Roque Barcia · 1880-1883
Circuncisión
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Circuncisión. Femenino. El acto de circuncidar. La festividad que celebra la Iglesia el dia primero de Enero en memoria de la circuncisión del Señor.
ETIMOLOGÍA. Latin circumcislo, forma sustantiva abstracta de circuncisus, circuncidado: catalán, xircuncició; francés, circoncision; italiano, circoncisione. — Propiamente hablando, la circuncisión era una operación que, según Estrabón y otros autores, se practicaba también á las mujeres, cortándoles un trocito de las ninfas. Entre los judíos, el padre estaba obligado á hacer circuncidar á su hijo al octavo día, sin poderlo efectuar antes, si bien se podía diferir, en el caso de estar enfermo, hasta que se pusiese bueno. Había un padrino, que tenía al niño mientras se le circuncidaba, y una madrina, que se encargaba de conducirle á la sinagoga. El que hacía la CIRCUNCISIÓN, se llamaba en hebreo mohel, y podia hacerla cualquiera que á ello se prestase, con tal de que fuera capaz de desempeñar esa función, que constituía un título de honor entre los judíos. También el padre podía eircuncidar á su hijo. La CIRCUNCISIÓN, según León de Módena y el Libro de la Sinagoga, de Buxtorf, se efectúa del modo siguiente: desde por la mañana, se tienen preparadas en la sinagoga, ó ent la casa, si la ceremonia se verifica allí, dos sillas con elegantes cojines; una, para el padrino; y otra, para el profeta Elías, que asiste, según su creencia, aunque de un modo invisible, á todas las cr- CUNCISIONES. El circuncidante lleva un plato con los instrumentos y cosas que se necesitan, tales como la nava
ja, los polvos astringentes, el lienzo, el aceite de rosas, etc. Se entona un cántico, al ver á la madrina, que lleva el niño en brazos, y que va acompañada de cierto número de mujeres, si bien ninguna de ellas penetra en la sinagoga. Entrega el niño al padrino, y los asistentes gritan: Baruch haba, es decir, sea bienvenido. El padrino ocupa su silla y coloca sobre sus rodillas el niño, á quien el circuncidante despoja de sus vestiduras. Suelen servirse de unas pinzas de plata para tomar el prepucio que han de cortar. El circuncidante, cogiendo el cuchillo, dice: Bendito seáis, Señor, que nos habéis ordenado la CIRCUNCISIÓN; y corta la piel gruesa del prepucio, descarnando con las uñas la más fina; sacando dos ó tres veces la sangre que corre, y que echa en una taza llena de vino. Pone después sobre la herida sangre de dragón, polvos de coral y otras sustancias para restañar la sangre, envolviéndolo todo por medio de compresas de aceite de rosas. Hecho esto, toma una taza llena de vino, y después de bendecirle y de dirigir al niño otra bendición, imponiéndole el nombre que el padre solicita, pronuncia estas palabras del capítulo 16 de Ecequiel: «Y yo dije en torno de tu sangre,» mojándole los labios al mismo tiempo con ese vino á que ha mezclado la sangre y recitando el salmo 128: «Bienaventurado el que cree en el Señor.» El padrino da el niño á la madrina, que le conduce á su casa y le entrega á la madre, despidiéndose los asistentes con estas palabras que dirigen al padre: «Que podáis asistir á su casamiento.» La CIRCUNCISIÓN entre los turcos se verifica de otro modo. Después de haber cortado la piel, no tocan allí más, mientras los judíos separan ó dividen la restante, motivo por el que curan más fácilmente. Se les pone algunos granos de arena en la boca, diciendo: «Quiera Dios que tu nombre sea siempre tan sabroso como la sal que he puesto en tu boca, y que te impida gustar de las cosas de la tierra.» A los siete años, un médico le circuncida en la casa paterna, efectuándose el acto con una gran ceremonia. Hay también un padrino, y todos los concurrentes son obsequiados con un gran convite, si bien todos llevan regalos: los hombres, armas, caballos, alhajas; y las mujeres, labores suyas.
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