Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Hobero

tomo 2 · página 1207 · ver la página del original

Hobero, ra. Adjetivo anticuado. Lo que es de color de huevo. Aplícase regularmente al caballo de pelo blanco, manchado de alazán y bayo.) Plural familiar. Los ojos que, por abundar ó resaltar en ellos lo blanco, parece que no tienen niña.

ETIMOLOGÍA. Esta voz ha sido anticuada contra la razón de su origen, que es una suprema razón, habiendo sufrido una verdadera pasión y muerte. Las lenguas tienen también sus mártires, y la voz que encabeza este artículo es un mártir de nuestro idioma. Ha desaparecido la h, letra perfectamente orgánica y radical; ha desaparecido la b, letra tan orgánica como la h, y el antiguo hobero se ha tornado en overo, en donde el uso de nuestro siglo ve un derivado del latín ovum, huevo, según resulta de la definición de la ACADEMIA y de todos los Diccionarios que tenemos delante, que son muchos. Respecto de este punto no puede haber duda, supuesto que varios autores consideran overo como sinónimo etimológico de ovario. Por fin, nuestro castizo vocablo hobero se ha visto expulsado de la lengua; de tal modo, que hoy no aparece en ninguna parte, ni en el Diccionario de la REAL ACADEMIA ESPAÑOLA que, como casa del idioma castellano, debe ser el último refugio de nuestra palabra. Expongamos ahora la historia del nombre en cuestión: es preciso exponerla. 1. El portugués tiene fouveiro, que representa houveiro, y el francés conserva todavía aubère, que representa haubère, vocablos en que hallamos la traza de nuestro antiguo HOBERO. 2. Según Littré, el nombre francés se deriva del latín albus, blanco, etimología inadmisible, porque desconoce que aubère no es otra cosa que la traducción del español HOBERO, el cual no tiene, no puede tener relación alguna con el latín albus, blanco, como no la tiene con el latín ovum, huevo. 3. Según el padre Guadix, HOBERO viene del árabe hobéri (y la ), avutarda, no aludiendo al color de la pluma de dicha ave, sino al de su carne cuando está cocida. 4. Concuerdan con la docta etimología del padre Guadix los orientalistas modernos, tales como Dozy, Engelman y Devic, cuyo último autor trae la forma árabe hobara (u). 5. Pedro de Alcalá, al traducir el antiguo hobero, no habla de color de huevo, como se dice hoy, sino de color de caballo, lo cual dista mucho del latin ovum.

6. P. Pomey, citado por Ménage, dice que HOBERO expresa la idea de un blanco oscuro con ciertas manchas negras: ex albo fuscus, nigris distinctus maculis. 7. Bescherelle y Landais dicen que es «un color como de flor de melocotón;» couleur fleur de pêcher. 8. Littré llama hobero al caballo cuyo cuerpo aparece cubierto por una mezcla de pelo rojo y blanco, cuyas clin y cola presentan el mismo color, ó un viso más claro: dont le corps est recouvert d’un mélange de poils rouges et de poils blancs, la crinière et le queue étant de même couleur ou de nuance plus claire. 9. Chardin habla de la auberré (hobara) como de una ave muy común en Persia, en donde abunda, tanto en invierno como en otoño. Dice que su carne es ue voor gris; que su taraño viene á ser como el de la gallina de Indias, y que es tan rica como el faisán: on y a partout, en automne et en hiver, des AUBERRÉ, gros comme des poulets d’Inde, dont la chair est grise et aussi délicate que le faisan. (Edition Smith, Voyage en Perse, page 219. 10. El comandante Duhousset habla también de la misma ave bajo el nombre de HOUBARA, en donde aparece casi integra la forma árabe. A propósito de una cacería, dice: «una HOUBARA fué nuestra primera víctima;» un HOUBARA (petite outarde) fut notre première victime. (Les Chasses en Perse, DANS LE TOUR DU MONDE.) 11. Es una lástima que el uso, poco conocedor de la etimología, haya destruído nna voz clásica de nuestro romance; y es más lástima todavía que la REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, arca de la lengua castellana, haya expulsado un nombre tan conocido y analizado, el cual conserva aún su filiación original en el fouveiro de los portugueses y en el aubère francés. Ya que tantas veces nos cabe la gloria de encomiar á la ilustre ACADEMIA, natural parece que llegue un instante en que cumplamos la obligación de ser severos, como la crítica, é implacables, como la historia, ya que tratamos con un poderoso, tanto por su importancia, como por su ciencia y por su gloria. Pedimos hoy, pediremos mañana, pediremos siempre, la resurrección del difunto HOBERO. Ridículo sería que nuestro siglo se obstinara en tenerlo bajo una losa, cuando está vivo y sano en el padre Guadix, en Pedro de Alcalá, en Portugal, en Francia y en el concepto de los orientalistas que ilustran nuestra época. El antiguo HOBERO ha de resucitar, y el absurdo overo de nuestros días ha de morir. La ACADEMIA ESPAÑOLA debe esa vida y esa muerte á la verdad de nuestro romance.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Hobero», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/hobero.