Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Claustro

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Claustro. Masculino. Galería que cerca el patio principal de alguna iglesia ó convento. I Junta formada del rector, consiliarios, doctores y maestros graduados en las universidades. Anticuado. Cámara ó cuarto. El estado monástico.

ETIMOLOGÍA. Latin claudère, cerrar; clausum, cerrado; claustrum y claustra, plural, barreras que cierran ’el paso: italiano, chiostro, chiostra; francés del siglo xII, cloistre; moderno, cloître; provenzal, claustra; catalán antiguo, claustra, claustrat, claustre; moderno, claustro.

SINONIMIA. Claustro, convento, monasterio.—La primera de estas voces se deriva de la latina claustrum, y ésta de claudère, encerrar; por consiguiente, claustro no significa propia y rigorosamente más que encierro. Convento se deriva del latín conventus, y éste de convenire, esto es, venire cum, juntarse ó reunirse con otro, en un mismo lugar; de modo que convento quiere decir reunión. Monasterio es voz derivada de la griega povactéptov (monastérion), y significa permanencia de una persona sola, sin ninguna compañía. El claustro limita la idea á la parte en donde el individuo permanece ó puede permanecer encerrado. El convento, al edificio en donde viven reunidos los individuos, haciendo vida común. El monasterio expresa el edificio, en donde cada individuo vive separadamente haciendo vida solitaria. Por consiguiente, claustro refiere la idea al encierro; convento, la refiere á la reunión, y monasterio, á la soledad. Y como en el monasterio, lo mismo que en el convento, la parte principal es el claustro, empleamos á veces esta última voz en lugar de cualquiera de las primeras, hablando en sentido figurado, y tomando la parte por el todo; pero esta designación no es propia, sino cuando hablamos en general é indefinidamente; verbigracia, cuando decimos: «la vida del claustro,» «los enclaustrados etc.;» pues si queriendo determinar particularmente un convento cualquiera, verbigracia, el de los religiosos de san Francisco, dijéramos: «el claustro de los franciscanos,» daríamos lugar á que se entendiera que hablábamos solamente de la galería, ó de la parte material que en el edificio de aquel convento se designa con el nombre de claustro. Convento y monasterio son más materiales que claustro, porque hacen concebir la idea, no tanto del modo de vivir en ellos, cuanto de la existencia material de los edificios en donde se vive, y por eso se dice: «fundar un convento,» «demoler los conventos,» «vender los monasterios,» y no fundar, ni derribar, ni vender los claustros. Si nos detuviéramos á hacer un análisis ideológico de la voz claustro, considerándola como palabra, esto es, como imagen material de una idea, quedaría plenamente probado lo que acerca de ella hemos expuesto. Pero no siendo este lugar á propósito para entrar en tan vastas explicaciones, nos limitaremos á indicar que la combinación de la c y de la I con que empieza la palabra claustro, es el principal fundamento de la significación que ésta tiene. La c entra en la composición de un número infinito de palabras latinas, y por consiguiente, de palabras nuestras. Corresponde á la oncena letra del alfabeto de los orientales, los cuales la representan en lo escrito de un modo inverso, esto es, con la abertura vuelta hacia el lado izquierdo del que escribe, en esta forma o, y su pronunciación correspondía á la de la k, por cuya razón los latinos no tenían k, ni los griegos tenían c, y así la c latina equivalía absolutamente á la h oriental. La c, pues, con el sonido de la 4, entró en la composición de palabras inventadas para representar ideas (entre otras muchas) de encerramiento, de capacidad, de todo lo que puede contener, y, por consiguiente, ideas de espacio y de lugar sujeto á determinados límites, y de lo que es hueco, como la mano que sirve para coger, contener y encerrar dentro de ella, y esta es la razón por que dieron á la c una figura análoga á la de la mano medio cerrada. Pero la analogía de esta letra con las ideas depende de su combinación con las demás letras, y así como para expresar ideas de lo que está vacío, y que puede contener por dentro otras cosas, se combinó la c con la o y con la u, y se inventaron las palabras latinas bucca, occupo, concavo, oculo, coro, coluro, coetan, etc., y por analogía, convento, concilio, convenio, continuo, oculto, etc., así también para expresar ideas de encerrar se combinó la misma c con la l, porque los primitivos celtas, en su vida sencilla y agreste, se servían de palos toscos para formar cajas ó recintos cerrados en donde guardar sus efectos y objetos de uso doméstico, representaban por medio de la figura l la idea de un palo, y uniendo esta idea á la de la c que hemos explicado, llamaban al palo cal. Así, por consecuencia necesaria, entró la l á combinarse con la c y con la a en todas las palabras destinadas á hacer concebir ideas de encerramiento, de ocultación y de conservación de una cosa dentro de otra, y los romanos, respetando esta etimología natural, dijeron claudo, includo, conclavium, clausura, claustrum, etc., y al instrumento propio para encerrar y mantener encerrada una cosa le Ilamaron clavis, y nos !otros le llamamos llave, por haberse

convertido en castellano la combinacion cl en Il en algunas voces, como clamare, llamar; clavigerus, llavero, etc. En la palabra castellana cónclave se ve realizado todo lo expuesto acerca de la cy de la l; pues nos representa los cardenales encerrados bajo de llave en un recinto limitado. (CONDE DE LA CORTINA.) Condensando las ideas vertidas en el artículo anterior, tan excelente como todo lo que procede del erudito conde de la Cortina, decimos: que el claustro implica la idea de encierro; convento, la de comunidad; monasterio, la de retiro. Nos encerramos en un claustro; entramos á seguir una regla en un convento; nos retiramos á un monasterio.

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