Roque Barcia · 1880-1883
Desgracia
tomo 2 · página 125 · ver la página del original
Desgracia. Femenino. Suceso contrario á lo que alguno deseaba, se había propuesto ó creía convenirle. Pérdida de gracia, favor ó valimiento. Caso funesto, contratiempo, infortunio.[ Desagrado, desabrimiento y aspereza en la condición ó en el trato. [ Falta de gracia ó de maña. Menoscabo en la salud. [ CAER EN DESGRACIA. Frase metafórica y familiar. Perder uno el cariño y la satisfacción con que otro le trataba. CORRER CON DESGRACIA. Frase. No tener fortuna en lo que se intenta. HACERSE ALGUNA COSA SIN DESGRACIA. Frase. Concluirla como se deseaba, sin embarazo, contradicción ni mal suceso.
ETIMOLOGÍA. Prefijo negativo des y gracia: catalán, desgracia; francés, disgrace; italiano, disgrazia.
SINONIMIA. Desgracia, desdicha. La voz desgracia sólo explica el mal en sí mismo; la voz desdicha, añade á la idea el mal efecto de la desgracia, con relación á la triste situación en que se halla el desgraciado. El que pierde al juego, sin que le incomode ni le aflija la pérdida, es desgraciado al juego, y sólo por pura ponderación llamará desdicha á su desgracia. Pero el que ha perdido toda su fortuna, y se halla reducido á la mayor miseria y aflicción, sin consuelo ni esperanza de alivio, no sólo es desgraciado, porque padece un verdadero mal, sino también desdichado, por la triste situación á que le ha reducido su desgracia. Por eso decimos: ayer sucedió una desgracia en el río; y no: ayer sucedió una desdicha, porque sólo hacemos relación al hecho, al mal sucedido. Por la misma razón se puede aplicar la voz desgracia á un mal grave ó leve, continuado ó transeunte; pero la voz desdicha siempre representa un mal grave, continuado é inherente á la persona que lo padece. Tuvo la desgracia de perder el camino, y llegó tarde á la posada. Si se dijese: tuvo la desdicha, se daría demasiada fuerza á la expresión para explicar un mal leve, que sólo duró hasta llegar á la posada. La desdicha de un hombre condenado á galeras es más que desgracia, porque esta voz, aunque propia para explicar el mal en sí mismo, no tiene tanta fuerza y energía como aquélla para explicar el estado infeliz en que se halla; esto es, la desdicha á que le ha reducido su desgracia. (HUERTA.)
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