Pedro Felipe Monlau · 1856
Osar
página 356 · ver la página del original
Osar. Como quien dice ausar, de auso, que en latin es el atrevido y osado. (Rosal).—De ausare (especie de frecuentativo formado de ausum, supino de audère, atreverse), mudado el au en o.
D. y C.—Audacia, Audaz, Osadía, Osado, etc.
Ostra y Ostracismo. El nombre Ostra ú Ostro, que en algunas partes llaman Ostrones y tambien Ostiones (en francés Huistre ó Huttre) viene del l. ostrea, ostreum, en g. ostreon, la ostra (marisco bien conocido), formado de ostrakon, concha, escama, pieza escabrosa.
OSTRACISMO viene del l. ostracismus, por el g. ostrakismos, especie de destierro que duraba diez años, y que tomó el nombre de la circunstancia de votar los ciudadanos inscribiendo el nombre del que habia de ser desterrado en una concha (ostrakon) dada ó cubierta de cera.—Solon, no obstante todo su saber, se persuadió de que era imposible establecer en la república de Atenas la libertad y la igualdad, sin derribar ó inutilizar á todo ciudadano que sobresaliese ó aventajase mucho á los demás en ciencia, riquezas, gloria ó virtud. Instituyó en su consecuencia el ostracismo, que consistia en sujetar al fallo del pueblo al personaje que inspiraba temo res, y desterrarle por diez años del territorio de la república, mas sin privarle de sus bienes, y con facultad de volver á su patria concluidos los diez años.—En la república de Atenas habia sobre unos 20,000 votantes, y la ley exigia que debiesen reunirse 6,000 votos (la casi totalidad de votantes que ordinariamente concurrian) contra el acusado, para que á este se le pudiera imponer el ostracismo. No obstante tan cuerda disposicion, encaminada á evitar la frecuencia de la aplicacion del destierro, sufrieron el ostracismo ciudadanos tan eminentes como Arístides, Temístocles, Alcibiades, Conon, Timoteo, Ificrates, etc. Y es que en Atenas, como en todas partes, las intrigas, los celos, las enemistades, la debilidad y la indiferencia, entraban harto á menudo como elemento de la votacion. Hé aquí, en prueba de ello, el caso que sucedió con un estúpido labriego del Atica cuando se trataba de fallar sobre la suerte de Arístides. El ciudadano votante fué á Atenas para dar su veto, pero no sabia escribir, y andaba por la plaza buscando quien le escribiese un nombre en la ostra. Tropezó casualmente con el mismo Arístides, á quien no conocia, y le dijo:—Hacedme el favor de poner aquí un nombre.—¿Cuál? le preguntó Arístides.—El de Arístides.—¡Por Júpiter ¿conoceis á Aristides? ¿qué mal os ha hecho?—No le conozco, ni me lia hecho mal ninguno, pero hace tiempo que me fastidia y cansa oir que le apellidan el Justo.—Arístides se calló, y escribió su propio nombre en la concha.
la historia de «osar», de obra en obra →
abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra