Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Valor

tomo 5 · página 390 · ver la página del original

Valor. Masculino. La calidad que constituye una cosa digna de estimacion ó aprecio. El precio que se regula correspondiente é igual á la estimacion de alguna cosa. I Cualidad del alma que mueve á acometer resueltamente grandes empresas y á arrostrar sin miedo los peligros. I Usase tambien en mala parte denotando osadía, y hasta desvergüenza, en las expresiones: ¿cómo tiene usted VALOR para eso?; tuvo valor de negarlo. En lenguaje de los economistas, cualidad relativa de las cosas útiles para los trueques ó cambios, en virtud de la cual se logra por una mayor ó menor cantidad de las mismas. I Subsistencia y firmeza de algun acto.] Fuerza, actividad, eficacia ó virtud de las cosas para producir sus efectos.El rédito, fruto ó producto de alguna hacienda, estado ó empleo. ] La equivalencia de una cosa á otra, especialmente hablando de las monedas.[cívico. El del funcionario público que á todo trance cumple con las obligaciones de su cargo, sin arredrarle amenazas ni peligros; valor que es pasivo generalmente, en contraposicion al militar, que se muestra peleando. COBRAR VALOR, ESPÍRITU, etc. COBRAR ÁNIMO.) Las siguientes acepciones son peculiares del comercio: EN CUENTA. En las letras de cambio y pagarés á la órden, significa que el tomador y el librador se reservan abonarse y cargarse respectivamente el valor de que se trata, segun las reglas establecidas para las cuentas corrientes.

ENTENDIDO. El de las letras ó pagarés cuando median razones que impiden al librador y al tomador explicar con claridad la verdadera causa de deber en el contrato de cambio. EN Sf́ MISMO, Ó RESERVADO EN SÍ MISMO. Fórmula empleada en las letras ó pagarés para significar que el librador gira á su propia órden, reservándose completar despues el giro por medio de endoso en forma á favor de un tercero. I RECIBIDO, Ó RECIBIDO EN EFECTIVO, GÉNEROS, MERCANCÍAS, CUENTA, etc. Expresion que significa que el librador se da por satisfecho, de cualquiera de esos modos, del valor de la letra ó pagaré. I Plural. Se ha introducido dar este nombre á todos los signos representativos de alguna porcion de riqueza, principalmente, mueble y negociable. En tal sentido se dice que los VaLORES están en alza, en baja, en calma, etc. l FIDUCIARIOS. Los que son apreciables en cuanto subsista el crédito, y merezca confianza en general el sujeto, la corporacion ó el Gobierno que los garantiza.

ETIOLOGIA. Valer: latin valor, gris (QUICHERAT, Addenda); italiano, valore; francés, valeur; provenzal y catalan, valor.

SINONIMIA. Artículo primero.—VA LENTÍA, VALOR. La valentía es el valor de la materia: el valor, la valentía del espíritu. La valentía nos lleva al soldado: el valor, al mártir. Quien vive y vence, tiene valentía: quien muere y calla, tiene valor. Artículo segundo.—VALOR, PRECIO. El mérito intrínseco de las cosas constituye su valor; fúndase su precio en la estimacion que se les da. Diremos, pues: esta medalla, además de su valor, porque es de oro, es tambien de gran precio por ser antiquísima y rara. Parece como que precio supone alguna relacion con la compra ó venta, lo cual no sucede con la palabra valor. Así es que se dice, que no es buen inteligente el que no juzga del valor de las cosas, sino por el precio á que cuestan. (MARCH.) Artículo tercero.—VALOR, PRECIO. Valor es el grado de estimacion en que se tiene una cosa, segun su mérito, su utilidad, los recuerdos que con ella se asocian, ó las ventajas que de ella pueden sacarse; precio es la cantidad de dinero en que la cosa se estima en venta. Así hay cosas que tienen valor para ciertas personas y no lo tienen para otras, lo cual no influye en manera alguna en el precio. El valor depende de un sinnúmero de circunstancias; el precio, sólo de las del mercado. Hay producciones del arte de tanto valor que no tienen precio, y hay otras de mucho precio que no tienen valor para los que no conocen su mérito. (MORA.) Artículo cuarto.— VALOR, PRECIO, ESTIMA. Pongamos un ejemplo que presente la varia acepcion de las tres voces del artículo. Nuestra madre nos deja uu pedazo de oro, del peso de un adarme, con la condicion de que lo hayamos de conservar siempre en nuestro poder. Si aquel oro no nos proporciona ningun goce; si no nos satisface necesidad alguna; si no se presta á ningun uso; si para nada sirve; si para nada vale, será un objeto sin valor. No pasando de un adarme de peso, su precio no podrá exceder de veinte reales de Castilla. Siendo una reliquia de nuestra madre; siendo un legado de su amor, tendrá para nosotros una estima inmensa. De manera que el adarme de oro, en el caso propuesto, es una prenda de ningun valor, de escaso precio y de una grande estima. Supongamos tambien que nos vemos en una isla desierta, y que allí encontramos muchos diamantes, una azada y un relicario de metal. Si no podemos dar á los diamantes ningun empleo provechoso; si nos son inútiles, no tendrán valor de ningun género. No habiendo allí persona que los compre, ni perito que los avalúe ó que los aprecie, no tendrán tampoco ningun precio. Pero conociendo nosotros que aquellas piedras son objetos finos y preciosos; sintiéndonos por otra parte halagados con sus reflejos y sus prismas, no podremos ménos de atribuir á los diamantes cierto precio moral; es decir, el precio de nuestros sentimientos y de nuestras ideas. Este precio moral, este valor de nuestra alma, es la estima. Hemos hallado, pues, que los diamantes merecen nuestra estima, que allí no tienen precio y que carecen completamente de valor. Lo contrario acontecerá con la azada. Siendo muy corto su valor en venta, su valor mercantil, corto será tambien su precio. No reconociendo en la azada ningun mérito particular; no viendo en ella nuestro ánimo ningun pensamiento, ninguna memoria que le dé un interés de conciencia, de sentimiento ó de juicio; no existiendo en aquel objeto un motivo que lo haga digno de nuestra estimacion, no deberá tener para nosotros ninguna estima. Por el contrario, siéndonos útil para beneficiar la tierra; para aporcar las plantas, para hacer hoyos y excavaciones; sirviendo para procurarnos medios de vivir; valiéndonos mucho para no morirnos de hambre, aquella azada de escaso precio y de ninguna estima, será de un inapreciable valor. En caso distinto se hallará el relicario de metal. Debiendo ser muy poco lo que por él nos dieran, caso de que quisiéramos enajenarlo; siendo muy pequeña la cantidad en que lo tasara un perito, su precio será de poca monta. No sirviéndonos para nada práctico; no siendo útil en el sentido de aplicacion, su valor será nulo. Trayendo á nuestro pensamiento el recuerdo de las oraciones que nuestras madres nos enseñaban cuando éramos niños; haciéndonos pensar en la cruz, en el Calvario, en Jesucristo, en la Redencion; llenando nuestro espíritu con la memoria de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros amigos, de nuestro pueblo y de nuestra fe, aquel relicario que no tiene valor, que apénas tiene precio, será para nosotros una prenda de imponderable estima. Esto demuestra que en la estima entran los pensamientos, las memorias, las opiniones, las creencias, los amores, las esperanzas; es decir, todo lo que nos llama, lo que nos obliga, lo que nos atrae, y como lo que más nos atrae, es lo que nos ha hecho llorar, resulta que áun las lágrimas entran en el vocablo que nos ocupa. De modo que las cosas valen por lo que sirven. Se aprecian por lo que se tasan. Se estiman por lo que recuerdan. El valor es utilidad; el precio, tarifa; la estima, pensamiento. El que va á emplear una cosa, atiende á su valor. El que va á comprarla, atiende á su precio. El que ha de deshacerse de ella, atiende á su estima. En el mundo sucede que se da mu

cho precio á lo que no tiene ningun valor; y que, por el contrario, no se da valor á lo que debía merecer mucho precio. Tambien sucede con harta frecuencia que damos estima á lo que nos debía dar vergüenza. La ciencia consiste en dar estima á lo virtuoso, en no sujetar el valor al precio, sino el precio al valor, y en llamar valor á lo que es útil, á lo que sirve, á lo que aprovecha, á lo que vale. Artículo quinto.—VALOR, VALENTÍA. El valor es una superior virtud del ánimo, por la cual despreciamos los peligros que pueden oponerse al cumplimiento de nuestros deberes, ó á la satisfaccion de nuestros generosos instintos. Así se dice: nadie disputa á tal ó cual caudillo la gloria del valor. No podría decirse con igual propiedad: la gloria de la valentía. La valentía es un valor ménos humano, más personal, discrecional casi. Así se dice: Fulano hizo anoche una valentía. No puede decirse: hizo un valor. El valor es sensato, prudente, circunspecto, reflexivo, inalterable; es el nobilísimo abogado de las buenas causas. La valentía puede ser frívola, voluble, indiscreta, temeraria, agresiva, cruel; es muchas veces la patrocinadora de necios alardes. La honra, la justicia, los principios, las opiniones, las leyes, la patria, son los grandes motivos del valor. Las pasiones, el antojo, el amor propio, pueden servir como de resortes á la valentía. El valor es una proeza: la valentía ha sido muchas veces un despropósito, un atentado, un crímen. En el valor encontramos siempre abnegacion y convencimiento. En la valentia hallamos muchas veces temperamento, hábito, vicio, indiscrecion. El valor es la valentía del alma: la valentía es el valor del cuerpo. Todos esos hombres á quienes nuestro idioma llama matones, jaques, barateros, ternejales, perdonavidas, espadachines, camorristas, duelistas y pendencieros, suelen ser valientes. Sólo el hombre de honor, de conciencia y carácter, es valeroso. Hay hombres que sólo son valientes en una orgía. El hombre valeroso desprecia los peligros, siempre que la moral y su conviccion se lo mandan. Hay otros hombres que no son valientes sino cuando hay quien los mira, como el hipócrita no es caritativo sino cuando la gente lo ve. El valeroso lo es en todas partes, porque lleva el valor en su corazon y en su conciencia. Venero al valeroso, le busco y le amo. Temo al valiente, le esquivo y le contemplo de reojo.

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