Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Maria

tomo 3 · página 641 · ver la página del original

Maria. Femenino. Nombre dulcísimo de la Madre de Dios y Señora nuestra. || Moneda de plata, de valor de doce reales de vellón, que mandó labrar la reina Doña Mariana de Austria, durante la menor edad de Carlos II. I Familiar. La vela blanca que se pone en lo alto del tenebrario. I A BOL DE MARÍA. CALAMBUCO. II ¡AVE MARIa! Exclamación familiar de asombro. I En algunas provincias, se emplea aún, á modo de saludo, cuando se entra en una casa; especialmente, si no se ve á nadie. Al oir decir: ¡AvE MARÍA!, se responde: «Sin pecado fué concebida.» También suele decirse: ¡AVE MARÍA PURÍSIMA! ETIMOLOGÍA. Hebreo ó siriaco Mariam, Miriam, estrella del mar, señora del mar, nombre que recibió el noveno día después de su nacimiento la hija predestinada de Ana y Joaquín (MoNLAU): latín, Maria; italiano y catalán, María; francés, Maric.

Maria. Virgen de la tribu de Judá y de la estirpe real de David, hija de Joaquín y Ana y madre del Salvador, que nació, según la tradición cristiana, en Nazareth el 8 de Septiembre del año del mundo 3985. Su nombre significa en siriaco señora, dueña, soberana, v en hebreo estrella del mar, «que el piloto no pierde jamás de vista para evitar los escollos.» Hacia la edad de quince años contrajo matrimonio con José, carpintero de Nazareth, que contaba bastante más edad que ella. Algún tiempo después, el ángel Gabriel se la apareció para anunciarla que Dios la había escogido entre todas las mujeres, y que, por obra y gracia del Espíritu Santo y sin dejar de ser virgen, concebiría y daría á luz un niño que tomaría el nombre de Jesús. Nueve meses después de la Anunciación, el Mesías nacía en un establo de Betlehem, lugar á que MaRía y José habían ido para acudir al encabezamiento ordenado por el emperador Augusto. Al cabo de cuarenta días, la madre del Salvador se presentó en el tempio, à fm de vomplir la purificación prescrita por la ley de Moisés; pero bien pronto se vió obligada á huir á Egipto, para substraer á su hijo de las persecuciones de Herodes. La muerte de este último permitió á los padres de Jesús volver á Nazareth, donde la Virgen continuó viviendo en un piadoso retiro, que dejaba solamente para ir cada año á celebrar la Pascua á Jerusalén. Cuando el Salvador comenzó su misión, su madre le acompañó con frecuencia, y el Evangelio nos la muestra en más de una ocasión á su lado, en las bodas de Canaá, en Capharnaum y, por último, en el Calvario, al pie de la cruz, desde lo alto de la cual Jesús la recomendó á Juan, su discípulo predilecto. La Iglesia católica venera á María como modelo perfectísimo de todas las virtudes, le dedica un culto especial, le concede en el cielo el primer lugar respecto de los santos y de los ángeles, á más de elegirla en sus oraciones como intercesora para con su hijo. Entre las fiestas que nuestros dogmas consagran á MARÍA, las principales son: la Concepción, que se solemniza el 8 de Diciembre; la Anunciación, el 25 de Marz0; la Visitación, el 2 de Julio; la Natividad, el 8 de Septiembre; la Purificación, el 2 de Febrero; la Presentación, el 21 de Noviembre, y la Asunción, el 15 de Agosto.

Reseña.—1. Según los Hechos de los Apóstoles, la Santa Virgen permaneció en Jerusalén despues de la pasión y muerte del divino Mesías. 2. Según tradición, adoptada en el siglo v por el Concilio de Efeso, murió en dicha ciudad. 3. Desde el siglo xii hasta el presente, la cristiandad ha erigido á MARÍA un número infinito de santuarios y de templos. 4. Su muerte y ascensión tuvieron lugar á los 23 años y algunos meses del sacrificio de Jesús. 5. La Iglesia protestante no le dedica ningún culto. 6. Considerada la VIRGEN MARÍA como carácter histórico y social, es la redentora de la mujer, á precio de dolor, como Jesús fué el redentor del género humano á precio de martirio. 7. Considerada como carácter religioso y moral, es el tipo mas elevado de la caridad evangélica. 8. Considerada bajo la relación de belleza, es la creación más ideal y más fecunda del arte cristiano. Desde el Calvario hasta el día de hoy, no ha habido mártir, ni santo, ni héroe, ni pintor, ni poeta, cuyo genio no se haya inspirado en los suspiros de la VIRGEN MARÍA al pie de la cruz. Si así puede decirse, todos nuestros labios se han humedecido con el vapor de aquellas lágrimas. ¡Feliz mil veces el cristiano que tiene una hija, para llamarla con el nombre augusto de la madre del Salvador! María de Bethania. Hermana de Marta y de Lázaro, que atrajo la atención de Jesús por su ardiente piedad y'buτις.A tctelurhuó αvus ruegos, resucitó el Salvador á Lázaro, y cuando el Divino Maestro cenaba en casa de Simón el Leproso, seis días antes de la Pascua, derramó sobre sus piés preciosos ungüentos y le enjugó con su cabellera. Es probable que después viviera y muriera en Oriente, por más que una tradición cristiana, confundiendola con María Magdalena, suponga que acabó sus días en la Provenza. Maria de Molina. Reina de Castilla, hija del infante Don Alfonso de Molina, hermano de Fernando III el Santo. Se casó, en 1282, con el infante Don Sancho, que luego fué rey de Castilla y León, y es conocido con el nombre de el Bravo. Cuando éste se rebhelé contra u padre Don Alfonso el Sabio, le siguió María á Córdoba y allí vivió con el hasta la muerte del rey y la coronación de su marido. Muerto éste en 1295, quedó de regente durante la minoría de su hijo Fernando, que no tenía más que 10 años. Tuvo que defender la corona de éste contra los ataques de su tío el infante Don Juan; juntó Cortes en Valladolid, donde hizo jurar al principe; pero, no obstante, las intrigas del otro infante, Don Enrique, consiguieron hacerle ceder la tutoría. Pidió y obtuvo para su hijo la mano de Constanza, hija del rey de Portugal; continuó combatiendo á los partidarios de La Cerda y otros rebeldes, que, al fin, la si

malquistaron con su hijo; pero á la muerte de éste, acaecida en 1312, y seguida al poco tiempo de la de Constanza, volvió á encargarse MaRíA del gobierno y educación de su nieto Don Alfonso XI, muriendo en Valladolid en 1322 y siendo enterrada en el monasterio de Santa María la Real, llamado después de las Huelgas. Reseña histórica.—DOÑA MARÍA DE MOLINA dió á Guadalajara el derecho de troncalidad, de que se habla en el siguiente texto, á propósito del fuero de Guadalajara, otorgado á sus vecinos por Don Alfonso VI, en el año de 1133. El texto á que nos referimos es el siguiente: «El original latino de este fuero no existe en los archivos de la ciudad de Guadalajara, encontrándose sólo de este documento una copia simple romanceada escrita en pergamino de letra del siglo xiV, én el archivo del cabildo de Curas de la misma ciudad. La frase con que concluye: Et señor este traslado es sacado del privilegio del Emperador vuestro antecesor, indica, á nuestro modo de ver, que esta copia fué sacada con el objeto de presentarla á alguno de nuestros reyes para su confirmación. Llorente dice en sus Noticias históricas de las Provincias Vascongadas (tomo 2.°, página 247) «que el fuero de Guadalajara fué dado por Alfonso VIII, corregido por la reina Doña María, mujer del rey Don Sancho el Brazo y confirmado por don Alonso XI en 8 de Agosto de 1331, es con corta diferencia el de Toledo.» No hemos visto este documento, ni tenemos noticia de su existencia, puesto que en la Colección de Abella, que cita, no se encuentra. La reina Doña María de Molina, ya mencionada, por su real cédula de 18 de Agosto del año 1314, estableciendo en Guadalajara el derecho de troncalidad, confirmada por su nieto en 1.° de Agosto de 1331, hace mención de otro fuero de esta población, del cual transcribe una de sus disposiciones, que no se encuentra, ni en el que damos á luz, ni en el de Toledo. Dice así: é lo que me enviastes decir por la vuestra carta que vos avedes en vuestro fuero una ley que dice en esta guisa: Todo home que oviere fijos é muriere uno de los parientes parta con sus fijos: é si en uno moraren los fijos é muriere alguno de ellos, hereden sus bienes los otros sus hermanos, é si partido hubieren, heredelo el pariente.» (Muñoz, Fueros, tomo1.", página 507, en la nota.) Maria Estuardo. Reina de Francia y Escocia, que nació en 8 de Diciembre de 1542 en el castillo de Linlithgow y murió en el cadalso el 8 de Febrero de 1587. Como hija de Jacobo V y de María de Lorena, á la muerte de su padre, y estando todavía en la cuna, subió al trono bajo la tutela de su madre. Sólo contaba cinco años, cuando Enrique VIII, rey de Inglaterra, pidió su mano para su hijo Eduardo; pero MARÍA, prometida á Francisco, delfín de Francia, partió para aquel pais, donde fué educada en un monasterio. Dotada de una verdadera hermosura y de un talento tan claro como seductor, á los 16 años casó con Francisco, á quien, con este matrimonio, dió el título de rey de Escocia. Por instigación de los Guisas, sus tíos, tomó para sí el título de reina de Inglaterra y de Irlanda á la muerte de María Tudor, atrayéndose así la enemistad terrible de Isabel. Su esposo, coronado rey bajo el título de Francisco II en 1559, murió en 1560, y MARÍA, víctima de las persecuciones de su suegra, Catalina de Médicis, tuvo, bien á su pesar por cierto, que abandonar la Francia. Acogida al principio con alegría por los escoceses, no tardó en seguir á sus transportes una larga serie de revueltas, á causa de su adhesión al catolicismo. Para hacerse popular, casó en 1565 con su primo Enrique Darnley, hombre grosero y disoluto, cuya violencia no tardó en causarla profunda aversión. Darnley, asaltado de pronto de violentísimos celos contra el músico David Rizzio, secretario de su esposa, y agente por medio del cual sostenía relaciones con Roma, le hizo asesinar en la misma estancia de MARÍA y en presencia suya (1566) á la sazón que esta se hallaba en cinta de siete meses. MARÍA, indignada por semejante crueldad, tomó parte en una conspiración fraguada contra su marido por el conde de Bothwel, y dejó que se colocara un barril de pólvora debajo de la alcoba en que él dormía. Darnley pereció con efecto en la explosión y MaRía casó en 1567 con Bothwel. El pueblo sublevado la arrojó de Edimburgo; Bothwel, abandonándola alevosamente, fué á morir á Noruega, y la reina, hecha prisionera, fué encerrada en el castillo de Loch-Leven, donde se la obligó á firmar una abdicación. Libre de su cautiverio al cabo de un año, gracias al joven Douglas, fué derrotada con sus partidarios en Langside, cerca de Glasgow, en 1568, viendose precisada á pedir un asilo á Isabel, que, considerándola como culpable, la hizo encerrar en el castillo de Carlisle. Isabel hizo entonces dar comienzo al proceso de su rival, en la cual detestaba á la reina católica y á la mujer llena de atractivos. Murray, hermano natural de María y regente de Escocia, presentó documentos gravisimos, relativos á la muerte de Darnley. El duque de Norfolk, presidente del tribunal, quiso salvar á María y le ofreció su mano; pero Isabel le hizo encerrar en la Torre de Londres. Los duques de Northumberland y de Westmoreland se sublevaron en favor de la procesada; pero no tardaron en verse vencidos y obligados á huir, al mismo tiempo que MARíA enviaba secretos emisarios á Felipe II, el enemigo jurado de Isabel. Norfolk, que había insistido en sus proyectos, fué condenado á muerte en 1572, y el Parlamento pidió desde entonces la vida de MARÍA ESTUARDO, declarada enemiga del Estado. Isabel rehusó con fingido dolor y se contentó con combatir á Felipe II, socorriendo á los protestantes de Francia y de los Países Bajos. Pero, después de las conspiraciones de Trockmorton, 1584; de Porry, 1585, y de Bábington, 1586, el Parlamento declaró que la misma pena sería aplicada á los reos de toda conspiración contra la seguridad del Estado; y en virtud de tal ley, la desdichada reina de Escocia, á la que se arrastraba de prisión en prisión hacía diez y nueve años, fué conducida ante un tribunal constituido en el castillo de Fotheringay, y después de un breve proceso, fué condenada y decapitada el 8 de Febrero de 1587. Su hijo Jacobo VI, rey de Escocia, y su cuñado Enrique III, rey de Francia, no hicieron nada para vengar su muerte. Sólo Felipe II equipó la célebre armada Invencible, que fué á deshacerse en las aguas del Canal de la Mancha.

Reseña.—1. MARía ESTUARDO, considerada como mujer, más que como reina, merecería amargas censuras: después de presenciar la horrible tragedia de la muerte, soportada con la grandeza del martirio, la crítica se ve obligada á guardar silencio. Al juzgar á la reina de Escocia, no vemos su hermosura, ni sus encantos, ni sus talentos, ni sus desgracias; sino la envidia de Isabel y el arrepentimiento de Maria ESTUARDO; y en medio de esas dos figuras, vemos á la historia que vuelve los ojos á la mujer arrepentida y sube con ella las gradas del cadalso.

2. Bibliografia.—La vida de nuestro personaje ha sido escrita por muchos ilustres escritores. Entre los que han tocado su dificil asunto, merecen citarse: L. Sevelinges, Dorgaud y Michel. Schiller, el gran dramático alemán, tomó por base la desdichada vida de la reina de Escocia para una de sus mejores tragedias, y el principe Labanoff publicó en Paris, en 1844, una colección de cartas inéditas de María Estuardo. Uno de los escritores que la han vindicado de la mayor parte de las calumnias de que se la había hecho víctima, es M. Weisener en su obra: Maria Estuardo y el conde de Bothwel, París, 1863. 3. Los versos atribuídos á MaRía al salir de Francia, son de un poeta casi desconocido llamado Querton. Maria Luisa. Reina de España, hija del duque de Orleáns, hermano de Luis XIV y de Enriqueta de Inglaterra, que nació en 1662, casó con Carlos II, rey de España, y murió sin dejar sucesión, en 1689. Maria Luisa. Reina de España, hija del duque de Saboya, Victor Amadeo II, que nació en 1688, casó con Felipe V de España, gobernó el reino mientras su marido hacía la campaña de Italia y murió en 1714. Maria Luisa. Reina de España, hija de Felipe, duque de Parma, que nació en 1754 y murió en 1819. En 1775 se casó con el principe de Asturias, que luego fué rey con el

nombre de Carlos IV. Su vida desarreglada introdujo en la corte las más licenciosas costumbres, y su desordenada pasión hacia el favorito Godoy le hizo colmarle de honores y de dignidades, anteponiéndole á todos los hombres notables de España, y fiando á sus manos la suerte del pais. Llegó á cobrar odio mortal á su hijo primogénito Fernando, por la oposición que hacía al favorito, de tal manera que, después de proclamado aquél rey, por abdicación de Carlos IV, y habiendo sido una de sus primeras medidas la prisión y formación de causa á Godoy, María Luisa hizo todos los esfuerzos posibles para que el pais cayera en poder de Napoleón, y su hijo perdiera la corona, á trueque de conseguir la libertad de su amante, como se verificó. Después de estos sucesos, siguió la suerte de su marido, yendo á pasar sus últimos días á Roma. Maria Teresa de Austria. Reina de Francia, hija de Felipe IV de España. Casó en 1660 con Luis XIV; se distinguió por su carácter dulce y piadoso y permaneció siempre extraña á los asuntos políticos. Murió en 1689 y pronunció Bossuet su oración fúnebre. Maria Antonieta Josefa Juana de Lorena-Austria. Reina de Francia, mujer de Luis XVI, que nació en 1755, y fué hija de Maria Teresa y de Francisco I, emperador de Alemania. Conducida á Francia en 1770, se casó con el delfín, después Luis XVI, y cuando llegó á ser reina después de muerto Luis XV, se entregó á toda la ligereza de su carácter, despreciando las leyes de la etiqueta, y todo lo que en la corte de Francia se llamaba conveniencias. Rodeada de partidarios de los abusos del antiguo régimen, y dominando á su débil esposo, impidió todas las reformas, que hubieran podido retardar ó hacer menos terribles los efectos de la revolución, y le hizo cometer repetidas faltas. Se hizo objeto del odio popular, y estuvo á punto de ser muerta por el pueblo el ó de Octubre de 1791; siguió entonces á Luis XVI á las Tullerías, le decidió luego á emprender el malhadado viaje de Varennes, después de haberle hecho pedir auxilio á las demás potencias, y dirigió en las Tullerías los preparativos de defensa del 10 de Agosto. Encerrada después en el Temple con su familia, fué trasladada el 2 de Agosto de 1793 á la Conserjería, compareció el 2 de Octubre ante el tribunal revolucionario, en el que se defendió con nobleza y dignidad, siendo condenada á muerte y ejecutada en la plaza de la Revolución el 16 de dicho mes. (SALA.)

Reseña.—1. Una serie de folletos, en que se ponían de relieve la impopularidad y el orgullo de María An TONIETA; y sobre todo, la famosa aventura del collar, á cuyo asunto se asoció su nombre, acabaron de poner al público enfrente de la esposa de Luis XVI. 2. Su altanería no pudo ver con calma aquella aversión; y así fué que, á los primeros sintomas revolucionarios, en vez de adoptar una política conciliadora y prudente, hizo gala de sus opiniones contrarias á la revolución, como lo demostró su conducta observada en el banquete de los guardias de corps, cuya actitud hostil acabó de perderla en el ánimo público; y si no en el ánimo público, en las pasiones revolucionarias. 3. Después del 5 y ó de Octubre de 1789 y del 20 de Junio de 1792, su antigua entereza desfalleció visiblemente; y este decaimiento del espiritu fué el gran pecado de MARÍA ANTONIETA, porque el orgullo es en política un enemigo menos peligroso y desleal que el miedo. La reina de Francia dudó y dudar es morir. 4. Los trabajos de Robespierre, desde el proceso de Luis XVI, tendían á que, apartándose todas las miradas de la desgraciada princesa, hiciese el olvido oficios de piedad. «Las revoluciones, decía, son extremadamente crueles y no respetan edad ni sexo. Si mi cabeza no fuese necesaria á la revolución, hay instantes en que la ofrecería al pueblo en cambio de una de las que nos pide.» Pero el parecer de Robespierre no estaba de acuerdo con el sentir revolucionario, si se admite que al delirar pueda darse el nombre de sentir. El temor hace al hombre egoista, lo mismo que la prosperidad, y el pueblo temía demasiado acerca de su suerte futura, para que pudiese ser humano con sus enemigos. A despecho de la política de Robespierre, triunfó nuevamente la más extremada de las tiranías; la tiranía del terror. Por esto sucede que la debilidad es siempre cruel, lo cual consiste en que pretende parecerse á la fortaleza, haciendo con la crueldad lo que no puede hacer con la virtud. Es el ciego que ve la noche donde no puede ver el día. Es la ceguera del espíritu que ve las tinieblas donde no puede ver la luz, que pone el odio donde no puede ver el amor. 5. Desde el ó de Diciembre de 1792, Bourbotte había pedido ya que se declarase á MaRía ANTONIETA en estado de acusación, cuya demanda no tuvo efecto. 6. En Enero del año siguiente, las ciudades de Mâcon y Laval pidieron con instancia que se formase el correspondiente proceso, y el mismo Robespierre se vió obligado á proponer que se entregase al tribunal revolucionario (27 de Marzo y 10 de Abril de 7. El 1.° de Agosto fué entregada al terrible jurado. 8. A la noche siguiente, mediante un decreto de la Convención, se trasladó del Temple á la Conserjería. 9. El 3 de Septiembre sufrió el primer interrogatorio acerca de su intento ó conato de fuga, en que aparecía como cómplice Michonis, administrador de justicia. 10. La Convención y todos los clubs; especialmente, el de los jacobinos, manifestaban su extrañeza por la lentitud con que se instruía el preceso, hasta que Fouquier-Thionville manifestó los temores del pueblo sobre la evasión de la Austriaca, en II de Octubre (19 Vendimiario del año II). 11. A consecuencia de esta denuncia, el 21 Vendimiario, á las seis de la tarde, volvía la ex reina á sufrir interrogatorio secreto, dirigido por el presidente Hermón. 12. El 23 compareció la acusada ante sus jueces. Su defensa estaba á cargo de los jurisconsultos Tronson Du Coudray y Chauveau Lagarde, que la desempeñaron leal y valerosamente; pero el acusador público era Fouquier, y excusado parece decir que el tigre no dejaría escapar su presa. Entre los ultrajes, feos y odiosos, con que Fouquier y Hebert agobiaron á la acusada, la echaron en rostro haber bastardeado las costumbres de su propio hijo. MARÍA ANTONIETA, convirtiendo en palabras los latidos de su corazón lastimado, dijo sencillamente: «Apelo al testimonio de todas las madres,» frase sublime que vale la vida de una generación. Robespierre, al saber los detalles de aquel juicio, exclamó indignado: «¡Imbéciles! Se empeñan en hacer de ella una Agripina, dando á sus últimos momentos el triunfo de la compasión pública.» En efecto, la compasión pública es el mayor de todos los triunfos, porque es el triunfo de una gloria afligida. ¡Sí! Mucho más grande que la virtud que vence, es la virtud que gime, porque se pueaea uestruir lds grandes pirámides; pero no se puede destruir un gemido. 13. Después de diez y ocho horas de debate, los jurados entraron en la sala de las deliberaciones, en donde estuvieron una hora. El veredicto de culpabilidad fué unánime. MARÍA ANTONIETA permaneció impasible al oir pronunciar el fallo, como si su alma se hubiese provisto del menosprecio de la vida, ó como si el cielo reflejara sobre su frente la doble aureola de la heroina y de la mártir. 14. A las cuatro de la mañana del 25 Vendimiario (16 de Octubre), fué conducida nuevamente á la Conserjería y relegada al departamento de los sentenciados. Allí escribió una larga carta á su hermana la nrincesa Isabel, oró algunos instantes y pasó en apacible sueño unas cuantas horas. Cuando se despertó, quitóse el traje negro que vestía desde la muerte de su esposo, y lo cambió por otro blanco, símbolo de la inocencia. Un pañuelo, blanco también, y una gorra del mismo color cubrían respectivamente su espalda y su cabeza. Sólo nna cinta negra, que sujetaba la gorra á sus sienes, recordaba al mundo su duelo; á la esposa, su viudez, y al pueblo, su inclemencia. Hecho esto, abrazó á la hija del alcaide, se cortó el cabello, se dejó atar las manos sin murmurar, y salió de la Conserjería sin dar la menor muestra de debilidad, ni desfallecimiento. Al observar

su tranquilo semblante y su paso firme, cualquiera diría que la naturaleza, obediente á su voluntad, le presta la fuerza necesaria para saber ser digna de la historia. Vamos á recordar dos hechos para enseñanza de los inadvertidos y para consuelo de los avisados. Pronuncian contra una mujer la sentencia de muerte, y aquella mujer duerme tranquila. La sepultan en una cárcel y da un abrazo á la hija del carcelero. Al bajar la escalera del patio, vió la carreta que debía conducirla, en lugar del coche cerrado que condujo al rey, y se paró un instante como dominada por el sentimiento de indignación que causa una afrenta; pero hubo de comprender que Fouquier-Thionville no era hombre para revestir sus crueldades con el decoro de la decencia, ni aun con la decencia de la cortesía. Una vez repuesta contra el pavor que producen ciertos insultos, sobre todo, los insultos groseros, subió sin vacilar á la carreta ignominiosa. La monstruosidad es lo úuico que puede recibirse del monstruo, y MARÍA ANTONIETA baja la frente en señal de resignación. 15. Al subir al carro de la vergüenza, un sacerdote juramentado le ofreció sus oficios espirituales, que la sentenciada no aceptó. A pesar de esta negativa, el clérigo subió á la carreta y se sentó detras de nuestro personaje. 16. Este clérigo era el abate Sothringer. 17. Los gritos de: «¡viva la república!, ¡paso á la Austriaca!, ¡paso á la viuda del Capeto!» acompañaron á MARÍA ANTONIETA hasta la plaza de la Revolución, en donde se alzaba la guillotina. Tenemos absoluta necesidad de martirizar á nuestros lectores, refiriendo estas atrocidades, porque el escritor de buena fe tiene grandes y terribles deberes que cumplir, cuando su conciencia ve delante la generación para quien escribe. Al pasar frente á las Tullerías, María ANTONIETA volvió los ojos á su antigua morada y una lágrima abrasadora rodó por su mejilla. Transcurrido un momento, subía las gradas del cadalso con solemne altivez. Cuando las subía, dice la historia, pisó á Sansón, el famoso ejecutor de sentencias, á quien dijo con grave y espantosa dulzura: pardon, mon frère, «perdón, hermano.» La majestad es magnífica siempre; pero no es nunca tan magnífica como en la hora de morir. La fisonomía de MARÍA ANTONIETA no reflejaba, como la de Luis XVI, la anticipada mansedumbre del justo; sino el menosprecio hacia los hombres y la impaciencia de deshacerse de una vida tan afrentada. Corre á la báscula con frenesí, como si viese en el verdugo su único consuelo, como si sintiera por el verdugo una especie de amor, y su cabeza cayó instantáneamente en la canasta de la guillotina. 18. Un ayudante del verdugo cogió la cabeza y la mostró al pueblo, en tanto que la revolución se creyó vengada. Pero ¿quién venga á la revolución de la sangre con que se acaba de manchar?, ¿quién la venga del sueño tranquilo de la sentenciada?, ¿quién la venga de aquel abrazo dado á la muchacha del alcaide?, ¿quién la vengará del supremo desdén de una heroína de sus enconos?, ¿quién la auxiliará contra sus héroes?, ¿quién le dará armas contra sus mártires! Más aún: ¿quién la vengará de sus monstruos? ¡Oh revolución insensata! Te has vengado de la sombra de una mujer; mas ¿quién te venga de tu sombra? Es verdad, tu odio se ha vengado; pero ¿quién te venga de tu odio? Si la humanidad revuelve un día tu sepulcro, si la historia inquieta tus cenizas, no te quejes. Tu buscaste los espectros de la sociedad; otro buscará los espectros de tu corazón. 19. Retrato de María ANTONIETA.— Fué voluble en vida; serena, en la desgracia; grande, en la muerte. Esto quiere decir: vive como mujer; sufre como señora; muere como reina. Intentan matarla y la inmortalizan; imaginan envilecerla, y la ennoblecen; pretenden hacer una víctima y hacen una santa. Los adoradores de MARÍA ANTONIETA no hubieran podido hacer tanto. ¡Sí! Los que triunfaron, lloran; los que murieron, cantan. ¡Gracias, justicia del Altísimo! 20. Resumen.—En fin, unos lloran por la mujer; otros, por la esposa; otros, por la madre; otros, por la reina. Lloremos todos por la barbarie de los verdugos y por las desventuras de un pueblo mancillado. Maria (ARBOL DE). Masculino. Botánica. «Es un árbol de la India parecido al pino; pero la hoja se parece á la del algarrobo, y el fruto es redondo, como la manzana, con sus pepitas como ella. Hiriendo los indios su tronco en los tiempos del mayor calor, arroja por las incisiones una resina líquida, pero crasa, y que tira al olor del limón, la cual recogen en unos vasos como cocos, que forman á este efecto de una especie de cera negra, que crían en aquellas partes unas abejas del mismo color; y esta resina es la que se llama bálsamo ó aceite de MARÍA. Este nombre parece se le dieron al árbol, por haberse descubierto los primeros y reconocido sus propiedades, en la Villa de MARÍA, una de las de la provincia de Cartagena, á donde se crían en gran abundancia, y en la isla de Tolis.» (ACADEMIA, Diccionario de 1726.)

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Maria», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/maria.