo aprovechar para su nueva obra los sólidos cimientos de la vetusta torre de Felipe Augusto. Bajo Enrique II continuaron los trabajos y se completó lo que se llama el viejo Luvre. Enrique IV concibió la idea de unir este palacio á las Tullerías: los arquitectos encargados de la realización de aquel proyecto fueron: Ducerceau, Marchand, Dupeyrac y Métézeau. Antes de la muerte de aquel monarca, la galería de 507 metros de longitud, que une aquellos dos palacios por la parte del Sena, quedaba completamente terminada. Luis XIII puso la primera piedra del pabellón del Reloj, el 28 de Junio de 1624; y el arquitecto Lemercier levantó el ala derecha y la parte inferior del frontis septentrional. En 1660, encomendó Luis XIV la terminación del Luvre al arquitecto Levau, quien levantó la fachada que limita el Sena, é iba á empezar la del Este, cuando recibió la orden de suspender los trabajos. En 1667, siguiendo aquel monarca los consejes de Colbert, adoptó los dibujos del hábil médico y arquitecto Claudio Perrault, el cual construyó al Oriente el magnífico peristilo actual, denominado columnatas del Luvre, verdadera maravilla de la arquitectura moderna. Esta admirable columnata se extiende sobre una longitud de 142 metros y se compone de tres arimeces y de dos peristilos, que se elevan sobre un basamento. La altura total de la fachada es de 28 metros. Los arimeces laterales se hallan adornados de pilastras y de columnas corintias: el del centro, está unido por dos peristilos, compuestos cada uno de ellos de 12 columnas corintias, detrás de las cuales corre una galería: este arimez tiene 8 columnas análogas y un frontón sobre la puerta de entrada, enriquecida de un bajo

rrelieve de Castelier, que representa una Fama repartiendo coronas, montada sobre una carroza, tirada por dos genios. El tímpano del frontón aparece adornado de otro bajorrelieve, ejecutado en 1811 por Lemot. Las otras fachadas exteriores, después de la referida columuata, se distinguen igualmente por sus formas elegantes y majestuosas. La del lado del río está decorada de un frontis que representa dos musas con los atributos de las ciencias y de las artes. El lado de las Tullerías se ve en parte cubierto por las galerías que se unen á este edificio: la fachada del centro es la única libre y contiene algunos trofeos de armas; el frontis interior, que da al patio, está ocupado por el reloj del Luvre. Este patio presenta la forma de un cuadrado perfecto, de 136 metros de lado. Tres de las fachadas interiores ofrecen cada una seis arimeces. Sobre el frontón del Norte hay una Minerva fomentando las ciencias y las artes; el del Mediodía, ostenta el genio de la Francia; y el del Occidente, las armas de esta nación y varias figuras alegóricas. La fachada interior del viejo Luvre representa: á la izquierda del pabellón del Reloj, la Patria, la Victoria, la Fama y la Fortaleza; á la derecha, la Legislación, simbolizada en una matrona, que sostiene las tablas de la ley. Sobre el ático se distinguen: la imagen de la Victoria y la de la Abundancia; las figuras de la Fortaleza y la Sabiduría, del Nilo y del Danubio. En el pabellón del ángulo se ve á una dondella alada, con una trompeta y una lira, como emblema de la poesía épica, rodeada de dos genios y de los bustos de Homero y de Virgilio. Las otras tres entradas del Luvre están cerradas con elegantes verjas. El interior de este palacio es suntuoso y espléndido: particularmente, la sala de las Cariátides, la grande escalera que conduce al museo, la galería de Apolo (denominada generalmente sala de A polo); la sala llamada de las Siete Chimeneas, la habitación de Enrique IV, el salón de Enrique II y otros muchos departamentos ocupados por diferentes colecciones. Un buen jardin, cercado de una hermosa verja, prolonga el Luvre en sus dos extremos, extendiéndose delante de la columnata de Perrault.

II. Palacio de las Tullertas (palais des Tuileries).—Elévase sobre el mismo terreno que antiguamente ocupaban algunos tejares (tuileries), nombre que le quedó luego á este palacio, cuya construcción empezó en 1564 Filiberto Delonne, por orden de Catalina de Médicis. El piso bajo del pabellón y el de las galerías laterales son de este arquitecto; los pabellones levantados en la extremidad de estas galerias se atribuyen á Bullant; los cuerpos de edificios que les siguen, la media naranja cuadrangular del pabellón del Reloj, el piso superior y el de las galerías pertenecen á Ducerceau, quien los contruyó en parte durante el reinado de Enrique IV. Luis Leveau y d’Orbay fueron, bajo Luis XIV, los arquitectos encargados de terminar este palacio, cuya fachada, con el jardín, mide 348 metros de longitud. Las Tullerías carecen por completo de unidad y de originalidad, y salva la elegancia que se observa en algunos de los detalles, todo el mérito que se atribuye á este edificio consiste en su grandiosidad. Pasando al interior por el pabellón del Reloj, á la derecha, se encuentran: la sala de los Guardias; una escalera construida por Fontaine, que conduce á la capilla, reparada por Napoleón I; una sala, dedicada largo tiempo al Consejo de Estado, y detrás de ésta, el teatro. Toda esta parte interior de las Tullerías se eleva sobre la inmensa y admirable sala de las Máquinas, edificada en la época de Luis XIV. El pabellón del Reloj está completamente ocupado por la sala de los Mariscales; de ésta se pasa á la de los Guardias, denominada también de los Nobles, á la que siguen el salón de la Paz y el del Trono, y atravesando luego la sala del Consejo, se entra en la galería de Diana, que forma la extremidad de los grandes departamentos. Todas estas habitaciones se hallan suntuosa y ricamente decoradas. La escalera del pabellón de Flora termina en la entrada del jardín, en donde se encuentran, unos tras otros, los departamentos particulares siguientes: una antecámara que sirve de sala de los guardias; un comedor, llamado salón Azul; una cámara particular, que habitaba el emperador; un gabinete, un dormitorio y un tocador. Ocupaban el piso de este lado los soberanos ó los príncipes de las familias reinantes. La galería, que está unida al pabellón Marsán, empezada por Bonaparte y continuada por Napoleón III hasta la alineación de la fachada occidental del Luvre, enlaza con este palacio, guardando la más perfecta simetría con la galería de Apolo. De este modo, el Luvre, las Tullerías y las extensas galerías que los unen, forman un inmenso circuito de palacios, sin igual en el mundo, desde donde el soberano podía arrostrar los peligros de las insurrecciones mopnlares, pues desde el 10 de Enero de 1792 la historia de Francia enseña que las Tullerías han sido siempre teatro de escenas de desorden en todas las revoluciones. Este palacio que, á partir del 1.° de Febrero de 1800, vino á ser, sin interrupciones prolongadas, el asiento del poder ejecutivo, tenía un aparato de telegrafía eléctrica, cuyos hilos subterráneos se enlazaban al sistema telegráfico que une entre sí todas las administraciones del gobierno en la capital y en los departamentos. El jardín de las Tullerías, que se extiende delante de la fachada oriental del palacio, es la obra maestra de Lenôtre, el cual lo diseñó durante la minoría de Luis XIV. Su superficie, que ocupa un cuadrado de 35 hectáreas de longitud próximamente, presenta magníficas y sombrías calles y plazoletas, plantadas de sicomoros, naranjos, castaños y otros árboles dos veces seculares, adornadas de caprichosas fuentes y surtidores y de bellísimas estatuas, debidas al cincel de los mejores artistas franceses, distinguiéndose entre estas últimas: el Fidias y Prometeo, de Pradier; Cincinato y Espartaco, de Foyatier; Pericles, de Debay; Temístocles y A lejandro combatiendo, de Lemaire; Hércules derribando la hidra de Lerna, Faetonte, trasformado en árbol, y la metamorfosis de Atlas, de Marsy; el Rapto de Cibeles por Saturno, de Regnaudin; Lucrecia y Colatino, de Lepantre, Aníbal, el Invierno y el Otoño, de Soltz; una vestal y un Baco, de Legros; el Tiber, el Rhin y el Mosela, de Van Cleve; el Nilo, de Bourdic; Flora y Céfiro, una Amadriada, el Fauno gaitero, el Ródano y el Saona, de Coysevaux; Teseo, vencedor de Minotauro, y una Venus en cuclillas, de Keller. Finalmente, la rica verja del jardin que se extiende á lo largo de la calle del Rívoli, y el muro, recientemente rehecho y provisto de una balaustrada, están adornados de aceras de asfalto y perfectamente alumbrados de gas. Cúmplenos advertir que una parte del frontis de las Tullerías, por la parte de Oeste, fué quemada durante la Commune. Para que nuestros ilustrados lectores puedan concebir una idea semejante á la realidad, diremos que los palacios de las Tullerías y del Luvre pueden alojar hasta 10.000 personas, cuyo dato no debe sorprender cuando añadamos que, en los diversos patios de aquellos extensos edificios, cuyo perímetro comprende algo más de un kilómetro, pueden caber holgadamente siete palacios como el magnífico de Madrid.

III. Palacio Real (Palais-Royal).— En el solar que actualmente ocupa este regio edificio, existía, en el siglo XV, una casa situada fuera de los fosos del antiguo París. Los dos hôteles que sustituyeron luego á aquélla, fueron comprados en 1624, por el cardenal Richelieu, quien hizo levantar en el mismo terreno una morada espléndida, empezada por el arquitecto Lemercier en 1629, y concluida siete años despues. á. la cual dió el nom. bre de Palacio Cardenal (Palais Cardinal). Esta inscripción se conservó sobre la puerta principal hasta 1642, época de la muerte de Richelieu, en que Luis XIII, á quien el prelado ministro había legado este palacio, la sustituyó por la de Palacio Real. El famoso cardenal le había adornado con extraordinaria magnificencia, nada faltaba en él de cuanto pudiera lisonjear sus gustos, contándose, entre otras infinitas piezas, retretes, capillas, salas de baile, galerías y dos teatros. Nombrada Ana de Austria regente del reino, abandonó el Luvre y se fué con sus hijos á habitar este palacio el 7 de Octubre de 1643. Luis XIV lo cedió en 1672 á su hermano Felipe de Orleáns. Entre los

sucesores de este príncipe, el que más modificaciones introdujo en dicho palacio fué Felipe Igualdad, el cual mandó construir los inmensos edificios que rodean el jardín, convirtiéndole en el bazar más espléndido del mundo. Desde 1801 hasta 1807, ocupó el tribunado este edificio, el cual permaneció inhabitado hasta 1814, pasando de nuevo, al siguiente año, á ser propiedad de su antiguo dueño el duque de Orleáns, proclamado en 1830 rey de los franceses, cuyo título conservó hasta el 24 de Febrero de 1848. Antes de la proclamación de la república, sirvió de residencia al rey Jerónimo y á su hijo el príncipe Napoleón. La entrada principal de este palacio está en la plaza de su nombre, que atraviesa la calle de San Honorato; consiste en un patio, que presenta: en el centro, tres puertas en arco dórico, y á derecha é izquierda, dos alas de edificio, que avanzan hasta la expresada calle, donde terminan en dos pabellones adornados de columnas dóricas y jónicas, y coronados de frontones triangulares blasonados. Estos dos pabellones se hallan unidos por un muro, en forma de azotea, presentando en el centro las tres aberturas anteriormente mencionadas y tres arcos con rejas en cada uno de los dos lados. El frente del gran edificio que se levanta en el interior de este primer patio, presenta el mismo orden: tres puertas paralelas abren paso al segundo patio; sobre el pabellón se ve un arimez, coronado por un frontis circular, y en el centro, un cuadrante. La fachada del segundo patio, que mira al jardín, es mucho más extensa que la del primero, que da á la calle de San Honorato, y contiene dos arimeces adornados de ocho columnas, que sostienen otras tantas estatuas. Ciento ochenta arcos de bóveda, sobre los cuales se elevan dos pisos, decorados de pilastras estriadas, que coronan una balaustrada, encierran el jardín de este palacio, en un cuadrilongo que ofrece en cada arco, en cada ventana de los pisos, una tienda, un restaurant ó un café. El interior del Palacio Real es poco notable, si se exceptúan la magnífica escalera, construida por Deforgues; la galería de los Festejos, que se prolonga desde el Teatro Francés hasta la calle de San Honorato, y el gran salón, situado en el primer piso de la fachada que da al segundo patio, y en el que Luis Felipe recibió á la comisión de la Cámara de los diputados, que fué á ofrecerle la corona el 1.° de Agosto de 1830. El Palacio Real, después del gran bazar de Constantinopla, es el más extenso y suntuoso que existe en la tierra. Allí están, entre centenares de magníficos establecimientos y acaudaladas joyerías, los grandes restaurants de PARÍS, tales como el de los hermanos Provenzales, Vefour y otros muchos. Por último, el Palacio Real, más que un palacio, es una ciudad elegantísima y brillante. Réstanos advertir que es lugar de asilo para los perseguidos por razón de deudas.

IV. Palacio de Justicia (palais-de- Justice).—Sobre el terreno que ocupa este palacio se levantaba otro bajo la dominación romana, el cual era habitado, alternativamente, con el de las Termas, por los soberanos de la monarquía francesa. Roberto el Piadoso le engrandeció después; San Luis le reedificó en gran parte y Francisco I fué el último de los monarcas que habitó este palacio, llamado de la Ciudad; el cual, á partir del reinado de Enrique II (siglo XVI), sólo fué ocupado por el Parlamento, denominado antiguamente Tribunal Supremo de Francia. Este edificio, considerado en su conjunto, presenta dos partes diferentes, en las que se distingue la arquitectura de los siglos en que fueron construidas. Sobre el muelle ó malecón, denominado del Reloj, se elevan separadamente tres robustas torres, de forma redonda y cónica en su remate, batidas en su base por las aguas del Sena. La torre cuadrada que descuella en el ángulo del palacio, sobre la plaza del Muelle de las Flores (Quai aux Fleurs), parece datar de 1379; la linterna que lo corona, contenía una campana que sólo tocaba en casos extraordinarios, en el nacimiento ó muerte de los reyes ó de sus hijos primogénitos. La antigua sala de recepción de San Luis, destruida en 1168 por un incendio y reedificada en 1622 por Desbrosses, es la denominada actualmente de los Pasos perdidos (Pus-perdus), una de las más extensas de Francia; mide 74 metros de largo por 28 de ancho, y se halla dividida en su interior en nueve naves iguales por una hilera de columnas y de arcos, que contribuyen á sostener las dos bóvedas de piedra de talla que la cubren. El orden dórico, empleado en esta sala, le da mayor solidez y cierta majestad. El interior se encuentra alumbrado por ventanas con cristales, abiertas en los extremos de cada nave, y por tragaluces practicados en los flancos de las dos bóvedas. Esta sala contiene un magnífico monumento, elevado en 1822 á la memoria de Malesherbes, uno de los ministros y defensores más enérgicos del infortunado Luis XVI. La fachada principal de este palacio presenta tres grandes puertas, de las cuales, la del medio es notable por la riqueza de sus dorados. Del centro de la fachada, cuyo arimez aparece decorado de cuatro columnas dóricas, avanza una escalera de 5-40 metros de altura, con 20 de ancho en el primer tramo, la cual da acceso á una galería, á la que se entra por tres pórticos. A los lados de esta escalera se ven dos arcadas idénticas y espaciosas, que conducen: la una, al juzgado de policía; y la otra, á la tan célebre prisión de la Conserjería. Por encima del cornisamento de este edificio corre una balaustrada, y sobre cuatro de sus pedestales se levantan otras tantas estatuas alegóricas, que representan la Fortaleza, la Abundancia, la Justicia y la Prudencia.

V. Palacio Borbón (palais-Bourbon). — Está situado en la margen izquierda del Sena, sobre unos terrenos que, en el siglo xII, pertenecían á los abades de San German de los Prados. Por iniciativa de la duquesa viuda de Borbón, se levantó este palacio, en 1722, según los planos de Girardini, primero, y de Mansard, después. Su magnífico frontón se extiende paralelamente al puente de la Concordia, y en línea recta respecto al frontis de la Magdalena, cuya perspectiva se halla cortada por el obelisco de Louqsor y sus dos fuentes monumentales. Esta fachada, de 34 metros de latitud, se compone de 12 columnas corintias, de 10 metros próximamente de elevación, sobre las cuales descansa un bajorrelieve esculpido por Cortat. La longitud total del frontispicio mide 25 metros; su altura, hasta el vértice, 5/50. En el centro se destaca la figura de Francia, de 5 metros de proporción, reposando sobre un pedestal y teniendo de la mano la Cons titución; á los costados, se encuentran la Fortaleza y la Justicia; á su izquierda, se ve un grupo de figuras que simbolizan la Navegación, la Marina, el Ejército, la Industria y la Paz; á su derecha, el Comercio, la Agricultura, la Elocuencia, las Artes, el Sena y el Marne. Abajo, en las gradas de la escalera, se elevan las estatuas colosales de la Justicia y de la Prudencia; y próximas al muelle ó malecón, las de Sully, Colbert, L’Hôpital y Aguesseau. La entrada principal de este palacio se halla en la calle de la Universidad, la cual forma en este punto una plaza, adornada con la estatua de la Ley. El patio de entrada es vasto y grandioso: en las alas de cada lado están establecidas las oficinas del cuerpo legislativo, ó las habitaciones de los cuestores y de los empleados. El peristilo aparece decorado con cuatro columnas de orden corintio, y la sala de espera ofrece las cuatro estatuas de Mirabeau, Casimiro Périer, Bailly y del general Foy, con dos bajorrelieves de Triquetti. A la derecha de esta sala se encuentra la de distribución de los impresos, y á la izquierda, el salón adornado de pinturas al fresco, que representan las figuras mitológicas del Rhin, del Ródano, del Isere, del Sena, del Garona, del Loar y del Mediterráneo. La sala del cuerpo legislativo es semicircular y está adornada de 20 columnas de mármol blanco de orden jónico. El sitial del presidente ocupa el centro del eje del semicírculo, desde donde se elevan en forma de anfiteatro, hasta la base sobre que descansan las columnas, los 264 escaños de los representantes de la nación. El todo se halla decorado de cortinajes y doraduras. Entre las columnas se ven las dos estatuas del Orden público y de la Libertad, por Pradier, y de otras alegorías, como la Fortalcza, la Justicia, la Verdad y la Elocuencia,

por Altier, Foyatier, Dumont y Desprez. Un bajorrelieve, de Pomand, representa á Francia distribuyendo coronas. Una doble y espaciosa galería, ornada de medallones, que puede contener hasta 700 personas, corre alrededor del semicirculo, aparte las tribunas reservadas para el cuerpo diplomático y el Consejo de Estado. El techo aparece cubierto de arabescos. La sala de conferencias se encuentra adornada de una magnífica estatua de Enrique IV, de algunas banderas tomadas á los austriacos en las guerras del Imperio y de dos hermosos cuadros que representan el sitio de Calés, por Ary Scheffer, y la resistencia del presidente Molé contra los comuneros ó partidarios de la liga en Francia, por Vincent. El palacio Borbón fué ocupado en 1777 por el príncipe de Condé, quien le agrandó con nuevas construcciones, terminadas en 1789; pasando á ser, en 1790, propiedad de la nación. Un decreto del año III decidió que el Consejo de los Quinientos celebrara en él sus reuniones, quedando como asiento de los principales cuerpos políticos del Estado hasta el 18 Brumario. Napoleón I estableció en este palacio el cuerpo legislativo, y á partir del año de 1815, ha venido ocupándole constantemente la Cámara de los diputados, á excepción de los últimos tiempos, en que dicha Cámara se instaló en Versalles. En su recinto se han oído en ocasiones solemnes los acentos elocuentísimos de Foy, Benjamín Constant, Manuel, Martignac, Royer-Collard, Thiers, Odilon Barrot, de Montalembert, Casimiro Périer, Guizot, Bernyer, Lamartine, Victor Hugo, Ledru-Rollín y otros muchos oradores ilustres, gloria de la tribuna francesa.

VI. Palacio de la Legión de Honor (palais de la Légion d'Honneur).—Este antiguo hôtel de Salm pasa hoy por el más sencillo y elegante de los palacios destinados á los servicios públicos. Fué construido en 1786 por Rousseau, y habitado, bajo el Directorio, por madame Staël. En el lado del Sena se levanta un pabellón cireular, y en el extremo opuesto se ve un patio circuido de un pórtico jónico de gallardo estilo. Adquirido por el Estado, Napoleón I estableció en él al gran maestre de la orden y las oficinas de la Chancillería, mandando grabar en el frontispicio el siguiente lema: Honor y patria (Honneur el patrie).

VII. Palacio del muelle de Orsay (palais du quai d’Orsay).—Las obras de este magnífico edificio empezaron en 1810, bajo el Imperio, y terminaron en 1835 bajo Luis Felipe. En él se hallan actualmente establecidos el Consejo de Estado y el Tribunal de Cuentas. La fachada principal, situada sobre el muelle, tiene su entrada por la calle de Lille; presenta en cada uno de sus pisos 19 ventanas arqueadas, y está formada de dos órdenes, toscano y jónico, sobrepuestos, que sostienen un ático con pilastras corin tias. Las dos fachadas laterales tienen igualmente una sola entrada, como la anterior. Señalaremos además: el patio principal, rodeado de una doble serie de arcadas; la sala de los Pasos perdidos, del piso bajo, coronada de una galería que forma el vestíbulo del primer piso, la cual sostienen cuatro columnas dóricas estriadas y con molduras; la escalera principal, situada en el ala izquierda y ornada de pinturas; la sala de las audiencias públicas de la sección de lo contencioso; la de las juntas generales del Consejo de Estado, espléndidamente decorada de cuadros y dorados, y finalmente, el magnífico salón que ocupa el Tribunal de Cuentas, enriquecido de pinturas de Augusto Geudron.

VIII. Palacio del Instituto (palais de l’Institut).—Fué edificado en 1661, sobre el terreno que ocupaba el antiguo hôtel de Nesles, con las sumas que dejara el cardenal Mazarino. La fachada que da al muelle, presenta en el centro un pabellón, bajo la forma de media naranja, con un peristilo de columnas, por el que se entra á la sala de sesiones públicas de las academias, de figura circular, alumbrada por la bóveda, con dos anfiteatros y varias tribunas. Las banquetas de los miembros ocupan el hemiciclo del Norte, decorado con las estatuas de Fénelon, Bossuet, Sully y Pascal. Los dos pabellones de las extremidades contienen los alojamientos de los secretarios perpetuos de las cinco academias. El gran salón de juntas ordinarias se halla situado á lo largo de la calle de Muzarino y se encuentra adornado de pinturas que representan á los principales sabios de Francia y del extranjero. Este monumento sirvió en un principio de cárcel, bajo la Revolución, instalándose luego en él el comité de Salud pública. El Instituto, creación del primer cónsul Bonaparte, vino celebrando sus sesiones en el Luvre hasta el 3 Brumario, año V, época en que el Gobierno cedió á aquel docto cuerpo el hôtel Mazarino, llamado por el público colegio de las Cuatro Naciones, el cual tomó entonces el título de palacio del Instituto.

IX. Palacio de las Bellas Artes (palais-des-Beauar-Arts). —Se halla construido en el solar que ocupaba el convento de los agustinos. En este local se instaló, en tiempo de la Revolución, el museo de los Monumentos, formado bajo la dirección de Alejandro Leouir, quien reunió en él los túmulos, estatuas y bajorrelieves que habían sido sacados de las iglesias, palacios ó edificios particulares. Este museo, engrandecido durante el Imperio, subsistió hasta 1816; época en que la Restauración restituyó á las iglesias los monumentos que se les había distraído, y reemplazó el museo por una escuela especial y real denominada de Bellas Artes. Las obras del nuevo palacio dieron principio en 1820 y terminaron bajo Luis Felipe. La entrada principal presenta una verja, que precede y forma el primer patio, en el cual se destaca una columna de mármol de orden corintio, sobre la que se eleva la figura de un ángel, fundida en bronce, restos de la tumba demolida del cardenal Mazarino. Detrás de la expresada columna se ven: un trozo del frontón del castillo, edificado en 1500, en Gaillon, por Ducercean; y á derecha é izquierda, varios fragmentos de antiguos edificios, entre otros, la portada del palacio de Anet, obra maestra de Filiberto Delorme y de Juan Goujon, construido en 1548, bajo Enrique II, para Diana de Poitiers. El segundo patio ofrece la gran fachada del edificio, de 80 metros de longitud y 20 de altura. Los pisos inferior y superior corresponden, respectivamente, á los dos órdenes toscano y jónico; elevándose sobre este último un ático que revela el gusto del Renacimiento. El grandioso vestíbulo, formado de arcos de bóveda y columnas de mármol, contiene una doble escalera que conduce, por derecha é izquierda, al piso principal, compuesto de magníficas salas, decoradas con pinturas de los grandes maestros y los premios de sus discípulos; distinguiéndose en la parte exterior de la puerta de entrada los bustos de los dos artistas anteriormente mencionados. En la sala de las distribuciones se admira el famoso fresco de Pablo Delaroche, cuya composición encierra ocho grupos, que representan las principales escuelas de pintura: la romana, la florentina, la alemana, la holandesa, la flamenca, la española y la francesa. Esta última ocupa el centro. En las salas del primer piso tienen lugar las exposiciones anuales, ya de las obras de arte, remitidas por los discípulos de Roma, pensionados por el Gobierno francés durante tres años; ya de los cuadros de premios anuales, decretados por la Escuela de Bellas Artes. Las galerías del Norte están dedicadas á la pintura, y las del Mediodia, á la escultura. El segundo piso contiene todos los cuadros y todas las obras que han obtenido los primeros premios de la Academia de las Bellas Artes del Instituto. La escalera principal de este palacio aparece incrustada de mármol, y el resto del edificio enbierto de adornos. En la galería de arquitectura se ven las obras de Egipto, de la India, de Grecia y de Italia, además de otros fragmentos de la arquitectura clásica; y en la capilla de Médicis, una copia del Juicio final de Miguel Angel, por Sigalón, entre otras varias preciosidades.

X. Palacio de la Industria (palais de ’Industrie).—Este vasto edificio, levantado en los Campos Elíseos para las exposiciones industriales, está considerado como un verdadero prodigio de la arquitectura moderna. Forma un extenso cuadrilátero de 250 metros de longitud por 110 de ancho. En cada uno de sus ángulos se eleva un pabellón, casi desnudo de ador

nos, pues no parece sino que las riquezas de la ornamentación y de la escultura se reservaron exclusivamente para la entrada principal, situada al Norte. La puerta, de 15 metros de ancho y 20 de altura, afecta la figura de un arco de triunfo; está decorada de dos Famas, por M. Diebolt, y termina en un grupo de M. Robert, que representa á la Patria coronando la Industria y las Artes. Sobre la fachada aparecen inscritos los nombres de los hombres célebres en las artes, ciencias é industria; y en dos escudos, las denominaciones de las principales poblaciones industriales. La gran bóveda que ocupa el centro, en el interior, mide 190 metros de largo por 48 de ancho, y es notable por su aérea y atrevida construcción: las colaterales, de 24 metros de anchura, forman una planta baja y dos pisos, á los cuales se llega por dos escaleras monumentales. Sus extremos, al Este y al Oeste, están decorados de vidrieras de M. Maréchal. En este gigantesco edificio, cuyas obras costaron más de 17.000.000 de francos, tienen lugar las exposiciones anuales y los conciertos monstruos, por decirlo así.

XI. Palacio del Eliseo (palais de l’Elysée). El patio de entrada de este edificio es muy vasto y presenta: á un lado, las caballerizas; y al otro, la repostería. La fachada está decorada con magnificencia: las paredes de las habitaciones se ven adornadas de pinturas de Dubois y de Vernet. El salón de recepciones debe conservar todavía una mesa redonda en la que escribía el emperador Napoleón, y dos hermosos jarrones de pórfido. Posteriormente, el palacio que nos ocupa, ha sufrido una completa transformación, duplicando su extensión y añadiéndole dos nuevas fachadas: una, que da frente á la avenida de Marigny, y otra, á la calle del Elíseo. Actualmente forma, con su jardín, un vasto paralelógramo, largo, aislado de los cuatro extremos: se compone del antiguo cuerpo de edificio, que ha venido á constituir la parte central, conservando sus dos fachadas: una, al jardin; y otra, al patio principal. Otros dos patios interiores, situados á derecha é izquierda del anterior, preceden á otros cuerpos de edificio, cuyo frente da á la avenida de Marigny, destinados para la servidumbre: los que tienen la fachada á la calle del Elíseo, contienen varios departamentos. Más allá de los patios mencionados, se desarrolla, en toda la longitud del edificio, una galería, compuesta de un solo piso y de un ático, que coronan una azotea con balaustrada de piedra. Esta galería, que encierra los tres patios del palacio, da vueltas á derecha é izquierda, sobre la avenida de Marigny y calle del Elíseo, en donde se divisan, más allá de esta parte de la fachada lateral de Oriente, dos alas de edificio, constituyendo pabellones. En el centro se distingue una puerta monumental, en forma de arco de triunfo, y en cada lado de las verjas de entrada, un grupo de columnas corintias, parecidas á las que adornan la puerta principal, sobre las cuales descansa un trofeo de armas y banderas. Otras dos puertas, macizas y menos elevadas, dan acceso á los patios interiores laterales. El jardín, limitado por los Campos Elíseos, es sumamente elegante y delicioso. Este palacio, llamado en otro tiempo Eliseo-Borbón, fué construido en 1718, según los dibujos de Molet, para el conde de Evreux, y comprado después por Luis XV para la marquesa de Pompadour. A la muerte de ésta, pasó á ser la residencia de los embajadores extraordinarios, y en 1775, de la propiedad del banquero Beaujon. En 1790, lo adquirió la duquesa de Borbón, de quien tomó el nombre de Eliseo-Borbón; y dos años después, fué considerado como propiedad nacional, estableciéndose en él, durante la época del Terror, la imprenta del Gobierno. En 1804, le ocupó el rey Murat hasta su advenimiento al trono de Nápoles; y Napoleón residió en él frecuentemente. En 1816, le cedió Luis XVIII al duque de Berry, y después de la revolución de Julio de 1830, vino siendo la residencia de los soberanos de Francia; pero sin ser habitado por ninguno de los miembros de la familia real, los cuales daban la preferencia á las Tullerías de Neully. El 20 de Diciembre de 1848, se instaló Luis Napoleón en este palacio, como presidente de la república; y de allí salió á caballo en la noche del 2 de Diciembre de 1851, para decidir el golpe de Estado que le llevó á la presidencia por diez años; y después, al imperio. Actualmente, es la residencia de los presidentes de la república.

XII. Palacio de la Bolsa (palais de la Bourse).—Después de la caida del sistema Law en 1720, toda negociación, realizada sin el concurso de intermediarios, autorizados por los poderes públicos, y fuera de un local sujeto á la vigilancia de la autoridad, fué declarada ilícita: de aquí el origen de la Bolsa de ParÍs y de la corporación de los agentes de cambio. Desde 1725 á 1790, las operaciones bursátiles se hacían en el antiguo hotel Mazarino; durante la revolución, en la iglesia de los Petits-Peres (de los Padres Menores); y bajo el Imperio y la Restauración, en el antiguo almacén de las decoraciones del teatro de la Opera. Empero deseando Napoleón legar á la posteridad un monumento digno de su reinado, resolvió levantar el actual edificio, dedicado á los comerciantes y banqueros de París. Su construcción, pues, dió principio en 1808 por el arquitecto Brongniart, y quedó terminada en 1826 por su discípulo Labarre. Este soberbio palacio, situado en una vastísima plaza cuadrangular, hacia la extremidad Norte de la calle de Vivienne, afecta la forma de un paralelógramo, de 71 metros de largo por 49 de ancho, y ocupa una extensión de 3.005 metros cuadrados de superficie. Su altura, desde el pavimento al vértice del remate, es de 30 metros próximamente. El edificio se encuentra rodeado de 66 columnas corintias, de un metro de diámetro y 14 de elevación, las cuales descansan sobre un basamento de 2760 metros. Este peristilo sostiene un cornisamento y un ático, que forman á su alrededor una galería cubierta, de 2778 metros de latitud en su obra, á la que se llega por dos graderías de 16 peldaños, que ocupan todo el ancho de las dos fachadas, oriental y occidental: cada una de aquéllas aparece adoruada de dos estatuas colosales, que representan la Justicia, la Fortuna, la Abundancia y la Prudencia. La gradería de Occidente, que es la principal, conduce á un magnífico vestíbulo, el cual comunica: á la derecha, con las salas particulares de los agentes de cambio y corredores de bolsa; á la izquierda, con las habitaciones del antiguo tribunal de Comercio, situadas en el primer piso. El gran salón de la Bolsa se encuentra en el piso bajo y centro del edificio: tiene 38 metros de longitud por 25 de latitud; se halla alumbrado por la bóveda y puede contener cómodamente hasta 2.000 personas. El pavimento es de mármol y está ornado de bajorrelieves que representan las operaciones mercantiles de la metrópoli. Los asuntos de las diversas pinturas que se admiran en el interior, son todos alegóricos, distinguiéndose entre ellas la del Norte, en que se ve á la Francia comercial admitiendo los tributos de la Europa y del Asia. Por último, este grandioso palacio, uno de los más atrevidos que se conocen, presenta la vista de un monumento griego, y hay quien le considera como una reproducción del templo de Júpiter Tonante, en Roma. Su construcción es toda de piedra, hierro y cobre, con exclusión absoluta de toda clase de madera. El costo de sus obras está evaluado en 8.150.000 francos (más de treinta millones de reales en números redondos).

XIII. Palacio de Luxemburgo (palais du Luxembourg).— Este palacio, presa de un incendio, no existe por desgracia; pero su historia está ligada de tal manera á la existencia de PARÍS, que no podemos resistir á la tentación de ilustrar nuestro libro con una preciosa reseña, la cual debemos á una feliz casualidad. La reseña está escrita cuando el monumento existía aún, por cuya razón habla de presente. Al describir á nuestros ilustrados lectores un monumento que ha pasado, estamos seguros de no perder el tiempo, porque el palacio del Luxemburgo ha pasado en un siglo; pero no ha pasado en la historia. «La construcción de este edificio, empezada en 1615, se llevó á término con una rapidez extraordinaria en el solar que ocupara el hôtel del duque de Piney Lurembourg, del cual tomó el nombre. Este palacio, levantado en 1615 por María de Médicis, regente de Francia, después del asesinato de Enrique IV, sobre el modelo del Pa

lacio Pitti, en Florencia, se distingue por la belleza de sus proporciones, su perfecta simetría y gran solidez. El principal cuerpo del edificio y las demás partes ofrecen tres órdenes: uno, toscano, en el piso bajo; otro, dórico, en el primer piso; y el tercero, jónico, en el segundo. Cuatro gruesos pabellones determinan los cuatro ángulos del edificio principal; amén de otros dos, levantados después de 1835, época en que M. Gisors agrandó el palacio por el lado del jardin, con la construcción de una nueva sala de sesiones para los pares. El patio tiene 120 metros de largo por 70 de ancho, y presenta: una entrada principal, que da á la calle de Tournon; en las extremidades, dos pabellones, y otro, en el medio, sobre la puerta, con una media naranja, adornada de estatuas; ofreciendo, en cada uno de sus lados, dos azoteas de igual forma, que sirven de comunicación entre las dos galerías de cuadros. El pabellón del Reloj, situado en el jardín, ostenta su parte superior ornada con seis figuras alegóricas: la Elocuencia, la Justicia, la Paciencia, la Guerra, el Ejército y la Fortaleza, y varios genios, coronados por el reloj y por una Fama, en bajorrelieve. La escalera principal, que se encuentra en el ala derecha del patio, contiene una hilera de magníficas columnas, entre las que se ven varias estatuas y trofeos. En el interior se distinguen: la sala de espera, la de conferencias, la del Consejo, la del Trono, la de sesiones y la biblioteca; todas ellas espléndidamente decoradas. La sala de sesiones forma una especie de hemiciclo, que puede contener hasta 300 miembros, cada uno con su silla curul, colocada delante del presidente. Detrás de éste, se distinguen, sobre la pared, los bustos de Turgot, Aguesseau, D’Hòpital, Colbert, Matthieu, Molé, Malesherbes y Portalis; y hacia las tribunas, los de los mariscales Massena, Lannes, Gouvion, Saint-Cyr y Mortier. Las paredes de la sala están esculpidas en madera de roble; las tribunas, primorosamente trabajadas y en perfecta armonía con el resto de la sala, al lado de la cual se encuentran la biblioteca del Senado y el salón del Trono; este último, decorado de ricas tapicerías, procedentes de la famosa fabrica de granas y tapices de PARÍS, denominada de los Gobelins. Algunos baucos ó sillas, colocadas delante y enfrente de las tribunas, están reservadas para los ministros y subdelegados del Gobierno. Sobre el patio de palacio y en el mismo centro, se ve la entrada de los departamentos que ocupa el gran refrendario del Senado, á las cuales se penetra por un vasto peristilo, á cuya derecha se hallan las habitaciones conservadas ó restauradas de María de Médicis, pintadas por Poussin, Rubens y Felipe de Champagne; distinguiéndose entre ellas, muy particularmente, el salón y el dormitorio de esta princesa. En los departamentos del ala oriental del referido patio ha sido colocada la galería de pinturas, establecida por María de Médicis, la que contaba en un principio 24 cuadros de Rubens, que representaban la historia alegórica de esta reina, y que posteriormente fueron á enriquecer la magnífica colección del Luvre. El palacio de Luxemburgo ha llevado sucesivamente distintas denominaciones; tales como las de palacio de Orleans; después del Luxembourg; en 1795, palacio del Directorio; en 1800, palacio del Consulado; desde 1804 á 1814, palacio del Senado conservador; desde 1814 hasta el 24 de Febrero de 1848, palacio de la Cámara de los pares, y en 1852, palacio del Senado; pero conservando siempre en el lenguaje usual y vulgar su antiguo nombre de palacio de Luxemburgo. La Revolución del 93 le convirtió en cárcel, en donde fueron encerrados Hébert, Dantón, Camilo Desmoulins, Bazire, Héraul de Séchelles, Chabot, Fabre d’Eglantine, el pintor David y Josefina Beauharnais, que debía ser luego emperatriz. Como tribunal supremo de justicia, los pares condenaron á muerte, en este mismo edificio, al mariscal Ney, el 21 de Noviembre de 1815. 23. Hôteles.— Los monumentos que se designan con este título, cuya esplendidez iguala á la de los palacios, son los siguientes: I. Cuartel de los Inválidos (hôtel des Invalides).—Este edificio, levantado en el siglo XVII, bajo la dirección del arquitecto Bruant, está destinado, como lo indica su nombre, á recibir á los militares heridos ó inutilizados, ó que llevan treinta años de servicios. Se llega á este hôtel por una magnífica explanada, plantada de árboles, desde las verjas del edificio hasta la orilla del Sena, la cual tiene 48 metros de largo por 260 de ancho. El patio exterior aparece circuído de un enverjado y de anchos fosos, provistos de un grueso muro, sobre el cual están colocados los cañones tomados al enemigo, que son los que se disparan en los festejos públicos y en la apertura del Parlamento. En el centro de la explanada hay una fuente con el busto del general Lafayette, y detrás del referido muro, un jardín cultivado por los veteranos del gran asilo. La fachada del hôtel mide 200 metros de longitud; es de una severidad imponente y se halla dividida en cuatro pisos, decorados con trofeos militares. En los ángulos de esta inmensa fachada, que no ofrece menos de 133 puertas y ventanas, se levantan dos pabellones, terminados por azoteas, y en el medio se ve la entrada principal, sobre la que se distingue, en relieve, la figura á caballo de Luis XIV, fundador glorioso del edificio. Esta puerta central da acceso á un gran patio de 130 metros de longitud por 64 de latitud, el cual se encuentra rodeado de edificios, cuyas cuatro fachadas presentan dos pisos de pórticos arqueados, con arimeces en los ángulos y en el centro de cada frente, ofre ¡ciendo cierto carácter de unidad y de sencillez verdaderamente majestuosas. En medio de la fachada meridional está la puerta de la iglesia, y sobre ésta la estatua, en pie, del emperador Napoleón, parecida á la que se eleva sobre la columna de la plaza Vendôme. Varios trofeos militares decoran el alto de cada uno de los arcos de bóveda; y un reloj, el centro de la referida fachada meridional. Cuatro espaciosas escaleras, situadas en los ángulos del patio, conducen al interior del edificio. El piso bajo contiene los refectorios y las cocinas, en las que se encuentran dos colosales marmitas ú ollas de cobre, que pueden contener hasta seiscientos hilogramos de carne (52 arrobas en números redondos). En el primero y segundo piso del ala derecha, se hallan establecidos ocho vastos dormitorios; en el pabellón central está la biblioteca, con más de 26.000 volúmenes; contigua á ésta, la sala del Consejo ó de los Mariscales, que encierra los retratos de los gobernadores del hotel y de los difuntos mariscales de Francia. El ala derecha ú oriental del frontis del edificio se halla ocupada por el gobernador; el ala izquierda ú occidental, por el comandante, el intendente y demás oficiales. En una de las piezas se ven colocados los planos en relieve de todas las fortalezas de Francia. En la extremidad meridional de la capilla de los Inválidos y separada hasta cierto punto del resto del edificio, fué erigida, en los copirrenzos? der sigioX III, segun' tos planos del arquitecto Mansard, una segunda iglesia, llena de magnificencia y digna de contener las cenizas de Napoleón I. Consta de una torre circular y de una media naranja, que reposa sobre una masa cuadrada de edificios, que forman el cuerpo de la iglesia. Esta última parte aparece dividida en dos pisos. El frontis que da al Mediodía, sirve de pórtico y de entrada principal, cuya puerta sólo se abre en la exaltación al trono de cada jefe supremo del Estado. Sobre la gradería exterior de la fachada se elevan sucesivamente dos órdenes de columnas, dórico y jónico, las cuales sostienen un frontón triangular, ornado con las armas de Francia. A los Ilesoudo de puerra-se-venruds-rrrenbscon las estatuas, en mármol, de san Luis y de Carlomagno; y en el ático, otras cuatro, que son: la Templanza, la Justicia, la Prudencia y la Fortaleza. Los grupos de las balaustradas representan los cuatro padres de la Iglesia griega y los cuatro de la Iglesia latina. La parte superior del cimborio se encuentra circuida de 40 columnas pareadas, de orden corintio; y la cúpula termina en una linterna dorada, en la que descansa una graciosísima aguja, que remata en una cruz, igualmente dorada, cuya extremidad superior se encuentra á 108 metros sobre el nivel del suelo. El aspecto interior, como el exterior de la media naranja, es de un efecto ad

mirable. Esta obra maestra de la arquitectura moderna ofrece dos cúpulas, atrevidamente dispuestas la una sobre la otra, y sostenidas por 8 arcos de bóveda, contribuyendo á su belleza varias columnas y pilastras de orden corintio y ó capillas que se agrupan á su alrededor, adornadas de notables pinturas de Jouvenet, Coypel, Lafosse y Boullogne; de curiosos bajorrelieves de Stolz y de excelentes esculturas de Corneille y Girardon. El pavimento es de mármol. La bóveda del santuario representa la Trinidad en su gloria y la A sunción de la Virgen; en los cruceros se ven los doce apóstoles, rodeados de grupos de ángeles; en los ángulos, los cuatro evangelistas. Debajo mismo de la media naranja, construyó Visconti una cripta, á la cual se llega por una escalera de mármol, colocada detrás del altar mayor. Una puerta de bronce abre paso á un vestíbulo, en donde se encuentran: á la derecha, la tumba de Bertrand; á la izquierda, la de Duroc. La cripta forma un círculo de II metros de radio. En medio de la media naranja se eleva el túmulo de Napoleón I, que puede verse sin descender á la cripta, el cual se halla rodeado de una galería cubierta, adornada de bajorrelieves de Simart. Doce figuras colosales, debidas al cincel de Pradier, miran el sarcófago, que es de granito rojo de Finlandia y está colocado en el centro de la cripta, á 3 metros de profundidad. El héroe del siglo, según sus adeptos, se halla encerrado en cinco cajas, dispuestas en esta forma: hierro blanco, madera de caoba, plomo, ébano y roble. Enfrente de la puerta de entrada, en una bóveda, cerrada por una verja, se ven la espada de Austerlitz, del emperador, sus condecoraciones, la corona que le regaló la ciudad de Cherburgo y 60 banderas tomadas al enemigo. Sobre las cariátides, colocadas en la puerta de bronce de la cripta, se leen las siguientes palabras, pronunciadas por Napoleón en la isla de Santa Elena: JE DÉSIRE QUE MES CENDRES REPOSENT SUR LES BORDS DE LA SEINE AU MILIEU DE CE PEUPLE FRANÇAIS, QUE J'AI TANT AIMÉ. «Deseo que mis cenizas reposen en las márgenes del Sena, en medio de ese pueblo francés que tanto he amado.» Los restos del emperador han debido trasladarse á San Dionisio, después de la restauración completa de aquel monasterio. Terminamos este bosquejo, llamando la atención de nuestros ilustrados lectores sobre varios puntos. No se conoce nada más gallardo y airoso que la cúpula de Mansard, corona inestimable de los Inválidos Cuando se abre la puerta, que da á la bóveda en donde una luz tenue alumbra la espada de Austerlitz, se experimenta cierto sentimiento de terror, imposible de definir, puesto que no sabemos si sentimos angustia ó delicia. Si el espanto tiene su poesía, lo que allí se siente es la poesía del espanto. El gran hôtel de los Inválidos constituye una de las más grandes glorias de PARIS. El pueblo que así se enaltece y que así se ama, no puede morir en la historia. Al mirar la cúpula de los Inválidos, hay un espíritu que palpita en nuestro corazón, de donde arranca los vocablos siguientes: «¡Salve, pueblo francés!» II. Casa Avuntamiento (hôtel-de Ville).—El hansa ó liga hanseática de PARÍS, que ha sido la cuna de la municipalidad actual, celebró sus primeras juntas en un local que se denominaba Casa de Comercio (Maison de Marchandise), situada en los alrededores de la plaza del Gran-Châtelet. El 7 de Julio de 1357, los burgueses de Paris compraron, mediante la suma de 2.880 libras parisis (nombre. que se daba antiguamente á la moneda acuñada en aquella capital, equivalente al franco), una casa, sita en la plaza de Grève, que Felipe Augusto había adquirido, en 1212, de Felipe Cluin, canónigo de Nuestra Señora. Este edificio, llamado entonces Casa de los pilares (Maison aux piliers) «domus ad piloria,» por la serie de pilares que la decoraban, y más tarde, Casa del Delfin (Maison au Dauphin), por haber sido dado á los dos últimos delfines del Vienés (Viennois), era de aspecto sencillo y modesto, no obstante haber sido habitado por soberanos; su arquitectura se diferenciaba de la de las casas vecinas sólo por dos torrecillas, y en sus habitaciones moraba ei preboste de' los mercaderes y celebraron sus juntas los regidores (les échevins) hasta el año 1532. Por esta época, Pedro de Viole, preboste á la sazón de los mercaderes, puso la primera piedra de este grandioso y gallardo edificio, que actualmente ocupa la municipalidad de PARIS. El plano de Viole fué modificado, durante el reinado de Enrique II, por el arquitecto italiano Boccardo, el cual empezó las obras en 1549, que fueron terminadas en 1606, bajo Enrique IV, por Androvet del Cerceau. En 1801, las dependencias del Municipio recibieron por primera vez un ensanche considerable, preludio de la completa metamorfosis que había de transformar y embellecer, bajo Luis Felipe I. Lonres ipar! baquitectos Godde y Lesueur fueron los encargados por el Ayuntamiento de aislar y engrandecer el local, insuficiente ya para las necesidades de la administración: se añadieron dos cuerpos de edificio á otros tantos pabellones de ángulo, en el frente que da á la plaza, y se levantaron dos fachadas laterales; y otra, al Oriente; cuyas nuevas construcciones, calcadas en las de Boccardo, quedaron completamente terminadas á fines de 1841. Este magnífico monumento presenta la forma de un paralelógramo regular, un poco más largo que ancho, contando 25 ventanas en cada una de las fachadas, que miran al Oriente y Occidente; y 19, en cada una de las que dan al Norte y Mediodía. Este paralelógramo se halla dividido interiormente por edificios transversales, en tres patios paralelos. Los cuatro ángulos del hôtel se encuentran flanqueados por otros tantos pabellones, compuestos de tres pisos; y en medio de los dos frentes principales y nnidos por cuerpos de edificios de dos pisos, se elevan otros dos pabellones intermedios, independientemente de la torre que domina la gran puerta de entrada. Esta espléndida construcción presenta cuatro fachadas, que miran: la del Oriente, á la plaza de Lobau; la del Mediodía, al muelle; la del Occidente, á la plaza del Ayuntamiento, y la del Norte, á la calle del Rívoli. La fachada del Occidente contiene 46 nichos, ocupados por las estatuas de las celebridades siguientes: en el pabellón meridional, Condorcet, Lafayette, Colbert, Catinat, Molière, Boileau, Lavoisier, De la Reynie y J. A. de la Reynie; en la parte central: Frochot, S. Bailly, Turgot, el abate l’Epée, Rollín, Mateo Molé, J. Aubry, Roberto Esteban, F. Miron, Budé, Lallier, De Viòle, Juvénal de los Ursinos, Sully, el obispo Landry, Aubriot, Boyleaux, Juan Goujon, Pedro Lescot, Gorlín, Filiberto Delorme, De la Vacquerie, san Vicente de Paúl, Lesueur, Lebrún, Mansard, Voyer, d’Argenson y Perronet; en el pabellón del Norte, A. J. Gros, Buffon, Aquiles de Harlay, Monge, Montyon, Voltaire, D’Alembert, Ambrosio Pareo y Papin. Sobre la puerta anteriormente citada, se ve la figura ecuestre de Enrique IV, fundida en bronce, según el modelo de M. Lemaire, representando á este rey cubierto de su armadura, con la cabeza desnuda y un ramo de oliva en la mano derecha. Los pedestales del ático de las fachadas del Sud, del Este y Norte, están adornados de estatuas alegóricas. En los pabellones de la fachada principal se distinguen desde luego las grandes puertas cimbradas, que abren paso á dos patios laterales interiores, y la gradería del medio, que conduce á un vestíbulo, inmediato al patio central. El conjunto arquitectónico de este patio ofrece uno de los modelos más gracioses del arte del Renacimiento. Su pavimento es de mármol; contiene las estatuas de Carlomagno y Luis XVI, y el magnífico vestíbulo, que se halla unido directamente á los grandes departamentos por una espaciosa escalera, tiene la forma de una herradura; está construido de piedra y estuco y se encuentra á continuación de la entrada principal, que se abre en el centro de la fachada del edificio. Distínguese igualmente la escalera, cubierta de una bóveda elegante, con molduras del tiempo de Enrique II, la cual conduce á los departamentos interiores, decorados con gran magnificencia. Entre las salas de recepción, situadas en el primer piso, sobre el muelle y la plaza, mencionaremos como notables: la del Trono, la

PARÍ del Emperador, la de las Cariútides, la de la Paz, y las dos de los Prebostes; los salones Amarillo y Azul, los de las Artes, y la extensa galería de los Festejos. Estas diversas habitaciones ocupan un espacio, cuya longitud mide más de un kilómetro. La galería que ocupa el pabellón central, ha visto aclamar á todos los Gobiernos que han venido sucediéndose en Francia, desde la fundación de este notabilísimo monumento. La sala de los Prebostes, en donde se hallan tantos tipos diversos de la formalidad antigua, inspira una expresión de solemnidad y de grandeza, que pudiera llamarse majestad histórica. Allí se aprende en un instante lo que en los libros no se aprende jamás: la ciencia del tiempo.

III. Casa de la Moneda (hôtel de la Monnaie).—Ocupa el solar del antiguo Hôtel-Conti, y fué empezada en 1771 y concluida en 1775. La fachada que da al muelle tiene 120 metros de longitud sobre 26 de elevación, y se compone de tres pisos, que presentan 27 puertas y ventanas cada uno. En el centro se proyectan 5 arcos de bóveda, con ó columnas de orden jónico, sobre las cuales descansan un cornisamento y un ático, adornados de festones y de estatuas. La fachada que mira á la calle Guénégaud, es más baja, menos elegante y mide 116 metros de largo. Dos pabellones cuadrados se elevan en las extremidades de la fachada principal, y un tercero en el centro, terminando en una media naranja cuadrangular. Sobre las puertas se ven á estatuas que representan los cuatro elementos. Los edificios interiores circunscriben 8 patios de diversas dimensiones. El mayor comunica con la calle antes citada, y se encuentra rodeado de una galería abierta, sobre cuyo frontis se destacan los bustos de Enrique II, de Luis XIII, Luis XIV y Luis XV. El peristilo del frontón, compuesto de á columnas dóricas, conduce á la sala de los volantes ó máquinas de acuñar monedas, cerca de la cual se encuentra la fundición. Siguen á aquélla, la sala de los cilindros, la del recocido de los metales, la del fiel de balanza, la del blanquimiento y las del monedaje. El arco del centro del frontón principal sirve de ingreso á un vestibulo, ornado de 24 columnas dóricas. A la derecha hay una escalera decorada con 60 columnas del mismo orden, que termina en un magnífico salón, cuyas columnas de estuco sirven de apoyo á una galería. Esta pieza contiene una inmensa colección de troqueles de las medallas de Francia y de otros países, clasificados por orden cronológico, independientemente de las medallas acuñadas para las diversas solemnidades públicas. La colección monetaria de Francia, empezada bajo Childeberto I, por 2 troqueles de 511 y 568, y terminada en nuestros días, es casi completa. Las piezas de oro de 10 luises, del tiempo de Luis VIII, son de un tamaño y de una belleza notables. Las series del reinado de Luis XIV ofrecen troqueles magníficos, é igualmente las de la época del Imperio. Entre las medallas hay algunas curiosísimas de Carlomagno, una magnífica del cardenal Richelieu y varias de Napoleón; constituyendo el todo un museo sin rival.

IV. Banco de Francia (hôtel de la Banque de France).—Perteneció en su origen al conde de Tolosa, y fué erigido por Mansard, en 1620, para el duque de la Vrillière, restaurado en 1719 por Roberto Cotte, y reparado y considerablemente engrandecido en 1854. Como monumento, no es grande el interés que ofrece: el patio principal aparece rodeado de edificios, destinados para las cajas y cambio de billetes de banco y de efectos públicos. La puerta que conduce al interior, se encuentra adornada de pilastras jónicas y de estatuas. El primer piso está ocupado por el director y los censores del Banco; los departamentos del ala derecha, por el gobernador; y en los de la izquierda, estuvieron establecidas primitivamente las oficinas de la Caja de Ahorros. En 1789 sirvió este edificio de residencia á la princesa de Lamballe, y en 1812 se instaló en él el Banco de Francia. Este establecimiento, cuya principal función es la de centralizar las especies metálicas para asegurar los servicios del Estado, posee algunas cuevas, que guardan el oro y la plata, construidas con extraordinaria solidez, y á las que se desciende por un foso provisto de una esculera de caracol, practicable para una sola persona á la vez, y cerrada por una puerta de hierro de varias llaves. En caso de alarma, esta escalera puede quedar cegada en un instante con arcilla, y las cuevas inundadas é infectadas de vapores deletéreos. Cuando se penetra en los aposentos interiores, destinados al servicio público, se nos figura que penetramos en un mar de gente. Para dar una simple idea de las operaciones y negocios que tiene á su cargo el Banco de Francia, basta decir que hay cuatro mil empleados, cuyo oficio no es otro que extender pólizas y papeletas de citación. Al salir de aquel inmenso laberinto, hay que exclamar: «esto no es un Banco, sino un infierno.» Cuando tuvo lugar la última exposición, el Banco de Francia tenía 4.000.000.000 en metálico, la mayor parte en oro. 24. Otros edificios públicos y particulares.— Aparte los monumentos mencionados, la populosa capital que nos ocupa cuenta, como asiento de casi todas las administraciones de Francia, una infinidad de edificios públicos levantados ó adquiridos por el Estado; y como residencia habitual de la antigua nobleza y de la aristocracia financiera, un considerable número de hôteles, dignos de mención. Los más notables entre los primeros son: el palacio suntuoso que ocupó, después de 1853, el Ministerio de Negocios extranjeros (Ministère des Affaires étrangères); el magnífico hôtel de la plaza de Vendôme, que data de 1719, y en el cual se halla instalado el Ministerio de Justicia y Cultos (Ministère de la Justice et Cultes); el antiguo hỗtel Molé, en donde, en 1852, se estableció el Ministerio de Agricultura, Comercio y Obras públicas (Ministère de l’Agriculture, du Comerce et des Trauvaux publics); el hôtel Rochechuart, en que se encuentra, desde 1846, el Ministerio de Instrucción pública (Ministère de l’Instruction publique); el hôtel destinado al Ministerio de la Gobernación (Ministère de l'Intérieur), compuesto de numerosos cuerpos de edificios; el del Ministerio de Hacienda (Ministère des Finances), situado en la calle del Rívoli; el del Ministerio de la Guerra (Ministère de la Guerre), que tiene sus oficinas en los inmensos edificios de la calle de Santo Domingo (Saint-Dominique); y el del Ministerio de Marina y Ultramar (Ministère de la Marine et Colonies), que ocupa el espléndido monumento que forma el ángulo de la calle Real y plaza de la Concordia, y que guarda perfecta simetría con el antiguo quarda-muebles. Estos dos edificios, levantados bajo el reinado de Luis XV, presentan sus bellísimas columnatas á la referida plaza de la Concordia, formando uno de sus lados; el del Sur. Entre los edificios antiguos, de arquitectura civil, figuran: el hotel de Cluny, construido sobre una parte del solar que ocupara el antiguo palacio de las Termas; el de Francisco I, verdadera joya de piedra; el de los Embajadores de Holanda (Ambassadeurs de Hollande); el que habitó Ninon de Lenclos; el de la embajada de Inglaterra (ambassade d’Anglaterre), y los de Carnavalet. Lamoignon, d’Albert, Gabriela de Estrées, Ormesson, Lambert y Marbœuf. Entre los hôteles de particulares, casi todos del siglo xvii, instalados en los arrabales de San Germán, San Honorato y otros, citaremos los de Lambert, Lauraguais, Valentinois, Praslin, Matignon, Montmorency, Montmorency-Luxembourg, Castries, d’Orsay, Beuzeval, de l'Archevêché, Juigné, Chevreuse, Belle-Isle, Perégaud, Rothschild, La fitte y Osmont. Entre los de construcción moderna llaman la atención la maison Dorée, el pequeño palacio de Pourtalès, el de León, el de la princesa Matilde, el de Thiers, el de Millaud y el magnífico hôtel del Luvre, cuya planta tiene 8.000 metros de superficie. Este establecimiento está considerado como el más espléndido del mundo; contiene 700 cuartos, capaces para 800 viajeros; un vastísimo comedor para 300 cubiertos; una gran sala de lectura; salas de música, de baño, de billar, de café, cambio de monedas y de billetes, aposentos de recepción, café y cocheras, con más de 40 carruajes. Los ingresos de este establecimiento ascendieron, en 1856, á 8.180.425 francos, sin comprender en esta cifra el alquiler ó subarriendo de los inmensos almacenes que lo rodean, que alcanza la suma de 300.000

francos. Por consiguiente, la entrada total del establecimiento no bajó de 30 á 35.000.000 de reales. Sin embargo, tratándose de hoy, el hôtel del Luvre dista mucho de figurar como el primero de PARIS. Como detalle verdaderamente curioso, debemos á nuestros ilustrados lectores el pormenor siguiente: en el hotel del Luvre hay habitaciones que cuestan, desde 5 francos hasta mil todos los días. El resto del interminable edificio, en que se halla el hôtel del Luvre, está ocupado por los famosos almacenes del mismo nombre. Este admirable establecimiento no es tan vasto como el Bonmarché (el Barato), que se encuentra al otro lado del río; pero es ciertamente el más fastuoso del mundo. Su circunferencia comprende muy cerca de un kilómetro; tiene á varias calles 113 puertas y escaparates con cristales magníficos; 14 cajas en el interior de la planta baja, las cuales apuntan y cobran lo que se despacha diariamente. Tiene además un gran periódico diario, que da gratis, para anunciar sus géneros; muchos y preciosos carruajes, con magníficos troncos, para el anuncio de sus novedades en cada estación; una compañía de bomberos, perfectamente uniformada, los cuales dan vueltas á todo el edificio durante la noche, para evitar cualquier incendio; una gran oficina para la confección de los dibujos de sus alfombras y de sus telas, sin contar más de 1.000 empleados. El fondo social de los almacenes del Luvre no baja de 200 á 250.000.000 de francos. El fundador de aquella compañía colosal fué un pobre muchacho de la Auvernia, el cual llegó á PaRís con los piés por el suelo. 25. Museos.—Las colecciones públicas de objetos artísticos y de curiosidades, que encierra la ciudad de PARIS, ofrecen innumerables riquezas; figurando al frente de aquéllas los museos siguientes: I. Museo del Luvre.—El origen de las colecciones reunidas en este palacio se remonta á la época de Francisco I, el cual mandó recoger y comprar por todas partes, particularmente, en Italia, una multitud de obras de arte, medallas, joyas, antigüedades, cuadros y estatuas; cuyos objetos preciosos fueron colocados primeramente en el palacio de Fontainebleau. Bajo el reinado de Luis XIV, Colbert hizo la adquisición del gabinete de Mazarino, enriquecido con los despojos del de Carlos I, rey de Inglaterra; y más tarde, Lebrún aumentó el número con nuevas obras maestras, procedentes de todos los países, de todas las escuelas y de todos los géneros, con las cuales se alhajó el palacio de Versalles. Un decreto de la Asamblea constituyente, de 26 de Mayo de 1791, ordenaba que el Luvre recibiese el depósito de los monumentos de las ciencias y de las artes; cuya orden no fué ejecutada sino en virtud de nuevo decreto de la Convención, fecha 27 de Julio de 1793. Con este motivo, reuniéronse en aquella galería de cuadros que los reyes habían comprado ó hecho ejecutar, y los que adornaban los conventos y palacios señoriales; y la colección, que llegó á contar hasta 537 lienzos, así nacionales como extranjeros, se hizo pública, el 8 Noviembre del mismo año, con los nombres de museo nacional, museo francés y más adelante, musco central de las artes. Las conquistas de la República y del primer Imperio, unidas a la colección Borghèse, comprada por Napoleón Bonaparte, aumentaron considerablemente este primer depósito que, en 1814, no contaba menos de 1.200 cuadros. La Restauración cedió á los aliados, en 1815, una parte de estas riquezas. Desde esta época, hasta la revolucion de 1848, la Venus de Milo constituía la única adquisición hecha por este museo; el cual, incluído luego en la asignación de la lista civil, fué poco á poco reparando sus pérdidas. Hoy se encuentra bajo la dirección del Ministerio de Estado y se divide en las 12 colecciones siguientes: Pintura.—Está situado en el piso principal del Luvre y se compone de más de 1.800 lienzos, clasificados por escuelas. La francesa reune unos 700, entre los que se admiran: 22 cuadros, que representan la famosa Historia de san Bruno, por Leuseur; 49, del Poussin; 26, de Le Brun, comprendidos en esta cifra los 5 grandes lienzos llamados Batallas de Alejandro; 16 paisajes de Clandio Lorain; la Pesca milagrosa, de Jouvenet; san Lucas peinando á la Virgen, y la santa Cecilia, de Mignard; Las Sabinas, Leónidas en las Termópilas y el retrato de Pío VII, por David; una escena del Diluvio y la Subleración del Cairo, por Girodet; Marco Sexto, por Guerin, y el Naufragio de la Medusa, por Géricault.— Las escuelas flamenca, holandesa y alemana están representadas por más de 600 cuadros, en cuyo número se encuentran: el retrato de Tomás Morus, por Holbein; la Mujer hidrópica, de Gerardo Dow; el retrato de Carlos I, por Van-Dyck; la Ráfega de aire, de Backuisen; la Virgen de los ángeles, de Rubens, y el Amolador, de Téniers.—Las distintas escuelas de Italia cuentan sobre 550 cuadros, de los cuales citamos, como más notables: la Sacra Familia, san Miquel aterrando al demonio, el Sueño de Jesús y la Bella jardinera, por Rafael; la Joconda, de Leonardo de Vinci; la Degollación de san Juan, por Guerchino; la Sagrada Familia, del Dominico; los Peregrinos, de Pablo Veronés; el Nacimiento de la Virgen, la Predicación de san Juan Bautista, la Magdalena y san Sebastian, de Anibal Carracci, y el Matrimonio místico de santa Catalina, por el Correggio Los honores de esta parte del Luvre pertenecen á la escuela española. Cuando se llega al fin de la regia sala de Apolo, se tuerce á derecha y se pasa á la sala de preferencia, en el fondo de cuyo ángulo Norte se levanta, ideal y sublime, la Inmaculada Concepción, de Murillo, rodeada de cuadros de Leonardo de Vinci, de Urbino y Poussin. Hacia la derecha de la Concepcion, en el mismo ángulo, tiene también Murillo una Sacra Familia, que nosotros llamamos la Virgen de la Caña, aludiendo con este nombre á que san Juan, que está en brazos de santa Isabel, ofrece á Jesús una caña, en cuyo extremo superior hay un pedacito de caña atravesado, como si figurase la cruz, emblema de la Redención. Pasada la sala de preferencia, se penetra en la galería, que debiera llamarse de Murillo y de Rubens, en donde el último pintor asombra á los curiosos con 34 enormes lienzos, los cuales representan la apoteosis de María de Médicis. A bentrr e esta espaciosa galería, se ve, hacia la derecha, un Descendimiento, de Ribera, que impresiona profundamente. Hacia el comedio de la pared contraria, se encuentran algunos preciosos retratos, de Velázquez; y más hacia el fondo de la galería, en la misma pared de la izquierda, el espectador se detiene para contemplar con delicia un muchacho, que se está espulgando, obra de Murillo, así como dos Asunciones y la pintura del Lavatorio, que nosotros llamamos del Refajo, aludiendo al refajo, verdaderamente inimitable, que Ileva una de las figuras de aquel cuadro, joya riquísima del Luvre. Entre los demás lienzos de la escuela española, merecen citarse dos cuadros de Ribera: la Adoración de los pastores y el retrato de un muchacho español, obra acabada y de una emoción singular. Vamos á terminar con varios pormenores interesantes. Cuando la escuela española se inauguró en 1837, ocupaba la parte oriental del primer piso. La colección que hizo en España el barón Taylor, por encargo de Luis Felipe, costó algo más de 4.000.000 de reales y se componía de unas 450 pinturas de varios autores. La Inmaculada Concepción, que hoy se admira en el Luvre, fué comprada en 1852, al venderse la galería del mariscal Soult, y costó 615.000 francos (ciento veinte mil duros en números redondos). Dibujos y pasteles. —Cuéntanse alrededor de 700 dibujos de las escuelas de Italia; 400, de la francesa; 200, de las flamenca, alemana y holandesa; varios trazos ó bosquejos, hechos á lápiz ó á pluma, de la mayor parte de los autores de los cuadros que posee el museo principal, y algunos dibujos de Miguel Angel y otros artistas. Los pasteles más notables pertenecen á Latour, Vivien y Chardin.

Grabados.—Contiene las obras de Edelinck, de los Andrán, de Baudet, de Tardieu, de Duchange, de Rousselet, de Picard el Romano y de Desnoyers.— Escultura antiqua. Esta colección está distribuida en las bellísimas salas del piso bajo del Luvre; particularmente, en la de las Cariátides, obra de Pedro Lescot, de Pablo Ponce y de Juan Goujon. Encuén

transe en ellas producciones de todas especies del arte antiguo, como candelabros, sillas, trípodes, cipos, urnas, sarcófagos, jarrones de mármol y de bronce. En el número de las obras de la estatuaria se distinguen: la Venus de Milo, la Diana cazadora, el Gladiador, la Venus de Arles, dos herma froditas, una Melpómene colosal, un centauro con el Amor á cuestas, una Polimnia, un Aquiles, un Pollux, un Apolo, una Minerva, un Baco, un Hércules, varias estatuas de emperadores romanos. —Escultura moderna. Admíranse obras de Miguel Angel, Juan de Bologne. Benvenuto Cellini, Juan Cousin y Juan Goujon; las Gracias, de Germano Pilón, y el grupo del Amor, por Cánova.

Il. Museo asirio.—Data de 1847 y encierra monumentos preciosos de la antigua civilización de Nínive y de Babilonia; se hallan expuestos en dos salas y se dividen en asuntos religiosos, descripciones civiles ó históricas, inscripciones, pequeños objetos de barro, de bronce, de piedra sardónica y de otras varias clases. Las paredes de la primera sala aparecen revestidas de marcos de fábrica, en los que hay colocados bajorrelieves, distinguiéndose, en la segunda, dos enormes toros, flanqueados de gigantescas estatuas.

III. Museo egipcio —Se halla situado en una galería del piso bajo y contiene grandes y macizas piezas de escultura, pertenecientes al culto y á los monumentos públicos; estatuas, bustos, sarcófagos, esfinges y leones. Hay otra colección de antigüedades egipcias, enriquecida por el gabinete de Clot-Bey, compuesta de pequeños objetos, relativos á las costumbres domésticas, tales como figuritas, amuletos, vasos, utensilios, armas, sortijas, pedazos de telas y cajas de momias. Los objetos de Cleopatra son curiosos.

IV. Museo del arte americano.—Se compone de fetiques, de utensilios y de distintos ornamentos sacados de los templos de Méjico y de los palacios del Perú.

V. Museo etrusco.—Se comprenden bajo este nombre varias producciones del arte itálico y bellísimos vasos etruscos de diferentes épocas, de verdadero valor histórico y artístico.

VI. Museo argelino.—Sólo contiene todavía un reducido número de antigüedades.

VIl. Museo naval.— Esta colección, ordenada en 1827 y abierta al público desde 1837, encierra una serie de pequeños modelos de embarcaciones francesas y extranjeras, pertenecientes á todas las épocas, desde el tronco del árbol cruzado hasta los navíos de tres puentes y buque de vapor; los planos en relieve y las vistas generales, en la escala de 1 !/, á 2 milímetros por metro, de los puertos militlares franceses; las armas é ingenios de toda clase, aplicados al cuerpo de la marina; los restos procedentes del naufragio de La Péyrouse; un considerable número de objetos importados de las islas del mar Sur, como flechas emponzoñadas, instrumentos de música, piraguas, adornos y vestidos.

VIII. Museo de los soberanos.—Se formó en 1852, por orden de Napoleón III, cuando todavía no era más que presidente de la república. Este museo contiene diversos objetos que han pertenecido á los soberanos franceses, tales como el sillón de Dagoberto; la pila bautismal de Luis IY; la capilla de la orden del Santo Espíritu, bajo Enrique II; distintas armaduras y panoplias; el redingote gris, el sombrero, el trono, la cama de campaña y los trajes de corte de Napoleón I; la cuna del rey de Roma, magníficas sillas de caballo y caparazones.

IX. Museo de Clunv n del valacio de las Termas.—Encierra más de 2.000 objetos; esculturas en mármol, madera, piedra, marfil, barro, bronces, cuadros, porcelanas, armas, obras de cerrajería y de bisutería y vestidos eclesiásticos. La mayor parte de estos objetos pertenecen á los siglos XIV, XV y XVI. Contiguo á este edificio se levanta el palacio de las Termas, el más antiguo de PARÍS, cuya construcción se atribuye á Constancio Chlore, durante su permanencia en la Galia, desde 292 á 306. Los restos de este vetusto monumento contienen un notable museo galo-romano, compuesto de una multitud de objetos, clasificados con mucho orden y por series cronológicas. Esta rica colección de antigüedades nacionales, si bien de escaso interés artístico, tiene una grande importancia arqueológica, puesto que representan los últimos vestigios del PARÍs de los romanos; esto es, del PARÍS gentil.

X. Museo de artillería. — Ocupa un antiguo convento de jacobinos y forma parte del depósito central de la artillería. Esta colección, considerada como la más rica en su género, data de 1794 y empezó por la reunión de las armas de toda clase que se habían encontrado en la Bastilla, en 1789, y de las que se sacaron luego de los antiguos arsenales de las provincias; particularmente, de Sedan. Las partes más notables de este museo, cuyo catálogo cuenta más de 5.000 números, son: la sala de las armaduras, pertenecientes en su mayoría á los siglos XV y XVI: las piezas aisladas de los equipos caballerescos, como cotas de malla, brazales, escarcelas, manoplas, golas y rodelas, y diferentes objetos procedentes de los árabes, de los indios y otros pueblos orientales: las armas ofensivas de mano, tales como hachas célticas, hachas franciscas (que usaban los antiguos francos), partesanas, mazas, flechas, picas, lanzas y alabardas: armas de fuego manuales, ordenadas cronológicamente, de tal modo, que pueden seguirse sus transformaciones desde el arcabuz de mecha hasta el fusil de percusión, notándose en muchos de ellos admirables incrustaciones; diferentes modelos de fusiles y carabinas de otras naciones, y una colección de pistolas, de cebos y frascos de pólvora: finalmente, las piezas de artillería comprenden las bombardas primitivas, las culebrinas, cañones de Gustavo Adolfo, modelos de toda clase de piezas y una infinidad de proyectiles, arcones, cureñas é instrumentos de fabricación.

XI. Museo de historia natural y jardin botánico. — Fué fundado en 1626 por Luis XIII é inaugurado en 1650. Cítase á Guy la Brosse como el primero de sus administradores; cargo que el célebre Buffon desempeñó tambien desde 1732 á 1786, época de su muerte. En 1792, ejerció Bernardino de Saint-Pierre el cargo de director del jardín botánico, el cual se enriqueció de preciosas colecciones en 1795, 96, 97, 1800, 1804 y durante las conquistas del Imperio. En 1815, fué respetado por la invasión extranjera este santuario de la ciencia, merced á la intervención del sabio Humboldt. Bajo la Restauración, Duvaucel, Dupetit-Thouars, Dumont-d’Urville y Diard dotaron el establecimiento de los productos naturales de las Américas y de las Indias orientales. En 1830, se votaron 2.400.000 francos para la construcción de nuevas galerías; y bajo el reinado de Luis Felipe, se levantó la admirable de anatomía comparada, fundada por Cuvier. En el interior de este magnífico edificio, se distinguen: el semillero, el vasto local que ocupa la biblioteca, las galerías de botánica, de zoología, de mineralogía y de geología; el estanque y las plantaciones acuáticas; los invernaderos cálidos y templados; el grande y el pequeño laberinto; el anfiteatro, la casa de G. Cuvier, el naranjal, la fuente, el anfiteatro de los monos, la pajarera, la gran rotonda de los elefantes y de los camellos; las pilas de los osos, las cajas de los reptiles, las chozas de las cabras y de los carneros; las colmenas de las abejas, el cedro del Líbano, los bosques de primavera, de estío, de otoño y de invierno; las plantas medicinales, indígenas y tropicales; el jardín de las semillas, los de aclimatación, la escuela botánica y la mencionada galería de anatomía comparada. El jardín botánico ocupa una superficie de 33 hectáreas y está dividido en tres partes distintas: el jardín bajo, que se extiende desde las márgenes del Sena hasta las galerías, consagrado al estudio y cultivo de los vegetales; el jardín alto, dedicado exclusivamente á paseo público, plantado de árboles, de una manera irregular, pero apropiada á los accidentes del terreno, y el valle suizo, próximo al jardín alto, distribuido según las diversas necesidades de los animales domésticos ó salvajes que lo habitan. En el piso superior se encuentra la galería botánica, que encierra más de 50.000 especies. El número de las plantas secas conservadas, excede de 350.000, y el de las maderas, frutas y granos, de 4.500 artículos. La colección de

los mamíferos cuenta sobre 15.000 individuos, perteneciente á 5.000 especies; la de los pájaros, 6.000, de los primeros, y 2.300, de las segundas. El número de los reptiles pasa de 1.800, comprendidos en 500 especies; el de los pescados se compone de 5.000 individuos y de 500 especies, conservadas con tanto esmero, que ha dejado subsistentes todas sus formas exteriores. En medio de estas maravillas se eleva majestuosa la estatua de Buffon, que tan admirablemente las ha descrito. La colección de los articulados sin vértebras contiene próximamente 25.000 especies, y la de los inarticulados, es igualmente numerosa; pero todas ellas se hallan clasificadas con tal arte que, desde la esponja hasta el elefante, que ocupan respectivamente los grados más bajo y elevado en la escala de los animales, pueden seguirse las diversas graduaciones de la naturaleza animal, para llegar al organismo del más complicado y perfecto de los seres: el hombre. 26. Arcos de triunfo.—Cítanse cuatro, verdaderamente notables, y llevan las denominaciones siguientes: I. Arco del Carrousel.—Fué erigido en el año de 1806, como recuerdo de la célebre campaña de Austerlitz. El monumento mide 1460 metros de elevación, por 19’50 de ancho, y contiene: 3 arcos, á columnas corintias de mármol de color en cada uno de sus dos frentes, un arco transversal, 12 bajorrelieves, 8 estatuas, y en sus cuatro lados, otras tantas inscripciones, que resumen, en el estilo de la época, los grandes hechos de 1805.

II. Arco de la Estrella.—La primera piedra de este grandioso é imponente monumento, destinado á perpetuar la memoria de las victorias alcanzadas por los ejércitos franceses que, en el espacio de cuatro meses, habían destruido las fuerzas del Austria y de la Rusia, se colocó el 15 de Agosto de 1806, día del natalicio de Napoleón. Contra costumbre, y por un olvido bastante singular en una obra de esta naturaleza, ninguna ceremonia precedió ni siguió á la inauguración de sus trabajos. Este arco de triunfo, el mayor que se conoce, tiene 49-48 metros de altura, 44-82 de latitud y 22 21 de espesor. El grande arco, que se levanta sobre el eje del camino de Neuilly, mide 29 42 metros de elevación por 14-62 de ancho; los pequeños arcos laterales, 18768 por 844. Los cimientos alcanzan 8 37 metros de profundidad debajo de tierra, 54-56 de longitud y 27-28 de latitud. Cada uno de los dos principales frentes que miran: uno á las Tullerías, y otro al puente de Neuilly, presenta en su parte inferior dos grupos de esculturas de grandes proporciones. Entre la imposta del arco mayor y el cornisamento, se ven dos bajorrelieves en cada uno de los dos frentes; y en los cuatro tímpanos de los dos arcos, cuatro Famas, debidas á Pradier. Sobre el friso se distingue, al rededor del monumento, un bajorrelieve, que representa la partida y regreso de las tropas francesas, ejecutado por Rude, Brun, Laitié, Jacquot, Caillouette y Seurre el mayor. Treinta escudos, colocados en torno del ático, contienen otros tantos nombres de batallas. Los tímpanos de los pequeños arcos, situados debajo de la gran bóveda, representan la artillería, por Debay, y la marina, por Seurre el joven. Varias incripciones, en honor de los hechos de armas del ejército francés, aparecen grabadas, por orden cronológico, en los trechos que la escultura dejó libres debajo de la bóveda del arco principal. La nomenclatura está dividida en cuatro partes: Norte, Este, Sur y Oeste, ofreciendo las denominaciones de las ciudades y de los países gloriosos para las armas francesas. Al lado de los cuadros y distribuídos en cuatro listas, de seis columnas cada una, grabadas en las paredes de los pequeños arcos, se leen 384 nombres: los que se ven seguidos de un asterisco y subrayados, son los de los oficiales muertos en las batallas La erección de este magnífico monumento costó 5.651.000 francos (22.000.000 de reales en cifra redonda).

III. Arco de San Dionisio. — Fué construído por la ciudad de PARÍS, en 1672, en honor de Luis XIV, quien, en dos meses, se había apoderado de 30 poblaciones y 3 provincias. El monumento tiene 24 metros de altura; el arco principal, 8 de ancho y 14 de alto; en cada lado hay dos puertas, de 2 metros de latitud por 3 de elevación, sobre las que descansan otras tantas pirámides en relieve, que terminan en dos globos adornados de coronas y flores de lis. Los frentes esculpidos de estas pirámides representan la Holanda y el Rhin, bajo la forma de trofeos militares, mientras que el bajorrelieve del lado opuesto figura la toma de Maestricht. En los cuatro timpanos se ven cuatro Famas; sobre el arco, un bajorrelieve que representa el paso del Rhin, en el que aparece Luis XIV á caballo atravesando el río, y grabada en el friso, la siguiente inscripción: Ludorico Magno (A Luis el Grande).

IV. Arco de San Martín. — Data de 1074 y mide 19 metros de ancno y 18 de elevación, con un ático de á metros de altura. Presenta tres arcos de bóveda, de los cuales, el principal, tiene 5 metros de alto y 5 de latitud. En los espacios comprendidos entre las impostas y el cornisamento, se distinguen unos bajorrelieves, que representan varias de las victorias alcanzadas por Luis XIV; la toma de Besancon, la de Limburgo, la triple alianza y la derrota de los alemanes. Luis XIV aparece bajo la figura de Hércules, con una enorme peluca y apoyado en una maza. Entre las columnas y el cornisamento se ven diversos atributos militares, y en el centro, el sol, emblema egipcio del gran rey. Sobre el ático, se lee una inscripción que recuerda algunas de las victorias del monarca. 27. Establecimientos científicos, artísticos y literarios.—PARÍS es la ciudad que posee mayor número de establecimientos consagrados á las ciencias, las letras y las artes, figurando en primera linea: el Instituto de Francia; el Conservatorio de música y declamación y el de artes y oficios; los Colegios de Francia, de Facultades, de Ciencias, de Literatura y de Zoología; las Escuelas Politécnica, Normal superior, de Derecho, de Estado Mayor, de Medicina y Cirugía, de Puentes y Calzadas, de Minas y de Bellas Artes; el Observatorio; el Jardin Botánico; los seminarios; los liceos; el Ateneo; los museos y las sociedades Asiática, Geológica, Geográfica, de Estadística, de Agricultura, de Industria, de Comercio y otras infinitas; cuyo conjunto abraza la enseñanza en todos los grados y en todas las esferas del saber humano. 28. Instrucción pública.—Al frente de los establecimientos generales de enseñanza superior se colocan las cinco Facultades de la Academia de PARÍS: la Facultad de Teología comprende el dogma, la moral, la historia y disciplina eclesiástica, las sagradas escrituras, el hebreo, la elocuencia sagrada y el derecho eclesiástico.—La Facultad de Ciencias, el cálculo diferencial é integral, la astronomía matemática, el álgebra superior, la zoología, la anatomía y la fisiología, la mecánica, la mecánica física y experimental, la mineralogía, el calculo de las probabilidades, la geometría superior, la geología, la botánica, la fisica y la química.—La Facultad de Letras, la filosofia, la historia de la filosofía, la literatura griega, la elocuencia y la poesía latinas, la elocuencia y la poesía francesas, la literatura extranjera, la gramática comparada, la historia antigua, la historia moderna y la geografía.— La Facultad y Escuela de Medicina, la anatomía descriptiva, la anatomía patológica, la fisiología, la física médica, la historia natural médica, la higiene, la patología médica, la patología quirúrgica, la patología terapéutica general, las operaciones y aparatos, la terapéutica en materia médica, la Medicina legal, partos y enfermedades de las mujeres y de los niños, la clínica médica, la clínica quirúrgica, la clínica de los partos, la clínica orgánica y mineral y la Farmacia. Una escuela de disección; otra de partos; otra práctica; otra de Farmacia y varias clínicas, completan la enseñanza médica.—La Facultad y Escuela de Derecho comprende: la introducción general ó preliminar del estudio del derecho, el derecho, el código Napoleón, la legislación criminal, el procedimiento civil, el código de comercio, el derecho administrativo, el derecho de gentes, el derecho criminal, la legislación penal comparada y la historia del derecho. 29. Enseñanza superior.—Entre los

establecimientos de la capital dedicados á la enseñanza superior, que tienen cierto carácter de independencia, citaremos: el Colegio de Francia: el origen de este monumento, erigido bajo Luis XIII, se remonta al año 1634, y se compone de varios cuerpos de edificios, restaurados en 1834. Los cursos que en él se siguen, son: astronomía, matemáticas, física, física experimental, química, medicina, historia natural de los cuerpos inorgánicos, embriología comparada, derecho natural y de gentes, economía política, legislación comparada, historia y moral, arqueología, elocuencia latina, filosofías griega y latina, poesía latina, lengua y literatura francesas de la Edad media, lenguas y literaturas extranjeras de la Europa moderna, lengua y literatura eslavas, hebreas, caldeas, siriacas, árabes, persas, turcas, chinas, tártaras, sanscritas y griegas. Este colegio posee numerosos aparatos de piscicultura y un aquarium, construido de cristal, destinado al estudio de los pescados y otros animales que viven en el mar. —Jardin botánico. Bajo el punto de vista de la enseñanza, este jardín ocupa un lugar importante, y comprende 15 cursos públicos sobre botánica, cultivo, zoología, anatomía comparada, anatomía é historia natural del hombre; filosofía comparada, geología, mineralogía y paleontología; fisica aplicada á los cuerpos orgánicos é inorgánicos, y la física aplicada á la historia natural. Cada curso cuenta con un laboratorio.— Observatorio. El cuerpo principal de este edificio, levantado desde 1667 á 1672, bajo la dirección de Ch. Pérrault, mira á los cuatro puntos cardinales: la fachada meridional, que extiende su basa sobre el 48* 50 4" y el O del meridiano de PARÍS, la divide en dos partes iguales. En 1834 se unieron á este edificio dos alas: una, al Este; y otra, al Oeste. La última, encierra un anfiteatro, que puede contener hasta 800 personas y una sala sobre cuyo pavimento se encuentra trazada la línea meridiana, dividida: á un lado, en metros, y al otro, en piés. Esta línea se halla á 20° 30' de longitud oriental de la isla de Hierro, por donde pasaba el antiguo meridiano francés, y á 2° 20 de longitud oriental del de Greenwich. La sala de la meridiana está adornada de bustos de mármol de los grandes astrónomos, geómetras y navegantes franceses. Sobre una azotea, situada al Mediodía, se elevan tres cúpulas cubiertas: la una, de planchas de hierro; las otras, de cobre. Un pabellón octagonal, que se eleva al Oriente, sirve de apoyo á una gran cúpula, parecida á las anteriores; pero cuyo techo es movible. Una pequeña sala oscura está destinada para los experimentos de la luz. Dos udómetros sirven para medir la cantidad de lluvia que desciende sobre PARÍS; una veleta, fija á un grande eje, marca la dirección de los vientos, por medio de una aguja movible, en un cuadrante colocado en la sala de la oficina de las longitudes. Tres gabinetes, construidos exclusivamente de madera y cobre, sirven para los experimentos magnéticos, y al Oriente hay un aparato para las observaciones sobre la chispa eléctrica. La sala de meteorología se encuentra perfectamente provista de termómetros y barómetros de todas clases. Dos grandes termómetros, clavados en el terraplén, sirven para indicar la temperatura del suelo á diversas profundidades. Una de las salas del piso bajo contiene tres enormes anteojos para observar los eclipses, y un telégrafo eléctrico, destinado á poner el observatorio de PARÍS en comunicación instantánea con los observatorios extranigenz.

Fa. otros gahinetes de observación se ven varios instrumentos meridianos, un círculo mural de Gambey, cuya dirección está protegida y conservada por construcciones de piedra y diferentes cronómetros y reguladores; todos estos instrumentos están provistos de microscopios, destinados á demostrar la más pequeña división de sus graduaciones. Por último, las cuevas profundas de este observatorio se comunican con la cima del edificio por medio de aberturas, que sirven para los experimentos sobre las leyes de la caida de los cuerpos.—Conservatorio de artes y oficios. Esta célebre institución data de 1794 y fué establecida, en 1798, en los edificios del monasterio de San Martin de Jos Camnos fundado en 1060, y cuyas partes subsistentes pertenecen á Monterreau, arquitecto de la Santa Capilla. Este establecimiento posee: una biblioteca, dos anfiteatros, la inmensa galería en donde, á los 50 años, se depositan todas las producciones nótables de las diversas ramas de la industria francesa; la sala que contiene los modelos de los aparatos empleados en la fabricación de pólvoras y en la herrería; la pieza destinada á los pesos y medidas de las diferentes comarcas del globo; la sala en donde se encuentran los telares empleados en la hilandería y el tejido; las máquinas, instrumentos y aparatos que se emplean en la fabricación de las monedas, la impresión del papel y fundición de los caracteres; la sala de los utensilios, máquinas y aparatos que se utilizan en la agricultura; la sala de las muestras de los productos químicos y agrícolas, de los cristales y porcelana; la sala del diorama, la de las lámparas y la de los modelos antiguos; el salón de los instrumentos de música, de la geodesia y de los espejos; las salas de astronomía, de carpintería, de geometría, de los caminos de hierro y de la mecánica. Bajo el punto de vista de la enseñanza, el Conservatorio cuenta varias cátedras: de geometría, mecánica aplicada á las artes, geometría descriptiva, mecánica industrial, física y demostración de las máquinas; química industrial, hilandería y tejido; tintorería, aderezo y estampación de las telas; zoología aplicada á la agricultura y á la industria; economía y legislación industriales y arte de las fortificaciones. Además, ha y una escuela gratuita en la que se enseña á los niños el dibujo y los primeros elementos de las ciencias. 30. Escuelas especiales.—A los establecimientos anteriormente descritos siguen las escuelas especiales de enseñanza superior, entre las que figuran: la Escuela Normal superior, cuyo origen se remonta á los años de 1792; está destinada á formar profesores en letras y ciencias, y tiene: laboratorios de química y de mineralogía, un magnífico gabinete de física y una biblioteca. La Escuela de las lenguas orientales vivas, de donde han salido los orientalistas más célebres de Francia, Alemania, Inglaterra y Rusia, y en la que se enseñan: el árabe literal, el árabe vulgar, el persa, el turco, el armenio, el griego moderno, el indostán, el chino moderno, el malayo y el javanés. Los cursos son públicos y gratuitos. La Escuela de puentes y calzadas, cuya fundación data del año de 1768: sus discípulos proceden de la Escuela politécnica; la enseñanza es teórica y práctica, y cuando salen del establecimiento, tienen el grado de ingenieros y van á formar parte del cuerpo de puentes y calzadas. La Escuela de minas, destinada á formar los ingenieros para el Estado y en la que existen: una rica biblioteca, laboratorios, una galería mineralógica; otra que contiene la colección estadística de los minerales útiles de Francia, clasificados por departamentos; un museo geológico de los países extranjeros, varias colecciones de los productos de las artes y de la industria y un museo paleontológico. Los cursos de geología, paleontología y mineralogía son públicos.

Finalmente, la Escuela central de artes y manufacturas, fundada por Dumas en 1829, y en la que se enseña todo lo que concierne á la industria de los caminos de hierro, á las máquinas y á la fabricación de los productos químicos. 31. Establecimientos de segunda y primera enseñanza.—En el número de los primeros están comprendidos: los liceos de San Luis, de Napoleon, de Carlomagno, de Bonaparte y el de San Luis el Grande, al cual está aneja una escuela de lenguas orientales; los colegios Rollin, Armenio y Estanislao; 121 instituciones para jóvenes y 127 para señoritas. La enseñanza primaria sostiene: numerosas salas de asilo comunales, libres escuelas laicas, congregantes y mutuas para jóvenes de ambos sexos; tres escuelas primarias superiores; el Colegio Chaptal, en donde se enseña inglés, alemán, dibujo, matemáticas, tecnología, química, historia y geografía; la antigua Escuela Turgot, en la que se aprende el dibujo de adorno, arquitectura, maquinaria, matemáticas, agrimensura, ni

velación, carpintería, física, química, historia natural, geografía, literatura francesa, historia, lenguas inglesa y alemana y teneduría de libros; varias escuelas protestantes, subvencionadas por la ciudad; escuelas de dibujo, de canto, normales, politécnicas é infinidad particulares para niños y niñas; calculándose en unos 850 el total de estos establecimientos. Resumiendo: la enseñanza primaria contaba, á mediados del presente siglo, sobre 90.000 discípulos de los dos sexos; la secundaria, más de 20.000; la superior ó profesional, unos 10.000, cuyas cifras redondas dan una población que excede de 120.000 discípulos, repartidos entre los diversos centros de educación que sostiene la capital, cuyo número se ha duplicado actualmente. Cuatro nuevos palacios.—A los establecimientos referidos deben agregarse cuatro magníficos palacios, destinados á ser colegios municipales en distintas circunscripciones de la ciudad. La villa de PARÍs decretó la erección de dichos monumentos, al propio tiempo que decretaba la última exposición universal y la construcción de la gran avenida de la Opera. Según informes de buen origen, á estas horas estarán concluidos los cuatro colegios monumentales. Terminemos este cuadro interesantísimo de la instrucción pública, haciendo constar que el Gobierno francés ha añadido al presupuesto de dicho ramo la cantidad de sesenta millones de francos, para creación de escuelas y provisión de menesteres de enseñanza, cuya conducta no será jamás alabada como merece. Cuando se trata de acciones meritorias, el espíritu que dicta estas líneas no conoce extranjeros. 32. Bibliotecas.—A los establecimientos consagrados al estudio siguen naturalmente las bibliotecas. PARÍS posee cerca de 40 grandes colecciones bibliográficas: unas, públicas, otras semipúblicas, y la mayor parte, dedicadas exclusivamente á las administraciones, de las cuales dependen. Entre las primeras citaremos: la hiblioteca Imperial, instituida en 1725; se le calculan sobre 1.400.000 volúmenes impresos, 300.000 piezas, 80.000 manuscritos y un considerable número de cartas, planos y grabados.—La biblioteca de Santa Genoveva, creada en 1624 y riquísima en obras de teología: contiene una vastísima sala de lectura, capaz para 420 personas; 150.000 impresos y 4.000 manuscritos.—La biblioteca del Arsenal, fundada en 1778, reune 220.000 impresos y 6.000 manuscritos.—La biblioteca Mazarino, con 120.000 de los primeros y 5.000 de los segundos.— La biblioteca de la Sorbona, con 80.000 volúmenes.—Las bibliotecas de la ciudad de PARÍS, con 65.000 impresos y 300 manuscritos; de la Escuela de Medicina, con 40.000 volúmenes; la del Jardín Botánico, con 35.000 y admirables dibujos de historia natural; de los Inválidos, con 30.000 impresos; del Conservatorio de música, con 8.000, y la del Conservatorio de artes y oficios, con 20.000.——Las bibliotecas semipúblicas son: la Polonesa, con 33.000 volúmenes; la del Instituto, con 60.000, y la del Comercio de PARÍS, con 30.000 é importantes documentos mercantiles.—Entre las bibliotecas administrativas, mencionaremos como más importantes: la del Cuerpo legislativo, que cuenta 60.000 volúmenes; la del Senado, 40.000; la del Tribunal de Casación, 40.000; la del Liceo de Luis el Grande, 30.000; la del Luvre, 30.000; la del Depósito de la Marina, 25.000; la del Ministerio del Interior, 22.000; de Negocios extranjeros, 20.000; de la Guerra, 20.000 y 8.000 manuscritos; de Instrucción nública, 12.000; de las Tullerías, 20.000; de la Escuela politecnica, 20.000; del Colegio de abogados, 12.000; del Consejo de Estado. 10.000; las demás colecciones administrativas son generalmente inferiores á las precedentes cifras. El total que las citadas bibliotecas arrojan en junto, se estima en 2.980.000 volúmenes impresos y más de 100.000 manuscritos, sin contar las cartas, planos, grabados, dibujos y medallas que encierran. 33. Archivos.—A continuación de las bibliotecas se colocan los archivos, los cuales poseen preciosísimos documentos sobre la historia de Francia. El conjunto de los títulos que conservan, se remonta al siglo viI y abraza un período de 1.200 años, formando un total de más de 140.000 cartones y registros. Este rico depósito está dividido en seis secciones: legislativa, administrativa, histórica, topográfica, patrimonial y judicial. Cada una de las administraciones tiene también su archivo particular, que contiene documentos de inestimable valor; particularmente, el del Ministerio de la Guerra, el de Negocios extranjeros y el de la prefectura de policía. Estos últimos son riquísimos en piezas y documentos curiosos, relativos á la Revolución francesa. 34. Beneficencia pública.—Considerada bajo el doble punto de vista de la utilidad y de la moralidad, la administración de la asistencia pública, que depende de la prefectura del Sena, es una de las más importantes de PARÍS. Fué fundada en 1789 y recibió una organización enteramente nueva á mediados del presente siglo: se encuentra bajo la autoridad del ministro del Interior ó de la Gobernación y del prefecto, y al frente de cada uno de los establecimientos de esta clase hay un director, auxiliado por un ecónomo. La ciudad contiene: 16 hospitales, en donde se atiende á los enfermos gratuitamente; uno particular, en el que se les asiste por un tanto diario; 12 hospicios y varios asilos ó instituciones para los indigentes. 35. Hospitales.— Los 17 anteriormente mencionados, se dividen: en 8, generales; 7, especiales, y I, particular, llamado Casa municipal de salud. HOSPITALES GENERALES.— Hospital de Dios (Hôtel-Dieu), fundado por san Landerico, obispo de PARÍS, en 660; fué durante diez siglos el único hospital de la metrópoli, y encierra sobre 868 lechos: 422, para hombres; 388, para mujeres; y 58, para niños. Hospital de Santa Eugenia (hopital de Sainte Eugénie), abierto, con el nombre de Santa Margarita, en el antiguo hospicio de huérfanos, ha sido recientemente destinado para niños enfermos y cuenta 89 camas. Hospital de la Piedad (hôpital de la Pitié). Data de 1612 y tiene una cátedra de clínica quirúrgica y 624 camas para individuos de ambos sexoS. Hospital de la Caridad (hopital de la Charité), establecido en 1613, con clínicas médica y quirúrgica y 500 camas. Hospital de San Antonio (hâpital de Saint Antoine), erigido en 1795, con 352 camas. Hospital Necher (hopital Necker): se remonta al año de 1778; ocupa un convento de benedictinos y contiene 403 lechos. Hospital Cochín (hôpital Cochin): fué fundado en 1779, por el cura de este nombre, y cuenta 125 camas. Hospital Beaujon (hôpital Beaujon): creado en 1785, con 440 camas: 234, para hombres, y 206, para mujeres. Hospital Lariboisière (hôpital Lariboisière): empezó en 1846; se compone de un edificio destinado para la administración y de seis pabellones, separados por anchos paseos y dispuestos con todas las comodidades que la ciencia indica, y reune 612 camas para enfermos de los dos sexos. HOSPITALES ESPECIALES. — Hospital de San Luis (hôpital Saint Louis): fundado en 1607, con 853 camas y destinado para el tratamiento de las afecciones de la piel. Hospital del Mediodia (hôpital du Midi): fué levantado en 1785 sobre el solar que ocupaba el antiguo convento de capuchinos; sostiene 336 camas y está consagrado á la curación de las enfermedades venéreas. Hospital de Lourcine (hopital de Lourcine): establecido en 1836, para el tratamiento de las mismas afecciones del anterior, con 300 camas para mujeres. Clinica de la Facultad de Medicina (clinique de la Faculté de Médicine): este hospital, fundado en 1876, contiene 134 camas y está dedicado exclusivamente al tratamiento de ciertas enfermedades importantes bajo el punto de vista médico. Hospital de niños enfermos (hôpital des enfants malades): data de 1752; ocupa la antigua casa de las hijas del Niño Jesús, tiene 626 camas y sólo admite niños desde 2 á 15 años de edad. Hospital de maternidad (hopital de la maternité): fué erigido en 1795 y en él no son admitidas las mujeres hasta los nueve meses de embarazo: cuenta 450 camas y una escuela pen

sionada de partos para comadronas (sages femmes). Hospital de San Mery, destinado á los enfermos del séptimo distrito, atacados de dolencias agudas; sostiene 14 camas: 7, para hombres, y 7, para mujeres. HOSPITAL PARTICULAR.—Casa municipal de salud (maison municipale de santé): fué creada en 1802 para los que pueden pagar una pensión; contiene cuartos particulares y salas comunes para 150 camas; la pensión varía de ó á 3 francos diarios. 36. Hospicios y otras instituciones bené ficas.—Los 12 hospicios de que homos hecho mérito son los siguientes: Hospicio de la vejez y hospital de locos (hospice de la vieillesse ou bicètre). Fué establecido en 1836 para los indigentes, enfermos ó septuagenarios y cuenta 2.720 camas; 1.871, para los viejos y enfermos, y 849, para los enajenados. Hospicio de la vejez ó casa de correccion (hospice de la vieillesse ou salpétrière). Data de 1636; contiene 4.369 camas y está destinado á las mujeres necesitadas, enfermas ó septuagenarias. Hospicio de los incurables (hospice des incurables): creado en 1802, con 500 camas. Hospicio de las incurables (hospice des incurables), establecido en 1637, con 641 camas. Hospicio de los niños expósitos y huérfanos (hospice des enfants trouvés y des orphelins): está consagrado á la admisión, lactancia y colocación en el campo, de los niños abandonados, y encierra 599 camas. Hospicio de la Roche foucault (hospice de la Rochefoucault): erigido en 1781 y reservado á los empleados de los hospicios, con 248 camas. Hospicio Devillas (hospice Devillas): destinado desde 1832, época de su fundación, á los ancianos enfermos de ambos sexos, cuya edad pase de los 70 años. Hospicio de las Familias (hospice des Ménages): establecido en 1557 y reservado á los viudos de ambos sexos, desde los 60 años, y á los matrimonios, cuando entre los dos reunan 130 de edad. Hospicio de los Quince Veintes (hospice des Quinze-Vingts): fué instituido por san Luis, en 1260, para 300 cruzados, que volvieron ciegos después de la guerra; hiciéronse quince salas, en cada una de las cuales se colocaron veinte de aquéllos, de donde tomó el nombre de Quince Veintes, que lleva este establecimiento, reservado á los infelices que han perdido la vista. Institución de Santa Périne: data de 1801, y está destinada á los viejos de los dos sexos, de 60 años de edad, que pueden satisfacer una pensión anual de 800 francos. Institución imperial de niños ciegos (institution imperiale des jeunes-avengles): se remonta al año de 1838 y sirve de refugio para los niños ciegos de ambos sexos, de 9 á 13 años de edad. Institución de sordo-mudos (instifution des sourds-muets): fué fundada en 1823, para los niños sordo-mudos de 10 á 15 años Finalmente, un considerable número de asilos, casas de beneficencia, sociedades filantrópicas y establecimientos de utilidad pública, de larga enumeración, completan el cuadro de las instituciones relativas á la asistencia bajo todas sus formas. Este sistema de caridad pública y privada, estudiado actualmente, arroja una cifra que no baja de veinticinco mil lechos. 37. Cuarteles (casernes). — PARÍS posce varios locales destinados para alojamientos de las tropas. Los más vastos, nuevos y monumentales, llevan las siguientes denominaciones: Escuela militar, compuesto de inmensos cuerpos de edificios, grandes patios, capilla, picadero y un observatorio, cuya construcción fué dirigida por Lalande; el cuartel de Reuilly, levantado en 1844, y los de Napoleón, príncipe Eugenio y Lobau, construidos bajo el segundo imperio. Los 12 principales cuarteles de PARÍS, sin incluir los de las fortalezas del recinto, pueden contener próximamente 50.000 hombres, 6.000 caballos y ó baterías. 38. Cúrceles.—Las de la capital que nos ocupa, cuya situación era deplorable hace setenta años, han venido experimentando en los últimos tiempos grandes mejoras y sensibles progresos. Bajo la administración de Malesherbes se dispuso la separación de los enajenados y detenidos politicos de los criminales. Una ley decretada en 1791 estableció los presidios, las cárceles y las casas de arresto. En 1795 se crearon prisiones distintas para las diversas clases de condenados. Poco tiempo después aparecieron los Códigos penal y criminal, en los que se fijó la competencia de los diferentes tribunales, así para PARís como para el resto de la Francia. El Municipio de la capital y el Gobierno se ocupan con interés de este grave asunto, y en la actualidad puede decirse que la situación de aquellos establecimientos es, bajo todos conceptos, bastante satisfactoria. Las cárceles civiles se encuentran en París bajo la jurisdicción del prefecto de policía: las prisiones militares, bajo la jurisdicción del ministro de la Guerra. He aquí una breve descripción de las más notables. Conserjería (Conciergérie). — Esta cárcel, tan funestamente nombrada en la historia de la revolución francesa del pasado siglo, figura entre las más antiguas de la capital. Se halla próxima al palacio de Justicia y su construcción data del año de 1791. La torre de Montgomery y la del Gran César, resto del vetusto palacio, llamado de la Ciudad (Cité), forman parte de esta famosísima prisión. Se distinguen en ella: el calabozo en donde fueron encerrados sucesivamente Danton, Hébert, Chaumette y Robespierre, y el que sirvió de arresto á María Antonieta. El 2 de Setiembre de 1792 fueron ejecutadas 290 personas en los patios de la Conserjería, en cuyo recinto se encuentran los hediondos calabozos, denominados ratoneras (souricières), conocidos en otro tiempo bajo el nombre de cocinas de san Luis. El Depósito (Le Dépôt).—Esta especie de prisión provisional de la prefectura de policía, llamada vulgarmente sala de San Martín, fué construida en 1835. El edificio consta de tres pisos, destinados: uno, para las mujeres de partido; otro, para los criminales, y el tercero, para los detenidos por delitos de menor cuantía. Mazás ó cárcel de prisión celular (Mazas ou Maison d’arrêt cellulaire).—Es de construcción reciente y está situada cerca de la estación del ferrocarril de Lyon. Tiene la forma de un semicírculo y contiene, en cada uno de sus tres pisos, seis series de células, dispuestas á lo largo de otros tantos corredores, que van á confluir á un punto central, que ocupa la capilla, y desde donde los vigilantes pueden tender la vista á todas partes. El número total de células es de 1.200. El 2 de Diciembre de 1851 sufrieron en esta cárcel una corta detención los generales y miembros de la Asamblea legislativa. Actualmente van á Mazás los condenados á la guillotina y de allí salen de cuatro á cinco de la mañana para sufrir la pena. Santa Pelagia (Sainte Pélagie).— Este antiguo convento del Refugio fué transformado en cárcel por los años de 1792, la cual ocupan separadamente dos clases de presos: los acusados por delitos políticos y los condenados á un año de prisión. El local es vastísimo, aunque mal ventilado, y puede contener de 500 á 600 individuos. Los realistas, los girondinos y los montañeses estuvieron sucesivamente detenidos en esta cárcel; Josefina Beauharnais fué encerrada en uno de los cuartos del segundo piso, y Beranger, Lamennais, Carrel y Proudhon, sufrieron igualmente en ella sus condenas. Una parte de los republicanos, acusados ante el tribunal de los pares en 1836, lograron evadirse de esta prisión por un subterráneo. San Lázaro (Saint-Lazare). Antiguo convento de lazaristas, convertido hoy en cárcel de mujeres, con una enfermería destinada para las meretrices enfermas. En esta prisión mandó encerrar el barón de Breteuil á Beaumarchais, en 1787. Cárcel de jóvenes detenidos (prison de jeunes détenus). Es una especie de correccional ó inmenso colegio de educación, montado según el sistema celular. Los detenidos viven encerrados según la edad y el delito cometido, y sóto se ven en los talleres, donde reina el silencio más absoluto. El local, que ofrece vastísimos patios, con una bellísima fuente en el centro, rodeada de árboles, puede contener hasta 500 presos, menores de 16 años. La Roquette. Se halla cerca del cementerio del Este, frente á la anterior, separada únicamente por la vía

pública. Es una de las cárceles más sólidas y seguras de PARÍS, destinada á los condenados á reclusión, á trabajos forzados y á pena capital. Consta de un solo edificio, totalmente aislado, en donde cada preso tiene su encierro aparte: hay calabozos para los contumaces y tres células para los sentenciados á muerte. El local puede contener 318 delincuentes, sin contar las habitaciones reservadas al director y empleados del establecimiento y fuerza armada. Delante de esta cárcel, que es donde tenían lugar las ejecuciones, sufrió la última pena el cura Verger, el 30 de Enero de 1857. 39. Ensanche de PARÍS.— Después de 1860, la capital que se describe empezó á experimentar grandes modificaciones. Un decreto de 9 de Febrero de 1859, llevado á cabo en 1.° de Enero del siguiente año, dispuso la extensión de los límites de PARÍs hasta el recinto fortificado, que comprendía, fuera del muro, una zona de 250 metros, consagrada á los servicios militares de defensa. Con esta nueva extensión fueron suprimidas administrativamente é incorporadas á la metrópoli once municipalidades, casi todas importantísimas, á saber: al Norte, Montmartre, con 36.500 habitantes; la capilla de San Dionisio (chapelle Saint-Dénis), con 33.500, y La Villette, con 30.300: al Mediodía, Vaugirard, con 26.200 habitantes, y Grenelle, con 14.800; al Oriente, Bercy, con 14.500 almas; Charonne, con 12.200, y Belleville, con 57.700: al Occidente, Auteuil, con 6.500 habitantes; Passy, con 17.600, y Batignolles, con 44.100. Además, 13 de los municipios enclavados fuera del circuito, han tenido que ceder una parte de su territorio y población: son éstos: al Norte. Saint-Ouen y Aubervilles; al Este, Pantin, los Prados de San Gervasio (les Prés-Saint-Gérvais), Bagnolet y Saint-Mandé; al Sur, Iory, Gentilly, Montrouge, Vauves é Issy, y al Oeste, Neuilly y Clichy. Cinco de estas circunscripciones han perdido la mitad de la población; las restantes, las 3 y 4/, partes. 40. Circunferencia y super ficie.— La circunferencia interior del recinto fortificado, medida sobre el camino, interior también, de la Ronda militar, comprendidos los dos anchos del Sena, se evalúa en 32 kilómetros, 930 metros: la superficie, igual á 7.802 hectáreas. 41. División municipal.—PARís está dividido en 20 distritos municipales, dispuestos casi en círculos concéntricos: 9, forman el primer círculo, empezando en los muros de circuito; 7, el segundo, y 4, el corazón de la capital. Estos 20 distritos se hallan subdivididos en 80 cuarteles, ó sea á por distrito. 42. Nombres, poblaciones y situación de los mencionados distritos. He aquí el nombre, población y situación de cada distrito, según el censo oficial efectuado en 1871, último que conocemos. Los cuatro distritos de: el Luvre, con 73.479 habitantes; Bolsa, con 73 575; Templo, con 89.529, y Casa Ayuntamiento, con 92.314, forman el núcleo del viejo PARÍS, sobre la margen derecha del Sena, al Norte y en la isla de Nuestra Señora. Los tres distritos: Panteón, con 92.985 habitantes; Luxemburgo, con 89.519, y palacio de Borbón, con 65.523, se encuentran sobre la orilla izquierda del Sena y ocupan casi toda la superficie del PaRís de antes de 1860, parte del PARÍS viejo y parte del PARís de los siglos XVII y XVIII. Los cinco distritos: Elíseo, con 72.679 almas; Opera con 103.390; Cerca de San Lorenzo, con 134.089; Popincourt, con 165.360, y Reuilly, con 82.475, constituyen los puntos más excéntricos al Occidente, Norte y Mediodía del París anterior á 1860, sobre la ribera derecha del expresado río. Los tres distritos: los (Tohelinos, con 63.324 habitantes; Obsercatorio, con 66.825, y Vaugirard, con 74.050, representan la parte meridional de la metrópoli, compuesta casi exclusivamente de los antiguos municipios anexionados. Finalmente, los cinco distritos: Passy, con 41.770 almas; Batignolles, con 99.226; Cerrillos de Montmartre, con 136.420; Cerrillos de Chaumont, con 91.411, y Ménilmontant, con 91.337, determinan el circuito de PARÍS, al Occidente, Norte y Oriente, sobre la margen derecha del Sena, y se componen únicamente de antiguos municipios anexionados. 43. Nuevos bulevares. La ciudad ha aumentado en 25 bulevares, incluyendo los tres que se han formado últimamente; ó sea Ornano, á continuación del de Magenta; Pereire, en los extramuros de la parte occidental, y Hoffmann, imponente y magnifico, el cual arranca de la calle de Lafayette y se dilata en una extensión de 2 á 3 kilómetros. Dichos bulevares constituyen las grandes líneas siguientes: el de Estrasburgo, que empieza al Norte en la estación del ferrocarril de aquel nombre, y el de Sebastopol, que le continúa hasta la orilla derecha del Sena; el de Palacio, en la isla de Nuestra Señora, y el de San Miguel, desde la margen izquierda de aquel río al Observatorio, constituyen una no interrumpida línea de 4.250 metros de longitud; esto es, cerca de la mitad de la travesía de PARÍS. Sobre la ribera izquierda del mencionado Sena se extienden: el de Magenta, desde la antigua barrera Poissonnière hasta el bulevard San Martín, sobre una longitud de 2.000 metros: el del Príncipe Eugenio, desde el bulevard San Martín á la plaza del Trono, sobre 3.000, y el de Richard-Lenoir, desde la avenida de los Almendros (des Amandiers) á la plaza de la Bastilla, sobre 1.800. Este último se encuentra sobre la bóveda que cubre una gran parte del canal San Martín; quince parterres, distantes 100 metros uno de otro, decoran su parte media; en cada uno de aquéllos se ve una fuente ó surtidor de agua, y entre la espesura de los árboles, una abertura circular, de tres metros de diámetro, que facilita la entrada del aire y de la luz del dia debajo de la bóveda del referido canal. Completan esta serie el bulevard de los Almendros, de 1.600 metros, que va desde el de San Martin á la antigua barrera de aquel nombre, y el de Felipe Augusto, de 1.100, que se extiende desde la antigua barrera de los Ratones (des Rats) hasta la plaza del Trono. En el otro extremo de la ciudad, al Oeste, se distinguen: el bulevard Malesherbes, que se prolonga desde la plaza de la Magdalena al bulevard de Chartres, sobre una longitud de 1.300 metros, y un poco más al Occidente, 12 bulevares, que corren desde la plaza de la Estrella, denominados: avenida de la (rande Armada, Essling, Principe Jerónimo, Wagran, Reina Hortensia, Friedland, Josefina, Jena, Rey de Roma, Eylau y Emperatriz. El bulevard del Emperador parte del extremo meridional de la avenida del Rey de Roma y termina en el puente de la Muda (de la Muette): hacia el Sena, el bulevard del Alma conduce desde el puente de este nombre á la avenida de los Campos Elíscos, y en la parte meridional, sobre la ribera izquierda del mismo río, el bulevard San Germán, empezando en el Depósito de los Vinos, penetra en el arrabal de aquel nombre para concluir en el muelle de Orsay, próximo al Cuerpo legislativo. A la lista que precede hay que añadir: la inmensa zona de bulevares, hace poco extramuros, que la antigua muralla separaba de la ciudad, la cual fué abierta en 1784 para aislar el muro que los arrendatarios generales de las contribuciones hicieron construir, y que se compone de una vía, ancha de 30 metros, ofreciendo: en el centro, una calzada empedrada, para las caballerías y carruajes, y á cada uno de los lados, una calle de árboles, reservada á los transeuntes. Esta zona se halla dividida en 45 bulevares: 30 sobre la orilla derecha del Sena, y 15 sobre la izquierda. Sus nombres, tomados de las antiguas barreras en que cada uno de ellos confinaba, son los siguientes: los de la margen derecha, Rapée, Bercy. Charenton, Reuilly, Fraile, (Picpus), San Mandé, Montreuil, Charonne, Fontarabie, A Almendros, Tres Coronas, Bellevilte, Chopinette, Combate, Cerrillo Chaumont, La Villette, Virtudes (Vertus), La Capilla, Poissonnière, Rochechouart, Mártires, Pigalle, Clichy, Batignolles, Moncaux; Courcelle, Estrella, Passy y Longchamps; los de la orilla izquierda, Gare. Tory, Italia, Nerera (Glacirre), Salud, Arcueil, Montrouge, Vanves, Hornillos (Fourneaux), Issy, Vaugirard, Sèrres, Meudon, Grenclle y Gavilla (Jevelle). Esta dilatadísima línea presenta un desarrollo de 23.381 metros: 15.222 sobre la ribera derecha del río, y 8.159, sobre la izquierda. ParÍs podría llamarse la ciudad de los bulevares, pues cuenta nada menos que 81, sin in

cluir el camino de la Ronda militar, que puede considerarse como un bulevard de circuito, el cual se encuentra adornado de doble hilera de árboles y dividido, sin solución de continuidad, en 19 secciones que llevan los nombres de otros tantos mariscales del primer imperio. 44. Nuevas calles.—Entre las innumerables que han sido abiertas ó prolongadas, citaremos la de Lafayette, que se extiende en línea recta desde el bulevard de la Villette á la plaza de la Opera; la de Turbigo, desde la plaza del Principe Eugenio hasta el puente de San Eustaquio; la del Cuatro de Setiembre, de la plaza del Teatro Francés al bulevard de las Capuchinas; la de las Escuelas, en la prolongación de la calle del Colegio de Medicina, y la de Rengíferos (Rennes), que arranca de la estación del ferrocarril del Oeste y concluye en el muelle Conti. PARIS cuenta en la actualidud más de 2.700 calles, bulevares y avenidas, 230 pasajes, 49 muelles y 244 plazas, cuya longitud total se evalúa en unos 850 kilómetros. 45. Casas.—Las tristes y mal aireadas viviendas del viejo PARíS han sido casi completamente sustituidas por cómodas y elegantes construcciones. En los cuatro ó cinco pisos que cada una contiene, se alojan, por término medio, 33 habitantes: la altura reglamentaria de los edificios mide 17/54 metros, comprendido el cornisamento; la longitud media, no reglamentada, 15 metros. En 1550, contaba la capital 12.000 casas; en 1816, 26.000; en 1821, 26.800; en 1859, 32.250; en 1862, 33.441; en la actualidad, atendido el considerable ensanche que ha experimentado la población, es muy posible que esta última cifra se haya duplicado. 46. Puentes.—A los 22, de que hemos hecho mérito anteriormente, hay que adicionar á nuevos: el de Napoleon III, que cruza el Sena en la extremidad de la ciudad de Bercy, cerca de las fortificaciones; el de Solferino, que pone en comunicación las Tullerias con la calle de Buenacaza (Bellechasse); el de Bercy, que se extiende desde el muelle de la Rapée al de Austerlitz, y el de la Estacada (Estacade), que une la punta oriental de la isla de San Luis á la antigua de Louviers. La construcción de los tres primeros es de piedra y hierro; la del último, de madera. Además, han sido reformados: el de la Ciudad (Cité), en un solo arco de hierro fundido, de 90 metros de abertura; el de Cambio (Change), el de San Miguel, el de Luis Felipe, y el de Austerlitz, notablemente ensanchado y abovedado con piedras de molino. 47. Administración municipal —Al frente de la administración de PARIS aparece el prefecto del Sena, auxiliado por un Consejo municipal, compuesto de 80 miembros, elegidos por sufragio universal. Cada uno de los 20 distritos arriba mencionados, tiene un alcalde y dos adjuntos, encargados de los asuntos puramente civiles; las demás atribuciones, conferidas en todas partes á aquellos funcionarios, están centralizadas en las manos del prefecto del Sena, verdadero alcalde de PARÍS, el cual tiene establecida en su prefectura una sección denominada alcaldía central. Cada distrito forma un cantón, provisto de un juez de paz. 48. Policía.—Se halla dividida entre el prefecto del Sena y el de policía, y cuenta: 80 comisarios, distribuidos en los 80 cuarteles de la capital, encargados de la inspección de las cárceles, casas de educación, establecimientos correccionales, asilos, seguridad pública, alhóndigas, mercados, subsistencias y ramos análogos; 5.670 guardias de orden público (sergents de ville), comprendidos los brigadieres, subbrigadieres, inspectores y auxiliares; 2.298 guardias de PARIS, y 10 compañías de bomberos, que forman un efectivo de 1.298 hombres. Todo lo que concierne á la salubridad pública está sometido al examen de un Consejo, cuyo presidente es el prefecto de policía. En el presupuesto de 1869, los gastos de esta prefectura ascendían á 15.956.072 francos (sesenta millones de reales en números redondos). 49. Escuelas.— Los establecimientos de instrucción pública, como ya en otro lugar de este artículo hemos manifestado, son en PaRís infinitos: 187 casas de asilo sostienen alrededor de 20.000 niños; 1.850 escuelas comunales primarias y 1.488 libres, reciben próximamente 190.000 discípulos de los dos sexos. Además, existen sobre 220 clases de adultos; 60 colegios especiales de dibujo para niños y niñas y 60 obradores. La enseñanza libre cuenta más de 50 colegios, subvencionados en su mayor parte por la ciudad, que reunen unos 5.000 discípulos de ambos sexos. La instrucción pública, desde la Casaasilo hasta el Liceo inclusice, figuraba ya en el presupuesto municipal de 1869 por una suma de 6.100.000 francos (24 millones de reales). 50. A sistencia pública.—La dotación de los hospitales y hospicios, anteriormente descritos, se ha aumentado con el ensanche de la población: el presupuesto municipal de 1869 les asignaba una cantidad de 9.454 727 francos. La Administración de la asistencia pública sostiene aproximadamente en sus diversos establecimientos, 17.320 camas; en los asilos se asiste á más de 1.600 enajenados, y en casas de particulares, establecimientos privados y colonias agrícolas de Francia y Argelia hay colocados sobre 21.500 niños. El número de indigentes inscritos en el segundo distrito subía, no hace mucho, á 117.248. 51. Fuentes. —PAnís cuenta más de 2.400 fuentes públicas de todas clases; y entre ellas, 35 monumentales, notabilísimas por su belleza é importancia, las cuales concurren al mejor ornato de las calles y plazas de la capital. De estas últimas merecen especial mención: las de la Palmera, Inocentes, Molière, Marzo, Cuvier, Egipcio, Louvois, San Miquel, San Sulpicio, Nuestra Señora y Grenelle; 2, en la plaza de la Concordia; 5, en los Campos Elíseos, y 4, en la plaza Real. Todas estas fuentes se hallan alimentadas: por el canal de Ourcq, las bombas del Sena, la máquina hidráulica del puente de Nuestra Señora, los pozos de Grenelle y varios manantiales que parten de Belleville y de los Prados de San Germán. Estos diversos afluentes se distribuyen por 330.000 metros de cañería: el producto total de sus aguas es de 147.800 metros cúbicos por día, ó 148.000.000 de litros próximamente. Para el servicio de las fuentes públicas y concesiones hechas á particulares, existen sobre 1.380 kilómetros de conductos de agua. 52. Paseos públicos. — Numerosos parajes, empezando por los bulevares, provistos de excelente arbolado, sirven de paseos públicos al vecindario de PARIS; pero los que ofrecen marcadamente aquel carácter, son las Tullerías, Luxemburgo, el Jardín de Plantas, el del Arzobispo, los Campos Elíseos, las plazas de Châtelet, Luvre, Monceau, Lobau y Teatro Francés; el Montsouris; el vastísimo jardín formado sobre los cerrillos Chaumont; el magnífico parque de Vincennes; el Jardin de aclimatación y el extenso bosque de Bolonia, convertido recientemente en un soberbio jardin inglés. 63. Squares.—Desígnase con esta palabra inglesa las plazas públicas, cuyo centro se encuentra ocupado por un jardin circuido de verjas. La formación de esta especie de jardines artificiales data en París del reinado de Napoleón III; distinguiéndose entre ellos: el de los Inocentes, situado en el antiguo mercado de igual nombre y embellecido con una notable fuente; el de Louvois, en la calle de Richelieu, frente á la Biblioteca Nacional, tapizado de césped y flores, con una fuente monumental, bronceada por el procedimiento galvánicoplástico; el de San Martín, entre la calle de esta denominación y el bulevard de Sebastopol; el de San Jaime, en la calle delRivoi; el de Batignotle, colocado á espaldas de la iglesia de Santa María; el de la Trinidad, delante de este mismo templo; el de Santa Clotilde, en la plaza de Belle-Chasse; el de San Ambrosio, delante de la iglesia de este nombre; el lindísimo del Luvre, y el del Templo, el más extenso de todos, que ocupa el solar de aquel antiguo convento. 54. Teatros. — El origen de los teatros de PArís se halla lejos de remontarse al del arte dramático en Francia, el cual data de fines del siglo xII. El primer edificio destinado á esta clase de espectáculos fué construido en 1548 por los cofrades de la Trinidad. Bajo Luis XIV, por los años de 1575, existian en esta ciudad

sólo tres teatros: uno, que ocupaba la compañía de Moliere; otro, los comediantes italianos, y el tercero, la ópera. En el reinado de Luis XV, el número de los teatros aumentó considerablemente; llegando á contarse hasta 43 durante la Revolución, época en que no se necesitaban privilegios para levantarlos. En tiempo del Imperio, 1808, quedó aquel número reducido á II, que la Restauración elevó después á 14. En la actualidad, sostiene la capital entre grandes y pequeños, 42 teatros, consagrados exclusivamente á los placeres de la escena. Los cinco principales son: Opera, Francés, Odeón, Opera-cómica é Italiano, subvencionados todos por el Estado. Siguen á éstos: el Teatro Lírico, el de Vaudeville, Variedades, Gimnasio Dramático, Châtelet, La Renaissance, Palacio Real, Puerta de San Martín, Ambigú Cómico, Gâite, Locuras dramáticas, Beaumarchais, circo Olímpico, circo de la Emperatriz, que, con los restantes, hasta el número indicado, pueden contener más de 30.000 espectadores. Entre los demás establecimientos, dedicados al recreo público, se cuentan infinidad de ca fés-conciertos, que vienen á ser como teatros líricos, y multitud de salones de baile, que, con los teatros, contribuyen en gran manera á la asistencia pública, la cual percibe el 10 por ciento del ingreso total. 55. Cafés y restaurants. — PARÍS sostiene, para el consumo de todo género de bebidas, más de mil cafés; llegando ciertos barrios, particularmente, la línea de bulevares, á ofrecer casi tantos como casas. Algunos de ellos se distinguen, ya por la antigüedad y sus recuerdos históricos, ya por el lujo y riqueza del decorado. Entre los que reunen estos títulos, mencionaremos: el de Procopio, el primero que se abrió en PARÍS, por el italiano de aquel nombre; círculo literario, frecuentado en el siglo XVIII por Piron, Juan Jacobo Rousseau y los más famosos enciclopedistas, y foco revolucionario de la época del Terror, el de Manoury, el más antiguo quizás, después del precedente; el de la Regencia, célebre en los anales del juego de ajedrez, cuya academia llegó á ser considerada como la más notable de Europa; el de Foy (cerrado en 1864) y el de Lamblin, foco de la oposición constitucional bajo la Restauración; el de la Rotonda, situado en el Palacio Real; los de Francia, Cardenal, Variedades, Turco, Voltaire, y el magnífico Parisién, de construcción moderna, con vastísimos salones, profusamente adornados, y tantos billares como mesas. Entre los infinitos restaurants de la capital, algunos han alcanzado una reputación europea: tales son los de Very, Véfour, los hermanos Provenzales, Champeaux, el café de Paris, la Casa Dorada, Felipe, Brogyi, el café Inglés, la taberna Británica, el Cuadrante Azul, Brebant, Vachette, Le Mardelay, Passoir, Deffieux y el célebre Viot, restaurant de los estudiantes, en el barrio latino. 56. Mataderos.—Los edificios consagrados á la matanza de los animales destinados al abastecimiento de la capital eran, hace poco, en número de 5: Montmartre, Roul, Grenelle, Villejuif y Menilmontant; los cuales, decretados en 1811, quedaron concluídos en 1818. Los terrenos de estos cinco mataderos cubrían una superficie de 118.289 metros cuadrados: una tercera parte de ésta, ó sea 42.384, la ocupaban los edificios. Sus obras costaron 17.500.000 francos, y el producto que rendían á la ciudad se aproximaba á 1.300.000. La anexión de los nuevos municipios ha hecho necesaria la traslación á otra parte de aquellos establecimientos, cuyas emanaciones nauseabundas eran poco compatibles con el aseo é higiene de una gran capital, y al efecto, los antiguos mataderos han sido reemplazados por uno central, cómodo, vastísimo y perfectamente acondicionado; construido dentro del muro de circunvalación, sobre la orilla del canal de Ourcq. Contiguo á este matadero se encuentra establecido el mercado central de ganados para el consumo de la población. 57. Alhóndigas ó almacenes centrales.—Ocupan el solar del antiguo é histórico mercado de los Inocentes. El conjunto de este inmenso edificio comprende dos grandes cuerpos, separados por un bulevard de 35 metros de ancho y compuestos cada uno de seis vastos pabellones, construidos de hierro y cubiertos con cristales. Las cuevas y calles abiertas debajo de estos pabellones facilitan el movimiento de las mercancías, y un túnel ó vía subterránea que atraviesa el bulevard de Sebastopol debe unir estas cuevas con el ferrocarril del Este, á fin de que el abastecimiento de PARÍS pueda efectuarse sin embarazar la via pública. Los seis almacenes centrales son: el de trigo y harinas; el de pieles ó cueros; el de telas, el de becerros, el de vinos y el Viejo, destinado á ropa blanca y vestidos usados. A estos depósitos ó almacenes centrales se les ha aumentado recientemente dos pabellones: uno, para la venta al menudeo, y otro, para la de aves y caza. 58. Mercados.—Pasan de 70, 27 de los cuales pertenecen á los municipios anexionados. Los más importantes son: el Gran Mercado, que es una de las maravillas de PARÍS; el Nuero, fundado en 1568; el de San Antonio, en 1777; el de Santa Catalina, en 1783; el de San José, en 1816; el de San Honcrato, en 1810; el de San Martín, en 1811; el de Aves, en 1812; el de San Germán, en 1813; el de las Carmelitas, en 1813; el de los Clérigos, en 1818; el de Caballos, en 1830; el de los Patriarcas, en 1831; el de la Magdalena, en 1835; el de San Quintín. en 1836; el de San Mauro, en 1837, y el del Campo de los Capuchinos, en 1839. La mayor parte de estos mercados, consagrados á la venta al menudeo de los géneros alimenticios de primera necesidad y de los combustibles, se hallan establecidos al aire libre; los restantes, en vastos edificios, convenientemente cubiertos. 59. Población.— La de PArís ha venido experimentando con los siglos las alteraciones siguientes: en 1293, contaba aquélla 215.860 habitantes; en 1553, 260.000; en 1718, 509.640; en 1760, 576.630; en 1791, 610.000; en 1798, 640.000; en 1802, 672.000; en 1808, 580.609; en 1817, 713.966; en 1831, 785.862; en 1836, 868.438; en 1841, 935.261; en 1846, 1.053.897; en 1851, 1 053.262; en 1856, 1.130.488; en 1866, 1.696.141; en 1871, 1.851.792, y en 1878, 1.999.997 (dos millones menos tres almas) En el último censo debe exceder de dos millones. Bajo el punto de vista religioso, la cifra de 1.053.262 habitantes que arroja el censo del año de 1851, se descompone en esta forma: católicos, 1.025.169; israelitas, 10.719; luteranos, 6 996; calvinistas, 6.370; otros diversos cultos, 4.008. La población flotante está evaluada entre 90 á 100.000 almas, cuando no hay algún suceso extraordinario, como la última exposición universal, en que acudieron á PARÍS treinta y siete millones de individuos de todo el globo, los cuales dejaron en aquella ciudad, bajando mucho el cálculo, de veinte á veinticinco mil millones de reales. 60. Consumo.—Los diversos artículos que, para el abasto de la población, entran anualmente en PARÍS, ofrecen los resultados siguientes: Solidos: pan elaborado en las tahonas, 179.987.791 kilogramos; carne, 62.514.646; despojos de animales, 3.405.342; embutidos, 10.814.199; aves y caza, 10.365.103; pescados de todas clases, 13.444.850; manteca, 10.198.239; queso, 5.104.182; huevos, 8.700.000; pastas dulces de todas especies, 5.006.770; dulces y arropes, 920.084; azúcar, 7.500.000, café, 3.000.000; te, 39.200; pastas alimenticias, arroz y féculas, 3.392.083; miel, 240.000; chocolate, 1.000.000, escarola, 333.334; frutas del tiempo, 237.339.287; naranjas y limones, 2.082,500; frutas secas, 3.952.000; aceitunas, 54.000, legumbres frescas, 133.941.696; legumbres secas, 8.654.773; legumbres en conserva, 1.325.000; sal, 5.057.815; mostaza, 270.000; especias, 136.492; harina, 1.105.925; otros varios artículos, 9.115.884. — Líquidos: vinos, 119.300.600 litros; 14.001.500 de cerveza; cidra, 2.272.100; alcohol de 45°. 12 729.700; leche, 109.291.086; licores, 1.267.230; aceites, 2.007.300; vinagres, 2.043.800; aguardientes, 344.187; jarabes, 620.236; agua de azahar, 100.000; 3.216.497.000 de agua natural para el uso interior de las casas.—Combustibles: carbón vegetal, 4.000.000 de hectólitros; hulla, 4.650.000; leña, 1.100.000 stères (metros cúbicos); gas, por día, 60.000 metros cúbicos. Según los datos que anteceden, la población de PARÍS, tomada colectivamente, consume cada

año, por término medio, 730.501.195 kilogramos de alimentos sólidos; alimentos liquidos, 263.977.739 litros, y 32.184.970 hectólitros de agua para los usos domésticos. A las anteriores cifras hay que añadir: 73.000.000 de ostras y el consumo anual de tabaco, que excede de 1.600.009 kilogramos. En las cantidades expuestas, la relación media de cada habitante es: en los alimentos sólidos, de 702 kilogramos, 825 gramos por año, y de 1’925 por día; en los alimentos líquidos, 251 litros, 45 centílitros por año, y 0688 por día; en el agua (consumo doméstico), 3.055 litros por año, y 8370 por día; en el tabaco, 3 kilogramos, 820 gramos por año, y 0’10 por dia. El valor total de las sustancias alimenticias, sólidas y líquidas, consumidas colectivamente por los habitantes de PARÍS, se eleva, según este promedio anual, á 506.201.101 francos; el del tabaco, á 17.766.036. Repartidos estos gastos en la población, corresponde á cada habitante, aproximadamente, 480 francos, 57 céntimos por año, y 1’32 por día. Todas estas cifras del consumo medio de la capital se refieren al número de habitantes que arroja el censo de 1851, antes citado; posteriormente, han sufrido notables transformaciones y aumentado considerablemente. 61. Alumbrado. — Las espaciosas plazas y extensas calles de PARÍS aparecen iluminadas desde la caída de la tarde hasta el sol saliente, por más de 33.900 faroles, aparte los 360.000 mecheros de gas de las tiendas y establecimientos públicos, que permanecen abiertos hasta media noche. formando una especie de suplemento al alumbrado municipal. 62. Depósitos de aqua.—París cuenta sobre 17 depósitos, con capacidad para 244.000.000 de litros de agua; estos 17 depósitos, construidos sobre los cerros de Chaumont, suministran más de 450.000.000 de litros cada veinticuatro horas. Las necesidades de la población consumen próximamente 260.000.000 de aquel líquido, que se distribuyen en la ciudad por 1.500 kilómetros de conductos. 63. Baños públicos.— Su número pasa de 150; de éstos, 120 se encuentran distribuidos en la capital; los restantes, en el río Sena y en el canal de San Martín, en donde algunos de ellos toman el nombre de escuelas de natación. Entre los establecimientos formados sobre el mismo río, merecen nombrarse: los baños calientes de la Samaritana, de las Tullerías, del Puente Nuevo y de Santa María, y los baños fríos de la Escuela imperial de Natación, vasto edificio que ocupa sobre el Sena una superficie de 106 metros de largo por 30 de ancho, y contiene 250 gabinetes y 16 salas de vestir; entre las demás escuelas principales de natación, las del Puente Nuevo y muelle de Béthume, y las del hôtel Lambert, isla de San Luis y muelle de Voltaire, consagradas á las señoras. Al frente de los establecimientos de la capital, alimentados en su mayor parte por las fuentes de agua del Sena, figuran: los baños medicinales de Tívoli, los neotermas ó de nueva invención; los de la Casa municipal de Salud y los públicos de la calle de Bretaña, de Mazás y otros. 64. Lavaderos públicos.—A 172 asciende el número de los que se hallan abiertos para las clases pobres, ó que se dedican al penoso oficio de lavanderas, mediante una corta retribución: 64 de ellos, se encuentran situados en el Sena; 17, en el canal de San Martin, y 91, distribuidos especialmente entre los barrios habitados por los obreros. 65. Cementerios.—Antes del ensanche, contaba PaRÍs tres cementerios: el de Montmartre, ó del Norte, situado entre las barreras de Clichy y Blanca, en donde se encuentran, entre otras notables, las tumbas de los magistrados de Arguensón y de Aguesseau, la del poeta Legouvé, la del pintor Creuse y la del escultor Pigalle; el de Mont-Parnasse, ó del Sur, próximo á la barrera del mismo nombre, en el que se distinguen los sepulcros de Teodoro Jouffroy, Moreau y Dumont d’Urville, y el del padre Lachaise, ó del Este, la más vasta y célebre de todas las necrópolis de PARÍS. Se encuentra detrás de la barrera de Aunay, se extiende casi hasta la de los Almendros y debe su nombre al famoso jesuita Lachaise, confesor de Luis XIV y propietario de aquel inmenso terreno, merced á las liberalidades del monarca.

En.1804, fué comprado en 160.000 francos por Frochot, prefecto del Sena, y convertido en lugar sagrado por decreto de Napoleón I. Encierra las cenizas de Eloisa y Abelardo. los restos de La Fontaine, Molière, Beaumarchais. Bernardino de Saint-Pièrre, Parny, Delille, La Harpe y Chenier, de Talma, Potier, Desaugiers, Picard, Federico Soulié, Balzac. Méhul, Grétry, Bellini. Hérold, Boïeldieu, Weber, Chérubini, Chopin, Wilhelm, Laplace, Monge, Chaptal, Fourcroy, Jorge Cuvier, Arago, Benjamín Constant, Destutt-de-Tracy, Royer-Collard, Casimiro Périer, Labédoyère, mariscal Ney, Dulong, David, Poisson, Sicard, Gall, Suchet, Gouvion Saint-Cyr. Si Ces, Massena, San Simón, Barras, Visconti, Manuel, Foy, Gay-Lussac, Nodier, Casimiro Delavigne y Millevoye; del pintor Gros, Dupuytren, Volney, Armando Carrel y otros muchos personajes de no menos celebridad. Estos cementerios, situados antes del ensanche fuera del muro de circuito, se encuentran hoy dentro de la capital, y su número ha aumentado con los de Autehuil, Pas Sy, Batignolles, La Villette, Vaugirard, Grenelle y otros, pertenecientes á los municipios anexionados. 66. Vías de comunicación.—La ciudad de Vincennes, incorporada hoy á PARÍS, se halla unida á esta capital por un camino de hierro, que parte de la plaza de la Bastilla; el llamado de cintura, citado en otro lugar de este artículo, ha sido terminado dentro del camino militar; da por completo la vuelta á la población y sirve para el transporte de mercancías y de viajeros, así como para la circulación, que es allí mu y activa. 67. Carruajes y movimiento de viajeros.—Numerosos funcionarios, dependientes de la prefectura de policía, están encargados de la inspección del extraordinario número de carruajes de distintas clases que cruzan la capital en todas direcciones. Los vehículos destinados al trausporte de mercancías, géneros y otras materias, pasan de 16.000; los coches de lujo, de alquiler, de plaza, ómnibus, diligencias y demás, consagrados al servicio público, exceden hoy de 20.000. El número de caballos que ponen en movimiento aquella enorme masa de carruajes, está evaluado en 50.000. La circulación del interior es igualmente pasmosa: la que se opera por los ferrocarriles de la metrópoli, está calculada anualmente en 13.000.000 de viajeros; la de las mensajerías y otros carruajes públicos de los alrededores, en 4.000.000. El movimiento total de la población representa anualmente, por término medio, la considerable cifra de 90.000.000 de individuos. El promedio de los accidentes causados por esta asombrosa circulación es de 380 por año: 24 muertos y 356 heridos; número relativamente insignificante, gracias á las sabias medidas adoptadas por las autoridades y á la exquisita vigilancia de la policía. 68. Navegación por el Sena.—Este célebre río se interna en PARÍS, por el Sudeste; describe, en el centro de la capital, una línea curva, cuya convexidad da al Norte, y sale por el Occidente de la población, después de haber recorrido, desde la barrera de la Rapée á la de Passy, una longitud de más de 8.000 metros. Su anchura media mide próximamente de 130 á 150 metros, y sus márgenes, muy elevadas y provistas de parapetos, le encauzan profundamente. Las dragas, destinadas á la extracción de las arenas; las lanchas, que se balancean en las orillas del río, los vapores de Saint-Cloud, los de Corbeii, los remolcadores que conducen las mercancías hasta Rouen, las balsas que se deslizan silenciosas sobre la superficie de las aguas, las chalupas con cubiertas y las canoas de placer que las surcan, cruzándose en diversas direcciones, animan el admirable panorama, la encantadora perspectiva que ofrece el Sena en el centro de la capital. Este río ha sido remontado hasta el Luvre, por varios steamen ó steamboats (buques de vapor), entre otros, por el París y Londres, en 1854; resolviéndose de este modo el problema de la navegación marítima hasta la misma capital de Francia. La navegación del Sena, en toda la extensión del departamento, está sujeta á reglamentos particulares y á una gran vigilancia, escrupulosamente ejercida por la prefectura de policía.

69. Presupuestos municipales. —PARíS paga por sí solo más de la décima parte del presupuesto general de Francia, y el suyo particular excede al de algunos Estados de Europa. Los ingresos de la capital se componen: de las contribuciones directas é indirectas; de los alquileres de edificios municipales; de los derechos de puertas ó de consumos y de los que se perciben sobre los mercados. En el año VII (1799), época en que empezaron á llevarse las cuentas con regularidad y en que los derechos eran menos numerosos y elevados, el presupuesto total de la ciudad ascendía á 7.366.467 francos; el cual fué desde entonces en progresión ascendente, como lo demuestran las siguientes principales cifras: en el año VIII, importaba 10.406.659 frs.; en 1819, 38.938.820. en 1823, 56.099.401; de 1830 á 1836 inclusive, de 42 á 45.000.000; en 1842, 61.362.581; en 1854, los ingresos ordinarios subían á 55.553.290 francos, 92 céntimos; los extraordinarios y excepcionales, comprendido un empréstito, á 79.596.739 59, ó sea un total de 135.150.021’51 francos (quinientos cuarenta millones de reales en cifra redonda). Los créditos abiertos pasaron de 100.000.000; los gastos satisfechos importaron 88.447.223 francos. En 1856, los ingresos ordinarios eran de 69.564.645; en 1857, 72.790 488, en 1864, 123.945.812.

Finalmente, el presupuesto municipal de PARÍS, correspondiente al año de 1869, presenta las siguientes cifras: Ingresos, 245.212.059 (cerca de mil millones de reales), suma igual á los gastos. Los ingresos se descomponían en esta forma: ordinarios, 141.680.183 francos; extraordinarios, 14.404.736; suplementarios, 20.000.000; servicios especiales, 61.127.140; total, 245.212.059. Gastos: deuda municipal, cargas anuales, 21.044.364; gastos anuales ordinarios, 81.627.332; deuda municipal reembolsable, 11.687.891; gastos extraordinarios, 49.724.731; ídem suplementarios, 20.000.000; idem sobre fondos especiales, 61.127.741; total, 245.212.059. 70. Industria y comercio. — Para acabar de trazar el ancho círculo, en el cual se realiza la acción de la actividad parisiense, réstanos presentar en conjunto el movimiento de las dos importantes manifestaciones de su vida social: la industria y el comercio.

I. Industria.—Ninguna de las poblaciones del continente europeo es más manufacturera que PARÍS: la tercera parte próximamente de su población se compone de obreros. Una información hecha en 1861 da, acerca del particular, los resultados siguientes: número de industrias, 325; maestros ó dueños de establecimientos, 101.171; obreros de ambos sexos, 415.000 (112.000 mujeres). La cifra anual de los productos de estas industrias se evaluaba en 3.064.500.000 francos (sobre catorce mil millones de reales), que se descompone así: alimentación, 1.088.000; mobiliario, 200.000.000; artículos menudos de PARÍS, 128.500.000; obras, trabajos ordinarios, 215 000.000; cedacería y cestería, 27.500.000; construcción de coches, guarniciones y equipos militares, en tiempos ordinarios, 93.500.000; química, etc., 193.500.000; hilos y tejidos, 120.000.000; papeles é impresiones, 95.000.000, mecánica y metales, 163.500.000; metales preciosos y labrados, 185.000.000; pieles y cueros, 100.000.000; vestidos, 455.000.000. El número de fabricantes inscritos en 1864, último empadronamiento hecho por la Cámara de Comercio, fué de 101.171. La importancia de sus negocios anuales se elevaba á 3.369.092.949 francos (sobre trece mil millones de reales). El importe de los alquileres satisfechos para el ejércicio de las industrias era de 107.390.710 francos: la población ocupada por ellas, 416.811 individuos, comprendidos en esta cifra 111.891 mujeres y 19.059 muchachos. Además, se contaban: 133.469 maestros que trabajaban solos para ó con empresarios ú obreros particulares. Los distritos más industriales en la época á que nos referimos, eran por el orden de su importancia, el 11.°, 2.°, 4.°, 5. y 10.°; los menos, el 7.°, 15.°, 13.° 14.° y 16.°: los grupos más numerosos, el de la alimentación (29.069 individuos), principalmente, en los distritos 4.°, 18.° y 11.°, y el de vestir (23.800), particularmente en el 1.°, 2.°, 3.° y 4.°. El artículo llamado de PARIS, ocupaba sobré 25.000 obreros. Las industrias que se relacionan con la alimentación, se encuentran distribuidas en los diferentes barrios de la capital, proporcionalmente al número y riqueza de los consumidores.

II. Comercio.—París es un depósito real y ficticio de comercio. La población parisiense consume la mayor parte de los artículos de su industria, y sin embargo, la extracción de sus productos representa todavía la sexta parte del comercio de exportación de Francia. En 1855, expidió la metrópoli 345.161 fardos para el extranjero. El total de los capitales empleados en las transacciones mercantiles y el de los beneficios obtenidos, no han podido fijarse por falta de documentos fehacientes. El número de comerciantes, desde el más rico, que da el impulso á los grandes negocios, hasta el mísero tendero, que se abastece la víspera de lo que ha de vender al día siguiente, es esencialmente variable. Esto no obstante, el conjunto de los especuladores que constituyen lo que se llama alto comercio de PARÍS, se estima en 3.000; aunque la lista de los comerciantes notables, clasificados oficialmente, para concurrir á la elección de jueces de comercio, sólo comprende ordinariamente de 1.100 á 1.200 nombres. La importación del comercio de PARÍS se evalúa de 350 á 400.000.000; la exportación de 900 á 1.000.000.000 de francos, lo cual supone un movimiento de entrada y salida, que excede sin duda de cinco mil millones de reales. 71. Instituciones mercantiles é industriales.—Al frente de aquéllas aparecen la Escuela y la Junta de Comercio. La misión de esta última es proponer todos los medios conducentes al acrecentamiento de la propiedad de aque Ilos importantes ramos. Además de esta Junta, compuesta del prefecto del Sena y de 21 miembros elegidos por los comerciantes notables, cuéntanse numerosos círculos, fundados con el mismo objeto. La más célebre y activa de las reuniones de este género es la Sociedad de Fomento, la cual lleva ya más de setenta años de existencia, y cuyo nombre va unido á la mayor parte de las conquistas industriales, realizadas en Francia durante aquel tiempo. En la capital tienen también su asiento: el Consejo superior de Agricultura, Industria y Comercio; la Junta consultiva de los Caminos de hierro; las de las Artes y Oficios; las grandes compañías industriales de las minas, canales y ferrocarriles, y otras muchas que sería prolijo enumerar. 72. Establecimientos y sociedades de crédito.—Aparte el Banco de Francia, posee PARÍS: multitud de cajas industriales, mercantiles, marítimas, de minas, de descuentos y de ahorros; sociedades generales de crédito mobiliario, territorial, industrial, mercantil y financiero; compañías generales de seguros mútuos y primas fijas, de créditos comerciales, contra la vida, los accidentes, pedriscos, mortandad de animales, incendios marítimos y fluviales; y más de 270 casas de banca, entre las que se cuentan como principales: las de Rothschild; Lowenberg; Cailliez; Pillet-Will; Opperman; Lehideux; Laffitte; Greene y Compañía; B. L. Fould y Fouldoppenheim; Lafontaine; Blacque, Certain y Drouillard; Destrem, Mallet, Ragel y Compañía, y otras muchas. Si á esto se agrega la circunstancia de que los bancos de todas las naciones tienen en PARÍS sucursales importantísimas, se podrá colegir la portentosa acumulación y circulación de capitales, que se opera en dicha ciudad. En cuanto á compañías, las primeras son: el Comptoir d’escompte, rue Bergère (calle de la Pastora) y la Compañía general, establecida en la calle de Provenza; y hace poco, en un palacio de la Chaussée d’Antín, la cual tiene en el casco de PARÍS sobre setenta sucursales. La sucursal del Crédito lionés tiene un regio palacio de mármol blanco en los grandes bulevares. 73. PaRÍS subterráneo. — Dividese en dos partes, á cual más interesante: las catacumbas y las cloacas; de las cuales vamos á dar separadamente una imperfecta idea á nuestros ilustrados lectores.

I. Catacumbas. — Una ciudad inmensa, oculta á todos los ojos, ignorada ó desconocida al menos de la generalidad de los parisienses, existe debajo del suelo de la capital, con sus

calles, sus plazas; sus travesías y sus fuentes; constituyendo una especie de inmenso osario, denominado las Catacumbas, el cual contiene los fraccionados esqueletos de algunos millones de cadáveres humanos. Estos despojos imponentes de generaciones pasadas aparecen ordenados en las paredes exteriores de aquellas prodigiosas y oscuras galerías; en cuyas bóvedas se ve trazada una extensa línea negra, que sirve de guía ó hilo conductor. Para evitar los frecuentes hundimientos que se han experimentado, un cierto número de obreros se ocupa constantemente en extender y afirmar á la vez aquellas lúgubres murallas, en donde se conservan los restos de las moradas comunes ó campos de reposo, que han sido sucesivamente suprimidos. Estos innumerables subterráneos se extienden debajo de la orilla izquierda del Sena; ocupan una superficie de más de 674.000 metros (125 leguas en número redondo), y su formación se debe á la extracción de las piedras de talla y de otras clases, que fueron empleadas en la construcción de edificios y otros diferentes usos. Estas explotaciones, que debieron empezar con el siglo xIV, se llevaron á cabo, durante mucho tiempo, sin la intervención y vigilancia de nadie, sin método ninguno, sin respeto á las propiedadades y sin más norma que el capricho de los empresarios. El observatorio de Luxemburgo, el Odeón, el Valle de Gracia, el Panteón, la iglesia de San Sulpicio y las calles de San Jaime, Arpa, Tournon y Vaugirard, entre otras, puede decirse que descansan sobre abismos. En 1776, á consecuencia de varios hundimientos considerables, dispuso el Gobierno un reconocimiento general de los subterráneos y el levantamiento de los planos de todas las excavaciones practicadas. Al año siguiente, creó una compañía de ingenieros encargada especialmente de consolidar las canteras, y en 1786, quedaron establecidas en una parte de los subterráneos, á imitación de Roma, varias catacumbas, destinadas á conservar todos los esqueletos que formaban el osario de los Inocentes y de otros cementerios interiores suprimidos. Sólo el de los Inocentes servía á más de veinte parroquias; y durante un período de cerca de mil años habían ido á consumirse en él las generaciones humanas, estimándose en cerca de tres millones el número de cadáveres que llegó á contener. Las calles inmediatas á estas sepulturas se hallaban infestadas, y las autoridades de la capital, atendiendo por último á las reiteradas súplicas de los vecinos, cesaron de sacrificar los vivos á los muertos. Las canteras subterráneas de la llanura de Mont-Souris fueron las elegidas para recibir las osamentas de aquel vasto cementerio, en tanto que la casa llamada Tumba de Issoire ó Issonard, nombre de un famoso bandolero que había desolado el barrio, vino á servir de entrada á las catacumbas. A la traslación del osario de los Inocentes siguieron luego las de los cementerios, igualmente suprimidos, de San Eustaquio y de San Esteban de los Prados. Posteriormente, los cuerpos de todas las personas muertas en las calles de la capital con motivo de las luchas políticas, y los restos que se conservaban en las parroquias y conventos de religiosos, fueron asimismo depositados en aquellos lóbregos lugares; y finalmente, en 1808, 1809 y 1811, continuaron todavía trasladándose á ellos otros varios esqueletos, que se habían encontrado en algunas excavaciones. En 1810 y 1811, un prefecto del Sena, llamado Frochot, mandó construir, bajo un sistema perfectamente metódico, las galerías y cavernas que aparecen hoy tapizadas de calaveras y huesos humanos. La entrada principal de las catacumbas, se encuentra en un antiguo edificio situado en la barrera del Infierno; una escalera de 90 peldaños conduce á una galería de 19 metros de elevación por 10 de ancho, desde donde se pasa á otra que se halla á plomo de la hilera de árboles plantados en el camino de Orleáns. Después de algunos recodos, se descubren las construcciones más recientes y las grandes obras empezadas en 1777 para consolidar el acueducto de Arcueil; se recorren varias galerías largas y sinuosas, y se llega á una escalera por la que se desciende á unas minas. Cerca de éstas, se distinguen dos pilares: el uno, tallado en la masa caliza, presenta vestigios de una corriente subterránea, y el otro, de piedra tosca, se halla cubierto de una capa gris y amarillenta de alabastro calizo. El aire que se respira en todas aquellas galerías, una de las cuales mide hasta siete hilómetros de extensión, es sumamente denso y está saturado de una especie de humedad acre, que oprime el pecho y suspende la respiración. A unos 80 metros de distancia del último de los expresados pilares, se halla el vestíbulo de las catacumbas. á las que se desciende por tres escaleras principales: la primera, que es por la que se entra generalmente, está situada en el patio del pabellón occidental de la antigua barrera del Infierno ya mencionada; la segunda, en la Tumba de Issoire, que se encuentra cerrada desde 1794, y la tercera, en la de Mont-Souris, sobre el borde del antiguo camino de Orleáns, á corta distancia del referido acueducto subterráneo de Arcueil. Llámase A ltar de los Obeliscos (Autel des Obélisques) una construcción hecha en 1810 para sostener el techo de las canteras, cuyos hundimientos llegaron á inspirar serios temores. El altar y los obeliscos son una imitación de lo antiguo, y sus pedestales están compuestos de osamentas humanas. Otros varios trabajos de consolidación han recibido la forma de un monumento sepulcral, denominado Sarcófago del lacrimatorio (Sarcophage du lacrymatoire) ó Túmulo de Gilberto (Tombeau Gilbert). Un pedestal de huesos sostiene la lámpara sepulcral, y próximo á aquél, se levanta un pilar en el que se lee esta inscripción latina: Memento quia pulois es Dos capillas denominadas: la una, Tumba de la Revolución (Tombeau de la Révolution), y la otra, Tumba de las Victimas (Tombeau des Victimes), contienen un considerable número de inscripciones y los esqueletos de las víctimas de los primeros tiempos de la Revolución y de las matanzas de los días 2 y 3 de Setiembre de 1792. Durante los trabajos de consolidación, se descubrió un nacimiento de agua, que se llamó en un principio Manantial del Olvido (Source de l'Oubli) y más tarde. Fuente de la Samaritana (Fontaine de la Samaritaine), cuyo nombre tomó de la inscripción que contiene y que recuerda las palabras que dijo Jesucristo á la Samaritana. A las catacumbas inferiores se llega por una escalinata, bajo la cual ha sido construído el acueducto que conduce las aguas de la fuente vecina á los pozos de la Tumba de Issoire; luego se divisa un grueso pilar, levantado para afianzar el techo, y en él se leen cuatro estrofas, tomadas de las Noches clementinas, compuestas sobre la muerte del papa Ganganelli, de donde ha recibido el nombre de Pilier des Nuits Clémentines. De allí se pasa á las galerías superiores, y después de cruzar un vestíbulo y un largo corredor, se llega al pie de una escalera de 17 metros de altura, construída en 1784 sobre la orilla del camino que conduce desde el lugarejo de Mont Souris al Petit-Montrousse y que se designa con el nombre de calle de las Catacumbas (rue des Catacombes). Por último, en lo alto de esta escalera vuelve á distinguirse, con verdadero júbilo, la hermosa luz del día, la cual parece más radiante después de abandonar las tristes sombras de aquella eterna noche.

II. Cloacas.— Al mismo tiempo que el Municipio y el Gobierno atendían al ensanche y embellecimiento de PARÍS, procuraban mejorar sus condiciones de salubridad, creando, fuera de las catacumbas, un nuevo PARÍS subterráneo, consagrado exclusivamente al servicio y comodidad del PARÍS superior. Este París subterráneo, según M. de Césena, son las cloacas, concepción utilísima, obra gigantesca, que alcanza, si no sobrepuja, á cuanto los antiguos ediles de Roma pudieron imaginar y emprender en este género. Su ejecución fué dirigida por el ingeniero en jefe M. Belgrand. La base del sistema de las cloacas de París es el colector general, el cual, desde la plaza de la Concordia, en donde empezó, sigue la dirección de Asnières, en donde desemboca en el Sena. Este colector general conduce al río todas las aguas é inmundicias de la populosa ciudad. Verter estas aguas y estas inmundicias en el Sena, así que salieran de PARÍS, era el problema que se trataba

de resolver. En un principio se pensó dirigir el colector general desde la plaza de la Concordia hasta más allá de la montaña de Chaillot. Pero la pendiente de la cloaca, debía ser necesariamente mayor que la del río, puesto que la masa de agua y, por consecuencia, la fuerza de la corriente eran más débiles en la primera que en el segundo. En este primer proyecto, el conducto de la cloaca se habría encontrado debajo del nivel del río; y en este caso, hubieran sido las aguas del Sena las que entraran en la cloaca, y no las aguas de la cloaca las que se vertieran en el Sena. Para igualar la pendiente del río á la de la cloaca no había más que un medio: prolongar el camino que el Sena había de hacer antes de encontrar la salida del colector general. Con efecto, desde la plaza Laborde á la ribera de Asnières, punto donde fué luego trasladada aquella salida, el espacio que el colector general recorre no es mucho mayor que el que habría tenido que recorrer hasta la montaña de Chaillot; mientras que para llegar á esa misma ribera tiene el río que hacer un largo rodeo. La desigualdad de distancias produjo la igualdad de pendientes, y así el Sena, al encontrarse hoy con la desembocadura de la cloaca, puede recibir en su lecho las aguas é inmundicias que ésta le Ileva, puesto que el punto de desagüe se halla entonces más alto que el nivel del río. El problema de la pendiente y del nivel quedó, pues, resuelto con la creación del colector general de Asnières y por el sistema de limpieza de las cloacas, tal cual hoy se practica; sistema tan ingenioso como eficaz. En efecto; estas cloacas constituyen una de las magnificencias de PARÍS. Casi todas las calles de alguna importancia tienen su sumidero abovedado debajo de su suelo. Este PARÍS subterráneo ofrece un desarro Ilo de más de 176 kilómetros, que va en incesante aumento, presentando, como el PARÍS descubierto, sus vías principales y sus accesorias. La más antigua y notable es la denominada gran sumidero de circunvalación, el cual envuelve casi toda la ciudad al Norte, partiendo de la calle de Santa Genoveva, al Este, y yendo á unirse en el Sena al muelle de Belly, al Oeste, sobre el Chaillot. Su longitud mide 6.321 metros, 52 centímetros; su latitud, 2 metros; su altura, de 2/75 á 3. Otros dos ramales principales, llamados sumideros colectores, reciben sobre las dos márgenes del Sena las aguas de otros sumideros, impidiendo su salida á la ciudad; el uno, parte de la plaza de la Bastilla, gana la calle del Rívoli y termina en el muelle de la Conferencia; tiene 2’10 metros de elevación y 7’40 de ancho: el otro, destinado á recoger las aguas de la ribera izquierda, pasa por debajo de un camino establecido en el río; sus proporciones son 2 metros de altura por uno de latitud. Las calles modernamente construidas cuentan también sus cloacas, cuya extensión excede hoy de ó kilómetros, en las cuales vierten directamente sus aguas todas las casas de nueva planta. Finalmente, el gran sumidero colector, como queda dicho, recibe las de todos los secundarios para conducirlas al Sena, debajo del puente de Asnières, en donde se reunen todas las inmundicias. Los sumideros de la orilla izquierda del río pasan por debajo de éste, por un doble tubo de hierro de un metro de diámetro, el cual conduce las aguas al gran depósito colecto. 74. PaRÍS de día.—PARÍS, ciudad del trabajo y del placer, de la producción y del consumo, del comercio y del lujo, refleja fielmente en su fisonomía todos estos diversos caracteres. Su actividad industrial y mercantil se observa, en más de las " partes, sobre la margen derecha del Sena, en los foburgos ó arrabales del Este, del Norte y Noroeste; las fabricaciones que exigen poco espacio, como la bisutería y otros varios objetos de lujo de cierta clase, franquean el semicircuito de los arrabales del Norte y penetran en la capital: las calles de San Antonio, del Templo, San Martín, San Dionisio, Poissonnière y Montmartre presentan el doble aspecto fabril y comercial. En los bulevares, particularmente, desde la puerta de San Dionisio hasta la Magdalena, se encuentran las tiendas de comercio de más lujo, las cuales se extienden á los barrios de los Panoramas y de la Bolsa, ocupando las calles de Viviènne, Richelieu, Paz, San Honorato y Rívoli, descendiendo luego al palacio Real. En los barrios de Poissonnière y de la Chaussée d’Antin, se hallan los suntuosos domicilios de la aristocracia financiera ó hacendista; en los Campos Elíseos y en el arrabal de San Honorato, los elegantes hôteles de la diplomacia extranjera, de las familias acomodadas y de los extranjeros que eligen aquella ciudad como lugar preferente de mansión. En los barrios del Sudeste, situados sobre la orilla izquierda del Sena, habitan los fabricantes y comerciantes; particularmente, los impresores y almacenistas de papel; los cuarteles del Sudoeste, comprenden el arrabal de San Germán, en donde están las administraciones ministeriales, los palacios del Consejo de Estado y del cuerpo legislativo, y los magníficos hôteles privados de tiempos de Luis XIV y Luis XV, residencia de la aristocracia nobiliaria ó de sangre. La industria y el comercio se encuentran casi completamente excluídos de este barrio, si se exceptúan las calles de Baco, Jacobo, Sena y Buci, hasta la de Delfine, que viene á ser como la frontera de las dos divisiones de este PaRÍs meridional. Pero lo que causa singularmente verdadero asombro en los extranjeros, es el prodigioso movimiento de la ciudad, la agitación febril de las gentes que la transitan, la diligencia y actividad extraordinarias con que aquel inmenso gentío corre tras los negocios ó los placeres. Esta admirable animación es casi perpetua en los barrios que forman, por decirlo así, el núcleo de la población, y en los grandes centros fabriles. En los Campos Elíseos, punto de reunión de los ociosos, tiene sus horas determinadas: durante la mañana, el barrio aparece tranquilo, casi desierto; después de mediodía, empieza el movimiento; á las seis de la tarde, se ve cuajado de paseantes á pie, á caballo ó en carruajes, que lo atraviesan, dirigiéndose ó regresando del bosque de Bolonia, que es el paseo de moda por excelencia de la capital de Francia. En el arrabal de San Germán, la escasa animación que se observa, se extiende sólo á alguna de las grandes vías principales, como la de Baco. Santos Padres, Sèveres y Horno; lo restante aparece en la más perfecta calma, la cual da á aquella parte de la población cierta fisonomía particular. El aspecto que presentan las calles desprovistas de tiendas es triste, aun en medio del día, y sólo adquieren alguna animación por la mañana y tarde, durante las horas en que los funcionarios públicos se dirigen ó regresan de los ministerios. 75. PARÍS de noche.— Después de la oración, la capital de Francia toma cierto carácter de fiesta, al cual contribuye principalmente la extraordinaria iluminación de las calles y tiendas. Las primeras aparecen alumbradas por más de 14.000 faroles, colocados sobre hermosas columnas de hierro, en las vías de gran longitud, y sobre elegantes cartelas del mismo metal, sujetas á las paredes de los edificios, en las de menos extensión. En los bulevares, en los pasajes, en las largas, anchas y rectas calles, el efecto que ofrece aquella cotidiana profusión de luces es sumamente encantador. Hacia las doce de la noche, la calma se restablece en los barrios del centro, en los cuales se encuentran reunidos los teatros y la mayor parte de los sitios de recreo y centros de placer; en los parajes excéntricos, el bullicio cesa más pronto. Empero existe en ParÍs un barrio en donde el movimiento y la animación se reproducen continuamente: es el de los mercados. Este, desde las once de la noche, hora en que los vecinos pacíficos se entregan al descanso, empieza á verse concurrido de labradores que llegan con sus carros cargados de legumbres y frutas para el abasto de la población; y al amanecer, aquel inmenso mercado se encuentra literalmente obstruido de gente. En los alrededores hay numerosos establecimientos de bebidas que permanecen abiertos lo mismo de día que de noche; pudiendo decirse que PARÍS no reposa nunca en el barrio de los mercados. La autoridad encargada de velar por el sosiego y seguridad del vecindario no descansa jamás: los guardias de orden público (sergentsde-ville), continúan su servicio duran

te toda la noche y, gracias á sus rondas perpétuas, ni las calles se ven un solo instante abandonadas, ni los ciudadanos sin protección. Una brigada, llamada de seguridad, tiene por misión especial la busca y captura de los malhechores. 76. Una curiosidad.— Hemos dejado para lo último tres curiosidades, entre las muchas que ofrece á cada paso esta ciudad singularísima, paraíso de los curiosos. La primera es un restaurant, único tal vez en la tierra, el cual consiste en un patio espacioso, en cuyo centro se columbran enormes marmitas. En aquellas marmitas hay sopa de buen caldo y algunos pedazos de carne, los cuales son allí una especie de objetos de rifa, ó juegos de azar, en la forma que vamos á ver. El contralor del establecimiento mete en la marmita un gran cucharón, retirándolo lleno, sin mirar á la olla y lo vierte en la taza del que espera su contingente. Los comensales de este raro mesón forman en torno de la marmita, de pie, al aire- libre, y como la tropa cuando come el rancho. Si en el cucharón, que se vierte en la taza de cada parroquiano, hay un trozo de carne, tanto mejor para el favorecido. Si la suerte no le agració, se come la sopa y tiene paciencia. Cuando la fortuna le es propicia en las dos comidas que hace, puede decirse que pasa el dia perfectamente alimentado, puesto que dos trozos de aquella carne bastan y sobran para el alimento de un individuo. Las dos comidas cuestan al comensal seis sueldos (nueve cuartos.) 77. Dos curiosidades.—No cabe en lo posible hablar de ParÍs sin dedicar algunas palabras á la avenida de la Opera y á la gran avenida de los Campos Eliseos, dos singularidades dichosas de aquella ciudad, las cuales no tienen ejemplo en parte alguna. Cuando el Ayuntamiento decretó la última exposición universal, decretó también la apertura de la avenida de la Opera, que debía partir del edificio de este nombre hasta los almacenes del Luvre, en una extensión aproximada de 1.000 metros. La expropiación de los edificios que debían derribarse, no habrá bajado seguramente de 100.000.000. Hacia Enero de 1877, nosotros presenciamos los primeros derribos. A medida que se derribaban las casas y que se sacaba el cascote, se delineaban las aceras y se ponían los faroles de la ciudad. Así aconteció que el inmenso derribo de la avenida presentó desde luego el aspecto de calle. Una vez terminado aquel derribo gigantesco y verificada la extracción de aquellas pirámides de escombros, comenzaron las obras, subordinándose á un plan común y guardando la más perfecta simetría. Había dos tandas de obreros; una, que trabajaba de sol á sol; otra, que trabajaba durante la noche, á beneficio de luz eléctrica. Transcurren apenas cinco meses; llega el 30 de Mayo, y en aquel día se inauguran simultáneamente la avenida de la Opera y la exposición universal. Nosotros, que vimos los derribos de Enero; que vimos también la avenida á fines de Mayo, no nos podíamos explicar de dónde había brotado aquel coloso. Transcurridos algunos meses más, la avenida de la Opera era una calle recta, anchurosa, de gran ambiente, de horizonte extenso, llena de suntuosos edificios y de establecimientos incomparables. Entre cada farol de gas, hay una bomba blanca de luz eléctrica. La vista de la avenida de la Opera, sobre todo durante la noche, no sólo es regia, sino majestuosa y solemne. La conversión de un formidable cúmulo de ruinas en una calle maravillosa, llevada á cabo en algunos meses, no parece ser el resultado de la industria humana, sino del prestigio sobrenatural de una transformación milagrosa. Y es que el gran pueblo parisién, ese incansable obrero del género humano, halla el modo de realizar lo que la fantasía no halla modo de concebir. Si no hubiese caído en el refinamiento que consume la esencia de su vida, PaRÍS fuera sin duda el primer taller del universo. Pero su alma desfallece, porque el alma se cae, cuando no la levanta una virtud enérgica y segura. Nos aguarda un prodigio mayor. La grande avenida de los Campos Elíseos se extiende desde la plaza de la Concordia hasta el arco del Triunfo, en una extensión aproximada de 3 kilómetros. A izquierda y derecha de la avenida hay dos hileras de faroles de la ciudad y otras dos de árboles, cerca de los cuales principia una acera anchurosa, limitada por dos líneas de casas magníficas, que pudieran llamarse palacios, algunos de ellos, con ricas verjas y vistosos jardines. A uno y otro lado de los Campos Elíseos, hacia la plaza de la Concordia, hay 7 ú 8 cafés cantantes, alumbrados con profusión de luces de gas, ora en las varias puertas de entrada, ora en la valla de circuito, así como en todo el espacio interior, en el teatro y hasta en la copa de los árboles, presentando la vista de un continuo empedrado de bombas blancas. La temporada de dichos cafés, llamados de verano, comienza en Junio, á veces en Mayo, lo cual depende de la temperatura. Es seguro que los mecheros y las bombas de los 7 ú 8 cafés cantantes no bajan de diez mil, incluidas las luces que se invierten en figurar águilas, trofeos y varios emblemas nacionales. El curioso debe elegir una noche serena; debe llegarse al arco del Triunfo y procurar subirse á una de las pilastras, próximas á las paredes anteriores de aquel monumento. Desde allí ve las cuatro filas de faroles de la ciudad, que parece que se van desdoblando alternativamente hasta la plaza de la Concordia; las llamas de los cafés cantantes, que nos hacen concebir la ilusión de bosques relucientes ó de grandes hogueras, y las luces flotantes de 2 ó 3.000 coches, que suben y bajan, llevando faroles de color diferente, todo lo cual forma un continuo cambiante de luces diversas; un grupo vago de resplandores que se cruzan, que se compenetran, que se multiplican; un mar de fuego, vario, deslumbrador, confuso, infinito, á la vez movible y permanente. Bajo la impresión de aquella magia arrebatadora, la fascinación se apodera del ánimo y se nos figura que estamos viendo, no un espectáculo que ejecutan los hombres, sino una fiesta que da Dios. Allí se comprende que los parajes tienen también sus epopeyas, y la avenida de los Campos Elíseos es positivamente la gran epopeya de PARís y del mundo. No es de extrañar que la ciudad que describimos sea un pueblo refinado, porque allí se confunden los hechizos del arte con los fantasmas del deleite. El único punto del globo que puede competir, á duras penas, con la gran avenida de los Campos Elíseos de PARÍS, es un delicioso jardín del khedive de Egipto, en el Cairo. 78. Etnografia.—Las dos terceras partes de los habitantes de PARÍS, excepción hecha de los alemanes, belgas, italiano, suizos, ingleses, polacos, españoles y otros extranjeros, que en él residen, son oriundos de provincias; de donde se infiere que los parisienses se hallan en minoría en la capital y que ésta es verdaderamente la ciudad de todos los franceses. Sin embargo, los naturales de la metrópoli conservan en toda su pureza el tipo nacional, tal como era en tiempos de Carlos VI, durante la Fronda y en 1789. Generalmente hablando, los parisienses son industriosos. emprendedores, festivos, ingeniosos, entusiastas, inconstantes, corteses, frívolos, satíricos sin doblez, amigos del lujo, ávidos de placeres é intrépidos en el peligro. Los hombres son inteligentes y activos; las mujeres, graciosas y de una amabilidad exquisita, que las hace aparecer maestras en el arte de agradar. La conversación de las clases distinguidas es fina, culta y delicada. La burguesía posee por lo común una instrucción extensa, cierta cortesanía natural y unas formas sociales llenas de ingenuidad y de buen gusto; los comerciantes se distinguen por su amor al orden, la economia é idoneidad en las transacciones; si bien su lenguaje y modales no llevan aquel sello de delicadeza propio y característico del país. La clase obrera es laboriosa, pero poco dada á la economía. Los artesanos no conocen otro porvenir que el domingo y el lunes; trabajan con ahinco, durante cinco días de la semana, para derrochar todas las ganancias en aquellos dos días de huelga. Sin embargo, esta clase ama la instrucción y admira por su carácter singularmente sarcástico y burlesco y su buen sentido. 79. Personajes célebres.—Panís ha producido un considerable número de celebridades en todos los ramos del saber humano. Consignamos á conti

nuación los nombres de los más distinguidos, por riguroso orden alfabético.

Andral, Anquetil (los) y Arnauld; Bailly, Barbié du Bocage, Bardín, Beaumarchais, Béranger, Berryer, Berton, Biot (Juan Bautista), Boileau, Boissonnade, Bougainville, Boullogne (los), Bouton, Bronquiart (los) y Burnouf (E.); Cartelier, Cassini, Catinat, Caylus, Chalgrin, Charlet, Charron, Chaudet, Chairaut, Clarac, Collé, Condé, Condorcet, Contat (mademoiselle), Cortot, Couder, Courier, Cousin (Víctor), Coustou, Coypel (los) y Crevier; D’Alembert, Danville, Darcet, David (L.), Delacrou (E.), Delambre, Deveria, Didot, (los), Dufresny y Duhamel; Esteban (los) y Eugenio de Saboya (el príncipe); Favart, Fourcroy y Fréret; Goujon (J.), Gros y Gudin; Halévy, Herold y Hersent; La Condamine, La Luzerne, Largillière, Laharpe, Lavoisier, Lebeau, Lebrun (Ch.), Lebrun (P. D. E.), Lecrère, Legendre, Legouvé, Lekain, Lemaistre (los), Lemercier (N.), Lenoir (Alejandro), Lesueur (E.), Letronne y Luis Felipe I; Malebranche. Malibran (madame). Mausart (los), Marivaux, Mars (mademoiselle)

Michallon, Michelet, Millin, Mionnet, Moitte, Molé (los) y Molière; Nounit (A.), Pajon, Percier, Pérrault, Peire, Picart, Picot, Pigalle, Poinsot y Preville; Quatremère y Quinault; Racine (L.), Regnard, Richelieu (cardenal de), Riccoboni (madame), Ro Ilin y Rousseau (Juan Jacobo); Saint Marc, Girardin, Saint-Non, Scarron, Scribe (Eugenio), Sadaine, Stael (madame de) y Sylvestre de Sacy; Talleyrand-Perigord, Talma, Tavernier, Thou (de), Tocqueville (de), Tronchet, y Turgot; Valenciennes, Vestris, Wailly (Ch. de), Vernet, Villemain y Voltaire. Se ve en la precedente lista, que los poetas, los literatos, los pintores, los arquitectos y los artistas dramáticos son los más numerosos (56); siguen á éstos, los arqueólogos, los historiadores y los sabios en las ciencias naturales y matemáticas (45); los magistrados, los militares y los políticos, figuran en corto número (15); y los grandes compositores de música, en menor número todavía (3). Entre los talentos parisienses más notables, el mayor número de aptitudes se manifiesta por las artes ó las ciencias que exigen imaginación, pureza y delicadeza del gusto. 80. Tratados de PARÍS.—Ocho son los principales, á saber: 1. El de 12 de Abril de 1229, que puso fin á la guerra de los albigenses. Raimundo VII, conde de Tolosa, cedió á Luis IX todo el Languedoc, menos las diócesis del Agenois y de Rouergue y parte de las de Tolosa, el Albigeois y Quercy, que debían formar la dote y la herencia de su hija única, Juana, princesa destinada á Alfonso de Poitiers, uno de los hermanos del rey. Pagó además 20.000 marcos de plata, restituyó los bienes usurpados al clero, demolió las fortificaciones de sus ciudades y se declaró enemigo de los herejes. 2. El de 20 de Mayo de 1303, entre Felipe IV el Hermoso y Eduardo III, que dió el ducado de Aquitania al rey de Inglaterra, á condición del homenaje al rey de Francia. 3. El de 24 de Marzo de 1515, por el cual Francisco I prometió en matrimonio (á Carlos de Austria) á Renée, hija de Luis XII, con 200.000 escudos y el Berry por dote. Carlos se comprometía á no ayudar á su abuelo, Fernando el Católico, contra Francia; pero este tratado no se llevó á efecto. 4. El de 1635, que coaligó á Francia y á los Estados generales de Holanda contra España. 5. El de 10 de Febrero de 1763, que puso fin á la guerra de los Siete años. Francia cedió á Inglaterra la Arcadia ó Nueva-Escocia, el Canadá y el cabo Bretón; recobró la Martinica, la Guadalupe, María-Galante y otras posesiones en Africa y en las Indias orientales; cambió Menorca por Belle-Isle y abandonó la Luisiana á España, como compensación de la Florida, recobrando además nuestra nación Cuba y las islas Filipinas. 6. El de 30 de Mayo de 1814, en cuya virtud Francia entró en los límites que tenía en 1792, aumentando su territorio con parte de Saboya y algunos cantones añadidos á los departamentos de los Ardennes, del Mossela, del Bajo-Rhin y del Ain. Los aliados confirmaron la principalidad de Montbellard del condado veneciano. Francia recobró sus establecimientos coloniales, excepto Tabago, Santa Lucía y la isla de Francia. 7. El de 20 de Noviembre de 1815, por el que Francia perdió Philippeville, Mariembourg, el ducado de Bossillón, Sarrelouis, Saarbruck, las dos riberas del Sarre, el país situado al Norte de Loanter y parte del país de Gex; consintió en la destruccion de las fortificaciones de Huningue; pagó á los aliados una indemnización de setecientos millones de francos y dejó ocupar cierto número de plazas fuertes, durante tres años, por un ejército enemigo de 150.000 hombres. 8. El de 30 de Marzo de 1856, que admitió al imperio otomano en el concierto europeo, puso su integridad y su independencia bajo la garantía colectiva de las potencias, quitó á Rusia todo derecho de inmixtión ó protección en los asuntos interiores de Turquía, rectificó su frontera de la Bessarabia, suprimió sus arsenales militares en el mar Negro, neutralizó este mar, prohibió toda fortificación en las islas de Aland, declaró libre la navegación del Danubio y aseguró á las provincias moldoválacas una administración independiente y una legislación y ejército particulares. Por medio de convenciones anexas se comprometió á mejorar la suerte de los cristianos en el imperio otomano y á otras reformas. 81. Historia.—El origen de PaRÍs aparece envuelto en la oscuridad más profunda. Según una tradición singularísima, Francus, hijo de Héctor, fundó y dió á esta ciudad el nombre de su tío Pâris; pero la opinión generalmente admitida en la Francia actual nos presenta á los parisii, nación que sólo se componía de belgas, estableciéndose sobre las márgenes del Sena, hacia los años 350 antes de Jesucristo, en la mayor de las islas que formaba entonces aquel río. Por esta época, PARÍS, que sólo ocupaba una superficie de 15 hectáreas, constituía un burgo ó pequeña población, denominada Leucoteria ó Lucotecia, Loticia ó Lutetia, forma latina de Luthuez-y, que significa en lengua céltica habitación en medio del agua. Por los años 56 antes de nuestra era, Labienus, lugarteniente de César, se hizo dueño de la isla, después de un sangriento combate, la cual quedó incluida entre las poblaciones tributarias (vectigales) Incendiada en parte por los parisii, fué luego reedificada por César, quien la fortificó y trasladó á ella la Dieta general de los galos. Según otra tradición, san Dionisio, que por los años 245 había ido á Lutetia á establecer el cristianismo, fué martirizado con sus compañeros sobre la colina de Montmartre. Durante los primeros siglos del imperio, la población habíase apenas extendido sobre la orilla izquierda del Sena: un prefecto de los galos hizo edificar un palacio al Occidente de la isla, y Constancio Cloro mandó construir al Mediodía del río un acueducto y el palacio famoso, cuyas ruinas llevan hoy el nombre de Termas, en el cual fué Juliano proclamado emperador en 360. Por este tiempo, Lutetia, que con la reunión de las pequeñas islas vecinas tenía ya 38 hectáreas de superficie, recibió el título de ciudad, tomó el nombre de Parisii y llegó á ser asiento de un obispado. En el mismo año de 360 se celebró en París un concilio, cuya letra sinodal constituye el monumento más antiguo en que aparece el nombre de PARiSeA civitas. Entre los sucesores de Julio que permanecieron en PARÍS, se encuentran Valentiniano y Graciano, quien, combatiendo en 383 contra Andragathus, per cade, de niuda? de farosce batalla que le costó el imperio y la vida. En tiempo de Teodosio, tuvo PARÍS por obispo á san Marcelo, cuyo nombre tomó uno de sus arrabales. Con el establecimiento de algunas vías importantes, se puso esta ciudad en comunicación cón los pequeños pueblos de los alrededores. Una poderosa corporación, los naute pariaci, tuvo después de Tiberio el monopolio de los transportes por el Sena, lo cual dió origen más tarde á la cofradía de los mercaderes del agua, que muy luego tomó el nombre de hansa. En 451, según otra tradición, logró santa Genoveva con sus oraciones preservar á los parisienses de la invasión de los hunos, que habían invadido la Galia, de don

de vino á ser proclamada patrona de PARÍS. En 463, fueron arrojados los romanos de esta ciudad por Childerico I, hijo de Meroveo, jefe de los francos, y en 486 ocupó Clodoveo la población, la cual fortificó y erigió en capital de su reino. A la muerte de este monarca en 511, pasó el cetro á las manos del mayor de sus hijos, Childeberto I; después reunió Clotario los diversos Estados, formados por su padre, y á la muerte de aquél, dividiéronse sus hijos los cuatro reinos francos que constituían la herencia de Clodoveo. En 567, Childerico II se apoderó por sorpresa é hizo dueño absoluto de la población, que vino á ser luego, bajo los últimos merovingios, capital del reino de Neustria. Los reyes de la segunda raza no llegaron á residir en esta ciudad; sin embargo, Carlomagno fundó en ella una escuela que fué la cuna de la universidad de PARÍS. Los normandos la atacaron en 845; la incendiaron en 856 y la saquearon en 871. Catorce años después, en 885, volvieron á aparecer y la cercaron: el obispo Goslin y el conde Eudes la defendieron valerosamente durante trece meses: transcurridos éstos, se levantó el sitio, mediante un tratado poco favorable, que firmó en mal hora Carlos el Gordo. En 890, sitiaron los normandos la ciudad pór tercera vez y se retiraron; volvieron en 898 y fueron batidos en Argenteuil. Durante la última mitad del siglo vi y la primera del 1x, diezmó el hambre la población; particularmente en los años 850, 855, 868, 873, 896, 899 y 940. Bajo los reinados de Hugo Capeto y Luis VII, se ensanchó considerablemente la población sobre la orilla izquierda del Sena, y en tiempo de Felipe Augusto tomó aquélla mayor desarrollo todavía; se empedraron las calles, se fundó la universidad é instituyó el prebostazgo. San Luis creó luego la comunidad ó gremio de las artes y oficios; estableció las rondas ó patrullas por la burguesía, la jurisdicción del Châtelet y, finalmente, la Inquisición, eu 1255. Durante el mando de Felipe el Animoso, se encargó á un director la alineación y limpieza de las calles. La capital llegó á tener, bajo Felipe el Hermoso, una inmensa importancia; su universidad contaba más de 20.000 discípulos; la población había aumentado notablemente y el Parlamento (antiguo tribunal Supremo en Francia), instituído en 1291, atraía una infinidad de litigantes. En 1302 se celebró en ParÍs la primera asamblea de los Estados generales, y en 1304, la segunda. En 1306 tuvieron lugar varios desórdenes graves, provocados por la alteración de las monedas, y en 1314 fueron de nuevo convocados los Estados generales. Bajo el gobierno de Felipe de Valois, en 1346, congregábase en París la Asamblea de los Estados de la lengua de oil, al mismo tiempo que la de la lengua de oc se reunia en Tolosa. En 1358 manifestáronse serios trastornos, durante la cautividad del rey Juan; este monarca había firmado con Londres, en 1359, un tratado de paz deshonroso, al cual rehusaron adherirse los Estados generales. Eduardo III de Inglaterra hizo, en 1360, inútiles esfuerzos para apoderarse de PARÍS, y los arrabales de San Marcelo, San Jaime y San Germán de los Prados fueron incendiados para que no cayesen en su poder. Al año siguiente, una horrorosa carestía desoló la ciudad, y el rey Carlos V se vió forzado, por una insurrección, á abandonar la capital, á la que no regresó hasta el año de 1364. A pesar de los Estados generales, en 1380 se sublevó de nuevo el pueblo de PARÍS, cuya ciudad fué teatro de agitaciones incesantes, de desórdenes escandalosos y de luchas sangrientas durante todo el reinado de Carlos VI; pasando, en 1420, al poder de Enrique V, rey de Inglaterra, en virtud del tratado de Troyas, que le había declarado heredero presuntivo del trono de Francia. Este monarca murió en el castillo de Vincennes, en 1422, y PARÍS quedó bajo la dominación inglesa hasta 1436. Un año después hacía Carlos VII su entrada solemne en la capital, de la cual intentaron vanamente los ingleses apoderarse de nuevo en 1441. A partir de esta época vino disfrutando, durante un siglo, de una tranquilidad que apenas bastaron á turbar las querellas con la universidad en el asunto de la recaudación de los impuestos, en 1459; la peste de 1486; la ejecución de Carlos de Melún, en 1468; la de Nemours, en 1477, bajo el reinado de Luis XI; la liga de los príncipes contra Ana de Beaujeu, en 1486, bajo Carlos VII, y la reforma de la universidad, en 1498, bajo Luis XII. Empero llegó el siglo xV y con él la agitación profunda, provocada por el fanatismo. Los primeros ensayos de la imprenta en Francia, realizados en la Sorbona, en 1470, y la rápida difusión de las luces, que resultó naturalmente de aquel maravilloso descubrimiento, prepararon la oposición formidable, la protesta enérgica que se levantó luego contra el absolutismo. La persecución tenaz inaugurada en 1530 contra los protestantes fué, en París, la señal de los suplicios ordenados en 1554 por Francisco l contra aquella secta cristiana, los cuales continuaron hasta el reinado de Enrique II. En 1563 se establecieron los jesuitas en la capital, y en 1572, la horrorosa matanza de la San Bartolomé (Saint-Barthélemy), ensangrentaba las calles de la populosa ciudad. El odio de la liga y su sed de venganza, excitados y sostenidos por la exaltación de los absolutistas, trajeron la miseria, el hambre, la desolación y la sangrienta jornada del 10 de Mayo de 1588, que obligó á Enrique IV á huir de la capital; testimonio de sus desenfrenos, de los de su madre y de la envilecida nobleza, que hacía causa común con los clérigos ignorantes y el populacho. Este monarca, cuya proscripción había sido pronunciada por la Sorbona, el 7 de Enero de 1589, y sancionada el 30 por el Parlamento, moría asesinado en San Claudio (Saint-Cloud), el 1.° de Agosto del mismo año, por el fraile Jaime Clemente, en el momento en que acababa de poner cerco á PARÍS. Esta población, entregada á todos los horrores de la guerra civil, fué desolada por el hambre durante los dos sitios que Enrique IV puso á la capital, en 1589 y 1593, la cual recuperó al año siguiente la tranquilidad con la entrada de aquel monarca. Bajo el reinado de Luis XIII, experimentó la ciudad grandes mejoras, en la parte que se extiende por la margen derecha del Sena. El arrabal de San Honorato llegaba ya hasta el pequeño burgo del Roule y de la Ciudad del Obispo; el de San Antonio unía sus nuevas construcciones con los pueblos de Popincourt y Neuilly, y formaba ese inmenso barrio de obreros que tan importante papel ha representado en todas las revoluciones populares. El 27 de Agosto de 1648 tuvo lugar en él un combate sangriento entre el gran Condé, jefe de los honderos, y Turenne, comandante del partido realista. Luis XIV trasladó á Versalles la residencia del Gobierno, bajo el cual se levantaron numerosos monumentos públicos, se abrieron más de 60 calles y se ensancharon y prolongaron otro considerable número de ellas; se formaron magníficos paseos, se desmontó el cerro de San Roque y se colocaron faroles en las calles de la población. Todas estas mejoras continuaron después, durante los reinados de Luis XV y Luis XVI. Los Estados generales restablecieron en la capital, en 1789, el asiento del Gobierno. Desde esta época, París fué el principal foco revolucionario de Francia, no sin que la sangre de las víctimas le llegara cien veces á la gola. Escenas repugnantes, sublimes, vergonzosas, crueles, bárbaras y ridiculas (en cuya descripción no entramos por humanidad con nosotros mismos, porque temeríamos desgarrar nuestro corazón) se sucedieron, y señalaron las célebres jornadas del 5 y ó de Octubre, del 14 de Julio, del 20 de Junio, del 10 de Agosto, de los días 2, 3, 4 y 5 de Setiembre, del 21 de Enero, del 31 de Mayo, del 13 Vendimiario y del 18 Fructidor. Tres monasterios y 63 conventos de hombres, 13 abadias y 70 conventos de mujeres y 80 capillas fueron suprimidos y las insignias reales arrancadas de todos los monumentos públicos. La Constituyente, la Convención y la Legislativa, que en pocos años habían venido sucediéndose, se vieron reemplazadas por los Consejos de los Quinientos y de los Antiguos. La ciudad fué erigida en capital del departamento; una municipalidad quedó constituida, y el prebostazgo de los mercaderes desapareció con las congregaciones de comerciantes y de obreros. En 1796 se establecieron en PaRís hasta 12 concejos, divididos en 48 secciones, cuya

subdivisión continuó aún bajo otras dominaciones. Casi todas las grandes instituciones de la capital datan de esta época revolucionaria. La jornada del 18 Brumario trajo el consulado, y en 1804, el imperio, durante el cual reinó en París la calma más perfecta. Pero los desastres de la expedición de Rusia precipitaron la caída de Napoleón I, y los parisienses vieron su capital invadida por el extranjero, á pesar de su resistencia del 30 de Mayo de 1814, llamada batalla de PARÍS. Luis XVIII y Napoleón abandonaron esta ciudad y volvieron á ella dos veces, durante el período de los Cien días. La restauración proporcionó á la capital algunos años de calma, la cual volvió á turbarse á la muerte de aquel monarca. En 1819 se fundó la Escuela de Bellas Artes y empezó á emplearse el gas para el alumbrado público. Varios motines populares, precursores de una gran revolución, ensangrentaron la calle de San Dionisio; y diferentes decretos, atentatorios contra las libertades de Francia, fueron firmados por Carlos X y publicados por sus ministros, en 25 de Julio de 1830. Una empeñada lucha que duró tres días, 27, 28 y 29 de Julio, durante los cuales levantó el pueblo de París más de 4.000 barricadas, ocasionó la caida de la rama primogénita de los Borbones y el advenimiento al trono de Francia de la segunda, en la persona de Luis Felipe I. El reinado de este monarca, aunque turbado por las insurrecciones populares de 1832, 1834 y 1839, fué generalmente próspero. La paz de que llegó á gozar el país, permitió al Gobierno de Luis Felipe llevar á término numerosas é importantes reformas de utilidad y ornato públicos; se repararon los antiguos edificios de la Magdalena, el arco de Triunfo de la Estrella, las Casas Consistoriales, el palacio del Consejo de Estado, el de Justicia, la iglesia de Nuestra Señora y la Santa Capilla; se decoró la plaza de la Concordia; se inauguraron el museo de las Termas y el hôtel Cluny; se prolongaron y cubrieron de árboles los muelles de San Pablo, de la Grève, Lepelletier, Gèveres, Tenería y de la Escuela; se construyeron y reedificaron los puentes de Luis Felipe y del Carrousel; las galerías de mineralogía y los nuevos invernaderos del Jardín de Plantas; la columna de Julio; el mausoleo de Napoleón Bonaparte; la biblioteca de Santa Genoveva; las fuentes de Louvois, Cuvier, San Sulpicio, Gaillon y Molière, y los pozos de Grenelle; se abrieron muchas calles, como las de Argel, Rambuteau y Bolsa, llevándose á cabo la importante conquista de Argel, que limpió el Estrecho de piratas, empresa la más gloriosa y útil del reinado de Luis Felipe, que ningún suceso podrá borrar de su grande historia, ni aun la débil prudencia de aquel monarca, que parecía confundirse con una política agonizante. Bajo el mismo reinado se levantaron las fortificaciones de PARÍS, obra colosal, realizada en el plazo increible de 5 años (desde 1841 á 1846) por tres oficiales generales del cuerpo de ingenieros militares, cuyos nombres debemos consignar: el mariscal de campo Dode de la Brûnnerie, director en jefe: el general, después, mariscal Vaillant, director de la orilla derecha del Sena, y el general Noizet, director de la orilla izquierda. Los gastos de estas admirables construcciones, comprendidos los fuertes aislados, se elevaron á la crecida suma de quinientos sesenta millones de reales en números redondos (140.000.000 de francos). La paz interior se hallaba por entonces profundamente perturbada; la agitación era casi constante y las insurrecciones y los atentados contra la vida del soberano se sucedían. En 1848, una nueva revolución derrotó al Gobierno y arrojó del trono á Luis Felipe; del 23 al 24 de Febrero apareció PARÍS erizado de, más de 5.000 barricadas, y después de un combate de algunas horas, entró el pueblo en las Tullerías y un Gobierno provisional proclamó el mismo día la república desde las gradas de la casa del Ayuntamiento; presenciándose por espacio de algunos dias el singular espectáculo de una ciudad inmensa, viviendo sin el menor desorden grave, bajo un Gobierno sin autoridad. La vida pública se hallaba entonces en las calles y en las plazas; las fiestas patrióticas y las reuniones populares excitaban sucesivamente la curiosidad y el temor. Varios desórdenes, provocados por todos los partidos, agitaron muy luego la capital. La invasión de la Asamblea constituyente por el pueblo, en 15 de Mayo; la creación de los talleres nacionales y las memorables jornadas de Junio, hicieron necesario el empleo de la fuerza: jamás lucha tan terrible y encarnizada había tenido lugar dentro de sus muros. La Asamblea nacional quedó triunfante; sin embargo, la ciu dad de París estaba condenada á ver correr de nuevo por las calles la sangre generosa de sus hijos. El 2 de Diciembre de 1851, Napoleón III, presidente á la sazón de la república, disolvió la Asamblea legislativa con el apoyo del ejército. Las consecuencias de este golpe de Estado fueron la proclamación del imperio y la calma absoluta de la capital. Multitud de obras de embellecimiento y de utilidad común, como la biblioteca de Santa Genoveva, el hospital Lariboisière y la iglesia de Santa Clotilde, entre otras, señalaron el nuevo orden de cosas: nunca el esplendor de PARÍS había alcanzado mayor altura. Las exposiciones de 1855 reunieron en la famosa capital lo más selecto y acabado del comercio de todos los puntos del globo. En aquel mismo año y en el siguiente se vió honrada con la presencia de la reina de Inglaterra y de su augusto esposo; del príncipe Alberto, del duque de Cambridge, del rey de Portugal, Don Pedro V, y de su hermano el duque de Oporto; del archiduque Maximiliano Fernando de Austria, del duque de Brabante, del príncipe Federico Guillermo de Prusia, del rey Guillermo de Wurtemberg, del duque de Sajonia Coburgo Gotha, del príncipe Oscar, de Suecia; del gran duque Federico, de Baden, y de Victor Manuel, rey entonces de Cerdeña. En el referido año de 1855 y en virtud del tratado de PARÍS, se celebró en éste un congreso de las principales potencias extranjeras; y en 1856, volvió á reunirse para fijar la interpretación que debía darse á algunas de las cláusulas de aquel tratado y consolidar de este modo la paz de Europa, profundamente alterada por la guerra de Oriente, en la cual había logrado Francia levantarse, por sus notables hechos de armas, á un rango importante en la jerarquía de las naciones, de lo cual estaba algo más orgullosa y engreida de lo que conviene á la mesura de los grandes pueblos. Pero la historia, cuyo severo espíritu no se deslumbra por resplandores transitorios, guarda en secreto muchas y graves quejas contra la marcha de aquel reinado, tan fastuoso como indiscreto. Napoleón III empezó á morir con el abandono de la mártir Polonia, en el Norte; con el desamparo de las islas Jónicas. en Grecia; con la agonía del infeliz Maximiliano, en Méjico. Nunca se habló tanto de democracia, ni hubo jamás tanto refinamiento aristocrático. Nunca se habló tanto de libertad, ni jamás hubo tanta realidad de esclavitud. Enriquecía al país en el mármol, pero lo empobrecía en la conciencia; lo reanimaba con el oro, pero lo mataba con la molicie. Si el pueblo de los héroes se hubiese levantado de su sepulcro, no hubiera conocido á aquel pueblo de cortesanos, de mancebos y damas. Empeñó á la nación en una guerra personalísima, que tuvo por fin único proclamar al principe Eugenio entre las alegrías de un triunfo, y regaló á los alemanes la victoria más fácil y terrible que conocen los fastos de la humanidad. Aquella campaña imprudente, porque era una guerra puramente dinástica pudo ser el natural pecado de una madre; mas no se concibe que fuera el plan de un hombre de Estado. Por último, la Francia de entonces representaba lo que representaba su emperador: un esqueleto que se adobaba con mejunjes y parecía hermoso; pero no era la hermosura del esqueleto, sino la hermosura fingida de los afeites y de los untos. Su propia política le dió el castigo con estas palabras, escritas no se sabe en dónde: «empezar con traición, seguir con artificio y acabar sin honra.» No tenemos noticia de un suplicio tan horroroso. La guerra con Prusia trajo. en 1870, la caida del imperio de Napoleón III y la proclamación de la república, bajo cuya forma de gobierno ha realizado la metrópoli grandes y asombrosos progresos y alcanzado la Francia un en

vidiable grado de prosperidad y de riqueza. PARÍS es hoy el asiento de seis principales estaciones de ferrocarriles, que forman una extensa red que cubre la Francia; el centro de un vastísimo sistema de canalización, que cruza el país en distintas direcciones; el punto en donde terminan numerosos caminos terrestres, y el lecho de un caudaloso río que le une con el mar. Estas diferentes y multiplicadas vías ponen la capital en comunicación rápida y constante con todas las comarcas del territorio francés, de Europa y del mundo. Una multitud de hilos conductores de la electricidad parte de la Dirección general de telégrafos, situada en el Ministerio del Interior, y salvando todas las distancias, difundiéndose por todas partes y entrelazándose en todos sentidos, va á unirse á los sistemas telegráficos continental y marítimo, completando los medios de comunicación de la capital y permitiéndola sostener, con la rapidez del pensamiento, una incesante correspondencia, nacional, con todos los departamentos y ciudades de Francia, é internacional, con las principales potencias de Europa y hasta con las dos Américas. Finalmente, PARÍS es la residencia de los embajadores, enviados extraordinarios, ministros plenipotenciarios, encargados de negocios, del Nuncio y de todos los diplomáticos extranjeros acreditados cerca del presidente de la República, entre los cuales citaremos: los de Rusia, Gran Bretaña, Turquía, Austria, Prusia, España, Portugal, Persia, Italia, Bélgica, Paises Bajos, Suecia y Noruega, Dinamarca, Grecia, Baviera, Hannover, Wurtemberg, Ciudades libres y anseáticas, Brunswick, Baden, Estados Unidos de América, Brasil, Bolivia, Chile, Confederación argentina, Guatemala, Honduras, Haití, San Salvador, Costa Rica, y los cónsules de estas potencias y de otros diferentes Estados de América. Tal es, en conjunto, la capital de Francia con su hermoso río, sus extensas vías, sus edificios monumentales, sus riquezas científicas, artísticas y literarias, sus infinitos medios de comunicación, su vasta industria, su comercio inmenso, sus maguificencias subterráneas y su brillante historia.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Paris», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/paris.