Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

León

tomo 3 · página 370 · ver la página del original

León. Masculino. Geografia. Antiguo reino de su nombre, creado en el siglo vii por los reyes de Oviedo, sucesores de Pelayo, y reunido definitivamente á la corona de Castilla en 1230 por el rey Don Fernando III, llamado el Santo.—Su territorio tuvo diferentes limites, según los azares de las guerras y de las conquistas de que fué objeto; pero en su último estado abarcaba aproximadamente el que hoy ocupan las provincias de LEÓN, Zamo ra, Valladolid, Palencia y Salamanca, las cuales se hallaban comprendidas bajo la denominación de Reino de LEÓN.—Este estaba situado entre lo 40° 10-43° 5' de latitud septentrional y 6°-9° 31' de longitud occidental, confinando: al Norte, con Asturias; al Este, con Castilla la Vieja; al Sur, con Extremadura, y al Oeste, con Galicia y Portugal. LEÓN es provincia de tercera clase en lo civil y administrativo, dependiente, en el orden judicial, de la audiencia de Valladolid, y en el militar, de la capitanía general de Castilla la Vieja, formada, en virtud de decreto de las Cortes, en 1822, de la mayor parte de la antigua provincia de igual nombre y de una pequeña porción de la de Valladolid. 1. Situación astronómica.—Encuéntrase ésta comprendida entre los 42 4 30-43° 6' 0° de latitud septentrional y los 0° 56 30e-3° 37 30° de longitud occidental del meridiano de Madrid.

2. Limites.—Según la última división decretada en 30 de Noviembre de 1833, el territorio de esta provincia se halla limitado: al Norte, por la de Oviedo; al Este, por la de Palencia; al Sur, por las de Valladolid y Zamora, y al Oeste, por las de Lugo y Orense.

3. Superficie.—Los anteriores limites abarcan una extensión de 160 kilómetros de largo, de Oriente á Occidente; 116 de ancho, de Norte á Mediodía, y 15.971 cuadrados de superficie.

4. Población.—Asciende, según el último censo, llevado á cabo en 1887, á 380.637 habitantes, distribuídos en 1.021 poblaciones, las cuales constituyen 234 ayuntamientos, agrupados en los 10 partidos judiciales siguientes: Astorga, La Bañeza, LEÓN, Murias de Paredes, Ponferrada, Riaño, Sahagún, Valencia de Don Juan, La Vecilla y Villa franca del Bierzo.

5. Clima.— La temperatura que se disfruta en esta provincia, es de tal suerte inconstante, que el menor cambio de viento ó la lluvia produce una repentina y brusca transición del calor al frío y viceversa: esto no obstante, el clima es generalmente seco y sano. 6. A ccidentes y calidad del terreno.— Este pais aparece cortado por varias sierras; además de la gran cordillera

LEÓN que va marcando, por la parte Norte, el límite con Oviedo; y, por el Oeste, separando la provincia de las de Lugo y Orense, existe otra mucho más elevada que, corriendo de Norte á Mediodía, divide el territorio en dos grandes secciones; de estas cordilleras se desprenden numerosos ramales que van formando valles más ó menos extensos, hasta que, bajándose gradualmente, vienen á terminar en vastísimas llanuras.— La calidad del terreno es generalmente arcillosa y arenisca ó silícea.

7. Ríos.—Todos los que nacen y corren por la parte oriental, van á desaguar en el más caudaloso de la comarca, el Duero, el cual la divide casi en dos mitades; y, por el contrario, todos los que tienen su origen y fertilizan la sección occidental, desembocan en el Miño; entre los primeros, figuran el Esla, el Orbigo, el Tuerto, el Luna, el Bernesga y el Tort́e; entre los segundos, el Sil, el Boeza, el Busbia, el Cua y el Valcarce.— Todas estas corrientes, que constituyen otras tantas riberas, más ó menos prolongadas en una extensión de 60 á 90 kilómetros, están Ilenas de saltos y de cascadas, efecto del desnivel considerable que llevan sus aguas.

8. Producciones.— Las de este país son tan variadas como el clima; en las montañas, especialmente en las de Valdeburón, abunda el arbolado de haya, madera muy estimada por su solidez para toda clase de construcciones, cuyos gruesos y ramosos árboles producen una fruta de la familia de las bellotas, de la que se extrae un aceite que suelen usar los naturales para el alumbrado; en la cordillera de Foncebadón, robustas encinas y numerosos acebos; en el Bierzo, multitud de acebuches ú olivos silvestres y alcornoques; en los cruceros de las riberas, se encuentran el roble, la estepa, el brezo, fresnos, chopos y álamos negros; en los valles profundos, con exposición al Norte, una especie de sauce, llamado husera, cuya madera, superior al boj, es dura, blanca, lustrosa y muy parecida al marfil; el mostajo, el cerezo, el manzano y otra infinidad de árboles de fruta silvestre, que comen los naturales de la parte llana de la sección oriental, mientras que en la occidental se crían los frutales de todas especies, en grande abundancia, pues sólo en cerezas se conocen más de veinte variedades exquisitas.—En la parte oriental se ven páramos estériles, que sólo á fuerza de trabajo producen alguna cantidad de centeno; fértiles llanuras cubiertas de cereales y legumbres; inmensas laderas pobladas de vides; extensas vegas, en que abunda el lino; valles cuajados de hortalizas y de forraje; dehesas, en que se apacientan ganados de todas clases; y, finalmente, montes y bosques que suministran excelentes maderas de construcción, de combustible y numerosa caza mayor y menor. En los parajes occidentales, en donde se dis LEÓN fruta lo más templado de su clima, merced á la excelencia de arbolado, puede añadirse á los productos mencionados la plantación del castaño, del nogal, de la higuera, del granado, del olivo y de otros muchos árboles frutales delicadísimos.—La población de la montaña es esencialmente ganadera; la de los llanos, exclusivamente agrícola; la de los valles, se dedica á ambas cosas: los sabrosos y nutritivos pastos de los partidos de Murias de Paredes, Riaño y otros, sustentan un considerable número de ganados trashumantes; los del resto de la provincia, cantidad suficiente de ganados estantes de todas clases.— Aparte de algunas minas de hierro, de carbón de piedra y de antimonio, encuéntranse en las montañas limítrofes con Asturias algunas canteras de mármol y jaspe de vistosos y variados colores; en Boñar, una piedra blanca muy fácil de labrar cuando se extrae, pero que después se endurece y toma un color amarillento; las demás montañas son de pizarra, roca primitiva, sillería ó granito, frecuentemente incrustado de cristal de roca. — Todos los ríos que bañan el territorio, ofrecen abundante pesca de anguilas, truchas, sábalos, barbos, tencas y otros peces.

9. Industria.—La del país que nos ocupa es de escasa importancia: las fábricas son poco notables; los telares de lino, comunes á todos los pueblos; la ganadería, que es la que mejor aspecto presenta, está reducida á los productos de su agricultura. Los moradores de las montañas se dedican á la fabricación de ruedas y laboreo de maderas para cubas y construcción de edificios; en los distritos ganaderos, que lo son casi todos los de la provincia, se elaboran quesos, de no muy buena calidad, y una manteca exquisita, perfectamente imitada á la de Flandes. Gran parte de las faenas del campo está confiada al sexo débil. 10. Comercio.—La exportación de granos, frutas, ganados, particularmente el de cerda, que abunda en todas las poblaciones rurales, y de sabrosísimos jamones, y la importación de pescados de mar y otros articulos de primera necesidad, constituyen los principales productos de su comercio. 11. LEÓN.—Capital de la provincia, de la jurisdicción y diócesis de su nombre, audiencia y capitanía general de Valladolid.—Está situada en una deliciosa y feracísima campiña, en la confluencia de los ríos Torío y Bernesga, que la bañan respectivamente por el Oriente y el Occidente, á los 42° 36' de latitud Norte y 1° 50 de longitud Oeste del meridiano de Madrid.—Dista de esta población 320 kilómetros; es residencia de las primeras autoridades civil y militar, de un obispado, el más antiguo del reino; y cuenta además 13.446 habitantes, escuelas normal superior y de veterinaria, seminario conciliar, instituto, hospital, hospicio, teatro, cuar LEÓN teles, Banco y varios colegios de primera enseñanza.—El clima es generalmente húmedo y frío, á causa de las muchas nieves que cubren gran parte del año las montañas del Norte, del Oriente y del Occidente, no obstante hallarse las más próximas á 28 kilómetros de distancia.—La ciudad es de figura ochavada, según se observa en el curso de sus murallas, construidas en tiempos de los romanos, de las cuales sólo quedan vestigios; su plaza más notable, la Mayor ó de la Constitución, la cual presenta un hermoso cuadro de edificios con balcones, rodeada de soportales, que sirve de punto de reunión á lo más escogido de la ciudad, así en los días crudos y lluviósos de invierno como en las apacibles noches de verano.— Entre sus edificios más celebrados, se citan: la casa capitular y consistorial, de órdenes dórico y jónico, edificada en 1565 por Juan Rivera, de piedra; sillería labrada con esmero, dos torres en los costados y con escudos de armas y agujas guarnecidas de pizarra: el teatro, levantado, en 1845, en la plaza de San Marcelo; la casa de los condes de Luna, de aspecto suntuoso, y la llamada de los Guzmanes, toda de piedra sillería pulidamente labrada; el palacio episcopal, con hermosas habitaciones de invierno y de verano, excelente patio con columnas de piedra y una anchísima escalera de mármol, dividida en tres tramos; el monasterio de la iglesia de san Marcos, que contiene una rica biblioteca; el de San Isidoro, de estilo bizantino, panteón de varios miembros de las familias reales de España; la magnífica capilla del antiguo convento de los benedictinos; y finalmente, la catedral, templo famoso, al cual vamos á consagrar algunas palabras. Esta suntuosa basílica de la Asunción, de carácter esencialmente gótico ó de estilo ojival, está considerada como lo mejor, lo más grandioso y delicado en su clase que existe en España. Según expresión vulgar, la catedral de Sevilla es grande; la de Toledo, rica; la de Santiago, sólida; pero la de LEÓN, las aventaja á todas en elegancia, hermosura, gentileza y claridad. Su construcción es verdaderamente admirable, al par que digna de su celebridad, por su ligereza y valentía: asombra, en efecto, al genio pensador el profundo, el sublime conocimiento de estática de su inventor y la facilidad con que por sus leyes aligeró los puntos de carga, conduciendo los enormes pesos, grandes esfuerzos de sus arcos y bóvedas de sillería, por medio de arcos botareles, á los bien calculados estribos que las reciben, apoyan y aseguran sólidamente: su obra, según la expresión feliz de un autor, es una máquina perfectamente organizada, cuyos miembros, armónicamente combinados, forman el cuerpo arquitectónico más esbelto y magnifico que se conoce; y maravilla cómo su fábrica, de piedra sillería toda y de tan extraor

LEÓN dinaria delicadeza, se mantiene en pie tan íntegra y firme, sin que la arrebate ni conmueva el viento.— El exterior de este edificio, levantado en el siglo XIII, es grandioso, pues en todas direcciones se advierten corredorcillos, estatuas, candelabros, flameros y otros adornos, rematando los botareles, torrecillas y frontones. El pórtico ó fachada principal, que mira á Occidente, presenta cinco hermosos arcos en ojiva, tres de los cuales abren paso á otras tantas naves de la iglesia: sobre estos cinco arcos, corre un elegante antepecho calado; en el muro, se eleva un cuerpo que termina con dos templetes y un rosetón igualmente calado en tercer cuerpo; y en el centro del segundo, se ve una magnífica ventana circular: colocadas al rededor de los pilares y entre las puertas, se cuentan más de 40 estatuas, del tamaño poco mayor que el natural. A cada extremo de los arcos, se elevan dos grandes torres, de indisputable belleza; pero menos airosas y delicadas que las de Burgos; menos severas y majestuosas que las de Palma: en la que da frente al Mediodía, más hermosa, de mayor elevación y de mejor gusto que la del Norte, se ve la excelente máquina del reloj construida en Londres; ambas tienen cuerpo de campanas y cubierta piramidal con torrecilla y varios remates por adorno sobre el último cuerpo. En el centro de esta fachada, en un escaparate de cristales y sobre un pedestal de sillería, aparece colocada una gran figura de Nuestra Señora, denominada La Blanca, cuyo nombre lleva igualmente la fachada. La del Sur, presenta un be Ilísimo aspecto; su decoración está limitada á tres hermosos arcos góticos de bastante luz, coronados con antepecho calado y conteniendo rasgos de mediana escultura y algunas estatuas de regular magnitud. Las dos fachadas se encuentran circuidas por una elegantísima verja de hierro, entre pedestales de mármol, de orden corintio, los cuales rematan en estatuas, jarrones, bolas y otros adornos, primorosamente trabajados. Todo el exterior de este maravilloso monumento del arte arquitectónico presenta una admirable profusión de estatuas y esculturas; pero esta admiración sube de punto cuando se penetra en el interior. Los pilares cuadrados que sostienen los arcos de las bóvedas, son de una delicadeza extremada, y los muros que forman el circuito, han sido de tal modo alambicados por los artistas, que en algunas partes apenas tienen 30 centimetros de espesor, no concibiéndose cómo pueden sostenerse. La catedral se compone de nave, crucero y presbiterio, que afectan la figura de una cruz latina, decorada de ligeros pilares, sobre los cuales descansan los grandes arcos, en que apoyan hermosas bóvedas de arista; en el centro, sobre cuatro robustos arcos torales, se eleva una media naranja, con linterna, decoradas ambas LEÓN con exquisito gusto. A los lados del crucero y al pie de la nave mayor, se ven soberbias ventanas circulares en el pie y brazo Norte, y una angular, en el brazo Sur, de extraordinario diámetro, caladas de piedra y cerradas con cristales de colores; las que se observan en los interpilares, sobre sus capiteles y debajo de las cimbrade las bóvedas de arista, están formadas con nervios de piedra y cerradas igualmente con cristales de colores, que representan varias y bellísimas figuras; y en el presbiterio, sobre el retablo mayor, todos los lunetos tienen también ventanas de su magnitud y forma, cerradas, como las otras, con la misma especie de cristales. La galería, que rodea la nave, es de un trabajo maravilloso; y las ventanas se encuentran separada pos grupos caprichosos y pintorescos de cuatro estatuas. El retablo principal, dedicado á la Asunción de Nuestra Señora, está situado en el cascarón del presbiterio, en un magnífico basamento de mármoles oscuros, vetosos y bien pulimentados; sobre este basamento se halla el primer cuerpo de arquitectura, de orden corintio; y encima, un ático del mismo orden, ocupando: el centro, la estatua de la Asunción, de tamaño natural; y en los extremos, las figuras de los apóstoles, contemplando, como absortos, la elevación de la Virgen en una nube sostenida por querubines. Sobre el crucero y parte oriental del edificio, hay siete capillas, con hermosos retablos, decoradas por el estilo de las demás naves y perfectamente cerradas con verjas de hierro. El coro tiene dos órdenes de sillería, cuyos sillones, de madera de nogal bien trabajada, ostentan figuras de bajo relieve hábilmente esculpidas: en el centro del muro que cierra el coro, hasta la altura del órgano, hay una puerta en arco de medio punto, el cual abre paso á la nave mayor; y en este sitio, al lado de la epistola, está el órgano, notable por sus numerosos registros y la belleza de las figuras que le adornan. A la entrada del presbiterio se ven dos magníficos púlpitos de mármoles embutidos y de colores, cubiertos de bien trabajados tornavoces, y los arcos, que comunican con las naves, aparecen cerrados de altas y robustas verjas, con ricos dorados, sobre basamentos de mármol oscuro y vetoso. Por último, el presbiterio y el coro se encuentran igualmente cerrados por otra hermosa verja de hierro con adornos de bronce. La famosa catedral de LEÓN es una especie de prodigio, en que se reunen armoniosamente el misterio del orden gótico, la esbelta elegancia del orden árabe, la idealidad del arte griego y la solidez del arte romano. Con dolor y orgullo nos despedimos de este magnífico monumento de nuestra patria.—Los alrededores de esta capital, poblados de árboles y huertas, ofrecen deliciosísimos paseos; el terreno es de excelente calidad; sus principales LEÓN producciones consisten en trigo, cebada, legumbres, patatas, hortalizas, frutas, flores, drogas, lino, del cual hacen el ramo más importante de su industria, convirtiéndole en hilaza y lencería; buenos pastos, que se destinan á la cría de ganados; mucha y variada caza de aves, y abundante pesca de truchas, anguilas y otros peces.— La industria cuenta algunas hilanderías de lino, fábricas de tejidos de lana, de telas, y, particularmente, de guantes, que son objeto de un considerable comercio.— Este es insignificante, si se exceptúa el de granos, que se hace con la provincia de Asturias.—Las ferias que se celebran en esta población son tres: una, el día de San Juaz, en la que se venden ganado de todas clases, efectos para la labranza, paños, lienzos, telas, mantelerías y objetos de quincalla; otra, en Todos Saztos, á la que se lleva mucho ganado mular de cría, caballar, asnal y boyal; y la tercera, el 30 de Noviembre, idéntica en todo á la anterior, salva la particularidad de concurrir mucho ganado de cerda. 12. Poblaciones sotables. — En el Bierzo, valle frondosísimo y abundante en frutas, vino, castañas y lino, se encuentran: Ponferrada, con 3.974 almas; Villa franca, con 2.913, y Bembibre, con 2.372, cuyos habitantes, conocidos con el nombre de meragatos, se dedican á la arriería, que ejercen con toda probidad, y cuyo traje, que no carece de originalidad y de elegancia, se supone ser el de los primitivos moradores de España.—A storga, ciudad episcopal famosísima, con 6.000 almas, antiquísimas murallas y una catedral gótica, en la que se ve el famoso reloj de los maragatos.—La Baneza, con 2.778 habitantes, y Mansilla, con l.258, pueblos ambos de consideración por su gran comercio en ganados.—Sahagún, villa célebre por su antiguo monasterio de benedictinos, situada sobre el Cea, con 2.657 habitantes.— Valencia de Don Juaa, antigua Coyanza, memorable por su Concilio, asentada sobre el Esla, con campiña feraz y 2.380 almas, y San Adrián del Valle, con 903 y aguas salinas termales. 13. Carácter de los habitantes.—El tipo del leonés es, por lo general, sobrio, franco, honrado, laborioso y pacífico; el montañés, sutil, alegre, excelente amigo, obsequioso, afable, trabajador, agradecido y muy celoso por la educación de sus hijos; el parames, morigerado, activo é industrioso; el riberano, irascible, soberbio y muy dejado para la crianza de la familia; el maragato, cuyo buen continente es harto conocido para que nos detengamos en reseñarle; y en cuanto á las mujeres, el penoso trabajo del campo, á que tienen forzosamente que dedicarse para suplir la ausencia de sus maridos, las hace excelentes madres, con una resignación y sufrimiento heroicos para las privaciones de la vida. Las elevadas montañas que ocupan la parte más septentrional de la

provincia, están poblados de hombres dóciles, sencillos y laboriosos, dedicados casi exclusivamente al cuidado de sus ganados vacuno y lanar, y á las ferrerías. 14. Historia.—Créese que la fundación de esta ciudad tuvo lugar después de terminada definitivamente la guerra cantábrica por Agrippa; los romanos, al establecerse en ella, la Ilamaron LeGIo Septima Gemina, que era el nombre de la LEGIÓN que la ocupaba (véase nuestro artículo LEGIÓN), del cual tomó el de LEÓN, que actualmente la distingue. De las antigüedades romanas de esta población, sólo han quedado unos ladrillos grandes y gruesos, en los que se lee: LEG. VII GEM. P. F. Cuando Ptolomeo escribió sus Efigesis geográfica, era ya LeóN ciudad insigne, apareciendo con el nombre de Germánica en vez de Gémina, por ignorancia sin duda de los copiantes. En el Itinerario de Antonino Pío (véase nuestro artículo CALZADA), se lee correctamente Legio Septima Gemina, figurando como el término de un camino de Italia, que cruzaba la Galia y toda la peninsula española, desde Oriente á Norte. En los siglos medios alcanzó cierta celebridad; y cuando los bárbaros del Norte hicieron presa de nuestro pais, establecieron en ella los suevos su corte. Por los años 717 se apoderaron los moros de esta ciudad, cuyos moradores, sitiados por hambre, se vieron obligados á capitular. LEÓN fué la primera plaza importante que tomaron los cristianos á los sarracenos, contándose entre las gloriosas conquistas de Don Pelayo, cuyo monarca la hizo fortificar y defender por un buen castillo. Después de haber sido tomada por Alfonso el Católico, transcurrió largo tiempo sin que el nombre de LEoN volviese á sonar en relación alguna verdaderamente histórica, con motivo sin duda de los embates agarenos que tras de aquella conquista sufriera; hasta que Don Alfonso III la sacó de sus escombros y la fortificó con grande esmero, disponiéndose á esperar en ella, por los años de 882, al formidable ejército musulmán de El-Mondhir. Al año siguiente, talaron los cordobeses las cercanías de esta población. Desde que el rey Alfonso dejó restablecida la antigua ciudad de los legionarios, que habia quedado despoblada bajo sus antecesores, fecháronse en ella varios decretos, sin que en ninguno de ellos llegara á apellidársela jamás capital; no puede, por lo tanto, atribuirse á aquel monarca el encumbramiento de esta ciudad á metrópoli de un reino, como algunos aseguran, ni debe tampoco retardarse este acontecimiento á los tiempos de Ordoño II, como otros afirman. Cuando Alfonso III abdicó la corona en favor de sus hijos don García, Don Ordoño y Don Fruela, repartiéronse éstos amistosamente cuantas tierras había poseido el padre, con anuencia de los respectivos vecindarios para el LEÓN reconocimiento formal de aquella partición; cúpole en suerte á Don García esta ciudad y estableció en ella su corte por los años 909 6912, desde cuya época vino á ser capital del reino de su nombre. Constituian este reino la ciudad de LEON, los territorios situados entre el Duero y Asturias y los campos godos, llamados Tierra de Campos. El rey Don García hizo durante su corto reinado una guerra durísima á los moros; taló sus campos y saqueó sus poblaciones. Muerto de enfermedad en 914, juntáronse en la ciudad, según antigua costumbre, los magnates y los obispos del reino para nombrar sucesor al monarca difunto, siendo elegido por aquellas Cortes, en 19 de Enero del referido año, el rey de Galicia, Don Ordoño, hermano del antecesor, el cual reunió bajo su cetro el gobierno de los dos reinos. No bien fué coronado y consagrado por aclamación popular, ó sea omne populo assentiente, invadió Ordoño los Estados del califa hasta las márgenes del Guadiana, Ilevando la guerra después de la decantada jornada de Val de Junquera, por el corazón de las posesiones musulmanas, hasta la raya oriental de Andalucía, según afirman algunos historiadores cristianos. A fines del año 923 ó principios del 24 murió Ordoño al regresar á LEON, así que hubo subyugado los pueblos de Nájera y Vicaría, que habían pertenecido á los condes de Castilla, en venganza sin duda del descontento que éstos manifestaran de su autoridad, pasando ambos pueblos á poder de su aliado el rey de Navarra. Los electores civiles y militares del reino nombraron por sucesor á Don Fruela, rey de Asturias, el cual vino á reinar sólo en LeoN desde Enero ó Febrero de 924 hasta l.° de Marzo del siguiente año, en que murió de lepra, siendo enterrado junto á su hermano Ordoño, en la iglesia de Santa María, que este último había fundado. Sucedió á Fruela su sobrino Alfonso, hijo segundo de Ordoño y de Elvira ó Nuña; pero cansado de la corona, á la mitad del quinto año de su reinado, llamó á su hermano Ramiro, que gobernaba el condado independiente del Bierzo, y le cedió el cetro en II de Octubre de 930, retirándose al monasterio de Sahagún, donde tomó el hábito de monje. Poco tiempo después, echando de menos Alfonso el brillo de la corona, se presentó en LeóN con infulas de soberano apoyado por algunos de sus parciales, que favorecían su intento, quedando sitiado en esta ciudad por su hermano Don Ramiro; sus primos, hijos de Fruela II, quisieron mediar por él en el asunto; pero receloso Ramiro de su trama, se dirigió contra ellos y los hizo empozar en la mazmorra misma de Alfonso, en donde les fueron arrancados los ojos. Durante este reinado, suenan algunos combates alternativos de los cristianos y musulmanes, distinguiéndose entre aquéllos las batallas LEÓN de Osma, Zamora, Simancas y San Esteban de Gormaz; amén de algunos conatos de los condes de Castilla contra su predominio, los cuales fueron reprimidos. Este monarca abdicó la corona en favor de su hijo Ordoño III en 5 de Enero de 950, cuyo príncipe, al suceder á su padre, hallábase casado con Doña Urraca, hija del famoso conde de Castilla Fernán González. Apenas hubo aquél ocupado el solio, se vió atacado por su hermano Sancho, quien intentó por dos veces, aunque inútilmente, arrojarle de él, auxiliado por el rey de Navarra y por el mismo Fernán Gonzalez, á pesar de los lazos de parentesco que le unían á Ordoño. Este monarca repudió entonces á su esposa, devolviéndola á su padre, y casó en seguida con una gallega llamada Gelvira ó Elvira: hizo una entrada en territorio musulmán; sofocó las alteraciones de Galicia; tomó por asalto y desmanteló á Lisboa; hizo las amistades con el conde de Castilla y le ayudó con sus armas contra los moros. A mediados de Agosto de 955 murió Ordoño en Zamora, pasando el cetro á manos de su hermano Don Sancho, que tanto lo había ambicionado desde la muerte de su padre. Sancho I, apellidado el Gordo por su excesiva obesidad, fué arrojado del trono, al año de su reinado, por el conde Fernán González, su antiguo protector, el cual encumbró á Ordoño, hijo de Alfonso IV, á quien había dado por esposa á su hija Urraca, viuda repudiada de Ordoño III, como ya hemos manifestado. Los desmanes y violencias de este príncipe malquistáronle con todos los pueblos de quienes había merecido los apodos de intruso y malvado: Sancho, en tanto, había recabado el auxilio de los árabes, y al presentarse en sus antiguos Estados al frente de un numeroso ejército, fué recibido como libertador, viéndose en breve tiempo en posesión de todo el reino de sus padres. Fernán González, aprovechándose de los trastornos del país, logró libertar sus Estados de todo predominio y establecer la independencia de Castilla. Varios condes, marqueses y duques de Galicia, mancomunados con el obispo de Compostela, trataron luego de desentenderse de Sancho, con el objeto sin duda de entronizar á Bermudo, hijo de Ordoño III, que se encontraba entre ellos; pero fueron subyugados por aquel monarca, el cual murió envenenado á mediados de Septiembre de 967, después de doce años y un mes de reinado, descontado el tiempo que ocupó el trono Ordoño IV.—La corona de LeoN pasó á las sienes de Ramiro III, hijo del anterior, cuyo principe, que apenas contaba cinco años á la muerte de su padre, entró desde luego á reinar bajo la tutela de su madre Doña Teresa Jimena y de su tía Elvira ó Gelvira, monja del monasterio de San Salvador. Llegado á la edad de 17 años, casó Ramiro con una señora llamada Sancha, y empuñó por sí las

LEÓN riendas del gobierno, viendo sus Estados presa de las victorias de Almanzor y de sangrientas guerras civiles, pues los nobles de Galicia, descontentos de las ínfulas de soberanía del joven príncipe, y tal vez de sus amenazas, volvieron por la causa de Bermudo, á quien consagraron rey en 15 de Octubre de 982. Créese que Bermudo, después de la batalla que tuvo con Ramiro en Portella de Arenas, invitó á Almanzor para que acudiese contra el reino de LEÓN, adonde aquél se había retirado: sitiado por los musulmanes de la raya y atacado por Almanzor en persona, se vió Ramiro forzado á retirarse á Oviedo y á Sahagún con las reliquias de los santos y otras preciosidades atesoradas por sus antecesores. Dueño Almanzor de la ciudad, destruyó desde sus cimientos las fuertes murallas que la defendían, dejando en pie una sola torre para que, pregonando la fortaleza de LEÓN, lo hiciese asimismo de su gloria por haberla rendido. La ruina de esta población fué tan completa que, al hacerse Bermudo dueño de los reinos así devastados por Almanzor, no pudo residir en ella. Este monarca disfrutó de alguna tregua en la guerra incesante que aquel famoso caudillo hacía á los cristianos; pero tuvo que sofocar la insurrección de Gonzalvo Menéndez de Galicia, promovida quizás por el mismo Almanzor, que se hallaba en Africa por entonces; y las armas de Hadgeb, después de haber llevado el espanto y la ruina por la España oriental, se volvieron contra los Estados de Bermudo. Este monarca murió de la gota hacia los últimos meses de 999, después de diez y siete años de reinado. Le sucedió Alfonso V, su hijo, el cual fué colocado en el trono por los grandes del reino cuando apenas contaba un lustro de edad. Durante la minoría de este príncipe, tuvo lugar la memorable batalla de Calatañazor, en la cual quedó vencido el famoso Almanzor, al par que una rebelión de varios señores del reino, que fué prontamente reprimida. Pelayo de Oviedo, al ocuparse de la llegada de Almanzor y de su hijo Abd-el-Melek á la ciudad de LEÓN, dice: que arrasaron sus torreones y destruyeron sus puertas, que él supone en número de cuatro, distribuidas en los cuatro puntos cardinales de Este, Oeste, Norte y Sur; que fueron destrozados los mármoles en que se hallaban grabados los nombres de los prefectos romanos, fundadores y pobladores de la ciudad; que permaneció yerma durante cinco años, hasta que Alfonso V, con motivo de haber convocado dentro de sus muros un Concilio de los personajes principales del reino, así clérigos como seglares, mandó reedificar las cuatro puertas, variándolas los nombres anteriores, pues la oriental se denominó del Obispo; la septentrional, Postigo; la occidental, Cauriense, y la meridional, del Arco. Créese que Pelayo fijó la total restauración de esta ciudad, en una época posterior á la celebración de aquel Concilio, por haber interpretado sin duda la expresión del canon 20, en él establecido, del mismo modo que lo traduce un autor moderno: «Acordamos también que la ciudad de LEÓN, toda yerma, se repueble á favor y en virtud de estos ordenamientos escritos.» El canon dice: «Constituimus, ctiam, ut LEGIONENSIS civitas, que depopulata fuit, repopuletur per hos foros scriptos;» pero esto, como oportunamente hace notar otro autor, pudo decirse con relación al antiguo lustre de esta ciudad, que se trataba de volverla, y á lo cual se refieren muchas de las disposiciones adoptadas por aquel Concilio, celebrado en 1.° de Agosto de 1020; algunas de ellas son tan curiosas, que no resistimos el deseo de transcribirlas. El canon 29 disponía: «que el vecindario de LEÓN hubiese de celebrar sus juntas, siendo iguales en ellas los de dentro y los de fuera de los muros, el día I.° de la cuaresma, en el capítulo de Santa María, para aforar el pan, el vino y la carne; arreglar los jornales de todo trabajador y la administración de justicia en el vecindario por todo el año, imponiendo al pagador que se desmandase, cinco sueldos, moneda real, pagados al mayorino del rey;» el canon 31: «si alguno cercenase el peso y medida del pan y del vino, pagase también cinco sueldos;» el 34: «que el tahonero que cercenase el peso del pan, por primera vez fuese azotado; y por segunda, pagase igualmente cinco sueldos (100 pesetas próximamente).»—De este modo se singularizó esta ciudad por aquella Constitución religiosa, á la vez que política y civil, tan justamente encarecida; la primera quizás cuyos artículos se hayan conservado, desde el Fuero Juzgo de los godos. Consta de 48 cánones: los 7 primeros tratan de la disciplina eclesiástica; los 40 siguientes, de la legislación política y civil; y el último, contiene el enérgico anatema, consiguiente en semejantes juntas españolas, lanzado contra cualquiera que atentase contra lo establecido en el Concilio, aun cuando fuese de prosapia regia. Dice así: «Quisquis ex nostra progenie, vel extranca, hanc nostram constitutionem sciens frangere tentaverit; fracta manu, pede et cervice, evulsis oculis, fusis intestinis, percusus lepra una cum gladio anathematis in æterna damnatione cum diabolo et angelis ejus luat pœnas.»—Por esta Constitución se apellidó Alfonso V el de los bonos foros. Este monarca murió de un flechazo, haciendo la guerra á los musulmanes, el 5 de Mayo de 1027, á los 34 años de edad, dejando por sucesor á su hijo Bermudo III. Este príncipe contrajo luego matrimonio con Doña Urraca Teresa Jimena, hija de Sancho, conde de Castilla, y hermana de García, heredero de aquel condado, y de Doña Mayor, primogénita, casada con Sancho el Grande de Navarra. Embajadores burgaleses pidieron á Bermudo la mano de su hermana Sancha para esposa de su conde García, la cual les fué otorgada, pasando éste á la ciudad de LEÓN y hospedándose en el barrio del Rey, en tanto que Bermudo había salido para Oviedo. Los hijos del conde Vela, que habían sido arrojados de Castilla por Don Sancho, padre de García, reunieron una hueste por las serranías, dirigiéndose á LEÓN, y, al amanecer de un día, asesinaron al infante García á la puerta de la iglesia de San Juan Bautista, en venganza de las ofensas que habían recibido de su padre. Esta muerte fué origen de una serie de revoluciones, que terminó por traer á una sola familia la potestad de la España cristiana, cambiando casi por completo el aspecto político de la península. Sancho el Grande de Navarra, así que hubo vengado la muerte de su cuñado García mandando quemar vivos á los Velas, en Monzón, se hizo vecino de Bermudo, con la adquisición del condado de Castilla. Las relaciones amistosas de estos dos príncipes quedaron luego interrumpidas por causas que no han podido precisarse: mientras que Bermudo se ocupaba en refrenar dos sediciones promovidas por los magnates Oveco Rosendo y Sisenando Gahariz, Sancho había ido apoderándose del territorio leonés que media entre el Pisuerga y el Cea, llegando hasta las llanuras de LEÓN, donde encontró, por último, una tenaz resistencia. Alborotáronse los pueblos; y Bermudo, después de reunir una hueste de gallegos, le salió al encuentro. Hallábanse ya ambos reyes dispuestos á trabar batalla; pero como mediaran en el asunto los obispos de los dos reinos, aviniéronse aquéllos á un ajuste, en el que se acordó que Fernando, hijo segundo de Sancho, se desposara con Doña Sancha, hermana del rey de LEÓN, quien le cedería en dote cuanto Sancho había conquistado, al principio de la campaña, entre el Pisuerga y Cea; concediendo además á Fernando el título de soberano de Castilla, con la mano de Sancha, cuyos desposorios lleváronse á cabo con gran magnificencia en 1032. Al año siguiente, hostilizó de nuevo Sancho la ciudad de LEÓN, logrando apoderarse de ella y reduciendo el dominio de Bermudo á la Galicia; ejerció aquél la soberanía de LEÓN y de Asturias, desde los primeros meses de 1034 hasta Febrero de 1035, en que murió, con cuyo motivo volvió Bermudo á tomar posesión de sus Estados. En 1036, juntó Bermudo una hueste compuesta de leoneses y gallegos, y se dirigió contra Castilla, con ánimo resuelto de recuperar las tierras cedidas en otro tiempo con la mano de su hermana Doña Sancha; salióle al encuentro Fernando, auxiliado de su hermano García, rey de Navarra, y murió alanceado en la batalla de Tamarón, que tuvo lugar á 8 de Junio de 1037. Extinguido, con la muerte de este monarca, el linaje de los varo

nes de los reyes de LEÓN, recayeron todos los derechos á la corona en la hermana de Bermudo, consorte de Fernando, el cual, después de ganar la batalla referida, se dirigió victorioso hasta las puertas de LEÓN. El vecindario opuso al pronto alguna resistencia; pero considerando luego que era el legitimo heredero del reino por su matrimonio, le franqueó las puertas de la ciudad, siendo ungido y coronado solemnemente en 22 de Junio de 1037. Fernando I unió el dictado de rey de LEóN al de Castilla, que ya ostentaba, sin postergarle á éste, como generalmente se ha creído; la anteposición del título de Castilla al de LEÓN debe datar de fecha posterior, puesto que en las actas de aquellos tiempos suena LEóN antes que Castilla. El reinado de este soberano, que fué de los más interesantes, duró desde el 22 de Junio de 1037 hasta 27 de Diciembre de 1065. Las sensibles desavenencias y desastrosa guerra entre los dos hermanos, Fernando de LEÓN y de Castilla, y García de Navarra, vinieron á terminar con la muerte de este último en la funesta batalla de Atapuerca. El rey Fernando Ilegó á hacerse muy temible á los musulmanes, á quienes tomó numerosas posesiones, y murió despues de haberse conquistado el renombre de Grande, siendo enterrado en LEÓN, en la iglesia de San Isidoro, que él mismo había hecho edificar. De su matrimonio con Doña Sancha dejó cinco hijos: Urraca, Sancho, Alfonso, Elvira y García, entre quienes repartió sus Estados; yerro político en que incurrió á ejemplo de su padre Don Sancho, y que, como entonces, fué causa de grandes desastres y empeñadas guerras. Hizo á Urraca reina de Zamora; dió á Elvira la ciudad de Toro con otras rentas; á Sancho, la Castilla; á García, la Galicia, y á Alfonso, LEÓN. Este príncipe, derrotado por su hermano Sancho en las batallas de Llantada y de Golpejare, tomó el hábito de monje en Sahagún; se fugó á Toledo, con cuyo emir trabó íntima amistad; volvió luego á ocupar el trono de LEÓN, siendo también proclamado rey de Castilla y de Galicia; se apoderó de numerosas posesiones musulmanas, sin contar que, con la rendición de Toledo, quebrantó en sus cimientos el poder del islamismo en España. A su muerte, heredó la corona su hija Urraca, la cual casó en 1106 con Don Alonso, rey de Aragón, continuando el reino de LEóN unido al de Castilla. El segundo año de la muerte de Doña Urraca casó su hijo Don Alfonso con Doña Berenguela, hija de los condes de Barcelona; y en 1135, reunidas Cortes en LEÓN, se acordó que Alfonso tomara el título de emperador, siendo coronado en Santa María de LEÓN por el arzobispo de Toledo. Este monarca, al distribuir más tarde sus Estados entre sus hijos, señaló á Don Sancho el reino de Castilla y á Don Fernando el de LEÓN, quedando de este modo divididas ambas coronas, durante 73 años, al cabo de los cuales quedaron nuevamente reunidas, bajo el cetro de Don Fernando, para no volver á separarse jamás, sonando desde entonces bajo la corona de Castilla. Para terminar la interesante historia de esta ilustre ciudad, que ha sido la capital del primer reino cristiano y residencia de los reyes de LEÓN durante tres siglos, citaremos: su rendición á Enrique II, que la sitió en 1368; el abatimiento de su antigua grandeza, desde que dejó de ser el asiento de sus monarcas; el gran desarrollo que experimentó después cuando le fué levantada la amortización de su territorio, y finalmente, su valeroso alzamiento durante la guerra de la Independencia, en la cual demostraron los leoneses el arrojo y civismo de sus gloriosos antepasados, como han venido acreditándolo igualmente en cuantas vicisitudes políticas ha experimentado la nación. 15. Varones ilustres.—Entre los muchos hijos eminentes que cuenta esta ciudad, figuran: el escritor don Diego de Santisteban y Ossorio; el obispo de Tuy; el poeta don Bernardino de Rebolledo; el cardenal don Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón y su hermano don Tomás de Lorenzana, obispo de Gerona. 16. Heráldica.—El escudo de armas de nuestra nobilísima ciudad ostenta un LEÓN rampante coronado.

LEÓN. 1. (Antiguo reino y ciudad de España.) Viene del latin legio, legionis, la legión, y no de leo, leonis, el león, cual á primera vista pudiera creerse. La actual LEon es una ciudad fundada por los romanos, y poblada por su Legio Septima Gemina: estas tres voces formaban el nombre de la ciudad, mas luego se suprimieron las dos últimas, y quedó en Legio, de cuyo ablativo Legione salieron Legión, Leión, León.—Cada legión romana se componía de cuatro mil á seis mil hombres, equivaliendo poco más ó menos á lo que ahora se llama brigada de ejército. Cuando dos legiones, que habían sufrido muchas bajas en los combates, se refundían en una sola, ésta se llamaba Gemina (doble, gemela, melliza); y gemina era la legión séptima que se estableció en LEÓN.

(MONLAU.) 2. Por consiguiente, el nombre de LEÓN era: Legio Septima Gemina.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «León», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/leon.