Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Almuzara

página 259 · ver la página del original

Almuzara. Femenino anticuado.

Contornos, paseo, jardin.

ETIMOLOGÍA. 1. Arabe (mazara por mazra’a), tierra de labor, el sembrado.

(MARINA.) 2. Arabe al-mocara, «paraje en donde se corren los caballos:» locus in quo ad summum cursum impelluntur equi, en Freytag. (ENGELMANN.) 3. Arabe masara, nombre de lugar del verbo sara, pasearse, en Bocthor, Freytag, Marcel, Hélot, Berggren; siran, paseo. (Dozy.) Esto quiere decir que al-mocara representa la confusión de los verbos sara, cara, y la alteración de ma en mo, lo cual supone el empleo de un damma por un fatha. Según esta docta interpretación, almuzara significa paseo, no hipódromo, como parece desprenderse de la definición de Freytag en el artículo al-mocara: locus, in quo ad summum cursum impelluntur equi, cuyas palabras no son de Freytag, como dice Engelmann; sino del autor del Camus, en donde Freytag encontró la definición referida. Confirman la etimología de Dozy los datos siguientes, los cuales demuestran que los árabes confundieron los vocablos mocara y masara, cuya última forma es la radical: 1. Ibn-Haivän hace mérito de un antiguo mosalla en el campo de la-mosara, cerca de Córdoba. Ese antiguo mosalla era una gran plaza descubierta, en donde el pueblo se reunía para orar en ciertas ocasiones, lo cual demuestra que el paraje, llamado almuzara, se hallaba en los alrededores de Córdoba. 2. Arïb dice que, durante una grande sequía que hubo en dicha ciudad, se hicieron rogativas en la catedral, en el oratorio del arrabal y en el de la al-mocara. 3. Esta al-morara de Córdoba se menciona también en el Bayãn (II, 34): «en el año de 743, el sirio Tha’laba, después de haber vencido á los berberiscos y á los árabes balabis, se volvió hacia Córdoba; y habiendo llegado á la entrada de la morara, vendió á los prisioneros en subasta pública, 4. El autor del Ahhbar, al referir esta misma historia, escribe al-mosara (con s); y dos veces, con las vocales al-masara. 5. El mismo libro nos ofrece el siguiente pasaje: «Abderramen I recibió una carta de su liberto Berdr, durante cierta expedición, y habiendo leido aquel documento, deshizo el camino andado hasta poner su campamento en la masãra.» (Manuscrito de Paris, folio 68 vuelto y 93 id.) 6. El mismo vocablo se encuentra en Ibn-al-Cuti va, al hablar del combate empeñado, en las cercanías de Córdoba, entre Iusof, último gobernador de España, y el pretendiente Abderramen: «habiendo durado la batalla cosa de una hora en la masara. Iusof se vió en el trance de acudir á la fuga y no entró en su palacio.» (Manuscrito de Paris, folio 12.) 7. Por el contrario, la forma al-mocara, escrita con todas sus vocales, se encuentra en Mohammed Ibn-Harith (Historia de los cadis de Córdoba), en donde se lee que el emir Mohammed refería á su privado Hachim cierto sueño que había tenido: «soñé, le decía, que estaba en la al-mocara, y que allí me encontré con cuatro personas á caballo.» (Manuscrito de Ox ford, púgina 208.) 8. El autor del Cartas asegura que había en Fez un jardín de los moçarãt, y un campo de los morarãt, llamado también al-morarãt, en donde se sembraba el trigo, fuera del Bab-ach Chari’a, una de las puertas del barrio de los Cairawñnides. 9. Ibn-Khaldun cuenta que el sultán de Granada pasó á Africa con el objeto de pedir auxilio al sultán de Fez contra los castellanos. El soberano de Fez acogió á su huésped con grandes muestras de respeto, alojándole en el jardín de la almocara, contiguo al palacio real. (IBN-KHALDUN, Historia de los berberiscos, II, 377.) 10. Ibn-al-Khatïb menciona el mismo hecho y el mismo pasaje: «el sultán de Granada Mohammed V, arrojado del trono por su hermano Isma’il II, buscó un asilo en Fez; pero habiendo determinado volver á su patria, mediante la instancia del rey de Castilla, se alojó en una tienda levan

tada en el jardín de la al-morara, para pasar revista á sus adeptos, á quienes previamente había avisado.» 11. Maccarï habla de un palacio de la mocara que existía en Fez, siglo xIV. (Segunda parte, III, 192, edición de Boulac.) 12. «Charaut afirma que había en Marruecos dos mocaras, que él escribe meserras, las cuales eran magníficos jardines, en donde se veían hileras de naranjos, de limoneros, de palmeras, de olivos, de higueras, de granados, entre arbustos semejantes al jazmin, y flores de un exquisito aroma. Ambas mocaras eran paseos públicos.» Esto pone de manifiesto que el bajo latín almuzara, que se encuentra en el Fuero de Madrid, no significa «tierra de labor ó sembrado,» porque los sembrados ó tierras de labor no tienen alcázares como el de la mocara de Fez, sino arboledas, jardines, paseos: «todo homine que cutellum (cuchillo) puntagudo trasieret (trajere), vel lanza aut espada, vel pora (ó porra) aut armas de fierro, vel bofordo punto agudo, in almuzara, aut in le araval, vel in villa, aut in mercado, aut in conzeio, pectet IIII m.° á los fiadores.» (FUERO DE MADRID, Memorias de la A cademia, VIII, página 44, a.)—Nótese una concordancia curiosa.— El Fuero de Madrid habla de la almuzara y del arrabal, como términos correlativos, de la propia manera que el texto de Arĩb dice: «se hicieron públicas rogativas en la Catedral de la Ciudad, en el oratorio del arrabal y en el de la al-morãra.» Puede afirmarse que la almuzara del Fuero de Madrid es la misma al-mocara de Córdoba, cuyo vocablo debía significar las arboledas, los jardines ó los paseos que suele haber en los contornos de las poblaciones, hecho que explica la correlación de arrabal y almuzara.

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