Roque Barcia · 1880-1883
Lenguaje
tomo 3 · página 365 · ver la página del original
Lenguaje. Masculino. Idioma, lengua particular de cada nación ó provincia. El estilo y modo de hablar y escribir de cada uno en particular.
Anticuado. El uso de hablar ó la facultad de hablar. FIGURADO. El que se habla ó escribe usando muchas figuras retóricas. I VULGAR. El usual, por contraposición al de los doctos.
CULTO. El empleado por las clases más instruidas de una nación. I TÉCNICO. El que corresponde á la parte facultativa de las ciencias, artes, industria, comercio y oficios.
ETIMOLOGÍA. Lenqua: catalán, llenquatge; provenzal, lenguatge; Berry, langaige; burguiñón, langueige; francés, langage; italiano, linguaggio.
SINONIMIA. Articulo primero.—LEN GUAJE, ESTILO. Cuando queremos expresar un pensamiento que existe en nuestra mente, lo vamos analizando, y resolviendo en todos sus accesorios ó ideas parciales por medio de los signos de un idioma; por consiguiente, sin que el pensamiento deje de ser uno mismo, pueden variar los accesorios según nuestro modo de considerarlo. Salicio se quejaba de los rigores de su amada; ésta es una proposición sencilla que se puede considerar bajo diferentes aspectos. Si atiendo á la razón de la queja, diré por ejemplo: El incauto Salicio, que sin haber reflexionado jamás sobre sí mismo, se habla dejado arrastrar de su pasión, se quejaba injustamente de Galatea porque, siguiendo como él los impulsos de su corazón, le miraba con indiferencia. Garcilaso, queriendo lisonjear la imaginación y enternecer el corazón con los lamentos de Salicio, deja á un lado todas las reflexiones, y se detiene en pintar los pormenores de su situación en estos versos: Saliendo de las ondas encendido, Rayaba de los montes el altura El sol, cuando Salicio, recostado Al pie de una alta haya, en la verdura, Por donde una agua clara con sonido Atravesaba el fresco y verde prado; El, con canto acordado Al rumor que sonaba Del agua que pasaba, Se quejaba tan dulce y blandamente, Como si no estuviese de allí ausente La que de su dolor culpa tenia. Aunque rigurosamente no hay nada en estos versos que no pueda atribuirse al lenguaje, considerado como instrumento de nuestras ideas; sin embargo, conviene distinguir la elección de los accesorios, de la material aplicación de los signos. A lo primero se le llama estilo del lenguaje ó simplemente estilo; á lo segundo, se le conserva su nombre genérico de lenguaje. El lenguaje de la música es la colocación de las claves, notas y accidentes, y sólo es susceptible de mayor ó menor sencillez; el estilo de la música puede variar al infinito, pues comprende las combinaciones de todos los sonidos apreciables, ya cuando se suceden formando lo que Ilamamos canto ó melodía, ya cuando reunidos forman la armonía. Aplicando esto á los sonidos articulados, llamamos lenguaje á la elección y colocación de las palabras, según las reglas de la gramática: y estilo, á la elección de las expresiones, al mayor ó menor número de accesorios, ó á lo corto ó largo de los períodos, al orden directo ó inverso, á las figuras y tropos. Por esto decimos del estilo, que es conciso ó difuso, llano ó florido, bajo ó sublime: cosas que, hablando con rigurosa propiedad, no se pueden decir del lenguaje; y si alguna vez las decimos, es tomando aquella voz en su acepción más general, que igualmente comprende el estilo. Los defectos del lenquaje son los solecismos, los barbarismos y la dureza de la pronunciación: los defectos del estilo son la hinchazón, la frialdad, la inconexión de ideas, la mala aplicación de las figuras, la afectación y otros muchos. El lenguaje de Solís es excelente: el estilo de Cervantes, inimitable. Por no distinguir como conviene estas dos especies, se han equivocado los que, hablando de la acepción de las voces, han dicho que un escritor de una materia no podía servir de norma á los escritores de otras: el lenguaje propiamente dicho, esto es, la acepción de las voces y su enlace gramatical, deben ser el mismo en todos los estilos.
(JONAMA.) Articulo segundo.—LENGUAJE, IDIOMA, HABLA, LENGUA. Lenguaje es un conjunto de signos de nuestras ideas: idioma es un sistema de estos mismos signos, de modo que una parte del idioma ó un cierto número de signos bastan para formar lenguaje; pero para ser idioma se necesita, no sólo que estén todos los signos, sino que por su analogía formen un cuerpo ó un sistema más ó menos regular. El lenguaje es propiamente el instrumento con que comunicamos nuestras ideas: el idioma es el arte que nos guía. Las buenas cualidades del lenguaje son la pureza, la propiedad y la elegancia: las del idioma son la exactitud, la precisión, la riqueza y también la elegancia. La exactitud y la precisión pueden también en algún modo pertenecer al lenguaje; pero la riqueza pertenece exclusivamente al idioma, así como la pureza y propiedad no pueden pertenecer sino al lenquaje. Esto se entenderá mejor definiendo cada una de estas voces. La exactitud consiste, no sólo en que cada idea tenga su signo distinto, sino en que éstos guarden entre si la misma conexión que las ideas. La precisión consiste en que no haya ni más ni menos signos que los necesarios, y que éstos sean los más sencillos. La riqueza consiste en la abundancia de signos; y, por consiguiente, de ideas; esto se ve que no puede pertenecer al lenquaje, que no es sino la práctica del idioma; pues la ejecución de una cosa no es buena ni mala por ser larga ni corta, sino por estar hecha según reglas. La pureza del lenguaje consiste en que todos los signos y el orden de ellos pertenezcan al idioma en que se habla (1). La propiedad es la buena aplicación de ellos á las ideas que se quieren expresar. La elegancia común al idioma y al lenguaje consiste en que las ideas están expresadas ó pueden expresarse de un modo agradable á los sentidos, por ejemplo: á la vista se las expresamos con gestos ó notas: al oido se las expresamos con sonidos. Hay varias especies de idioma, y, por consiguiente, de lenguaje: tales son el de acción ó el de los gestos arbitrarios, el de los sonidos musicales, el de la aritmética, el de los sonidos articulados y otros varios. Algunas de estas especies tienen un nombre particular. El idioma y el lenguaje de la música, por ejemplo, se llaman solfa; los de la aritmética se Ilaman numeración. (1) Aqui se toma el verbo hablar en el sentido más extenso de expresar cualquiera cosa por medio de signos; por consiguiente, no sólo entiendo por hablar el comunicarse con gestos, sino también el escribir, el contar, etc.
Asimismo el lenquaje de los sonidos articulados se llama habla y el idioma de los mismos sonidos se llama lenqua; de modo que entre estas dos últimas voces hay la misma diferencia que entre idioma y lenguaje; esto es, el habla es un conjunto de voces que representa uno ó muchos pensamientos; la lenqua es el sistema más ó menos regular de estas mismas voces. La perfección del habla, por consiguiente, consistirá en que sea pura, propia y elegante: la perfección de la lenqua, en que sea, no sólo elegante, sino tambien rica, precisa y exacta. Habla es la voz propia y específica del lenquaje de los sonidos articulados, ó de lo que se llama lenguaje hablado; así como lengua lo es del idioma de los mismos sonidos. Sin embargo, es preciso notar que aquella voz no suele usarse en toda la extensión de su significado; y así no decimos: el habla de Solís, sino el lenguaje de Solís. Esto proviene de dos cosas: primero; de todos los lenguajes, el habla es el de mayor uso; es, digámoslo así, el lenguaje por excelencia, y por esto le conservamos su nombre genérico: segunda; la voz habla es equívoca, pues significa también la potencia ó facultad de hablar: por consiguiente, sirviéndonos de la idea general lenguaje, prevenimos la ambigüedad que resultaría muchas veces de tomar la idea más individual habla. De aquí resulta una regla general, y es que se debe preferir esta última voz como más propia, siempre que se pueda, sin oscuridad ni doble sentido. Algunos ejemplos ilustrarán todo lo dicho hasta aquí. Se aprenden los idiomas y las lenguas: se observan y analizan los lenguajes, y, por consiguiente, el habla: unos y otros se entienden. Se dice el idioma de la razón, y no podemos decir el lenguaje ni la lengua de la razón. Al contrario, se dice el lenquaje, no el idioma de los libertinos ó de los hipócritas. Aunque se puede decir idioma francés, caste Ilano, se dice más comunmente lenqua francesa, lenqua castellana. De aquí podemos deducir otra regla, y es, que en estas expresiones no debemos usar la voz general idioma, sino para evitar el equívoco que resultaría algunas veces de la voz lengua, que significa también el instrumento material de la articulación: en todos los casos en que esté salvada la equivocación, debemos preferir esta última voz como más propia. En la suposición de que la lenqua castellana sea más perfecta que la francesa, y que las tragedias de Racine estén mejor escritas que la Raquel, diremos que el autor de esta última escribió en mejor lengua; pero que el lenguaje del otro es superior. En honor de la verdad, permítaseme una observación algo arriesgada: me parece que Condillac debió decir idioma ó lenguaje, y no lengua de locálculos; á lo menos, en castellano creo que es impropio el título de aquella obra. No podemos decir la lengua ni el habla de la música ó del álgebra, pues estas voces pertenecen exclusivamente á los sonidos articulados.
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