Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Huerta

tomo 2 · página 1247 · ver la página del original

Huerta. Femenino. Terreno destinado al cultivo de hortalizas, legumbres y árboles frutales. Se distingue del huerto en ser de mayor extensión, y en que suele haber menos arbolado y más hortalizas. ] Provincial. Toda la tierra de regadío. METER EN LA HUERTA. Frase metafórica. Engañar á alguno valiéndose de medios que juzgue que redundan en su utilidad ó gusto. I METIóTE EN LA HUERTA Y NO TE DIÓ DE LA FRUTA DE ELLA. Refrán contra el poderoso que pone á la vista el premio y en llegando la ocasión no lo da.

ETIMOLOGÍA. Huerto: catalán, horta.

SINONIMIA. Huerta, huerto. Ambas voces expresan un terreno destinado con especialidad al cultivo de hortaliza, legumbres y árboles frutales, y traen consigo la idea de la dedicación, del esmero y de la frondosidad. Pero la voz huerta refiere la idea á un terreno abierto y de extensión indeterminada, al paso que huerto limita la extensión y nos da la idea de un espacio de terreno particular, reducido y cerrado por todas partes, y en cierto modo solitario. Un huerto es comunmente la propiedad privada, de un solo dueño. Una huerta puede comprender varios terrenos, pertenecientes á diferentes dueños. Por esta razón designamos con el nombre de «la huerta de Valencia,» «la huerta de Murcia, etc.,» el conjunto de tierras de regadío que forman una extensión más ó menos considerable y no interrumpida en cada una de aquellas provincias. Y por la misma razón decimos: el huerto de Getsemaní, ó el huerto de los Olivos, y no la huerta, hablando del lugar cerrado y solitario adonde se retiró á orar Jesucristo, «la oración en el huerto,» y no en la huerta. (CoN DE DE LA CORTINA.) Huerta (VICENTE GARCÍA DE LA).

Poeta, filólogo y autor dramático español, nacido en Zafra (Badajoz) en 1729 y muerto en 1787. El papel que representa este poeta, lleno á veces de inspiración, pero desigual y ampuloso en otras ocasiones, fué el de protestar contra la invasión de la literatura francesa, funesta, según él, para el arte nacional, y que no podría hacer otra cosa que activar su decadencia. Mientras que Luzán, Cadalso, Iriarte y Jovellanos predicaban con sus consejos y con su ejemplo la cruzada contra aquel romanticismo que había dejado nombres tan gloriosos como los de Calderón, Lope, Tirso, Moreto, Rojas y otros ciento, impulsando á los poetas á observar las reglas de Aristóteles y á copiar servilmente á Corneille, á Racine y á Molière, GARCÍA DE LA HUERTA, solo contra todos, mantenía la bandera gloriosa de la antigua escuela. Sin embargo, la necesidad de una reforma literaria se dejaba sentir en él mismo, y como prueba palmaria de esta verdad, no hay más que ver el sello clásico que sus mismas tragedias llevan impreso. La Raquel, su obra maestra, es más drama que tragedia; pero las unidades están respetadas en ella de la manera más escrupulosa, y Agamemnón tiene todo el corte del más riguroso clasicismo. La tendencia literaria de la época era invencible, puesto que su único adversario se sentía arrastrado por ella. Su crítica fué lo que más le separó de sus rivales; sus obras dramáticas obedecen á los mismos procedimientos que combate su teoría. Clásico á pesar suyo, hay una cosa que le eleva sobre el nivel de sus contemporáneos: su estilo más nervioso, más Ileno de color, más pintoresco, atestigua que su gusto literario se había formado en el estudio de nuestros únicos maestros, los poetas de los siglos XVI y XVII. En algunas de sus poesías, compuestas sin duda expresamente para sostener su tesis, aparece como un verdadero imitador de Góngora. Su Raquel, ó La Judía de Toledo, dramático episodio de la época de Alfonso VI, está escrita en 1778. Además de esta tragedia y otras de menos valor, dejó dos volúmenes de poesías, algunos trabajos críticos, una colección muy estimable de nuestro antiguo teatro (17 volúmenes en 8.°) y una colección de sinónimos de la lengua castériana, que revera sus profundos conocimientos filológicos. A pesar de la encarnizada guerra que sus enemigos le hacían, después de una vida un tanto agitada y azarosa, cuyos detalles son poco conocidos, alcanzó una posición desahogada y respetable, llegando á ser individuo de número de las Academias de la Lengua, de la de la Historia y de la de Bellas Artes, amén de ocupar el puesto de bibliotecario de la Real de Madrid.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Huerta», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/huerta.