Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Abominable

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Abominable. Adjetivo. Lo que es digno de ser abominado.

ETIMOLOGÍA. A bominar: latin, ahõminabilis, italiano, abbominabile, abbominévole; francés y catalán, abominable; provenzal, abbomenable.

SINONIMIA. Artículo primero. ABOMINABLE, DETESTABLE, EXECRABLE A hominable se compone de la preposición ab, de la voz omen, agüero, presagio, y de la terminación able, que es la latina bilis, y que designa la fuerza, la capacidad, la facultad de ser ó venir á ser tal cosa; lo que es propio, á propósito para hacer ó para ser hecho. A bominable es lo que no es ominable, lo que no es bueno para los presagios, lo que es de mal agüero. La abominación es propiamente el acto por el cual se conjuran los presagios funestos. Detestable se compone de la preposición negativa de, del verbo testari, testificar, y de la terminación able. Designa lo no testable, aquello de que no se debe testificar, aquello que merece un testimonio no favorable. Execrable se compone de la preposición exclusiva ex, del adjetivo sacer, sagrado, y de la terminación able. Significa lo que debe estar fuera de lo sagrado, lo que está fuera de ello, el que atropella y viola las cosas sagradas. Una cosa ó acción que amenaza, que es siniestra, que excita el terror, la aversión, es abominable. Lo esencialmente malo, insoportable, que excita al odio, es detestable. Lo que es sacrílego, impío, contrario á las leyes divinas y humanas, que excita el horror, la indignación, es execrable. Procuramos alejar de nosotros, disipar lo abominable; hacer que se condene, que se proscriba lo detestable; que se persiga, que se aniquile lo execrable. El imbécil Claudio, especie de mujer gobernado por rameras, es un príncipe detestable. Catilina, conjurado contra su patria con toda la fuerza de los vicios formidables, auxiliado de prendas grandes, es un ciudadano abominable. Cromwel con el Evangelio en una mano y con la espada en la otra, derribando el trono y degollando á su rey por mano del verdugo, es un vasallo erecrable. La avaricia que mancha todas las virtudes, es un vicio detestable. La hipocresía que las remeda, es un vicio abominable. El fanatismo, que mira como virtud el hollar en nombre del cielo todas las leyes de la Naturaleza, es un vicio execrable. Estas tres voces se usan en un sentido más lato para designar los diversos grados de exceso de una cosa más mala, y en este caso, abominable dice más que detestable, y erecrable más que abominable. (CIENFUEGOS.) Artículo segundo. ABOMINABLE, DETESTABLE, EXECRABLE. La idea primitiva y positiva de estas palabras es una calificación de lo malo en sumo grado. De manera que no son susceptibles de aumento ni de comparación, sino en el caso en que se quiera dar al objeto calificado el primer lugar entre todos aquellos á quienes pueda convenir el género de calificación. Así es que se dice el más abominable de todos los excesos; pero no se diría un exceso muy abominable, ni más abominable que otro. Como ellos expresan por sí mismos todo lo más fuerte, excluyen todas las modificaciones que pueden hacerse en la mayor parte de los demás epítetos. Y en esto son sinónimos. Su diferencia consiste en que lo abominable parece hacer relación más directa á las costumbres; lo detestable al gusto, y lo execrable á la conformación. Lo primero denota una obscena

corrupción; lo segundo designa maldad ó depravación, y lo último expresa una extrema deformidad. Los que tienen una devoción supersticiosa pasan al libertinaje, y comunmeute se encenagan en él, hasta en lo que hay más abominable. Un manjar tenido hoy día por detestable, se sacaba en tiempos de nuestros antepasados en las mejores mesas. Las riquezas hermosean á los ojos de un hombre interesado la más execrable de todas las criaturas. (MARCH.) Articulo tercero.—ABOMINABLE, EXECRABLE, DETESTABLE. Detestable es lo que merece condena ó censura.

Execrable, lo que merece maldición.

Abominable, lo que nos causa escándalo. La primera palabra tiene un uso frecuente y general en nuestra lengua. Todo lo que se hace mal, es detestable. Supongamos que alguno no es feliz en el ejercicio de la palabra: tiene una detestable conversación. Otro aproxima mucho su semblante al nuestro para hablarnos: tiene una detestable costumbre. Se habla del orgullo, de la necedad, de la embriaguez, de la murmuración: todos esos son vicios detestables. Execrable se aplica únicamente á hechos del orden moral, dominando la idea de una perversidad sin límite, perversidad tan grande que, no teniendo entre los hombres castigo que baste, merece ser maldita. La crueldad de Fayel, que presenta á Gabriela de Vergy el corazón del valiente Couci, es una crueldad execrable. Abominable se refiere á todo atentado cometido contra la idea de Dios, de sus templos, de sus sacerdotes, de sus virgenes. Abominación, en el lenguaje de la Santa Biblia, quiere decir ídolo. De manera que, propiamente hablando, abominación es idolatría; esto es, adoración á una falsa divinidad. Por extensión, se llama abominable todo lo que es impio. En Asia, y aun en Grecia, se celebraban todos los años ciertas solemnidudes en que se convertía la deshonestidad más escandalosa en honor divino. Tales fiestas eran otras tantas abminaciones. Lo detestable puede consistir en un defecto, en un mal hábito, en una manía, en cualquier capricho, Lo erecrable supone un gran crimen, una espantosa depravación del sentimiento. Lo abominable, una gran impiedad, una espantosa depravación de la creen- Lo detestable puede hacer reir. Lo execrable hace palidecer. Lo abominable nos hace rezar. Es detestable un hablador. Es ezecrable un asesino, un parriida. Es abominable un sacrilego.

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