Roque Barcia · 1880-1883
Vitoria
tomo 5 · página 538 · ver la página del original
Vitoria. Femenino. Geografía. Capital de la provincia de Alava, de la jurisdiccion de su nombre, capitanía general de las Provincias Vascongadas, audiencia territorial de Búrgos, diócesis de Calahorra y su arciprestazgo de Armentia y residencia de las antiguas diputaciones foral y provincial. 1. Situacion astronómica.—La capital, que vamos á describir, se encuentra situada á los 42° 20' 41" de latitud Norte y 1° 0' 55" de longitud Este del meridiano de Madrid. 2. Altura y distancia.—El terreno, que ocupa la poblacion, se halla á 510 metros de altura sobre el nivel del mar y dista 336 kilómetros de la capital de España. 3. Posicion topográfica. — VITORIA, considerada como la reina de la provincia por su pintoresca posicion, está edificada sobre un pequeño cerro, que domina la llanura de Alava, circuida de multitud de lugares que, con sus montecillos y airosas torres, le dan un aspecto sumamente risueño y agradable.
4. Carreteras.—De las puertas de Castilla, Barreras, el Rey, Urbina y Arriaga, parten sus magníficas carreteras, que se extienden por todo el territorio, dividiéndose en diferentes ramales, que parecen otros tantos brazos, con los cuales abarca Viro RIA, no sólo los pueblos alaveses, sino tambien algunos de las provincias limítrofes.
5. Clima.—El de este país, es frío, húmedo y nebuloso. El invierno dura de siete á ocho meses, durante los cuales las lluvias son abundantes; y las nevadas, copiosísimas, en algunas ocasiones; la primavera puede decirse que no se conoce; el verano es templado y benigno; el otoño, seco y delicioso. Los vientos reinantes son: el Norte, el Sudeste y, rara vez, el Noroeste y el Nordeste.
6. Salubridad.—Entre las enfermedades más comunes figuran: las catarrales, las pulmonares, agudas y crónicas, y las afecciones reumáticas y gástricas. Esto no obstante, el país, á pesar de lo húmedo y desigual de su clima, es sumamente sano y sus habitantes alcanzan una edad avanzada.
7. Interior de la poblacion.—La ciudad de VITORIA marca, al simple golpe de vista, clara y distintamente, las tres diferentes épocas de su construccion. — La antiguísima VITORIA ocupa la parte más elevada, en lo que despues se llamó Campillo ó Villa-suso, y está circuida de murallas, baluartes y torreones, aunque derruidos en su mayor parte: es la vecindad ménos poblada; contiene algunas casas con espaciosas huertas y plazuelas, y su despoblacion se atribuye á un grande incendio que tuvo lugar en 1202. El rey Don Sancho el Sabio de Navarra fué quien pobló el actual Campillo, convirtiendo en villa fortificada, con el título de VITORIA, la miserable aldea, conocida hasta entónces con el nombre de: Gaztheiz. Constaba esta villa de tres calles principales, que se extendían en direccion de Mediodía á Norte, y dos subalternas, que cruzaban á las primeras de Oriente á Occidente: las calles principales tenían una sola puerta ó entrada al Sur, llamada de San Bartolomé, y otra, al Norte, denominada de Santa María, las cuales han desaparecido, quedando abierto el Campillo por ambos puntos y en completa comunicacion con la ciudad; las cruceras terminaban en cuatro portales, nombrados: la Soledad, San Francisco Javier, Santa Ana y las Carnicerías. Las dos fortalezas ó castillos, situados al Norte y Mediodía, ocupaban el terreno en donde ahora se levantan las parroquias de Santa Marta y San Vicente.—La VITORIA antigua se compone de las ó calles que se formaron al rededor y como á los piés de Villa-suso. Resuelto Don Alonso de Castilla á engrandecer la poblacion, hizo construir las calles de la Correría, Zapatería y Herrería, cercándolas con murallas, que las unían con Villa-suso, al propio tiempo que comunicaban al campo por 3 puertas, así como los á portales (San Roque, San Pedro, Osano y Aldave), que conducían á los á cantones, los cuales cruzaban las referidas calles de arriba á abajo. Don Alonso el Sabio dió aún mayor ensanche á la ciudad hacia los años de 1256, edificando al Oriente de las tres mencionadas calles, otras tres nuevas, bajo el mismo sistema que aquéllas en cuanto á su direccion, portales y murallas, logrando regularizar y circuir completamente con dobles fortificaciones esta antigua plaza de armas. Llamáronse estas calles: Cuchillerta, Pintorería y Judería (Calle-Nueva, despues de la expulsion de los judíos que la habitaban); corren de Mediodía á Norte y las atraviesan á cantones, como á las otras, concluyendo en 3 portales al campo, que son: el de Urbina, San Ilde fonso y Hospicio. Posteriormente, se construyeron: la calle Chiquita, la de Dentro, Santo Domingo y demás que hay desde la antigua muralla, que descendía de las Carnicerías, quedando de este modo rodeada la poblacion.—La VITORIA novísima ó moderna comprende las calles y plazas, que se han edificado últimamente, fuera de las que dejamos descritas. En la parte oriental se hallan la calle Nueva de A fuera y el hospital civil de Santiago, con las casas levantadas en la salida para Navarra ó del Rey; al Occidente, las antiguas cercas con el palacio de la Diputacion y calle de la Constitucion; y al Mediodía, los Arquillos; plazas de Castilla, Nueva y de Bilbao; calles del Prado, San Antonio, Postas y antiguo barrio del Arca. En la actualidad, lo más importante y principal de todo lo moderno y áun de toda VITORIA, es lo edificado al Sur, Este y Oeste, entre los portales del Rey y de Aldave.
8. Casas.—Las de las dos partes antiguas, están por lo general mal construidas y contrastan singularmente con las levantadas de nueva planta en algunos solares y las que han sido reedificadas en tiempos modernos. La VITORIA novísima contiene muy buenos edificios, cuya arquitectura reune la solidez y la elegancia, si se exceptúan las que se hacen de ladrillo que, aunque bonitas, son sumamente endebles y de poca duracion. Las casas están casi todas provistas de balcones; y muchas de ellas, de huertas y jardines, con abundantes pozos, situados en los patios interiores y huertos.
9. Calles.—Son, áun las antiguas, bastante desahogadas, si se comparan con las de otros pueblos de su época; pero la anchura y capacidad de las nuevas las hace aparecer algo mezquinas. Unas y otras se hallan en su mayoría empedradas con grande esmero; sus aceras son cómodas y espaciosas y por la noche están alumbradas por elegantes faroles dé gas. 10. Plazas.—La Nueva y los Arquillos constituyen las dos joyas de la moderna VITORIA. La primera, presenta un lindísimo cuadro de sillería, cuya línea dividen 19 arcos, sostenidos en postes, con pilastras arrimadas de órden dórico, excepto los tres arcos de los tres centros, que tienen columnas anichadas, y los cinco del centro principal, que las presentan aisladas y compuestas de una sola pieza. En el piso llano de la plaza se levantan los famosos arcos de VITORIA, en donde se pasean las hermosas y amabilísimas vitorianas. Las casas y los edificios tienen 14 metros de altura; son todos iguales, con dos pisos, entresuelo y balcones de hierro, descollando sobre todos la magnífica casa municipal. 11. Edificios públicos.—Mencionaremos los cuatro siguientes: 1.° Templo de San Miguel.— Está enclavado en la parte exterior de los muros de la antigua Villa-suso y existía ya á fines del siglo xuI. La iglesia tiene tres naves y varias capillas, altares y sepulcros, y el retablo mayor, obra de los celebrados artistas Juan Velazquez y Gregorio Hernandez, es de gran mérito. A espaldas de esta capilla se conserva el famoso machete vitoriano, ante el cual, el síndico procurador general juraba, segun fuero, desempeñar bien su cargo, bajo la pena de cortársele la cabeza en caso contrario, y como quiera que era el pueblo quien le otorgaba los poderes, cualquier vecino de la ciudad tenía derecho para protestar contra él. 2.° Colegiata de Santa Marta.—Se encuentra situada en el Campillo y es una de las parroquias más antiguas de VITORIA, pues su existencia se remonta igualmente á fines del sigloxi. Su fábrica pertenece al órden gótico en su mayor parte, y presenta un pórtico anchuroso, sobre el cual se levanta la torre, obra más moderna y de un mérito artístico innegable. El interior de la iglesia, con sus tres magníficas naves, sus galerías y arcos góticos, es sumamente esbelto y arrogante; contiene diferentes altares, capillas y sepulcros, y en la sacristía se admira un precioso cuadro de la Piedad, historiado con varias figuras de tamaño natural, cuya obra maestra atribuyen algunos á Wan Dyk; y otros, á Murillo. 3.° Palacio de la Diputacion.—Es sin disputa el más suntuoso de todos los modernos que encierra la ciudad; empezaron sus obras en 1833 y terminaron en 1844. El edificio revela excelente gusto arquitectónico; su interior se halla convenientemente distribuido, y en él se logró acumular unos 15 lienzos de los mejores que pudieron salvarse á la extincion de los conventos, y entre los cuales figuran cuatro magníficos cuadros del Españoleto, que representan: un san Pedro, un san Pablo, un santo Cristo y una cabeza, de mérito sobresaliente. 4.° Casa consistorial.—Ocupa el cen. tro del frente meridional de la plaza Nueva; tiene una hermosa escalera doble y una puerta gigantesca, que da á la calle de San Francisco y sirve de entrada y tránsito por aquella parte: el balcon de piedra, muy elegante, y la fachada almohadillada, aparecen coronados por dos escudos de armas de la ciudad, que campean sobre el tejado, y el interior se halla tambien muy bien distribuido, atendido el objeto á que se destina. 12. Estadística.—Aparte los edificios mencionados, la capital cuenta ademas: varios conventos notables; un bellísimo teatro; sociedades y círculos de recreo; escuela normal de maestros de primeras letras, instituto de segunda enseñanza, seminario, academias de dibujo y de música, y numerosas escuelas gratuitas públicas, privadas y particulares; casa de piedad ú hospicio, hospitales, cárcel, buenas fondas y cafés. 13. Poblacion.—En el siglo XIV, cuando aún existían los barrios, tenía la ciudad 10.000 vecinos, cuya cifra descendió á 4 000 al comenzar el siglo XV. Posteriormente, ha venido la poblacion aumentando de nuevo, y en la actualidad, el número de sus habitantes, segun el censo de 1877, asciende á 26.921
14. Alrededores.—Circuida de un sinnúmero de huertas, donde se cultivan las hortalizas con especial esmero, y de un terreno llano, cruzado por carreteras, caminos, sendas rurales y varios ríos y riachuelos, que serpentean por un campo cubierto siempre de lozana vegetacion, la hermosa ciudad de VITORIA ofrece á los paseantes, durante la estacion florida, un panorama verdaderamente encantador. 15. Agricultura.—El término municipal de VITORIA es enteramente llano y bastante fértil en trigo, cebada, avena, maíz, patatas, mijo, habas, lentejas y otros diversos frutos: algunas familias se mantienen del producto de sus huertas, en las cuales cultivan con gran cuidado todas las hortalizas compatibles con el clima. 16. Industria.— Esta ciudad sería la más industriosa del país vascongado, si no careciera de carbon de piedra y saltos de agua, principales motores, que sustentan este importante ramo de la riqueza pública. Esto no obstante, la industria de la capital ha progresado extraordinariamente en estos últimos años, y apénas puede creerse el gran partido que sacan los artesanos de la madera y del hierro, cuyas obras, y muy particularmente, los muebles de nogal y camas de hierro, son objeto de la admiracion de los forasteros que visitan sus talleres. Los diversos ramos industriales de la poblacion están representados por muy buenas fábricas de papel pintado, colores, espejos, marcos dorados, carruajes, mantas, loza ordinaria y curtidos; varios molinos harineros, talleres, obradores, litografías, imprentas y demás oficios y artes indispensables. 17. Comercio.—La traslacion de las aduanas á la frontera mató el comercio de VITORIA, reduciéndolo desde entónces á importar y vender lo necesario para el surtido de la ciudad y pueblos circunvecinos. Todo cuanto se consume de lienzos, percales, paños, quincalla, frutos coloniales, vinos y otros productos, procede de fuera; exportando la poblacion únicamente algunos granos, que se llevan al mercado, y los artefactos que se construyen en las fábricas y talleres arriba enumerados. 18. Etnografía.—Los naturales del partido de VITORIA son robustos, ágiles y bien formados, distinguiéndose por cierto aire de marcialidad é independencia, que les han dado las últimas guerras civiles. Dedicados casi exclusivamente á las faenas agrícolas, son igualmente laboriosos, sobrios y económicos desde la infancia, y de costumbres puras y sencillas Las diversiones públicas se reducen al juego de bolos, barra, pelota, naipes y danzas al són de la pandereta y tamboril. 19. Historia.—Algunos autores (entre ellos, el abad de Balclara) atribuyen á Leovigildo la fundacion de una ciudad en la Vasconia, que denominó Victoriaco, nombre que dicen corresponder á la moderna VITORIA. Por los años 1181, el navarro Sancho el Sabio, á la sazon señor de Alava, la engrandeció y fortificó, dándole su fuero municipal, que es el de Logroño, y el nombre VITORIA, con título de villa. De este modo fué hecha una de las plazas de armas del rey de Navarra, sin que por esto perdiera su condicion libre, pues su señor, con este nuevo carácter, le concedió franquicias y libertades apreciabilísimas; entre ellas, las de elegir por sí misma la autoridad municipal que la gobernase y administrara justicia con entera independencia del Gobierno, y conocer en los recursos de alzada, que debían acudir de otros pueblos, á los que se dió despues el fuero de VITORIA. Nada se dice sobre jurisprudencia y territorio en este fuero, contra lo que era de costumbre en semejantes cartas-pueblas, siendo de suponer que quedase reducida la villa á poseer los escasos terrenos que ántes tenía, como lo corroboran las disputas y pendencias que entre vitorianos y aldeanos se suscitaron desde los primeros dias de su fundacion. En tiempo del rey Don Sancho el Fuerte acudieron los de VITORIA en queja de los de Avendaño, y como les diera á entender aquel monarca que semejantes cuestiones debían decidirse por medio de la fuerza, y que era de cobardes el ir con tales embajadas, siguieron los vitorianos tan bárbaros consejos, y, cargando sobre los habitantes de Avendaño, saquearon, arrasaron y quemaron este pueblo, del cual sólo queda hoy la ermita de San Martin. Édificada VITORIA en la Edad Media, en aquel período de guerras, banderías y revueltas, y siendo, como era, una plaza avanzada de los navarros, tendría forzosamente que sufrir los ataques de los castellanos; pues sabido es que los diferentes reyezuelos, que dominaban entónces en España, no estaban nunca en paz y se hacían una guerra tan constante como rencorosa. Hácia los años de 1200 hallábase en gran discordia el rey de Navarra, Don Sancho VI el Sabio, con el de Castilla, Don Alonso VIII, y, aprovechando éste la alianza que tenía con el monarca de Aragon, Don Pedro II el Católico, marcharon juntos contra el navarro y sitiaron á VITORIA. Los vitorianos y la guarnicion navarra se defendieron valerosamente, decididos á no rendirse; pero, convencido el rey Don Sancho de la inutilidad de los heróicos esfuerzos de los defensores de VITORIA, á quienes no podía socorrer ni suministrar víveres y vituallas, les autorizó para que capitulasen, verificándolo, al fin, despues de un cerco de siete meses, á condicion de que se les respetaran sus fueros, pasando la ciudad á la corona de Castilla. El monarca castellano, aunque se apoderó de VITORIA, con el auxilio que le prestara su aliado el de Aragon, no pudo ménos de respetar á un pueblo tan valiente; y así sucedió que, en lugar de perder los vitorianos sus franquicias y libertades, las aumentaron con aquel acontecimiento. Don Alonso VIII, no sólo reconoció los fueros y prerrogativas de esta ciudad, sino que los confirmó y amplió solemnemente, contentándose con poner un jefe ó gobernador militar, como lo hacían los reyes de Navarra. Algunos han atribuido á Don Alonso VIII la promesa de conservar y respetar los fueros, miéntras el rio Zadorra no se detenga en su curso natural, del mismo modo que la costumbre, observada hasta hace poco años, de ir el alcalde antiguamente; y después, el procurador síndico general. en la mañana de San Juan, 24 de Junio, á reconocer el curso del río y dar fe de ello y parte al Gobierno de Madrid; pero otros, quizás con mayor fundamento, opinan que tan popular ceremonia tuvo su orígen en la voluntaria entrega de los cofrades de Arriaga al rey Don Alonso XI, ó sea en la incorporacion de la provincia de Alava á Castilla. Dícese tambien que VITORIA sufrió un terrible incendio á los dos años de su entrega al monarca Don Alonso VIII, de donde proviene la despoblacion que se nota en Villa-suso. No hay para qué decir cómo VITORIA fué ensanchándose en sus calles y poblacion bajo los reyes cas tellanos, puesto que queda dicho en otro lugar; pero sí consignaremos con algunos autores la manera con que fué extendiendo su jurisdicción sobre las aldeas circunvecinas. Consta por un privilegio de 18 de Agosto de 1858, firmado en Segovia por el rey Don Alonso X, que, habiéndole cedido la cofradía de Arriaga varias aldeas de su pertenencia, las dió el citado monarca á las villas de Salvatierra y VITORIA, correspondiendo á ésta las siguientes: Arriaga, Betoña, Adurzaa (no existe), Arechavaleta, Gardeles, Olharizu (no existe), Mendiola, Alí y Castillo. Por otro igual privilegio del rey Don Sancho IV el Bravo, fechado en Búrgos á 13 de Mayo de 1286, donó aquél á la villa de VITORIA la aldea de Lasarte, que le habían regalado los cofrades de Arriaga, igualmente que las anteriores. En ambos privilegios se trata largamente de los derechos respectivos de los aldeanos y vitorianos sobre pastos, aguas, pesca, montes y otros intereses. VITORIA fué engrandeciéndose notablemente con la proteccion de los soberanos de Castilla; sin contar que la autorizacion otorgada por Don Fernando IV desde Búrgos, el 27 de Julio de 1302, para constituirse en hermandad, segun las costumbres de aquellos tiempos, le dió nueva importancia y nombradía. Los de VITORIA, estaban libres de contribuciones y de toda hueste; es decir, no tenían obligacion de dar gente para la guerra, segun se ve en la real carta de Don Alonso XI, fechada en Valladolid á 15 de Junio de 1328; pero, sin embargo, prestaban grandes y voluntarios servicios á los monarcas de Castilla
en sus guerras contra los moros y príncipes cristianos. A la vez que Vi TORIA crecía en importancia, aumentábanse las disputas y cuestiones con la cofradía de Arriaga, siendo la más notable de entre ellas la que dirimió el compromisario Juan Martinez de Leiva, camarero mayor del rey Don Alonso XI, por su sentencia arbitral de 8 de Febrero de 1332; pues dudándose á quién correspondían 45 aldeas, declaró: que á VITORIA, 41, y á la cofradía de Arriaga, 4. Las de VITORIA, son: Subijana, Zumelzu, Armentia, Gazaeta (no existe), Berozteguieta, Miana (no existe), Monasterioguren, Gamiz, Bolivar, Ullibarri de los Olleros, Aberasturi, Gomecha, Argandoña, San Roman (no existe), Lubiano, Oreitia, Ullibarri, Doypa (no existe), Mataucu, Betriquiz (no existe), Cerio, Junguitu, Ilarraza, Ascarza, Arcaya, Sarricurri, Otazu, Eloriaga, Arcante, Ullibarri de Arca (no existe), Miñano Mayor, Miñano Menor, Retana, Amarita, Gamarra Mayor, Gamarra Menor, Yuazu, Crispijana, Goveyu, Lermanda y Abechuco. No fueron ingratos los de VITORIA á los repetidos favores de los reyes de Castilla, ántes al contrario, se los pagaron con largueza auxiliándoles, á pesar de sus exenciones, en todos sus mayores peligros y compartiendo en las campañas sus glorias militares. Los vitorianos acompañaron al rey Don Alonso XI en la conquista de la plaza de Algeciras, dando pruebas de su marcial valor; obrando con gran prudencia los diputados á Córtes de VITORIA, en las que se celebraron en Burgos el año 1315 y otras diferentes. Reconocido Don Alonso á estos servicios, y á la buena acogida que le dispensó VITORIA en 1332, cuando fué á capitular con los alaveses la voluntaria entrega de la cofradía de Arriaga, no contento con confirmarle sus antiguos fueros, le concedió nuevas exenciones y franquicias. VITORIA se contó entre las poblaciones que Don Pedro de Castilla ofreció al de Navarra, Don Cárlos III, recabando su auxilio contra Don Enrique. Esta cesion se hizo en Livozna á 23 de Setiembre de 1366, y los vitorianos, léjos de obedecerla, abrazaron el partido de Don Enrique; pero eran tantas las discordias y los vaivenes de aquellos tiempos, que en tres años vemos á los de VITORIA, ya en el partido de éste, ya en el de Don Pedro, ya, en fin, en el del rey de Navarra, al cual se entregaron el año de 1368 por ser el que más seguridades de paz les ofrecía. Don Enrique, dueño últimamente del trono, reclamó su restitucion; la poblacion seguía fiel al monarca navarro, á pesar de las instancias y amonestaciones; y para poner término á las disputas suscitadas por esta causa entre ambos soberanos, se acordó que la villa de VITORIA y otros pueblos que se hallaban en igual caso, se pusieran bajo la proteccion del papa Gregorio XI, hasta que mandase un legado que decidiese esta cuestion. Dió, al fin, su fallo el cardenal Guido de Bolonia, y VITORIA, cumpliendo con lo pactado, volvió á la corona castellana el año 1313. Don Enrique II, léjos de mostrarse resentido por el teson con que los vitoriahabían resistido volver á Castilla hasta tanto que el legado del papa diera su sentencia, procuró captarse la benevolencia de este pueblo, confirmándole sus antiguos fueros y concediéndole nuevas gracias. Bajo los reinados de Don Juan I, Don Enrique III y Don Juan II, envió VITORIA sus diputados á las Córtes de Madrid y obtuvo un célebre cuaderno de hermandad, en que se da gran desarrollo á esta institucion salvadora y benéfica en aquellos tiempos, pues sólo hermanándose y ligándose los pueblos, podían sujetar y tener á raya á los magnates y malhechores. Don Juan II concedió á VITORIA, en 1431, el título de ciudad, y bajo el mismo reinado fué incorporada á la provincia de Alava, de la cual se había separado en 1181 cuando la fundó el rey Don Sancho, cambiándole su primitivo nombre de Gaztheiz. Desde el momento en que VITORIA volvió al seno de su madre la provincia de Alava, empezó á notarse su poderoso influjo en el gobierno de este país. Don Enrique IV, á quien los asuntos públicos obligaron á ir al suelo vascongado, reunió en VITORIA, en 1457, á los enviados de los pueblos para enterarse del estado de las tres provincias. Consecuencia de estas juntas fué la real cédula de 22 de Marzo de 1458, en que se concedieron á la provincia de Alava las leyes municipales que Don Juan II dió á VITORIA en 1417, aumentándolas y corrigiéndolas en algunos puntos. Estas ordenanzas se reformaron despues y son las que han regido en toda la provincia de Alava, hasta la extincion de los fueros. Por aquellos tiempos reinaba en la ciudad la anarquía y los desórdenes á consecuencia de los célebres bandos de los Callejas y los Ayalas. Todos los vitorianos se hallaban afiliados en uno de estos dos partidos, que se disputaban con las armas en la mano el derecho de administrar esta ciudad; y cada noche se daban un combate, ó sostenían una refriega en que morían muchos contendientes. Estos dos bandos eran los mismos que, donde quiera que hay sociedad, vienen disputándose el poder desde el orígen del mundo. Estos dos bandos representaban á la aristocracia y á la democracia; aquélla, queriendo dominarlo y avasallarlo todo sin más títulos que sus pergaminos y riquezas, y ésta, rechazando indignada la dominacion de sus contrarios. Los Callejas, jefes de la aristocracia, se empeñaban en que todas las derramas y cargas públicas habían de recaer sobre los artesanos y demás clases trabajadoras; pero sin que pudieran aspirar á ejercer cargo alguno de justicia; los Ayalas, jefes de la democracia, se oponían á tan injustas pretensiones y defendían los derechos populares. Hé aquí la lucha eterna del género humano, donde quiera que se estudie su historia. Los partidarios de los Callejas celebraban sus reuniones y prestaban sus juramentos en la iglesia de San Pedro, y los de los Ayalas, en la de San Miguel, pues, aunque la lucha entre la nobleza y el pueblo es de todos los tiempos, se amolda y modifica en sus formas exteriores al espíritu y costumbres de cada siglo. El rey Don Fernando el Católico, deseando poner término á los bandos que aniquilaban á VITORIA, pasó personalmente á nuestra ciudad por el mes de Junio de 1476, y, despues de exhortar á la paz y reconciliacion á ambos partidos, regresó á Castilla, encomendando á los doctores Juan Díaz de Alcocer y Emicera Gamar el que, con acuerdo de los vitorianos, arreglaran un capitulado sobre el modo y la forma con que debía gobernarse esta poblacion en lo sucesivo. Realizado este proyecto, lo aprobó el monarca citado, en Búrgos á 22 de Octubre de 1476, mandándose observar por el ayuntamiento de VITORIA el 15 de Noviembre del mismo año. Este célebre capitulado, no sólo acabó con los bandos de Callejas y Ayalas y otros diferentes, sino que se observó durante los tres siglos subsiguientes, así como las ordenanzas de 1486, hasta que quedaron sancionadas las actuales y vigentes en el año de 1747. En 1483 llegó á VITORIA la reina Dona Isabel I y, ántes de entrar en la ciudad, juró solemnemente sobre los santos Evangelios, en la puerta de Arriaga, observar y guardar los fueros y prerrogativas de los vitorianos: Los Reyes Católicos, quienes ya en 1476 habían dado á VITORIA, en prueba de su singular cariño, el título de Muy leal, concediéronle en 1484 y 1490 los señoríos de Valle de Zuya y las villas de Alegría, Elburgo y Bernedo. La despoblacion y la ruina que la expulsion de los moriscos produjo en la industria y el comercio de España, se dejó igualmente sentir en esta ciudad, en donde existía tambien una calle de judíos con su sinagoga y sus jefes. Al ser éstos arrojados de Vrro RIA, se presentaron al ayuntamiento para hacerle cesion del campo en que reposaban las cenizas de sus progenitores, de judimendi, rogándole que, en señal de las buenas relaciones y servicios que entre ellos habían existido, recibiera la ciudad esta donacion, prometiendo conservar el campo inculto y sin que jamás la reja del arado llegase á remover los huesos de los que en judimendi habían sido enterrados. Aceptó el ayuntamiento esta donacion; y su procurador síndico general ofreció cumplir lo prometido, abandonando luégo los judios á Vrro RIA, despues de cerca de tres siglos de permanencia en ella. Con la muerte de los monarcas católicos se inauguró en España la dinastía de la casa de Austria, y Cárlos V dió principio á su reinado despreciando las
libertades públicas y prerrogativas de las Córtes, cuyo proceder ocasionó, como era natural, el levantamiento de Segovia, Zamora, Valladolid, Avila, Madrid, Cuenca, Medina del Campo, Alcalá y otras muchas ciudades. Vi TORIA, pueblo amante de su libertad y de sus fueros, vió con verdadero júbilo el alzamiento de los comuneros, abrazando este partido con grande entusiasmo; pero el diputado general Don Diego Martinez de Alava y sus parientes y parciales, que pertenecían al bando del emperador, consiguieron extraviar y contener la opinion pública. La Junta de Tordesillas, contando con el apoyo de los vitorianos, envió á VITORIA como delegado suyo á Antonio Gomez de Ayala (uno de los que despues regaron con su sangre en Valladolid el árbol de la libertad española), el cual entró en la ciudad protegido por algunas gentes de Don Pedro de Ayala, conde de Salvatierra, que era el jefe de los comuneros en las Provincias Vascongadas. Temerosos los Alavas del impulso que el enviado de la Junta de Tordesillas podría dar al movimiento, le sorprendieron una noche en su cama y le condujeron preso á la Torre de Bernedo, de cuya villa era alcalde Don Bernardo de Alava, hermano del diputado general Don Diego. El pueblo vitoriano y los procuradores de la hermandad de la provincia, que se hallaban reunidos en juntas generales, por ser el mes de Noviembre de 1520, llevaron muy á mal la prision de Antonio Gonzalez de Ayala. En aquellos momentos de agitacion, recibió la provincia en junta general un pliego del condestable, intimándola á que le reconociese como virrey y gobernador de España; pero la Junta general se negó á darle el título de gobernador, al contestar su pliego. Don Juan de Alava, al ver el teson de los procuradores, les llenó de insultos, por cuyo motivo se le hizo salir del salon y se le arrestó. Un clérigo, portador de varias cartas é instrucciones para los principales comuneros de VITORIA, el cual debía presentarse á las juntas con poderes del conde de Salvatierra, fué sorprendido cautelosamente y preso por Don-Diego Martinez de Alava. Los partidarios del diputado, así que consiguieron apoderarse de estos dos agentes de los comuneros, se consagraron con ahinco á aconsejar al pueblo que abandonara la causa de los liberales, habiéndolo logrado á medias. El á de Mayo de 1521 se apoderó el conde de Salvatierra en el valle de Arratia de la artillería que los del rey llevaban para la campaña, que terminó en Villalar, cayendo en seguida sobre VITORIA: los Alavas y sus parciales se retiraron á Treviño, y el capitan comunero Gonzalo de Baraona entró en la ciudad con sus gentes; pero tuvo que abandonarla luégo. A principios de Abril de 1521, trató el conde de Salvatierra de apoderarse de nuevo de VITORIA y otros puntos; pasó á la vista de la ciudad sin encontrar resistencia, se dirigió á la villa de Salvatierra y, al regresar á Cuartango, se encontró en el pueblo de Alegría con algunas gentes de armas, quienes le atacaron haciéndole varios prisioneros. Animados con esto los partidarios de los Alavas, enviaron tropas para que se apoderasen de Durana; pero, habiendo llegado al mismo tiempo ambas columnas, se trabó una accion en que los comuneros fueron derrotados, quedando prisionero el valiente capitan Gonzalo de Baraona, con 600 de los suyos, al cual se le encerró en la misma casa de Don Pedro Alava, para ser despues decapitado en la plaza pública. Declarada la guerra de la Independencia, la poblacion de Vrro RIA secundó dignamente aquel alzamiento, tan glorioso como espontáneo y general. En 1813, hostilizados los franceses en todo el territorio español y cuando la guerra tocaba ya á su término, tuvo lugar en los campos de esta ciudad la famosa batalla que tomó su nombre. Hallábase reconcentrado por el mes de Junio lo mejor y más florido del ejército francés, con el rey intruso á la cabeza, ocupando á VITORIA y cubriendo las carreteras de Madrid, La Guardia, Bilbao y Francia, en una extension de 18 kilómetros: las fuerzas aliadas, mandadas por Wellington, se presentaron en las alturas de Nanclares de la Oca, y, al rayar la aurora del dia 21, se empeñó el combate, rompiendo el fuego la division española, á cuya cabeza marchaba Don Pablo Murillo: muy luégo se generalizó la lucha, que fué tenaz y sangrienta, tomando tambien parte en ella las divisiones inglesas y portuguesas, y las pintorescas llanuras de VITORIA se cubrieron de humo, de sangre y de cadáveres. Don Francisco Longa y el intrépido Pack llegaron con sus columnas á la caida de la tarde en auxilio de los españoles, y, apoderándose de los lugares de Abechuco, Gamarra Mayor y Gamarra Menor, cortaron á los enemigos la retirada por los caminos de Bilbao y Francia, apoderándose de ellos el espanto y declarándose en desordenada y vergonzosa fuga, por el camino de Salvatierra. En esta memorable accion lo abandonaron todo los franceses: artillería, bagajes y almacenes; perdieron 151 cañones y 8.000 hombres, entre muertos y heridos, dejando más de 1.000 prisioneros en su precipitada fuga, protegida por la aspereza del terreno. El rey José, estrechado de cerca, tuvo que escapar montado á caballo, abandonando su coche, en que se cogió la correspondencia, una espada, que la ciudad de Nápoles le había regalado, y otros objetos de valor. En poder de los españoles cayó igualmente el rico convoy, que tenían los enemigos á la izquierda del camino de Francia, compuesto de: carruajes, preciosos enseres, pertenecientes á generales y personas del séquito del intruso; artillería, cajas militares, llenas de dinero, que se repartieron los vencedores; pedrería, alhajas de varias clases, vestidos, ropas, manjares, bebidas, municiones, armas, y otros objetos, en fin, de diversos géneros, que quedaron abandonados al arbitrio del vencedor, y áun esparcidos muchos de ellos por el suelo, alterados ó destruidos, y hasta el baston de mando del mariscal Jourdan, que lord Wellington regaló despues al príncipe regente de Inglaterra. Esta gloriosa batalla puso fin á la guerra de la Independencia española; y por decreto de 3 de Julio acordaron las Córtes del reino la erec cion de un monumento en los campos de VITORIA, que perpetuase el recuerdo de acontecimiento tan fausto para la causa nacional. El dia 7 de Octubre de 1833 regonó en las callas de esta ciudad el grito de guerra civil. Don Valentin de Verástegui se puso al frente del movimiento carlista y, apoyado por la fuerza de voluntarios realistas de Alava, decretó un armamento general, que llevó á efecto con una actividad prodigiosa. El general Sarsfield, destinado por el Gobierno, con un pequeño cuerpo de ejército, para sofocar la insurreccion, batió á los sublevados que habían salido á esperarle, en el puerto de Peñacerrada; pereciendo en este encuentro muchos jóvenes de VITORIA. Sarsfield entró triunfante en la ciudad el 21 de Noviembre. Organizadas despues las huestes de Don Cárlos y puestas á las órdenes de su primer caudillo Don Tomás de Zumalacárregui, sorprendieron á la poblacion en la madrugada del 16 de Marzo de 1834. Los milicianos nacionales, auxiliados por la escasa fuerza de la guarnicion, se lanzaron sobre el enemigo, haciéndole pagar caro su arrojo, quien se vió obligado á retirarse por la parte de Salvatierra, dejando muertos ó prisioneros en las calles de VITORIA á sus más valientes soldados. Este importante hecho de armas valió á la milicia nacional una bandera, que le regaló la entónces gobernadora del reino, Doña María Cristina de Borbon, y á la ciudad, el aumento de su escudo de armas con una corona mural y el lema de: Isabel II. Durante aquella desastrosa guerra, fué VITORIA el cuartel general del ejército de la reina y uno de los puntos de apoyo de mayor importancia, por lo cual fué fortificada, circunvalándola de fosos y murallas, que fueron despues derribadas. Más tarde, al estallar la segunda guerra carlista, que ensangrentó de nuevo el territorio patrio y devastó aquellas hermosas comarcas, la insigne ciudad de VITORIA siguió defendiendo con igual ardor y civismo la causa del progreso.
la historia de «vitoria», de obra en obra →
otras entradas en esta obra: Vitoria
abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra