Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Judío

tomo 3 · página 269 · ver la página del original

Judío, día. Adjetivo. Lo perteneciente á judíos. I Masculino y femenino. El que profesa la ley de Moisés. Se dió este nombre á los israelitas después del cautiverio de Babilonia, por la preponderancia de la tribu de Judá. I Voz injuriosa y de desprecio de que suele usarse en casos de cólera y enojo. Masculino. Cierta variedad de judía de hoja mayor y más redonda, con las vainas más anchas, cortas y estoposas, y que se conoce más comunmente con el nombre de JUDIONES.)

Metáfora. Avaro, usurero. l DE SEÑAL. El judío convertido á quien se le permitía vivir entre cristianos, y para ser conocido se le ponía una señal en el hombro.

ETIMOLOGÍA. Judá: griego lovèatoc (ioudaïos); latín, judæi, los hebreos; italiano, giudeo; francés del siglo XII, gèmui, judios; moderno, juif; provenzal, jusieu, juziex; catalán, juheu, va; portugués, judeo.

Reseña.—1. Sus ceremonias (las de los supíos) eran una sombra de las cosas que habían de ser. (Exodo, XIII, 9 y 14; Números, YV, 38, Deuteronomio, XVI, 1; EZEQUIEL, XX, 10; SAN PABLO á los corintios, primera epístola, X, 1; segunda, III, 13, á los hebreos.

VII, 17; VIII, 5; 1X, 1, 10, 2. Algunas particulares costumbres de judíos. (Génesis, XXXII, 31; Jueces, XI, 40; Ruth, IV, 7; segundo de los Paralipómenos, IXIV, 25.) Judio errante. Personaje legendario, condenado á la inmortalidad y al movimiento perpetuo, y que, según la tradición, no posee nunca más de cinco monedas de cobre, de que disponer á la vez, pero que encuentra siempre esta exigua suma en su bolsillo. La leyenda del JUDÍO ERRANTE no está ni en los Evangelios apócrifos ni en las obras de los padres de la Iglesia. Parece ser originaria de Constantinopla y datar del siglo Iv, época del descubrimiento de la verdadera cruz. De ella existen dos versiones principales: la de Oriente, mencionada en el siglo xIIi por Mateo de Paris, monje de San Albano, que llama al Jupío ERRANTE Cartaphilus y le hace portero de Poncio Pilato; y la de Occidente, más antigua en Europa que la primera, que le da el nombre de Ahseverus y le asigna el oficio de zapatero en Jerusalén. Según esta última, cuando Jesús, llevando sobre sus hombros el madero de la cruz, pasó por delante del taller de Ahsererus, los soldados que conducían á la augusta víctima al Calvario, movidos á piedad, rogaron al artesano le dejara tomar algunos instantes de reposo en el zaguán de su casa. Ahseverus no accedió á su súplica, y dirigiéndose al Salvador le dijo: «Anda! janda!» «También tú andarás,»—le respondió con dulzura el sublime mártir;—recorrerás toda la tierra hasta la consumación de los siglos, y cuando tu planta fatigada quiera detenerse, esa terrible palabra que has pronunciado te obligará á ponerte en marcha de nuevo.» Desde el día siguiente, Ahseverus, impulsado por una fuerza sobrenatural, debió, para cumplir el decreto divino, comenzar su interminable viaje. «Jamás se le ha visto reir,» dice un escritor que data de 1618, y añade: «Hay muchas personas de calidad que le han visto en Inglaterra, Francia, Alemania, Hungría, Persia, Suecia, Dinamarca, Escocia y otras comarcas; como también en Rostock, en Weimar, en Dantzig y en Kœnigsberg. En el año de 1575, dos embajadores de Holstein le vieron en Madrid; en 1599 se encontraba en Viena, y en 1601 en Lubeck. El año 1616 se le vió en Livonia, en Cracovia y en Moscow, y muchas de las personas que le vieron, llegaron hasta hablar con él.» Acerca de este asunto, se debe citar la antiquísima canción popular del Brabante, que da al JUDíO ERRANTE el nombre de Isaac Laqueden. Además de este trozo de poesía, que no brilla seguramente por la belleza de su forma ni por la corrección de su estilo, otra multitud de obras han sido inspiradas en diversos países por la maravillosa leyenda. Gœthe, en su juventud (1774), tuvo la idea de tomar la leyenda del JUDÍO ERRANTE por asunto de una epopeya. En sus Memorias expone el plan de este proyectado poema, diciendo: «Quería servirme de la leyenda como de un hilo conductor para representar el desarrollo progresivo de la religión y de las revoluciones de la Iglesia.» Otro célebre poeta alemán, Schubert, ha dejado un fragmento lírico sobre el eterno peregrino.

Francia, además del Ahseverus de M. E. Quinet, que hace del Jupío ERRANTE la personificación del género humano, después del advenimiento de Jesús, tiene la novela de Eugenio Sué, que, como nadie ignora, es una obra de combate contra los jesuítas, y una bellísima cancion de Beranger; que se ha traducido al castellano. El JUDÍO ERRANTE es evidentemente el símbolo del pueblo judío desde el sacrificio del Calvario.

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