Ramón Joaquín Domínguez · 1846-1847
Cuervo
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Cuervo, s. m. Género de la familia de los plenirostros: ave carnívora y omnívora, de tamaño mayor que la mayor paloma, toda de color negro pardo con visos pavonados, que preferentemente se alimenta de cuerpos muertos y víve sobre las rocas, donde por lo comun anida, como tambien sobre los grandes árboles de los espesos bosques.
|| Astron. Una de las constelaciones australes. || marino, ave algo parecida al ganso, con los dedos unidos por una membrana, el pico largo, cilíndrico, dentado y encorvado por la punta. || La idea del cuervo, loc. fam. con que se significa el deseo de que alguno que se va no vuelva, aludiendo á la pasada del cuervo que salió del arca de Noé, después del diluvio. Dícese tambien la vuelta del humo. Y Fras. prov. No puede ser el cuervo mas negro que por las alas; por mal que vaya, suceda ó venga, no puede ya ser peor de lo que se ha pasado, de lo que se ha sufrido. Dicese comunmente para dar á entender que no hay que recelar mayor mal, por haber sobrevenido ya lo peor que podía acontecer =Venir el cuervo; recibir algun so. corro, particularmente si es repetido y como providencial ó desinteresadamente benéfico. Con alusion sin duda al cuervo que por espacio de tantos años alimentó á San Pablo el ermitaño, trayéndole diariamente el milagroso medio pan, y uno entero el dia que recibió la visita del venerable S. Antonio Abad. || Refr. Cual el cuervo, tal su huevo; los hijos suélen salir como sus padres ó heredar sus costumbres; aunque no todos.=Cria cuervos y te sacarán los ojos; los beneficios hechos á ingratos suélen servirles de armas para pagar con mal el recibido bien. Dícese cuando alguno corresponde con ingratitudes y malos procederes, á sus padres, maestros ó bienhechores. || Blas. El cuervo píntase en heráldica mirando atrevidamente á la derecha del escudo. y simboliza un espíritu audaz y animoso á vista de poderosos contrarios, arriesgándose ó esponiéndose para defender á sus protectores, al contrario de los del refran. || Mit. Ave consagrada á Apolo, adivino de los tiempos, que muda su voz con ellos, porque si se anuncia claro el tiempo, suénan claros sus graznidos y si nublado, turbio, revuelt ú osc ro, los despide amortiguados, cólicos, tristes; en razon de lo cual afirma San Fulgencio que tiene el canto del cuervo sesenta y cuatro ya riaciones ó mudanzas de vor ser ave agorera, fatídica ó pronostic dora, de que antiguamente se chában los arúspices y adivinos pa sus vanas supersticiones, dedujérony consignáron los antiguos que era ave de Apolo. || Geog. R. de la prov. de Guadalajara, que desagua en el Gu diela, cerca del Tobar,
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