Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Luz

tomo 3 · página 512 · ver la página del original

Luz. Femenino. Lo que ilumina los objetos y los hace visibles. [ Cualquiera Luz artificial; como la vela encendida, velón, candil, etc. I Ilustración, conocimiento.[ El hombre eminente que ilustra á otros con su ciencia. I Día. I Pintura. El punto ó centro desde donde se ilumina y alumbra toda la historia y objetos pintados en un lienzo. I Plural. Arguitectura. Las ventanas y troneras por donde se da Luz á los edificios. Luz

DE LA RAZÓN. El conocimiento que tenemos de las cosas por el natural discurso que nos distingue de los brutos. I DE LUZ. La que recibe una habitación, no inmediatamente, sino por medio de otra. I PRIMARIA. Pintura. La que inmediatamente procede del cuerpo luminoso. I SECUNDARIA. Pintura. La que resulta de la iluminación de la primera. Llámase también LUz refleja y reflexión. I A BUENA LUZ. Modo adverbial. Con reflexión, atentamente. I A PRIMERA LUZ. Al amanecer, al rayar el dia. I A TODAS LUCES. Por todas partes, de todos modos. ALEGRAR LAS LUCES. Frase metafórica.

Avivarlas, torciendo el pábilo á un lado para que luzcan más; y hablando del fuego de las chimeneas, atizarlo para que esté más vivo. ] BAñAR LA LUZ ALGÚN ESPACIO. Frase. Iluminarlo, alumbrarlo todo. I DAR Á LUZ. Frase. Publicar alguna obra. I Frase. Parir la mujer. I DAR LUZ. Frase. Alumbrar el cuerpo luminoso ó disponer paso para la Luz; y así se dice: este velón no da Luz; esta ventana da buena LUZ. I DAR Ó ECHAR LUZ. Frase familiar. Recobrar vigor y robustez las personas delicadas. Usase comunmente con negación. Frase metafórica. Alumbrar, iluminar el entendimiento. I ENTRE DOS LUCES. AL AMANECER Ó AL ANOCHECER. ] Familiar. Aplícase al que ha bebido mucho y está casi borracho. L HACER DOS LUCES. Frase. Alumbrar á dos partes á un tiempo. I MEDIA LUZ. La que es escasa ó no se comunica entera y directamente. RAYAR LA LUZ DE LA RAZÓN. Frase metafórica. Empezar á ilustrarse el entendimiento en el conocimiento de las cosas. Dicese de los niños cuando entran en el uso de la razón. I SACAR Á LUZ. Frase. DAR Á LUz. I Frase. Descubrir, manifestar, hacer notorio lo que estaba oculto. SALIR Á LUZ. Frase metafórica. Ser producida alguna cosa. [ Frase metafórica.

Imprimirse, publicarse alguna cosa. I Frase metafórica. Descubrirse lo oculto.

ETIMOLOGIA. Lux; del griego luhẽ, lalẽs, que significa lo mismo.—LUx es la luz, la claridad, y lumez, lumisis, es más propiamente la causa de la luz.—El griego luke viene de leucós, blanco, porque la luz es blanca.

Derivación.-Sanscrito O (lauc), ver, parecer; laucitan, luciente; lauhas, vista, brillo; laucanan, ojo, antorcha: griego, Aóxn (lúkë), la luz que precede á la salida del sol; latín, luz; godo, liuhath; alemán, Licth; inglés, ligth; ruso, lucz; kimry, llug; italiano, lume; francés, lumière; catalán, llum.—«LUz DE Los ojos. La claridad que se recibe en ellos, y concurre como condición necesaria precisamente para la visión.» (ACADEMIA, Diccionario de 1726.)—«A DOS LUCES. Frase adverbial que significa ambiguamente, con confusión.» (IDEM.) Luz Caballero (JoSÉ DE LA). Este insigne cubano nació en la ciudad de la Habana el 11 de Julio de 1800, y fueron sus padres el teniente coronel don Antonio de la Luz y la virtuosa señora doña María Manuela Caballero, de los cuales recibió una educación por extremo esmerada. Dedicado al estudio de la teología, ingresó en el seminario de San Carlos con la firme intención de consagrarse al sacerdocio; pero los consejos de sus mismos padres, de sus amigos y de sus condiscípulos, le disuadieron de su primera resolución, animándole á reunir muchos conocimientos profanos á los que ya había reunido para la carrera eclesiástica. A la sazón, tenía Luz muy merecida reputación de saber, no obstante sus pocos años, cuando en 1824 dejó en el colegio de San Carlos su cátedra de filosofia el ilustre patricio don José Antonio Saco, y aquél entró á desempeñarla y á confirmar aún más la idea que se tenía de su gran aptitud para el profesorado. Enseñó Luz la filosofía durante tres años con notable aprovechamiento de sus discípulos y mayor gloria suya; si bien deplorando que los cursos del seminario, que era la verdadera universidad de la Habana en aquel tiempo, no se elevasen á la altura que en la generalidad de los centros de instrucción de Europa; sobre todo, en la enseñanza de ciencias naturales y de otros ramos del humano saber. Con el objeto de llenar ese vacío y extender sus conocimientos prácticos, se trasladó por primera vez á Europa, donde visitó los mejores establecimientos de enseñanza y se relacionó con los más distinguidos profesores. En Paris estableció relaciones con el sabio Humboldt; combinó con él la formación de un observatorio magnético, que se proponía establecer en la Habana á su regreso; y se ocupó también de la adquisición de máquinas é instrumentos para la clase de fisica del colegio de San Carlos, que se fundaba en aquel tiempo con la iniciativa y los auxilios del ilustrado obispo Espadas. En 1830 volvió Luz á la Habana y quedó muy complacido cuando, al asistir á los exámenes de los institutos de primera y segunda enseñanza, que protegía la Sociedad Económica, reconoció que se habian introducido ya mejores métodos y conseguido durante su ausencia algunos adelantos. Fué nombrado socio de número de aquella corporación en 1832, con motivo de discutirse allí sobre los medios de establecer un gran colegio central, donde, además de estudiarse todos los conocimientos principales, se explicaran también los de ciencias naturales con más latitud que en el colegio-seminario, adonde su saber había llevado tantas mejoras. Desde esta época, se dedicó Luz exclusivamente á la enseñanza, que era su verdadera y provechosa vocacion. Pidió y obtuvo en 1832 establecer un colegio de educación primaria, autorizándosele también después para abrir una cátedra de química y cursos de filosofia, que se incorporaron á la universidad. Aunque en su establecimiento emplease las mejores horas en las clases, dirigiendo las superiores sin desdeñar el cuidado de las inferiores, todavía le quedó tiempo para escribir sobre filosofia y educación, ya excelentes extractos de las mejores obras, ya artículos originales, que se publicaron en la Gaceta de la Habana y en las Memorias de la Sociedad; pero una peligrosa enfermedad que le acometió en 1836 y la larga convalecencia de que fué seguida, le obligaron durante mucho tiempo á abandonar aquellas tareas de su predilección. Entonces intentó consagrarse á la abogacía; pero desde sus primeros pasos tuvo que renunciar á una carrera que estaba en pugna con sus inclinaciones y con sus costumbres de suyo tranquilas y reposadas. Elegido director de la Sociedad Económica en 1838, continuó enseñando desde 1839 la filosofía; y como presidente especial de la sección de educación de dicha sociedad, tomó una parte más activa de lo que su delicada salud le permitía, en apasionadas controversias públicas sobre la filosofia ecléctica. Desde 1841, y después de haber demostrado en aquellas cuestiones toda la pureza de su ortodoxia y la incompatibilidad del flexible eclecticismo con la severidad científica, volvió á buscar remedio á sus dolencias en Europa. Sus adversarios en aquella polémica se aprovecharon de su ausencia para acriminarle y envolverle en los procedimientos que, en 1844, se formaron en la Habana y otros puntos de la isla, por la conspiración de la raza negra contra la blanca. Sin embargo, su inocencia no debía tardar en triunfar, á pesar de las maquinaciones de sus enemigos. El fiscal de la comisión militar, abusando de la confianza de la autoridad superior, emplazó á Luz por edictos y pregones; y cuando muchos inocentes huian temerosos de que no los preservaran sus pruebas de ser confundidos con los criminales, el inofensivo Luz Caballero no tardó en acudir al Ilamamiento más que el tiempo necesario para su retorno. Su acusador oficial terminó su carrera en un presidio, mientras que el acusado era absuelto. Algún tanto mejorado de sus dolencias, creó en una risueña y espaciosa localidad del pueblo del Cerro, que hoy es un magnífico arrabal de la Habana (el más hermoso de la ciudad), un colegio de humanidades denominado El Salvador. En aquel ameno retiro supo hermanar sus gustos predilectos el laborioso Luz, viviendo tranquilamente entre árboles, discípulos y libros. Las mejores familias enviaron allí sus hijos á educarse; y lo mismo que las puertas del Salvador para los alumnos, las del gabinete de su director estuvieron siempre abiertas para los amigos y los deudos, que acudieron á disfrutar de su amena conversación y agradable trato. Aquéllos debían haber sido los mejores dias de su existencia; pero

desde la pérdida de su hija única, su salud empezó á decaer visiblemente; los males fisicos se unieron á los morales; y el 22 de Junio de 1862, la América sufría la irreparable pérdida de uno de sus hijos más queridos. Tan brillante era su triple aureola de modestia, de probidad y de saber, que todas las autoridades y corporaciones le tributaron los últimos obsequios, con la misma pompa que si le hubiesen enaltecido oficialmente los primeros honores y las más altas consideraciones del Estado. Una concurrencia inmensa acompañó su cadáver, y todos los institutos de enseñanza se cerraron durante tres dias en señal de duelo.

Reseña.—1. En su testamento legó la mayor parte de sus libros, que eran tan selectos como numerosos, á las bibliotecas populares; y en especial, á la Sociedad Económica de Amigos del país. 2. Dejó diferentes escritos inéditos, como si pretendiera continuar desde la tumba su obra de moralidad y de ilustración. 3. Muere un poderoso, que únicamente vivió para sí, y su nombre se desvanece con el tañido último de la campana que toca á muerto. Muere el hombre humilde de esta biografia, y todo un pueblo sigue Ilorando sus fríos despojos. Y un niño pregunta á su madre: «¿Quién fué JOSÉ DE LA LUz CABALLERO?» Y la madre responde á su hijo: «¡Si fué el maestro de tu padre!» Y en la generación siguiente, otra madre repetirá: «¡Si fué el maestro de tu abuelo!» Y la memoria de este modesto apóstol de las ideas correrá triunfante de boca en boca, de pensamiento en pensamiento, de corazón en corazón, rodeada del sentimiento dulce y tranquilo con que Dios galardona los días sagrados de la virtud y de la ciencia. El personaje á quien tenemos el honor de dedicar las presentes líneas no puede morir nunca; y ¿cómo ha de morir, cuando toda la isla de Cuba está llena de JOSÉ DE LA LUZ CABALLERO? Acepten las cenizas del insigne cubano el homenaje de nuestro cariño, y su noble patria, el saludo de nuestra fervorosa alegría. Pocos nombres escribimos con más placer en nuestro DICCIONARIO que el de aquel maestro ejemplar convertido en dechado de su generación.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Luz», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/luz.