Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Copla

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Copla. Femenino. Estancia de cuatro ó cinco versos. DE ARTE MAYOR. La que se compone de ocho versos de á doce sílabas cada uno; de los cuales conciertan entre sí el primero, cuarto, quinto y octavo, y el segundo, tercero, sexto y séptimo. Co PLAS DE CIEGO. Las malas COPLAS, como lo son las que ordinariamente venden y cantan los ciegos. ! ANDAR EN COPLAS. Frase con que se da á entender que es ya muy pública y notoria alguna cosa, y comunmente se entiende de las que son contra la estimación y fama de alguno.! DÁRSELE A UNO DE ALGO LO MISMO QUE DE LAS COPLAS DE CALAINOS, DE DON GAIFEROS Ó DE LA ZARABANDA, etc. Frase con que se da á entender el poco caso y aprecio que se hace de alguna cosa. ECHAR COPLAS Á ALGUNO. Frase.

Zaherirle, hablar mal de él. ECHAR COPLAS DE REPENTE. Frase. Hablar con ligereza y sin reflexión. (EL QUE TE DICE LA COPLA, ÉSE TE LA HACE Ó TE LA SOPLA. Refrán con que | er se denota que se suele atribuir la invo juria al que la dice, aunque sea en si nombre de otro.

ETIMOLOGÍA. Latín cõpùla, unión; italiano, coppia; francés, couple; provenzal, cobla; catalán, copla; santonjés, couble; burguiñón, côple; ginebrino, une COUBLE de chevaux, una pareja de caballos; Berry, coube, couble; walón, cope. Todas las formas anteriores del romance significan pareja; y este sentido es también el del vocablo que se define. Llamóse copla, porque los versos van pareados, como si dijéramos: copulados ó unidos. En efecto, suprimamos la u de cópula y tendremos copla, aunque no es necesario suprimir nada, puesto que cõpla, por cõpùla, se encuentra en Licencio (Licentìus), y el verbo cõplare, por cõpulãre, en Fortunato.—«Las fiestas de los Santos que havemos dicho, celebraba con gran devoción y alegría: y en sus días hacía coplas en loor de ellos, para que las cantassen las hermanas.» (YEPES, Vida de santa Teresa, libro 3.°, capitulo 21.)—«Otros muchos versos escribió; pero, como se ha dicho, no se pudieron sacar en limpio ni enteros más de estas tres coplas.» (CERVANTES, Quiote, tomo $.°, capitulo 26.) Yo sé que me deseáis (perdonad lo confiado) y por disculpa leed la copla de más abaxo.

(SALAZAR, Obras Phósthumas, plana 118.) 1. La copla, cuyo solo nombre llena de regocijo el corazón de los españoles (¿quién no recuerda haber oido en su juventud alguna copla que le conmueve el alma?), es una de las más fecundas y bellas originalidades de la inmortal lengua de nuestros mayores; una de esas señales indescriptibles que revelan la vida de nuestra nación, como las letras del jeroglífico revelan el espíritu de la soledad, envuelto en el misterio de la pirámide. Suplicamos á nuestros l, poreste crio, ó no es nada, ó ha de repetir esos ecos profundos que se arrancan de las entrañas de nuestra historia y de nuestro genio.—Habiendo ido la exemperatriz Eugenia á uno de los puertos de Francia, supo que allí había diferentes buques de su país natal. Con este motivo, significó el deseo de que algún marino español, acompañado de la guitarra, cantara unas coplas nacionales durante el paseo nocturno que pensaba dar por la bahía. Se conciertan las cosas al efecto; llega la noche; parte el esquife en que iba la emperatriz de aquellos tiempos, y al incorporarse pausadamente con un buque español, cantó una voz, acompañada de la guitarra: «Ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio: contigo, porque me matas; y sin tí, porque me muero.» No bien había terminado esta pre osísima copla, cuando se ove tv z que, desde otro buque, canta s guiente, acompañada del mismotrunento: «La pena y la que no es pena) todo es pena para mí: ayer penaba por verte; hoy peno porque te vi.» La ex-emperatriz oía estos canta s de su patria con el aliento sus ndido, con el corazón encantapálida, temblorosa, porque la poes ene cierta pasión sagrada, como pultura de nuestros padres, como milia, como el amor, como la cru Mal haya el vestido negro y el sastre que lo cortó; que está mi niña de luto sin haberme muerto yo. 2. En el carro de los muertos la ví pasar por aquí: llevaba una mano fuera... ¡por ella la conocí! Amarillo sale el sol el día que no te veo: ni mis ojos tienen luz, ni mi corazón consuelo. Los monteros te suspiran por todos estos confines; y el mismo monte se agravia de que tus piés no lo pisen. Del carro de los locos todos tiramos: unos, con tiros cortos; otros, con largos. Yo quisiera morirme y oir mi doble, por ver quién me decia: «¡Dios te perdone!» Dicen que no se siente la despedida... dile al que te lo ha dicho que se despida. Un sol hay en el cielo que alumbra al orbe: y el cielo de tus ojos tiene dos soles.

Dame, tirana, esa gloria que escondes en tus miradas. Mira cómo se enreda la hiedra al muro: así se va enredando mi amor al tuyo. Y el estribillo, que una pulga saltando rompió un lebrillo. La nieve por tu cara pasó diciendo: como aquí no hago falta no me detengo. Esto lo dijo uno que arando estaba en un cortijo. Cuando subo á la casa de mi querida, se me hace cuesta abajo la cuesta arriba. Y cuando salgo, se me hace cuesta arriba la cuesta abajo. Dos besos tengo en el: que no se apartan de mí: el último de mi madre y el primero que te dí.

13. Hay una cosa en el mundo que no puedo comprender; el por qué Dios no me mata si no me quieres, mujer. En un manuscrito que debemos á la curiosa diligencia de F. Masdeu, encontramos una redondilla que pertenece al público español: Son tus ojos una historia que consuela mis enojos, porque, pensando en tus ojos, soñé que estaba en la gloria. No hay nada, en la literatura de ningún pueblo, que se parezca á las coplas de España.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Copla», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/copla.