Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Hércules

tomo 2 · página 1131 · ver la página del original

Hércules. Masculino. La epilepsia ó gota coral. [ Astronomía. Una de las constelaciones boreales conocidas por los antiguos, la cual está próxima al Serpentario. (ACADEMIA.)

ETIMOLOGÍA. Griego HpaxAñ (Herables); de Hera, Heras, Juno, y hleos, gloria, «gloria de Juno:» latín, Hercules; catalán, Hércules; francés, Hercule. Reseña histórica.—Intentemos hacer una leve reseña de HÉRCULES, considerado en sus relaciones con la fábula, con la leyenda, con la tradición, con las antigüedades, con el arte y la historia, hasta donde lo exija la extensión natural de dicho personaje, si bien procurando compendiar el asunto todo lo posible.

1. Politeísmo.—Para la generali

dad, HÉRCULES es el nombre de un semidiós, héroe tebano, famoso por su fuerza, por su valor y sus extraordinarias aventuras, las cuales han llenado cien libros de la fábula griega y latina. 2. Pluralidad de Hércules. — Pero los antiguos tuvieron muchos personajes de este mismo nombre; y así vemos que algunos autores, como Diodoro, nos hablan de tres; otros, como Cicerón, suponen que existieron seis; mientras que otros, como Varrón, elevan el número á cuarenta y tres. 3. HÉRCULES humano y HÉRCULES divino.—Conviene distinguir el HERCULES, héroe, que pudo existir y realizar en la Grecia de los tiempos heroicos algunas de las grandes empresas que la leyenda y la tradición le atribuyen, y el HERCULES, dios, que los griegos tomaron positivamente de la teogonía fenicia. Los griegos tomaron sin duda de los fenicios la idea de su HERCULES fabuloso, como tomaron la figura de su Abov, AvΑ (Adon, Adonis), que es el Adam y el A donat de los hebreos, nombre también de una divinidad de los tirios y sidonianos. Para la más cabal noticia de nuestro personaje, conviene hacer dos series de sus trabajos. Los que realizó en Grecia pueden en parte referirse á un solo hombre, y en parte ser considerados como un mito de los esfuerzos que hubo de hacer la humanidad en sus primeros desarrollos, para defenderse contra los rigores de la naturaleza, ora alterando el curso de las corrientes, ora destruyendo animales dañinos, ora matando monstruos. Mirado así, HÉRCULES no es más que una figura histórica en que se resume la vida de un pueblo naciente, semejante al Fo-Hi de la China, al Budha de la India y al Faraón de Egipto. Mirado como representación fabulosa, sus dominios son tan extensos como la misma imaginación, y aquí se nos presenta un fantasma enormísimo, real y verdaderamente portentoso, no sólo en Grecia, no sólo en Roma, no sólo en Egipto, sino en toda la tierra conocida entonces. 4. HÉRCULES en la mitología grie9a.—Júpiter, para engañar á Alcmena, tomó la forma de Anfitrión, su marido, quien peleaba á la sazón contra los tebanos. Juno, deseando vengarse de Júpiter, y queriendo impedir que se cumpliesen los altos destinos prometidos al niño que naciese de Alcmena, concertó las cosas de modo que Euristeo nació antes que HÉRCULES, para que aquél tuviese autoridad sobre su hermano menor. La fábula refiere que Juno se aplacó á ruego de Palas; que amamantó á HÉRCULES, y que una gota de leche que cayó, fué lo que formó la vía láctea; pero que finalmente concitó en contra suya á su hermano Euristeo, quien, deseoso de que muriese, le ordenó ejecutar los doce trabajos que llevan el nombre de trabajos de HERCULES, en cuya reseña vamos á entrar. 5. Aventuras del HÉRCULES grie90.—Nuestro héroe, según se infiere de lo dicho, fué hijo de Júpiter y Alcmena, mujer de Anfitrión, rey de Tesalia, y nieto de Alceo, de donde tomó el hombre de Alcides. Nació en Tebas, por cuya razón se le da el nombre de héroe tebano; pero consta que procedía de origen argivo. Irritada Juno por la infidelidad de Júpiter, que ni los mismos dioses están exceptuados de la regla, envió dos serpientes á HÉRCULES con el fin de que le devorasen en su cuna; pero el niño, que era ya granado y robusto, las ahogó entre sus brazos. Habiendo llegado á ser hombre, como matase en un acceso de locura á su mujer Megara y á sus hijos, fué condenado por el oráculo de Delfos á vivir bajo la tutela de su hermano mayor, quien le mandó realizar doce trabaios peligrosísimos, reputados como imposibles. Estos trabajos fueron, entre otros, los siguientes: matar al león del Peloponeso, en la selva y roca que se hallaban en los contornos de Nemea: dar muerte á la hidra del lago de Lerna: vencer á las amazonas, aprisionar á Hipólita, su reina, y darla por esposa á su compañero Teseo: dar muerte al rey de Tracia, que alimentaba sus caballos con carne humana: sacar á Teseo de las cavernas infernales y robar las manzanas de oro del jardin de las Hespérides, guardadas por un formidable dragón. A más de estos trabajos, la leyenda le supone autor de otras aventuras, como la victoria sobre el río Aqueloo, por lo cual se le suele representar con un cuerno en la mano, y una lucha contra los centauros en Tesalia. Eurito, rey de Ealia, le había prometido su hija Iole; pero su mujer Deyanira, viendo con malos ojos la felicidad de la nueva esposa, envió á HÉRCULES la ropa envenenada del centauro Nesso. Vistióla nuestro héroe y bien pronto se sintió devorado por tan atroces padecimientos, que ardió en el monte (Eta, dejando á Filoctetes sus flechas y su arco. Pero el fuego no consumió más que la parte mortal y terrestre de su ser, habiendo sido Ilamado al Olimpo, en donde los dioses le dieron á Hebe por esposa. Tal es la leyenda del HÉRCULES griego fabuloso, que pudo ser distinto del héroe tebano. 6. HÉRCULES en la historia. —Heraclidas del Peloponeso.—Anfitrión, padre de HÉRCULES, fué arrojado de Micenas por su tío Estenelo y se refugió en Tebas. Ya hemos dicho que nuestro héroe, en un arrebato de locura, dió muerte á su mujer Megara y á sus hijos, con cuya ocasión tuvo que ceder en favor de Euristeo la libre posesión de aquella ciudad, obligado por el oráculo de Delfos, que castigó de esta manera su tropelía. Pero acaecida la muerte de HÉRCULES, sus hijos reclamaron la herencia de la ciudad, de donde resultó que, puesto Hilo á la cabeza de sus hermanos, desafiaron y mataron á Euristeo, enseñoreándose de Micenas; si bien la peste les puso en el caso de abandonarla. Volvieron al cabo de tres años; pero hallando cercado el istmo por jonios, aqueos y arcadios, Hilo se prestó á terminar aquella contienda por medio de un combate personal con Equemo, rey de Tegea, en que el hijo de HÉRCULES llevó la peor parte. A consecuencia de esta derrota, los heráclidas convinieron en renunciar á sus empresas durante cien años, retirándose con los dorios al Sud de la Tesalia. Pero Aristodemo, Temenos y Cresfonte, nietos de Hilo, puestos al frente de los dorios, penetraron en el Peloponeso, 1104 antes de Jesucristo; conquistaron el Oeste y el Sud de aquella península y se establecieron: el primero, en Laconia; el segundo, en la Argólida; y el tercero, en Mesenia. Muerto Aristodemo, sus dos hijos, Eurístenes y Procles. reinaron juntos en Esparta, de donde procede que aquella ciudad tuviera desde entonces dos reyes, descendientes de los hijos de Aristodemo. 7. HÉRCULES en los heráclidas de Corinto.—Esta rama se une á la anterior por Hippotes, hijo de HÉRCULES; á quien sus hermanos arrojaron de su campo en el momento de su última expedición contra el Peloponeso, so pretexto de haber provocado la cólera de Apolo y traído á su campo la peste.

Aletas, su hijo, á la cabeza de aventureros dorios, se apoderó de Corinto y estableció allí su dinastía, que ocupó el trono durante cinco generaciones y fué reemplazada por los baquiadas. 8. HÉRCULES en los heráclidas de Lidia.—Esta rama procedía de Alceo, hijo de HÉRCULES y de Onfale, y principió á reinar hacia el siglo xm antes de Jesucristo, ocupando el trono durante veintidós generaciones. Candaulo, el último de sus reyes, fué condenado á muerte por Giges, hacia el año 738. 9. HÉRCULES en los heráclidas de Macedonia.—Rama descendiente de los heráclidas de Argólida, por Pérdicas, hijo de Temenos, rey de Argos, y arrojado de su país natal; ó, según otra tradición, por Carano, hermano de Fidas, rey de Argos, que se estableció en Macedonia hacia el año 796 antes de Jesucristo. De estos heráclidas descendieron Filipo y Alejandro. La voz del artículo se aplica en particular á la familia heracliana, que reinó en el Peloponeso. Arrojadós primero por Euristeo, volvieron allí después del sitio de Troya. Los reyes de Esparta eran heráclidas, amén de que una dinastía de reyes de la Lidia era también oriunda de HÉRCULES. 10. HÉRCULES en la piedra.—La representación más hermosa que la antigüedad nos ha dejado de HÉRCULES, es la estatua llamada HÉRCULES Farnesio, obra de Glicon, actualmente en Nápoles. El héroe está apoyado en su maza y tiene las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. En lovasos griegos aparece frecuentemente ejecutando alguna de sus famosísimas hazañas, cuya representación encon

tramos en los más grandes monumentos del arte antiguo, tales como la Acrópolis de Atenas y el templo de Teseo, poema grandioso de las aventuras de nuestro héroe. Si fuera posible reunir todas las piedras conmemorativas de HÉRCULES, puede afirmarse que se formaría una ciudad de mármoles labrados, un verdadero bosque de estatuas. 11. HÉRCULES en la erudición. Escudo de HÉBCULES.—Poema unido á la Hervogenia de Hesiodo. HÉRCULES en el (Eta y HERCULES furioso. Títulos de dos tragedias de Séneca. 12. HÉRCULES en el número de sus trabajos.—Unos mitólogos no atribuyen á HÉRCULES más que siete trabajos; otros hablan de ocho y hasta de diez, mientras que no falta quien le atribuye diez y ocho, cuyo gran número de empresas prueba evidentemente la existencia de varios personajes del mismo nombre. Pero nos acercamos á un HÉRCULES más grande que el de Grecia. 13. HÉRCULES tirio. — En efecto, no corresponden al HÉRCULES griego las empresas llevadas á cabo en Italia, Sicilia, Africa y España, las cuales deben referirse á un HÉRCULES extranjero, cuya leyenda se ha confundido posteriormente con la del héroe tebano. El HÉRCULES tirio parece ser el más antiguo de todos, y Diodoro reconoce positivamente que su leyenda ha sido aplicada por los griegos á su HÉRCULES. Su nombre fenicio es Melkarth, y Sanchoniatón dice de él que era hijo del Cielo y uno de los dioses de Fenicia. Los viajes que se le atribuyen son los mismos del pueblo fenicio, personificado en su héroe. Melkarth visitó el Africa y luchó contra el gigante Anteo; recorrió las costas de España y fundó á Cádiz y Tarteso, la antigua Tarifa; separó la Europa y el Africa, aventura que viene á explicarnos la leyenda del monte Abila y del monte Calpe, convertidos en Columnas de HÉRCULES, cuyas tradiciones, más que el artificio de una fábula, es la historia real y verdadera del pueblo fenicio. Toda esa mitología quiere decir que los fenicios fueron los primeros que pasaron del Mediterráneo al Océano, mares unidos por algún cataclismo de la naturaleza. El mismo HÉRCULES tirio llevó la civilización á la Galia; abolió entre ellos los sacrificios humanos; les enseñó á cultivar la tierra y construyó á lo largo del Mediterráneo, desde España á Italia, una vía maestra, que después sirvió de modelo y de base á las magníficas vías romanas. Lo repetimos nuevamente. Este HÉRCULES tirio, este personaje gigantesco, que visita mares, que remueve montes, que divide la tierra, que transforma la Europa, que echa los cimientos á una gran parte de la poderosa civilización del pueblo latino; este coloso de la fábula; esta maravilla de la tradición, no es. otra cosa que la Fenicia; esa Fenicia que, penetrando invisiblemente en los destinos de la humanidad, domina la historia del mundo, no con sus maderas del Líbano, no con sus naves, no con su púrpura, no con su oro; sino con la invención de unas cuantas letras. Pero es evidente que la invención de aquellas letras no podía venir de un pueblo rudo. Dicha invención daba por sentada otra multitud de invenciones, y en esto consiste la significación profunda del mito de que hablamos. Este mito era la representación de aquel pueblo adiestrado en náutica, en el arte de la fortificación, en teñir la púrpura, en arquitectura naval y militar, en física, en metalúrgica, en medicina, en geografía, en rudimentos de aritmética y en ciertos adelantos astronómicos, puesto que sin noticias astronómicas no era posible conocer las constelaciones del Norte, que le servían como de brújula en la dirección de sus rumbos. Para comprender la importancia y la trascendencia del HÉRCULES tirio, hay que trasladarse con el pensamiento á las épocas de Fenicia; hay que vivir dentro del espíritu de aquellas edades; hay que oir el rumor de la humanidad congregada en aquellas costas; sobre todo, hay que asistir al espectáculo milagroso que nos ofrece la voz de un profeta, más terrible que el trueno, más imponente y poderosa que la tempestad. Este profeta dice metafóricamente al rey de Tiro: He aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto. En el huerto de Dios estuviste; toda piedra preciosa fué tu vestidura: el sardio, topacio, diamante, crisólido, onique, berilo, záfiro, carbunclo, esmeralda y oro. Los primores de tus tamboriles y pífanos estuvieron apercibidos para ti en el día de tu creación. Y le llaman: querubín grande, lleno de sabiduría y acabado de hermosura. ¿Qué más se podría decir del HÉRCULES tirio? Pero el mismo profeta hace una pintura más grande de aquella civilización, legando al mundo un monumento eterno en la literatura de toda la tierra. Con hayas del monte Sanir, dice á una ciudad célebre de Fenicia, fabricaron las crujías de tus buques; con cedros del Líbano hicieron tus mástiles; castaños de Basán fueron tus remos; compañías de asirios hicieron tus bancos de ricos marfiles, venidos de las islas de Kithim; lino bordado de Egipto fué tu cortina, para que te sirviese de vela; de cárdeno y grana de las islas de Elisah fueron tus pabellones; los moradores de Sidón te hicieron los oficios de remeros; tus sabios ¡oh Tiro! fueron tus pilotos; los ancianos de Gebal y sus sabios repararon tus averías: persas y lidios y los de Put, fueron en tu ejército tus hombres de guerra y colgaron en ti sus capacetes; los hijos de Arad estuvieron con tu ejército sobre tus muros, y los gammadeos guarnecieron tus torres; engalanaron con sus escudos tus murallas y completaron tu gallardía; Grecia, Túbal, Meser, llevaron sus vasos de metal á tus ferias; la casa de Thogorma te dió sus caballos y sus caba Ileros; los hijos de Dedán eran tus negociantes y muchas islas te hicieron presente de pavos y cuernos de marfil; la Siria te brindó con sus perlas, su púrpura, sus vestidos, sus bordados, sus linos finísimos, sus corales y sus rubíes; Judá y la tierra de Israel te asistieron con trigos de Minith y Pannar, con aceite, miel y resina; Damasco te enviaba su lana blanca y su vino de Helbón; Dan y el errante Javán te Ilevaron también su hierro labrado, su mirra destilada y su caña aromática; Dedán contribuía con telas preciosas para carros; Arabia y todos los príncipes de Cedar llenaban tus mercados de corderos, carneros y machos cabríos; Sabá y Reema te proveyeron de toda suerte de especiería y de toda piedra preciosa' y oro; Harán, Chenneh, Asiria y Chelmad negociaron contigo en madera de cedro, en mantos de jacinto y en cajas preciosas, enlazadas con hermosos cordones; las naves de Tharsis formaban tus flotas y en el corazón de la mar estaban sus términos. Esto escribió, en resumen, el profeta Ezequiel y sólo así se pueden comprender aquellas sublimes palabras: «Dijo el rey de Tiro: En la silla de Dios estoy sentado en medio de los mares.» ¡Oh Tiro! Tú, «puesta en las entradas de la mar;» tú, «que eras la puerta de las naciones,» como dice Ezequiel; «el abismo subió sobre ti y las aguas saladas te cubrieron;» al fin, «te vestiste de espantos,» en cumplimiento de la profecía; pasaron tus naves, tus expediciones, tus empresas; pasaron tus estatuas y tus columnas de granito, sepultadas hoy bajo las ondas del mar de Siria, como recuerdos que se pierden en la soledad de la historia; pasaron los cedros del Líbano, que parece estar triste y silencioso, como el hombre que se queda mudo; pero no pasaron las cuantas letras que inventaste, con las cuales te hiciste señora de todos los pueblos de tu raza; no pasó, no pasará nunca, aquel humilde alfabeto fenicio, con que enseñaste á deletrear á una gran parte de la tierra; no pasó, no pasará nunca, aquella urna de tu gloria, que es el arcano de tu genio. 14. HÉRCULES egipcio.—Al mismo HÉRCULES tirio se refiere el HÉRCULES egipcio, mencionado por Herodoto, Diodoro y Cicerón, hijo del Nilo ó del Júpiter de la fábula egipcia. 15. HÉRCULES cretense.—Al mismo HÉRCULES debe referirse el HÉRCULES cretense, denominado también Diodas, adorado como conquistador y como adivino, á quien la tradición creyó fundador del famoso templo de Júpiter en Olimpia. 16. HÉRCULES lidio. — Otro tanto debemos decir por lo que toca al HÉRCULES lidio, que también se llama Sandón, cuyos sacerdotes vestían de mujeres, conmemorando que su HÉRCULES iba vestido de mujer en un combate.

17. HÉRCULES persa.—Representación del HÉRCULES tirio; es también el Sam Dem de los persas, el Sandes de los escritores griegos, idéntico á Dschemschid. 18. HÉRCULES indio.—Otra figura de la divinidad fenicia era el HÉRCULES indio, conocido también bajo el nombre de Belo y Dorsanes, sin embargo de que los griegos se apoderaron de las leyendasindianas é hicieron viajar á su HERCULES hasta la India, en donde fué el tronco de los reyes de aquel país. Este HERCULES de la erudición griega no es el HERCULES griego, sino el dios fenicio, verdadero origen de infinitos dioses orientales. 19. HÉRCULES en los mitos de Oriente.—Hay quien explica el mito del HÉRCULES oriental, considerándole como una personificación del sol. Sus doce empresas son los doce meses del año; los monstruos que venció, los signos del zodíaco; su viaje á las regiones occidentales, la marcha del astro del día de Oriente á Occidente; su bajada á los reinos de Plutón, el invierno, estación en que el sol pierde su fuerza y su poder; su muerte, devorado por las llamas, el ocaso del sol en un océano de fuego; su ascensión al cielo y su casamiento con Hebe, diosa de la juventud, la hora del alba, en que el sol aparece brillante, gozoso y como rejuvenecido. 20. HÉRCULES latino.—Los pueblos de Occidente tienen también sus HÉRCULES, pues griegos y latinos dieron este nombre á todos los dioses extranjeros en que descubrían algún atributo semejante al de los del hijo de Alcmena. El HERCULES latino se denominó primeramente Dius Fidius, de donde viene el Fidius, dios de la buena fe, que hallamos en Ovidio, así como el Fidius, nombre de varón, que aparece en las inscripciones romanas, del mismo modo que el mi dius fidius (me dius fidius), de que se vale aún Tertuliano á guisa de fórmula de conjuro, como quien dice: «¡Por HERCULES!, ¡á fe mía!, ¡así el cielo me ayude!» Este Dius Fidius se llamó también Sangus y Sanctus, al cual se refiere la lucha con Caco en Italia. 21. El HÉRCULES de los sabinos.— Los sabinos tuvieron su HÉRCULES particular, denominado Sancus, como se ve en Ovidio, cuyo autor emplea dicha palabra. 22. HÉRCULES galo.—Los romanos apellidaron HÉRCULES á Oymios, dios galo, que tenía los mismos atributos que el hijo de Alcmena: la piel de león, la maza, las flechas y el arco; no diferenciándose de aquel héroe, sino en que era al propio tiempo el dios de la elocuencia. Por consiguiente, Ogmios venía á representar el Mercurio y el HÉRCULES de la Galia. 23. HÉRCULES germano.—Tácito habla de un HERCULES germano, cuyas alabanzas cantaban los bárbaros, cuando marcharon al combate, y que era sin duda el dios de la guerra, Tui, ó el de la tempestad, Thunar ó Thor. 24. HÉRCULES en astronomía.—La constelación boreal, llamada HÉRCULES, de que habla la definición de la Academia, se compone de 113 estrellas, según el catálogo de Flamsteed. 25. HÉRCULES en las tradiciones de España.—Jardín de HÉRCULES. Nombre que los antiguos daban á Sevilla, por la fertilidad de su suelo y la belleza de la ciudad y de sus campos. 26. HÉRCULES en zoología.—Especie de escarabajo de América, aludiendo á su extraordinaria magnitud. 27. HÉRCULES en las antiquedades romanas.—HERCÚLEA corona. Corona de álamo. (VIRGILIO.) HERCULEUS questus. La décima parte de bienes, que muchos consagraban á HÉRCULES.

(PLAUTO.) HERCULEUS morbus. Epilepsia, enfermedad. HERCULANEA machera. Puñal largo. (CAPITOLINO.) HERCULANÆ formicæ. Hormigas enormes.

(PLINIO.) HERCULANEUS nodus, en Festo, ó HERcULIS nodus, nudo de HÉRCULES, en Plinio y Macrobio. Nudo que llevaban en la cintura las novias, muy dificil de deshacer, y que el marido desataba invocando á Juno, para que su unión fuese tan fecunda como la de HÉRCULES. (Mahercule! «Sin duda, sí por cierto, que era un juramento particular de los hombres: gaudeo MEHERCULE...» «Me alegro, á fe mía.» (CICERÓN.) 28. HERCULES en geografía.—Cabo de HÉRCULES. El moderno Spartivento, en la extremidad meridional de Italia, que los antiguos denominaron con el nombre de promontorio de Calabria. Otro cabo de la Mauritania tingitana, en el Atlántico; hoy, cabo Cantín, que es el antiguo HERCULIS promontorium, promontorio de HERCULES. Columnas de HÉRCULES. El estrecho de Gibraltar, que es el HERcU Lis columne y el HercULEUM fretum de los antiguos. Plaza de Asiria. (De Mi GUEL y MORANTE.) Montañas de la Pentápolis de Africa, que los latinos denominaban HERCULaS arene. Asinaria, isla cerca de Cerdeña, llamada por los antiguos HeRcULIS insula. Plaza de Epiro, denominada HERCULiS Lavacra. 29. Metúfora.—Es un HÉRCULES. Locución proverbial con que ponderamos las fuerzas de alguno, así en sentido recto como en sentido figurado. 30. Conclusión.—Sin apurar mucho la materia, hallamos que HÉRCULES, considerado en todo el orbe, es una de las más prodigiosas personificaciones de la imaginación humana, una de las figuras más portentosas de la mitología, uno de los caracteres más universales de la historia del mundo, una de las primeras creaciones de la humanidad. Y hacemos hincapié sobre este punto, porque él viene á probarnos que la fábula es algo más que una colección de galas poéticas. La mitología es tan real y tan evidente en el orden del arte, como la estatuaria, como la epopeya, como la pintura, como la melodía. En efecto, el mito representa, personifica, perpetúa, como la estatua, como el libro, como el canto, como el color. Pues ¿qué es la estatua, sino un mito de piedra?, ¿qué es el canto, sino el mito de la armonía?, ¿qué es el color, sino el mito inmenso de la luz?, ¿qué es el libro, sino el mito maravilloso de nuestra alma, vocablo humano del vocablo divino? Después del espiritualismo hebreo y cristiano, la mitología es la grande empresa del hombre. Y es la grande empresa del hombre, no solamente considerada como belleza, sino como la historia primitiva del género humano. Examinemos los libros más famosos de todas las civilizaciones y hallaremos que la primera historia fué la mitología de los hechos, á la cual sucedió la mitología de las imágenes, que trascendió después á la mitología de la conciencia, como trasciende hoy á la mitología del pensamiento, como trascenderá perpetuamente á la mitología del espíritu, porque no hay espíritu sin mitología. Por eso sucede que las más antiguas historias no fueron otra cosa que epopeyas, según lo demuestran evidentemente los grandes poemas de la India, de Persia, de Arabia, de Egipto, de Grecia y de Roma. El mismo Génesis hebreo, en que se manifiestan por primera vez todos los caracteres de la historia, no es más ni menos, en muchos pasajes, que una parábola altísima y sublime. Por eso sucede también que cuando queremos decir algo misterioso, algo oculto, algo sagrado, tenemos que acudir á la figura. Y acudimos á ella, porque la figura es el lenguaje de una gran metafisica, el idioma de la imaginación, el mito, el misterio; ese misterio que se ha apoderado mil veces de la tierra en los colosos, en las esfinges, en los obeliscos, en los sepulcros, en las pirámides; magníficos coloquios, hermosas plegarias, con que las primeras generaciones se acordaron del soberano artífice de la naturaleza y pronunciaron de rodillas el nombre de Dios.

la historia de «hercules», de obra en obra →

abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra

El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Hércules», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/hercules.