Roque Barcia · 1880-1883
Contemplar
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Contemplar. Activo. Mirar, registrar atentamente alguna cosa.
Pensar, considerar profundamente alguna cosa. Teología. Ocuparse el alma con intención en pensar en Dios y considerar sus divinos atributos. los misterios de nuestra santa religión. [ Complacer á alguna persona, ser condescendiente con ella, por afee to, por respeto, por interés ó por lisonja.
ETIMOLOGÍA. Catalán contemplar francés, contempler: italiano, contemplare; del latin contemplari. mirar atentamente; de cum, con, y templari. forma verbal de templum, templo. ll gar descubierto por todas partes, dividido y consagrado por los augures con ciertas fórmulas:» TEMPLA cœli. los cielos, en Ennio; TEMPLA mundi, la bóveda celeste, en Lucrecio; TEMPLA Jovis, los templos de Júpiter, es decir, el firmamento.—El latin contemplir tiene el sentido interior y profundo de considèräre, como vemos en Cice
ron: in auimo CONTEMPLARE quod oculis non potes: contempla con el alma lo que no puedes ver con los ojos. Este significado último de contemplari es el mismo significado de templum, templo, según la sublime expresión de Lucrecio: mentis TEMPLA, los secretos del ánimo, los arcanos de la conciencia, las profundidades del espíritu. Los poetas latinos tienen momentos de inspiración en que parecen ser poetas cristianos. Y esto consiste en que la poesía, arte maravillosa, es el augurio humano de las revelaciones divinas.—«Los philósofos antiguos, por sola la capacidad del hombre para contemplar el cielo, encomendaban el desprecio de la tierra.» (NIEREMBERG, A preciaciones, libro f.°, capítulo 6.°)
SINONIMIA. Contemplar, meditar. En meditar entra la mente. Es la más sabia y la más pura de las funciones intelectuales. Más allá de la meditación, no hay espacio alguno para el pensamiento del hombre. Contemplar es mirar con deleite, con entusiasmo, con maravilla. Meditar se refiere á la esencia de las cosas.
Contemplar, á las formas del universo, á las bellezas de la creación. La meditación piensa continua y apasionadamente sobre los arcanos de la naturaleza; y como el primero de todos los arcanos es la idea de un ente supremo, no se concibe que puede meditarse, sin que entre en esta elevadísima función el pensamiento de un ser divino. Contemplar no se fija en el misterio de las cosas; no intenta penetrar esa segunda vida que buscamos por la meditación. La contemplación no es tan mental, tan interior, tan sabia, tan espiritualista; en cambio es más poética, más expansiva, más espléndida, más ideal. No baja la cabeza para sondear las profundidades del espiritu, sino que levanta los ojos para deleitarse en el concierto de lo creado, en esa forma liberal y grandiosa del universo, que parece ser el ropaje con que la Omnipotencia se oculta á nuestra vista. El que medita piensa, comprende, y adora comprendiendo. El que contempla ve, admira, y adora admirando. En el ánimo meditabundo no puede caber la soberbia. En un ánimo contemplatiro no puede caber la ruindad. Por la meditación penetramos la miseria del hombre. Por la contemplación sentimos la grandeza de Dios. Ambas encuentran el pensamiento de un supremo artífice: la meditación. por el estudio; la contemplación, por el entusiasmo. En una palabra: la meditación llega á Dios, pasando por el hombre; la contemplación llega á Dios, pasando por el universo. Hacía un año que teníamos escrito el artículo que antecede, cuando quisimos escribirlo de nuevo, sin ver el trabajo anterior, como para certificarnos de si había ó no había unidad en el modo de estimar las ideas del presente sinónimo. El segundo artículo es el que sigue, y nos parece que hay entre ambos la unidad necesaria. La meditación pertenece á los actos mentales. Es una función psicológica. En la contemplación entran á un mismo tiempo el sentimiento y la fantasía, la creencia y la fe. Es imaginativa y dogmática, ó bien estética y religiosa. El sabio medita la doctrina de Platón, para comprender un sistema filosófico. El creyente contempla la bóveda del cielo, sembrada de estrellas, para levantarse al sublime pensamiento de un Dios. El que medita apoya la cabeza en la mano. El que contempla mira al cielo. El que medita, busca la verdad. El que contempla, busca un prodigio, un consuelo, una esperanza. La meditación no se separa del raciocinio: el sabio medita. La contemplación puede llevarnos hasta el éxtasis: el santo contempla.
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