Diccionario nacional

Ramón Joaquín Domínguez · 1846-1847

Mariana

tomo 2 · página 1151 · ver la página del original

Mariana, Biog. (JUAN DE) Famoso historiador español; nació en Talavera, villa insigne del antiguo reino de Toledo en el año 1536. Se ignora la calidad de sus padres, pero es de suponer que serían castellanos acomodados en vista de la buena educacion que recibió. Jóven de muy buenas disposiciones, dotado deuoa memoria feliz y de una penetracion y discernimiento superiores á sus años, notardó muchoen distinguirse entre todos sus condiscipulos aprendiendo con prodigiosa rapidez el idioma de Horacio y Ciceron. Pasó á cursar artes y teología á las escuelas de Alcalá, oyendo con gusto á los célebres maestros que entonces enseñában en dichos establecimientos, y allí se perfeccionó en el buen gusto, elocuencia y precision que fórman el principal carácter de sus obras. Dotado igualmente Mariana de un corazon sensible, y de una imaginacion ardiente, admiró la rígida virtud de P. maestro Gerónimo Nadal, enviado por San Ignacio de Loyola en calidad de comisario, á aquellas escuelas, y creyó qne las reglas de su instituto conducían fácilmente al camino de la perfeccion, y deseoso de seguir sus huellas entró en la compañía á los 17 años de su edad, con notable placer de la misma, cuyos individuos conociendo cuanto valía Mariana, secongratulaban de haberle admitido en su seno. Hizo los dos años de noviciado en Simancas al lado de San Francisco de Borja, y concluídos estos, volvió otra vez á Alcalá donde continuó sus estudios con inalterable constancia. Aquella universidad vió con asombro descollar á nuestro Mariana entre tentos y tan célebres talentos como existían en la compañía. Apenas contaba 24 años de edad cuando el general Diego Laines le eligió para catedrático de teología en la primera instucion de estudios del colegio de Roma, donde pasó á principios del año 1561, y en las primeras témporas recibió el órden sacerdotal, ¿inmediatamente le dió su general la profesion de cuatro votos y el título de catedrático. Este mismo empleo desempeñó en Sicilia, y después pasó á París con igual encargo de enseñar las ciencias sagradas. Esta universidad le admitió en su seno confiriéndole el grado de doctor en teología y el empleo de profesor que ejerció por espacio de cinco años, esplicando á Santo Tomás con singular maestría. Era tanto el esmero con que se dedicaba á la ilustracion pública y el fervor con que se aplicaba á toda clase de ciencias, que le sobrevino una grave enfermedad, á la cual contribuyó tambien el clima de París poco análogo á su constitucion fisica. Logró por fortuna restablecerse y entonces renunciando la cáterda regresó á España lijando su residéncia en Toledo. Mariana sabía hermanar la virtud con la sabiduría, y la vida sedentaria de un literato con la activa de un sacerdote de Cristo. Dedicose tambien á la predicación, y asegúran que fué un orador elocuente: fué nombrado sucesi. vamente axaminador sinodal del arzo. bispado de Toledo y consultor del tribunal de la inquisicion, dirigiendo al mismo tiempo las con ciencias de las personas mas distinguidas. No es desconocida de muchos la acalorada disputa que ocasionó la reimpresion de la «Biblia poliglota,» dispuesta por el rey de las Españas Felipe II á instancias de Cristóbal Plautino, impresor de Amberes. Quiso Plautino añadir á la que había mandado imprimir en Alcalá, el célebre arzobispo de Toledo don Francisco Jimenez de Cisneros, el nuevo testamento en lengua siriaca. El monarca había encargado la direccion de esta edicion preciosa, al benemérito Arias Montano quien desempeñó este encargo con aquel celo é ilustracion que era de esperar de sus vastos conocimientosen las lenguas orientales. La obra obtuvo la aceptacion de todos los sabios nacionales y estranjeros y diéronla el nombre de «Biblia regia ó filipina,» por los auxilios que el gran Felipe quiso concederle. Gozaba Montano de justos y debidos aplausos, cuando Leon de Castro, de quien hemos hablado en el artículo de Fr. Luís da Leon, levantó el grito contra Arias Mona tano, delatándoleal tribunal de la Inquisicion y acusándole por haber encontrado errores en la edicion de la nuev Biblia, y por consiguiente pedía un castigo para el editor: nadie mejor que Ma riana podía decidirla cuestion: con efec to quedó á, su cuidado la censura de la obra, y el resultado fué cual debía esperarse: la inocencia salló triunfante, y Castro y sus secuaces quedaron con fundidos, llevando en castigo de sus demasías el odio y execracion de los amantes de la virtud s la saidenal Quiroga quedó tan prendado del buen discernimiento que manifestó Marianaen el desempeño de aquella deli adísima comision, que desde el momento le dió parte en la formacion del «Manual de Sacramentos» que había encargado al canónigo Loaysa; igualmente leencomendo la «Reforma de las apuntaciones del concilio» que acababa de celebrar, y le comisionó para hacer el «catálogo» de los libros prohibidos y el «Indice espurgatorio» que se publicó en 1584. El mismo Felipe II le nombró con otros literatos para la maguífica edicion con nuevas correcciones de San Isidoro, correspondiendo á Mariana el «Tratado contra los judios: los Proemios del viejo y nuevo testamento, y los sinónimos ó soliloquios.» Hallábase ocupado en tan útiles tareas cuando falleció el 16 de febraro de 1624. Sus amigos honráron con lágrimas su muerte; sus émulos con la veneracion, y don Francisco de Contreras, presidente del consejo, con la pública confesion de sus virtudes y entereza. He aquí el retrato que hace de Mariana un célebre escritor. Fué de pequeña estatura, de aspecto hermoso, frente espaciosa y serena, de ánimo elevado, de grande corazon y sufrimiento; invicto honrador de la verdad, de la libertad y de la religion; casto en sus obras y palabras, modesto, parco, si Jencioso; enemigo del ocio, despreciador de las dignidades etc. Son muchas las obras que nos ha dejado este escritor; pero sobre todas, la que forma un monumento eterno á su gloria literaria es su «Historia de España,» cuya obra publicó primeramente en latin con el título de «aHistoriæ de rebus Hispania libri XX cum apendice.» Imprimió los 20 primeros en Toledo (1592). La obra fué recibida con general aplauso por nacionales y estranjeros, y unos y otros le tributáron debidos elogios, y esto fué lo que indudablemente impulsó á nuestro célebre escritor á verterla del latin al castellano. Veamos como habla de la historia de Mariana un escritor francés llamado Weis. «Esta obra es estimada sobre todo por las investigaciones que contiene, por la exactitud que se observa en los hechos, por las sabias reflexiones de su autor y por la hermosura de su estilo, á la vez sencillo y elegante, estilo que se acerca mucho al de Tito Livio, á quien el autor, segun pareco, había tomado por modelo.» De la obra en latin se han hecho cinco ediciones, y de la escrita en español hay muchísimas, la mayor parte hechas en Españas ha sido traducida en francés por el padre Chaurenton, París, 1725 5 tomos en ó volúmenesen 4.2 con láminas. Además de los escritos que hemos indicado de Mariana, se consérvan los siguientes: «De rege el Regis institutione lib. 11, Toledo 1599en 4.9 «De ponderibus el mesuris;» Toledo 1599 en 4.9 «Tractatus septem, tum theoló- gicos, tum históricos etc.» Colonia 1609 novum testamentum; Madrid 1616 en folio. «Del gobierno de la compañía. Epitome de la biblioteca de Focio. Tambien dejó la traduccion de algunas «Homilias de San Cirilo Alejandrino, la version de la homilia de Eustaquio Antiogeno sobre el Hexamcron,» y redujo finalmente á verso elegiaco los «Proverbios de Salomon, el Eclesiastes y el Cántico de los cánticos.» Entre sus manuscritos se encontró una correspondencia epistolar con los primeros hombres de aquella era, españoles y estranJeros, es decir, las cartas originales de os referidos y los rMa oriana. Coleccion curiosa y sumamena laaHistoria literariadcual pensaba dar á luz Marcos Hist. De segunda mujer de don Felipe 1Y, con quien casó en 1749:era hija del emperador de Alemania Fernando II y de doña María de Austria, hija de Felipe III, rey de España, y nació por los años 1635. Tuvo esta reina varios hijos, pero todos muriéron de corta edad, á escepcion de la primogénita doña Margarita, que después casó con el emperador Leopoldo, y el último que fué nuestro rey con el nombre de Carlos II. Felipe IY murió en setiembre de 1665, y nombró en su testamento á doña Mariana, tutora de Carlos II y gobernadora del reino durante su menor edad. No fué en verdad pacífica la regencia de esta princesa, pues además del favor que concedió á don Fernando Valenzuela, tuvo la debilidad de depositar su absoluta confianza en su confesor, y semejante distincion produjo graves conflictos al Estado. Era su padre espiritual Juan Everardo Nithard, jesuita aleman, soberanamente ambicioso, pero sin esperiencia en el arte de gobernar, y con otras cualidades peores, que por cierto no debían contribuir á que los españoles ulvidásen la circunstancia de ser estranjero. La reina le concedió carta de naturaleza, le hizo inquisidor general, consejero de estado, con preferencia á don Juan de Austria, hijo del rey, y en una palabra gobernador del reino, pues en su habitacion se celebrában las juntas de ministros y del consejo de regencia, y con él se entendían cuantos solicitában algo de la reina. Al fin doña Mariana conoció su imprudencia, y para no provocar la guerra civil, aunque con mucho sentimiento suyo, mandó salir de España al jesuita. Mas acertada anduvo la regenta en su alianza con Holanda, y con el emperador, y á ella debió el poder sostenerse contra la Francia, cuando casi á un tiempo se encendió la guerra en Flandes, Sicilia y en Cataluña. En 1675 entró Cartos 11 en su mayor edad, y doña Mariana dejó de gobernar el reino. Por una cláusula del testamento de Felipe IV, desde aquel momento debía gozar una pension de trescientos mil ducados anuales, y si quería retirarse á alguna ciudad de España, tambien ordenó el rey que la diésen «el gobierno de ella y de su tierra con la jurisdiccion.» La reina resolvió permanecer en Madrid: pero don Juan de Austria que adquirió el mayor valimiento con don Carlos, apartó al hijo de la madre, é hizo salir á esta para Toledo, donde estuvo hasta que murió don Juan. Regresó pues á Madrid en 1679, y cuando el rey su hijo casó con María Luisa de Orleans, pasó á vivir doña Mariana al palacio, donde después se trasladáron los consejos; murió como á las 12 de la noche del 16 de mayo de 1696, durante un eclipse del una, de resultas de un zaratan que no quiso descubrirá tiempo. Su cuerpo fué trasladado al panteon del Escorial. DE BAVIERA NEOBURG: reina de España, segunda esposa de don Carlos I; era hija de Felipe Guillermo, elector palatino del Rhin, y de Isabel Amalia de Hesse y nació en Duseldorfel dia 28 de octubre de 1667. Casó en 1690 con el rey de España, que acababa de enviudar de doña María Luisa de Orleans. Comoesta fué estéril doña Mariana, si bien todos atribuían esta desgracia al rey, tan débil y enfermizo de cuerpo como de ánimo. «Esto (dice un cronista) fué causa de que la reina tuviese mucha proporcion para introducirse en el manejo, y hasta llevar las riendas del Estado. Tenía en su partido al confensor del rey, el maestro Matilla: tenía tambien al en el gobierno de hacienda á una hechura del confesor con título de Adanero, que no había nacido en esfera de conde. El reinose hallaba muy exhausto con las guerras; los pueblos cargados de tributos: los arbitrios se enderezában masá sostener el valimiento de los que andában al lado de la reina que al interés público. El rey, dicen que lo conocía todo, pero no remediaba nada, á causa de ser mas débil y pusilánime en el espíritu, que delicado en la complexion del cuerpo. Vacilaba entre la noticia de los daños y de su nial encogimiento; y como la zozobra le causase alguna violencia flaqueaba á veces su delicada complexion, no sin riesgo de la salud. En una de estas dolencias llegó el cardenal Portocarrero á rendir los debidos obsequios al monarca, y mereció que S. M. se desahogase con él sobre las aflicciones de su espíritu en el estado y modo de gobierno. El cardenal no quiso lograr tan buena coyuntura, que le abría la puerta á la confianza del rey, y podía conducir al manejo del reino, lisonjeándose de remediar los daños que lorában cuantos no andában al lado de Matilla y de la reina. Al punto consultó lo que pasaba, convocando á sus principales confidentes: y como la confianza del rey había sido en ahogos de conciencia, le aconsejáron mudar de confesor, como as lo verificó, eligiendo para este cargo al maestro Froilan, catedrático de teología en Santo Tomás de Alcalá, que fuéconducidoá palacio por el conde de Benavente, y presentadoen la cámara del rey. La reina que no había tenido noticia de este suceso hasta pocas horas antes de llegar el sugeto, quedó sorprendida: pero como era política, disimuló cuanto pudo, aprobando la resolucion del rey. En efecto, mandando retirar á Matilia, quedó el P. Froilan asegurado en el confesonario del rey, y el cardenal Portocarrero sostenido con este nuevo apoyo para la gracia del rey, y sin embargo de que ninguno era del partido de la reina.— Siguióse luego otra gravísima novedad, de que llegase á oidos del rey el rumor de si la falta de salud que padecía era efecto de maleficios. Comunicó S. M la especie con el inquisidor general en audiencia secreta, y uniéndose este con el confesor, se valiéron de unos medios, al principio muy secretos; pero no los mas proporcionados para la investigacion de la verdad. Hiciéron algunos remedios y exorcismos, sin que la reina llegase á penetrar lo que pasaba, hasta después de fallecer el inquisidor general, por cuya muerte y noticia del suceso dirigió toda la fuerza y artes de su dolor contra el maestro Froilan, creyendo que tiraba á ofender su real honor mezclándola en influjo del maléfico que suponía padecer el rey. Logró poner inquisidor general, con cuya hechura se torció tanto la fortuna del confesor que hubo de ser mártir: pues apartándole del empleo, dió en manos del santo tribunal, quien á pesar de los padecimientos que le hizo sufrir, le declaró inocente y restituyó á sus honores en 1704.»—En efecto, íbase empeorando de dia en dia la salud de Carlos II, y como no habia sucesor forzuso á la corona, comenzáron las intrigas por las cortes de Austria y de Francia, deseosas cada cual de sentar un príncipe en el trono de San Fernando. La reina doña Mariana hacia todo lo posible para que el rey eligiese sucesor en la casa de Austria. Sin embargo, el rey que no podía olvidar á su familia, y que veía parientes próximos en los nietos de su hermana mayor, la reina de Francia doña María Teresa, llamó á heredar estos reinos al duque de Anjou, hijo segundo del Delfin, conocido entre nuestros reyes con el nombre de Felipe Y. Don Carlos II murió en 1. de noviembre del año 1700, y á principios del siguiente llegó á Madrid don Felipe. Promoviéronse algunas discordias en la corte, y fué preciso para el sosiego público desterrar de Madrid algunas personas distinguidas; al mismo tiempo la reina salio para Toledo, donde fué visitada por el rey. Se suscitó la guerra con los austriacos, y dona Mariana se declaró por su partido: así es que, cuando la evacuáron, se tuyo por conveniente que saliese de España, para que no fomentara mas una guerra que era ya bien desastrosa: el duque de Osuna la llevó escoltada por 200 ginetes hasta la raya de Francia en 1708, bajo el pretesto de a- a pare las d maa ncias y peligre de aquella lucha. Fijó su re Bayona, y allí permaneció hasta arrojados de España los austriacos, se permitió volver por influjo de su sobrina la reina doña Isabel Farnesio. Fé á vivirá Guadalajara, y allí murió lo 72 años de edad y mas de 39 de i dez, el 16 de julio e po desca en monas alla a la si r so eca aaan e os es as e ent s o reinos en e matrimonio de doña Mariana, árono de u. tros poetas, no hace icho el rguento doCarlos 11 el Hechizado.» |c eoge Ca e ra c de in s r s da euay Ju ea aal. i oas a asaoaa sigiona dce.. s. m. Hombre afeminado, ime, falto de carctr y de resolidion. M Hist. Primer nombre de Fauna ó Fatua, mujer de Fauno, rey de loslaurentinos ó latinos. Los rumanos la venerároncomo diosa, y de ella tomó el nombre de Marica una ciudad de Italia en la Campania. Segun algunos autores, Marica es la misma que Circé, y segun otros la misma que Venus, con relacion á Servio.

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El texto de Domínguez (1846-1847) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Mariana», en Ramón Joaquín Domínguez, Diccionario nacional (1846-1847), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/dominguez/mariana.