Roque Barcia · 1880-1883
Valencia
tomo 5 · página 329 · ver la página del original
Valencia. Femenino. Geografía. Vamos á describir esta rica y encantadora porcion del territorio patrio, llamada el jardin de España, considerándola bajo el triple aspecto en que la presentan la geografia y la historia; esto es: como reino, como provincia y como capital.
1. Preliminares. — Muchos siglos ántes de que el genio latino levantara en la orilla del Turia el primer monumento de la poblacion que un dia debiera recibir el celebrado nombre de VALENCIA, dice un elegante escritor moderno, ocupaban ya el centro y muchos de los puntos extremos del Seno Sucronense diferentes pueblas, habitadas por los íberos: Sucro (Alcira), Sætabis (Játiva), Damania (Domeico), Edeta ó Lascrona (Liria), Sepelaco (Onda), Aretalias ó Caretalias (Artana), Oleastrum (Eslida), Osikerda (Mosqueruela), Leonica (Castelserás), Etovesa ó Etovisa (Benifasá), Anitorgis (Alcañiz), Arse (Hijar), Lassira (Lezera), Bernaba (Fuentes de Ebro), Ebora (Puebla de Alborton) y Belia (Belichite), formaban parte de la extensa region ibérica, que la administracion romana señaló con el nombre de Edetania. Más próximos al punto en donde había de ostentar sus galas la capital del Turia, se hallaban: Segobriga (Segorbe), Pallantia (Ribarroja) y Turolios (Teruel), separados todos estos pueblos, los unos de los otros, por espesos bosques, ásperas cordilleras y multitud de ríos, miéntras que el Seno Sucronense (Sucronensis Sinus), comprendiendo desde Cullera hasta el Turia, se extendía en mayor anchura, que actualmente el lago de la Albufera, ceñido por la parte de tierra y la del mar por selvas impenetrables, inundadas con frecuencia por las impetuosas avenidas del Júcar. Hasta el gobierno de los romanos, el territorio antiguo de la provincia de VALENCIA, que constituía parte de la Edetania y de la Contestania, presentaba el aspecto del mundo primitivo: un gran lago, que era el de la Albufera; ríos como el Júcar y el Turia; otros, de avenidas periódicas, como el Palancia, y algunos, de corrientes continuas y en ciertas épocas, terribles por su violencia, como el Albaida, el Montesa y el Cañolas. Para comunicarse entre sí las pueblas ibéricas, era preciso cruzar montes escabrosos, como la muela de Córtes, Enguera, montes de Valldigna y vertientes del Monduber. En ninguna parte se encuentra señalada la mano de los siglos de piedra: ni un camino, ni un monumento ibérico. En cambio, se han descubierto utensilios de pedernal, monedas de época más reciente y restos que atestiguan la existencia de la raza ibérica en los siglos inmediatos al paso de la dominacion cartaginesa. Visitando detenidamente á Domeño, Liria, Ribarroja, Alcira, Játiva, Cullera y otros puntos de primitiva poblacion, no se vislumbra resto alguno de los primeros habitantes. Ninguna comarca de la Península ha sido tan codiciada como la de VALENCIA: el paso frecuente de los dominadores extranjeros, borrando uno en pos de otro las huellas que dejaban impresas, vino destruyendo sucesivamente las obras de las generaciones pasadas. El cartaginés aventó, por decirlo así, los restos ibéricos; el romano completó la destruccion, si bien levantó en su lugar otros monumentos imponentes, como el acueducto de la Peña Cortada de Chelva, el alcázar de Sagunto, la acrópolis de Satabis (Játiva) y varias torres de sólida construccion, que los godos trasformaron, los árabes demolieron y los conquistadores cristianos sustituyeron, en parte, con obras de diversa índole, bajo la doble inspiracion de la religion y del feudalismo. Si los pueblos iberos no alcanzaron en los tiempos primitivos una verdadera importancia histórica, las colonias (principalmente, la de Sagunto) adquirieron un alto renombre, legando á la posteridad una magnífica página de oro en los anales de la historia patria. Una y otra colonia procedían de origen griego; una y otra eran anteriores á los tiempos de Solon y Licurgo; una y otra conservaron la lengua, los recuerdos del Atica y de la Laconia; una y otra, en fin, deben su cuna á aquellas emigraciones aventureras que, desde las encantadoras orillas del Pactolo y del Cefiso, se dirigían á las tranquilas playas del Mediterráneo, que circunda el fantástico jardin de las Hespérides, en pos del trabajo y del bienestar. Casi á un mismo tiempo que Emporium (Ampúrias) en Cataluña, establecíanse los focenses en la falda de una hermosa colina, bañada por el mar, al pié del gigante Mongó, y levantaban: un pueblo, para vivir, y un templo á Diana, para adorar. Este pueblo es Denia. Todavía conserva su aphrodisium (aopodtctov, forma de Agpoöirn, A phrodíté, Vénus), y los muros exteriores de su templo famoso; áun se levantan solitarios los antiguos muros de la primitiva ciudad, que el mar se ha encargado de demoler, lenta, pero incesantemente. Como santuario religioso de la época gentil, Dianium ó Denia fué siempre un objeto de profunda veneracion para los habitantes de las colonias griegas, que ocupaban las orillas ibéricas del Mediterráneo. Pero si Denia, como santuario, fué una ciudad casi sagrada en los tiempos primitivos, mucho más importante llegó á ser Sagunto por su poblacion, su industría, su agricultura y su memorable ruina.
2. VALENCIA.—Antiguo reino, que comprendía la provincia de su nombre, la de Alicante y la de Castellon de la Plana. 3. A specto general del reino.—Cuando se examina la multitud de barran
cos, que existe entre los encumbrados montes que cruzan el territorio, todo parece confusion y desórden; el horizonte se presenta generalmente limitado, sin descubrir salida ninguna; en ciertos parajes se ven cortes perpendiculares hasta de mil palmos, y en otros, cuestas rápidas, sembradas de enormes peñascos que amenazan desencadenarse de sus seculares cimientos. Desde las alturas de sus montañas se registran con sorpresa los profundos surcos, que se abren entre las cordilleras y los montes, descubriéndose que, miéntras unas corren paralelas entre sí, se extienden otras en direcciones contrapuestas: Peñagolosa, Espadan y Aitana, ofrecen este singular espectáculo; y son los puntos más á propósito para estudiar la naturaleza del reino. La infinita variedad de plantas, que se pisan por espacio de tres horas, tiempo indispensable para llegar á la cumbre de aquellos montes; las diferentes tierras y peñascos; las numerosas conchas petrificadas ó sueltas, que se hallan á cada paso; los cortes pelados y desmoronados, que se observan hácia el Sur ó Sudeste, y la vasta extension de montes, cerros, barrancos y poblaciones, que por doquiera se descubren, forman un conjunto armónico que arrebata y deleita el ánimo del que lo contempla.
4. Confines.—Ciñen esta privilegiada region, situada en la parte oriental de España: por el Este, el mar Mediterráneo, desde el río Cenia, que está más allá de Vinaroz, hasta la torre de la Horadada, en los confines del antiguo reino de Murcia; por el Sur y Oeste, sigue limitándolo este mismo reino (hoy, provincias de Murcia y Albacete), hasta un poco más arriba del río Cabriel, en cuyo punto empieza á confinar, tambien por Oeste, con Castilla la Nueva (provincia de Cuenca), continuando adelante con varios senos, los mayores de los cuales se encuentran en las cercanías de Requena y Santa Cruz de Moya. Prosiguiendo el mismo límite con Castilla, se ve luégo un mojon, divisorio de este reino, de VALENCIA y Aragon, quedando como aislado el Rincon de Ademuz, que pertenece al país que se describe; sigue aquél los límites con Aragon (actualmente, provincia de Teruel), con varios ángulos y dientes, hasta la punta más setentrional del de VALENCIA, que es el Tosal del Rey, en la Tenencia de Benifasá, en donde se halla el mojon Trifinio divisorio de Aragon, VALENCIA y Cataluña, con cuyo principado (en el dia, provincia de Tarragona), confina hasta la desembocadura del mencionado río Cenia, que sirve de límite.
Resumiendo: el reino de VALENCIA se encuentra hoy comprendido entre Cataluña, al Norte; el Mediterráneo, al Oriente; Murcia, al Mediodía, y Aragon y Castilla la Nueva, al Occidente. 5. Area y poblacion.—En 1799, la extension superficial de este reino medía 643 leguas cuadradas, ó sean 19.968 kilómetros cuadrados, que poblaban 825.059 almas. Hoy tiene la primera, 23.043 kilómetros cuadrados, y asciende á 1.378.436 habitantes la segunda. 6. Orogra fía.—Por todos los confines del reino se encuentran montañas, que dificultan el paso, salvas las cortas Ilanuras que conducen á Villena y Murcia. En el interior de esta deliciosa comarca, se elevan escarpados cerros y empinados montes, entre los cuales, recorriendo el territorio de Norte á Mediodía, descuellan los siguientes: la peña del Bel y la muela de Ares, en el partido judicial de Morella (provincia de Castellon); el Tosal de Zaragoza, en el partido de Albocacer; Peñagolosa, en el de Lucena; Desierto de las Palmas, en el de Caste Ilon; Pina, en el de Vivel; Pico Espadan, en los confines de los de Lucena y Segorbe; Monte-Mayor, en este último; Pico de Chelva, en el de su mismo nombre (provincia de VALENCIA); Caroche, en el de Ayora; muela de Bicorp, en el de Enguera; Monduber, en el de Gandía; Benicadell y Moncabrer, en el de Denia; Serrella y Aitana, en el de Callosa de Ensarriá; Puig-Campana, en el de Villajoyosa; peña de Jijona y Maigmó, en el de Jijona; el Cid, en el de Monóvar; el Rollo, en el de Novelda; la sierra de Callosa, en los confines del de Dolores y Orihuela, y, en este último, la sierra de su denominacion. Toda esta enorme masa de elevados montes deja profundos barrancos, que van formando entre sí, ora grupos ó laberintos intrincados, como sucede en la parte setentrional del reino, en la occidental, entre los ríos Guadalaviar ó Turia y el Júcar, y en otros puntos; ora dilatadas cordilleras, que se extienden por muchos kilómetros, sin interrupcion aparente, distinguiéndose entre ellas: la que constituye el Peñagolosa, que, siendo una ramificacion de los montes ibéricos, se desparrama por el Norte, hácia Morella y la Tenencia de Benifasá, hasta el Ebro, sembrando de asperezas una gran parte del Maestrazgo de Montesa; la que forma la sierra de Espadan que, empezando por humildes colinas en las inmediaciones de Almenara y Villates de Sagunto, ó valle de Sego, sigue aumentando su latitud y altura, en direccion Norte; declina luégo al Occidente, en donde se levanta el famoso pico de su nombre, abriendo despues estrechos y tortuosos pasos á los ríos Mijares y Villahermosa, y, cerca de la villa así llamada, se confunde y entrelaza con el mencionado Peñagolosa; la que principia en las cercanías de Murviedro y montes de Portaceli, que va hácia el Oeste hasta Peñaescabia y sierra de Javalambre, perteneciente ya á Teruel, sirviendo de muro meridional á la gran conca ó valle de Segorbe, por cuyas crestas corre la línea divisoria de las provincias de Castellon y VALENCIA; la que comienza en los mon Ites de Valldigna, se une con Serragrosa, que continúa despues al Occidente, formando el límite setentrional al valle de Albaida, y termina por bajas lomas, muy cerca de Fuente la Higuera; la que, paralela á esta cordillera de montes, desciende del puerto de Almansa y, reducida á puertos y lomas, en los alrededores de Rotglá, se dirige al puerto de Cárcer y alturas de la Llosa; y, finalmente, el monte de Benicadell, que se une por el Este al Coll de Llantó, sirve de estribo occidental á la huerta de Gandía, forma por sí sola el muro que separa el valle de Albaida del condado de Concentaina, y queda como interrumpido en el puerto de Albaida, continuando luégo los montes de Agullent, que van á perderse en el antiguo reino de Murcia.
7. Geologta.— Los montes y cerros indicados, que cubren la mayor parte del reino, deben, al parecer, su orígen y formacion á los diferentes cuerpos orgánicos que vivieron en el mar; pues no sólo se componen casi todos de peñas calizas, sino que se notan tambien en ellos bancos formados de conchas amontonadas y dispuestas por familias, algunas veces, con su barniz natural, y frecuentemente, con su forma primitiva. Verdad es que la petrificacion no siempre se presenta completa en dichos bancos; pero su posicion casi horizontal y su paralelismo dan indicios ciertos del orígen que debieron tener en el fondo de las aguas. Así se ve que en el monte Meca, que separa los términos de Almansa y Ayora, alternan gruesos bancos de peña caliza con otros más gruesos todavía de aquellas ostras, que los naturalistas Ilaman peines; la muela de Aras de Alpuente, cuya corona es de bancos calizos, antes de llegar á aquella altura, se compone de ostras rellenas de mármol: en lo más elevado de Peñagolosa y en los montes de Cervera, se encuentran buccinos petrificados, que conservan las espinales y la forma exterior; en los de Jijona, Cullera, Castalla y otros, se observan con frecuencia muchas conchas, y en los de Pego, hasta estampaciones de pescados conocidos. Aunque, por lo comun, suele ser caliza la substancia de todos los montes del reino, hállanse, sin embargo, muchos de piedras arenisco-gredosas; singularmente, hácia el Norte, ya mezclados con otros marmóreos, ya encerrados entre cordilleras calizas. En los calizos se ven á menudo vetas espáticas y ocres endurecidos de varios colores; entre los areniscos y de amoladeras existen algunos muy duros y, otros, por el contrario, sumamente blandos, que se descomponen y reducen á tierras arcillosas, granujientas y ásperas al principio, las cuales adquieren con el tiempo cierta suavidad, encontrándose en sus grietas espato pesado y cuarzo. En los montes de Ayodar y Pavias, y mucho más, en Eslida, que está en el centro de la cordillera de Espadan, hay cinabrio, cobre, hierro y cobalto, y en los inme
diatos á Segorbe, minas de plomo. En los areniscos de Naquera, extraordinariamente duros, se ven vetas de verdadero alabastro, cuyas fajas varían en color, estratificacion y dibujos. Por último, en los inmediatos á Planes, Mogente y Ayodar, se nota un considerable número de cristales, conocidos con el nombre de jacintos de Compostela; amén de las canteras de preciosos mármoles, que abundan en todo el reino.
8. Hidrografía.—Entre la multitud de ríos y riachuelos, que bañan el territorio de este hermoso antiguo reino, los más considerables son los siguientes: en la provincia de Castellon, el Mijares, el Palancia, el Monteon, el Bergantes, el Cenia y el Cervol; en la de VALENCIA, el Turia, el Júcar, el Albaida, el Sellent, el Escalona, el Juanes, el Magro, el Chelva, el Clariano y los barrancos de Carraixet y Chiva; en la de Alicante, el Alcoy, el Vinalapó, el Jalon, el Segura, el Vergel, el Castalla y el Algar.
9. Climatologia.—El clima es de los más apacibles de España; sin embargo, la temperatura no es igual en todo el reino. Combatida su parte setentrional por los crudos vientos del Norte y coronadas sus alturas de abundantes nieves, el frío llega á hacerse insoportable; especialmente, en algunos parajes elevados; pero en toda la zona, que confina con el Mediterráneo y en la parte meridional de la comarca, apénas llegan á conocerse los rigores del invierno. Los hielos se consideran como un fenómeno extraordinario, y en el estío, como tendremos ocasion de manifestar en la descripcion de la provincia, se levantan diariamente, de nueve á diez de la mañana, las frescas brisas del mar que, húmedas y saludables, templan el calor hasta la caida de la tarde; pudiendo decirse que, en este paraíso de la naturaleza, se disfruta generalmente de una primavera continuada. 10. Agricultura, industria y comercio.—El suelo de este reino, aunque cortado por las cordilleras arriba mencionadas, presenta espaciosas llanuras y deliciosos valles, los cuales reunen condiciones excelentes para toda clase de cultivos. La industria se halla igualmente muy desarrollada, y el comercio, tanto el que se hace con el extranjero como con las demás provincias de España, es sumamente activo. Los puertos principales son el del Grao de VALENCIA y el de Alicante. 11. Resúmen histórico.—Este reino, fundado por los moros, se mantuvo, ya dependiente de los reyes y califas de Córdoba, ya gobernado por sus jefes particulares hasta que, conquistado en 1236 por Don Jaime I, pasó á formar parte de la Corona de Aragon y, más tarde, á la de España, conservando, no obstante, su titulo y su legislacion particular hasta el año de 1707. A fines de este mismo siglo, al dividirse el territorio español en provincias é intendencias, el reino que nos ocupa se componía de 14 partidos (VALENCIA, Alcira, Alcoy, Alicante, Castellon de la Plana, Cofrentes, Denia, Montesa, Morella, Orihuela, Peníscola, San Felipe, Jijona y Villas eximidas), 9 ciudades, 154 villas, 383 lugares, 9 aldeas y 2 arrabales, distribuidos en esta forma: VALENCIA, 2 ciudades, 2 villas, 112 lugares, 5 aldeas y 2 arrabales; A lcira, 13 villas y 30 lugares; Alcoy, 11 villas, 21 lugares y l aldea; A licante, 1 ciudad, 3 villas y 3 lugares; Castellon de la Plana, 14 villas y 21 lugares; Cofrentes, ó villas y ó lugares; Denia, 2 ciudades, 14 villas y 54 lugares; Montesa, ó villas y I1 lugares; Morella, 32 villas y 33 lugares; Orihuela, 1 ciudad, 11 villas y 14 lugares; Peñéscola, I ciudad, 23 villas, 8 lugares y 1 aldea; San Felipe, 1 ciudad, 10 villas y 68 lugares; Jijona, 1 ciudad, ó villas, 2 lugares y 2 aldeas; Villas eximidas, 3. Finalmente, este antiguo reino, en virtud de la nueva division decretada en 30 de Diciembre de 1833, que es la que actualmente rige, salvas ligeras modificaciones, quedó definitivamente dividido en las tres provincias de: VALENCIA, A licante y Castellon de la Plana, mencionadas al principio de este artículo. 12. VALENCIA.—Provincia de primera clase, en lo civil y administrativo, correspondiente: en lo judicial y militar, á la audiencia territorial y capitanía general de su misma denominacion; en lo marítimo, al departamento de Cartagena, y en lo eclesiástico, á las diócesis de VALENCIA, Orihuela y Segorbe. 13. Situacion astronómica.—La provincia, que conserva con legítimo orgullo el glorioso nombre de su capital, se encuentra colocada en la costa del Mediterráneo, entre los 38° 52? 29"-40° 9° 30° de latitud setentrional y 2° 191 35"-3° 33/ 20° de longitud oriental del meridiano de Madrid. 14. Limites.—Este territorio, segun la division de la Península, anteriormente citada, tiene por límites: al Este, el Mediterráneo; al Sur, las provincias de Alicante y Albacete; al Oeste, esta última y la de Cuenca, y al Norte, las de Castellon y Teruel. 15. Extension.—El espacio, que abarcan los límites expresados, mide: 333 kilómetros de largo, de Norte á Mediodía; 65, de ancho, y 11.272, cuadrados de superficie. 16. Division. — La provincia está dividida en 21 partidos judiciales, que son: A lbaida, Alberique, Alcira, Ayora, Carlet, Chelca, Chiva, Enguera, Gandía, Játiva, Liria, Onteniente, Requena, Sagunto, Sueca, Torrente, VALENCIA (4) y Villar del Arzobispo; los cuales se hallan subdivididos en 275 ayuntamientos, que comprenden 378 poblaciones, en las que figuran: 3 ciudades, 82 villas, 190 lugares y 17 baronías. 17. Costa.—Empezando en las inmediaciones de la embocadura del riachuelo, Ilamado Bullent ó Calapatar, el primer pueblo de la provincia de VALENCIA, que aparece en la costa, por el lado que confina con la de Alicante, es el de Oliva, situado á 3"/, millas de la ribera del mar, ostentando aún su grandioso castiilo feudal, defensa y palacio suntuoso á la vez de los antiguos condes, señores de la villa. Al Norte de ésta, siguiendo la costa, que se abre en semicírculo, y à 4 2/, millas de distancia, se encuentra la elegante ciudad de Gandía, edificada sobre la márgen izquierda del río Alcoy, á 2 1/, millas del Mediterráneo, y circuida en parte por una vetusta y sólida muralla, flanqueada de gruesos torreones; y engalanado con una soberbia iglesia colegial, el magnífico palacio de los egregios y poderosos duques de Gandía, y el espléndido colegio de las Escuelas Pías, que fué universidad en su orígen y despues, colegio de jesuitas. En el comedio de las mencionadas poblaciones se levanta una torre de vigía, denominada de Miramar, desde la cual sigue la playa al Nornoroeste, continuando despues la costa, en la misma direccion, baja, sin piedras y sin abrigo, hasta la desembocadura del Júcar (Sucro de los romanos), sobre cuya márgen setentrional se halla la importante villa de Cullera, apellidada de Celeri entre los latinos, enclavada al pié de la sierra de su nombre, que otros llaman de las Zorras, cuyo extremo Norte termina en la punta ó cabo de Cullera, en el que se destacan una torre de vigía y una pequeña isla, nombrada de los Pensamientos. Pasado este cabo, se distinguen las torres Casa del Rey y Nueva, prosiguiendo la costa, rasa de arenales y separada del extenso lago de la A lbufera por un espeso y dilatado bosque, hasta el Grao de VALENCIA, que es el punto más occidental del golfo, y en cuyas playas se ven: un banco de arena y el ancho muelle de su hermoso puerto. Interrumpida la costa por este puerto, sigue despues, en un desarrollo de II millas de longitud, hácia el Nornordeste, presentando, en la orilla del mar, la torre del Puig y, sierra adentro, algunos lugares, hasta llegar al Grao de Murviedro, donde continúa la playa al Nordeste, ofreciendo una punta rasa, llamada cabo de Canet, que limita á VALENCIA por la parte de Castellon. 18. Topografía.—Para que nuestros ilustrados lectores puedan formarse, sin grande esfuerzo, una idea más completa del aspecto general que ofrece esta provincia, haremos su descripcion topográfica por partidos judiciales, á cuyo efecto recorreremos ligeramente, de Norte á Mediodía, su ameno y pintoresco territorio, que es seguramente uno de los milagros de la creacion. 1.° Partido de Chelva.—Es el primero que se extiende por aquella parte, ofreciendo, entre vastas llanuras, algunas montañas y colinas aisladas, cubiertas de pinos, salinas, álamos, enebros, encinas é higueras; gran variedad de arbustos, plantas aromáti
cas y medicinales, y abundantes sabrosos pastos para la nutricion de toda clase de ganados. En el Rincon de A demuz, el terreno, abundantemente regado por el Guadalaviar, el Ebron y el Boilgues, se presenta bastante fértil; particularmente, el vizcondado de Chelva, debido á los manantiales que nacen en Tuejar; y puede afirmarse que casi todas sus tierras se prestan admirablemente al cultivo de cereales, presentándose todas ellas laboreadas y asistidas con ingeniosa industria. 2.° Partido de Villar del A robispo.— Es montuoso en sus extremos setentrional y meridional, ofreciendo sólo en el centro una llanura algo extensa, que constituye parte del campo de Liria y de la baronta de Chulilla. El Ilamado pico de Andilla y, especialmente, las crestas de la Bellida, tan famosas por sus nieves, destemplan la atmósfera de una manera harto sensible; pero las diferentes hondonadas, que se encuentran al Sur y Sudeste, puestas al abrigo del viento Norte, son sumamente productivas. Las canteras que más abundan en aquellas montañas hasta Segorbe, son de mármoles negros, entre los cuales se distingue el denominado de A lcublas, de color pardo, sin manchas, ni venitas blancas. Los alrededores de la villa de este último nombre aparecen cultivados en una grande extension, cuyos frondosos sembrados y viñedos terminan hácia la parte oriental, en donde empieza el grupo montañoso de la Cueva Santa, correspondiente ya al partido judicial de Segorbe de la provincia de Castellon. A la izquierda del Turia se encuentran las pedrizas de Gestalgar, con recortes al Sudoeste, distinguiéndose entre el grupo de montes de Chulilla los nombrados la Muela, Pedriza, Punta y Carrasquilla, separados por profundos y angostos surcos, que forman las corrientes de las aguas. La parte setentrional de la punta, titulada Salto de Chulilla, es verdaderamente digna de exámen, así por las magníficas é imponentes cascadas que forman las aguas del Guadalaviar, como por la corta distancia de los muros que las contienen y la asombrosa profundidad del cauce por donde corren. Hácia la parte meridional de Chulilla y sobre la márgen derecha del expresado río, queda un desierto de algunos kilómetros de extension, que penetra luégo en el término jurisdiccional de Chiva, internándose en Castilla, en cuyo terreno se elevan frecuentes riscos y peñascos, entre los que se crian multitud de pinos, enebros, romeros, jaras y abundante maleza, que sirve de guarida á corzos, lobos, cabras monteses y otros animales dañinos, y de pastos, á numeroso ganado. 3.° Partido judicial de Liria.—Se compone en su extremo setentrional de muchos cerros que, eslabonados con los de Portaceli y Naquera, al Oriente, y los de Cueva Santa, al Occidente, se extienden muchos kilómetros, separando la corriente del Turia, que se dirige á VALENCIA, de la del Palancia, que lame las ruinas de Murviedro. Su suelo es calizo, y, en su superficie, se descubren canteras de mármol negro, con vetas blancas, bastante esparto y algunos pinos; prosiguiendo de este modo hasta el barranco de Carraixet, el cual, despues de rodear á Olocau, por el Occidente y Mediodía, abandona el partido por la cartuja de Portaceli, monumento religioso que trae á la memoria recuerdos de hombres eminentes, de obras de arte maravillosas y hechos históricos memorables. Por la parte meridional se levantan, formando cuadro, los cuatro montes Rodanas, denominados: Rodana Grande ó Loma del Lentisco, Rodana Blanca, Rodana Parda y Rodana del Pico, los cuales se componen de piedra roja y jaspe de diferentes colores, encontrándose en ellos algunas minas de plata y cobre, que han explotado algunos particulares con mezquinos resultados. En los alrededores de Liria se destacan los cerros de Santa Bárbara, al Occidente, y de San Miguel, al Mediodía: el primero, está formado de bancos y pedriscos de color morado oscuro, con mezcla de greda y arena; el segundo, es calizo y, por lo general, de un mármol sonrosado con vetas espáticas, encontrándose igualmente en su falda Sudeste una cantera de mármol amarillo, sembrado de pequeñas manchas de rosa, con puntos blancos y negros. Finalmente, desde el pié de la célebre Edeta se extiende el pintoresco y fértil campo de Liria, poblado en toda su superficie de hermosos olivos y frondosas viñas, constituyendo la parte más notable de este privilegiado territorio las deliciosas y siempre lozanas huertas de Benaguacil y Balbona, que ocupan la margen izquierda del Turia ó Guadalaviar. 4.° Partido judicial de Sagunto.— Las montañas de este partido empiezan como á una hora del mar y van elevándose progresivamente é internándose eslabonadas en los términos de Liria, Segorbe y Nules, cuyos dos últimos puntos pertenecen á la provincia de Castellon. El aspecto que presentan las cumbres y las laderas de las referidas alturas, es generalmente árido; pero sus faldas, así como los valles que ellas forman, aparecen plantadas de higueras, algarrobos, viñedos, olivos y algunos pinos. El suelo está formado, en su mayor parte, de calizos, con mezcla de guijarros, arena y bastante arcilla, al paso que sus montes ofrecen canteras de cal y yeso, y piedras siliceas, conocidas con el nombre de rodeos, de que tanto uso se hace para los adoquinados de la capital. Existen, por último, en este término, dos dilatadas llanuras: la una, llega desde el mar hasta Rafelbuñol, y la otra, está cerrada por su extremo occidental, formando ambas los famosos campos Saguntinos, tan celebrados por los escritores romanos, y constituyendo el término que encierra, bajo la moderna Murviedro, las gloriosas ruinas de la inmortal Sagunto. 5.° Partido judicial de Requena.—Su territorio empieza á elevarse á corta distancia del Mediterráneo, formando una cordillera aislada de pequeña altura, la cual, partiendo desde el Norte, lo atraviesa en toda su extension, perdiéndose, por el Mediodía, en el de Torrente. La parte alta se halla enteramente poblada de algarrobos, olivos, viñas, romeros, aliagas, retamas, sanguinarias y otras muchas hierbas medicinales, abundando tambien las canteras de sillar y de cal.
Además, desde la falda de dichos cerros hasta la orilla del mar, se extiende asimismo una dilatada llanura, la cual, fecundada por el ancho canal ó acequia de Moncada, que toma sus aguas del Turia, cubierta de copudas moreras y sembrada de numerosos pueblos y casas de campo, que aparecen ceñidos de lozana verdura, ofrece, desde un punto elevado, un golpe de vista verdaderamente encantador. 6.° Partido judicial de Torrente.—Es casi todo llano, como parte integrante de la hermosa vega de VALENCIA. A la derecha del barranco de Chiva se descubren deliciosísimas huertas, regadas con las aguas de diversas fuentes, y vastos terrenos de secano, en que se destacan diferentes lomas que, humildes en las inmediaciones de la villa de Torrente, van elevándose gradualmente por el lado occidental hasta formar cerros y áun montañas, que se prolongan hácia Turis, siendo en su mayor parte de naturaleza caliza, y algunas, de mármol amarillo que, puesto á fuego lento, se trasforma en rojo, con manchas á manera de nubes. A la izquierda del referido barranco de Chiva, se encuentra el magnífico llano de Cuarte, poblado todo de olivos y algarrobos, formando un ameno y dilatado bosque, cuyos viñedos producen uno de los vinos más estimados de la provincia. 7.° Partido judicial de Chiva.—Se halla casi completamente sembrado de montes y asperezas; especialmente, en la parte que linda con Chera, en cuyo punto existe tambien un inculto y despoblado desierto de no escasa extension. Al Sudeste se elevan los cerros de Carencio, en los que se explotan buenas canteras de mármol rojo oscuro, con manchas de varios colores, y, caminando hácia Torrente, se ven otras de color amarillo, que se altera, por medio del fuego, tornándose en rojo y encarnado. En las lomas de la Dehesa las hay igualmente de mármoles sumamente duros y de un pardo, que tira á negro. El territorio de este partido es, por lo general, bastante fértil y abundante en exquisitos pastos, ofreciendo diferentes llanuras que, por falta de aguas, no pueden convertirse en deliciosas huertas, como lo son las de los términos de Chiva, Buñol y Turis. 8.° Partido judicial de Ayora.—Está
compuesto, en su mayor parte, de un extenso grupo de montañas, más ó ménos elevadas, entre las cuales se destaca la escabrosa sierra de Martes, cuyas vertientes se presentan rápidas y áun perpendiculares en muchos puntos. El monte Caballon, que sirve como de muro al caudaloso Júcar, y el conocido cerro de Caroche, de extraordinaria altura, cuya cima descubren los navegantes con el nombre de: sierra de Enguera ó pico de Caroche, constituyen los núcleos de este territorio montuoso. Aparte los expresados, distinguense tambien: las sierras de Ayora que, procedentes de la jurisdiccion de Jarafuel, continúan hasta el puerto de Almansa, despues de haberse enlazado con el expresado monte Caroche; las ásperas sierras de Bicorp, Queso y Enguera; el titulado monte Mayor que, elevándose considerablemente al Sudoeste de Ayora, marcha en la misma direccion hasta formar el collado de San Juan, enlazándose con el Mugron de Almansa, y, finalmente, la muela del Oro, de la cual se desprende multitud de montes escarpados, que parecen ser sus raices. Entre los valles que comprende esta urdimbre de montañas, se distingue el de Cofrentes, cuyo suelo está formado de colinas y pequeños cerros, que alternan con algunas vegas, cañadas y riberas de poca extension, y su suelo aparece poblado de árboles de diferentes clases, ofreciendo además una vegetacion lozana, interrumpida sólo en algunas alturas del interior, compuestas de yesares y piedras de amolar. En esta misma jurisdiccion se explotan varias canteras de mármol negro, alabastro y jacintos de Compostela de color castaño, blancos y encarnados. 9.° Partido judicial de Carlet.—Toda la parte setentrional, como la occidental de este partido, se halla ocupada por multitud de montes incultos, distinguiéndose entre ellos un pequeño valle, cerrado, al Oriente, por la sierra de A ledua, y al Norte, por los cerros que se levantan entre ésta y la villa de Turis. Distante ó kilómetros escasos del antiguo marquesado de Llombay, se encuentra la importante poblacion de Carlet, en donde nace una dilatada Ilanura, perfectamente cultivada, que se extiende hácia el Oriente del distrito, la cual presenta inmensos bosques de algarrobos, numerosas higueras, muchos sembrados, olivares y viñedos, y diferentes huertas plantadas de moreras. Sus montañas son de naturaleza caliza, y los cerros (especialmente, los que se hallan en direccion de Alginet) de canteras de yeso sumamente duro por la mezcla de tierra gredosa, piedras y arena, que contiene. 10.° Partido judicial de Sueca.— Ofrece sólo los montes denominados de Tabernes y de Cullera: los primeros, de una altura considerable, corren, de Oriente á Occidente, por el lado setentrional del valle de Valldigna, y el segundo, llamado tambien de las Zorras, está situado en el término jurisdiccional de la villa de aquel nombre. El territorio es generalmente llano y de diferentes calidades, conteniendo varias canteras de yeso y cal, y abundantes hierbas medicinales. 11.° Partido judicial de A lcira.— Los montes de Valldigna, notables por sus preciosos mármoles y por ser el punto de enlace de las cordilleras de Benicadell y Serragrosa, corren por el distrito de Alcira, como unos II kilómetros, de Norte á Mediodía, y tres, de Oriente á Occidente, descollando sobre todos el Monduber, que ofrece bastantes objetos para la geología y muchos restos arqueológicos de la más remota antigüedad; el Toro, el Puigmola y la cima de Aldaya; dividiéndose en dos ramales en el punto nombrado de Portichol, el uno de los cuales termina en Almansa, y el otro, llega hasta los montes de la Casella y Murta, situados en el término de Alcira y considerados como los más culminantes de la provincia. El terreno es casi todo llano, si se exceptúan las montañas referidas, entre cuyas faldas se encuentran las magníficos y pintorescos valles de Barig, Valldigna y Aigües-Vives, poblados de moreras, olivos, algarrobos, naranjos, viñas y sabrosas hortalizas. 12.° Partido judicial de Alberique. —Lo constituye casi en su totalidad una deliciosa y feracísima llanura, situada al pié de la sierra de Tous ó Thous, que corre por el Occidente y cuyo punto más elevado es el monte de Matamont, cubierto de algarrobos, abundante de exquisitas aguas y riquísimo en caza mayor y menor. El distrito se halla tambien limitado al Sudoeste, por la sierra de Sumacárcel, que es una continuacion del anterior, la cual va extendiéndose hasta Millares, formando ambas, por esta parte de la provincia, el descenso de las Cabrillas. 13.° Partido judicial de Gandía.—La altura que más descuella en este partido, es el célebre monte Monduber, ya mencionado, desde cuya elevadísima cumbre se contempla un indescriptible panorama. De este monte se desprenden varias ramificaciones; una de las cuales marcha por el Occidente, hasta unirse con Serragrosa, en el distrito de Játiva; formando otra, por el Mediodía, el Coll de Llantó, despues de atravesar el valle de Albaida; por el Este, se extiende su base hasta la orilla del mar, y, por el Norte, está tocando con los célebres montes de Valldigna. Otra montaña, de bastante elevacion tambien, es la llamada la Falconera, en cuyas inmediaciones se destaca otro monte de ménos altura, que comunica con la cordillera que forma el Coll de Llantó, la cual se prolonga por el Mediodía hasta unirse con el imponente Benicadell. En el declive occidental se encuentra situada la cueva de las Maravillas, en cuyo interior se descubren figuras preciosas, grupos maravillosos y columnitas de varias clases y tamaños, formados de petrificaciones del agua, que va destilando. En los pueblos, colocados al Mediodía de este partido, existen tambien algunos montes ó cabezos aislados, que vienen á ser como ramificaciones de la cordillera, que empieza en la Conca de Azafor. En todos los montes referidos hay canteras de magníficos mármoles de diversos colores, distinguiéndose muy particularmente los del monte Tramús, entre los cuales se ven algunos de fondo amarillento, jaspeado y color de rosa, con manchas encarnadas á guisa de nubes. Los árboles más comunes, que pueblan estas alturas, son los algarrobos y los pinos, abundando entre ellos los pastos y las hierbas medicinales. 14.° Partido judicial de Játiva.—Se halla casi enteramente cerrado por elevados montes, que se prolongan en forma de cordillera, dejando sólo abierta la parte setentrional confinante con el distrito de Alberique, en cuyo punto se encuentran la fértil ribera del caudaloso Júcar y una inmensa llanura de arrozales. Al Este se descubren los montes de Valldigna, de los cuales se desprenden dos brazos ó ramales que, en forma de ángulo agudo, entran en el partido de que hablamos; constituye el más setentrional, el monte Toro, y ciñen el meridional las montañas que, desde Puigmola, se dirigen hasta la huerta de Játiva, viniendo luégo á unirse con Serragrosa y montes de Beniganim. Esta sierra se encuentra igualmente ramificada con el Coll de Llantó, que sirve de barrera occidental á la huerta de Gandía, y, continuando despues hácia el Oriente, va á terminar en las inmediaciones de Fuente la Higuera. Paralela á esta cordillera, corre otra más al Norte, que procede del puerto de Almansa, la que, pasando por entre Montesa y Enguera, se encamina al puerto de Cárcer y á las alturas de la Llosa. Entre estas montañas se extiende el frondoso valle de Játiva, que es sin duda una de las poblaciones más antiguas, pintorescas y feraces de la provincia. En este mismo término, cuyas tierras son, en su mayor parte, de excelente calidad, existen tambien canteras de diferentes clases, como la de Buixcarró, famosas por la abundancia y variedad de sus hermosos jaspes. 15.° Partido judicial de Enguera.— Está ocupado generalmente por elevados y escabrosos montes, poblados de pinos, carrascos, ródenos, romeros y otros arbustos. Entre los que se ha Ilan situados al Norte, distínguese el denominado de la muela de Bicorp, siendo no ménos notables el conocido con el nombre de Cerro Negro, por estar todo él compuesto de rocas de este color, y el formado de yeso, que se ve en las inmediaciones, en el cual se descubre una cueva, cuyas paredes están cubiertas de una substancia vitriólica, inflamable por medio de la accion del fuego. El mismo ter
ritorio ofrece dos planicies ó llanuras de corta extension, llamadas la Hoya y la Canal del Hinojo, distinguiéndose al Norte de la primera los montes de Sumacárcel, que abandona en este punto la circunscripcion de Enguera. 16.° Partido judicial de Onteniente.— Fórmalo otra multitud de montañas, más ó ménos empinadas, entre las que descuellan: el monte de la Ermita, el del Santísimo Cristo, el Capurrucho y el escabrosísimo de Agullente, que sirve de muro meridional al frondoso valle de Albaida, y cuya dilatada cordillera parece debía ser por este punto el límite divisorio entre las provincias de Alicante y VALENCIA. Todos estos montes se encuentran cubiertos de bosques, formados de pinos, enebros, sabinas, romeros, madroños y otros diferentes arbustos, y ofrecen al mismo tiempo buenas canteras de piedra caliza y mármoles de exquisito gusto, jaspeados de gris, rojo y encarnado. La tierra de los Ilanos es de buena calidad, viéndose en muchos puntos magníficas huertas, con infinitos viñedos, moreras, algarrobos y olivos de extraordinaria magnitud. El delicioso valle, que encierra los A lorines, recuerda, sin desventaja alguna, los pintorescos paisajes de Suiza. 17.° Partido judicial de A lbaida.— Está formado por las vertientes de los montes de Serragrosa, Agullente y Benicadell; el primero de los cuales, que es una ramificacion del Valldigna, se interna en este partido por el término de Cuatretonda, continuando despues por los puertos de Beniganim y la Ollería, cuyos sitios son sumamente ásperos y de dificil acceso. Desde este último punto hasta Ayelo de Malferit, en que sale del partido para introducirse en el de Onteniente, presentan sus faldas una admirable perspectiva por las muchas plantaciones de viñedos, moreras, algarrobos é higueras de que se hallan pobladas, viéndose además en sus elevadas cumbres multitud de encinas, pinos, carrascas, romeros, hierbas medicinales y nutritivos pastos. Finalmente, la sierra de Agullente forma, por la parte meridional, el muro que separa, en union con el Benicadell, las provincias de VALENCIA y Alicante, ofreciendo tambien en su descenso hácia el Norte un bellísimo panorama, que se descubre desde las elevadas cimas de sus cerros, cuyas faldas, pobladas de olivos y plantas aromáticas y medicinales, encierran varias canteras de mármol morado con mezcla de rojizo y blanco. El monte de Benicadell, cuya cumbre descuella sobre el laberinto de montañas, que oprimen su cintura, es sumamente áspero, quebrado, y por lo mismo, poco á propósito para el cultivo: su naturaleza es arenisco-caliza y abundante en mármoles de color melado con vetas espáticas, y algunas minas de yeso. 19. Hidrografía. — Terminada la descripcion topográfica de la provincia de VALENCIA, parécenos oportuno dar á conocer, siquiera sea brevemente, el curso de los principales ríos y barrancos que fertilizan su dilatado territorio. El Turia ó Guadalaviar, procedente de la provincia de Teruel, entra en la de VALENCIA por el Rincon de Ademuz, en el distrito de Chelva; recoge el Ebron, en Torre-Baja; el Builques, en Casas-Altas; el Arcos, en las inmediaciones del monte llamado Peña de la Hoz, y el Chelva, en Loriguilla; se distribuye luégo en magníficos canales y, despues de bañar los términos de Mislata, Burjasot, Campanar, Ruzafa, Benimaclet y de surtir de aguas á la capital, desagua en el Mediterráneo, junto al Grao El Júcar penetra en la provincia de VALENCIA, en el momento de abandonar la de Albacete, por el término de la villa de Bes, y recibe: el riachuelo ó arroyo de la Hoz y las aguas del Ayora ó Reconque, en Jalance; el Cabriel, en Cofrentes; el Escalona, en Tous; el Sellent, en Cárcer, y el Albaida, en el despoblado de Alcocer; forma, dividiéndose en dos brazos, la isla de Alcira; aumenta su caudal con los ríos de los Ojos y el Juanes ó Rambla de A lgemesí, y desemboca tambien en el Mediterráneo por los alrededores de la villa de Cullera.—El Palancia (Sarabis de los antiguos) se introduce igualmente en la provincia de VALENCIA, por el término de Algar, así que abandona la de Castellon; se dirige por los pueblos de Algimia, Alfara, Albalat, Gilet y Petrés, y se precipita en el mar por la izquierda de la villa de Sagunto.—El A lbaida tiene su orígen en el sitio denominado Font del Riu, en el término de Albaida, que le da nombre; reune las aguas del Onteniente ó Clariano y el Cañolas; entra en el partido judicial de Alberique, pasa por Villanueva de Caste Ilon y Alcántara, y se confunde con el Júcar, próximo á la villa de Benegida.—El Alcoy, procedente de la provincia de Alicante, se interna en la de VALENCIA por el término de Villalonga, correspondiente al partido judicial de Gandía; se une al Bernisa, entre los pueblos de Alfahuir y Real, y termina en el Mediterráneo, cerca de Daymuz.—El barranco de Carraixet tiene su nacimiento en las cercanias de la aldea de Olla, en la jurisdiccion de Liria; corre por Marines y Olocau; pasa á la vista de la ex-cartuja de Portaceli y Naquera, en el término de Sagunto; baña los pueblos de Bétera, Moncada, Alfara, Vinalesa, Mirambell, Foyos, Carpesa y Bonrepós, y muere en el Mediterráneo, despues de cruzar por Tabernes Blanques, entre Almásera y Alboraya, que corresponden al partido de VALENCIA. El barranco de Chiva parte de los montes de Buñol, dirige su curso por Alacuás, Torrente, Picaña, Catarroja y Masanasa, y confluye con el extenso lago de la Albufera, despues de regar por su izquierda los términos de Vistabella, Paiporta y Benetuser, pertenecientes al partido jurisdiccional de VALENCIA.—Además de las grandes corrientes mencionadas, cruzan la provincia otros muchos riachuelos y arroyos, de dificil y engorrosa enumeracion, así como tambien una multitud de acequias ó canales de riego, admirablemente abiertos, cuyas aguas, suministradas por los expresados ríos, fecundizan gran parte del territorio que comprende este riquísimo país. 20. Clima.—El de la provincia que nos ocupa es: benigno y templado, en las comarcas meridionales, y desapacible y frío, en las setentrionales; particularmente, en el llano de las Barracas, punto en donde se experimentan las temperaturas extremas. El aire que se respira en todo el país es, por lo regular, puro; las posiciones del terreno varían á cada momento, constituyendo unos sitios agradables, en que se crían delicadisimas frutas, y formando otras jardines deliciosos, que embalsaman la atmósfera con la fragancia de sus flores y el aroma de sus plantas. Diariamente se levantan, entre nueve y diez de la mañana, las frescas brisas del mar, las cuales templan el calor hasta las cuatro de la tarde, en aquellos puntos en que apénas se conocen los rigores del invierno, y los hielos suelen observarse como un fenómeno extraño, segun queda dicho en otro lugar. 21. Salubridad.— Si se hubiesen de consignar por separado, dice un autor moderno, las diferentes temperaturas que se disfrutan en las poblaciones, que comprende esta provincia, sería necesario dividirlas en distintas secciones, puesto que es tal su variedad, segun los puntos donde se hallan, que influyen sobremanera hasta para que sus moradores difieran los unos de los otros en hábitos, temperamentos, enfermedades y género de vida. En efecto; obsérvase que unos disfrutan de todas las comodidades, miéntras que otros se hallan en la mayor indigencia; que algunos arrastran una vida débil y achacosa, en tanto que otros gozan de una salud y robustez verdaderamente extraordinaria. Esta diversidad debe consistir, sin duda, no sólo en que unos pueblos están combatidos porl os vientos del Norte, y otros, por los del Mediodía, sino tambien en la posicion topográfica que ocupa, ya en llanuras dilatadas, ya en parajes montuosos; amén de otras diversas causas, puramente locales, que no pueden ménos de influir de una manera sensible en la salubridad pública. Las poblaciones que se encuentran situadas hácia el Occidente de la capital, gozan de un clima ménos suave; el frío y el calor se dejan sentir con violencia, al par que las nieves y los hielos no constituyen ya un fenómeno raro; pero, en cambio, son ménos húmedos y más saludables que VALENCIA: las que se aproximan al Oriente de la provincia, disfrutan, por el contrario, de una temperatura muy templada y más húmeda, debido principalmente á las lagunas y á los
arrozales que se cultivan en las inmediaciones del Mediterráneo y en los campos de la ribera del Júcar. En esta insalubre comarca, las enfermedades son más numerosas que en todo el resto de la provincia, y las calenturas intermitentes, así como los rebeldes males que de ellas se originan, van minando poco á poco la existencia de sus moradores, precipitándoles prematuramente en el sepulero. Esto no obstante, las condiciones climatológicas del país en general se muestran sumamente favorables para determinadas afecciones; particularmente, las de los órganos respiratorios, y tanto la capital como los demás pueblos de la provincia, ofrecen frecuentes casos de una longevidad verdaderamente asombrosa. 22. Mineralogía.—Segun un resúmen estadístico del ramo, que tenemos á la vista, en los montes que cruzan el país, se encuentran criaderos de carbon de piedra, lignito, plomo, cinabrio, yeso, alabastro, mármoles de varios colores, plomo argentífero, cobre, azogue y cobalto, los cuales fueron luégo abandonándose en su mayoría, visto que sus productos apénas alcanzaban para cubrir los gastos de explotacion. Entre las aguas medicinales, citaremos: los baños públicos de Bellús, situados en el término del lugar del mismo nombre, correspondiente al partido judicial de Játiva, muy recomendadas para la curacion de las afecciones reumáticas; la fuente, llamada Caliente, que brota por la raíz de un monte calizo, que se encuentra á la derecha del Turia, en las cercanías del pueblo de Gestalgar, partido de Villar del Arzobispo, y cuyas aguas gozan de cierta celebridad para combatir determinadas dolencias; las fuentes termales y sulfurosas, que nacen en el término de Vallanca, del partido judicial de Chelva, y en los de Cofrentes y Córtes de Pallás, del de Ayora, utilísimas contra el reumatismo, y, finalmente, infinitos manantiales de aguas salobres, cuya sal, aunque de poco peso y grano, es de una blancura extraordinaria. 23. Agricultura.—El feracísimo país que se describe, favorecido por multitud de montes, que lo resguardan en gran parte de los frios; fertilizado por un considerable número de ríos, arroyos y canales de riego, y compuesto de diferentes fajas de terreno, ya frías, ya templadas, es abundantísimo en toda clase de producciones. Su territorio puede clasificarse en marjal, tierras de regadío y de secano, y terreno erial, poblado de plantas, leñas bajas y árboles de monte. La mayor parte de los terrenos marjales y pantanosos están destinados al cultivo del arroz, que es la produccion que figura en primera línea, cuyas operaciones alcanzan ya el más alto grado de perfeccion, y de cuyo artículo surte VALENCIA á casi toda España. El cultivo de las huertas tiene por objeto alternativamente: el trigo de diferentes clases; el cáñamo, cuyas siembras se hacen desde principios á mediados de Marzo; las judías y el maíz. Una de las mejores producciones de la provincia es sin disputa los melones, cuyo cultivo está perfectamente entendido, dando á cada terreno la calidad de semilla que más le conviene: los naranjados y los llamados chinos son los primeros que se cogen desde principios á mediados de Julio; en los pueblos de Alboraya y el Puig se cultiva el denominado chincholar, que madura tambien á mediados del referido mes y se embarca para todo el litoral desde Barcelona hasta Cádiz. En las márgenes del Turia se crian, como más propios de aquel terreno, los de corteza blanca; amén del sinnúmero de hermosas y exquisitas sandías con que abastecen sus muchos mercados; y los pueblos de Albalat, Mazamagrell, Almásera, Meliana y otros, cultivan las diferentes clases llamadas de invierno ó de seguada flor, que se venden á muy buen precio, y que, por su justa y universal fama, no sólo se trasportan para el consumo de la Corte y de todo el litoral de España, sino tambien de las principales poblaciones de Europa. El terrritorio, que comprende los pueblos de Benimaclet, Alboraya y Almásera, fertilizado por el sobrante de las aguas de la acequia de Moncada y otras, y de los aluviones y fuentes del barranco de Carraixet, es un prolongado y deliciosísimo verjel: las orillas de los caminos, las laderas de los asarbes, las márgenes de las acequias y la mayor parte, en fin, de sus campos, se hallan poblados de moreras y frutales, higueras y parras; siendo este mismo el territorio en que se halla situado el gran plantel de árboles frutales, cuya coleccion ha figurado en primer término en España y donde se formó el primer catálogo de sus numerosas variedades por los señores Don Pascual Asensio y Don Juan Bautista Berenguer y Ronda. A esta misma comarca pertenece el cultivo de las chufas, y á los pueblos de Sella, Picasent, Alginet y otros, el del maíz de América, llamado cacagüet, cuya aclimatacion se debe al señor canónigo Talares y á algunos individuos de la sociedad de Amigos del País. Otra de las principales producciones de la provincia son las naranjas de diversas clases, cuyo precioso árbol pudiera tomarse como emblema de este amenísimo país, pues que en los jardines, en los huertos, en los campos, en todas partes, se le ve, en Abril, cubierto de azahar, y de Noviembre á Setiembre, cargado de fruto. Los pueblos de las orillas del Júcar, Cullera, Alcira, Carcagente y Gandía, son los que con más preferencia se han dedicado á su cultivo, siendo tal su entusiasmo que, en breve tiempo, viéronse muchos terrenos estériles trasformados en frondosísimas huertas, plantadas de naranjos, y cuya extension llegó hasta las faldas de las montañas de la Murta. Los términos de Alcira y Carcagente, sobre todo, ofrecen un continuado plantío de naranjos, palmeras y granados; distinguiéndose este último fruto en Gandía, Carcagente y, en particular, las llamadas granadas mollares ó sin hueso de la ciudad de Játiva. El cultivo de la grana cochinilla constituye uno de los recursos de los labradores pobres, siendo ya considerable el número de plantaciones de nopales ó tunas, que se encuentran en los alrededores de las alquerías y barracas. En las cercanías de la capital, la vegetacion es sumamente variada, figurando entre sus diferentes especies de árboles, los chopos, los álamos blancos, los plátanos oriental y occidental, los terebintos, los tilos, las acacias, los nogales, los cinamomos, la catalpa, los fresnos, los sauces llorones, el acerplátano, el airlanto ó barnis del Japon, la higuera de Bengala, los almendros, la esterenlia, el árbol del coral y la hermosa bambusa ó caña brava, aclimatada por el referido señor Ronda. Las fajas de terreno secano, que promedian entre los montes y las huertas, están pobladas de olivos, algarrobos, higueras, viñas, almendros y encinas; los valles y cañadas dan trigo, cebada, maíz y toda clase de legumbres, como habas, guisantes, lentejas, garbanzos y altramuces; y los terrenos eriales producen leñas bajas, tomillos, aliagas, romeros, encinas, lentiscos, espinos, enebros, tamariscos, estepas, salinas, esparto y otros muchos arbustos y plantas aromáticas, siendo muy apreciadas de los árabes las medicinales que se crian en la montaña de la Mariola. El viñedo se cultiva en casi todos los pueblos de la provincia, gozando de gran fama por su suavidad, los vinos procedentes de Turis, llano de Cuarte y Hoya de Buñol, y, por su fortaleza y subido color, los de Liria, Murviedro y otros puntos. Una singularidad, que acaso no tenga punto de comparacion, ofrece tambien la fértil vega de VALENCIA: esta vasta llanura se halla dividida en pequeñas porciones, cada una de las cuales tiene su granja, alquería ó barraca, con todas sus dependencias, y esta gran division, que en cualquiera otra parte acarrearía gravísimos inconvenientes, favorece allí, por el contrario, la industria agrícola, aumentando considerablemente la masa de las producciones y dando ocupacion constante á millares de brazos. Las cosechas de productos diversos se suceden unas á otras, sin que el terreno se canse ó deteriore, á lo cual contribuye poderosamente el especial cuidado con que se alternan los vegetales, á fin de que dejen unos lo que necesitan otros, y haya siempre substancias análogas á los órganos de nutricion.
Finalmente, el aumento de poblacion, la abundancia de brazos, las condiciones climatológicas, el genio laboriosísimo de los valencianos y lo adelantada que se encuentra la agricultura en este país, único que
entre nosotros tiene un sistema de riegos completo y admirable, garantido por el antiquísimo tribunal de Aguas, y otras instituciones populares, que datan de la época de los moriscos, han aumentado considerablemente las producciones agrícolas, extendiéndose el cultivo hasta las mismas cumbres de los montes y colinas, los cuales se ven escalonados con parras, higueras, olivos, algarrobos, almendros y otros diversos vegetales, presentando un golpe de vista tan singular como agradable y pintoresco. 24. Ganadería.—La riqueza pecuaria de esta provincia no es tan importante como la agrícola. Sin embargo, la cria de ganados lanar, vacuno, cabrío, mular, asnal, caballar y de cerda, es bastante numerosa, merced á los exquisitos pastos que ofrecen sus pequeños bosques. 25. Caza y pesca.—En los campos se encuentra mucha caza mayor y menor de pelo y pluma, así como tambien algunos animales dañinos y reptiles de diversas clases. La pesca es abundante en la costa, aunque no tan sabrosa como la del Océano, y en sus ríos, arroyos y, especialmente, en el magnífico lago de la Albufera, se crían lisas, tencas, barbos y sabrosas anguilas. 26. Industria. — La diversidad y exuberancia de productos agrícolas, de que hemos hecho mérito, prueban evidentemente, no sólo la bondad del territorio, sino el gran número de habitantes que se dedican á la agricultura, cuyo ejercicio constituye uno de los principales ramos industriales del país. Esto no obstante, se encuentran numerosas y bien montadas fábricas de hilados y tejidos de seda que, aunque no se hallan en el estado floreciente que alcanzaron en otros tiempos, efecto, sin duda, de las desastrosas guerras y trastornos políticos, que han venido agitando á la nacion desde fines del pasado siglo, todavía producen una crecida cantidad de preciosas telas lisas y labradas, y, muy especialmente, riquísimos terciopelos de todos colores, que compiten ventajosamente con los mejores del extranjero. Además de estas manufacturas, que por su importancia forman la principal industria fabril de la provincia, existen otras, en crecido número tambien, de lienzos, paños bastos, tejidos ordinarios de cáñamo, estambre y lana, indianas, galones, sombreros y abanicos; multitud de fábricas de aguardientes, licores, jabon, cera, velas de sebo, curtidos, cordelería de cáñamo y esparto, vidrio, loza, vistosos azulejos y alfarería; fundiciones de hierro colado, molinos harineros y de aceite, y otras infinitas industrias de larga enumeracion. A parte los muchos brazos que ocupan diariamente todos estos establecimientos fabriles, la pesca y la marineria constituyen otro ramo importante, á que se dedica gran número de sus laboriosos habitantes, proporcionándose una subsistencia segura, aunque costosa, y aumentando de una manera notable la riqueza de este afortunado país. 27. Comercio.— La posicion topográfica de esta provincia, en la costa del Mediterráneo, la abundancia de sus delicados frutos y la fama de algunos de sus productos industriales, hacen que su comercio; particularmente, el marítimo, sea de los más activos de España, despues de la terminacion de su magnífico puerto y cómodo muelle. Los principales artículos que se importan, son: bacalao, aguardiente de caña, azúcar, cacao, cueros de pelo, madera tintórea, quincalla, géneros de algodon y paños finos; la exportacion, que es mucho más considerable, consiste en: arroz, melones, naranjas, pasas, higos, sandías, limones, caldos, frutas de todas clases, verdes y secas, seda en rama muy estimada, tejidos de esta misma materia é infinitos productos de las diferentes fábricas arriba mencionadas. 28. Ferias.—Las más concurridas de la provincia, se celebran en las poblaciones siguientes: en Poliña, el 20 de Enero; en Guadasuar, el 22, y en Fortaleñy, el 27; en Alberique, el 24 de Junio; en Alcira, el 23 de Julio, y en Albaida, el 25; en Sumacárcer, el ó de Agosto; en Carcagente, el 10, y en Játiva, el 15; en Canals, el 15 de Setiembre; en Ayora, el 20, y en Liria, el 29; en Gandía, el 10 de Octubre, y en Ollería, el 25; en Sagunto, el 11 de Noviembre, y en Onteniente, el 15; en Villanueva de Castelló, el 8 de Diciembre; en Játiva, el 20, y en Alcira, el 21. Los artículos de mayor consideracion que se exponen en las expresadas ferias, consisten en: sedas, cáñamo, aceite, granos, arroz, ganados y otros varios objetos de menor entidad. 29. Poblacion.—Segun datos antiguos y modernos, oficiales y particulares, que tenemos á la vista, los diferentes pueblos que constituyen la provincia de VALENCIA, daban, en la época á que los mismos se refieren, el número de habitantes que aparece en el siguiente cuadro: en 1594, 227.802; en 1768, 335.430; en 1787, 366.405; en 1794, 436.153; en 1797, 386.045; en 1822, 353.760; en 1826, 487.898; en 1831, 392.628; en 1832, 395.651; en 1833, 388.759; en 1837, 451 685; en 1842, 430.985; en 1843, 495 240; en 1844, 430.127; en 1850, 500.000; en 1859, 606.608; en 1868, 618.032; en 1875, 661.250, y en 1877, 677.899.
VALENCIA, pues, segun el censo oficial, correspondiente á este último año, es, despues de Barcelona, la primera provincia de España, en poblacion. 30. Instruccion pública.—Convencidos hasta la evidencia de que la enseñanza primaria es una de las bases más firmes y seguras sobre que descansan la prosperidad y cultura de las naciones, consignamos con verdadera satisfaccion que este poderoso y eficaz elemento de ilustracion y moralidad, si bien no se halla aún en esta provincia á la altura que los adelantos del siglo reclaman, no se encuentra tampoco en el estado de abandono, que presentan otras muchas de la Península, pues apénas hay un pueblo de alguna importancia en que no existan, por lo ménos, dos escuelas públicas, destinadas para niños de ambos sexos y concurridas por no escaso número de discípulos. 31. Etnografla.—Dividiremos esta interesante materia en los cuatro puntos siguientes: 1.° Los valencianos.—El carácter moral de los naturales de esta provincia participa, como es consiguiente, de la diversidad de razas de que proceden. El país, dominado sucesivamente por los celtíberos, fenicios, cartagineses, romanos, visigodos y árabes, ofrece: comarcas en que las costumbres son sencillas, aunque rudas; parajes en donde apénas se comete un crímen; pueblos donde los delitos son frecuentes; zonas habitadas por gente pacífica é industriosa, y sitios poco seguros por ser comunmente refugio de malhechores.—Hablando en tésis general, los valencianos son, bajo el punto de vista fisico, de buena estatura, de fisonomía expresiva y aspecto agradable; bajo el concepto moral, vivos, sobrios, vehementes, arrebatados, desprendidos, risueños, afables, francos, trabajadores, ingeniosos, arrojados, limpios hasta la exageracion, corteses con los extranjeros, aptos para las letras y bellas artes, de inteligencia clara, y, como los árabes, de quienes más inmediatamente proceden, se hallan como adheridos á sus pueblos, sus eras, sus acequias y sus cabañas. La extremada viveza de imaginacion, propia de todo país meridional, les ha valido el dictado de volubles; cualidad que no se hermana con la energía, la firmeza, la constancia y el teson, cuyas dotes, unidas á una honradez acrisolada, han demostrado siempre en cuestiones de honra y dignidad, como tendremos ocasion de ver en la reseña histórica de esta nobilísima poblacion. 2.° Las valencianas.—A fuer de hijos del país, nuestra opinion en esta especie de certámen, podría parecer apasionada: oigamos primero el juicio imparcial de un escritor elegante que, si de algo peca, no es seguramente de hiperbólico y exagerado. El señor Mesonero Romanos, que es el literato á quien aludimos, al describir de mano maestra las moradas de los personajes en una de sus encantadoras Escenas Matritenses, titulada de Tejas arriba, dice lo que trascribimos: «Frontero de la habitacion del químico había dado fondo una fisica criatura que, sin más preparaciones que sus gracias naturales, era capaz de volatilizar la cabeza más bien templada.
VALENCIA, el jardin de España, había sido la cuna de este pimpo Ilo, y con decir esto, no hay necesidad de añadir si sería linda, pues es bien sabido que en aquel delicioso país es
más difícil encontrar una fea, que en otros tropezar con una hermosa.» En efecto; VALENCIA es, si se nos permite la frase, un vasto bazar en donde se encuentran bellezas para todos los gustos: desde la rubia, en cuyos tranquilos ojos parece reflejarse el hermoso azul de aquel trasparente cielo, hasta la morena, en cuya mirada inquieta se descubre un alma ardiente, fogosa, impresionable, puramente africana. Las celebradas hijas del Turia tienen por lo comun: el talle, esbelto; las formas, elegantes; el andar, airoso; los ojos, grandes y rasgados; la boca, expresiva; los labios, de rosa; los dientes, diminutos; el pelo, largo y abundante; el pié y la mano, pequeños, y el cútis, más fino y nacarado que en el resto de la Península. Consideradas moralmente, son: de carácter jovial, de trato agradable, de genio vivo, económicas, hacendosas, ingenuas, ocurrentes, extremadamente limpias y aseadas, buenas esposas, excelentes madres, y de una disposicion notabilísima para la direccion y gobierno de una casa. Pero abandonemos la capital; trasladémonos á aquel florido campo, en donde la mujer, despojada completamente de los atavíos del arte, exhibe su hermosura en toda su pureza; y si el que contempla aquellas divinidades campestres ha admirado alguna vez las creaciones sublimes, que dieron fama y renombre al inmortal Murillo, creerá con nosotros que el insigne artista sevillano fué á buscar los modelos de sus incomparables Vírgenes á las risueñas márgenes del Turia. 3.° Trajes, usos y costumbres.—El traje de los valencianos ha sido siempre muy modesto. A mediados del presente siglo, los labradores usaban todavía: en los dias de trabajo, pañuelo á la cabeza, camisa con broches de plata en el cuello, zaragüelles, chaleco corto, faja ó pañuelo arrollado á la cintura, alpargatas de esparto y manta al hombro; en los festivos, pantalon, chaleco y chaqueta de terciopelo, faja de seda, alpargatas de cáñamo con muchas varas de cinta, ligas con rapacejos de oro en las calcetas y sombrero ancho. Las labradoras vestían: saya corta, zapato descotado ó bajo, media blanca, pañuelo de talle y grandes agujas y peineta en el rodete. Hoy estos trajes han sufrido notables modificaciones; los antiguos zaragüelles han sido desterrados casi completamente, pues si alguno los usa, es sólo para las faenas del campo; y el traje, así de los labradores de la huerta como de la provincia, se compone generalmente de: pantalon largo; camisa blanca ó de color, con cuello ancho; chaleco de colores claros, sumamente corto; chaqueta de paño, en invierno, y de tela ligera, en verano; pañuelo de seda ó de percal á la cabeza, y otro, á la cintura, cuando no llevan faja; sombrero bajo grande; alpargatas de cáñamo, con cintas largas; medias blancas ó azules, y manta al hombro en todo tiempo. En cuanto á las labradoras, puede decirse que se ha perdido casi por completo aquel tipo característico de la provincia: en la actualidad visten, como las mujeres modestas de la capital, una falda, sin cogido ninguno; en el invierno se envuelven en un pañuelo grande de lana, que sustituyen en el verano por uno pequeño de seda ó pita, de colores vistosos, que apénas les cubre la espalda y el pecho: calzan indistintamente la bota y el zapato; se peinan, salvas raras excepciones, como las de la ciudad, quedando excluidas la peineta y las agujas, y cífrase toda su vanidad en lucir riquísimos pendientes, collares y sortijas. En la capital, donde se siguen religiosamente los caprichos de la moda, gastan las mujeres un lujo verdaderamente extremado, y sus adornos predilectos son las flores, que prenden á sus cabellos con singular gracia, pues, en este punto, las valencianas y las andaluzas parecen educadas en una misma escuela.—La pesca, y, principalmente, la caza de aves acuáticas en el lago de la Albufera, el tiro del pichon y de la gallina, constituyen las diversiones predilectas de los valencianos, y de aquí, ese ojo certero, que los hace tan temibles en dias de revolucion. 4.° Lenqua.—La valenciana, aunque profundamente alterada, es la lemosina, que introdujo su conquistador Jaime I. El dialecto valenciano parece haber sido en un principio idéntico al catalan; hoy, es una mezcla de catalan y castellano; pero las diferencias que distinguen ambos dialectos no son aún tales, que impidan á los habitantes de las dos provincias entenderse, pues apénas consisten en otra cosa que en idiotismos locales. Las diferencias de pronunciacion son más sensibles: el valenciano, sin carecer de la energía de aquél, es más dulce y armonioso, cualidades ambas que concurren igualmente en el italiano, con el cual ofrece alguna analogía, en un determinado número de voces, como por ejemplo: dòna (mujer), donna; farina (harina), farina; pols (pulso), polso; molta (mucha), molta; forca (horca), forca; dit (dedo), dito; formiga (hormiga), formica; faba (haba), fava; ánima (alma), anima; volta (vez, vuelta), volta; porca (mujer sucia), porca; dols (dulce), dolce; porta (puerta), porta; beguda (bebida), bevuta; poma (manzana), pomma; trobar (hallar, encontrar), trovare; perduda (perdida), perduta; front (frente), fronte; prop (cerca), prope; oli (aceite), olio; forat (agujero), forata; forn (horno), forno; forsa (fuerza), forza; ombra (sombra), ombra; nasos (narices), nasos; profit (provecho), profitto; fosco (hosco), fosco; divertiment (diversion), divertimento, y otras, que no recordamos. Pero el idioma con que mayor número de afinidades presenta, es indudablemente el francés. Entre la multitud de vocablos que, salvas las diferencias de pronunciacion, tienen en ambas lenguas la misma significacion y se escriben con idéntica ortografía, citaremos las siguientes: parent (pariente), parent; pont (puente), pont; vèrt (verde), vert; parc (parque), parc; banc (banco), banc; port (puerto), port; gròs (gordo), gros; sec (seco), sec; net (limpio), net; blanc (blanco), blanc; vent (viento), vent; discret (discreto), discret; ras (raso), ras; huit (ocho), huit; moment (momento, instante), moment; fort (fuerte), fort; nom (nombre), nom; public (público), public; turc (turco), turc; grèc (griego), grec: complet (completo), complet; cas (caso), cas; mon (mi), mon; cap (cabo), cap; fil (hilo), fil; tant (tanto), tant; ardent (ardiente), ardent; dent (diente), dent; filet (hilito, hilillo, filamento), filet; sucre (azúcar), sucre. Entre las infinitas voces que, sin variar el sentido, sólo ofrecen ligeras variantes en la ortografía, se cuentan: sis (seis), six; foc (fuego), feu; breu (breve), bref, mòlla (blanda), molle; forment (trigo), froment; roig (rojo, encarnado), roux, rouge; finestra (ventana), fenêtre; clau (clavo), clou; cinc ó sinc (cinco), cing; pòr (miedo), peur; Deu (Dios), Dieu; sanch (sangre), sang; côr (corazon), cœur; tot (todo), tout; bò (bueno), bon; delicios ó delisios (delicioso), delicieux, nit (noche), nuit; camp (campo), champ; surtir (salir), sortir; blax (azul), bleu; ell (ojo), œil; sopar (cenar), souper; dinar (comer, el acto de comer al medio dia), diner; parlar (hablar), parler; fill (hijo), fils; filla (hija), fille; cotó (algodon), coton; llet (leche), lait; fer (hacer), faire; hòm ú hòme (hombre), homme; millor (mejor), meilleur; suspir (suspiro), soupir; fila (hilera), file; filar (hilar), filer; nebot (sobrino), neveu, y otras muchísimas, que omitimos en obsequio de la brevedad. El valenciano tiene, además de la o abierta y la o cerrada, la e cerrada y la e abierta del francés; como este idioma, hace uso tambien del apóstrofo para suplir una vocal, y cuenta un sinnúmero de palabras, que expresan ideas diferentes. Tales son entre otras: net (limpio, nieto), mòlla (blanda, miga), pols (pulso, polvo), adobar (lañar, adobar, aderezar, curtir), badall (raja, hendidura, bostezo), bon (abolladura, chichon), còs (cuerpo, ojo de la aguja), musol (orzuelo, mochuelo), rastre (pista, sarta, rastra), taperot, (alcaparron, renacuajo), taulell (baldosa, mostrador), triar (escoger, mondar), sèl (cielo, celo), moll (blando, muelle, salmonete), coure (cobre, escocer, cocer), mon (mi, mundo), cap (cabo ó promontorio, cabeza), sèt (siete, sed, salvo el acento que, en el segundo caso, es agudo), y Déu (Dios, debe, diez, sin otra diferencia que la sustitucion del acento agudo por el grave (dèu) en esta última acepcion. Como se ve, con sólo el vocablo dèu se compone una frase completa, sin más variante que el acento indicado: con efecto; Déu déu dèu, quiere decir: Dios debe diez, suponiendo hipotéticamente que el Sér Supremo pudiera contraer deudas con alguien. Otra de las particularides que
ofrece el dialecto que nos ocupa, es la ausencia absoluta de la preposicion castellana con, la cual se sustituye por en en todos los casos; esta circunstancia y la de pronunciarse comos la z y la c (esta última, cuando forma sílaba con alguna de las vocales e, i), constitu yen los dos principales inconvenientes con que tropiezan los valencianos para hablar con una completa correccion el sonoro idioma de Castil la que, por otra parte, es bastante general en el país. 32. VALENCIA.—Capital de la provincia, jurisdiccion, diócesis, audiencia territorrial, capitanía general, departamento de artillería y antiguo reino de su nombre; residencia de las primeras autoridades civil y militar, de la delegacion de Hacienda, de los juzgados de primera instancia, de los cónsules extranjeros y de todas las corporaciones y oficinas provinciales; sede metropolitana, con los tribunales eclesiásticos competentes; distrito universitario para la incorporacion de los estudios, hechos en los distintos establecimientos que comprende: tercio naval, dependiente del departamento de Cartagena; provincia marítima, distrito y puerto de mar, con los jefes de marina y matrícula que le está asignada; plaza de comercio de primera clase, con su junta y tribunal, y todas las demás dependencias que le pertenecen como capital de primer órden. 33. Posicion topográ fica.—En las extensas playas del Mediterráneo, se descubre una vasta llanura, cuyos límites orientales determina la línea que, en figura de cuerda, corre un espacio de 56 kilómetros próximamente, desde Cullera á Murviedro. En estos dos puntos empieza un grande arco, trazado por una serie de altísimos cerros, que lo cierran en forma de anfiteatro: los del Norte, llamados del valle de Jesus, se unen con los de la Calderona y loma de Bétera, y á éstos, siguen luégo, hácia el Occidente, los de Villamarchante, Cheste y Chiva, que ciñen el llano de Cuarte, y hácia Turis, la de Montroix y Ninerola, dejando entre este arco y el mar, todo cuanto riegan las aguas del Turia. El monte de Cullera, situado en el pueblo de su nombre, y los de Cervera que, prolongándose de Oriente á Occidente, pasan por delante de Alcira hasta Játiva, constituyen los limites meridionales de la fértil ribera que baña el caudaloso Júcar. En este recinto, verdaderamente ideal, poblado de copudos árboles, de elegantes quintas, de pintorescos lugares y de blanquísimas cabañas que, dispuestas en ordenada y vistosa confusion, se destacan sobre una inmensa alfombra de verdura, levántase majestuosa la reina del Turia, bajo un cielo siempre puro y trasparente, ostentando sus gallardas cúpulas y circuida de frondosos jardines, como ninfa entre flores. 34. Situacion y límites.—La capital se encuentra situada á los 35° 27 15 de latitud setentrional y 3° 18 de longitud oriental del meridiano de Madrid, y su término jurisdiccional confina: al Sur, con el de Sueca; al Oeste, con el de Torrente; al Norte, con el de Requena, y al Este, con el Mediterráneo. 35. Clima.—Es de los más templados y apacibles de España. Los vientos huracanados, los hielos asoladores, las grandes escarchas, las nieves, los excesivos calores y los bruscos cambios atmosféricos, tan comunes en otras partes, pueden considerarse como verdaderos fenómenos. El termómetro Reaumur raras veces desciende á O. La temperatura media es de 14°; la mínima, en el invierno, 3°; la máxima, en el estío, 28°. Los vientos reinantes son: el Levante, que sopla casi constantemente, húmedo y fresco; el Poniente, que suele levantarse, por intervalos, de una manera súbita y durar unos tres dias, sofocante y seco; el Norte, no tan frecuente, frío y seco tambien, y el Sur, el más raro de todos, húmedo, cálido y el ménos saludable, debido á los miasmas pantanosos que arrastra al pasar por los arrozales y las aguas detenidas. Resumiendo: el clima de VALENCIA es benigno; su temperatura, suave; el cielo, alegre y despejado. 36. Higiene.—No se conoce ninguna enfermedad, que pueda Ilamarse propia de esta capital, ni mucho ménos endémica. Lo único que puede decirse, en razon á su proximidad al mar, al viento tan frecuente de Levante y á las numerosas acequias que circuyen, penetran y se ramifican bajo el suelo de la poblacion, es que la excesiva humedad de su atmósfera da márgen á las supresiones de la traspiracion, ocasionando los reumas, los catarros, las inflamaciones generales y parciales, las tísis, las leucorreas y otras dolencias. En cuanto á las afecciones del aparato digestivo, como irritaciones de vientre, dispepsias (malas digestiones) y diarreas, quizás dependan, más que del clima, de las aguas selenitosas de los pozos, tan recargadas de sulfato de cal, y de los excesos en la alimentacion; particularmente, de las frutas. 37. Geología.—El suelo sobre el cual está asentada la ciudad, ofrece, de abajo arriba, terreno pirásico y roca del mismo nombre; terreno cretáceo de arcillas plásticas, que se explotan para la alfarería, en las que se encuentran ostras fósiles y conchas de grandes dimensiones, arenisca verde, con capas de caliza arenácea, y mariscos fósiles petrificados; capas de conglomerados, más ó ménos tenaces, creta rojo-oscura arcillosa; creta blanca; roca compuesta de fósiles marinos, con glúten cretáceo; creta arcillosa dura y creta blanca compacta, de la que se extrae la sal. El terreno de aluvion presenta: capas de cantos rodados, con glúten arcilloso; cantos calizos sueltos; algunos de gneis, cuarzo y esquisto; arenas y gravas, y légamo arenáceo vegetal. Los cerros, arriba mencionados, son, por lo general, calizos, y sus raíces se ocultan en la tierra á unos 12 y más metros de profundidad, hallándose en su interior vestigios é impresiones de animales que vivieron en las aguas: la playa, desprovista de roca, es de finas arenas, cuyo espesor, dificil de calcular, se prolonga hácia los montes, cubierto de greda: la tierra que carga sobre ella y que va aumentando de fondo, segun se aparta del mar, es de naturaleza margásea; por lo comun, arcillosa y en muchas partes, arenisca. Todo este terreno es Ilano, si se exceptúan las pequeñas colinas donde se asientan el Puig, Burjasot, Moncada, Castillo de Paterna, Torrente y Cuarte. 38. Huerta.—El pintoresco y fértil territorio que ocupa la huerta, comarca hermosísima que circuye aquella gran ciudad, está situado en la medianía y hácia el extremo oriental de la provincia, y se extiende de Norte á Mediodía, desde Puzol, que pertenece al partido de Sagunto, hasta Catarroja, que corresponde al de Torrente, y de Oriente á Occidente, desde Villamarchante, pueblo de la jurisdiccion de Liria, hasta el Mediterráneo, que ciñe el territorio por el Oriente. El suelo, como se habrá comprendido por la breve reseña fisica que hemos hecho, es de suyo poco feraz; pero este vacío que deja la naturaleza, lo suple con creces el trabajo asiduo é inteligente de aquellos infatigables labradores, el cual viene conservándose religiosamente de generacion en generacion, como un precioso legado de los árabes, sus antecesores. La prodigiosa fertilidad de este privilegiado suelo sostiene á la inmensa poblacion que ocupa la multitud de pueblos, alquerías, barracas y arrabales que cercan la capital, sin contar la no ménos considerable que habita intramuros de ésta, la cual, asentada casi en el centro de este florido verjel, parece hallarse defendida por numerosos baluartes, pues como tales podrían tomarse los campanarios que la circuyen en todas direcciones. Todos aquellos pueblos pertenecen á los partidos judiciales de Torrente, Sagunto, Requena y VALENCIA, y es verdaderamente asombroso que, en tan corta extensión de terreno, pueda mantenerse una poblacion sobradamente crecida y que cada dia va aumentando de un modo notable. Finalmente, la dulzura del clima, que se disfruta en este recinto; la diafanidad de su atmósfera, aun en lo más crudo del invierno; el gratísimo verdor de los árboles y sembrados; la abundancia y variedad de las producciones; todo, en fin, contribuye á hacer de él una de las comarcas más risueñas y encantadoras, así de España como del extranjero, cuyo justo renombre logra excitar la curiosidad y el interés de Europa. 39. Sistema de riegos.—Lo más admirable que ofrece la famosa huerta de VALENCIA, es la economía, distri
bucion, órden y gobierno de su antiguo sistema de riego, por medio de sus ocho grandes acequias, cuya construccion data de una época muy remota. El rey Don Jaime I de Aragon halló ya terminadas las grandes obras de esta magnífica canalizacion, las cuales deben desde luégo atribuirse al gobierno de los árabes Abderrahman Anisir Ledinala, y Alhakem Almostansir Bilah, su hijo, por los años 911 al 976. El mencionado monarca aragonés hizo donacion á los habitantes de VALENCIA de todas las acequias de la huerta, reservándose sólo la de Moncada, que denominó Real, y que, en 1268, vendió tambien á los propietarios de las tierras de sus riberas por la cantidad de 5.000 sueldos valencianos. Las siete acequias restantes llevan las denominaciones de: Tormos, Mestalla, Rascaña, Cuarte (Benacher y Faitanar), Mislata, Favara y Rovella. La acequia de Moncada debe, en los años de escasez, socorrer á las de Mestalla, Rascaña, Favara y Rovella, con la mitad ó cuarta parte de sus aguas, segun fuesen las necesidades, conforme á lo dispuesto por el rey Don Jaime II en Mayo de 1321. En tiempo de sequía, las siete acequias restantes disfrutan el privilegio del agua de las villas de Pedralva, Villamarchante, Benaguacil y Ribarroja, por cuatro dias con sus noches, ó bien repartidas segun sorteo, con arreglo á lo preceptuado por el referido soberano en 8 de Junio de 1320. La de Moncada, tiene obligacion de dar, por espacio de dos dias con sus noches, la mitad ó cuarta parte de sus aguas, por la almenara tandera, á las de Mestalla, Favara, Rascaña y Rovella, en los lúnes y mártes de cada semana, miéntras dure la escasez y necesidad. La acequia de Rovella tiene por principal objeto la limpieza y salubridad de la capital: discurre por su parte más elevada, suelta el agua los sábados por cuatro puntos distintos, durante veinticuatro horas, y arrastra las inmundicias de los valladares mayores, donde desaguan las acequias madres é inferiores subterráneas; da impulso á varias fábricas de lana, seda, curtidos y azulejos y molinos harineros; riega los huertos y jardines; abandona luégo la ciudad y pasa á fertilizar la contigua huerta de Ruzafa, que es su objeto secundario. Por estas dos atenciones importantes, jamás puede faltarle una muela de agua, por grande que sea la escasez de la del río, teniendo igualmente derecho á la mitad ó cuarta parte de la de Moncada. Con este objeto concedió el rey Don Jaime I, en 1251 y 1269, la propiedad de las fortificaciones, fosos, torres, valladares, acequias, puentes y caminos, con el cargo de repararlos y conservarlos. 40. Cantidad e volúmen y distribucion de las aquas.—Las ocho acequias principales, anteriormente citadas, que riegan la huerta de VALENCIA, reciben del Turia 188 filas de agua y benefician 21.069 cahizadas, 2 hanegadas y 3 cuarterones de tierra (divídese la cahizada en ó hanegadas; la hanegada, en 200 brazas cuadradas y la braza cuadrada contiene 81 palmos valencianos). Toman sucesivamente las aguas por otras tantas presas, y, dividiéndose despues en infinitas acequias ó canales más angostos, facilitan el riego cada quince dias, y cada ocho ó nueve, en ciertas épocas del verano. El agua que debe traer el Turia para atender á todas las necesidades de la huerta, en la distancia de 133 kilómetros próximamente, se evalúa en 471 filas y 8 plumas: cuando, por razon de la sequía, disminuye este volúmen y hay escasez y penuria, como se observa algunos años, salva las cosechas la grande industria y mayor economía establecida en el riego; si se aumenta, pasa el sobrante al mar por el cauce formado al efecto, al Norte, junto á las antiguas murallas de la capital. Segun las definiciones de Don Tomás de Villanueva y Don José de Soto, fundadas en principios hidráulicos, entiéndese por fila la cantidad de aqua que sale por un orificio cuadrado, de un palmo valenciano, con una velocidad de 4 piés por segundo; pero Don José Cervera, adoptando esta misma definicion, da al agua la velocidad de seis palmos por segundo, cuya opinion, segun los inteligentes, está de perfecto acuerdo con las observaciones de personas sabias, que se han visto precisadas á meditar sobre la materia. La fila se subdivide en 144 plumas, y, por consiguiente, cada pluma es el agua que arroja un orificio de un dedo cuadrado, con una velocidad de á á ó palmos, segun la definicion que se adopte de la palabra fila. 41. Pueblos de la huerta, cuyos términos riega cada uno de las ocho acequias mencionadas.—La de MoNCADA comprende 23 pueblos: Albalat, Albuixech, Alfara, Benifaraig, Bonrepós, Burjasot, Carpesa, El Puig, Foyos, Godella, Masalfasar, Masamagrell, Masarrochos, Meliana, Mirambell, Moncada, Museros, Paterna, Puebla de Farnals, Puzol, Rafelbuñol, Rocafort y Vinalesa.—La de TORMOS, 4: Benicalaf, Beniferri, Benimamet y Borbotó.— La de MESTAlla, 4: Arrabal de A lboraya, Arrabal de Sagunto, El Grao y Partido de Santo Tomás.—La de RAs CAÑA, 6: Alboraya, Almásera, Benimaclet, Campanar, Orriols y Tabernes.—La de BENACHER y FAITANAR (Cuarte), 11: A lacuás, Aldaya, Benacher, Benetuser, Cuarte, Faitanar, Manises, Paiporta, Picaña, Torrent y Vistabella.—La de Mislara, 2: el de su nombre y Chirivella.—La de FAVARA, 10: Albal, Alfafar, Arrabal de Cuart, Arrabal de San Vicente, Benetuser, Catarroja, Lugar-Nuevo, Masanasa, Patraix y Sedavt.—La de ROVELLA entra en la capital con el objeto que ya hemos explicado. 42. Gobierno particular de la acequia de Moncada.—Esta acequia se ha regido siempre con absoluta independencia de las siete restantes. Su junta de gobierno, compuesta de 12 síndicos, que son: el regidor decano de cada uno de los 10 primeros pueblos, y 2, por turno, de los demás, entiende privativamente de todos los asuntos relativos á riego, que ocurren en los 23 términos, comprendidos en su demarcacion. Cuando se origina alguna dificultad en la division en grande de las aguas, conoce de ella el gobernador civil de la provincia. Los 12 síndicos mencionados nombran un acequiero particular, que es quien, reconocidas la escasez y la necesidad, debe dispensar el tandeo á los de Mestalla, Favara, Rascaña y Rovilla, de que hemos hablado ántes; y si no lo hiciere, los interesados en el riego de las cuatro acequias, recurren al baile general, el cual falla sobre la queja, sin que medien escritos, ni formas judiciales. 43. Tribunal de las Aquas.—No es posible hablar de la rica vega de VALENCIA y de su admirable sistema de riegos, sin decir algo tambien de su famoso tribunal de las Aquas. Su creacion se remonta á la época de los árabes, y en él, cada una de las acequias referidas se halla legalmente representada por medio de un síndico, nombrado por el comun de los regantes. Este tribunal, por un privilegio de orígen desconocido, tiene su asiento en la puerta de la catedral, y las ordenanzas de Rascaña determinan que ha de ser en la Ilamada de los Apóstoles, situada en la plaza de la Constitucion. El juéves de cada semana, á las doce en punto del dia, se juntan sus miembros en el paraje indicado, donde comparecen los interesados á exponer sus quejas sobre las aguas, sin la intervencion de letrados ni escribanos. Los juicios son verbales; las declaraciones, breves; y el tribunal, esclarecido el hecho, objeto del litigio, impone el castigo que, segun su leal saber y entender, exige cada caso, y sus sentencias se llevan á cumplido efecto sin moratoria ni apelacion de ningun género. El síndico de la acequia, que ha producido la querella, no tiene voto en aquel fallo. Antiguamente, el cabildo metropolitano estaba obligado á facilitar bancos á los jueces de este tribunal, los cuales raras veces invierten dos horas en sus sesiones. 44. A gricultura.— Las tierras de la huerta de VALENCIA jamás descansan, no faltando el agua; y así sucede que, en algunas comarcas, producen tres cosechas por año, y en las restantes, ordinariamente, dos. Los abonos y estiércoles son muy solicitados, pues sin ellos, difícilmente podría conseguirse aquella rápida rotacion de cosechas, las cuales se suceden incesantemente las unas á las otras, dándose el caso, en muchos campos, de que, antes de que el fruto llegue á su madurez, ya está sembrado el que debe reemplazarlo. Las principales producciones de esta feracísima vega son: arroz, cereales, aceite, vinos,
caña de azúcar, seda, cáñamo, lino, algodon, sosa, barrilla, azafran, rubia, anís, palo dulce, naranjas, limones, cochinilla, alfalfa, algarrobas é infinitas variedades de frutas, legumbres, hortalizas, árboles, plantas y flores; todo de excelente calidad y en cantidades considerables, como es de presumir de la abundancia y hábil distribucion de sus aguas, así como de su activa, inteligente y esmerada cultura. Dada la poca extension del terreno, que riegan las ocho acequias (3 "/, leguas cuadradas), la cifra que alcanza la poblacion agricultora de aquella huerta, es verdaderamente asombrosa, si se compara con la que arrojan los puntos más poblados de la Península. Entre el considerable número de agricultores, apénas se encuentran propietarios, pues, por lo general, son colonos ó arrendatarios; pero todos tienen su ocupacion permanente, desde el niño hasta el anciano, sin excluir á las mujeres, las cuales se dedican preferentemente á la trabajosa y delicadísima cosecha de la seda, á los quehaceres domésticos y á la venta de los frutos. 45. Industria.—Aparte la agrícola, de que hemos hecho mérito, cuenta la capital numerosas y renombradas fábricas de: terciopelos, felpas, panas, filaturas y torcidos de seda; abanicos, paraguas y sombrillas; paños, curtidos, jabones, loza, velas de sebo, cartas, cerillas, guantes, sombreros, calzado, cestas, agujas, cuerdas de guitarra, de esparto y cáñamo; de azulejos, tejas y ladrillos; de yeso, peines y peinetas de asta; tejidos de lana, lino, cáñamo y algodon; horno de vidrio; fundiciones de hierro y bronce; manufacturas de tabaco; joyerías, platerías, quincallerías y cuantos oficios y artes mecánicos exigen las necesidades de aquella populosa y culta capital. 46. Comercio.—El movimiento mercantil no es ménos importante que el industrial. Las importaciones se reducen principalmente á: tejidos de seda, abanicos, loza y cristales franceses; artículos, Ilamados de Paris; productos químicos, frutos coloniales, especias, lienzos, lanas, quincalla, sombreros, libros, caballos, mulos, mercería, hierro en barra y labrado, bacalao y tablazon. Las exportaciones consisten en: vinos, seda, aceite de olivas, naranjas, limones, frutas, arroz, cochinilla, kermes, granos, lana, azafran, anís, astas, nitrato de potasa y regaliz. VALENCIA, como capital y centro de todas las operaciones comerciales de su provincia, tiene un mercado permanente abastecido con abundancia; grandes almacenes, lujosos establecimientos y elegantes tiendas en donde se expenden todo género de artículos, así de lujo como de primera necesidad, en la última década del mes de Julio tiene lugar una feria, que puede desde luégo considerarse como una de las más brillantes y concurridas que se celebran, tanto en España como en el extranjero. 47. VALENCIA antigua.—Antes de dar á conocer la ciudad moderna, oportuno será que digamos algo de lo que esta insigne poblacion fué en sus primitivos tiempos, para lo cual nos ceñiremos estrictamente á lo que dicen las crónicas más autorizadas, así antiguas como modernas. 48. Asiento primitivo de la ciudad.— No léjos del Mediterráneo, del que la separa el Turia, ocupó VALENCIA, en su nacimiento, el punto más culminante del territorio que actualmente llena su numerosa poblacion. El gran Pompeyo, despues de la derrota que sufriera en las márgenes del Júcar, hizo estragos considerables en la ciudad primitiva; pero Quinto Sertorio los reparó luégo, y, dando mayor ensanche á la poblacion, por los años 677 de Roma, la encerró dentro de sólidos y elevados muros, de los cuales, una parte se conservó hasta la invasion de los moros, y la otra, que se extendía desde la puerta del Real hasta la Nueva, se derribó en 1865. 49. Recinto romano.—El asiento que tuvo esta ciudad desde su fundacion, comprendía únicamente el ámbito que se contiene en el altizano que se forma, desde la calle del Milagro hasta la plaza de la Constitucion, y desde las Platertas, por la subida del Toledano: de este modo, hubo de correr la muralla, desde los baños del A lmirante, hasta la calle del Baron de Petrés, por la plaza del Cementerio de San Estéban, calle del A lmodin, abrazando la antigua casa de la ciudad; á la calle del Reloj Viejo, portal del Toledano, cruzando la calle de Zaragoza á la de Caballeros y á la del Milagro, para terminar en los referidos baños. 50. Recinto árabe.— En el reinado de Yusuf, ensancharon los árabes aquel pequeño recinto, tomando desde el Temple, punto del cual continuaban los muros, por el lado de la iglesia de San Jaime de Velés, hácia las puertas de la Trinidad y de Serranos, en donde, torciendo por el terreno que ocupan las casas, situadas enfrente de la de las Rocas, cerraba, por el Oeste, la calle de Roteros, y, siguiendo por la acera derecha de la calle de Santa Kulalia, hasta la de Santa Cruz, entraba por las caballerizas del meson del Angel y Horno Quemado, atravesando la calle del Sagrario y la manzana fronteriza al horno; seguía luégo al portal de Valldigna, calle de Salinas, y, declinando un poco al Occidente, por detrás de las casas que tienen su entrada por la calle de Caballeros, salía por la última, correspondiente á la manzana 381; cortaba esta calle, cruzaba las casas de enfrente hasta tocar la columna de piedra, que sostenía la galería de la casa número 2 viejo, en la plaza del Esparto; continuaba por dentro del mismo edificio á la plaza del Horno de San Nicolás; se internaba por las casas de los señores Leon y salía por la calle de las Danzas, dirigiéndose hácia las de Cajeros y Cordellats, por el jardin de la lonja de la Seda, hasta poco más allá de la esquina de la lonja del Aceite: despues, la cruzaba la calle Nueva y la del Trench y corría en línea recta por la de Cerrajeros; á la mitad de ésta, se inclinaba á la derecha, para salir á un lado del meson, llamado Hondo, en la calle de San Vicente; atravesaba esta calle y, entrando por el horno de la Pelota, seguía por dentro de las casas situadas á mano derecha de la plaza de este nombre y calle de Corredores; cruzaba la de Barcelonina, en direccion á la plazuela de San Vicente ó Chamorra; desde este punto, se encaminaba, por detrás del extinguido colegio de San Jorge, á la calle dels Transits, que cortaba por la mitad; pasaba por donde está ahora el palco escénico del teatro principal, salía á la calle de las Ranas; proseguía por las del Cementerio de San Andrés y Bordellet dels Negres, á espaldas del colegio de Santo Tomás, y, continuando por dentro de la universidad, cortaba por la calle de la Nave y edificios de la acera izquierda de la plaza de las Comedias hasta llegar á la de la Congregacion; cruzaba en toda su longitud la actual iglesia parroquial de Santo Tomás, y entraba por el huerto del hospital de Pobres Sacerdotes, para salir junto al horno del Vidrio, é, inclinándose á la derecha, corría por todo el actual caserío y palacio del Temple, para reunirse al punto de donde habíamos partido. 51. Extension. — La superficie del ámbito primitivo se evalúa en 434.700 metros cuadrados; su perímetro, en 2.600 metros lineales. 52. Puertas.—No constan las puertas que tuvo el primer recinto: las que, conservando las romanas, abrieron los árabes, eran cuatro y otros tantos portillos ó bord’es, cuyas denominaciones y puntos en que estaban situadas, son los siguientes: 1.a Puertas: la de Beit-al-lah (casa de Dios), Ilamada despues impropiamente de la Boatella, y Sucronense, entre los romanos: calle de San Vicente, junto al horno de la Pelota. 2.a La de Sharea (puerta de la ley), vulgarmente, Yarea, cerrada en 1599, por la cual hizo su entrada solemne Cárlos I: estaba en la plaza de la Congregacion, en el mismo sitio que en la actualidad ocupa el pórtico del templo, dando frente á la calle de aquel nombre; de modo, que uno de los estribos del arco se hallaba dentro de lo que hoy es iglesia, y el otro, en la plaza. 3.a La de Heüa es Scharki (viento de Oriente ó salida del Sol), nombrada del Sol, entre los latinos; y luégo, de la Trinidad. 4.a La de Baab-el-Janesck (de la Culebra), ó portal de Valldigna, voz corrompida de Boab-el-Din (puerta de la Religion). Portillos ó bord'es. 1.° El de Altantarak, en el mismo sitio en que se levantaba la columna que hemos citado, en la plaza del Esparto.
2.° El de Tudela, en donde luégo se llamó la puerta Nueva, junto al Mercado. 3.° El de G' Al-Abu-Fald (Alí, padre de Fald), Ilamado vulgarmente de A libufat-Muley: practicado á unos 20 metros al Este del arco denominado Portal del Cid, el cual se cerró en 1597, cuando se abrió la puerta del Real. 4.° El de Roteros, llamado de Saqunto por los romanos: casi en el mismo paraje en donde se levantan las torres de Serranos. 53. Construcciones. — Los árabes construyeron además las magníficas cloacas ó valladares, que áun subsisten, trazando un admirable laberinto de grandes y pequeños canales subterráneos, que tan justamente llaman la atencion del viajero. Esta colosal obra se llevó á cabo desde el año 913 al 977, por los Omeias G' Abd-el-Rajman III y Abd-el-Jaquem II. Don Pedro II de Aragon construyó despues otras nuevas, aunque inferiores, á imitacion de las antiguas. 54. Arrabales.—Establecido el gobierno árabe, los alrededores de la ciudad muslimica sufrieron algunas trasformaciones. Los arrabales eran: el de la Villanveva, próximo á San Juan de la Ribera; el de la Alcudia, que se extendía por la calle de Cuarte, extramuros y barrios de la Corona; el de Mirchiliena; hoy, Marchalenes, que se comunicaba: con la Almunia (huerta), de Ben G' Abd-el-G’atsis (jardin del Real) y con las alquerías de Benifaraix, Benimaclet y célebre huerta de Queixar, que se cree ha de ser la famosa alquería, llamada A lyeroz ó Alqueroz; vulgarmente, de Giros (alquería de los guardias del Rey); puntos todos memorables en las poesías y leyendas de los poetas árabes. 55. Recinto cristiano.—Los muros y puertas, anteriormente descritos, existían en tiempo de la conquista y permanecieron en el mismo estado hasta el año 1356, en que el rey Don Pedro IV de Aragon, llamado el Ceremozioso, mandó construir la muralla, que desapareció por completo en 1869, dando á la ciudad un grande ensanche, por los lados oriental, meridional y occidental, sobre un plano de figura elíptica, cuyo diámetro mayor medía próximamente 2.816 metros, y el menor, 1383. 56. Murallas.—Este antiguo muro que, á su derribo, se conservaba aún en el más perfecto estado, tenía unos 7 metros de elevacion, estaba coronado, en toda su línea, de almenas aspilleradas y precedido de un foso, con robustos torreones en algunos lienzos, y otros más sólidos todavía en las inmediaciones de las puertas. 57. Iagresos.— Ascendían tambien á ocho: cuatro puertas y cuatro portillos. Las primeras eran: la de San Vicente, que daba salida para Madrid, reedificada en 1835, con un arco principal y dos laterales; la del Mar, que conducía al puerto, y cuyos dos arcos fueron revocados; el de la derecha, en 1764, y el de la izquierda, en 1842; la de Serranos, que abre paso para Aragon y Cataluña, concluida, con las dos magníficas torres que la flanquean, en 1381; y la de Cuarte, que guía á Madrid por las Cabrillas, abierta en 1444 y defendida tambien por dos elevadas torres. Estas dos últimas puertas son las únicas que se conservan: la primera, destinada á cárcel pública, y la segunda, á depósito de prisioneros. Los portillos se denominaban: del Real, construido y hermoseado con tres arcos en 1801; el de la Trinidad, reedificado en 1792; el de San José, abierto en 1419, cuyas torres se levantaron en 1514, y el de Ruzafa, en 1786. 58. Forti ficaciones.—Las murallas y torres, de que hemos hecho mérito, constituían, por su elevacion y solidez, la principal fortificacion de la ciudad, formando el complemento de aquella: la ciudadela, de forma trapezóide, situada al Este, entre las antiguas puertas del Real y del Mar, y defendida por torreones y un baluarte, que da frente al río; el edificio de la aduana que, ocupado militarmente, puede oponer, por su sólida construccion, tanta ó más resistencia que aquélla; y la capitanía general, parque de artillería y maestranza que, en caso de necesidad, podrían ponerse en estado de defensa. La ciudadela fué en su principio una gran casa ó depósito de armas, la cual se fortificó, bajo el virreinato del marqués de Mondéjar en 1574, con motivo de hallarse amenazadas aquellas costas de una invasion de polacos y turcos confederados. En 1707 pasó á ser propiedad del Estado y tomó el nombre de ciudadela, construyéndose entónces el torreon que mira á la plaza de Santo Domingo, demolido en parte en 1841. 59. Edificios notables.—Entre los antiguos, son verdaderamente notables: el palacio que perteneció á los duques de Maqueda, obra del siglo XIII; el del embajador Vich, objeto de admiracion de los extranjeros por la perfecta ejecucion de sus esculturas y entallados, en columnas, jambas, dinteles y demás ornatos, todo de mármol de Génova, y la casa del conde de A lbalat, cuyos dos techos artesonados del piso principal, son de un trabajo minucioso y delicadísimo. 60. Parajes históricos.—Los más curiosos que ofrece la antigua ciudad, son: el vasto huerto, que tenía por límites las casas de la calle de San José, la muralla, el huerto de la Corona, el de Ripalda y el de Ensendra, cuyo recinto ocupaba la mancebía, que eran tres calles, encerradas dentro de un muro, que mandó construir Don Pedro IV; á la entrada vivía el famoso rey Arloth, á quien los fueros encomendaban el encargo de cuidar de las mancebas: el establecimiento subsistió hasta la época de Felipe IV, y los barrios contiguos, hasta la parroquia de San Miguel, fueron habitados por los moriscos, cuyas mancebas vivían en el callejon del Vallet. En la casa, hoy colegio Valentino, situada en la plaza de San Jorge, se hospedó el antipapa Benedicto XIII; la calle de la Sorolla se llamó así, por haber habitado en ella el jefe de los agermanados de aquel nombre; los baños del Almirante datan desde la invasion de los Almohades; la casa de la plaza de la Constitucion, en que se estableció la fonda de Europa, sirvió de alojamiento á Francisco I, rey de Francia, y en la calle del Trench, esquina á la Pellería, estuvo colocada la gran piedra donde tenía su asiento el mustasaf (almotacen), funcionario notabilísimo é importante del tiempo de la constitucion foral. 61. Aspecto interior de la poblacion.— Hasta mediados del siglo XVI, la hermosa ciudad de las flores presentaba un hacinamiento confuso de casas de pobrísimo aspecto, compuestas casi todas de un solo piso, con puertas bajas y angostas, y pequeñas ventanas de pésimo gusto, que, oprimidas en estrechos, tortuosos y húmedos callejones, formaban tristísimo contraste con los suntuosos palacios del Estado y los sólidos y vastos edificios que habitaban los monjes. Era ya por entónces general la costumbre de adornar las calles con retablos, en que figuraban pinturas de los santos declarados tutelares de las mismas calles, y de aquí viene el orígen de las fiestas que en muchas de ellas se celebran aún. Estos altares, cuyo número pasaba de setecientos, estaban alumbrados por mezquinos faroles, cuyos débiles reflejos daban á la poblacion cierto aspecto lúgubre, triste y misterioso, que venían á aumentar los cementerios de cada una de las parroquias, encerrados dentro de las murallas y en los puntos céntricos de la ciudad. A fines de aquel mismo siglo, y, particularmente, en los comienzos del xvu, se dió principio á la renovacion del caserío, aunque con adelantos poco sensibles en el ornato público, hasta que en el último tercio del XVIII, se emprendieron con algun vigor las mejoras, que há tiempo venía reclamando una capital, llamada, por muchos conceptos, á figurar entre las primeras de España. 62. VALENCIA moderna. — Durante el reinado de Cárlos III, había ya desaparecido un grupo de ruinosas casuchas, enclavado junto á la puerta del Mar, en cuyo vasto solar se levantó el grandioso edificio de la aduana, y construido tambien la hermosa casaenseñanza y la no ménos notable de las Escuelas Pías. En los años 1812, 13 y 14, el mariscal Suchet mandó derribar, abonando aquel Gobierno su importe, otra multitud de casas viejísimas, que ceñía, por la parte de la ciudad, la citada aduana, y se formó la extensa plaza, que llevó este nombre hasta hace poco tiempo; y, por último, en 1817, el capitan general, Don Francisco Javier Elío, hizo plantar el elegante paseo de la Glo
rieta. Pero los grandes progresos realizados en el embellecimiento y ornato público, datan de 1836, desde cuya época puede decirse que la ciudad ha venido restaurándose incesantemente. 63. Superficie.—La extension superficial del ámbito de la poblacion se evalúa próximamente en 1.300.000 metros cuadrados; su perímetro, en 4.500 metros lineales. 64. Calles.—Muchas de las tortuosas calles de esta capital, cuya enumeracion hacían casi imposible sus múltiples revueltas y encrucijadas, y cuya estrechez impedía la entrada del sol, ó hacía sumamente fugaz su permanencia en ellas, se ven hoy notablemente hermoseadas ó construidas de nuevo, merced al ensanche y alineacion, que se están verificando en todas aquellas en que las edificaciones de nueva planta ofrecen ocasion para esta importantísima mejora, que la higiene y la salubribad públicas reclaman, no ménos que la belleza y el ornato. 65. Plazas.—Las antiguas, que contaba la poblacion, no eran mucho más desahogadas que las calles. En la actualidad, merecen ya el nombre de tales las siguientes: 1.a Plaza de la Constitucion, llamada vulgarmente de la Seo. Ocupa su principal frente la capilla de Nuestra Señora de los Desamparados, que ostenta una fachada sencilla, de poca elevacion y escasa de adornos, y, en otro de sus lados, aparece el ábside de la catedral con su puerta de los Apóstoles. Esta plaza fué antiguamente el sitio destinado para la ejecucion de las sentencias de muerte, pronunciadas contra los nobles, y en ella se encontraba la picota. 2.a Plaza de la Aduana; hoy, del Príncipe Alfonso. Es la más regular y espaciosa de la capital, trazada, como hemos dicho, por el mariscal Suchet. Forma uno de sus lados el magnífico edificio de la aduana, y los restantes, hermosas construcciones de elegante y moderna arquitectura. Su figura es un cuadrilongo perfecto, adornado con 8 hileras de árboles, que forman calle á los cuatro frentes; tiene 12.716 metros cuadrados de extension; se halla perfectamente alumbrada y provista de cómodos bancos de piedra; ocupa su centro un bellísimo parterre y constituye uno de los paseos más agradables y concurridos de la capital. 3.a Plaza del Mercado (véase MERCADos). 4.à Plaza de Santo Domingo. Es prolongada, de forma irregular y en ella se encuentran: el palacio del conde de Cervellon, que ha servido de alojamiento, en el presente siglo, á los monarcas españoles, y en el cual se propuso á Fernando VII el restablecimiento del odioso tribunal de la Inquisicion; se firmaron los famosos decretos de á de Mayo de 1814; y abdicó María Cristina en 1840 la regencia de España. Junto á este palacio, se levanta el de Rioflorido, el cual pasó luégo á ser propiedad del marqués de Montortal, que fué donde se hospedó el valiente general Don Rafael del Riego y arengó al pueblo desde sus balcones. Frente á estos edificios, se elevan el de la capitanía general y el convento de Santo Domingo, cuyo gracioso frontis es más propio del palacio de un magnate, que de una casa monástica. 5.a Plaza de San Francisco. Era, á principios de este siglo, el huerto del convento de su nombre; luégo, estuvo destinada á la venta de ropas hechas, zapatos y juguetes; hoy, su espacio triangular, que mide 2.660 metros superficiales, presenta en cada uno de sus tres lados, una calle de árboles, y en su centro, un lindísimo jardin. 6.a Plaza del Cid Nueva é Redonda. Ocupa el sitio donde estuvo situada la Pescaderta Vieja; es completamente circular y cerrada, con cuatro arcos de entrada desde las calles adyacentes; las casas que la forman, tienen dos órdenes de balcones; y uno, de ventanas, y sus 29 puertas constituyen otras tantas tiendas de loza, comestibles y otros artículos. 7.a Plaza de Galindo. Se encuentra en la calle de Gracia y es célebre porque ocupó su perímetro la casa de Vicente Peris, uno de los jefes de los agermanados, la cual fué arrasada despues de su muerte, en 1521, de órden del virrey Don Diego Hurtado de Mendoza. 8.a Otras plazas. Aparte las mencionadas, merecen tambien citarse las de: Villarrasa, Congregación, Arzobispo, Barcas y, particularmente, la de Santa Catalina, punto de reunion de los elegantes de la capital. 66. Casas y edificios de particulares. —Las mezquinas y bajas viviendas, que constituían antiguamente la poblacion, han sido en su inmensa mayoría reemplazadas por casas cómodas y capaces, de cuatro y cinco pisos, con buenos terrados y pintadas con exquisito gusto, y edificios de particulares, anchurosos, de elegante aspecto y adornados de jardines, cubiertos de frondosos naranjos y limoneros, de caprichosas plantas y gran variedad y profusion de flores, pues en VALENCIA, hay flores como en las montañas hay peñas. Además de los indicados, debemos citar tambien otros, dignos de mencion, ya por su arquitectura, ya por su extension y magnificencia. Tales son los conocidos con las denominaciones de: Conde de Parsent, edificio inmenso, levantado en la calle de Don Juan de Villarrasa, con los planos y bajo la acertada direccion del inteligente arquitecto Don Vicente Marzo; Marqués de Dos-Aguas, cuya magnífica fachada de piedra se distingue por el notabilísimo trabajo de escultura que ostenta su portada, ejecutada con singular primor, segun los diseños del pintor Rovira, por el célebre escultor valenciano Don Ignacio Vergara, á mediados del siglo último; Conde de A lcudia, situada en la plaza de Villarrasa, de bellísimo aspecto exterior, y decorado con exquisito gusto en el interior; Conde de Pino-hermoso, en la calle del Gobernador Viejo, que contiene cuadros y muebles de mucho mérito y valor; Don Gaspar Dotres, que pasa como modelo de elegancia, comodidad y excelente gusto; y, finalmente, los que se designan con los nombres de: Marqués de la Romaza, Dor Manuel Montesinos, Don Joaquin Santoja, Don Fernando Musoles, Don Pedro Caro, Marqués de Sumiel, Roca de Togores y Don Pedro de Albornoz, situados todos en la misma calle. Las construcciones más notables del gusto moderno son las pertenecientes á los señores: baron de Toga y Don Vicente Trígula, levantados en la calle del Horno del Vidrio; Forés y marqués de San Joaquin, en la plaza de las Barcas; marqués de Jura Real, Canut y Don José Vergés, en la plaza de San Francisco; Don Juan Bautista Romero, Escoto y marqués de San José, en la calle de San Vicente; marqués de Cruilles, conde de Sotoameno y conde de Orgaz, en la del Mar; marqués de Sardiñola, situada junto á la Glorieta y plaza de Santo Domingo, y otras muchas de construccion reciente. 67. Templos.—Artísticamente considerados, la ciudad de VALENCIA es de las más ricas en esta clase de monumentos, los cuales, construidos por los talentos más celebrados de todas las edades, constituyen el primer ornato de la poblacion. Daremos una idea de los más importantes. 1.° Catedral. Esta iglesia metropolitana es grande y suntuosa, como corresponde á su alto destino; y, aunque carece de la severidad, propia de los antiguos templos góticos, su nueva forma y su estilo, diferente del que se observa en esta clase de construcciones, produce, sin embargo, un efecto excelente. Fué fundada sobre los escombros de un templo romano, demolido á causa de su estado ya ruinoso, dando principio su reedificacion á instancias de Don Fray Andrés de Albalat, tercer obispo de la diócesis, quien colocó la primera piedra en el dia 22 de Junio de 1262. Exterior del templo. La fachada principal, que da frente á la elegante calle de Zaragoza, es estrecha, de forma convexa, y consta de tres cuerpos: en el primero, hay tres columnas de órden corintio, en cada uno de los lados de la puerta; entre ellas, dos nichos, con las estatuas de san Pedro Pascual y santo Tomás de Villanueva, y, sobre el arco de la entrada, un bajo relieve que representa el nombre de Marta, con gloria de ángeles y otros adornos: el segundo cuerpo tiene cuatro columnas del mismo órden; en el intercolumnio del centro, una ventana, y en los laterales y extremos, las estatuas de san Vicente Ferrer, San Luis Beltran, san Lorenzo y san Vicente, mártir: el tercer cuerpo presenta, en el centro, una Asuncion de más de medio relieve, y á los la
dos, dos medallones, rematando el todo con una cruz, puesta sobre una esfera de bronce dorado.
Puertas. Tres son las puertas que abren paso al interior del templo. La principal, llamada del Miguelete, por hallarse al lado de la torre de este nombre; es pequeña, de un solo arco redondo y está precedida de un reducido atrio, cerrado con verja de hierro, sobre zócalo de piedra blanca. Las otras dos, que corresponden al crucero, practicadas la una enfrente de la otra, se denominan de los Apóstoles y del Palau (Palacio): la primera, que mira á la plaza de la Constitucion, es de estilo ojival y ofrece en los costados varias estatuas de personajes respetables, y en el arco de entrada, una Vírgen, rodeada de serafines tocando diferentes instrumentos músicos: la segunda da frente al palacio arzobispal; es de arco redondo, y son de notar en ella 14 cabezas; 7, de hombre, y 7, de mujer, colocadas debajo de la cornisa, que la decora en su parte superior. Estas cabezas, segun suponen los historiadores de VALENCIA, se colocaron en aquel lugar para recuerdo de los primeros guerreros que se casaron en la ciudad con doncellas, procedentes de otros pueblos, de las cuales se trajeron tambien un número considerable con el objeto de poblar la capital, y añaden: que el rey dotó espléndidamente á las feas, y que, en memoria de este suceso, se grabaron al pié de cada cabeza los nombres de los primeros casados y el número de doncellas que cada uno trajo, á saber: Beltran y Berenguela vinieron, con 50 doncellas, de Lérida; Guillen y Berenguela, con 40, de Alcaraz; Francisco y Remonda, con 50, de Alguaira; Pedro y María, con 70, de las Borgias; Remon y Dolza, con 40, de Valdemolins; Domingo y Remonda, con 34, de Daroca, y Bernardo y Floreta, con 26. El total de mujeres ascendía á 300. Interior de la catedral. Se compone de tres naves, formadas por 25 bóvedas, que descansan sobre 42 machones cuadrados, los cuales presentan en cada frente dos pilastras con capiteles corintios: el friso ó zócalo, así de los pilares como de todos los muros del templo, es de jaspe de colores; las paredes, pilastras y bóvedas, son de escayola, y los capiteles y molduras de los arcos, dorados. La nave central, dividida en la quinta bóveda, de Oriente á Occidente, forma el crucero, en cuyo centro se halla el cimborio, que es de figura octágona, con cielo raso y sin linternas; pero con grandes ventanas colocadas en todos sus lados. Las pechinas, que constituyen los ángulos de la bóveda, contienen á los cuatro evangelistas, y la sexta bóveda cubre la capilla mayor. Las naves laterales se unen en semicírculo por detrás de esta capilla, en cuyo espacio se cuentan hasta ocho bóvedas. La longitud total del templo es próximamente de 99 metros; su latitud, en la extension del cruce. ro, 61; la que mide cada una de las naves laterales, 87539; el grueso de los pilares, por los costados, 4’269; en los frentes, 2’561. Las ventanas tienen, en vez de vidrieras, hojas de piedra de luz, casi tan trasparente como el cristal mismo: el pavimento está formado de pequeñas baldosas de jaspe negruzco.
Capillas. Se encuentran: una, á los piés de la iglesia, en cada extremo; 4, en cada uno de los costados, en el hueco de los arcos, y 8, en el semicirculo, detrás de la mayor. Estas últimas carecen de luz; las de los lados, están provistas cada una de una media naranja ó cúpula, que la recibe de su linterna.— La capilla mayor abunda en mármoles y jaspes; tiene 2 puertas laterales, con ventanas sobrepuestas, adornadas de columnas salomónicas y bajos relieves de mármol, que representan historias de los santos tutelares. El antiguo altar mayor era todo de plata; pero, incendiado en 1498, fué reemplazado por el actual, que cierran dos grandes puertas, perfectamente conservadas, cuyas pinturas, de un mérito sin igual, representan asuntos de nuestro Señor Jesucristo y su santísima Madre; se deben, segun documentos auténticos, á los artistas italianos Pablo Areggio y Francisco Neapoli, y Ilevan la fecha de 1506. En el centro se destaca una imágen de nuestra Señora, entre ricos cortinajes de tela de plata y seda. De las capillas laterales, citaremos, como principal, la destinada á parroquia bajo la advocacion de San Pedro, en la cual se admiran las pinturas de Joanes y de Palomino, así como la cúpula, los ángulos y lunetos de Don Vicente Victoria, canónigo de Játiva. En las capillas de San Sebastian y San Luis se encuentran respectivamente los sepulcros de Don Diego de Covarrubias y su esposa, y del arzobispo Don Martin Perez de Ayala; y en las restantes, se atesoran excelentes pinturas de los mejores artistas valencianos. Encima de la pila bautismal está colocado el cuadro colosal de Juan de Juanes, tan celebrado por los inteligentes.
Coro. Ocupa la segunda y tercera bóveda de la nave central: su sillería es toda de nogal y los asientos estan divididos por noventa columnas corintias de siete palmos de altura. En el centro del trascoro hay una puerta, que impide que la sillería tenga la debida uniformidad: las paredes laterales de este local están adornadas, en la parte exterior, con ó pequeños arcos, en cada lado, en cuyos huecos hay un altar, y en la del respaldo, son dignos de exámen los recuadros de alabastro, que representan pasajes de la historia sagrada, trabajados con arte exquisito y primorosa industria. Sala capitular. Fué construida, por el arquitecto Don Pedro Compte, á mediados del siglo xIV; circuye sus muros una gruesa cadena, que las galeras valencianas cortaron en el puerto de Marsella, donde se hallaban para su defensa y seguridad, en tiempo de Alfonso V de Aragon, y en su majestuoso recinto se encuentran colocados los retratos de todos los arzobispos y obispos de la diócesis. Reliquias y objetos preciosos. El tesoro de este templo encierra un considerable número de reliquias y ornamentos riquísimos; y en su archivo, multitud de documentos curiosos, como códices litúrgicos y un misal inglés, que perteneció á la antiquísima abadía de benedictinos de West Minster. Entre los objetos antiguos figura el escudo, en que se hallan colocadas las espuelas del rey Don Jaime y la brida de su caballo, cuyos curiosos objetos fueron entregados, el dia de su entrada en VALENCIA, á su caballerizo mayor, Don Juan de Pertuza, á fuero y estilo de Cataluña. Torre mayor. Las obras de esta torre, llamada el Miguelete (Micalet, en valenciano), del nombre de su campana mayor (María MICAELA), bautizada el dia de san Miguel de 1521, dieron principio en 1381 y terminaron en 1525 (144 años) bajo la direccion de los arquitectos Don Juan Franc y N. Amorós. Es de planta octágona y tiene: 5 metros 550 centímetros por cada frente; 44 300 de elevacion; sus muros, hasta la altura de las campanas, 5 de espesor, y algo ménos desde éstas al remate. Corona la obra un antepecho calado, guarnecido de imágenes, que cierra la explanada á manera de terrado, con que termina la parte superior, y en cuyo centro se colocó por la ciudad, en un arco de fábrica, la enorme campana del reloj, que pesa, segun consta en documentos archivados, 215 quintales (9.892 kilógramos próximamente). El campanario cuenta además 10 campanas; la escalera que da ascenso á la referida explanada, 205 escalones. Para construir esta enorme torre hubo que comprar y demoler II casas contiguas, que fueron tasadas en 853 libras (3.220 pesetas aproximadamente), sin comprender los censos á que estaban afectas. Memorias históricas. La suntuosa basílica, cuya somera descripcion hemos terminado, es monumental hasta por sus recuerdos históricos, aun anteriores á su fundacion. Pocas veces sucede que un pequeño espacio de tierra haya sido testigo de tan varias y profundas revoluciones en la vida social de un pueblo. La famosa catedral de VALENCIA fué fundada sobre el antiquísimo solar de un templo gentil, consagrado sucesivamente: por los romanos, á Diana; por los visigodos, al Salvador; por los árabes, á Mahoma; por el Cid, al apóstol san Pedro; por el rey Don Jaime I de Aragon, á Marta Santísima, viniendo de este modo á ser el reflejo de las tres poderosas civilizaciones, las cuales, en sus respectivas y grandes estaciones históricas, se enseñorearon de la conciencia de la humanidad. 2.° Parroquias. Aparte la metropo
litana, cuéntanse 14, que son: San Martin, San Andrés, Santa Catalina, Santos Juanes, San Pedro, Santo Tomás, San Lorenzo, San Salvador, Santa Cruz; San Bartolomé, San Nicolás, San Miguel, San Valero y la Castrense. En todos estos templos brilla una arquitectura despejada y sólida, elevándose sus gallardas torres y sencillas cúpulas sobre los tejados de la ciudad. En el interior aparecen espaciosas, claras y decoradas con exquisito gusto, reinando en todas ellas cierto estilo particular que las hace muy semejantes: una nave central y dos colaterales formando capillas, cuyos arcos de entrada se elevan hasta la bóveda, constituyen el tipo general. Los arcos están sumamente adornados con molduras de blanco y oro, de agradable efecto, y en algunas se ven colocadas, entre uno y otro arco, estatuas colosales de los antiguos patriarcas y profetas. Siendo VALENCIA cuna de tantos célebres pintores, cuya escuela ha competido con la sevillana, no hay para qué decir que en todos estos templos se hallan con profusion frescos y cuadros excelentes, que dan mayor realce al mérito de la arquitectura. 3.° Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados. Las obras de este lindo oratorio dieron principio en 15 de Junio de 1652, bajo los planos y direccion del maestro Diego Martinez Ponce de Urrana, quien lo dejó terminado en los comienzos del año 1667, tal como hoy se encuentra, salvas pequeñas variaciones.
Exterior. La capilla presenta tres fachadas: la principal, que da á la plaza de la Constitucion, tiene dos puertas con arcos, columnas y pilastras dóricas, y otras de órden jónico que suben hasta la altura de la cornisa; frontispicios triangulares quebrados, friso y tres balcones, con pequeñas columnas, igualmente dóricas. Esta fachada tiene unos 27 metros de latitud y 39 de altura, contando hasta la cruz, que se eleva sobre la linterna de la media naranja: las otras dos restantes dan frente á la catedral y calle de la Leña; son por el mismo estilo que la anterior, y, como ella, están construidas de piedra y ladrillo.
Interior. Su alzado interior, trazado por el virrey conde de Oropesa, consiste en un óvalo perfecto de 13’662 metros de ancho por 18-785 de largo y 33-583 de elevacion, sin incluir el fondo de las capillas, con cuatro arcos y otras tantas portadas de órden jónico, y pilastras de mármol, de órden corintio, que suben hasta la cornisa del segundo cuerpo. Sobre la del primero, sobresalen siete balcones dorados, con columnas de jaspe, de órden compuesto, y, sobre ellos, ventanas, al arranque de la bóveda ó media naranja, que cierra el edificio, la cual fué admirablemente pintada al fresco por Don Antonio Palomino. En 1767se colocó el pavimento de mármol, traido exprofeso de Génova, en 20 de Abril del mismo año; se pintaron los óvalos que existen entre las cuatro ventanas; se doraron los canes de la cornisa, y, en 1818, se cambió el retablo mayor, que consistía en un pabellon de muy buen gusto, por el actual, que se compone de dos columnas de jaspe, de 4’696 metros próximamente, con pilastras y contrapilastras de órden corintio, que reciben los arcos, y en el centro, el nicho. Fuera de la mesa, sobre un zócalo, descansa el tabernáculo, compuesto de cuatro columnas corintias de más de un metro, y tanto ésta, como las figuras alegóricas de los cuatro evangelistas, que la sostienen, el tabernáculo, las estatuas de san Vicente, mártir, y san Vicente Ferrer y demás accesorios, son de mármol blanco de Génova. El presbiterio está cerrado por una balaustrada de bronce, que acabó de colocarse en 1845: una ancha y cómoda escalera, que arranca de la sacristía, da acceso al camarin, que es un cuadrado, de más de ó metros, con pavimento de mármol de Génova, y 12 columnas de mármol buscarro, de órden corintio, de 3/740 metros, sostienen su hermosa cúpula. La santa imágen se encuentra dentro del nicho, colocada sobre un trono de nubes de plata, que figuran sostener dos ángeles del mismo metal: tiene sobre 1’484 metros de altura, y su rostro, así como el del Niño Jesus, es verdaderamente peregrino. En la mano derecha lleva un ramo de azucenas de pleta, v sn diada túna. manto y demás ropaje, se hallan literalmente cuajados de perlas y pedrería de inestimable valor, dádivas riquísimas de los reyes y otros personajes. 4.° Casa natalicia de san Vicente Ferrer. Tiene esta pequeña iglesia cerca de 19 metros de longitud por 5’123 de latitud, y su bóveda, único resto de la obra antigua, se compone de cuatro arcos precintados, de órden gótico, con los escudos de armas de la ciudad en sus claves: lo demás se renovó en los años 1676 y 77, segun se expresa en una lápida de mármol blanco, que se encuentra colocada en la parte exterior, á la derecha de la puerta. En el retablo se ve la santa imágen, cuyo nicho cubre un lienzo pintado por el célebre Jerónimo Espinosa, que representa: al noble Guillen Ferrer, mirando al niño Vicente, á quien la comadre está mudando los pañales, que le entrega una criada, y en último término, á Constanza Miguel, incorparada en la cama, en actitud de tomar una taza, que le presenta otra criada. Debajo del mismo presbiterio se conserva el pozo antiguo de la casa, que bendijo el santo, y del cual se da agua á cuantos la piden: la afluencia de gente que acude á este pozo, es considerable; particularmente, durante el novenario, que empieza al dia siguiente de su festividad. 68. Edi ficios públicos.—No es VALENCIA de las poblaciones que se dis Itinguen por el número de sus monumentos arquitectónicos; pero los pocos que posee, sobresalen en cierta gentileza y majestad que, al par que revelan su antigua importancia, los hacen dignos del estudio y estimacion del viajero. Hé aquí los más notables. 1.° Aduana. Está situada en un extremo de la ciudad, junto á la que fué puerta del Mar, y para su construccion, como ya hemos dicho, se derribaron la aduana vieja y varias casuchas contiguas de aspeto miserable. Forma un paralelógramo rectángulo, cuyo lado mayor, que es el de su frente, mide 65 metros próximamente, y el menor, 61. Su altura total pasa de 22 metros, divididos de este modo: el plan-terreno, 5’123; el entresuelo, 4’260; el principal, 6489; el segundo, 4’525, y el desvan, 1’963. Su plano y direccion se deben al arquitecto Chilabert, el cual dió principio á la obra en 17 de Abril de 1758. Exterior del edificio. Apoyadas sobre su zócalo, se elevan las cuatro fachadas, dando sus frentes al Nordeste, Noroeste, Sudoeste y Sudeste. La principal, que mira á la Glorieta, ó sea al Nordeste, presenta: en el piso del plan-terreno, la puerta de entrada, que termina en arco de medio punto de doble curvatura, con otras dos laterales y 3 ventanas con rejas á los lados; en el entresuelo, 8 ventanas, y en el principal y segundo, 8 balcones: desde su zócalo, en medio de los macizos de ventana á ventana, suben unos pilarones lisos, y en los extremos, de cortes y almohadillados, los cuales, aunque poco avanzados, demuestran dos pabellones de sillería; desde el primer piso hasta la cubierta y aplomo de los pilastrones, se elevan unas pilastras de órden dórico denticular, extraidas del teatro Marcelo en Roma, que reciben la cornisa. Las ventanas del piso principal se hallan guarnecidas de marcos, como las restantes; pero éstas están coronadas por sus frontones, que son, alternativamente: unos, circulares; y otros, triangulares: en medio de esta misma fachada, se ve un pabellon, en que, además de los pilastrones de cortes y almohadillados, hay dos pilastras dóricas, las cuales, elevándose hasta el primer piso, reciben la cornisa del balcon corrido, en cuyo centro se destacan de relieve las armas reales de Cárlos III. Desde este piso hasta la cubierta, sigue el mismo pabellon; pero de órden dórico, y forma su remate un timpano circular, coronando la obra, sobre uu zócalo escorciado, la magnífica estatua de aquel monarca, de 4’525 metros de altura, y á sus lados, simbolizadas por dos matronas, la Justicia y la Prudencia. Lo restante de la fachada termina en una balaustrada, en la cual, á plomo de los pilastrones, hay jarrones, colocados sobre pedestales, distinguiéndose entre éstos las guardillas ó tragaluces, adornadas con fronteras circulares. Las demás fachadas siguen
el mismo órden, salvo el pabellon del medio, pues sólo la que da frente á la plaza del Príncipe Alfonso, ofrece en el centro una puerta de forma cuadrada. Interior del edificio. Se encuentra distribuido en esta forma: pasado el zaguan, se llega á un vestíbulo, en que se ven, á derecha é izquierda, las magníficas escaleras que, formadas por tramos diferentes, se juntan en cada piso en un mismo y anchuroso rellano, donde están las puertas de los salones. En el plan-terreno, frente á la entrada principal, hay una gran puerta, que conduce á dos grandes descubiertos, divididos por un corredor, con tres arcos, rebajados, que sirven para el tránsito de uno á otro: los tramos de sus costados son espaciosos almacenes: en el entresuelo y demás pisos superiores, están las salas de elaboracion de cigarros, oficinas y habitacion del director. Este local, dedicado á fábrica de cigarros, por traslacion de la aduana al Grao, quedó terminado en 1760 y por su sólida construccion y sus hermosas proporciones se halla al nivel de los edificios de primer órden. 2.° Lonja de la seda. Vasto monumento, de forma irregular, notabilísima por la belleza y elegancia de sus formas, y más áun, por la originalidad de su construccion. Forma y dimensiones. El todo del edificio pertenece á la arquitectura gótica y su planta forma un cuadrilongo, cuyo frente, que mira á la plaza del Mercado, tiene unos 52 metros de desarrollo por 38 próximamente de profundidad. A specto exterior. La fachada principal, que da al Mediodía, se divide en tres partes: el centro está ocupado por una torre maciza y cuadrada, más alta que el resto del edificio; el ala de la derecha, desprovista de toda ornamentacion hasta los dos tercios de su altura, presenta despues una galería de agradable efecto, en que se ven mezcladas las dos arquitecturas, ojival y árabe, y, entre sus vistosas ventanas, campean elegantes columnas, que sostienen los bustos y las armas de los reyes de Aragon y de Castilla. El ala izquierda, por el contrario, desnuda en su parte superior, se halla sobrecargada, hasta la mitad de su altura, de un cúmulo de detalles de arquitectura, notables por la variedad y pureza de la ejecucion. Dos contrafuertes, á manera de agujas, dividen esta parte de la fachada en tres compartimientos verticales: en el de en medio, está la puerta, compuesta de arquitos concéntricos en degradacion, entre cuyos bordes se distingue un primoroso calado de ángeles, animales, florones y hojarasca, desfigurados completamente por las diferentes manos de pintura que han recibido. Esta puerta, á la cual se sube por ocho gradas de piedra, se encuentra dividida en dos por un delgado pilar, y en su chapitel, aparte los follajes que le sirven como de canastillo, se ve una figura desnuda y vuelta de espaldas, que se supone ser un alzado en quiebra, á quien el verdugo aplica un jeringazo: la parte superior de la puerta se halla cubierta por un plano en que se destacan las armas que el rey Don Cárlos III dió á aquel consulado, en 1777; una serie de follajes sirve de base á una gran faja, que puede llamarse cornisa del primer cuerpo, y en el centro hay un recuadro con las armas de Aragon. La fachada posterior es por el mismo estilo; aunque ménos recargada da adornos, y las laterales, tienen también sus puertas en el centro, adornadas con varias figuritas. El edificio aparece coronado de almenas, figurando guirnaldas de un efecto excelente.
Interior. Forma un gran salon paralelógramo, que mide 36 metros de largo por 22 de ancho, dividido en 3 naves, sostenidas por 24 columnas salomónicas, 16 de las cuales se hallan embebidas en los muros laterales, y las 8 restantes, aisladas en el centro, sosteniendo los arcos de las bóvedas, que se cruzan con la más perfecta simetría. En el cuerpo de la derecha está la suntuosa sala en que se reune la junta de comercio, las habitaciones del alcaide y las oficinas; en el de la izquierda y en toda su extension, hállase el gran salon, donde se juntan los mercaderes, y en el centro, la torre de que hemos hablado, cuya parte baja ocupaba la capilla, y en el resto, las antiguas habitaciones ó cuartos destinados para los detenidos por el tribunal. Todos los departamentos interiores se encuentran adornados con exquisito gusto y delicadeza, constituyendo la parte más notable el vasto salon principal, que forma, puede decirse, una parte independiente del resto del edificio. Breve reseña histórica. En la parte meridional y en la misma línea del muro de la antigua ciudad árabe, levantó una infanta mora, hija, segun algunos, del rey Alhaken, á fines del siglo X, un grandioso palacio, que servía al propio tiempo de ornato y defensa á esta parte de la poblacion. Conquistada ésta despues por el Cid, abandonada por su esposa Doña Jimena, incendiada por Don Alonso VI, rey de Castilla, y reedificada por Jucef I, siguió la misma suerte este alcázar, hasta que, ganada VALENCIA por Don Jaime, tocó, en el reparto general de las casas y heredades, á Don Gilaberto Zanoguera, caballero catalan, y con motivo del ensanche que se dió á la ciudad en el reinado de Don Pedro IV, se demolió por segunda vez, construyéndose en su sitio varias casas pequeñas, destinadas al comercio de mercería; pero como aumentara luégo la poblacion y con ella el movimiento mercantil, se trató de edificar un suntuoso edificio, para que se reuniesen los mercaderes, y, en 1482, se compraron 13 casas de los caballeros Zanogueras y otras 12 con Itiguas, en la calle de Arrocers, y se dió comienzo á la construcion de la Lonja o Casa de Contratacion, bajo la direccion de Don Pedro Compte, maestro de obras de la catedral. 3.° Temple. Por una bien entendida combinacion, distínguese en este edificio la parte más notable, el templo, el cual, á la vez que se destaca del todo de la obra por su mayor elevacion, su severidad, armonía, sus esbeltas media naranja y linterna y sus dos campanarios, reune en su conjunto la solidez, la conveniencia, la donosura y la comodidad.
Exterior. La fachada principal tiene más de 63 metros de frente; de éstos, 27 corresponden á la iglesia, en la cual, el director de la obra, aprovechando la desventaja que ofrece un pequeño desnivel del terreno, levantó la fachada sobre 3 gradas de piedra, que la ciñen en toda su extension, formando una mesilla de unos 3 metros de ancho, que abraza las 3 puertas del templo: sobre los zócalos y basas correspondientes se elevan á pilastras y 2 medias columnas de cerca de 13 metros de altura, con capiteles de órden compuesto, enlazados con festones y otros adornos de excelente gusto. La puerta del medio tiene su tímpano, y sobre la repisa, que sigue toda la línea, se levanta un arco ó segmento de medio círculo, con su reja florislada, por donde penetra la luz al coro interior: sobre el expresado arco descansa el escudo de armas reales, y en el remate se eleva una gran cruz, con 2 estatuas á los lados, que representan la Religion y la Devocion, ejecutado todo por Don José Puchol. Sobre las 2 puertas laterales hay 2 balcones, con su guarnicion y cierro, y 2 colgantes de flores que llenan todo aquel espacio; á los lados se levantan, por último, las dos torres indicadas. Lo restante del convento no es ménos suntuoso: la fachada, que se une á la iglesia, tiene 37 metros de frente, con 22 balcones y 10 rejas, distribuidos en los tres pisos; está toda ella construida de sillería primorosamente labrada, y la corona una cornisa de más de un metro de vuelo. La fachada posterior es igualmente hermosa, adornada de rejas y balcones.
Interior. La iglesia, que es de las más capaces de la poblacion, consta de 3 naves, de elevada bóveda, precedidas de un ancho pórtico, sobre el que se halla el coro principal: las pilastras estriadas; los capiteles corintios, que reciben la cornisa; los 10 balcones de las tribunas; el crucero espacioso, claro y despejado, en cuyo centro se ostenta la media naranja con su linterna y 8 grandes ventanas, completan la magnificencia regia de este recinto. En medio del presbiterio se encuentra el altar mayor, que se reduce á un tabernáculo aislado, de órden corintio: sus dos primeros cuerpos son de jaspe; y, sobre ellos, hay 8 columnas pareadas, dos en cada ángulo, de piedra verde, y otras tantas pilastras de jaspe, con sus capi
teles dorados y cornisa de piedra pajiza, que sostienen á arcos, los cuales reciben el cascaron que cubre el tabernáculo, rematando en una estrella circular de bronce dorado: dos estatuas de ángeles, de tamaño natural, y ocho pequeñas, colocadas sobre el rebanco de la cornisa, en cada ángulo, dan mayor realce al conjunto. A la izquierda de la entrada se halla la puerta del panteon, que forma una magnífica capilla, dedicada á san Jorge, con un precioso altar de mármoles y jaspes; y á la derecha, un altar, con la imágen del Niño Jesus en el templo, en actitud de enseñar á los doctores, todo de mármol blanco.
Finalmente, en el pavimento, frente de la puerta, se ve una gran lápida, de la misma materia, con el retrato, en medio relieve, de Don Bernardo Despuig, XII maestre de Montesa. Breve reseña histórica.—El invicto conquistador concedió á los caballeros templarios el palacio del rey moro, que ocupaba parte del local de este edificio, donde erigieron una pequeña iglesia, con varias habitaciones: extinguida aquella órden en 1312, pasó el local, en 1317, á los de Montesa: en 1748, á consecuencia de los terremotos, que experimentó aquel reino, se arruinó el castillo de esta órden, levantado en las cercanías de Játiva, lo cual dió motivo á la construccion de este soberbio edificio, cuyas obras empezaron en 1761, segun los planos del arquitecto Don Miguel Fernandez, anticipando el rey Don Cárlos III la suma de 2.490.000 reales. Este suntuoso templo sirvió de almacen de la aduana desde 1836 hasta 1848, en que, accediendo el Gobierno á reiteradas instancias, lo devolvió á los caballeros de la órden, reparándose parte de los desperfectos que había sufrido. En la actualidad ocupan este magnífico local el Gobierno civil y la Delegacion de Hacienda con sus respectivas oficinas. 4.° Colegio de San Pío V. Se encuentra situado sobre la márgen izquierda del Turia, dando frente á la ciudad, por su lado Norte, y formó parte en otro tiempo del palacio real. Dos torres cuadradas, que terminan en una balaustrada sencilla, se elevan á los extremos, y á su derecha, la iglesia, la cual tiene sobre la puerta principal un medallon, que representa al santo papa en actitud de orar. El edificio fué fundado en 1682 por Don Tomás de Rocaberti, arzobispo de VALENCIA; perteneció á los clérigos menores, llamados de San Pío V, y, posteriormente, se le destinó á hospital militar. 69. Conventos. — VALENCIA cuenta en la actualidad, dentro del casco de la poblacion, 14 conventos de religiosas, denominados de: la Encarnacion, la Presentacion, Puridad y San Jaime, Belen, Jerusalen, Santa Clara, Santa Catalina de Sena, Santa Ursula, San José, Corpus Christi, San Gregorio, Santa Rosa de Lima, Santa Tecla, y del Pié dela Cruz. 70. Alturas.—Conocidos ya los principales edificios, que cuenta la capital, daremos una relacion de sus alturas respectivas, tomadas desde el suelo al extremo de su veleta, ó punto más elevado, para que se conozca mejor la proporcion que guardan entre sí; debiendo advertir que estas alturas no están determinadas sobre el nivel del mar, sino sobre el suelo que cada uno ocupa, pues podría suceder muy bien que alguno apareciese más bajo que otro, estando en realidad más alto, como sucede, por ejemplo, con la estatua de Cárlos III, colocada, segun hemos dicho, en la aduana vieja, la cual se encuentra á mayor altura que la veleta de la Escuela Pía, sobre el terreno en que ambos edificios se hallan colocados, siendo así que este último está indudablemente más elevado que aquél sobre el nivel del mar. La veleta de la torre del Miguelete tiene próximamente 61 metros de altura; la de Santa Catalina, 38; la de San Lorenzo, 45; la de San Nicolás, 44; la de San Martin, 43; la de San Bartolomé, 43; la de la Escuela Pta, 42; la de Santo Tomás, 39; la de Santa Cruz, 38; la de los Santos Juanes, 38; la de la Virgen de los Desamparados, 34; la de las torres del Temple, 32, la de San Miquel, 21; la cabeza de la estatua de Cárlos III, 42; la cruz de la fachada principal de la catedral, 33. De modo que el Miguelete se halla: 28 metros más alto que Santa Catalina; 16, que San Lorenzo; 17, que San Nicolás; 18, que San Martin; 18, que San Bartolomé; 19, que la Escuela Pía; 22, que Santo Tomás; 23, que Santa Cruz; 23, que los santos Juanes; 27, que la Virgen de los Desamparados; 29, que las torres del Temple; 40, que San Miguel; 19, que la cabeza de la estatua de Cárlos III, en la aduana vieja; y 28, que la cruz de la fachada principal de la catedral. 71. Distancias.— La capital que nos ocupa, dista: 2 kilómetros del Mediterráneo; 8, del lago de la Albufera, y 420, Estesudeste, de Madrid, por ferrocarril. 72. Cuarteles.—VALENCIA cuenta 9 cuarteles (uno más que la capital de España), y, sin embargo, la ciudad, propiamente hablando, carece casi por completo de edificios, levantados exclusivamente para este objeto. Las tropas de la guarnicion se hallan acuarteladas en los puntos siguientes: cuartel nuevo, el más vasto y elegante, construido recientemente junto al antiguo convento de San Juan de la Ribera, frente al puente del mar; parque de artillerta; fuerte de la ciudadela; cuartelillo de la Guardia civil, situado en la calle del Gobernador Viejo, y exconventos de: Santo Domingo, en la plaza de Tetuan; Pilar, en la de su nombre; Refugio, frente al hospital civil; San Francisco, en la plaza de igual denominacion, y Monte Olivete, sobre la orilla meridional del río. 73. Sociedades y corporaciones cientlficas.—Entre las muchas y bien montadas instituciones de este género, que ha ofrecido y ofrece todavía la ciudad que nos ocupa, ya para ingresar en la carrera de las ciencias, ya para proporcionar á todas las clases una instruccion adecuada á sus necesidades ó á su estado, haremos mencion de las siguientes: Sociedad Económica de Amigos del País, creada en 14 de Julio de 1776, y cuyo objeto primordial tiende á difundir los conocimientos útiles y promover en cuanto esté á sus alcances el bienestar fisico y moral de los habitantes del país.— Liceo Valenciano, inaugurado en Octubre de 1838, se ocupa principalmente del fomento de las ciencias, de las letras, de las artes y del recíproco estímulo de los socios que lo constituyen.—A cademia de Medicina y Cirugía, fundada por decreto de 28 de Agosto de 1830, cuyos trabajos se limitan al cuidado de la salud pública, á los progresos de la ciencia de curar, á la estimacion de sus profesores, al fiel cumplimiento de las disposiciones del Gobierno en aquellos ramos é informes al mismo y á las autoridades locales de cuantos asuntos se relacionen con la salubridad pública; siendo asimismo de su incumbencia el importante y dificil ramo de la Medicina legal, en las causas civiles, canónicas y criminales.—Instituto Médico Valenciano, inaugurado en 8 de Marzo de 1841; cuida de proporcionar á sus individuos la mayor instruccion posible y contribuir á la union, decoro y bienestar de la clase.—Sociedad del Museo, formada á mediados del presente siglo con el objeto de proteger las ciencias y las artes.—Colegio de abogados, constituido en 21 de Mayo de 1759; el de escribanos, cuyo primitivo establecimiento se remonta á la época de Don Jaime I de Aragon. 74. Instruccion pública.—En el número de los establecimientos consagrados á este importantísimo ramo, figuran: la universidad, con Facultades de jurisprudencia, Medicina y filosofia; el seminario conciliar, fundado en 1790; el instituto de segunda enseñanza; Escuela Normal; Academia de las Bellas y Nobles Artes, con clases de perspectiva, flores y ornatos, escultura, grabado y arquitectura; conservatorio de artes; multitud de colegios; numerosas escuelas primarias, especiales y privadas; establecimientos para la educacion de señoritas; cátedras de escribanos y de agricultura; colegio de educandas y de huérfanas de militares; escuelas de comercio y públicas de niños. 75. Museo provincial.—No hace muchos años (ignoramos si posteriormente habrá sufrido este órden alguna alteracion), los cuadros del precioso museo provincial estaban repartidos en tres departamentos: en el piso bajo se hallaban los más inferiores; en el principal, los de mediano mérito, y en una sala separada, los considerados como la obra maestra de sus
autores, y no es de extrañar que siendo VALENCIA y su reino patria de tantos célebres artistas, se admiren en aquel museo tan multiplicadas muestras de su inteligencia y exquisito gusto. La riqueza que encierra en tablas antiguas, es verdaderamente digna de un detenido estudio, sobresaliendo las pinturas de la escuela valenciana, de las cuales haremos algunas ligeras indicaciones, siguiendo el juicio formado por el autor del antiguo Boletin de la Sociedad Económica. Al frente de esta escuela aparece, como es consiguiente, el justamente celebrado Don Juan de Juanes, á cuyo pincel se deben el Ecce-Homo y los dos Salvadores que se ven en el salon, en el cual existió tambien un san Francisco de Paula, que era la admiracion de los inteligentes, y que, en virtud de una real órden, pasó á la parroquia de los Santos Juanes, donde suponemos que se conservará todavía. Entre las infinitas pinturas del padre Borrás se encuentran la Coronacion de espinas, la calle de la Amargura, la Cena, la Oracion del Huerto, santa Ana y san Sebastian, que se distinguen por su buen empaste y singular colorido. De Cristóbal Zariñena hay un cuadro de la Virgen, san Juaz y la Magdalena; tres pequeños, que representan á san Francisco, un obispo y san Cristóbal, pintados todos con maestría. Francisco Ribalta, que desgraciadamente apénas llegó á ser conocido fuera de su patria, demostró dotes eminentes y es admirable cuando imita á fray Sebastian del Piombo: sus cuadros de san Pedro y san Pablo, san Vicente Ferrer, san Francisco, los cuatro Doctores y los Evangelistas, y una Coronacion de la Virgen, dan una idea perfecta de su particular talento. Su hijo Juan, á no haber muerto en la flor de su edad, le habría tal vez aventajado, á juzgar por el notable lienzo de la Crucifixion, inventado y pintado á los 18 años. Jerónimo de Espinosa tiene los cuatro grandes cuadros que representan asuntos de la vida de san Luis Beltran y de su gloriosa muerte; el de san Pedro Nolasco, arrodillado ante la Virgen de Puig; dos que representan al Señor con la cruz á cuestas, y el de la Comunion de la Magdalena, tan celebrado por su excelente composicion. A Don José Camaron pertenecen los lienzos de la Virgen de los Desamparados, la Muerte de san Francisco Javier, el Beato Lorenzo de Brindis, saz José y nuestra Señora del Temple, y san Jorge de Alfama; á Don Luis Antonio Planes, el del Glorioso martirio de san Pedro, mártir; á don Mariano Maella, los Funerales del beato Bono; al pintor de Cámara Don Vicente Lopez, la Virgen de la Merced, santa Ana, enseñando á leer á nuestra Señora, y las A lmas; al director de la Academia de San Cárlos de VALENCIA, Don Vicente Castelló, un santo arzobispo, san Miguel y san Fernando. Además se conservan: de Vicente Salvador Gomez, la Vida de santo Domingo y un san Pedro Nolasco, escribiendo ante la Virgen; de Juan Conchillos, la Vida de san Benito; de Gaspar de Huerta, un renacimiento; del padre Villanueva, los lunetos que decoran el claustro interior con la Vida de san Francisco, y á Don José Vergara, los otros lunetos, que representan la Vida de san Pedro Nolasco, santa Teresa de Jesus, la Virgen de la Merced, y el de la Concepcion, que está señalado como el mejor de sus cuadros. Finalmente, se cuentan otros muchos que honran aquel templo de la pintura y cuyo número no pasa de 700. El museo, situado en el convento del Cármen, se halla bajo la inspeccion de la Academia. 76. Bibliotecas. — Además de las particulares, que son muchas y nutridas, hay dos destinadas exclusivamente para el servicio del público, que son las de la universidad y palacio del Arzobispo. La primera, creada por el insigne literato Don Francisco Perez Bayer, en 1785, y enriquecida con 20.000 volúmenes, fué incendiada por una bomba, durante el asedio que en 1812 sufrió la ciudad por los franceses; pero construida de nuevo, con grandes mejoras, quedó abierta al público en Enero de 1837, y á mediados del presente siglo contaba ya más de 40.000 volúmenes, que contenian toda clase de ciencias y literatura. En el ramo de Biblias es sumamente rica, pues además de las cuatro famosas políglotas, á saber: la complutense (la del cardenal Cisneros), la de Arias Montano; la parisiense de Le-Jay y la londinense de Walton, hállase una numerosa coleccion de hebreas, griegas y latinas, y entre éstas, la antigua itala, la Biblia grande de La-Haye y todas las traducciones españolas, empezando por la de Valera y Ferrara. La coleccion de los Santos Padres es igualmente riquísima, pues, además de las obras antiguas, se encuentran tambien las mejores y más voluminosas colecciones de concilios generales y nacionales. De teología, en sus varias divisiones (dogmática, controvertista, casuística, escolástica, moral y expositiva), existen las más notables obras, tanto antiguas como modernas; en autores de derecho canónico, así institutistas como decretalistas, y en jurisprudencia civil es abundantísima. De economía política, no solamente se hallan las obras antiguas, sino tambien las modernas, comprendida la coleccion de economistas publicada en Paris no hace muchos años. En historia nada deja que desear, pues se cuentan todos los historiadores y cronistas antiguos, tanto de historias generales como de provincias y ciudades determinadas; y en la eclesiástica, figuran la mayoría de los escritores; entre ellos, los bolandistas y Baronio, con la continuacion de Reinaldo. En ciencias naturales se han hecho las más preciosas adquisiciones, lo mismo de Medicina y cirugía, que de botánica, zo0 logía, mineralogía y química. Asimismo posee una curiosa coleccion de libros de caballería, á cuyo frente aparece el rarísimo de: Tirant lo blanc, y más de 300 volúmenes, ediciones del siglo xV, entre las cuales se encuentra el único ejemplar del poema sobre la Concepcion de la Virgen, que fué la primera obra que se imprimió en España en 1474.—La biblioteca del palacio arzobispal, fundada en 1762 por Don Andrés Mayoral, estuvo colocada en cuatro espaciosos salones del piso segundo, que forman la claustral del patio principal; hasta la guerra de la Independencia vinieron haciéndose en ella mejoras considerables, llegando á reunir lo más selecto en literatura y antigüedades, así como gran número de volúmenes, distribuidos en una elegante estantería de nogal, corrida por ambos lados en los cuatro salones referidos, y adornada con los retratos de los escritores más famosos del reino de VALENCIA; amén de dos salas reservadas, donde se custodiaban numerosos manuscritos antiguos y las obras más escogidas por su mérito artístico y literario; un rico museo de historia natural, con el pavimento de mosaico, y un copioso monetario; pero, en 1812, dos bombas, convirtiendo en un monton de escombros el piso segundo del palacio, redujeron tambien á cenizas aquel tesoro inestimable de las letras y de las ciencias. Sin embargo, el excelentísimo señor Don Simon Lopez se propuso desde el principio de su pontificado la formacion de una biblioteca, que consiguió en 1831, la cual recordará por lo ménos la magnificencia de la primera. Las materias que esta biblioteca contiene y el número de volúmeque contaba ya á los 20 años escasos de su fundacion, son los siguientes: Biblias, 224; expositores, 517; liturgias, 177; concilios, 140; Santos Padres y escritores, 488; teología dogmática, 568; teología moral, 416; teología cathechística, 85; teología predicable, 483; teología mística, 616; cánones, 758; derecho civil, 506; geografía y viajes, 338; cronología, 44; historia sagrada, 722; vidas de santos, 434; historia de las herejías, 25; historia profana, 1.380; historia literaria, 793; filosofía, 229; fisica, 56; historia natural, 77; Medicina, 58; matemáticas, 57; artes liberales y mecánicas, 55; diccionarios y gramáticas, 189; retórica y oradores, 125; poesía, 245; filología, poligrafía y miscelánea, 577. Total, 10.382. 77. Archivos.—El más importante es el del reino y antigua audiencia de VALENCIA, del cual formaban parte el de la antigua Diputacion, el de la Gobernacion y el del antiguo Justicia civil, que deben custodiarse todavía en la casa de ayuntamiento. A éste siguen despues: el de Don Mariano Tortosa, el del ayuntamiento, el de la audiencia territorial, el del arzobispo, el de la metropolitana, el de la capitanía general y el de la bailía, que corresponde al real patrimonio. 78. Beneficencia.—Entre los varios
establecimientos piadosos que sostiene la ciudad, para la asistencia de los desgraciados, merecen mencion especial los siguientes: 1.° Hospital general. El edificio que ocupa es suntuoso, regio y tan vasto, que casi podría considerarse como una pequeña poblacion. Los enfermos, los expósitos y los enajenados habitan en él con entera independencia. La parte destinada para enfermerías se compone de dieciocho salones, perfectamente distribuidos, ventilados y limpios, en los cuales pueden colocarse con toda comodidad más de 1.100 enfermos, convenientemente clasificados por sexos y enfermedades; la destinada á los expósitos es tambien espaciosa y cómoda, con su correspondiente estufa para preservarlos de la intemperie; y en el departamento de los locos se han introducido métodos adecuados para su curacion, desterrando completamente esos medios bárbaros de que venía haciéndose uso en vilipendio de la humanidad. En el mismo establecimiento existe tambien una casa de baños, con hermosas pilas de piedra: parte de ellas, destinadas exclusivamente á los enfermos pobres del hospital y á los que gratuitamente se reciben de fuera, previa certificacion del facultativo y párroco; y las restantes, con absoluta independencia y entrada separada, para toda clase de personas, mediante una módica retribucion. Además de estos departamentos hay otros, que ocupan las hermanas de la caridad, los empleados, las aulas de clínica y anatomía, botica, carnicería, horno, y, finalmente, la iglesia, que es parroquial, para todas las atenciones religiosas. 2.° Casa de Nuestra Señora de la Misericordia. Fué instituida en virtud de las deliberaciones del Gobierno de la ciudad de 3 y 18 de Junio de 1670, para albergue de los pobres que, careciendo de toda clase de recursos, vagaban desamparados por las calles de la capital y de su reino. En á de Agosto del referido año, puso la primera piedra de este grande edificio el arzobispo Don Luis Alonso de Cameros, quedando terminado en 1675 y poniéndose en práctica su instituto en 31 de Marzo. En 28 de Febrero de 1687 nombró la ciudad patrono perpetuo á los señores arzobispos, desde cuya época empezaron á establecerse los talleres de lienzos, bayetas, cintas y otras manufacturas, las cuales, á la vez que dan ocupacion á los recogidos, producen alguna pequeña utilidad. El número de pobres que actualmente sostiene es crecidísimo, contándose entre ellos multitud de niños de ambos sexos, tullidos, sordomudos, ciegos y mayores de 60 años. 3.° Casa de beneficencia. Se estableció en el convento de la Corona, en 1879, y su fábrica, reedificada casi completamente, contiene admirables y hermosos patios, cocina, horno, comedor y demás departamentos precisos. Despues de haberse apurado la más económica y severa policía para el aseo. limpieza y buen órden, se fundaron: una escuela de instruccion primaria; varias fábricas de paños, bayetas, tejidos, y, particularmente, alfombras del mejor gusto; y diversos talleres de carpintería, sillas, zapatería y otros oficios, que hacen de él uno de los establecimientos mejor montados de VALENCIA, así como de los más útiles y morales. 4.° Manicomio. El antiguo convento de Jesus, situado en las afueras de la poblacion, se halla hoy convertido en un elegante manicomio, y sus bien cultivadas huertas se ven trasformadas en frondosos jardines, por donde divaga multitud de dementes de ambos sexos. En 26 de Setiembre del año último, el número de estos desgraciados ascendía á 526: 319, varones, y 207, hembras, siendo de notar el que la locura de la mayor parte de las mujeres que ingresan en este establecimiento, reconoce por principal causa esa terrible enfermedad, que la ciencia designa con el nombre de: ain fomanta ó furor uterino. 79. Correccionales.—Vamos á conducir á nuestros ilustrados lectores á esas tristes moradas del crímen, en las cuales es muy posible que encuentren tambien algo que admirar.
1. Presidio. El establecimiento presidial de VALENCIA, no sólo llama con justicia la atencion de las personas entendidas y pensadoras, sino que es objeto de discreta curiosidad para cuantos visitan la poblacion. Su instalacion tuvo principio en 1780, y su orígen se atribuye á un depósito de presidiarios, que se había establecido en la cercana villa del Grao, con destino á las obras de su puerto. El convento de San Agustin, situado junto á la ex-puerta de San Vicente, fué el edificio que, con el apoyo eficaz del Señor Don José Serra, autoridad política á la sazon, pudo adquirirse para ofrecer limpia y cómoda vivienda á sus desvalidos penados. Sin ningun género de recursos y contando sólo con las pocas economías, que una bien entendida administracion alcanzaba de sus mezquinos haberes, se dió principio á las obras, reconstruyendo casi totalmente el ruinoso y desmantelado edificio, en cuyos patios hubieron de habitar y dormir, durante cuatro meses, tanto los confinados como sus jefes, por la falta absoluta de departamentos que ofreciesen la comodidad y las seguridades convenientes á los responsables de su custodia. Terminada la primera obra, que se reducía entónces á lo más preciso y que, posteriormente, vino ampliándose á medida que aumentaban las necesidades de la casa, hubo que pensar en el sistema penitenciario que más cumplidamente Ilenase el objeto de la sancion penal de las leyes; y las observaciones que el nuevo comandante Don Manuel Montesinos iba reuniendo con el continuo é íntimo roce de los penados, y el estudio moral que hacía de su viciada índole y perniciosos resabios, le decidieron por el establecimiento de los talleres industriales, que forman hoy el principal objeto de la penitenciaría. Partiendo del principio de que, si la ociosidad es la madre de todos los vicios y, las más veces, de los crímenes, el amor al trabajo debe ser la fuente más fecunda de todas las virtudes sociales, intentó hacer un ensayo de esta hermosa teoría, y de taller en taller y de industria en industria, consiguió, aunque con la lentitud que la escasez de recursos llevaba consigo, establecer talleres de ebanistería, carpintería, zapatería, alpargatería de cáñamo, piés de abanicos de todas clases, espartería, cestas de mimbres y de esparto, sastrería, hojalatería, herrería, cerrajería, torneros, armeros, mantas finas de colores y del país, hilanderías de lana á torno, de cáñamo, fábricas de cardas, cardadores de lana, tinte de lana y seda, tejidos de lienzos comunes, telas de algodon, de hilazas finas, imprenta con dos prensas, encuadernadores, cordoneros de seda, grabadores, torcedores de seda, tejidos de terciopelo, desde el más ordinario al más superior, damascos, rasos y tafetanes, peines, hormas, cordeleros, horneros, paisajes de abanicos comunes, cepillos, rastilladores de cáñamo, chocolateros, silleros y plateros, sobresaliendo generalmente los tejidos de seda y lienzos finos, la ebanistería y otros, porque, considerándose los talleres del establecimiento, más que como objeto de especulacion, como medios de enseñanza, se procuró en primer término el que los confinados aprendiesen con perfeccion el oficio á que se dedicaban. De este modo se utilizó, en provecho del Estado, un convento que, hallándose entónces en vías de arruinarse, consta hoy de los departamentos necesarios para dar taller á tantos obradores y ofrecer cómoda vivienda á todos sus empleados y á 1.500 confinados, que es la dotacion que puede contener este presidio; contándose además, con la debida separacion, los locales destinados para capilla, escuela de primeras letras, enfermería, botica, laboratorio químico, farmacéutico, herbario y horno de pan cocer. La educacion moral que reciben los penados en esta casa, consiste principalmente: en aprender á leer, escribir, contar, doctrina cristiana y dibujo lineal, aplicado á las artes; la industrial, en dedicarse á alguno de los oficios anteriormente indicados, segun su inclinacion y aptitud. A mediados del presente siglo, el producto de los talleres llegó á cubrir la mitad del presupuesto del establecimiento. Todas las primeras materias que se emplean en las citadas manufacturas, excepto el algodon, son del país, y los obradores están arrendados á artifices ó particulares libres. Para describir el régimen interior de este correccional, sería preciso descender á pormenores, cuya difusion los hace impropios de
este DICCIONARIO, y entrar además en explicaciones sobre la influencia de su mecanismo orgánico que, si bien de grande importancia para la severa disciplina que en él se observa, es sumamente dificil reseñar en apuntes de esta naturaleza. Para nuestro propósito, bastará indicar que el régimen penitenciario establecido en esta casa, mantiene en el más rígido órden de subordinacion y austera disciplina á un considerable número de penados, sin ningun género de fuerza armada; sin más seguridades ni cerraduras que las que se emplean de ordinario en una casa particular; sin deserciones que desacrediten esta especie de noble y severa confianza, y sin que se haga necesaria la imposicion de ningun castigo, sino de tarde en tarde; pues, prescindiendo de que el palo y el duro tratamiento, léjos de corregir y atemperar, exasperan al hombre y lo pervierten, la eficacia de las penas no consiste seguramente en la crueldad y en el oprobio, sino en la prudencia, en la constancia y en la rectitud. La augusta moral del Calvario, que es la augusta moral de la lágrima, la augusta y sagrada moral de la Virgen María, ha demostrado ya que no existe en el mundo más que una pena; la única admisible, porque es la única saludable: castigar educando, para que los goces de la educacion, de la moralidad y de la diligencia, hagan inútil el castigo. Hay que redimir, para evitar la horrible tarea de penar y de envilecer al que pudiera verse redimido. Pero el dogma sublime de Jesus y de sus apóstoles nos da una fórmula más clara: «castigar es hacer de modo que no se castigue á los que, no corregidos, merecerían ser castigados.» Por consiguiente, para la moral del Evangelio, castigar vale tanto como corregir. Al poner el pié en el presidio de VALENCIA, hay que repetir el saludo de los antiguos: «¡Alabado sea Dios!» O bien este otro: «¡Dios sea en esta santa casa!» 2.° Casa-galera. Por diferentes fueros y pragmáticas del reino de VALENCIA, adoptáronse antiguamente varias providencias contra las mujeres escandalosas y de vida airada; pero no siendo suficientes para atajar el mal por carecer de una prision capaz para encerrarlas, concedieron los síndicos de la junta de Muros y Valladares, en 13 de Setiembre de 1647, las torres de la puerta de Cuarte, y así que fueron habilitadas convenientemente, se dictó por aquella audiencia, siendo su presidente, virrey y comisario el arzobispo Don Pedro Urbina, real provision, fecha 27 de Marzo de 1651, por la que se concedía á tales mujeres el término de dos dias para que se recogiesen en sus casas y viviesen honestamente; y que las que no lo hiciesen, habían de salir de la ciudad y su término dentro de otros dos dias y de todo aquel reino, á los dos siguientes, bajo pena de ser capturadas, encerradas en dichas torres y castigadas con arreglo á las leyes. Las mujeres, que fueron recogidas y otras que los tribunales habían mandado por diferentes delitos, permanecian en aquel recinto el dia 5 de Junio de 1808, en que se acercó á la ciudad el mariscal francés Moncey; entónces, para poner en perfecto estado de defensa las expresadas torres, se trasladaron las reclusas á la casacofradía del gremio de zapateros, y ocupando despues el presidio las mismas fortalezas, se hicieron algunas obras en la citada cofradía, hasta que, verificada la exclaustracion, concedió el Gobierno y se habilitó convenientemente el convento de monjas de Santa Ana, adonde fueron trasladadas las reclusas en 1837. En este edificio adquirió luégo el establecimiento la suficiente anchura para contener buenos dormitorios, salas de trabajo, comedor, lavadero, patio y demás oficinas indispensables, pudiendo citarse hoy como modelo de limpieza y buen órden. Durante los dias de la semana, las reclusas se ocupan en las salas de labor en el hilado de cáñamo, lana, desperdicios de seda, tejidos de cintas y otros trabajos que hacen por cuenta de los fabricantes de la capital. Del producto de su trabajo se les da la mitad, en esta forma: la cuarta parte, á fin de cada mes, y el resto, al recibir la licencia. 3.° Cárcel de Sar Narciso. Las antiguas cárceles estuvieron instaladas en los sótanos de la Casa de la Ciudad; pero incendiadas por los presos en 1586, se habilitó el local de una casacofradía, establecida por unos mercaderes de Gerona en honor de aquel santo, y, en 1730, se fortificó y reparó en la forma que hoy tiene. El edificio es de antiquísima construccion y poco á propósito para el indicado objeto, si bien se ha procurado hacer los compartimientos necesarios para los presos de más ó ménos distincion, las mujeres y los muchachos, contándose: una capilla, una sala de audiencia, 8 salas más para los presos, 9 calabozos, 5 aposentos particulares, un zaguan, 3 patios, 5 comunes, 2 pozos y la habitacion del alcaide. 4.° Torres de Serranos. Fueron construidas, como fortalezas de la ciudad, durante las guerras con Don Pedro I de Castilla. Destinadas despues para cárceles por su notoria solidez y la seguridad que ofrecen, se procuró dar á sus variadas dependencias la conveniente distribucion, destinando para departamento de mujeres la torre llamada del Aguila, y para los hombres, el resto del edificio. Contiene éste: una capilla en cada departamento, con una habitacion para la portera, en el de las mujeres; y para el alcaide, en el de los hombres; 14 salas, 10 calabozos y otros varios aposentos, defendidos todos con buenos rastrillos, que aseguran las comunicaciones de los diferentes pasillos y escaleras; pero carece absolutamente de patios y otros descubiertos, adoleciendo por lo comun, como es consiguiente, de poca ventilacion y escasez de luces. Posteriormente se dió en el interior un blanqueo general y se hicieron algunas recomposiciones, con lo cual desapareció el aspecto asqueroso y tétrico que presentaba. 5.° Torres de Cuarte. Así que dejaron de ser ocupadas por la casa-galera y el presidio, fueron destinadas, como ya hemos dicho, á depósito de prisioneros. 80. Establecimientos de recreo y diversion.—El numeroso vecindario de la capital sostiene, dentro del casco de la poblacion: tres teatros de primer órden: el Principal, la Princesa y Apolo; un teatro-café, situado en la calle de Ruzafa; un casino; un círculo de comercio; lujosas fondas y elegantísimos cafés. 81. Pascos.—Además de los bellísimos parterres de las plazas del Príncipe Alfonso y San Francisco, ya mencionados, citaremos los siguientes: 1.° La Glorieta. Se halla situado entre los edificios de la aduana, la capitanía general y otros ménos notables, y fué construido, como queda manifestado, por Don Javier Elío, en 1817. Es de figura irregular y se halla circuido de una elegante verja de hierro. Su extension superficial mide 13.340 metros cuadrados; su mayor longitud, desde la puerta que da á la plaza de Santo Domingo hasta la que abre paso á la del Príncipe Alfonso, 170 metros; su mayor latitud, que es el punto que ocupa el gran salon central, 137: las otras calles de los costados son más estrechas; pero todas ellas se hallan vestidas de murta y ciprés, artísticamente recortados, con macetas de flores sobre pedestales. En uno de los lados se levanta un precioso bosquecillo, con peñascos elevados, cubierto de pinos, cedros, madroños, lentiscos, romeros y otras plantas selváticas, que forma gracioso contraste con la cultura de los jardines; y en los centros se ven cuadros plantados de gran variedad de arbustos, contándose entre los árboles que los adornan, infinitos naranjos, frutales, llorones, fresnos y otros, que ofrecen agradable sombra y embriagadora fragancia. Cuatro estatuas de mármol, que figuran las estaciones; un riquísimo invernáculo y una magnífica fuente, en que se destaca una hermosa escultura, que representa un triton rodeado de atributos marinos, contribuyen á embellecer aquel delicioso recinto que, en las noches de estío, aparece profusamente alumbrado por faroles de gas, sostenidos sobre airosos candelabros de hierro fundido. 2.° La A lameda. Se extiende al Nordeste de la poblacion, dando frente á ésta, en el intermedio de los puentes del Real y del Mar, y su creacion data del año de 1677, tiene 620 metros de longitud y 63.922, cuadrados de superficie. En el centro está el paseo de los carruajes; á la isquierda, mirando al Oriente, el de las personas á pié, compuesto de dos
calles: la una, á la parte exterior de los cuadros, algo más elevada que el paseo de los carruajes y defendida por un largo asiento con respaldo de hierro; la otra, por el centro del arbolado, con caprichosos cuadros de flores á los dos lados, é interrumpida de trecho en trecho, por plazoletas circulares, con asientos de piedra. Hermosean este paseo: un pequeño estanque; tres fuentes de hierro de exquisito gusto; dos, con tazas y figuras de mármol, en una de las cuales descuella una matrona, que representa la Abundancia, y á sus piés, como fiel guardian, un perro que sostiene las armas de la ciudad. A la derecha del paseo de los carruajes, corre paralela una calle de árboles; despues, el paso para carros y caballerías de carga, y, por último, otra calle que se extiende sobre el mismo cauce del río. 3.° Paseos de Serranos. Están situados á derecha é izquierda de la puerta de este nombre, circuidos de un enverjado de hierro; tienen 14.635 metros de extension; presentan igual forma y á ambos se entra bajando por una escalera de dos ramales que, reuniéndose en una meseta, termina luégo en un solo tramo, por el que se desciende á los salones, los cuales se componen de varias calles de árboles, embellecidos con vistosos cuadros de flores y un caprichoso y trasparente lago. 4.° Paseo del camino del Grao. Empalmando con el de la Alameda y el puente del Mar, se prolonga este anchuroso camino en una longitud de 3 kilómetros próximamente, plantado de cuatro hileras de añosos y copudos árboles, el cual, tanto por las pintorescas vistas que presentan las bien cultivadas huertas, que se extienden á los lados, cuanto por ser el que conduce á su hermoso puerto, ofrece en todo tiempo un aspecto sumamente animado y agradable. 82. Division municipal.— La audiencia territorial de VALENCIA, en virtud de real cédula de 13 de Agosto de 1769 (hoy, ley 1.a, título XIII, libro V de la Novísima Recopilacion), ejecutó y mandó observar por auto de 5 de Octubre siguiente la division del casco intramuros en á cuarteles y 26 barrios, en esta forma: I.°, cuartel de Serranos, 5 barrios, designados por su número ordinal; 2.°, cuartel del Mercado, 8 barrios; 3.°, cuartel del Mar, 7 barrios; 4.°, cuartel de San Vicente, ó barrios. A cada uno de estos cuarteles se hallaban agregados diferentes barrios extramuros, formados por los arrabales y partidos rurales del término municipal, de este modo: al de Serranos, 3; al del Mar, 1, y al de San Vicente, 2, con lo cual quedaba igualado el número de barrios de cada uno de los á cuarteles. Esta antigua division, que fué adoptada para los juzgados de primera instancia, tenientes de alcalde, comisarios y celadores de proteccion y seguridad pública, cantones militares, distritos electorales y demás ramos de la administracion, subsistió, salvas pequeñas variaciones, hasta 1870, en que, por la ley municipal de 13 de Agosto de dicho año, se modificó, sustituyendo el nombre de distrito al de cuartel y adicionando los barrios, que se han aumentado, ya por el crecimiento de su poblacion, ya por haber sido incorporados á este ayuntamiento algunos pueblos que constituían ántes municipalidad independiente. En su consecuencia, el término municipal de esta ciudad se halla actualmente dividido en á distritos, que son: Mercado, San Vicente, Mar y Serranos, los cuales están subdivididos en 47 barrios, que se distribuyen en la forma siguiente: distrito del Mercado, 8 barrios; distrito de San Vicente, 11; distrito del Mar, 11; distrito de Serranos, 17. El casco de la poblacion consta hoy de 6.402 edificios, que dan un total de 20.287 habitaciones, los cuales se encuentran distribuidos en 433 manzanas, 417 calles y 97 plazas; las primeras y las segundas, numeradas con limpios azulejos, y las segundas y las terceras, rotuladas, tambien en azulejos, con letras grandes y claras. 83. Empedrado, aceras y arbolado.— Hasta hace poco tiempo, fué general en VALENCIA la preocupacion de que el polvo de sus calles constituía un excelente abono para sus campos; y de aquí sin duda el que se conservara su piso, cubierto de una capa de grava ó ripio menudo que, pulverizado con el tránsito de los carruajes, convertía la vía pública, en los dias lluviosos, en un verdadero lodazal. Esto no obstante, á mediados del presente siglo empezaron á empedrarse de adoquines las calles de San Fernando, San Vicente y Zaragoza, y las plazas del Mercado y Santa Catalina; y en la actualidad, casi todas las calles y plazas principales de la poblacion, y muchas de las de segundo órden, se hallan perfectamente adoquinadas; provistas de anchas, cómodas y bien niveladas aceras, y algunas de aquellas, plantadas de frondosos árboles. 84. A lumbrado.—Las calles y plazas de la capital aparecen alumbradas durante la noche por 1.382 faroles de gas y 254 de petróleo. 85. Fuentes.—Hasta mediados del presente siglo, el vecindario de VALENCIA se vió obligado á surtirse de agua de los pozos, que hay en todas las casas, para atender á las necesisidades de la vida; pero esta agua selenitosa tiene la propiedad de endurecer las legumbres y cortar el jabon; su sabor ingrato y á veces nauseabundo, hace dificiles las digestiones, y el sulfato de cal de que abunda, segun hemos manifestado en otro lugar, no sólo se descubre por medio de las disoluciones del carbonato de potasa, sino tambien por el polvo blanquecino que va depositando en las paredes de las ollas, en que se pone á calentar. Además, algunos escritores aseguran haberse hallado en el fondo de los pozos algunos glóbulos de mercurio, lo cual se cree muy verosimil, en atencion á que existe una mina de este metal por grutas separadas y abundantes, en una costra arcillosa y cenicienta que atraviesa la poblacion, á más de medio metro de profundidad, en direccion de Oriente á Occidente, pasando por la casa del marqués de Dos-Aquas, en la plaza de Villarrasa. Para evitar, pues, aquellos males y surtir abundantemente á la ciudad de artículo tan importante, agitáronse en diferentes épocas proyectos más ó ménos realizables, hasta que, constituyéndose por último la Sociedad de Conduccion de aquas potables, previas las formalidades de bidas, se comenzaron los trabajos, se compraron los terrenos que había de ocupar el acueducto, se hicieron los desmontes y las nivelaciones necesarias, se adquirió la cañería de hierro, que había de conducir las aguas á lo interior de la ciudad, y en 1850 6́ 51, disfrutaba el vecindario de este inmenso beneficio, contándose hoy, dentro de su recinto, 46 fuentes pequeñas, 9 monumentales y 8 surtidores, situados en el paseo de la Alameda y plaza del Príncipe Alfonso. 86. Mercados.—La poblacion cuenta tres mercados: uno, en la plaza de la Congregacion; otro, en la de Mosen Sorell, y el Central, de que vamos á ocuparnos.—Presenta esta histórica plaza un extenso espacio prolongado, sumamente irregular y sin alineacion. Desde muy antiguo fué el punto donde se celebraban los torneos, las justas, fiestas de toros y otras diversiones públicas, y tambien las ejecuciones; distinguiéndose en ella una fuente, que se surtía de agua, de una noria existente en la calle de la Acenia.
Posteriormente, se la destinó para la venta diaria de comestibles y demás artículos de consumo, cuya prodigiosa abundancia y variedad producen durante las primeras horas del dia una animacion verdaderamente extraordinaria. Los puestos para la venta están colocados sobre las anchas aceras, debajo de toldos, sujetos á pilares de hierro fundido, que el Ayuntamiento empezó á colocar hace algunos años, como arbitrio para la casa de beneficencia; los centros de la plaza, perfectamente empedrados de adoquines, que forman las direcciones de las calles adyacentes, quedan expeditos para los transeuntes. En uno de los costados se encuentra tambien el mercado nuevo, construido, en 1838, en el solar que ocupaba el convento de las Magdalenas: consiste en 2 galerías laterales, sostenidas cada una sobre 40 columnas, y cerradas en su cabecera por otra galería, que presenta 8 columnas de frente; estas galerías, de 5 pasos de ancho, sirven de pórtico á 34 casitas, colocadas en cada lado, con otras tantas tiendas á su frente, é igual número en la parte posterior; en la fachada de cabecera, se ve la casa del Repeso,
y el todo de la obra, coronado de un antepecho y balaustrada, es del mejor efecto. En el espacio que queda entre las dos galerías mencionadas, hay otras dos series iguales de puestos fijos, quedando entre las cuatro líneas de vendedores el espacio necesario para el tránsito de las personas: el piso, elevado 2 gradas sobre el de la plaza, se halla todo embaldosado y sumamente limpio, siendo notable la abundancia de carnes de todas clases, pan, frutas y flores, que allí se expenden. Contiguo al mercado nuevo, se encuentra la pescaderta, ó sitio destinado á la venta de pescados frescos. 87. Poblacion.— La de la ciudad que se describe, ha aumentado considerablemente desde mediados del siglo actual. Segun vemos en varios autores, en 1842, contaba 66.355 habitantes; en 1859, 106.435; en 1867, 107.703; en 1877, último censo oficial, 142.057; y en 1882, 144.015.
VALENCIA, pues, áun ateniéndonos á la cifra que aparece en el citado censo, figura tambien, despues de Madrid y Barcelona, como la primera capital de España, en poblacion. 88. Consumo.—Segun datos oficiales, que tenemos á la vista, el vecindario contenido dentro de los limites de la ciudad, propiamente dicha, consume anualmente por término medio: alimentos sólidos: trigo, 372.000 quintales; arroz, 1.116.000 kilógramos; garbanzos, 600.000; embutidos, 150.000; legumbres, 800.000, las frutas y hortalizas no están sujetas al pago de derechos, y, por lo tanto, no es posible calcular su consumo: liquidos: vinos, 280.000 cántaros; aguardientes, 500.000 litros; leche, 250.000, reses muertas en el matadero para el consumo diario de la poblacion: carneros, 200; cerdos, 30; cabritos, 16; reses vacunas, 24. En cuanto á lo que se introduce en la ciudad fraudulentamente, puede evaluarse en una cuarta ó quinta parte de las cifras estampadas. 89. Cuerpo municipal.—Lo componen: un alcalde primero, presidente; 10 tenientes de alcalde, 32 concejales, 2 síndicos, ó maceros y 20 alguaciles. 90. Fuerza armada.—Los guardias municipales ó del ayuntamiento, forman un cuerpo, perfectamente organizado, compuesto de: un capitan, 2 tenientes y 200 guardias, el cual se halla bajo las inmediatas órdenes del alcalde primero de aquella ilustre corporacion. 91. Brigada de bomberos.—Fué creada en 1848 y consta de: un comandante, á ayudantes, 3 médicos, un capellan, á cornetas y 65 individuos; amén de una lucida banda de música, compuesta de 60 plazas, convenientemente uniformadas. Segun un estado impreso, suscrito por el comandante del cuerpo, en 31 de Diciembre del año último, la expresada brigada había asistido, hasta aquella fecha, á 410 revistas de inspeccion y á 276 funciones públicas; prestado sus auxilios en 19 inundaciones y extinguido 385 incendios. 92. Personal de consumos.—Lo constituyen: en las oficinas, un administrador, un contador, 5 oficiales, 14 escribientes, á auxiliares, 12 comisionados, 5 ordenanzas y un médico; en los fielatos y resquardos, un visitador, un teniente visitador, 7 interventores, 7 aforadores, 8 fieles, 9 revisores, 5 encargados de contrarregistro, con ó auxiliares; ó matronas, á cabos de plaza; 4, de puertas, y 8, interinos, y 220 dependientes. Total, 329 individuos. 93. Presupuestos municipales.— El presupuesto ordinario de ingresos, correspondiente al actual ejercicio, se halla perfectamente nivelado con el de ingresos y su total asciende á 2.500.30775 pesetas (diez millones de reales en números redondos), sin comprender en esta cifra los recargos extraordinarios y las adiciones. 94. Juzgados.—Los juzgados municipales se hallan establecidos en una de las dependencias de la Casa-Lonja, sita en la plaza del Mercado, y los de primera instancia, en el antiguo edificio, que fué Colegio de la Companta, y despues, Gobierno civil de la provincia, situado en la calle de Cadirers (Silleros). 95. Vias de comunicacion.-Ferrocarriles. De la estacion de VALENCIA salen diariamente los trenes siguientes: uno, para Madrid; otro, para Játiva; 2, para Barcelona; 2, para Castellon de la Plana, y 8, para el Grao; de cuyos puntos parten otros tantos con direccion á la misma capital. Actualmente se está construyendo, con actividad suma, una nueva vía férrea para Madrid, por el camino de las Cabrillas, cuyo trayecto es mucho más corto que el que está en explotacion.— Caminos: por el término municipal cruzan los caminos generales nuevo y viejo de Madrid y el de Barcelona; entre los municipales figuran el del Grao, considerado de primer órden por conducir al puerto y por su activo y frecuente tránsito, y los de segundo, denominados de Liria, Burjasot, Godella, Moncada, Alboraya, Chirivella, Alacuás, Torrente, Picasent, Cabañal, Aljerós, hondo y viejo del Grao, Benimaclet y Vera, entre otros. Todos ellos son de carruajes y se hallan en regular estado de conservacion, excepto el del Grao que, como ya hemos dicho, es más bien un paseo, á cuya reparacion atiende exclusivamente la ciudad.— Tranptas: Las oficinas, cocheras, cuadras y los talleres de esta empresa, se hallan establecidos en el edificio levantado espresamente para este importante servicio, en el camino del Grao, frente á San Juan de la Ribera. Los empleados se rigen por un reglamento igual al de las empresas de los tranvías de Madrid. El servicio exterior tiene dos apeaderos: uno, en la plaza del Príncipe Alfonso; y otro, en el Grao. El primer coche parte de la es Itacion, en direccion al Grao, á las siete de la mañana, y el último, sale de este pueblo, en direccion á la ciudad, á las ocho de la noche: en el preciso término de una hora, cada uno de estos coches tiene que hacer un viaje de ida y vuelta, pudiendo invertir en los descansos sólo el tiempo que le resulte sobrante. En el interior, los coches dan cada uno dos vueltas por la poblacion en el mismo espacio de tiempo; pero siendo éstos numerosos, resulta que de 8 en 8 minutos próximamente sale uno para su destino. De la plaza del Príncipe Alfonso, que es el punto de parada, parten los coches, que se dirigen por la plaza y calle de las Barcas, plaza de San Francisco, calles de la Sangre y de San Vicente, plaza de la Reina, calle de Campaneros, plaza de la Catedral, calle del Miguelete, plaza de la Virgen, calles de Caballeros, Serranos y Nueva de Santa Ana, Pretil del Río y plaza de Tetuan, para terminar en la del Principe Alfonso, punto de donde partieron. Los coches que hacen el servicio en el interior, no llegan hasta el Grao; pero la gente que conducen, pueden pasar á otro coche que aguarda con este objeto en el sitio indicado. 96. Cloacas ó vertederos.—Una gran parte de la ciudad descansa sobre las bóvedas de un inmenso subterráneo que, dividido en diferentes brazos, corre, de Oriente á Occidente, desde el convento, que fué de trinitarios, á espaldas del Temple, hasta unirse con otro, que arranca de la Bolsería; cruza la plaza del Mercado y calle de San Fernando, toma el que desciende de Trinitarios, en la calle de San Martin, circula por la plaza de Cajeros, baja á la de San Francisco y termina á lo último de la calle de Ruzafa, desaguando en el Turia, á corta distancia de la ciudad. Esta cloaca general, Ilamada vall por los naturales, consiste en una sólida bóveda de piedra, apoyada en los robustos muros por donde pasa el cauce ó álveo, que deja á ambos lados un andén de piedra, bastante ancho para el paso cómodo de un hombre: á este gran subterráneo se junta un prodigioso número de ramales, que constituyen otros tantos conductos, procedentes de cada una de las casas, que componen la poblacion, por donde se arrojan las aguas inmundas; amén de las infinitas alcantarillas que cuentan las calles para sumir el agua de las lluvias. Estos vertederos, construidos durante el largo período de la dominacion romana, se han conservado siempre como la obra más útil é importante para la salubridad de los pueblos. 97. Establecimientos municipales.— Entre los establecimientos que el ayuntamiento sostiene para el servicio público, son dignos de especial mencion los siguientes: 1.° El matadero de reses, de una capacidad proporcionada á su objeto, provisto convenientemente de un local espacioso para la matanza, de corrales de arrastre y de carneros, de todas las
dependencias necesarias, así como de abundante agua corriente y continua, que recibe de la acequia de Rovella. 2.° Las escuelas gratuitas de primera enseñanza, intervenidas por la corporacion municipal, y á las cuales concurren un crecido número de alumnos. 3.° El cementerio general, situado al Sudeste, á 3 kilómetros próximamente de la capital, sobre una eminencia, que domina el camino real como unos 3 metros escasos y en paraje que se evitan los cuatro vientos cardinales y la filtracion de las aguas. Su planta forma un paralelógramo rectángulo y contiene su correspondiente oratorio, buenos nichos y elegantes mausoleos. 98. Ensanche y anexiones.—Las antiguas murallas, que circuían ántes la ciudad, han desaparecido completamente, excepto las torres de Cuarte y de Serranos, ya mencionadas, para dar lugar al nuevo ensanche de la poblacion. Éste, que, segun lo edificado, parece extenderse hácia el Mediodía, parte del pretil del Turia, frontero á la villa de Campanar, enclavada al Noroeste, y, siguiendo la línea trazada por la parte oriental, concluye frente al puente del Mar, sobre el expresado río. Los pueblos anexionados recientemente al ayuntamiento de VALENCIA, son: Ruzafa y Benimamet, situados á muy corta distancia de la capital. 99. Obras que reclama el ornato público.—No pretendemos enumerar, ni mucho ménos ocuparnos de todas las que, á nuestro juicio, deberían hacerse y que la importancia misma de la poblacion exige: suponemos desde ahora que el actual municipio, siguiendo el camino trazado por sus antecesores, irá atendiendo á ellas segun lo permita el estado de sus fondos, y no puede pedírsele más.
Pero, entre tantas, séanos permitido indicar una solamente que consideramos desde luégo de urgentísima necesidad y de no difícil realizacion. Es la siguiente. Desde el sitio que ocupó la antigua torre del telégrafo, hasta la esquina de la plaza del ferrocarril, se extiende un feísimo paredon de poca altura, el cual separa el ex-convento de San Francisco de la calle del Sagrario de igual nombre. Este vetusto edificio, convertido hace ya tiempo en cuarteles, se halla en un estado tan ruinoso que, hace más de veinticinco años, si mal no recordamos, se mandó quitar la maciza y pesada esfera de hierro que sostenía la veleta, temiéndose, sin duda, el desplome de su media naranja. Por esta misma época se habló mucho de un proyecto de derribo y de levantar en sus vastos solares buenos edificios, los cuales, por su proximidad á la citada estacion, pensaban destinarse á fondas y casas de huéspedes, que ofrecieran cómodo y decente alojamiento á esa masa de poblacion flotante, compuesta de viajeros que, procedentes de diversos puntos, afluyen á la capital; particularmente, en épocas determinadas. Queremos suponer tambien que las celosas corporaciones municipales, que han venido sustituyéndose desde entónces, no habrán dejado de gestionar activamente por conseguir en plazo breve la realizacion de aquel importante proyecto; pero, ¿quién sabe si sus buenos deseos habrán ido á estrellarse contra ese poderoso obstáculo que á los intereses de los municipios y de las provincias suele oponer algunas veces el centralizador sistema administrativo que en España rige? De todos modos, ello es lo cierto que el derruido exconvento de San Francisco subsiste en pié, contra los deseos de la ciudad y en perjuicio de los infelices que, en una hora desdichada, podrían verse envueltos entre sus ruinas, y nosotros, sin más antecedentes y sin otro propósito que el de estimular á las autoridades á quienes corresponda conceder ó realizar aquella mejora de utilidad pública, no vacilamos en elevar hasta ellas respetuosamente nuestra débil voz, persuadidos de que, al hacerlo así, interpretamos fielmente el pensamiento unánime de aquel cultísimo vecindario y de su patriótico municipio. Y decimos unánime, porque estamos firmemente seguros de que no se ha de encontrar entre ellos un solo ciudadano que no estime en algo el decoro de su ciudad, y nosotros creemos que la cuestion de que se trata es de decoro para VALENCIA, pues el viajero que al descender en la estacion y penetrar en la calle del Sagrario, fije su mirada curiosa en aquella sucia tapia y aquel ruinoso edificio, formará indudablemente tristísimo concepto de la cultura del municipio y de la poblacion de una de las primeras capitales de España. 100. Jardines.—No es posible descender á una enumeracion detallada, pues los hay en todas las quintas, en todos los barrios y edificios de alguna importancia, constituyendo realmente el término en un continuado verjel. Esto no obstante, daremos á conocer los más señalados, salvando siempre las modificaciones que hayan podido experimentar durante estos últimos años. 1.° Jardin botánico. Se encuentra establecido en la calle de Cuarte, á unos 170 metros de la puerta de este nombre, y su fundacion, que data sólo de primeros de este siglo, empezó bajo tan felices auspicios que, á no ser por la guerra de la Independencia y el fallecimiento del ilustre, sabio y celoso rector de la universidad, acaecida en el año 12, habría sido indudablemente el primero de España. La sala en donde la universidad literaria planteó este admirable jardin, es bastante capaz, con huerta de 8 jornales ó cahizadas de tierra con riego de pié. Sólo la escuela botánica ocupaba no hace mucho á cahizadas, comprendidas entre la casa, al Sur; las paredes de mampostería, al Este y Oeste, y un tupido seto de granados, al Norte, en el cual se halla la puerta de la Agricultura, que cuenta igual espacio. El terreno quedó dividido en 18 cuadros rectangulares de 1.196 metros cuadrados, cada uno de los 16 primeros; 2.818, el mayor, y otro más pequeño de figura triangular, separados todos por calles de 1’708 metros de latitud. Los vegetales se cultivaban en las arcas, clasificados en esta forma: cuadros l. y 2.°, plantas alimenticias para el hombre: cereales, en el uno; hortalizas, en el otro.—Cuadro 3.°, plantas alimenticias para los ganados y aves domésticas: perales al rededor.—Cuadro 4.° plantas útiles en las artes: con moreras.—Cuadro 5.°, jardin de flores: con árboles de adorno al rededor.— Cuadro 6.°, melocotones, pavias y duranos.— Cuadro 7.°, perales.— 8.°, manzanos.—9.° y 10.°, almáciga de frutales: con albaricoqueros en torno del uno é higueras, en el otro.—11.° y 12.°, almáciga de árboles de sombra ó paseo: con ciruelos en la cerca.—13.°, almáciga de arbustos de flor.—14.°, naranjos, cidros y demás de esta hermosa familia.—15.° (el de 2.818 metros cuadrados), bosque.—16.°, viña: con almendros.—17.°, escuela de ingertos, acodos y estacas.— 18.°, experimentos rurales. Un invernáculo, espacio de 14’516 metros de frente; una linda casita rústica, junto al parterre del jardin, y un emparrado de 77 metros de longitud, completaban este precioso recinto, cuyas infinitas variedades de plantas, así como los modelos de varios útiles y máquinas para el cultivo, destinados á la enseñanza, é instrumentos de poda é ingerto, nos ocuparían muchísimo espacio. 2.° Jardines llamados de su Majestad. En los vastos solares, que ocupaba el antiguo palacio del Real, construyéronse desde 1815 en adelante los jardines que pertenecen al real patrimonio. Aquel palacio, que en un principio fué sólo una pequeña quinta de recreo de los reyes moros, se trasformó despues de la conquista en regio alcázar, el más suntuoso quizás de cuantos habían poseido los monarcas de Aragon. Su majestuosa fachada de mármoles y jaspes se elevaba en la misma línea que ocupa hoy la empalizada que cierra los jardines, con 40 metros de frente. Constaba: de un pórtico abierto, formado por 7 arcos de medio punto, sobre el cual se alzaban un piso principal y otro segundo, con 13 balcones cada uno, y la guardilla, con igual número de ventanas apaisadas: 2 torres cuadradas, de alguna más elevacion, que subían por ambos extremos, completaban este primer cuerpo; á su derecha é izquierda, se levantaban otros dos cuerpos, y, en el último, otras 2 torres, en una de las cuales se hallaba el reloj. Su fábrica, hasta la altura del piso principal, era de piedra sillería, de tal solidez y espesor, que podía considerarse como un fortísimo castillo. La capitanía general, la audiencia, el archivo del reino y otras dependencias ocuparon este magnífi
co palacio hasta el año 1810, en que, creyéndose (jerror inconcebiblel) que podría servir de asilo al ejército francés para hostilizar á la plaza, se acordó por las autoridades su demolicion, la cual se llevó á cabo á pesar de las enérgicas protestas y del entusiasta denuedo de muchos valientes individuos, quienes, como los impávidos hijos de Zaragoza, preferían pelear y sucumbir entre sus preciosas ruinas, á que desapareciese el monumento más glorioso de la provincia. Los jardines se hallan situados frente al puente del Real, presentando una larga empalizada con puerta de hierro, franqueada la cual, se ven á derecha é izquierda dos montañas, formadas por los escombros del palacio: sobre la primera, cubierto de hierbas y flores, se eleva un pequeño mirador en el que se ve fija el asta-bandera; la segunda, forma una especie de bosque de pinos, algarrobos, palmas y olivos de excelente efecto; siguiendo al frente, se encuentran las habitaciones del jardinero, y á la izquierda, el pintoresco edificio denominado casino de la Reina, compuesto de: piso bajo, principal, segundo y mirador. Desde este último, se descubre toda la huerta, con sus infinitos caseríos y parte del mar, ofreciendo la más risueña y encantadora perspectiva. Detrás de este casino están los jardines, en los cuales hay que admirar las sombrías calles de naranjos, las paredes y los cenadores, revestidos con el follaje de dichos árboles, perfectamente acondicionados, y las formas de las localidades, embellecidas por los vivísimos colores de su exquisito fruto. 3.° Jardin de la Soledad, ó casino de Cabrerizo. Se encuentra al Oriente y próximo al anterior, y tiene tambien su historia particular, que resumiremos en breves palabras. El señor Don Rodrigo Caballero y Llanes, justicia mayor de VALENCIA, poseía unas huertas de escasa consideracion, que lindaban paralelamente con el dilatado paseo de la Alameda, descrito en otro lugar de este artículo, y por los extremos, con los molinos de Borull y de Pilares, en donde existía una pequeña ermita, dedicada á Nuestra Señora de la Soledad, y que Don Rodrigo quiso trasformar en un bellísimo santuario: el sitio correspondía fielmente á aquel título, pues, á pesar de su proximidad al indicado paseo, los numerosos árboles y arbustos, que lo circuían, parecían aislarlo y colocarlo á una larga distancia, convirtiéndolo de este modo en un paraje sumamente ameno y solitario. Para llevar á cabo la obra, valióse Don Rodrigo de los conocimientos del maestro Vicente Vergara, quien, en 1716, formó un templete ovalado, cerrado por una cúpula de elegantes proporciones, y en un pequeño altar, revestido de mármoles del país, colocó la imágen de aquella Virgen; debajo de la capilla, construyó un reducido panteon, que Don Rodrigo destinaba para enterramiento suyo y de sus sucesores, y á la izquierda, una casita para habitacion de los religiosos, á quienes encomendó el cuidado del santuario. A su frente, trazó una extensa plaza circular, rodeada de cómodos asientos de piedra y circuida, hasta cierta altura, de enredaderas, entretejidas con singular esmero; de jazmines, rosales, naranjos y otros varios árboles, conservándose cuidadosamente en el centro la hermosa encina, á cuya sombra se reunían en otro tiempo el venerable señor virrey y patriarca, Don Juan de la Ribera, San Luis Beltran, Nicolás Factor, los duques de Feria y de Gandía y otros ilustres personajes contemporáneos. Trasladado Don Rodrigo á la superintendencia general del principado de Cataluña, hizo donacion á la provincia y al convento de religiosos franciscos descalzos de la citada ermita y huerta aneja, con la precisa condicion de que debían vivir y estar en ella constantemente, para que pudiesen prestar los auxilios espirituales á los moradores de aquellas cercanías. La marcha del ejército francés sobre la capital en 1808, hizo que desapareciese este hermoso santuario, con otros suntuosos edificios, cuya demolicion se consideró indispensable para la mejor defensa de la plaza. Por último, en 1839, adquirió el terreno Don Mariano de Cabrerizo, el cual, haciendo desaparecer aquel monton de escombros, que recordaba el paraje donde se levantaba el santuario, construyó, bajo distinto aspecto, una elegante quinta y jardin, conocidos con la denominacion de: casino de Cabrerizo. 4.° Jardin del señor conde de Parsent. Está situado á la conclusion de la calle de Cuarte, más allá del botánico, á la derecha del camino, y dispuesto con delicadísimo gusto. En el primer cuerpo aparecen los cuadros, adornados de plantas de ciprés, figurando pilastras y jarrones, perfectamente recortados, y descendiendo luégo á otro departamento, se ve con prodigiosa abundancia toda clase de flores, siendo verdaderamente notables las diversas cascadas y caprichosos juegos de agua, que se encuentran al pié de la acequia que corre por uno de sus lados: torciendo á la derecha, se pasa, por una calle recta, á un precioso cenador, á cuya espalda se admira un impenetrable plantío de árboles de todas las especies, que bien podrían dársele los honores de bosque. 5.° Jardin del señor baron de Santa Bárbara. Se halla más arriba del anterior y se divide en varios trozos, embellecidos con cuadros de flores, paseos y cenadores; huerto, con inmenso plantío de toda clase de arbolado, y un prolongado bosque, en que des cuellan muchos pinos corpulentos y de grande altura. 6.° Jardin de Don Juan Bautista Berenguer.—Se encuentra situado en la calle de Alboraya y es más bien un huerto de aclimatacion de los nopales para la cría de la cochinilla, en el cual abundan, sin embargo, las plantas más exóticas y caprichosas; particularmente, de la América, admirándose en pleno invierno lindísimas rosas de vivos colores, alelíes, jazmines, azucenas y otras, que ponen de relieve el delicioso clima de este país. 7.° Jardin de Don Ra fael Gonzalez Valls.—Ocupa el huerto solar de Capuchinos, al final de la misma calle de Alboraya, y es notable por su extension, la variedad de árboles é inmenso plantío de flores, así como tambien por sus bonitas y curiosas pajareras. 8.° Jardin del Santísimo.—Se halla en la vuelta, llamada del Ruiseñor, y es uno de los más favorecidos; especialmente, en la primavera, durante la cual concurren á él los valencianos á saborear la gustosa y aromática fresa, que produce su bien cultivado huerto. 101. El Turia.—Este río, único que discurre por el término de VALENCIA, entra hoy por el Noroeste, hácia la parte de Moncada, Manises y Campanar; baña las inmediaciones de la capital y desagua en el Mediterráneo, junto al pueblo del Grao. Pero veamos ahora cuál fué su primitivo curso. Antiguamente, corría el Turia ó Guadalaviar por el lado derecho de la poblacion; esto es, por Susudoeste, entrando, poco más ó ménos, desde el punto, llamado la Pechina, á la puerta de Cuarte, por donde se encuentran hoy las calles dels Aladrés, Palomar y Rey Don Jaime; plaza del Mercado, á la de San Francisco y calle de las Barcas hácia Ruzafa, desde donde iba á unirse con el cauce actual: y aquí conviene recordar cuál era, en tiempo de los árabes, la direccion de la muralla por este lado, para que se tenga presente que el río ceñía esta muralla morisca, y que á su márgen derecha se habían construido los grandes arrabales, que forman actualmente las calles de: Trosalt, Badriola (hoy, Valeriola), y Eixarch; plaza de Pellicers y calles adyacentes. No dicen los historiadores las causas que obligaron á cambiar el curso de este río; pero sábese de cierto que, un siglo ántes de la conquista, los árabes habían ya llevado á efecto tan colosal empresa, dirigiéndolo por el lado opuesto de la ciudad, ó sea la izquierda, con álveo franco y libre, vadeable en todas las estaciones. 102. Cauce y malecones.— En las grandes avenidas, las aguas del río inundaban aquella inmensa llanura, causando males de consideracion, sin que fuesen bastantes á contenerlas las obras particulares que se realizaran, hasta que, convencida la ciudad de la necesidad imperiosa de oponer un dique á la impetuosa corriente del río, se reunió bajo la presidencia del infante Don Fernando, marqués de Tortosa, virrey de aquel reino, y acordó en 18 de Setiembre de 1358 la formacion de una junta, compuesta de
individuos de su seno, que entendiese en el asunto, la cual tomó el nombre de Muros y Valladares. Esta junta se ocupó inmediatamente en llevar á cabo su cometido, logrando, despues de muchas obras y reparaciones continuas, hacer al río un cauce artificial, anchuroso y desembarazado, construyendo en ambas márgenes un fuerte malecon de cantería, con andenes y pretil de sillares cuadrados, para que lo contuviese dentro de su caja ordinaria y defendiese á la ciudad de los estragos que pudieran causar sus grandes desbordamientos. Este malecon, que ocupa una extension de 5 kilómetros, desde los puentes de Favara y Robella, junto á la cruz de Mislata, hasta más allá de la ermita de Nuestra Señora de Monte-Olivete, por la derecha, y hasta frente al óvalo de San Juan de la Ribera, por la izquierda, quedó completamente terminado en el mes de Agosto de 1674. Es una obra verdaderamente suntuosa y admirable, que eternizará el nombre de sus autores y la gratitud de los valencianos. 103. Puentes.—No eran solamente las inundaciones el único mal que había que remediar, ó el único servicio que cubrir: en la hermosa vega, que se extiende sobre la orilla izquierda del Turia, había ido levantándose una poblacion nueva, y era necesario tambien poner en comunicacion á los habitantes de la ciudad con aquellos barrios, entre los cuales se contaba el palacio de los reyes. A este objeto, construyéronse en diferentes épocas puentes de madera, que fueron sucumbiendo al impetu de la corriente, hasta que determinó la junta sustituirlos con los cinco de piedra, que vamos á describir por el órden de antigüedad, y cuya longitud nos dará el ancho del cauce por donde corren las aguas de aquel río. 1.° Puente de la Trinidad.—Se empezó á fines del siglo xV, bajo la direccion de Don Pedro Viñas. Consta de 10 arcos de medio punto, con sus pretiles, tajamares y escolleras correspondientes; tiene 134 metros de largo por 9 de ancho, y sobre sus pretiles, se hallaban colocadas á derecha é izquierda, respectivamente, las imágenes de san Bernardo, mártir, y las santas María y Gracia, sus hermanas, las cuales mandó quitar la ciudad por haber quedado estropeadas en 1823. 2.° Puente de Serranos.—Principiaron las obras en 1515 y terminaron en 1518. Es más largo que el anterior, pues mide 138 metros, y cuenta sólo 9 arcos, que son, como es consiguiente, mayores y más suntuosos: en cuanto á la anchura y construccion, no se nota la menor diferencia, revelándose en ambos el buen gusto de sus autores Don Pedro Viñas y Don Pedro Compte. 3.° Puente del Mar.—Dió principio en 1595 y quedó concluido en 1597. Presenta tambien 10 arcos de medio punto, con un pequeño corte que marca sus claves: su longitud es de 139 metros por 8 próximamente de latitud, con canapés ó asientos volados sobre cunetas, que asientan en los tajamares, sin estorbar el tránsito, y en los del tercero al cuarto arcos, se elevan dos casilicios triangulares, con columnas de piedra azulada, de órden compuesto, los cuales contienen, el de la derecha, la imágen de la Virgen de los Desamparados, y el de la izquierda, la de san Pascual Bailon. 4.° Puente del Real.—La construccion de este puente, que conduce al frecuentado paseo de la Alameda, se emprendió para que comunicase con el palacio, residencia de los virreyes, en cuya época se abrió tambien la puerta del mismo nombre. Excepto las aceras, anchas y hermosas, que, en 1844, se colocaron á los dos lados, las obras, las dimensiones, el número de arcos y los adornos de este puente son exactamente iguales á los del Mar, figurando en los casilicios, que se levantan entre el sexto y séptimo arcos, las estatuas de san Vicente, mártir, y san Vicente Ferrer. 5.° Puente nuevo.—Data de 1603; consta de 13 arcos; mide 109 metros de longitud por ó de latitud, y, aunque ménos grandioso, es de igual solidez y estructura que los anteriores: sobre dos rebancos, que parten de los tajamares del arco tercero al cuarto, se hallan colocadas las dos preciosas estatuas de mármol blanco, que representan á santo Tomás de Villanueva y san Luis Beltraz, ambas del famoso escultor italiano Julio Ponzanelli. 6.° Puente de hierro.—Se encuentra situado próximo al ex-monasterio de Monte Olivete y fué construido expresamente para facilitar el paso de los trenes, que van de VALENCIA al Grao. 104. Puerto y muelle.—Hace pocos años, el puerto del Grao de VALENCIA no merecía realmente este nombre: tal era el deplorable estado de abandono en que se encontraba. A mediados del presente siglo, hallábase completamente obstruido, tanto por la multitud de materias terrosas, que las frecuentes avenidas del Turia van depositando siempre en el punto más bonancible, cuanto por las grandes cantidades de arena y alga que, arrastradas por las corrientes del mar, ya del Nordeste, ya del Este ó del Sudeste, iban formando un inmenso depósito que usurpaba al puerto su fondo natural. La construccion de los muelles, tan pronto empezada como interrumpida, quedó por entónces enteramente inutilizada; los buques del país se veían forzados á varar en la playa, dentro y fuera del muelle, en todas las estaciones, y sólo en el río, pegados al contramuelle, hallaban algun abrigo 8 ó 10 faluchos. Pero, para entrar y salir, era necesario que no hubiese mucha mar, porque, existiendo barra con 4 piés de fondo, se formaba una peligrosa rompiente. Pequeños jabeques y otras embarcaciones de menor cala se amarraban en 4, en la estacion de verano, dentro y atracados al muelle, en donde hacían sus cargas y descargas: los buques de mayor porte fondeaban en la rada, al Este del muelle, á 7 y 8 brazas sobre lama, en la enfilacion indicada, y como no tenían más abrigo que la boya, raro era el año que no había que lamentar la pérdida de algunos.
Antiguamente, las aguas del mar llegaban en el Grao casi hasta el sitio que ocuparon luégo los portales de la villa fronteros á la playa. En 1671 se construyó un puente de madera para facilitar el embarque y desembarque de las mercaderías; quince años despues, fué sustituido por otro de piedra, y, á los nueve siguientes, lo había ya inutilizado el mar por completo. En ocasiones diversas se intentó posteriormente reconstruirlo, y otras tantas hubo que abandonar la empresa por no poder contrarrestar los obstáculos naturales que ofrecían el libre movimiento de las aguas y de los vientos y otras circunstancias locales. Los doctores Tosca y Corachan, hijos del país, matemáticos distinguidos, juzgaron imposible la construccion de un puerto en la villa del Grao, opinion que prevaleció por espacio de sesenta y cinco años. Pero convencidas las personas ilustradas de la provincia de la necesidad imperiosa de tener un puerto cómodo y seguro en el golfo valenciano, estimularon á sus autoridades para que se emprendieran de nuevo las obras, y se nombró al efecto una junta, cuyos esfuerzos fueron completameute esté riles. En 1792, previa autorizacion del Gobierno, comenzaron los trabajos para la construccion de un muelle, que hubo de abandonarse en 1796, vistos los pocos resultados que se obtenían; por los años de 1800 volvieron á reanudarse con mayor actividad, y nuevamente tuvieron que suspenderse en 1803, en cuya época habíase ya invertido en las obras la enorme suma de ciento sesenta millones de reales. En 1849 combatió el señor Herbas la idea de construir un puerto seguro en el Grao; pero el distinguido ingeniero, señor Subercase, que en aquel mismo año había examinado y reconocido las obras de órden del Gobierno, no sólo opinó que su construccion podía llevarse á feliz término, quedando cómodo, seguro y subsistente, sino que estableció desde luégo las bases, para empezar, como preliminar, la rehabilitacion y aprovechamiento de las obras ejecutadas, interin se ocupaba de dar los detalles en la extensa memoria, que debía acompañar al proyecto completo. Poco despues, emprendiéronse de nuevo los trabajos, que continuaron con empeño en los años sucesivos hasta dejarlos casi por completo terminados, y hoy, el magnífico puerto y anchuroso muelle del Grao de VALENCIA pueden ofrecer ya: á los buques de todos portes, un excelente fondeadero y seguro anclaje, en cualquiera estacion, y á los bañistas, un sitio
delicioso y agradable, en las noches calurosas del estío. 105. Timbre glorioso.—La ilustre ciudad, cuya reseña terminamos, á pesar de haber perdido la altísima importancia que, durante tantos años alcanzara, como metrópoli de un reino poderoso, extenso y floreciente, conserva todavía su antiguo renombre y la justa fama que le conquistaron sus hechos heróicos y sus nobles empresas en las grandes catástrofes de la historia patria, así como la industria, la agricultura, el comercio y, principalmente, las letras y las artes, no ménos que el glorioso timbre de haber sido la poblacion de España, la cual se ilustró con la adopcion de la primera imprenta. 106. Poblaciones.—A la capital, que dejamos descrita, siguen en importancia, segun el censo oficial de 1877, las poblaciones que á continuacion se mencionan: 1.a Alcira, llamada por los árabes, Algezira; esto es, isla. Poblacion considerable y rica, capital de la jurisdiccion de su nombre, enclavada en una isla, formada por el Júcar, que la inunda frecuentemente; distante 52 kilómetros, Sudoeste, de VALENCIA, con 15.811 habitantes; término feracisimo; grandes cosechas de arroz, frutas y seda; variada industria; importante comercio y dos buenos puentes sobre el mencionado río. Alcira, de fundacion antiquísima y rodeada de murallas, existía ya en tiempo de los cartagineses, de quienes fué aliada; más tarde, pasó sucesivamente á poder de los romanos y de los moros; y en las guerras de la germanía y de sucesion, en los acontecimientos políticos de estos últimos años; particularmente, de 1854y 1873, desempeñó un papel importante, distinguiéndose siempre por sus ideas avanzadas. 2.a Játiva (San Felipe de); la antigua Sætabis de los romanos y la Xativa de los árabes. Ciudad importante, capital del partido de su denominacion, situada á 56 kilómetros, Susudoeste, de VALENCIA, en la pendiente de una colina, sobre las márgenes del Cañolas y el Albaida, que la bañan por el Oriente, Occidente y Norte. Se halla circuida de fortificaciones, que fueron reparadas durante la última guerra civil; tiene buenas fábricas de loza, curtidos, papel, sederías, almidon, jabones, sombreros, tejidos, telas, platerías, tintorerías y muchísimo comercio; es punto de llegada de un camino de hierro, que parte de la capital de la provincia, y cuenta: 14.412 almas, calles regulares, buenas plazas, elegantes fuentes, cómodos lavaderos públicos, varios hospitales y una hermosa iglesia colegiata en forma de cruz latina. Esta poblacion alcanzó antiguamente grande celebridad por sus excelentes fábricas de lienzos; fué con la anterior la última ciudad que se rindió en la enconada guerra que con tanto heroismo sostuvieron los plebeyos contra los nobles en el siglo XVI, y antes de la guerra de sucesion se hallaba circunvalada de gruesas murallas y defendida por un fuerte casti Ilo, de cuyas fortificaciones se ven todavía algunos vestigios sobre la montaña de Bernia. El ejército de Felipe V se apoderó y destruyó casi por completo esta hermosa ciudad, sobre cuyos restos humeantes dispuso este príncipe que se borrara su antiguo nombre y se llamara en lo sucesivo San Felipe. ¡Burla sangrienta de la historia de un pueblo glorioso! ¡Venganza pequeña de un monarca grande! Játiva es patria de los papas Calixto III y Alejandro V, así como del famoso pintor Ribera, llamado el Españoleto. 3.a Requena (antigua Lobetium de los latinos). Rica é industriosa ciudad, capital de la jurisdiccion de su mismo nombre, con 13.419 habitantes, escuela latina, manufacturas de seda, buenas fábricas de exquisito aceite, jabones, harina y aguardiente y una iglesia parroquial, de órden compuesto, construida en 1380. La poblacion se hallaba antiguamente rodeada de murallas y defendida por algunas baterías, y estuvo bajo el poder de los árabes hasta el año de 1373. En 28 de Agosto de 1705, el archiduque Cárlos estableció en ella su cuartel general, y el duque de Orleans la tomó luégo é hizo á la guarnicion prisionera de guerra. 4.à Sueca. Villa considerable, cabeza del partido judicial de su nombre, situada en la costa del Mediterráneo, sobre la orilla del Júcar, á 28 kilómetros, Sur, de VALENCIA, con 13.318 almas. El clima es benigno; el suelo, generalmente llano, poblado de arbustos, pastos y hierbas medicinales; su campo, fertilísimo en granos, arroz, avellanas americanas, seda, vino, aceite, legumbres, frutas y verduras. La poblacion cuenta además: mucho ganado lanar; caza de conejos, zorras, tejones, gatos silvestres y aves acuáticas; abundante pesca en el mar; buenas fábricas de tejas y ladrillos y gran comercio de seda, arroz, frutas y otros géneros del país. Sueca es patria del famoso poeta satírico José Bernad Baldoví, llamado el Sueco.
5. Carcagente. Villa importante por sus crecidas cosechas de seda, naranjas, frutas, vino y aceite. Está situada en la jurisdiccion de Alcira, á 15 kilómetros, Norte, de Játiva, y 40, de VALENCIA, con 11.980 habitantes, casa consistorial de elegante construccion, hermosa iglesia, términos fértiles y considerable comercio de seda, naranjas, granadas y otras frutas exquisitas. 6.a Onteniente. Villa pintoresca, capital de la jurisdiccion de su nombre, enclavada en la extremidad occidental del valle de Albaida, sobre la márgen derecha del Clariano y circuida de moreras, olivos y viñedos. Dista 73 kilómetros de VALENCIA y contiene: 11.757 almas, un magnífico palacio de los duques de Almodóvar, campiña feraz, fábricas de paños, lanas, telas, papel, aguardiente, loza fina, tejas y ladrillos; máquinas de cardar lana, molinos harineros y de aceite é importante tráfico. La poblacion fué antiguamente plaza fuerte, de cuyas fortificaciones conserva todavía algunos restos en la plaza Mayor; está bastante bien edificada, con calles espaciosas, aunque pendientes, y es patria del literato Jerónimo Campan. 7.a Cullera. Villa marítima, capital del partido judicial de su denominacion, colocada á 30 kilómetros de VALENCIA y 6, de Sueca, con 10.972 almas; administracion subalterna de aduanas; abundantes cosechas de arroz, trigo, maíz, seda, aceite, naranjas y nueces; pesca activa; puerto comercial en la desembocadura del Júcar en el Mediterráneo; importacion de aceite, vino y aguardiente, y considerable exportacion de arroz para las Baleares, Andalucia y Cataluña; de naranjas, para Francia. Esta rica poblacion, llamada de Celeri, entre los latinos, ocupa una situacion excelente, que hace de ella un punto militar importante: báñala el mar, circúyenla las aguas del Júcar al Mediodía, y sólo por el Occidente ofrece un punto de ataque que, en caso necesario, podría fácilmente fortificarse: está rodeada de muros y dominada por un fuerte castillo, cuyas obras de defensa han sido ejecutadas en las diversas guerras exteriores é interiores que ha sostenido España. Distínguense en ella las ruinas de varios castillos, que sirvieron en otro tiempo de puntos fortificados; buenos almacenes, hospital y una iglesia construida en el siglo XIII. 8.a Pueblo nuevo del Mar. Está compuesto de varias calles, anchas, rectas y con andenes, que se extienden paralelamente de Norte á Mediodía, desde el punto nombrado Cap de Fransa, hasta la villa nueva del Grao. Estas calles están formadas de barracas, habitadas generalmente por pescadores, y de elegantes alquerías ó casas de recreo, adornadas de bellísimos jardines, pertenecientes en su mayor parte á familias acomodadas de la capital. Una acequia, llamada de Gas, del nombre de la fuente, que surte de agua potable al vecindario, divide la poblacion en dos mitades, que se designan vulgarmente con las denominaciones de Cabañal y Cañamelar, las cuales se comunican por varios puentes. Este pueblo que, por su excelente situacion en las playas del Mediterráneo, ofrece un sitio delicioso á las numerosas familias que concurren á él durante la época del estío, tiene en la actualidad: 10.478 habitantes, una iglesia, una espaciosa plaza, bien abastecida; teatro cómodo, buenas fondas, cafés, telares de lienzo, carpinterías, tejidos de estambres y otras diferentes manufacturas; pero su ramo industrial más importante es la pesquería.
9.a Liria (antigua Edeta, que dió nombre á la Edetania). Villa hermosa, capital de la jurisdiccion de su nombre, enclavada sobre la orilla izquierda del Turia, entre el monte de la Torreta, al Oriente; la colina de San Miguel, al Mediodía, y la de Santa Bárbara, al Occidente. Dista 30 kilómetros, Noroeste, de VALENCIA; sus calles son estrechas y tortuosas; la plaza de la Constitucion, en donde se encuentra la iglesia parroquial, es notable; su poblacion se evalúa en 9.460 almas. Su industria está representada por varias fábricas de jabon, aguardiente, esparto, curtidos, telas, vidriado y tejas; molinos aceiteros y canteras de mármol. Sobre la cima de la citada colina de San Miguel, se levanta el colegio real y antigua parroquia de su nombre; al Noroeste, se distingue la célebre cartuja de Portaceli, situada en una campiña deliciosa, con buenas minas de cobre.—Liria existía ya ántes de la llegada de los fenicios á España y se denominaba Edeta; en tiempo de los romanos llevó el nombre de Laurona. Incendiada por Sertorio, pasó luégo á poder de los godos y, más tarde, fué: fortificada por los árabes; conquistada por Don Jaime I de Aragon, en 1252, y erigida en ducado por Felipe V en favor del mariscal Berwich. 10.a Utiel. Villa con ayuntamiento, colocada en la jurisdiccion de Requena, á corta distancia del río Ranera ú Oleana, en una pintoresca llanura, circuida de viñedos, con 8.067 habitantes; clima benigno; cosechas de cereales, legumbres, cáñamo, azafran, vino, miel y hortalizas; cría de ganados lanar y cabrío; caza de liebres, perdices, conejos y algunas zorras; manufacturas de aguardiente, sederías, telas y jabones; molinos harineros y exportacion del sobrante de los productos agrícolas é industriales. 11.a Algemest. Bonita poblacion, situada á 26 kilómetros, Susudoeste, de VALENCIA, próxima al Júcar, con 7.846 almas, abundantes campos, sabrosas frutas de todas clases, regular industria y algun tráfico. Los alrededores suministran una planta liliácea, llamada pita, de cuyas hojas se saca hilo con que se fabrican cuerdas y áun encajes. 12.a Gandía. Poblacion bellísima, capital de la jurisdiccion de su mismo nombre, felicísimamente situada en una fértil y risueña campiña, á orillas del mar, entre los ríos Júcar y Alcoy, á 58 kilómetros de VALENCIA. La poblacion, que asciende á 7.588 habitantes, se encuentra fortificada y circuida de sólidas murallas, defendidas, al Norte, Sur y Oeste, por fuertes y fosos, y al Este, por el Alcoy. Entre sus principales monumentos merecen mencion especial el colegio, la iglesia y el magnífico palacio de los duques de Gandía. Sus bien cultivados campos producen toda clase de frutos; particularmente, seda, melones, uvas, almendras y pasas sabrosísimas, y su industria, diferentes artículos, los cuales son objeto de un activo tráfico, que hace por su pequeño puerto, perfectamente colocado sobre el Mediterráneo. 13.a Oliva (Ad statuas). Villa con ayuntamiento, enclavada á 62 kilómetros, Susudeste, de la capital de la provincia, y 3, del Mediterráneo, con 7.742 habitantes, fábricas de tejidos y pesca de sanguijuelas en los alrededores. Antiguamente ostentó el título de condado. 14.a Torrente. Cabeza del partido de su propia denominacion desde el 2 de Julio de 1846, situada en una pequeña altura, sobre la márgen derecha del barranco de Chiva, al Occidente, y á 8 kilómetros de distancia de la capital. Su clima es templado y saludable, y tiene: calles anchas y cómodas, varias plazas de figura circular, distinguiéndose en la mayor un torreon de 18 á 20 metros de altura, y de 25 á 40 de diámetro, que parece haber sido levantado por los moros; escuelas para niños de ambos sexos; una huerta feracísima en trigo, maíz, vino, aceite, algarrobas, seda, legumbres y hortalizas; numerosos molinos de aceite y de harina; y un convento que fué de alcantarinos, edificado sobre una colina, contigua al pueblo, desde cuyo punto se descubre toda la llanura, que hay desde Sagunto á Cullera, el pico de Mongó y los montes de Játiva, la hermosa vega de VALENCIA, el mar, Chiva y los montes superiores, con todo el extenso llano de Cuarte, cuya perspectiva sorprende y encanta. Los naturales de esta poblacion, que asciende á 7.112 habitantes, se cuentan entre los más laboriosos de la provincia. 15.a Tabernes de Valldigna. Se encuentra en la falda meridional de la montaña, llamada las Cruces, á la izquierda del riachuelo ó rambla de la Vaca, con 6.634 almas, clima templado, colegios de niños y niñas, iglesia parroquial, cárcel, término abundante en arroz, granos, seda, vino, aceite, algarrobas y hortalizas de excelente calidad; ganado vacuno, lanar y cabrío; caza de ánades, fochas y codornices; pesca de anguilas, molinos harineros, telares de hilo y fábricas de tejas. 16.a Enguera. Villa con ayuntamiento, cabeza del partido jurisdiccional de su nombre, edificada á 16 kilómetros, Oestesudoeste, de Játiva, y 65, de VALENCIA, sobre la orilla del Escalona, con 6.538 almas, máquinas de cardar lana, multitud de telares, fábricas de sombreros, lienzos y harina. 17.a Sagunto. Capital del partido de su nombre. (Véase su mencion particular en el cuerpo del DICCIONARIO.) 18.a Silla. Enclavada en el partido judicial de Torrente, en terreno llano, entre la carretera de Madrid y el lago de la Albufera, con 5.966 habitantes, clima suave, iglesia parroquial, escuelas de niños y de niñas, grandes cosechas de arroz, cereales, seda, vino, aceite, legumbres, hortalizas, melones y otras frutas exquisitas; manufacturas de pleita, molinos de harina y de aceite, exportacion de seda, arroz, cereales y verduras, é importacion de pescado, ropas y demás artículos de que carece la poblacion. 19.a Catarroja. Villa con ayuntamiento, situada á 7 kilómetros de VALENCIA, con 5.475 almas, crecidas cosechas de arroz, sabrosa pesca de anguilas y tencas, y mucha caza de ánades, fochas y otras aves acuáticas, en el inmediato lago de la Albufera. 20.a Cheste. Villa colocada á 26 kilómetros de VALENCIA, en la jurisdiccion de Chiva, con 5.227 almas, destilatorios de aguardiente, abundante mercado, buenas cosechas, regular industria y pintorescos alrededores. 21.a Chelva. Capital de la jurisdiccion de su nombre, edificada á 60 kilómetros, Oestenoroeste, de VALENCIA, en terreno quebrado, sobre el río de su denominacion, con 5.202 habitantes, notable iglesia parroquial, hilanderías de seda, mercado muy concurrido y preciosas ruinas de un acueducto romano. 22.a Alberique. Cabeza de su término jurisdiccional, á 35 kilómetros de la capital de la provincia, con 4.996 almas y grandes cosechas de aceite, seda, vino y frutas. 23.a Benaguacil. Villa con ayuntamiento, situada á 33 kilómetros de VALENCIA, sobre la ribera izquierda del Turia, con campos bien cultivados, manufacturas de telas comunes, y 4.654 habitantes. 24.a Carlet. Cabeza del partido de su nombre, á 30 kilómetros de distancia de VALENCIA, con 4.434 habitantes, términos sumamente productivos y gran comercio de seda, aguardiente, vino, aceite y trigo. 25.a Villanueva del Grao. Poblacion importante y uno de los principales puertos de España, situada sobre la desembocadura del Guadalaviar ó Turia, á 3 kilómetros escasos de la capital, con 4.382 almas, activo comercio con Francia y otros puntos, y considerable exportacion de vinos, seda, lanas, frutas y otros artículos de larga enumeracion. 26.a Chiva. Capital de su jurisdiccion, á 32 kilómetros, Oeste, de VALENCIA, con 4.226 habitantes, preciosa iglesia de arquitectura moderna, magnífico palacio del duque de Medinaceli, campiña feracísima, fábricas de juncos, carbon vegetal, vino, aceite y algodon. 27.a Moyente. Villa notable por sus bien cultivadas huertas, situada á 66 kilómetros de la capital, sobre la márgen derecha del Cañolas, con abundantes cosechas, industria, comercio y 4.165 almas. 28a Buol. Poblacion comprendida en el partido judicial de Chiva, sobre la ribera derecha del río de su nombre, con 4.107 habitantes, dos grandes plazas, una iglesia parroquial y fábricas de papel y paños y varios molinos aceiteros.
29.a Olleria. Villa bien edificada, al Mediodía de la Serragrosa, entre dos pequeños rios, comprendida en la jurisdiccion de Albaida y distante 9 kilómetros, Sur, de Albaida, y 60, de VALENCIA. Tiene 3.942 almas, calles anchas, una extensa plaza, hospital, fábricas de aguardiente, tejas, vidriado, tejidos comunes de cáñamo y lino; canteras de alabastro en las cercanías y gran comercio de caba Ilos. Es patria del famoso poeta dramático Alejandro Arboreda. 30.a Turis. Villa con ayuntamiento, correspondiente al partido judicial de Chiva, asentada sobre la márgen izquierda de Juanes, con 3.471 almas, campo fértil y fabricacion de seda y aguardiente. 31.a Albaida. Capital de la jurisdiccion de su nombre, á 16 kilómetros, Sur, de Játiva, con 3.453 almas, términos muy productivos y manufacturas de telas. 32.a Fuente la Higuera. Villa enclavada en el partido judicial de Onteniente, á 40 kilómetros, Sudoeste, de Játiva, cerca del Montesa, con elaboracion de aguardiente, venta de comestibles y telas y 3 354 almas. 33.a Villar del Arzobispo. Capital de la jurisdiccion de su nombre, colocada á 40 kilómetros de VALENCIA, con 3.160 habitantes, fábricas de loza y aguardiente y considerable cosecha de seda, almendra y cáñamo: y 34.a Monteza. Antigua capital de la órden militar de su denominacion, fundada por el rey Don Jaime, despues de la supresion de los templarios, y confirmada por el papa en 1318. Esta órden reemplazó á la de Calatrava, y el maestrazgo quedó incorporado á la corona por Felipe II, en 1287. El traje de los caballeros era blanco, con una cruz negra. La poblacion fué tambien muy importante por sus fortificaciones é imponente castillo, el cual quedó arruinado por un terremoto. En la actualidad, pertenece al partido judicial de Enguera, dista 40 kilómetros de la capital y cuenta 1.071 habitantes. 107. Valencianos ilustres.— De los varones ilustres que cuenta VALENCIA entre sus hijos, cuyos nombres forman un inmenso catálogo, citaremos sólo los siguientes: 1. Santos. Pedro Pascual, Vicente Ferrer, Luis Francisco de Borja, Nicolás Factor, Beltran, Gaspar de Bono y otros venerables. 2. Teólogos y canonistas. Andrés Capilla, Jaime Ferrás, José Esteve, Juan Bautista Cardona, Honorato Juan, Juan Bautista Perez, Baltasar Sorio, Benito Oliver, Benito Perera.
3. Jarisconsultos. Pedro Belluga, Francisco Jerónimo Leon, Cristóbal Crespi de Valdaura, Francisco Rojas, Lorenzo Mateu, Antonio Juan de Centellas y Aparici Guijarro.
4. Matemáticos. Jaime Juan Falcó, Jerónimo Cortés, Bartolomé Antic, Jerónimo Muñoz y Tomás Vicente Tosca.
5. Médicos. Gaspar Torrella, Melchor de Villena, Gaspar Tristan y Pedro Pintor.
6. Botánico. Antonio Cabanillas. 7. Filóso fos y humanistas. Juan Luis Vives, Pedro Juan Nuñez, Federico Furio Ceriol, Francisco Perez Bayer, Juan Andrés Strany, Gaspar Guerau, Francisco Decio, Juan Martorell, Antonio Jimeno.
8. Poetaz. Ausias March, Bernardo Fenollar, Jaime Roig, Cristóbal Virnés, Gaspar de Aguilar, Guillen de Castro, Gaspar Gil Polo, Francisco Tárrega, Micer Andrés Rey de Artieda, Antonio Folch y Cardona. 9. Historiadores y cronistas. Beuter, Escolano y Miñano, y Vicente Boig, cronista de VALENCIA, á quien somos deudores de una parte de las noticias que contiene el presente trabajo. 10. Militares. Hugo de Moncada, Juan de Agulló, Romeu de Codinat y Francisco de Moncada. 11. Pintores. Nicolás Falcó, Tomás Carbonell, Juan de Ribalta, Antonio Briquer, Gregorio de Castañeda, fray Vicente Guerra, Francisco Cristóbal y Juan Zariñena, padre é hijos, y otros varios. 108. Heráldica.—El escudo de nuestra ciudad ostenta por armas las barras de Aragon y Cataluña, y, por timbre, un murciélago con las alas extendidas. (Rat penat, murciélago.) 109. Reseña histórica.—La dividiremos en dos partes, á saber: historia antigua é historia contemporánea, sin perjuicio de las subdivisiones que, para mayor esclarecimiento de los hechos, creamos conveniente establecer, durante el curso de nuestro relato, dentro de cada uno de estos dos grandes períodos. HISTORIA ANTIGUA. (Comprende desde la fundacion de la ciudad hasta fines del siglo XVIII.) 1. Orígen y fandacion de VaLEN CIA.—El orígen de las naciones y áun de las ciudades, sobre todo, cuando son tan famosas, como la que ha tocado en próspera fortuna á estos apuntes, suele perderse en la oscuridad de los tiempos; esos tiempos en que la historia se idealiza con los bellos delirios de la fábula, ó en que la fábula parece querer usurpar su razon y su crítica al espíritu de la historia. En efecto, la fundacion incomprensible y misteriosa de la esclarecida ciudad en aquellos tiempos tradicionales, en que los noachidas de las Sagradas Escrituras se dispersaban por la tierra, ó en que los dioses del Olimpo gentil se repartían amigablemente las diversas regiones del mundo, es un hecho tan desconocido y dudoso como la fundacion de España, atribuida á un personaje bíblico, el cual no sabía probablemente el punto de la tierra en donde estaban nuestros montes y nuestras costas. Sin embargo, no seremos nosotros los que dejemos de dar á conocer á nuestros ilustrados lectores las conjeturas que se han hecho, de muy antiguo, para inferir cuáles pudieron ser la fundacion y el nombre de nuestra célebre ciudad. Damos á nuestra liberalidad literaria tan largas medidas, ora por reverencia y cortesía al pensamiento de varios autores, ora por no negar nuestro sufragio á ningun asunto de la erudicion nacional; áun tratándose de una erudicion semimitológica. En cuanto á si VALENCIA fué ciudad edetana ó contestana, el testimonio de muchos documentos de la Edad Media no deja lugar á la duda. Dichos documentos, escritos en bajo latin, la designan frecuentemente bajo el nombre de VALENTIA edetanorum; es decir, VALENCIA de los edetanos. Por consecuencia, su filiacion geográfica no puede ser asunto de litigio histórico, como luégo se probará con más copia de antecedentes. Por lo que se refiere á la etimología de Bal ó Baal, gran divinidad de los asirios, que los griegos asimilaban á su Júpiter, excusado parece decir que la forma Balencia no se encuentra en ninguna parte; y si en alguna se encontrara, sería abusiva. Inútil fuera que nos esforzáramos en demostrar que la suposicion de una VALENCIA de los babilónicos y de otra VALENCIA de los romanos, valdría tanto como establecer una dualidad lingüistica, de que no hay ejemplo en la historia del mundo, y que la sana crítica no puede admitir, sin poner en tortura el método de la derivacion y el criterio analítico. El nombre de VALENCIA del Cid es el mismo nombre de VALENCIA de Alcántara, ó de VALENCIA de Don Juan, en España; el mismo nombre de la VALENCIA de los franceses, de la de Cerdeña, de la del Abruzo, de la de todas las VALENCIAS que conoce la geografia, puesto que todas ellas representan literalmente el latin Valentia, que se halla en Plinio, significando una ciudad de la Tarraconense, que es la gran ciudad de estos apuntes. El latin Vâlentía se compone, segun todos los etimologistas, del verbo vâlère, ser vigoroso, tener salud, fuerza, valor, y del sufijo nominal encia, como en clemencia, inocencia, potencia y mil otros vocablos. Y debe notarse que, muchos siglos ántes de Plinio, Vâlentía era el nombre primitivo de Roma, hasta que los griegos, venidos de Troya, le dieron el nombre que hoy tiene. VALENCIA quiere decir, pues, ciudad forti ficada, ciudad poderosa; más claro; ciudad de fendida. Cúmplenos poner la cuestion en este terreno, á fin de derivar la directa responsabilidad que nos cabe en punto á procedencias etimológicas, puesto que este artículo se publica en un Diccionario etimológico. Por lo demás, no hacemos hincapié acerca de varias cuestiones, las cuales no interesan verdaderamente á la rica historia de nuestra ciudad, cuyo noble escudo no se funda en traer su origen de una cavilacion más ó ménos bella. Ora oculte sus primeros dias en la noche imponente del tiempo; ora se remonte á los adoradores del sol, confundiendo su orí
gen con los hijos de Babilonia; ora venga de los griegos y de los latinos, nuestros naturales primogenitores por el comun y múltiple consorcio de la naturaleza, de la palabra, de las costumbres, del arte y de la historia, la ciudad de VALENCIA tendrá siempre bastante con la fecunda vida que lleva en sus entrañas, para merecer la gratitud y la admiracion de los pasados, de los presentes y de los venideros. Hé aquí ahora las conjeturas, á que tuvimos el honor de aludir. Si á examinarse fuera con escrupulosidad suma, difícilmente se encontraría otra poblacion más ilustre por sus antigüedades, ni antigüedades más disputadas y, quizás por esto mismo, ménos conocidas hasta el presente.
Escolano, Diago, Zurita, Marca, Nuñez, Morales, Celario, Baudrand, Muratori, Olmo, Liebe, Patin, Ortelio, Harduino, Vaillant, el maestro Flórez y otros muchos nombres igualmente autorizados, se han distinguido en sus respectivos tiempos ilustrando con su profundo talento é inmensa erudicion estas tan controvertidas antigüedades; y sin embargo, á pesar de sus respetables opiniones y de las no ménos ilustradas de Escaplés, Antist, Mayans, Falcó, Pradas, Ortiz, Teixidor, Villanueva, Cortés y otros varios, que han escrito sobre la materia, todavía no ha podido determinarse con exactitud la verdadera época de la fundacion de VALENCIA, el nombre que llevó en su ignorada cuna y los primeros habitantes que la poblaron. Se han encontrado vestigios, siquiera sean pequeños, de una raza egipcia, ó, por lo ménos, oriental. Algunos autores aseguran que los fundadores vinieron de Sagunto, oriundos, por consiguiente, de la isla de Zante; pero en ninguna parte se hallan recuerdos monumentales de un rey, llamado Romo, á quien ciertos autores valencianos; particularmente, Miedes, atribuyen la fundacion de la ilustre ciudad. Más fácil sería suponer que existió en ella alguna familia egipcia, cuyas huellas se confunden con las memorias de los primeros pobladores romano-lusitanos.
Pero, despues de todo, lo que no puede ya ponerse en duda, es que el cónsul Decio Bruto señaló este territorio, por los años 136 ántes de la venida de Jesucristo, para reunir y establecer á los dispersos soldados de Viriato, despues de la trágica muerte del intrépido luso. 2. Denominacion primitiva de VALENCIA.—El nombre VALENCIA es perfectamente etimológico, formado por contraccion de las voces Balentia, Entia ó Antia, y una de las introducidas en la antigüedad geográfica, equivalentes á nuestra voz adjetiva ciudad, la cual se conserva amalgamada con los nombres propios, sirviendo á muchos de terminacion. Los antiguos orientales dieron las denominaciones de: Bel, Bal ó Baal, al Sol, prototipo de todos los Hércules, que guió sus establecimientos hasta el Occidente, en cuyo antiguo extremo se representó el fin de sus trabajos en las célebres columnas Calpe y A bila. En este concepto, VALENCIA vale tanto como ciudad de Bal, ó consagrada al Sol, nombre que recuerda la religion de los presuntos originarios de la ciudad. A ser, pues, rigurosamente exacta esta conjetura sobre el nombre de nuestra poblacion, bastaría por sí sola para remontar su orígen hasta el de la nacion española; es decir, á aquellos tiempos, que los sabios de la Grecia tuvieron por desconocidos, en los cuales las letras sagradas fechan la dispersion de los noachidas, y la mitología coloca la particion del mundo entre los dioses. Y por cierto que no faltan opiniones respetables, que dan fuerza de verdad á esta conjetura: «VALENCIA, dice el muy erudito Flórez, es una de las ciudades que, despues de dilatados siglos de antigüedad y del dominio de diversas naciones, conserva sin mutacion su primitivo nombre.» De esta opinion ilustrada, que revela la conviccion más profunda, se desprende, de acuerdo con lo dicho anteriormente, que el nombre de VALENCIA indica acaso la antigüedad de esta poblacion, la cual pudiera remontarse hasta los tiempos primitivos, segun las hipótesis sentadas, pues no son más que hipótesis. 3. VALENCIA ántes de la dominacion de los romanos.—Sentado hipotéticamente el orígen de esta ciudad y atribuyéndolo á los primeros pobladores de España, dedúcese por su admirable situacion que sería uno de los asientos primitivos, pues, habiendo pasado á la península ibérica por el istmo que la uniera con la africana, debieron más bien poblar estas afortunadas regiones litorales, que penetrar en la fragosidad mediterránea. De sospechar es tambien que los tirios, á quienes se atribuye la no muy distante ciudad de Peñíscola, desearan conocerla, cuando el auge comercial de Fenicia empujó sus naves hasta nuestras costas. La Zarintia Sagunto y otras colonias, que fundaron los griegos en el país de VALENCIA, acreditan cuán frecuentado se hubo de ver por aquellos antiquísimos huéspedes, á las cuales recibió con mucha ménos repugnancia, que las regiones de la actual Cataluña. Al hablar de los griegos, nos referimos á las emigraciones focenses, que tan alto pusieron el nombre de Ampúrias, al par que inmortalizaron las Galias con las maravillas de sus monumentos, páginas famosas de la antigua cultura del Oecidente, primeros resplandores de aquel sol de Grecia, que alumbró al mundo, Los ejércitos cartagineses, comandados por el grande Amílcar, son los primeros de quienes consta que recorrieron y dominaron aquella comarca. Pero, entretanto, nada se sabe aún individualmente de VALENCIA; y de los acontecimientos generales que se exponen, sólo pueden hacerse deducciones particulares, que nunca dejarán de ser gratuitas. Si se ha supuesto que VALENCIA estuvo bajo el poder de los cartagineses, es únicamente porque se sabe que Amílcar Barca exigió rescate á los edetanos, en cuya region está enclavada esta ciudad; y no cabe dudar de que existia ya entónces, puesto que consta que sonaba su nombre antes del consulado de Junio Bruto. Por lo demás, poco importa para estas deducciones la discordancia que se nota en los escritores, sobre si VALENCIA fué ciudad edetana ó contestana, puesto que la misma suerte cupo á la Edetania que á la Contestania. Ferrario, Baudrand y otros autores, siguiendo á Ptolomeo, la creyeron incorporada á esta última; pero ya dijo muy bien el maestro Flórez: «La region á que perteneció VALENCIA, no fué la Contestania; sino la Edetania, como firmemente consta por Plinio; sin que debamos atender á Ptolomeo en esta parte, pues no tuvo buenos informes de aquellas costas, ó le han adulterado los copiantes.» La Edetania empezaba en la márgen oriental del Júcar (Sucro) y comprendía la Albufera, á la cual, en tiempo de Plinio, como hoy, seguía por el Este, la ciudad, y despues, el río Turia, corriendo casi en la misma relacion que ahora con VALENCIA. 4. Dominacion romana.—La toma de Cartagena aseguró el dominio de los romanos en toda la extension de la Edetania, cuya ciudad más importante, que era Sagunto, fué ya desde entónces el centro de todas las operaciones del Gobierno de la república en aquella vasta region. La ciudad primitiva hubo, pues, de venir á poder de los conquistadores del mundo, siguiendo la suerte comun al país; pero nada puede puntualizarse todavía, puesto que la primera noticia histórica que se tiene de esta poblacion se refiere al consulado de Bruto el Calaico. Se sabe positivamente que existía entónces, porque el compendiador de Tito Livio expresó haberla dado con ciertos campos á los que habían militado sub Viriato. Certificada así su existencia anterior, cualquiera que fuese su entidad, no cabe duda de que participaría de los acontecimientos generales, que dejamos apuntados, y de otros de que debemos prescindir en este lugar, puesto que queda establecido hipotéticamente que esta ciudad debe incluirse en el número de las poblaciones primitivas de España. Muerto Viriato á manos de unos asesinos, instigados por Cepion, emprendió el ejército ibero su retirada desde Sagunto en direccion á las provincias del Bétis; pero fué alcanzado por Cepion, quien le obligó á capitular, prometiendo á los soldados un terreno feraz y abundante, en donde podrían vivir retirados. Admitida esta condicion, depusieron las armas, dispersándose aquella masa de veteranos, que con tanta gloria había sostenido la independencia de España. Durante aquellos tratos, fué Quinto Cepion relevado del mando por el
cónsul Décimo Junio Bruto, á quien el Senado había enviado para reemplazarle. El nuevo jefe cumplió religiosamente los compromisos contraidos por su antecesor y asignó á los lusitanos, que quisieron aceptarlo, un hermoso terreno, que se extendía á orillas del Turia, dando á esta colonia militar el nombre que conserva de VALENCIA, en 138 ántes de la era cristiana. Aislados estos lusitanos en medio de pueblos, cuyo trato les era enteramente desconocido, y léjos de su país, no pudieron ménos que aceptar los nuevos hogares que se les ofrecía, bajo un cielo siempre puro y apacible y en el centro de un bosque pintoresco, bañado entónces por el Turia, la Albufera y el Mediterráneo. A estos veteranos asoció el cónsul los soldados viejos, que contaba en sus legiones, y romanos y lusitanos, llenos de heridas y de hazañas, formaron la poblacion primera de nuestra ciudad. Algunos autores manifestaron grande extrañeza de que Bruto cediese los campos y el pueblo de VALENCIA á los soldados de Viriato y no á sus propios veteranos, cuestion que el erudito Cortés dilucida en estos términos: «Ha parecido á algunos cosa poco regular dar tierras tan deliciosas y amenas, y un pueblo tan hermoso como VALENCIA, á soldados rebeldes al imperio romano, siendo más natural en su caso darlos á los leales y súbditos. Pero las palabras iis qui sub Viriato militaverunt, resuelven esta duda, pues no se puede decir de los soldados romanos, que hicieron la guerra contra Viriato, que hubiesen militado sub Viriato (esto es, bajo la conducta de aquel caudillo). Quitan tambien la duda las expresiones de Apiano, quien dice «haberse dado estas tierras á los que se habían rebelado al mando de Viriato.» Así Don Juan Bautista Perez en una nota suya al márgen de Vaseo, escribió: militibus hispanis rebellibus, ait Appianus. El mismo Apiano manifestó la sabia política en que se fundó el cónsul, quien prudentemente pensó, que á unos soldados que estaban acostumbrados á vivir del robo y de la guerra, convenía darles campos amenos y abundantes, que les diesen el sustento á poco trabajo, para que no tuviesen necesidad de tomar otra vez las armas. El inmediato ejecutor de esta resolucion no fué el mismo Bruto, sino Cepion, como dice Apiano, y les dió estas tierras, añade, despues de haberles desarmado, lo que no se dice de soldados leales. Quos ille (Cepio), detractis armis, agro, satis abundanti, ne deinceps latrociniis vivere ob penuriam cogerentur, donavit... Varones de la primera autoridad han dicho no ser VALENCIA la edetana, sino la VALENCIA que está á la orilla del Tajo: prope Tagi ripas; hoy, Valencia de A lcántara, como Zurita en sus notas al Itinerario, ó la que está junto al Miño, como Don Juan Bautista Perez en sus notas á la crónica de Vasco. Pero conociendo el peso de su autoridad, juzgo por más probable la opinion que sostiene ser VALENCIA la edetana de la que habla el Epítome de Tito Livio. Las razones son muy poderosas. Ninguna VALENCIA de España se llama Colonia, sino la edetana, ni áun sabemos que en tiempo de romanos hubiese otra: y lo primero que se había de probar, es que hubo esa VALENCIA del Tajo y esa otra del Miño, lo que no se puede probar por ningun documento de aquel tiempo. Es constante que los soldados de Viriato debían apetecer establecimientos en VALENCIA edetana, donde habían estado mucho tiempo con Viriato; donde, es decir, en la region edetana y no léjos de Sagunto, fué asesinado su general, pues el primer punto de apoyo que tomó su ejército, después de esta catástrofe, para organizarse y nombrar sucesor á Tántalo, fué Sagunto, como refiere Apiano. Vino Cepion sobre ellos; pasaron por el Turia y el Sucro, y á las orillas del Bétis capitularon; y Cepion, habiéndoles desarmado, les sañaló este país, que les era conocido y grato por su abundancia. De lo que se infiere que el ejército de Viriato no capituló con Bruto, sino con su lugarteniente Cepion. Bruto estaba en la Galicia, rindiendo las ciudades rebeldes, léjos del ejército de Viriato ó de Tántalo, pues éste estaba acaso en A phrondisio; hoy, Almenara, que era el lugar favorito de Viriato, y desde el que hizo sus correrías sobre Segobriga. Es, pues, más probable que los soldados de Viriato fueran establecidos en la Edetania, que en otros puntos...» Hemos trascrito íntegro el relato de este erudito escritor sobre ambos extremos, porque, comprendiendo en sí el de Flórez, Escolano y cuantos han afirmado que la VALENCIA mencionada en el Epítome de Tito Livio es la edetana; y los soldados establecidos en ella, procedentes del ejército de Viriato, es cuanto cabe decir sobre este asunto. Cortés ha aprovechado todos los recursos que la historia sugiere para comprobarlo, y separarse de su opinion, sería evidentemente separarse de la historia misma. VALENCIA se vió engrandecida por Junio Bruto con los restos del ejército de Viriato en el año 136 ántes de Jesucristo. En la guerra sertoriana siguió esta ciudad, con toda la Edetania, el partido de aquel famoso caudillo de los españoles. Por esta misma época se dió una sangrienta batalla junto al Turia, que decidió la suerte en favor de Pompeyo, con muerte del general sertoriano C. Herenio, y, con este motivo, fué ocupada la ciudad por los vencedores. Pompeyo escribió al Senado la destruccion de Herenio con su ejército y la de VALENCIA; pero la exactitud de esta expresion no es probable en todo su sentido: VALENCIA sería rendida, y, á lo sumo, rotos sus muros y vendidos sus ciudadanos, para ser muy luégo repoblada y repuesta de su anterior quebranto. Pero ¿se verificaría esta repoblacion por el asiento de veteranos de las legiones romanas, siendo con este motivo erigida en colonia del derecho itálico, que disfrutó esta ciudad, como atestiguan Plinio y el jurisconsulto Paulo? Esto parece ser lo natural, miéntras que repugna atribuir la gracia de aquella jerarquía á la misma época de su engrandecimiento por Bruto, pues no es regular, como dice Cortés, que desde luégo se estableciese igualdad entre los soldados romanos y los de Viriato, que eran lusitanos y celtíberos. El mismo señor Cortés conjetura que pudo ser repoblada ya anteriormente por aquella parte de sus antiguos ciudadanos, establecida en sus dependencias, y que no hubo de sucumbir á la catástrofe general, yendo despues á domiciliarse en ella los veteranos... «Con esto—dice—vino á ser VALENCIA una ciudad compuesta de dos clases de moradores: los antiguos y primitivos pobladores (entiéndanse los establecidos por Bruto), que todos eran hispanos, y los veteranos ó licenciados romanos: y esto es lo que se da á entender en algunas lápidas ó inscripciones, que se conservan aún en VALENCIA, donde se ven asociados en dedicaciones que hicieron los veteranos y los véteres: peterani et veteres: entendiéndose por véteres los primeros pobladores (los engrandecedores), ó sus descendientes; y por veteranos, los soldados romanos, que en ella fueron domiciliados al erigirse en colonia romana.» Muchos autores, y, entre ellos, el sabio Marca, al ver que Estrabon no menciona á VALENCIA, han creido que, destruida por Pompeyo, no había sido aún restaurada en tiempo de este geógrafo; pero, pocos años despues, decía Pomponio Mela que VALENCIA y Sagunto eran ciudades notabilísimas entre las que abrazaba el seno ó golfo sucronense. Como ya hemos indicado, Plinio puntualizó su situacion en la Edetania, con la mis. ma posicion, que actualmente tiene respecto del río, si bien del mar distaba entónces sólo 300 pasos, proviniendo de éste, segun el maestro Flórez, y no de la poblacion, la diferencia que hoy se nota. Al tratar de las murallas, puertas y fortificaciones, hemos visto cuál era el pequeño y elevado recinto que ocupaba la ciudad primitiva y romana, descrito por el laborioso señor Cortés, cuyo órden siguieron luégo los demás autores.
5. Medallas, inscripciones y antiguedades de VALENCIA bajo el dominio de los romanos.—Segun el testimonio de las medallas, los dictados de la ciudad eran: Colonia Julia, antepuestos al nombre VALENTIA; sus emblemas, el vaso de A maltea ó cuerno de la abundancia, así como el rayo de Júpiter protector, al que sin duda se erigió en ella el primer templo. De las inscripciones, copiadas y comentadas por los dos citados autores, resultan: la adoracion al Dios Eterno, al dios Asclepio y á la diosa Isis; la veneracion á las mujeres Fadas ó adivinas. En el Itinerario romano aparece tambien esta ciudad con las 16 millas ó 4 leguas,
que aún hoy mismo dista de Sagunto. VALENCIA conserva igualmente una memoria dedicada al gran Sertorio por un liberto suyo, llamado Quinto Sertorio A bascanto, elector que fué del ejército romano. Con la muerte de aquel valeroso caudillo, asesinado por Marco Antonio y otros conjurados, y la dispersion completa de su aguerrido ejército, terminaron las sangrientas guerras ibéricas, que tanta sangre y tantos tesoros costaron á Roma. VALENCIA, ajena completamente á aquellas grandes luchas, continuó su existencia de engrandecimiento, durante la espantosa guerra civil entre César y Pompeyo, pasando bajo la dominacion de los emperadores, como una de las muchas ciudades enclavadas en el vasto territorio de aquel imperio colosal. 6. Dominacion goda.—Esta ciudad, que habia venido á ser enteramente romana, hubo de sufrir muy particularmente en la desastrosa guerra, que terminó con la extirpacion en la Península del poder de Roma; no obstante, aunque sin haber perdido su importancia, ántes bien ennoblecida con la dignidad episcopal, no aparece mencion particular de ella en la historia, hasta que se la ve asomar bajo el dominio godo. Con efecto; cuando el imperio romano de Occidente caía despedazado á las plantas de Alarico, se vió VALENCIA sorprendida por las irresistibles hordas de Ataulfo, las cuales se apoderaron al mismo tiempo de Aragon y de Cataluña. Segun un texto de san Agustin, citado por el historiador Escolano, el país experimentó grandes desdichas y desastres, en la primera invasion de los godos, sin que de su prolongada dominacion, que principió en 475 y terminó en 714, haya quedado memoria ni monumento digno de mencion. La lengua latina, que era la que se hablaba en esta ciudad, empezó á decaer y adulterarse desde la llegada de los bárbaros del Norte, como sucedió en todo el país; particularmente, en las comarcas que han comprendido despues los territorios de VALENCIA. Cataluña y parte de Aragon. VALENCIA, en medio de su postracion política y militar, osó proteger al príncipe Recaredo, perseguido por su padre, ofreciéndole toda su cooperacion para salvarle del furor del fanatismo arriano; y su hermano Hermenegildo, puesto al frente de un ejército de griegos y de naturales, se rebeló por segunda vez en esta ciudad, adonde el mismo Leovigildo le confinó despues de derrotarle en Sevilla, como caudi Ilo del catolicismo armado. VALENCIA vió desaparecer su poblacion primitiva romano-lusitana, á quien sustituyó la raza goda, la cual, sin dejar más recuerdos de su existencia que el nombre de Pelayo, el cristianismo de Recaredo, el Fuero Juzgo y una pujante participacion en las formidables contiendas de la Reconquista, fué tambien á perderse en aquellas enormes oleadas de guerreros que el Africa y el Asia de consuno parecían vomitar sobre la espantada Península, dando lugar á una catástrofe, sin igual en la historia, en que alumbró á España el sol ensangrentado de siete siglos. 7. Conquista de VALENCIA por los árabes.— Despues de la funesta y terrible batalla del Guadalete, en que principió la rápida agonía de la gente goda, Abd-el-Aziz, separándose de Muza, invadió el territorio murciano, batió en Orihuela (Orcillis) al gobernador Teodomiro y avanzó hasta las inmediaciones de VALENCIA, cuyos moradores hicieron una débil resistencia en los campos, donde se levanta hoy el pueblo de Catarroja. Una vez conquistada, quedó VALENCIA sujeta: primero, á los emires, nombrados por los emires de Damasco, y despues, á los mismos califas de Córdoba.
Pero, desde la muerte del grande Almanzor, célebre ministro de Hicem, los malíes de VALENCIA, no sólo intentaron frecuentemente sustraerse á la autoridad del Gobierno cordobés, sino que vinculando en varias familias poderosas el mando de la ciudad, dieron orígen al nacimiento de diversas parcialidades, enemigas entre sí, las cuales se disputaban la gobernacion con horrible encarnizamiento, asi como la disputaron tambien á la rivalidad de los malies de Murviedro, de Játiva y de Denia, quienes procuraban sobreponerse mutuamente para ensanchar los límites de sus inquietas oligarquías. 8. Reino musulman de VALENCIA.— Féchase su encumbramiento en los años 1012 ó 1021, por el mencionado Abd-el-Aziz, á quien, en 1060, sucedió su hijo Abd-el-Melek, apellidado el Modhafer, yerno de Dzy-el-Nun de Toledo, el cual, resentido porque no le había prestado los auxilios que le pidiera contra Ebu-Abed de Sevilla, cayó de improviso sobre VALENCIA, se apoderó por sorpresa del alcázar y depuso al Modhafer de la soberanía de esta ciudad y de los Estados que de ella dependian, desterrándole al gobierno de Jelba, en 10 de Noviembre de 1065. El toledano colocó en VALENCIA, en calidad de regente, á Ida, hijo de Lebun, y, tan luégo como hubo pacificado el país, regresó á Toledo, llevándose consigo á la nobleza principal de la ciudad para que le ayudase en la guerra. No obstante este acontecimiento, algunos ponen por sucesor del Modhafer á su hijo ó hermano Abu-Bekr, en 1077. 9. Toma de VALENCIA por los almoraoides.— Estos nuevos invasores se habían apoderado de una gran parte de nuestra peninsula y hecho dueños de Denia y Murcia. Por este tiempo, desempeñaba en VALENCIA las funciones de kadí, como habían venido haciéndolo por largo tiempo sus antecesores, Ben-D’yajaf, el cual concibió el proyecto de apoderarse del trono que ocupaba Al-Kaadir, aprovechándose de las debilidades de este imbécil régulo y de la ausencia del Cid, quien, en aquella misma época, acababa de separarse por tercera vez de su soberano el rey de Castilla. Miéntras este famoso caudillo cristiano ayudaba al monarca moro de Zaragoza, Don Alfonso de Castilla que, en 1092, había invadido el territorio valenciano y puesto cerco á Liria, intentó luégo sitiar á VALENCIA, auxiliado por las tropas, llegadas de Pisa y de Génova, las cuales prometieron contribuir al logro de la empresa por la parte del mar. Noticioso el Cid (verdadero caudillo de VALENCIA durante la enfermedad de Al-Kaadir) de las operaciones del monarca castellano, penetró en el condado de Nájera y Calahorra y logró apoderarse de Alberite y Logroño, talando sus comarcas, incendiando las iglesias y causando terribles estragos en todas partes. Miéntras que esto acontecía, las fuerzas de los almoravides se habían aproximado á la poblacion, y una mañana, presentáronse inesperadamente en la puerta de Tudela 500 jinetes. Ben-al Farad’ye, alguacil del Cid, corrió á palacio, mandó cerrar las puertas de la ciudad y coronó de soldados la muralla. La sorpresa, segun refiere la historia, se llevó á término del modo siguiente. Cuando Ben D’yajaf pidió al general almoravid, Ben-G’Aischa, que avanzara sobre Alcira y VALENCIA, este caudillo se excusó, so pretexto de que no podía abandonar á Denia; pero, esto no obstante, despachó á su capitan Abu Nasser para que en su nombre fuese á auxiliar y cumplir los deseos manifestados por Ben-D’yajaf. Salió aquél de Alcira durante la noche, con 20 jinetes de los suyos y otros tantos de la villa, vestidos todos con el traje de los almoravides, y, al amanecer, se hallaban delante de la ciudad. Los parciales del kadí se aprestaban á ayudarle; pero los soldados de Al Kaadir se reunieron y, lanzando gritos espantosos, invadieron el palacio del gobernador, pidiendo que saliese y se pusiera á la cabeza; el traidor temblaba de miedo, esquivando presentarse al frente de las tropas; sus parciales entónces penetraron hasta en su misma habitacion, librándole del aprieto en que se encontraba, y, dirigiéndose en seguida al palacio de Al-Kaadir, arrestaron á Ben-al-Farad’ye; los amotinados, cuyo número se había aumentado con otras gentes, trataron de forzar las puertas de la ciudad, despues de haber desalojado á los soldados que la custodiaban; pero, no pudiendo lograrlo, les prendieron fuego, en tanto que los que habían conseguido penetrar en palacio, introducían en él á los almoravides con el auxilio de cuerdas, que arrojaban desde los tejados y azoteas. El desgraciado Al-Kaadir, despreciado por unos, perseguido por otros y odiado de todos, pudo escapar vistiendo el traje de una de sus concubinas y confundiéndose con las demás mujeres del harem, no sin llevar consigo sus más preciadas alhajas, y entre ellas, el célebre collar que fué de Zo
baiba, esposa de Harun-al-Raschid. que pasó despues á poder de los Omeias de España; luégo, al de Al-Maamun, y últimamente, al de Al-Kaadir. Los valencianos introdujeron al capitan Abu-Nasser, robando, destruyendo y matando á los soldados, y no se detuvieron hasta averiguar el sitio en donde se había refugiado el rey. Reducido á prision, comprendió Nasser que sólo dándole muerte, le sería posible apoderarse de las alhajas, y, con este objeto, entregó su custodia á Benal-Jadidi, quien asesinó al desventurado monarca, en venganza de haber privado á su familia de algunos cargos que desempeñaba. Los asesinos se repartieron luégo las codiciadas alhajas, arrojaron á un estanque la cabeza de la víctima y sepultaron su cuerpo en el hoyo destinado á los cadáveres de las bestias. Ben-D’yajaf no logró, empero, ocupar el trono por falta de valor y de talento, contentándose con mandar en el interior de la ciudad y con desplegar un lujo insultante, afectando el poder de un gran monarca; y VALENCIA se vió gobernada, desde la muerte de Al-Kaadir hasta la conquista del Cid, por la D’yemag ó asamblea de los notables, como lo habían hecho anteriormente Córdoba y Sevilla, á la caida de la dinastía de los Omeias. 10. Conquista de VALENCIA por el Cid.—Una poderosa liga, de que fué móvil el jefe musulman de Albarracin, Abu-Merwan, entroncado con el último emir dzulmenide de VALENCIA, en la cual se comprometieron los emires de Murviedro, Játiva y Denia contra los almoravides, nombró por caudillo al célebre Cid, Rui-Diaz de Vi Var. Este esforzado campeon, que había jurado vengar la muerte de su amigo el soberano de VALENCIA, notificó á los gobernadores de los castillos cercanos que surtiesen inmediatamente de viveres á su ejército, bajo la amenaza de privar de posesiones á los que le desobedeciesen, y, desde entónces, no dejó ya de hostilizar á los nuevos señores de la ciudad, si bien mandando á sus aventureros que no causaran molestia alguna á los habitantes de la huerta, á fin de que pudiesen atender á las labores del campo. Ben-D’yajaf, por su parte, se conducía en VALENCIA de un modo que aceleraba cada vez más su ruina. Había reclamado el auxilio de Ben-G’Aischa, que residía en Denia, y pudo mandarle 300 jinetes, que se mantenían del trigo que el Cid había acopiado, y de las rentas de Al-Kaadir. Abu Nasser, jefe de los auxiliares, conspiraba contra Ben-D’yajaf, concertándose secretamente con los Beni-Thaaher, á cuya cabeza se hallaba el anciano Abu-G’Abder-Rajam-ben-Thaaher, rey que fué de Murcia. Miéntras que la capital se veía amenazada en el interior por la lucha, próxima á estallar, de dos facciones rivales y enemigas, el Cid daba tres algaradas diarias, sin dejar un momento de tregua á los sitiados. El objeto principal de Rodrigo era alejar de VALENCIA á los almoravides, y casi lo consiguió ofreciendo á Ben D’yajaf el señorío seguro de la ciudad, como lo había tenido Al-Kaadir. Pero el jefe almoravid se resistió á las insinuaciones y áun á los malos tratos del rey, el cual reunió la Asamblea, que acordó enviar abundante dinero á Yusuf, para que viniera en socorro de la poblacion. Avisado secretamente el Cid, salió al encuentro de los emisarios y se apoderó de cuanto llevaban. Estos acontecimientos tenían lugar en Noviembre de 1091, y en Julio del siguiente año se rindió Cebolla, que tenía sitiada el Campeador, y con tal motivo pudo éste estrechar el cerco de la capital. Resuelto á acelerar la rendicion, acometió uno tras otro los arrabales de Alcudia y Alkántara, apoderándose de ellos, despues de un reñido y sangriento combate, en que hasta las mujeres hostilizaban furiosamente á los castellanos. Esta victoria no impidió que el Cid entablara tratos secretos con Ben-D’yajaf, para combinar la salida de los almoravides; y el jefe árabe, vacilando unas veces, aceptando otras, las proposiciones de Don Rodrigo, dió tiempo para que las tropas de Yusuf, al mando de su yerno Abu-Beer, avanzasen sobre nuestra provincia, inspirando aliento á los almoravides de VALENCIA y al régulo de Albarracin, cuyo territorio hubo de talar el Cid, recogiendo un botin considerable. Los africanos llegaban ya hasta A lcacer, próximo á VALENCIA, y los sitiados se entregaban á la más frenética alegría. Pero al dia siguiente, emprendió el ejército invasor la retirada, lo cual causó á los valencianos el más profundo sentimiento, quedando como mujer en dia de parto. El Campeador cobró nuevos bríos, estrechó el cerco, la ciudad comenzó á carecer de víveres, y aquella misma noche de la retirada de Abu-Beer, mandó prender fuego á las casas de los arrabales, consiguiendo que los sitiados cayeran en la más funesta postracion. La ciudad sufría en tanto todos los horrores del hambre, que hacía perecer á muchos de necesidad en medio de las calles, las cuales se veían cubiertas de cadáveres y moribundos. El Cid, sabedor de la terrible anarquía que reinaba en la poblacion, quiso dar un asalto por la puerta llamada Bab-el-Janesch; luégo, de Valldigna; pero, rechazado con grandes pérdidas, volvió al sistema de rigor, cortando toda comunicacion con el campo y quemando vivos á dicciocho moros, que habían logrado fugarse, acosados por el hambre. Esta espantosa ejecucion, verificada delante de los muros, para que fuera vista, llevó al último extremo la situacion aflictiva y desesperada de la poblacion, cuyos moradores, hambrientos, extenuados, sin esperanza alguna de socorro, acudieron á un sabio fahih (alfaquí), Ilamado Al-Batthan, hombre que gozaba de gran consideracion, para que en union con Abu-G’Abbed, obligaran á Ben-D’yajaf á solicitar una capitulacion. Convencido el rey, entraron en tratos con el Cid, comprometiéndose los comisionados á hacer entregar la ciudad, si en el improrrogable término de quince dias no recibían algun socorro. Cumplióse el plaz0, y el 15 de Junio de 1094, que correspondía á uno de los últimos dias de la luna D’vemad el-Aüel del año 487, se firmó la entrega de VALENCIA, cuyas puertas se abrieron á las doce en punto de la mañaua. 11. Conducta del Cid.—El vencedor Don Rodrigo hizo su entrada pública en la ciudad, se mostró tolerante, afable, benigno; dió pruebas de moderacion en un discurso que pronunció delante de los notables de la poblacion y rehusó el dinero que, á guisa de regalo, le ofreció Ben-D’yajaf.
Pero, al dia siguiente, hizo que le entregasen preso á Ben-D’yajaf, á quien mandó conducir al castillo de Cebolla, despues de haber sido atormentado cruelmente, exigiéndole que declarase dónde tenía ocultas las alhajas y los tesoros de Al-Kaadir. Miéntras que el Cid practicaba las más exquisitas diligencias para descubrir aquellos tesoros, parte de los cuales iban encontrándose, tomó el dictado de malt y el gobierno absoluto de la ciudad, por cuenta de los emires coligados, anunciando que los que no quisieran reconocerle, que abandonaran en el acto á VALENCIA. Muchos lo hicieron así, y en 1095, había ya emigrado una buena parte de la poblacion, apoderándose entónces los cristianos de las casas abandonadas. Resuelto Don Rodrigo á llevar adelante su persecucion contra D’yajaf, mandó cavar una fosa y colocó en ella al infortunado caudillo, enterrado hasta el pecho y con los brazos fuera; se amontonó á su alrededor gran porcion de leña y, encendido el fuego, empezó á sufrir los horrores del suplicio, á la invocacion de: en el nombre de Dios clemente y misericordioso, aproximándose él mismo las ascuas de la lumbre, para terminar más pronto su existencia. (MALO DE MOLINA, Rodrigo el Campeador. Madrid, Imprenta Nacional.) 12. Reconquista de VALENCIA por los almoravides.—Muerto el Cid en Julio de 1099, quedó dueña de la ciudad su esposa Doña Jimena, que se hallaba en VALENCIA con sus dos hijas Doña Elvira y Doña Sol, segun las crónicas y los romanceros, ó Doña Cristina y Doña María, segun otros autores modernos. Aconsejada por el obispo Don Jerónimo y otros caudi Ilos, trató de defenderla contra los almoravides, quienes, mandados por el emir Matsdalí, llegaron á la vista de la capital en Octubre de 1101, dos años despues de la muerte del Campeador. Siete meses resistieron los sitiados, al cabo de los cuales tuvo Doña Jimena que solicitar la intervencion del rey Don Alfonso. El monarca intentó acudir en socorro de la poblacion con una buena parte de su
ejército; pero, considerando el número y la tenacidad de los sitiadores y la distancia que le separaba de sus Estados, abandonó la empresa, llevándose en su compañía á Doña Jimena y las tropas que regía y entregando la ciudad á las llamas. Los castellanos se llevaron el cuerpo del Cid, que depositaron en San Pedro de Cardeña, y los almoravides tomaron de nuevo posesion de VALENCIA en 5 de Mayo de 1102, para poseerla los de su ley hasta los tiempos de Don Jaime I de Aragon. 13. Preparativos de conguista y marcha de Don Jaime sobre VALENCIA.— Así que este valeroso monarca, apellidado el Conquistador, hubo concebido el plan de apoderarse de VALENCIA, puso cerco á Peñíscola, el antiguo Chersoneso de los griegos; se apoderó sucesivamente de Jérica, Torres-torres y distrito de Murviedro; emprendió personalmente el sitio de Burriana, en 1233, se hizo dueño del castillo del Puig, punto avanzado que debía servirle de apoyo para emprender las operaciones de ataque contra la capital, y, llegado, por fin, el dia señalado, emprendió la expedicion, puesta su esperanza en Dios, y la gloria de su jornada, en el brío de sus batalladores. Era por entónces soberano de VALENCIA el despótico walí Abu-Abdallah, como le Ilamaba Viardot, ó Aben Zaed, como escribe Masdeu, y conocido vulgarmente en la capital por Zaen y Zest-A buceit, el cual, al rumor de aquella invasion, respondió publicando en todas las mezquitas la gazna ó guerra santa contra los cristianos, en cuyas circunstancias tuvo su orígen el cuerpo permanente de africanos, denominado la Companta de los Rabís, los cuales estaban ligados entre sí por terribles juramentos, observando la vida más austera. Al aproximarse el ejército aragonés á las márgenes del Turia, conoció Zaen, aunque tarde, el peligro que corría, no sólo su poder, sino tambien su persona, en una ciudad cuyos habitantes debían conservar indeleble la memoria funesta de su desastrosa dominacion, y temió un alboroto que le arrojara desde las murallas á los piés del conquistador. La tiranía se arrepiente siempre tarde. Sin embargo, á pesar del odio que el pueblo moro de VALENCIA alimentaba contra Zaen, al ver llegada la hora suprema, se olvidó del tirano para inspirarse solamente en el sentimiento de la patria. A la imponente actitud de los valencianos no respondieron seguramente los alcaides de diferentes castillos, quienes, unos en pos de otros, fueron entregándose al afortunado monarca aragonés, que se vió enfrente de VALENCIA á la cabeza de su brillante ejército, compuesto de setenta mil infantes y dos mil jinetes, venidos de Cataluña, de Aragon, de la Provenza, de Castilla, y no pocos, de Inglaterra y de Italia. Confundidos con los guerreros, acudían á la empresa obispos, abades y religiosos de diversas órdenes, en union con numerosos cruzados, que habían peleado en Jerusalen. Pero en medio de tantos caballeros de relucientes armaduras y célebres divisas, ocupaban un lugar preferente por su valor y arrojo los formidables almogávares, quienes formaban la vanguardia del ejército conquistador. En el sitio de VALENCIA por Don Jaime, comienza á hablarse por vez primera de esta raza nómada y semisalvaje, colocada en el centro de un campamento rudo, pero caba Ileresco. El historiador Muntaner, que pudo en sus campañas estudiar detenidamente las costumbres de estos soldados, nos dejó de ellos una descripcion que, traducida del lemosin por un distinguido historiador moderno, trasladamos con gusto á nuestras columnas, porque en el espacio de cuatro siglos, apénas se verificó un hecho glorioso para la Corona de Aragon en que no tomaran parte aquellos fieros adalides. 14. Retrato de los almogávares.— Ya fueran descendientes de los celtíberos, guarecidos en las montañas más ásperas de la España central; ya de orígen godo, mostraron siempre un carácter original, que no podía confundirse con las generaciones advenedizas que les rodeaban. Decíase en aquella época que era más de temer el ataque de un almogávar, que el de diez hombres de armas. Nacidos y criados estos soldados bravísimos en las asperezas de nuestras cordilleras, eran altos, atléticos, robustos, insensibles lo mismo á los ardores de un sol canicular que á los fríos más rigurosos del invierno. Trasladados al campamento, se presentaban sombríos, taciturnos, y su sociedad se limitaba al trato solitario de sus chozas de pieles. Su alimento consistía ordinariamente en un pedazo de pan y un poco de vino, cuya provision hacían para dos dias. Envolvían su cuerpo en pieles de animales, que ceñían con un cinturon de cuero, y, llevando siempre descubierta la cabeza, cuyo pelo no se cortaban jamás, mostraban el rostro empolvado y asqueroso, y las barbas, luengas é hirsutas. Sanguinarios al par que audaces, hacían frente á pié á las cargas de la misma caballería, y su placer era colmado cuando la sangredel enmigo salpicaba sus salvajes adornos. Armados de puñal, lanza, dardo, venablo y alguna vez de mazas, se les veía acompañar en sus expediciones á los reyes aragoneses, como los espíritus de la destruccion ó como los instrumentos más formidables de la muerte. La historia de sus hechos individuales se ha perdido en la oscuridad, así como los nombres de sus héroes; y no sería posible á un poeta enumerar los prodigios de valor de aquellos salvajes, cuya aparicion, á las órdenes del más grande de los monarcas de Aragon, fué como un funesto meteoro que anunciaba la destruccion de los enemigos de la corona aragonesa. Peleaban, aullaban, morían y arrancaban [sobre los cuerpos despedazados de sus hermanos la victoria para sus reyes; y sus nombres desaparecían en el abismo del tiempo; pero quedaban grabados con sangre en el libro invisible del destino. 15. Cerco de VALENCIA por Don Jaime.—Formando, pues, los almogávares la vanguardia del ejército, su primera operacion sobre la ciudad fué recorrer sus alrededores, procurando esguazar el Turia, con el objeto de apoderarse de Ruzafa; pero obligados á retirarse de órden del rey, difirieron el ataque para el dia siguiente, aprovechando la madrugada para salir del campo, establecido aquella noche en la playa, la cual se hallaba por entónces habitada por algunos miserables pescadores moriscos y en cuya época se dió principio á la poblacion del Grao. Los almogávares se precipitaron sobre las avanzadas, que cubrían la alquería ó cármen fortificado, llamado la Ruzafa (casa de recreo) y empeñaron un obstinado combate, sostenido por las fuerzas salidas de la capital y los cuerpos desprendidos del grueso del ejército cristiano. Esta operacion dió por resultado el establecimiento del campo aragonés en la mencionada Ruzafa; y, en tanto que Don Jaime señalaba los puntos que cada cuerpo debía ocupar, destacó á los caballeros y soldados de Lérida, que en este sitio conquistaron una grande celebridad, para que amagasen un asalto, aproximándose cuanto les fuera posible á las murallas. Los sitiados, empero, los rechazaron una y otra vez, manifestando de este modo que no les faltaba valor, ni mucho ménos aquella osadía, que sólo puede inspirar la perspectiva de la pérdida de dos objetos tan caros, como son la libertad y la patria. En vano los esfuerzos de los cristianos conseguían abrir alguna brecha; la resistencia era luégo mayor y los cadáveres de los moros las obstruían bien pronto, miéntras que eran defendidas obstinadamente por otros, los cuales se apoyaban sobre aquellas piras sangrientas para rechazar al enemigo. Resistencia tan heróica obligó á Don Jaime á disponer la retirada, desplegando entónces una extensa línea para incomunicar completamente la plaza, esctableciando su cuartel general en Ruzafa, con el objeto de poder acudir fácil y rápidamente á cualquier punto de la línea, que se hallase amenazado. 16. Salida de los sitiados y herida de Don Jaime. Sin embargo de haber trascurrido algun tiempo, las operaciones del monarca habíanse limitado á estrechar el bloqueo, poniendo en angustiosa situacion á los sitiados, los cuales, privados de todo socorro, acosados por el hambre, devorados por las enfermedades y reducidos á alimentarse con la carne de los animales más inmundos, apelaban inúltilmente á los desesperados esfuerzos de su valor, resistiendo con singular denuedo los repetidos asaltos
de los sitiadores. En uno de estos choques consiguieron los cristianos penetrar en el arrabal, llamado de la Sharea ó Yarea, apoderándose de todo el cuartel; pocos dias despues de este suceso, verificaron los sitiados una impetuosa salida, atacando con audacia á las compañías francesas, mandadas por el arzobispo de Narbona; pero estos cruzados, que habían ondeado el estandarte de la cruz en la cumbre de Sion, resistieron valientemente la carga de la caballería valenciana que, apénas empeñada la accion, pareció cejar, fingiendo en realidad una retirada para obligar á los franceses á perseguirles, haciéndoles ver que era suya la victoria. El monarca aragonés, que llegaba casi al mismo tiempo al sitio del combate, conociendo la celada de los moros, empezó á dar voces á los franceses para que se retirasen; viendo que sus esfuerzos eran estériles, salió al encuentro del arzobispo, y ya había logrado dejarse oir entre la confusa gritería de los combatientes, cuando, al volver casualmente la cabeza para observar la muralla, un ballestero moro, que le seguía de cerca, le disparó un tiro, cuyo proyectil fué á cruzar la frente del rey, quedando una arista clavada sobre la ceja izquierda, debido sin duda á la fatalidad de tener en aquel momento la visera levantada. Al sentirse herido, fué tal su indignacion, segun él mismo escribe, que se arrancó y desmenuzó con sus propias manos la saeta, haciendo, con este esfuerzo violento, más rasgada la herida, cuya sangre, manando abundantemente, le cubrió el rostro, filtrándose por su barba. Recobrada en seguida la serenidad, se limpió tranquilamente y, cantando y riendo, atravesó las filas de sus soldados, quienes le contemplaban silenciosos, hasta llegar á su tienda, de donde, practicada la primera cura, volvió á salir para recorrer á caballo toda la línea. 17. Asalto de la plaza.—Resueltos todos los caballeros á vengar con sangre la herida de su soberano, convínose en atacar y apoderarse de una puerta, llamada de la Boatella, situada despues en los alrededores de la iglesia de San Martin, á cuyo fin pusieron en movimiento todas sus gentes. Llegada la hora y á una voz del gobernador de Burriana, Don Pedro Cornel, se dió principio al asalto. Si brioso fué el ataque, no fué menor la resistencia. Los cristianos, hacinados unos sobre otros, oprimían con su peso las robustas escalas, de las que eran precipitados, para formar al pié de la torre, que protegía la puerta, un confuso monton de cadáveres. Sólo 10 moros defendían este punto, y «si fueran mil no se portaran con más valor,» dice el rey. Llovían sobre los cristianos piedras enormes, cal viva y aceite hirviendo, á la par de las ballestas, que se cruzaban en todas direcciones. Avisado Don Jaime, se presentó en lo más rudo de la pelea y, aunque su presencia reanimó á los suyos, no hizo ceder á los sitiados, cuyo número iba aminorándose rápidamente. En este estado, pidieron capitulacion; pero, negada por el rey, continuó la lucha con mayor encarnizamiento. En medio de esta espantosa y desesperada contienda, arrojaron los sitiadores un proyectil incendiario dentro de la torre, que acertó á prenderla, levantando en un instante inmensas Ilamaradas, envueltas en densas nubes de humo. Aterrados los moros, pidieron de nuevo capitulacion; pero, negada tambien, perecieron abrasados, sirviéndoles aque Ilas humeantes ruinas de sepulcro heróico. 18. Capitulacion y convenio.— Un mes había ya trascurrido desde el acontecimiento, que dejamos narrado, sin que hubiese ocurrido suceso alguno de importancia, cuando se presentó al rey un mensajero, apellidado Ali-Albata, el cual anunció oficialmente al soberano que su señor Zaen deseaba poner término á aquella guerra asoladora, á cuyo efecto le pedía permiso para enviar un embajador que tratara con su alteza sobre las bases de la capitulacion. Don Jaime, que deseaba ya conceder á su ejército algun descanso, ofreció recibir dignamente al arraez que representara al soberano moro, mandando al propio tiempo que dos de sus caballeros le escoltasen desde la puerta de la ciudad hasta su presencia. Tres dias despues, salió en pleno sol el embajador llamado A bu-el-Melet por los cronistas del país, acompañado de doce caballeros distinguidos, el cual, presentado al rey, terminado el ceremonial del recibimiento, que se efectuó con toda la etiqueta que prescribía la cortesanía de aquellos tiempos, mandó Don Jaime despejar, quedando á solas con el cumplido embajador. Expuestas las quejas que mutuamente tenían los jefes de ambos pueblos, concluyó el arraez manifestando al rey que su soberano se encontraba dispuesto á darle cuantas satisfacciones creyese oportunas para la más ventajosa entrega de la plaza. Antes de dictar Don Jaime las condiciones, mandó entrar á la reina, su esposa, llamada expresamente del Puig, y, delante de la princesa, extendió las bases de la capitulacion que, despues de algunas ligeras modificaciones, hechas por el arraez y seguidamente aceptadas por Zaen, produjeron el siguiente convenio, cuyo original latino asegura el padre Diago haber visto en el archivo de Barcelona, y cuya traduccion, debida al mismo historiador, es como sigue: «Nos Don Jaime, por la gracia de Dios, rey de Aragon y del reino de Mallorca, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpeller, prometemos á vos, rey Zaen, nieto del rey Lobo é hijo de Modofé, que todos los moros, así hombres como mujeres, que quisiesen salir de VALENCIA, vayan salvos y seguros con sus larmas y con toda su hacienda mueble, que quisiesen llevar consigo, en nuestra fe y en nuestro guiaje; con que estén fuera de la ciudad dentro de veinte dias, contándolos desde este adelante, sin interrupcion alguna. Mas adelante queremos y concedemos que todos los moros, que quisiesen quedarse en el término de VALENCIA, se queden salvos y seguros en nuestra fe, componiéndose con los señores que tuviesen las heredades. Y tambien os aseguramos y damos firmes treguas por nosotros y por todos nuestros vasallos, que de aquí á siete años no hacemos daño, mal ó guerra, ni por mar ni por tierra, ni permitiremos que se haga contra Denia, ni contra Cullera, ni en sus términos; y si alguno por ventura de nuestros vasallos y hombres lo hiciese, haremos que se enmiende por entero, segun la cantidad del daño. Y para que se atienda á todo esto con firmeza y se cumpla y guarde, lo juramos nosotros en propia persona y hacemos que lo juren nuestro tío el infante de Aragon Don Hernando y nuestro deudo Don Nuño Sanz, Don Pedro Cornel, mayordomo de Aragon, Don Pedro Fernandez de Azagra, Don García Romero, Don Rodrigo de Lizana, Don Artal de Luna, Don Berenguer de Entenza, Don Guillen de Entenza, Don Acorella, Don Asolido de Gudal, Don Sancho Aznarez, Don Blasco Maza, Don Roger Conde Pallas, Don Guillen de Moncada, Don Ramon Berenguer de Ager, Don Guillen de Cerbellon, Don Berenguer de Cril, Don Ramon Guillen de Odena, Don Pedro de Queral y Guillen de San Vicente. Y nosotros, Don Pedro, por la gracia de Dios, arzobispo de Narbona, y Don Pedro, arzobispo de Tarragona, y nosotros los obispos de Barcelona, Don Berenguer; de Zaragoza, Don Bernardo; de Huesca, Don Vidal; de Tarazona, Don García; de Segorbe, Don Gimen; de Tortosa, Don Ponce; y de Vich, Don Bernardo, prometemos que haremos se atienda á todo esto, y atenderemos á ello cuanto fuese en nosotros y pudiéramos en buena fe. Y yo el rey Zaen, sobredicho, prometo á vos Don Jaime, por la gracia de Dios, rey de Aragon, que os entregaré y daré dentro de dichos veinte dias todos los castillos y villas que hay y tengo de esta parte del Júcar, quitados y reservados los dos castillos de Denia y Cullera. Dada en Ruzafa en el cerco de VALENCIA en cuatro de las kalendas de Octubre de la era mil y doscientos setenta y seis (28 de Setiembre de 19. Entrega de la ciudad.—Impuestas y aceptadas con el más profundo secreto estas condiciones, no tuvo ya el rey motivo alguno para ocultar á sus caballeros la próxima victoria y, reuniéndoles en Consejo, dió parte de ella con toda la satisfaccion de un verdadero triunfo. No dejó, empero, de observarse en aquella ilustre Asamblea más de un rostro alterado por
tan fausta noticia, pues no faltaban tampoco paladines que estaban en connivencia con varios personajes de la ciudad para prolongar el sitio y alejar al monarca de Aragon de tan gloriosa empresa, fatigando el ardor de sus soldados. Sin embargo, al dia siguiente, á los primeros albores de una de esas mañanas que vierten su dulce claridad en el mes de Setiembre, apareció, por fin, flotante el estandarte real en la torre de G’All A bu-Fald; despues, torre del Temple, demolida en 1865. El ejército cristiano se puso en seguida sobre las armas, y el rey, que había acudido al cauce del Turia, situado entre la torre y el regio palacio de los árabes, no pudo contener su alegría y, apeándose del caballo, se postró de rodillas para dar gracias á Dios por aquella victoria. Tres dias ondeó el estandarte sobre la torre, en el último de los cuales abandonaron la ciudad 50.000 personas en busca de otra patria, no tan querida como la de VALENCIA, y otro país, en donde lamentar su eterna desdicha. Esta multitud de expatriados se derramó por Almería y Granada; algunos, se refugiaron en Denia, siendo contados los que pasaron al Africa: otra masa, no ménos considerable, permaneció tranquila en la huerta y sus pueblos, para constituir aquella raza numerosa, conocida con el nombre de moriscos. Los valencianos han perpetuado la memoria de esta célebre conquista, recordando cada siglo, con solemnes funciones cívico-religiosas, el dia de la entrada de Don Jaime en la capital, que fué en 9 de Octubre de 1238. El reino de VALENCIA quedó unido á la corona de Aragon; y el rey Don Jaime recompensó los excelentes servicios de los que le habían auxiliado en tan importante como gloriosa empresa, repartiendo entre ellos las tierras conquistadas, segun se había determinado ya anteriormente, para estimularles con más eficacia, y otorgándoles grandes títulos. Ya hemos visto, al tratar del recinto de la ciudad, la extensión que le habían dado los árabes, quienes, desde el principio de su conquista, tuvieron á VALENCIA en grande estima, habitándola con marcada preferencia, á cuya predileccion débense, no sólo la importancia, que alcanzó desde entónces, sino tambien los infinitos recuerdos que en ella se conservan. 20. Constitucion de Don Jaime.— Los grandes privilegios, concedidos á los habitantes del antiguo Estado valenciano, unidos á su hermosura y riqueza naturales, aumentaron muy luégo la poblacion considerablemente. El rey Don Jaime, con el objeto de consolidar la nueva conquista de VALENCIA, se dedicó asiduamente á dotar al país de una Constitucion, que pusiese en la más perfecta armonía las prerrogativas de la corona con las libertades públicas, de las cuales no debía ni podía privar á los súbditos que, procedentes en general de pueblos libres, habían contribuido con su sangre á la realizacion de una empresa tan importante por sus inmensos resultados. Pero deseoso del mayor acierto, creyó oportuno consultar á once ricos-hombres, á los obispos de Aragon y Cataluña y á diecinueve hombres buenos de la ciudad, para que, teniendo en cuenta el carácter, las costumbres y los usos de los nuevos pobladores, venidos de diversas localidades, regidas por leyes diferentes, contribuyeran con su talento á la formacion de un código político, que no lastimase, ni los derechos de la corona, ni las justas aspiraciones de los conquistadores. Esta numerosa Asamblea, á quien podría darse el carácter de Cortes constituyentes, teniendo á la vista las antiquas leyes de Sobrarbe y fueros de Aragón, discutió y aceptó las bases generales de una Constitucion, basada en los mejores principios políticos, que encontró en aquellos códigos, y adoptando otras de más inmediata aplicacion al país que se trataba de organizar. Aceptadas en principio las doctrinas que parecieron más conformes al espíritu de progreso que se notaba en las tendencias de los pueblos de la corona aragonesa, confiaron la redaccion del Código fundamental á Don Vidal de Canellas, obispo de Huesca, quien gozaba de una altísima reputacion. Redactado el proyecto del nuevo Código y leido al rey y á la Asamblea, fué aprobado en todas sus partes, publicándolo el monarca en el año siguiente al de la conquista, 1239, para que fuera cumplido «en esta real ciudad de VALENCIA y en todo el reino, y en todas las villas y castillos y alquerías y torres, y en todos los lugares edificados en este reino, ó que se edificasen en adelante, sujetos nuevamente por la voluntad de Dios á nuestro gobierno.» La experiencia acreditó despues que la obra no reunía las condiciones que eran necesarias para ocurrir á todas las dificultades, é inspirados en el deseo de mayor perfeccion, acudieron los magnates, los caballeros, los eclesiásticos y los hombres buenos de la ciudad y del reino, suplicando al rey Conquistador se sirviera hacer algunas modificaciones en el Código y establecer otros fueros para la determinacion de varias cuestiones, que no se habían tenido presentes. Don Jaime conoció el juicio y acierto con que se le proponía la enmienda y aclaracion de diferentes fueros, y, en la necesidad de crear otros, reunió nuevamente las Córtes y en ellas se adoptaron las enmiendas que se solicitaban, añadiéndose otras leyes, que completaron la siguiente 21. Legislacion foral de VALENCIA.— Desde un principio, la Asamblea legislativa de VALENCIA se componía de tres Cámaras, denominadas Brazos; esto es: Brazo eclesiástico, Brazo militar y Brazo real. En los interregnos parlamentarios, la comision permanente de cada Brazo tomaba el nombre de Estamento.—Brazo eclesiástico Lo formaban: el arzobispo de VALEN CIA; los obispos de Segorbe y de Tortosa; el maestre de Montesa; los abades de los monasterios de Poblet, Benifasá y Valldigna; el de San Bernardo (despues, de los Reyes), de la órden del Císter; de los delegados del cabildo eclesiástico de la Seo de VALENCIA; del general de la órden de la Merced; del prior de Valdechristi; del comendador de Torrente de la órden de San Juan; del comendador de Aluscros de la de San Jaime de Uclés y del prior de Calatrava. De este modo subsistió este Brazo, sujeto, empero, á diferentes modificaciones que con el tiempo sufrió el personal.—Brazo militar. No tenía número determinado de miembros. Presidía, convocaba y proponía un individuo del mismo cuerpo, con el título de síndico, y era elegido por suerte entre dieciocho insaculados, que se matriculaban al terminar una legislatura, y duraba hasta el principio de la siguiente. Las resoluciones de esta Cámara se habían de tomar nemine discrepante, de que eran forzosas consecuencias los inconvenientes más graves y perniciosos. Formaban parte todos los nobles, generosos (ingenuos) y caballeros, que fueran naturales de este reino y que vivieran con el decoro, autoridad y esplendor que reclamaba su posicion. — Brazo real. Lo constituían: los síndicos de las ciudades y villas reales, aunque su número no siempre fué el mismo, pues no en todos tiempos fueron las mismas su suerte y clasificacion. El Consejo general de cada pueblo, que tenía voto en Córtes, hacía la eleccion de estos síndicos ó diputados, valiéndose para este acto de las formas de que se valían para la eleccion del Consejo, en quien los electores depositaban la más completa confianza. Los pueblos que disfrutaban de este privilegio, eran: A licante, Alcira, A lcoy, A lpuente, Beniganim, Biar, Bocairente, Castellon de la Plana, Carcagente, Caudete, Corbera, Cullera, La Yesa, Liria, Morella, Orihuela Olleria, Onda, Onteniente, Pentscola, Penáguila, VALENCIA, Villarreal, Villajoyosa, Játiva, Jérica y Jijona. VALENCIA enviaba cinco diputados, y cada uno de los demás pueblos, uno. En otra legislatura, que presidió Don Jaime, juró el rey (31 de Marzo de 1270) no añadir, quitar, corregir ó enmendar cosa alguna en lo sucesivo, si no conviniere hacerlo por una evidente y máxima necesidad; y esto serta con asenso y voluntad de las Córtes, y ast por Nos, y por todos nuestros sucesores guardaremos y tendremos (los fueros) y haremos tener y guardar inviolablemente. (Privilegio 8) del rey Don Jaime I, año de 1270). El monarca dispuso además que «sus sucesores en la corona jurasen los fueros, dentro de un mes, á contar desde el dia de su llegada á VALENCIA,» como así consta del citado privilegio 81. 22. Defensa decidida de los fueros por las Cortes valencianas.—Las Córtes valencianas procuraron en todos tiem
pos conservar la integridad de la ley fundamental, oponiéndose con el más decidido empeño á cuantas tentativas hicieran algunos reyes para dejar sin efecto la no revocacion, prescrita por el legislador. Lo intentó Pedro I; pero, á instancias de las Córtes, se vió precisado á anular cuantas órdenes había expedido contrarias á los fueros del rey Don Jaime, su padre; y si logró alguna ligera innovacion, fué con el asentimiento de las Cámaras. Jaime II ordenó (11 de Enero de 1292) que se guardara y cumpliera la ley fundamental, revocando cuantas disposiciones se hubiesen publicado sin el consentimiento de las Córtes. Casi lo mismo mandó Alfonso IV en las Córtes de VALeNcCIA de 1329; Don Pedro IV, en las de 1348 y 1353; Don Martin, en las de 1403; Don Alfonso V, en las de 1418 y 1428; Don Juan, rey de Navarra, como lugarteniente general de su hermano Alfonso, en las de VALENCIA de 1446; Don Fernando II, en las de Orihuela de 1448, y, finalmente, Don Cárlos y los tres Felipes, en la que celebraron á los naturales de este reino. Sólo las Córtes valencianas llegaron á gozar de un poder que no tuvieron ni los fueros de Sobrarbe, ni los usajes de Cataluña. 23. Tributos.—El rey Don Jaime determinó los tributos que debían pagarse, sin esperar anualmente, como es costumbre en los modernos gobiernos representativos, la aprobacion de los presupuestos. El monarca tuvo sólo por objeto aligerar la ordinaria carga de los impuestos á los valencianos, reservándose varios derechos que formaban su patrimonio, con los cuales aseguró, sin gravámen de los súbditos, la satisfaccion de alguna parte de los gastos del Estado; tales fueron: el tercio-diezmo, las salinas, hornos, molinos, la Albufera y otras diferentes cosas, logrando por este medio establecer unos impuestos moderados que, por un admirable sistema de imposicion, producían los mejores resultados. Los productos del patrimonio real y contribuciones señaladas por el legislador, no podían, sin embargo, cubrir más que las atenciones ordinarias; de modo que, cuando ocurrian circunstancias extraordinarias y urgencias imprevistas, se acudía á las Córtes, sin cuya autorizacion no era posible imponer nuevas cargas, para llevar á cabo las guerras atender á un suceso inesperado. Don Pedro I, desentendiéndose de esta práctica rigurosamente parlamentaria, impuso, ya por sí, ya por medio de sus comisionados, diferentes gabelas y tributos, cuando la doble guerra de Africa y Sicilia Ilamaban toda su atencion; pero las Córtes de 1283 clamaron enérgicamente contra esta infraccion de la Constitucion foral, y le compelieron á revocar las órdenes dictadas para la exaccion de aquellos impuestos, declarando terminantemente: que en ningun tiempo podría imponerse tributo alguno, bajo Icualquiera denominacion que fuere, añadiendo, por último, la pena capital contra el que impetrase semejantes gracias. Don Jaime II, no creyendo conveniente por ciertas graves circunstancias convocar las Córtes, acudió directamente á los pueblos para que contribuyesen con algunos donativos, á fin de atender con ellos á la conquista de Córcega y Cerdeña, y la ciudad de VALENCIA le ofreció generosamente 17.500 libras, dando ocasion este noble rasgo de desprendimiento á que el monarca declarase (1.° de Marzo de 1321) que esto se entendía sin perjuicio de los privilegios y de los fueros que de nuevo con firmaba. Reconociendo además que aquel acto no había sido obligatorio, prometía no pedir colecta en VALENCIA sobre el pan, vino, carnes, buque ni otras cosas á título de subsidio, dón, servicio, ni otro alguno. Alfonso III de VALENCIA, en las Córtes celebradas en el palacio episcopal en 1419, propuso que debía pasar á Sicilia y Córcega con el objeto de asegurar la paz de aquellos Estados, y, aunque los Estamentos manifestaron oposicion á este viaje por considerarlo contrario al bien del país, votaron 40.000 florines, expresando: que lo hacian en consideracion á varias provisiones que el rey había expedido á su favor y sin que sirviera de ejemplo este rasgo de su liberalidad. 24. Fastos consulares.—Algunas veces los reyes de Aragon hicieron presentes las necesidades de la corona á los Consejos generales, que con frecuencia rechazaron sus peticiones. Así es digna de notarse la resolucion del Consejo de VALENCIA, segun consta en los Fastos consulares, la cual, traducida del lemosin, dice así: «A 14 del mes de Julio del año 1342 propuso el rey al Consejo general, que quería ir á Mallorca, por motivo de una desobediencia que había cometido la ciudad con asenso de los ciudadanos. Leyóse con esta ocasion en el Consejo un privilegio otorgado por el rey Don Alfonso á la ciudad de VALENCIA, en que la eximía de hueste de cabalgada; y no estando la ciudad obligada á servir al rey, se le envió esta respuesta por medio de 50 hombres, que se hallan nombrados en el libro IV de Bartolomé Benajam, notario.» En otra parte de los mismos Fastos se lee la siguiente memoria: «En el año 1371 pidió el rey á la ciudad de VALENCIA que le prestase dos ingenios ó máquinas de guerra militares, y la ciudad no quiso prestárselas, ántes bien le dijo que en Murviedro había dos buenas; y el rey respondió que se maravillaba de que la ciudad le hubiese dado tal respuesta, pues si las hubiese habido en Murviedro, no las hubiera pedido á la ciudad, y que las de Murviedro eran viejas y su composicion costaría más de lo que valían. Que al presente no tenía tiempo para hacerlas, y que todos los preparativos, que tenía hechos, se frustrarían si no tenía ingenios. Por lo cual suplicaba encarecidamente, que así como siempre había (el Consejo) amado su honor, por ninguna cosa del mundo le faltase en aquella ocasion. Despues de haber pasado muchas razones en el Consejo y teniendo presente que la ciudad necesitaba mucho de aquellos ingenios, que se construyeron en tiempo de la guerra con Castilla, deliberó el Consejo que se entregasen al rey ó á sus enviados; pero con la condicion de que el rey los pagase á la ciudad, y ésta mandase desde luégo fabricar otros dos, y que se hiciese consignacion del pago en el donativo que el rey debía percibir del general del reino.» En los mismos Fastos (año 1375) se lee tambien: «Vinieron al Consejo con una carta del rey los honrados Mosen Pedro Guillem, Ramon Catalá, ujier de armas del rey, y Francisco Marrades, Baile general de VALENCIA. Su contenido era que dicho señor había casado á la alta infanta Doña Leonor con el alto infante Don Juan, primogénito y heredero de Castilla. Y habiendo entregado dicha carta y expuesto su embajada, les dijo el Consejo que le diesen tiempo para responder. Y despues de muchas disputas, la respuesta fué: «que la ciudad no estaba obligada, por lo cual nada les darían.» Y dichos enviados, despues de muchas réplicas, nada consiguieron, diciéndoles siempre el Consejo que la ciudad tenía privilegio, y así tuvieron que retirarse. Es verdad que lo tomaron á mal, porque la súplica era del rey y de su primogénito, y no se hacía por medio de otra persona, además de que los enviados eran sujetos de mucho honor. Mas para que en los tiempos venideros la corte del rey no juzgase como un deber hacer demandas de esta ú otra naturaleza, por medio de sujetos de semejante ó de inferior condicion, quiso y resolvió el Consejo que los jurados diesen esta respuesta negativa á dicho Mosen Pedro Guillem y á Francisco Marrades en nombre del rey, con la mayor reverencia que los vasallos pueden hacer á su señor.» En fin, el rey Don Jaime no se reservó, ni para sí, ni para su Consejo, las facultades de resolver las dudas que pudiera ofrecer la más exacta inteligencia de los fueros, disponiendo (4 de Junio de 1264) que si ocurría alguna de estas dudas, se reservase su aclaracion al justicia y hombres buenos de la ciudad de VALENCIA y su reino, y permitiendo el ejercicio de la abogacía con la condicion de hacer uso únicamente de los fueros, sin poder citar leyes romanas, ni las decretales; conminando con gravísimas penas al que contraviniese esta disposicion. 25. Prerrogativas, derechos y facultades.—Para la declaracion de guerra y tratados de paz y de tregua, adoptó Don Jaime el fuero de Sobrarbe, segun el cual no podía el monarca declarar la guerra, ni ajustar paz, ni tregua alguna con otro príncipe, sin acuerdo
de doce ricos-hombres, ó de doce de los más ancianos y sabios del pats. Don Jaime se reservó la facultad de proveer ciertos destinos de importancia; pero dejó al arbitrio de los pueblos la eleccion de las personas encargadas de la administracion de justicia, y la económica y política de la ciudad y de las villas reales del reino. De los pocos tribunales que estableció el legislador, fueron los del baile, del justicia, del almotacen y de los acequieros. El justicia conocía de todas las causas, así criminales como civiles, y de éstas, áun de las que se intentaban contra los cuerpos eclesiásticos y clérigos sobre bienes de realengo; y dispuso asimismo que, tres dias ántes de Navidad, los jurados y hombres buenos que componían el Consejo general y que asistían con el suyo al justicia en el acto del fallo de las causas, eligieran tres sujetos dignos y los propusieran en terna al rey, y en su ausencia, al baile. El empleo de almotacen, segun la jurisdiccion dada por el rey Don Jaime, se extendía, no sólo sobre los pesos, medidas y fraudes, que suelen cometerse en el mercado, sino tambien á los asuntos de que hoy entiende la policía urbana; su nombramiento se hacía como el del justicia, aunque en diferente dia, que era el de la víspera de la Natividad de nuestra Señora. El tribunal de los acequieros, como queda ya indicado en otro lugar, entiende de las acequias y de los azudes, repartimiento y debido uso de las aguas, conociendo verbalmente de todas las cuestiones que ocurren en esta materia, cuyo tribunal subsiste todavía para honra de VALENCIA y admiracion de propios y extraños, así como un magnífico monumento de la antigüedad. El gobierno de la ciudad estaba confiado á la administracion de un Consejo general, elegido por el pueblo en la fiesta de Pentecostés, prestando el juramento de estilo al rey, y en su ausencia, al baile. En 1633 se reformó el sistema electoral y se estableció la insaculacion. Posterior á la primera legislacion, sancionada por el Conquistador, se fundó la audiencia de este reino, cuyos ministros proponían al rey las personas que debían llenar las vacantes. El rey se reservó la facultad de elegir al baile general, como funcionario que representaba directamente al soberano y los intereses que tenía en este reino. Como al principio este delegado regio era el encargado de la cobranza de los censos y otras rentas patrimoniales, extendiendo esta facultad hasta percibir las cantidades extraordinarias que pedían los reyes para las urgencias del Estado, el reino se opuso terminantemente, considerando que sólo á él y no á otro alguno pertenecía el derecho de exigir de los pueblos lo que cabía á cada uno por razon de sus contribuciones. Se suscitó, pues, esta pretension en las Cortes de Monzon de 1376, y, accediendo Don Pedro IV, acordó que se crease un magistrado para estos asuntos, que el reino nombrara á quien le pareciese para ejercerlo y que el nombrado obrase con tal libertad, que no pudiesen impedir sus funciones, ni el rey ni sus ministros, y conviniendo, por último, en que rindiese cuentas al reino y no al monarca. Por de pronto se nombró un diputado, que dió su nombre al tribunal, intitulándose: diputacion; un administrador, que aclaraba las dudas que ocurrían, y los contadores, ante quienes se rendían las cuentas. En las Córtes celebradas en VALENCIA en 1329, se determinó que en esta capital hubiese dos justicias: uno, que entendiera de los asuntos criminales, y otro, de los civiles, debiendo ser uno de ellos generoso ó caballero. En su consecuencia, se fijó en seis el número de jurados; pero dos de ellos, generosos ó caballeros, alternando los ciudadanos y los caballeros en el cargo de almotacen. Terminaremos esta necesaria noticia de la antigua legislacion foral de VALENCIA, haciendo caso omiso de otros grandes principios de política y administracion, si bien recordando: que el rey no prorrogaba una legislatura sin aquiescencia de los tres Estamentos; que ejercía el poder legislativo junto con las mismas Córtes, y que prohibió que los diputados obtuviesen gracia alguna del rey en las Córtes á que concurrían, llegando esta severidad hasta tal punto, que obligó á jurar el cumplimiento de este Estatuto á Ramon Muntaner, célebre historiador y acreditado general, cuyos hechos de armas habían llamado la atencion de Europa en su expedicion á Oriente, y á Bartolomé Matoses, que había adquirido una gran reputacion en el desempeño de elevados cargos, cuyos personajes eran diputados en las Córtes de VALENCIA en 1329. Los diputados iban, sin embargo, pensionados para que representasen digna y áun ostentosamente los altos deberes que el reino tenía el derecho de exigir á sus delegados. Tal es, en conjunto, la Constitucion política cuyas primeras bases dejó á la ciudad su muy ilustre Conquistador, quien tuvo el sentimiento de bajar al sepulcro entre la profunda perturbacion causada por la atrevida rebelion de Asadrach, cuya desaparicion no impidió que el reino se viese envuelto en la agitacion, que causaban las partidas armadas de los moriscos, quienes, guarecidos en los puntos más escabrosos del país, continuaron la guerra, burlando la activa persecucion de los cristianos. 26. Guerra de los germanos. (Véase Germantas). 27. Expulsion de los moriscos.—Terminada la sangrienta guerra de las germanías, quedó el reino de VALENCIA completamente tranquilo, auxiliando al emperador Cárlos I en todas sus grandes empresas, tomando parte sus tercios en las guerras de Italia, Africa y Flándes, y desarrollando su industria, que adquirió grande importancia en el siglo XVI, al mismo tiempo que su insigne universidad producía hombres eminentes de gran fama europea, como Honorato, Joan, Luis Vives y los historiadores Viciana, Diago y Escolano. Miéntras que VALENCIA, con sus magníficas fábricas de tejidos de seda y de guadamaciles; los moriscos, con su agricultura y parte de su industria; las letras, con su considerable pléyade de escritores y poetas, y las artes, con las sublimes inspiraciones de Juanes, Borrás, Ribalte y Ribera, alcanzaba un renomdre tan justamente merecido, en el reinado de los tres primeros príncipes de la casa de Austria, la opinion pública, siguiendo la política de estos soberanos, se fijaba, más que en los grandes hechos de los españoles, realizados en Europa, Asia y Africa, en la suerte de la numerosa raza africana, cuyas familias ocupaban más de una mitad de los pueblos del reino. Hasta la guerra de la germanía, los mahometanos, descendientes; unos, de los primeros conquistadores, y otros, de las tribus almohades y almoravides, habían conservado en VALENCIA su autonomía, su religion, lengua y costumbres, dedicándose á la agricultura y á la industria, de que habían hecho dos grandes emporios. Aun despues de la expulsion de los judíos, los mahometanos, laboriosos, sobrios, dóciles y fieles á los monarcas de Aragon y á sus señores feudales, nada perdieron de su posicion, bajo el amparo de los fueros y la tolerancia de los cristianos; pero, vencida la causa de los agermanados, los plebeyos no perdonaron nunca á los moriscos la lealtad con que habían seguido las banderas de los nobles; y, durante la guerra, llegó ya á formarse una opinion hostil hácia ellos, opinion que, invadiendo poco á poco los claustros y apoderándose de las personas devotas, fué creciendo y desarrollándose fuera de VALENCIA hasta alcanzar los escaños del supremo poder. Cárlos I, impulsado, no por mezquinos cálculos, sino aconsejado por su antiguo preceptor el cardenal de Utrecht; despues, papa, bajo el nombre de Adriano VI, el cual no tenía motivos para conocer á España; parodiando las disposiciones de sus abuelos los Reyes Católicos, expidió una cédula fechada en á de Abril de 1525, ordenando que, en el término de un año, abjurasen los mahometanos de VALENCIA, Cataluña y Aragon, de sus creencias religiosas, ó saliesen de la Península, y que los que prefiriesen el destierro al bautismo, fueran conducidos, no á las orillas del Mediterráneo, sino á la extremidad de Galicia, para ser embarcados en el puerto de la Coruña. Fundábase aquella disposicion en la vana sospecha de que los mahometanos estaban de acuerdo con los de Africa y Constantinopla para sostener los proyectos de invasion y conquista, que se atribuían á los orientales. La bula de Clemente VII, de I1 de Junio de 1524, que daba por seguras estas combinaciones; la cédula del
emperador y las disposiciones pontificias relativas al mismo asunto, vinieron á robustecer la opinion de los que no querían transigir con los moriscos, dando pábulo á multitud de rumores absurdos, que acrecieron la animosidad contra los muslimes, los cuales, insultados en todas partes por el pueblo bajo y grosero, acusados continuamente de dichos y hechos, casi siempre inverosímiles y pocas veces probados, se vieron en la dura alternativa de apostatar de sus creencias: muchos abrazaron exteriormente el cristianismo; pero otros, trascurrido el plazo señalado, ántes que abandonar la religion de sus mayores, alzaron la bandera de la rebelion, haciéndose fuertes en las escabrosidades de la sierra de Espadan, donde reuniéndose en número considerable y ocupando las mejores posiciones, determinaron sostener una guerra á muerte. En tanto, el pueblo valenciano veía con júbilo la persecucion levantada contra la morisca, auxiliar de los nobles, gozándose en la desgracia de aquellos que, despues de todo, eran aún más desgraciados que los plebeyos. Sucesivamente se publicaron diversos bandos, dirigidos á prohibir á los moriscos abandonar su residencia ordinaria, vender oro, plata, joyas, seda, bestias y ganado, imponiéndoles, por último, la obligacion de acudir á los sermones, llevar un distintivo en el sombrero y entregar en poder de sus señores todas las armas ofensivas y defensivas, reservándose únicamente un cuchillo sin punta, al mismo tiempo que se les mandaba cerrar sus aljamas y mezquitas y se prescribta la delacion de órden del inquisidor general, para cerciorarse de su proceder. Así sucedió que, los que no se alzaron en armas, recibieron el bautismo; pero violentados por las circunstancias, pública ó secretamente, faltaban á los deberes que impone el cristianismo, y de aquí surgieron entónces las delaciones y los rigores que, bajo todas sus inhumanas y repulsivas formas, desplegaba el infatigable y espantoso tribunal de la Inquisicion. La resistencia de los sublevados empezó en Benaguacil, no léjos de la capital, iniciada por un morisco, tuerto como Aníbal, llamado el Tagarino, hombre de resolucion y de bravura. A este grito de rebelion contestaron los mahometanos de las sierras de Bernia, Guadalist y Confrides. Los tercios cristianos, acudiendo con rapidez, acosaron á los insurrectos de estos últimos puntos, obligándoles á embarcarse en algunas galeotas berberiscas. No sucedió lo mismo con los de la sierra de Espadan, cortada por los ríos de Millares y Villahermosa, donde los moriscos habían escogido para su defensa las asperezas de las faldas del Peñagolosa, que se une á Espadan, cerca de Villahermosa. Los rebeldes eligieron por caudillo á un bravo musulman, apellidado Karban, vecino de Algar, quien tomó despues el nombre de Zelim A lmanzor. Con su actividad, su vigilancia y su celebrada prevision, logró organizar en breve tiempo una masa compacta y fuerte, aunque poco numerosa; fortificó los pasos estratégicos, reuniendo grandes cantidades de peñascos, para arrojarlos al paso sobre sus enemigos. Don Alonso de Aragon, duque de Segorbe, puesto á la cabeza de 7.000 peones y numerosa caballería, acometió el valle de Almonacid, sufriendo un terrible descalabro, por efecto de una sorpresa de Karban, que causó en VALENCIA profunda sensacion. Se procedió en seguida á la organizacion de un nuevo ejército, que llegó á elevarse á 10.000 hombres, sacados todos de los guerreros de la capital y de otros pueblos, tomando otra vez su mando el duque de Segorbe, en nombre del emperador. Los moriscos, despues de saquear á Chilches y otras poblaciones, acudieron á defender los pueblos de Alsin y Alcudia de Veo, amenazados por el duque. El combate fué pertinaz y prolongado, haciendo unos y otros verdaderos prodigios de valor, batiéndose cuerpo á cuerpo y sufriendo, particularmente, los cristianos, horribles estragos en sus filas, por los proyectiles que descendían rodando de las cumbres, impelidos por brazos vigorosos. Nada, empero, detuvo el denuedo de nuestros soldados artesanos, y, á pesar de tan tenaz resistencia y del calor sofocante de los últimos dias de Julio, lo arrollaron todo, se apoderaron de los pueblos de Alsin y Artesa, y pusieron en dispersion completa á las fuerzas de los rebeldes. Pero esta victoria, aunque cortaba á la rebelion un paso á otros puntos, no decidió la campaña, y el duque solicitó del emperador que pusiera á sus órdenes un cuerpo de 3.000 alemanes, que iba á VALENCIA de paso para Barcelona, con objeto de embarcarse para Italia; accedió el monarca, y el duque, incorporando á aquellos extranjeros á su ejército, lo dividió en grandes columnas y empezó una batida general en Setiembre de 1526. El ataque fué simultáneo por diversos puntos: la resistencia creció; la lucha se hizo más encarnizada, y la tierra de Espadan, ojeada por todas partes, presentó durante algunos dias un vasto campo de muertos, despedazados horriblemente. Costosa y cruel fué la victoria; pero, á fines del año, los restos de la rebelion rccibían el último golpe en lo alto de la muela de Cortés, de tal suerte, que apénas quedaba un musulman en todo el reino. La expulsion de estos desgraciados dejó al país punto ménos que desierto é inculto. 28. Guerra de sucesion.—Al siglo XVI, tan fecundo en acontecimientos politicos y militares como en hombres de valía, para los diversos ramos de la erudicion, sucedió el siglo XVII que, al nacer, no parece sino que hizo el postrer esfuerzo para prolongar la vida inteligente de VALENCIA. Al si Iglo de los grandes problemas políticos y religiosos, siguió el de los iluminados; al de los libres pensadores, el de los procesos contra las brujas; á Cárlos I y á Felipe II, Felipe IV y Cárlos II, horrible agonía de la historia.
VALENCIA, ora fatigada, ora aturdida por el fragor de las batallas y la confusion de las sectas nacientes, se despojó de su magnífica armadura, envainó la espada y se colgó el rosario, como solían hacer las antiguas dueñas. Aristócrata por su nobleza y por sus opulentos propietarios, y religiosa por la multitud de conventos, que llenaban sus calles y plazas, conservó el sistema feudal; pero sin curarse de las modificaciones que habian introducido los dos últimos príncipes de la casa de Austria, y admitiendo indiferentemente la famosa insaculacion, creada por Cárlos II. VALENCIA desarmó sus tercios; oyó de léjos, de muy léjos, el estruendo de la guerra de los Treinta años de Alemania y se cuidaba sólo de sus campos, de sus talleres y de sus cofradías. El gusto literario había desaparecido: su aislamiento lo adormeció en sus verdes jardines, al rumor de las olas de su tranquilo mar. Muerto Cárlos II, último príncipe de la raza austriaca, la Europa quedó dividida en dos grandes grupos, que sostenían: Alemania, Inglaterra, Holanda y Prusia, á Cárlos, archiduque de Austria; y Francia, Portugal y Saboya, á Felipe, duque de Anjou, nieto de Luis XIV. La guerra de sucesion redujo de nuevo á VALENCIA á su último extremo con los comienzos del siglo XVIII. En esta época de degradacion y de envilecimiento, en que el viejo déspota de Francia disponía á su antojo del pueblo español, merced á las intrigas de dos ambiciosas cortesanas, Auselot, que era quien regía los destinos de la nacion íbera, comprendió que no podía asimilar el sistema de gobierno de España al de Francia, si no anulaba ántes la Constitucion foral de VALENCIA y los restos de libertad, que áun conservaban Cataluña y Aragon, y que, una vez conseguido esto, era cosa fácil minar y destruir las libertades de Castilla, casi extinguidas ya por los príncipes austriacos. Este vasto proyecto de centralizacion, interrumpido sólo por la guerra civil, que estalló entónces en España, se llevó á cumplido efecto inmediatamente despues de la famosa batalla de Almansa. Por otra parte, VALENCIA necesitaba fuerzas disciplinadas para su propia defensa y no existía cuerpo alguno regular en todo el reino, pues hasta sus famosos tercios habían sido desarmados, hacía ya casi un siglo. En esta situacion, verdaderamente indefinible, VALENCIA, que había penetrado sin duda los siniestros planes del omnipotente marqués de Gournay, educado en la escuela absolutista de su señor, no tenía motivo ninguno para sostener la causa, que defendía aquel funesto personaje, y, por consiguiente, mal podía invocar el entusiasmo de un
pueblo, no solamente amenazado de perder su autonomía, sino adormecido ó postrado por una época de supersticion, de inercia, de sumision muda, que todo eso hacen la ignorancia y el fanatismo. Auselot, conociendo el abandono en que se hallaba el país, léjos de prestarle auxilios, confió su gobierno al marqués de Villagarcía, más conocedor de las intrigas palaciegas que de los deberes de su dificil cargo. Dados estos antecedentes, no es de extrañar que VALENCIA y su reino se declarasen en favor de la casa de Austria. El archiduque Cárlos, enterado perfectamente de la situacion interior de la Península y del espíritu dominante en la comarca valenciana, se decidió á probar fortuna practicando en Altea un desembarco por los años de 1705. El solo anuncio de la llegada de las tropas austriacas puso en conmocion á toda la provincia, la cual estaba vacilante entre el temor al despotismo del Gobierno francés, que imperaba en el país, y la duda de si el Austria respetaría su independencia foral. El marqués de Villagarcía hizo saber oficialmente la invasion austriaca, en 15 de Agosto, y, reunidos al punto la Diputacion, el Consejo y el cabildo eclesiástico, enviaron por extraordinario un respetuoso mensaje al rey Felipe, haciendo pública su adhesion y ofreciéndole cooperar al triunfo de su causa con todos los medios que las circunstancias apremiantes ponían en sus manos. Como no era posible levantar y organizar en breves dias los tercios, conforme á sus reglamentos forales, suplicaban los cuerpos exponentes al monarca, en 21 de igual mes, que mandase á VALENCIA cuatrocientos caballos de los regimientos mejor disciplinados, obligándose la ciudad á mantenerlos. Enterado Felipe, contestó (con fecha 28) que, deseando conservar á vasallos tan leales, mandaba pasar á este reino mil ochocientos caballos. Miéntras que VALENCIA esperaba estas fuerzas, mandadas por el teniente general Don José de Salazar, la ciudad de Denia, abandonada vergonzosamente por su gobernador é intimidada con la presencia de algunos buques ingleses, se rindió á los austriacos, capitaneados por el célebre Don Juan Bautista Baset, valenciano, quien se hallaba al servicio del archiduque. El cuerpo de caballería, que había ofrecido el monarca mandar á VALENCIA, se dirigió á Cataluña, en tanto que otras fuerzas se dirigían á Aragon, dejando á nuestro país guarnecido con sólo dos escuadrones, al mando de Don Rafael Nebot. En este tiempo, Baset se había hecho fuerte en Denia, protegiendo el desembarco de nuevas tropas, al par que Tortosa y Peñíscola habían caido sucesivamente en poder de los contrarios, los cuales no tardaron en ocupar á Vinaroz. Amenazado el reino por varios puntos á la vez, expuso al rey la gravedad de las circunstancias y la falta absoluta de fuerzas organizadas; pero el ministro Auselot, léjos de acudir á su socorro, reiteró sus órdenes para que los regimientos, que iban á Aragon, apresurasen la marcha, cruzando por VALENCIA. En tal abandono, la capital levantó, como pudo, algunas compañías, las cuales, unidas al cuerpo volante de Nebot y de Pozoblanco, hostilizaron á los austriacos en Benicarló y en Denia. No satisfechos áun con estos sacrificios, se organizó despues á sus expensas un brillante regimiento de caballería que, apénas instruido, recibió del Gobierno la órden de trasladarse á Cataluña, así como tambien un tercio de seiscientos infantes que, por la misma órden, fué trasladado á Cádiz. De modo que, miéntras VALENCIA hacía los mayores sacrificios, organizando tropas para su propia defensa, el ministro Auselot, no sólo se apoderaba de ellas, dejando el país á merced de los enemigos, sino que exigía con un rigor y premura inconcebibles el cobro de las contribuciones impuestas. Burlados de esta manera inicua los esfuerzos supremos hechos por los pueblos, VALENCIA elevó nuevamente sus quejas al trono, solicitando la gracia de que su Majestad se dignara oir á una comision, nombrada al efecto; pero Auselot, temiendo sin duda el resultado de esta entrevista, ordenó que el regimiento de Nebot quedase al frente de Denia, negándose terminantemente á recibir á los comisionados. En su desesperacion, acordó VALENCIA la formacion de otro tercio de quinientos hombres, encomendando la recluta y organizacion al conde de Almenara y al capitan Don José Royo; y la formacion de este nuevo cuerpo urgía tanto más, cuanto que se sospechaba con fundamento de la lealtad de Nebot, encargado del bloqueo de Denia. Con efecto; este coronel, previamente de acuerdo con Baset, prendió al mariscal Zúñiga, á cuyas inmediatas órdenes servía, y al comandante de las guerrillas de paisanos, que los acompañaba, y, poniéndose á la cabeza de su regimiento, se pasó á los austriacos, quienes, en primeros de Diciembre, pudieron ya avanzar sobre Gandía, para aproximarse á la capital. La traicion de Nebot, no obstante estar prevista, produjo en VALENCIA profunda sensacion, y sus corporaciones municipales, puestas de acuerdo con el virrey, se apresuraron á fortificar la capital, arti Ilando convenientemente el torreon, que protegía la cercana villa del Grao, dejando los valencianos al virrey el cuidado de dirigir la defensa, en caso de un sitio, que se creía inminente.
Baset, abandonando á Denia, al frente de una division respetable, se apoderó de los pueblos abiertos, ocupó sin dificultad la importante villa de Alcira y llegó á los alrededores de VALENCIA al anochecer del 15 de Diciembre. La fuga de los labradores y el terror de los pueblos de la huerta anunciaron la aproximacion del enemigo, y la poblacion en masa acudió á la puerta del palacio arzobispal, en donde el duque de Causano, que era quien había sustituido en el gobierno al marqués de Villagarcía, se hallaba celebrando un largo Consejo. El pueblo pedía armas; el Consejo deliberaba sin resolver; el tumulto duró toda la noche y así amaneció el dia siguiente sin haber tomado resolucion ninguna. En estos momentos supremos de angustia, se presentó un oficial, mandado por Baset, solicitando conferenciar con el Consejo, y conducido á él, despues de mil dudas y vacilaciones, el jefe enemigo propuso ante el Consejo general la entrega honrosa de la ciudad. El Municipio no se creyó con facultades para resolver en asunto de tal trascendencia y se dirigió al virrey; este funcionario contestó que, habiendo cesado en su autoridad, dejaba al mismo Consejo en plena libertad de adoptar la resolucion que estimase por conveniente. En vano éste reiteró sus instancias y en vano el pueblo acudió al duque de Causano; el marqués de Villagarcía aseguraba que ya no tenía el mando, y el duque, vista la indecision del virrey, se negó rotundamente á tomar parte, permaneciendo como simple espectador. De este modo trascurrieron las horas, hasta que los secretos emisarios del archiduque, prendiendo, durante aquella confusion, un violento fuego en las cárceles de Serranos, dieron suelta á los presos, los cuales, confundiéndose con el pueblo, aumentaron la gritería y el motin, discurriendo por la ciudad y pidiendo á voz en grito la entrega de la plaza. El momento era terrible; la situacion, desesperada: atacaba la ciudad un general, hijo del país, el cual contaba en ella con numerosos prosélitos; las autoridades permanecían impasibles; el verdadero pueblo estaba anonadado; la gente perdida era dueña absoluta de las calles; y VALENCIA, amenazada; fuera, por la guerra, y dentro, por la más espantosa anarquía, se vió forzada á capitular. Aceptadas y ratificadas las condiciones de la capitulacion por ambas partes, fueron en nombre de la ciudad á entregar las llaves Don Felipe Lino de Castelví, cuarto conde de Carlet, y Don Vicente Boil, primer marqués de la Escala. Así fué como se rindió VALENCIA: sin que la abandonara ántes el marqués de Villagarcía, sin que vacilase la mayor parte de la nobleza valenciana y sin que el pueblo abriese furiosamente las puertas, como lo afirma, sin el menor fundamento, el marqués de San Felipe en sus Comentarios, obra que ha perdido ya todo crédito. El 30 de Setiembre de 1706, entró en VALENCIA el archiduque Cárlos, alojándose en el palacio arzobispal. Diez dias despues, esto es, en 10 de Octubre, prestó solemnemente en la catedral el juramento prescrito por los fueros; y durante los cinco meses que permaneció en esta poblacion, asistió á todos los actos religiosos de gran festividad; recibió, en audiencia par
ticular, á todas horas, y en público, todas las semanas; remedió los desórdenes, que cometieron sus generales; y su única diversion consistía en ir de caza al lago de la Albufera. Su gobierno fué tan conciliador, tan prudente y humilde, que no pudo ménos de atraerse las simpatías de la poblacion, la cual disfrutó, no sólo de órden y tranquilidad, sino tambien de una actividad industrial, que no había conocido en mucho tiempo. Pero este período de bienestar fué desgraciadamente de corta duracion; la suerte se decidió, al fin, por las armas de Felipe, y el archiduque, derrotados los suyos en la sangrienta jornada de Almansa (25 de Abril de 1707), tuvo que abandonar la capital en 7 de Mayo del referido año. 29. Abolicion de los fueros de VALENCIA.— Vencidos los austriacos, el duque de Orleans, general en jefe de los ejércitos de Felipe, destacó en seguida al caballero Asfeld para reducir á Játiva, miéntras que él en combinacion con el duque de Brunswick, avanzaba hácia Requena con el propósito de apoderarse de VALENCIA. Recibida la intimacion de Orleans, salió una comision para ofrecer al duque los homenajes de la capital y un donativo de cincuenta mil doblones. El duque se dignó recibir atentamente á los comisionados; y, aceptando el donativo con igual ó mayor cortesía (como discretamente se supone), prometió respetar vidas y haciendas. Formalizada la entrega, el duque de Orleans encargó el mando del ejército al de Brunswick, á su entrada en VALENCIA, y nombró gobernador á Don Antonio del Valle, y capitan general, al mencionado Asfeld, hombre feroz, avaro y de empedernido corazon. Sólo una ciudad quedaba por reducir: Játiva, que se defendía heróicamente, y su demolicion, decretada por el Gobierno de Felipe, fué encomendada al sanguinario Asfeld. Llegada á VALENCIA la noticia del ukasse, publicado por el infame Auselot, todas las clases sociales no pudieron ménos de conmoverse profundamente. El arzobispo, el cabildo, la nobleza, las comunidades religiosas, los gremios y la misma plebe, se apresuraron á elevar á los piés del monarca sus respetuosas súplicas en favor de una ciudad antiquísima, cuna de dos papas y patria de sabios, de mártires y héroes. La instancia, acompañada de una carta, inspirada en tales sentimientos, fué dirigida al duque de Medinaceli. La súplica no obtuvo ningun resultado, y Asfeld mandó prender fuego á las calles de la poblacion, disponiendo, por escarnio sin duda, que se respetasen las casas de los que habían padecido por la causa de Borbon. El incendio duró muchos meses, siendo de notar que este acto de verdadera barbarie, procedía de un Gobierno, cuyo jefe había oido con frecuencia la voz elocuente del gran Bossuet. El incendio de la antigua Sætabis fué la antorcha funeraria que alumbró la agonía y la muerte de la veneranda Constitucion foral de VALENCIA. El rey Felipe, educado bajo un cetro absoluto, veía con saña la fiera independencia de este reino y, aprovechándose hábilmente de su victoria, quiso unificar la monarquía, asimilándola á la de Francia, despojándola de este modo de lo poco que le quedaba de su genio y de sus costumbres nacionales. El 29 de Junio se publicó la famosa órden, en que decía el monarca que, «considerando haber perdido los reinos de Aragon y VALENCIA y todos sus habitadores, por la rebelion que cometieron, faltando enteramente al juramento de fidelidad que le hicieron como á legítimo rey y señor, todos los fueros, privilegios, exenciones y libertades que gozaban, y que con tan liberal mano se les habían concedido, así por su Majestad como por los reyes sus antecesores, particularizándolos en esto de los demás reinos de la corona; correspondiéndome, prosigue el decreto, el dominio absoluto de los referidos reinos de Aragon y VALENCIA; y pues, á la circunstancia de ser comprendida en las demás, que tan legítimamente poseo, se añade ahora el del justo derecho de la conquista, que de ellos han hecho últimamente mis armas con el motivo de la rebelion; y considerando tambien que uno de los principales atributos de la soberanta es la imposicion y derogacion de las leyes, las cuales, en la variedad de los tiempos y mudanza de costumbres, podía yo alterar, áun sin los grandes y fundados motivos y circunstancias que hoy concurren para ello; en lo tocante á los de Aragon y VALENCIA, he juzgado por conveniente, así por esto como por un deseo de reducir todos mis reinos de España á la uniformidad de las mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose todos igualmente por las leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo el universo, abolir y derogar enteramente, y como desde luégo quedan abolidos y derogados, todos los referidos fueros, privilegios, prácticas y costumbres en los mencionados reinos de Aragon y VALENCIA, siendo mi voluntad que éstos se reduzcan á las leyes de Castilla y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella y sus tribunales, sin diferencia alguna en nada; pudiendo obtener por esta razon mis fidelísimos vasallos, los castellanos, oficios y empleos en Aragon y VALENCIA; y han de poder gozarlos en Castilla, sin ninguna distincion, facilitando yo por este medio á los castellanos motivos para que acrediten de nuevo mi gratitud, dispensar en ellos los mayores premios y gracias tan merecidas de su experimentada y acreditada fidelidad, y dando á los aragoneses y valencianos recíproca é igualmente mayores pruebas de mi benignidad, habilitándoles para lo que no estaban, en medio de la gran libertad de fueros, que gozaban ántes y ahora quedan abolidos.» La ciudad dirigió reverentes súplicas al monarca, á la reina, al inflexible Auselot, y, por último, al mismo Luis XIV, déspota de las dos monarquias, segun la expresion feliz del erudito y sabio Borull; empleó tambien la mediacion de los duques de Orleans y de Brunswick, quienes, habiendo estado en VALENCIA, podían apreciar mejor; particularmente, el último, la organizacion administrativa de este reino; pero, todo, absolutamente todo, fué inútil; y el feroz Auselot, tomando como un acto de rebeldía el acudir á la gracia del soberano, impuso penas de destierro; mandó suspender las demostraciones de júbilo, que la poblacion disponía por el nacimiento del príncipe de Astúrias, y expulsó de VALENCIA al jurado Don Luis Blanquer y á Don José Ortiz, redactores de la exposicion en favor de los fueros. A la abolicion de la Constitucion foral, siguió luégo el impuesto á todo el reino de una gran contribucion, que vino cobrándose hasta el año 1715; primero, con el nombre de: cuarteles de invierno, y, despues, con el equivalente de: rentas provinciales. Estos impuestos, unidos á otros, aumentaron la miseria y desmoralizacion de los empleados del Gobierno, cuyas escandalosas dilapidaciones y desórden administrativo obligaron á muchos á abandonar sus hogares y sus industrias; se llenaron los caminos de bandoleros, siendo diarios los incendios y asesinatos que se cometían, ahorcando de los árboles á los boliflets, nombre que se daba á los partidarios de Borbon, como represalia de lo que éstos hacían. El partido austriaco era conocido por el apodo de mantet. En medio de tanta miseria y de tan horrible anarquía, dice la historia, trató Felipe de ir á VALENCIA, de paso para Zaragoza, y nuestra ciudad, al recibir con entusiasmo al monarca y felicitarle coronada de flores, pudo repetir la célebre fórmula de los gladiadores romanos: morituri te salutant. (Los que van á morir, te saludan). 30. VALENCIA bajo el reinado de Cárlos III.—Abolidos los fueros, VALENCIA quedó hundida en el marasmo político é industrial, sin dar apénas señales de existencia durante el reinado del honrado y benéfico Fernando VI, y sólo empezó á sentir alguna vitalidad cuando Cárlos III, que hizo más que sus antecesores (aunque acaso no todo lo que pudo y debió hacer), levantó dentro de sus muros el gran palacio de la Aduana, reformó la Academia de San Cárlos, creada por Fernando VI, y fundó la Sociedad Económica de Amigos del País. Con estas dos instituciones despertó el genio, que yacía como aletargado en la martirizada ciudad del Turia, estimulando á los buenos patricios á renovar las antiguas glorias del fecundo siglo XVI, así en las artes como en la industria, miéntras que hombres tan eminentes como los Cavanillas, los Villanovas, los Borulls, los Blascos, los Falcós y
otros muchos, siguiendo el ejemplo de Floridablanca, de Campomanes y de Jovellanos, daban brillo é importancia á aquella egregia universidad, que formó, á fines del siglo último y principios del actual, un claustro de verdaderos sabios. La cátedra llegó entónces á infundir respeto, á la vez que el inmortal Fos dió á la industria un renombre, que todavía conserva y conservará siempre. Muerto aquel activo monarca, ocupó el trono el bondadoso Cárlos IV; esto es, la bondadosa María Luisa; más claro, Don Manuel Godoy. Poco despues, el siglo xvini corrió á perderse en el abismo de los tiempos, y VALENCIA, como toda España, saludaba inquieta la venida del nuevo siglo, dispuesta á resistir una órden del soberano y la más inicua é injustificada de las invasiones. HISTORIA CONTEMPOPÁNEA. 31. Formacion de las milicias provinciales.—El Gobierno de Cárlos IV había expedido una real órden para que se verificase el sorteo de seis regimientos de milicias provinciales, cuya ejecucion, en VALENCIA, se había encomendado al intendente Don Jorge Palacios de Urdaniz, á quien el vulgo designaba con el apodo de: Monterilla. El objeto de esta real disposicion, segun entónces se dijo, era provocar el disgusto del pueblo y combinar un alzamiento, único medio que se creía oportuno para impedir la entrega del cuerpo de ejército, que el cónsul Bonaparte había exigido al Gobierno español. Si lo que se decía era realmente cierto, no hubo necesidad del impulso de agentes secretos para que el pueblo de VALENCIA se conmoviese, pues se conmovió, resistiendo tumultuosamente el sorteo que se había decretado. Vistas la resuelta actitud del pueblo y la fuga del intendente, las demás autoridades no se atrevieron á llevar adelante el sorteo, dando cuenta al Gobierno de lo ocurrido, por medio de una sumaria, que se encargó de formar Don Juan Romero Alpuente, fiscal de su Majestad. Pero, decidido el Gobierno á hacer cumplir aquella órden, la reiteró de nuevo, mandando terminantemente que se cumplimentara en todas sus partes, á pesar de la pronunciada resistencia de la capital. Las autoridades, acatando, como era de su deber, las órdenes superiores, tomaron las precauciones oportunas para asegurar la tranquilidad, que no tardó mucho tiempo en alterarse. El pueblo industrial, y, principalmente, los labradores, que constituyen una respetable poblacion en la huerta, se lanzaron á la calle, dispuestos á rechazar la fuerza con la fuerza. Como todavía no estaba establecido el sistema de los estados de sitio, las autoridades estimaron conveniente suspender las operaciones de la quinta, mandando retirar los anuncios impresos, que se habían fijado en las esquinas, comisionando al conde de Cervellon y otros personajes para que se trasladaran á Madrid, con el objeto de obtener la revocacion de aquellas órdenes, que tanto contrariaban las antiguas costumbres del reino, el cual desconocía esta violenta contribucion de sangre. Cárlos IV, deseando conservar á toda costa la paz de sus pueblos, en unos momentos en que el mundo se conmovía, se dignó revocar las disposiciones dictadas, cuya fausta nueva llegó á VALENCIA en 31 de Agosto, cuando en el horizonte político empezó á manifestarse la gran tormenta que nació en el fondo del Escorial. 32. Guerra de la Independencia.— En el heróico alzamiento nacional de 1808 contra los franceses, presentó VALENCIA un espectáculo horrorosamente trágico; no parecía sino que la muchedumbre, cometiendo atroces atentados, quería, á la vez que saciar su venganza, hacer imposible toda transaccion con sus enemigos. El carácter naturalmente impresionable y fogoso de aquellos habitantes, manifestábase receloso y amenazador hacía ya tiempo; el 23 de Mayo, á la llegada del correo de Madrid del 20, se leia al público, en la plazuela de las Pasas, donde se reunían los más furiosos partidarios de la independencia española, la Gaceta que insertaba la renuncia al trono de Fernando VII y de los infantes; noticia que, cual chispa eléctrica, hizo estallar la explosion, mal contenida hasta entónces: la voz de: Viva Fernando VII y mueran los franceses resonó con estruendo por calles y plazas. Un paisano, que vendía pajuelas, denominado por esto el Palleter, se desciñó entónces la faja y, atándola á un palo, á guisa de bandera, la agitó en el aire, exclamando: un pobre vendedor de pajuelas declara la guerra á Napoleon. Fray Juan Rico, religioso franciscano, pudo acaudillar al desbandado pueblo y, dirigiéndose á la audiencia y admitido en la sala del Consejo, manifestó con lisura y libertad que el pueblo de VALENCIA exigía que no fuesen reconocidas las órdenes de Murat; que la audiencia constituyera un gobierno provisional del reino; que se abriera un alistamiento forzoso desde la edad de 16 á 40 años y que se declarase, en fin, la guerra á Francia. Las autoridades, despues de una larga deliberacion, contestaron que se adoptarían las medidas más oportunas á las circunstancias y que, en tanto, aconsejaban al pueblo que se retirare á sus hogares. Esta resolucion no acalló á la muchedumbre, la cual exigía resoluciones enérgicas é inmediatas, y en este mismo sentido habló el religioso; pero el regente respodió exponiendo la falta de recursos y de fuerzas, en que se encontraba el reino, y ponderando el número de los enemigos que ocupaban la capital de la monarquía, cuyas principales fortalezas se hallaban en su poder. Esta contestacion, dictada por la prudencia, no inspira ¡da por el entusiasmo, satisfizo poco al pueblo, el cual, guiado por Vicente Domenech, que era el nombre del Palleter, ántes mencionado, invadió el Mercado y, asaltando la tienda en donde se expendía el papel sellado con la nota mandada poner por el Consejo de Castilla: Valga por el gobierno del lugarteniente general del reino, lo arrojaron á la plaza y prendieron fuego á todas las resmas, entre los vivas de la multitud. La presencia del padre Rico, del padre Martí y de Amorós, logró calmar la exaltacion de las masas, consiguiendo al propio tiempo que la audiencia publicara un bando en el mismo dia 23, suscrito por el conde de la Conquista, Don Vicente Cano Manuel, Don José Mayans y Don Vicente Esteve, en que se disponía, en nombre de Fernando VII, el alistamiento que se pedía y poniendo estas fuerzas bajo las órdenes del conde de Cervellon. A esta disposicion siguieron luégo otras medidas, que la gravedad de las circunstancias exigía, y los grupos se disolvieron, retirándose á sus casas. Fray Juan Rico y Don Vicente Gonzalez Moreno, capitan del regimiento de Saboya, proyectaron apoderarse de la ciudadela, verificándolo así al siguiente dia, so pretexto de registrarla para buscar armas y municiones. Dueños ambos de la fortaleza y unidos al pueblo y al ejército, desplegaron mayor actividad y resolucion: se declaró pública y formalmente la guerra á los franceses y se procedió á la formacion de una junta suprema, compuesta de personas de todas clases y categorías. A la falta de armas y pertrechos, ocurrió oportunamente la ciudad de Cartagena: una fragata francesa, que arribó al Grao, ignorando los sucesos de la capital, fué apresada y su cargamento de 4.000 quintales de plomo completó cuanto se necesitaba para la defensa. Deplorable fué que los funestos extravíos de la razon, mal encaminada y dirigida, manchase con injusticias y horrores el sublime cuadro de la revolucion valenciana. La primera víctima del delirio de la muchedumbre fué Don Angel Saavedra, baron de Albalat, antiguo coronel de milicias, á quien, á pesar de haber sido nombrado miembro de la junta, se le marcó como traidor, en aquellos dias de efervescencia, muriendo asesinado á puñaladas en medio del cuadro de tropa, que le conducía preso, á pesar de los esfuerzos del padre Juan Rico; el populacho cebó su rabia en aquella víctima inocente, cortándole la cabeza y paseándola en un palo por las calles. Hasta aquí la revolucion, aunque empañada con la muerte de Saavedra, caminaba llena de osadía y entusiasmo, halagada por todas las clases sociales, unidas estrechamente por una misma causa y dando pruebas evidentes de la más admirable fraternidad. La revolucion, cualesquiera que sean su objeto y su impulso, peca siempre de exuberancia: la prudencia detiene á unos; el
entusiasmo ciega á otros. De uno y otro móvil suelen aprovecharse los mal intencionados para matar la misma revolucion, porque es evidente que las revoluciones son las que se matan con su propio puñal, cuando se olvidan de sus altos fines, así políticos como morales y religiosos, pudiendo establecerse, á modo de sentencia, que las demasías del pueblo y los extremos del poder son las plagas sociales que forman las tiranías y las reacciones. Los pueblos caen por lo mismo que caen los déspotas: por ser tiranos. ¿Tiene para nosotros algun privilegio la tiranía de las democracias? Absolutamente ninguno. Lo concedemos todo al oprimido; aunque se llame autócrata; no concedemos nada al opresor, aunque se llama vendedor de pajuelas. Pasemos en cristiano silencio el espantoso episodio, que empaña el brillo de la gran revolucion, que inició la guerra gloriosa de la Independencia en aquel país, no sin lamentar el que los asesinos de los franceses y la venganza ciega del tribunal formen los actos del horrible drama, que ha dejado una huella profunda en la memoria del generoso pueblo valenciano. Restablecido el órden, pudo la Junta dedicarse á los asuntos de público interés, enviando á las Cabrillas un cuerpo de ejército de 8.000 hombres, mandado por Don Pedro Adorno, y otro de 15.000, á Almansa, á las órdenes del conde de Cervellon, visto que el enemigo amenazaba invadir la provincia. Con efecto; durante los tristes sucesos que hemos pasado por alto, el mariscal Moncey había avanzado hácia VALENCIA, al frente de una division de 8.000 hombres, entrando en Cuenca el 11 de Junio. Don Pedro Adorno tomó posesion del puente de Pajazo, ocupando: la derecha, 800 suizos y 200 individuos de guardias españolas, y la izquierda, los paisanos. La accion se empeñó con denuedo por ambas partes; pero envueltos los nuestros por la caballería enemiga, se pronunciaron en derrota, dejando los cañones en poder de los franceses. Moncey, siguiendo su movimiento de avance, desalojó de la fuente del Alamo, cerca de Buñol, á los guardias walonas y españolas, salvándose milagrosamente el padre Rico, el cual había acudido desde VALENCIA para alentar con su presencia á los paisanos, 300 de los cuales se defendieron desesperadamente, matando é hiriendo á muchos enemigos. La vanguardia francesa entró á marchas forzadas en Buñol y, desde la venta de este nombre, dirigió el general del imperio una comunicacion al que lo era de VALENCIA, en que exigía aquél de una manera urbana que la poblacion reconociera la autoridad del rey José. A esta intimacion contestó la Junta que, fiel intérprete de la opinion del país, no reconocía otro soberano legítimo que á Fernando VII. El 26 de Junio se recibió un segundo mensaje verbal de Moncey, por conducto del coronel Don Bartolomé Solano, intimando la rendicion, para lo cual avanzaba rápidamente con las fuerzas de su mando. Su ruego se negó tambien; pero, ántes de contestar á la tercera y última intimacion, hecha desde la Venta de Poyo, consultó á todos los gremios y corporaciones, y el acuerdo unánime fué resistir hasta el último extremo. La Junta entónces dirigió á Moncey por conducto del caballero maestrante, Don Joaquin Salvador, esta lacónica respuesta: «El pueblo prefiere la muerte en su defensa á todo acomodamiento. Así lo ha hecho entender á la Junta, y ésta lo traslada á vuecencia para su gobierno.» El entusiasmo fué general; todas las clases, todas las edades, tomaron parte en los preparativos: se construyeron baterías en las puertas de Cuarte y en el sitio que antiguamente ocupaba la torre de Santa Catalina; se atajaron las calles; se fortificaron las casas, como fué posible á sus habitantes, cubriendo además con colchones y muebles los huecos de ventanas y balcones; y se colocaron dos lineas avanzadas de defensa en el inmediato pueblo de Cuarte: una, en la ermita de San Onofre, y otra, en el mismo pueblo, cuyo mando se confió al brigadier Don Felipe Saint-Marc. Los enemigos, en número de 12.000 infantes, 1.800 caballos y numerosa artillería, presentaron ya su avanzada en la tarde del 27, rompiendo el fuego nuestra derecha. La accion se generalizó en toda la línea; los valencianos rechazaron por tercera vez á los franceses; pero sus esfuerzos se estrellaron contra el ataque de la caballería enemiga, que en aquel llano maniobraba con entera libertad y precision. Tomada la primera línea despues de cuatro horas de nutrido fuego, replegáronse los nuestros á la segunda, que defendieron con igual teson, viéndose forzados, por último, á declararse en retirada, la cual verificaron con el mayor órden hácia Lombay, ocupando Moncey aquella misma noche los pueblos de Cuarte, Manises y Aldaya, que se encuentran á la vista de la capital. Los valencianos, amenazados ya de un próximo ataque, se aprestaron decididos á la defensa: toda la poblacion se puso instantáneamente sobre las armas: un paisano, llamado Juan Bautista Moreno, conocido por el apodo de el Torero, arrastró y colocó él solo un cañon en la puerta de Cuarte. Llegado el enemigo delante de la ciudad y no pudiendo creer que ésta, desguarnecida de tropas, falta de recursos y con tan débiles fortificaciones, pudiera defenderse, ofició al capitan general, exigiéndole por última vez la entrega de la plaza, exigencia ante la cual hubiera cedido de buen grado el conde de la Conquista, á pesar de la fe, del entusiasmo y patriotismo de la poblacion, si el pueblo no hubiese puesto término á la discusion, presentándose con estruendo en la sala de sesiones é invocando la resistencia y guerra á Imuerte al invasor extranjero. Ante esta actitud, firme y resuelta, tuvo la Junta que conformarse á seguir los azares y la suerte de un sitio. Abandonó luégo la sala, salió en corporacion y, recorriendo los puestos y las calles, exhortó al pueblo á vencer ó morir por la patria. 33. A taque y defensa de la poblacion. — La negativa de la ciudad aproximó á sus muros al enemigo. Moncey había avanzado sobre las ocho de la mañana del dia 28 hácia Mislata, miéntras que los labradores, ocultos en los cañaverales de las acequias y en la espesura de las moreras, hostilizaban á los franceses, quienes se hallaban imposibilitados de empeñarse en su persecucion, por la multitud de canales que cortaban su paso. El ejército invasor, dividido en tres columnas, emprendió el ataque; pero, detenido por el nutrido fuego de la muralla, concentraron las fuerzas y acometieron la calle de Cuarte, extramuros, ocupando los conventos de San Sebastian y del Socorro, que se hallan contiguos. Desde allí, y, despues de un sostenido fuego de sus baterías, avanzaron los franceses por la calle de Cuarte, ya en columna de ataque, ya desfilando; pero, diezmados sus batallones por la metralla que arrojaba la pieza colocada en la puerta de la ciudad y por los fuegos de frente y de los flancos, que dirigían desde las torres y desde la huerta, tuvieron que replegarse á sus posiciones, dejando el espacio que ocupaban sembrado de cadáveres. Resuelto á hacer el último desesperado esfuerzo, se dirigieron á la puerta de San Vicente, que era la parte más débil de las murallas; pero allí experimentaron tambien otro nuevo escarmiento, siendo desmontados sus cañones por el certero fuego de la plaza. Tres veces y por distintos puntos atacaron los franceses, y otras tantas y de todas partes se vieron rechazados, hasta el extremo de que Moncey se vió obligado á emprender la retirada precipitadamente en direccion al Júcar. En Mura, hubiera podido disputarle el paso con ventaja el conde de Cerve Ilon; pero este jefe juzgó oportuno permanecer á la defensiva, sin intentar cortar á los franceses, á quienes dejó salir del territorio valenciano. Al dia siguiente de su frustrada tentativa, remitió el mariscal francés una carta afectuosa al capitan general de VALENCIA, lamentando las desgracias ocurridas, expresando los más delicados sentimientos en favor de España y anunciándole que ponía en libertad á todos los prisioneros á cambio del general Exelmens, del coronel Lagrange, del jefe del escuadron Rosetti y del sargento mayor Tetard, cogidos por los paisanos de Sealices. La exigencia del mariscal dió orígen á una serie de comunicaciones, que respiran por una y otra parte las más exquisita cortesanía y toda la delicadeza del honor militar. Los sitiadores perdieron más de 2.000 hombres y,
entre ellos, al general de ingenieros Cazal y otros oficiales superiores: los sitiados, resguardados detrás de los muros y de las baterías, tuvieron que lamentar pocas pérdidas; y ninguna, de cuenta. La defensa de esta ciudad fué heróica bajo todos aspectos: sin tropas, sin recursos y áun sin metralla á los primeros disparos, no decayó su ánimo un solo instante; el entusiasmo excedía al órden natural de los sucesos; cada vecino acudía con los utensilos de hierro que tenía en su casa; no faltó quien arrancase las rejas de la suya, para que las hostilidades no cesaran por falta de proyectiles, y hasta las damas nobles y delicadas de la capital se ocupaban en coser los saquillos de metralla. Aun del vulgo salieron aquel dia héroes, á quienes, en otros pueblos, se les hubiera aclamado con exageracion. Entre los muchos que se distinguieron, figura un mesonero, llamado Miguel Garcia, el cual hizo cinco salidas de la plaza, solo y á caballo, consumiendo 40 cartuchos en cada una y disparando contra el enemigo con admirable acierto y serenidad; al mismo tiempo que el padre Juan Rico, con gran denuedo y solicitud infatigable, sostenía en constante exaltacion los ánimos del pueblo, el cual peleaba con fiereza por la libertad de su patria. La defensa de VALENCIA, realizada por simples paisanos y unos pocos soldados, si bien dirigidos por excelentes y entendidos oficiales, es un suceso que tuvo visos de maravilloso, segun la expresion inspirada del historiador conde de Toreno. 34. Sacrificios hechos por VALENCIA en beneficio de la patria.—Pocos dias despues (16 de Julio) de que el mariscal Moncey se viese forzado á desistir de sus propósitos ante las débiles murallas de VALENCIA, publicó la Junta una extensa y razonada circular, dirigida á todas las provincias, proponiendo la formacion de una Junta central, á fin de adunar todos los esfuerzos, que venía haciendo aisladamente la nacion, é imprimir de este modo una acertada y hábil direccion al espontáneo movimiento con que se había emprendido la guerra contra Francia. Esta circular, como era de suponer, halló eco en todas partes; pero se oponían á su realizacion: por un lado, el punto donde debía establecerse la Central, y por otro, la falta de confianza en el Consejo Real ó de Castilla, desconceptuado por su incierta, tímida y reprensible conducta para con el Gobierno intruso; obstáculos que venía á agravar la dificultad de determinar la forma y composicion de la Central, pues unos optaban por unas Córtes; y otros, por el principio de una federacion nacional. Por último, se acordó que constituyeran la Central dos individuos de cada junta; pero ésta no pudo congregarse con la urgencia que las circunstancias exigían, por el empeño que mostró Sevilla en que la reunion del cuerpo se verificase en su capital. Miéntras que esta cuestion se ventilaba, la Junta de VALENCIA no desperdiciaba el menor instante. El número de sus soldados era igual al de los vecinos aptos para empuñar las armas. De esta masa y de las que por todo el reino ofrecían los pueblos, sacó el Gobierno la parte que creyó necesaria para atender á la defensa comun. Con ella se reorganizaron los regimientos antiguos; se crearon otros y una division nueva, compuesta de 16.000 hombres, mandada por el general Don Pedro Gonzalez de Llamas, quien reemplazó á Cervellon, llegando á la capital de la monarquía el dia 15 de Agosto. Esta brillante division se encontró en la batalla de Tudela y en el sitio de Zaragoza, y de ella sólo regresaron á VALENCIA 1.455 infantes y 300 caballos. Este exiguo número obligó á la Junta á llevar á cabo otro nuevo alistamiento, realizado el cual, resultó que, en menos de seis meses, organizó VALENCIA 11.881 infantes y 2.193 caballos, sin incluir en estas cifras las guerrillas y milicias honradas, creó un cuerpo de 1.700 niños, vestidos y armados á expensas de sus padres, para que sirviesen de base al colegio militar, que debía abrirse; instaló una gran fábrica de fusiles, emprendiendo para ello las obras necesarias; hizo un considerable acopio de nogales para cajas de fusil y se montaron 15 fraguas; al propio tiempo que se fortificaba el antiguo recinto de la capital, circuyéndolo de un profundo foso, que se inundaba cuando se quería, y estableciendo una línea de circunvalacion, protegida por multitud de piezas de grueso calibre. Para atender á tantos gastos, la Junta pasó una circular invitando á los contribuyentes á que ofrecieran algun donativo, pues sólo en el equipo de los reclutas se invirtieron 4.783.896 reales, sin contar el costo de 40.000 fusiles, que se habían pedido á Inglaterra y Africa. Con estos gastos y los socorros enviados á Cataluña y á varios cuerpos del ejército, la suma total que sacrificó VALENCIA en beneficio de España, durante la gloriosa guerra de la Independencia, se evaluó en cerca de ciento seis millones de reales. 35. Nuevo intento de ataque por los franceses y arbitrariedades del Gobierno de VALENCIA.—El 5 de Marzo de 1810 se presentó de nuevo delante de la ciudad otra division francesa, al mando del mariscal Suchet; tomó sus posiciones; intimó la rendicion el 7, y, vista la firmeza con que contestó su gobernador Don José Caro, levantó el sitio en la noche del 10 al I1, emprendiendo silenciosa retirada. El rigor inquisitorial del gobierno de Caro frustró las maquinaciones de algunos descontentos, que intentaban abrir las puertas de la ciudad á los enemigos; pero no atenúa la justificada censura de despótica arbitrariedad con que dió á su nombre funestísima Trecordacion. Descuidando en parte la defensa de la capital y de sus cercanías, encarcelaba á individuos que no podían ofrecer la menor sospecha de traicion; condenó al suplicio de horca sin causa suficientemente probada al baron de Pozoblanco; mandó á la Junta á la ciudad de Játiva; estableció una comision militar de policía, con odiosas facultades, y durante su gobierno, atendió más á satisfacer pasiones personales que á hacer querida y respetada su autoridad, viéndose, por último, obligado á escapar de VALENCIA, mediante el salvoconducto de un disfraz, temiendo las malas impresiones que causó en los ánimos su proceder al frente del enemigo, cuando salió en auxilio de Tortosa. 36. Sitio y capitulacion de VaLE CIA.—A fines del año 1810, formalizaron nuevamente los franceses el sitio de VALENCIA. El general Blake estaba encargado de la defensa de la plaza, cuyas fortificaciones, tanto interiores como exteriores, habían mejorado algo, pero no lo suficiente para frustrar los planes del enemigo, el cual, atrincherado poderosamente en toda la línea, que se extiende desde el Grao á Paterna, arrojó á los españoles de la orilla izquierda del Turia; el 26, pasaron tambien este sitio los franceses y, atacando á nuestras tropas, forzaron á los generales Mahy, Creagh, Carrera, Villacampa y Obispo, á replegarse sobre las márgenes del Júcar, miéntras que Blake, Zayas, Lardizabal y Miranda, se acogían á las fortificaciones exteriores de la capital. Cercada ésta completamente, hubo que evacuarla para salvar el ejército, ó disputársela palmo á palmo á los invasores. Lo primero pudo realizarse el mismo dia 26, y tal fué la opinion de los generales reunidos en junta con este objeto; pero la indecision de Blake, que se prolongó hasta el 29, desanimó á algunos de los jefes que debían acompañarle: sólo el coronel Michelena, puesto al frente de todos con un destacamento, tuvo la serenidad suficiente para atravesar por delante de los puestos enemigos y llegar al dia siguiente al pueblo de Liria; Lardizabal, que era quien mandaba la vanguardia, no se atrevió á tanto, y Blake, despues de estar fuera de la, plaza, dispuso retroceder á ella y esperar lo que la suerte le deparase. Estrechado aún más el cerco en la noche del 1 al 2 de Enero de 1812, abandonaron los españoles la linea exterior para refugiarse en el recinto de la ciudad. Visto esto por el enemigo, dió principio el bombardeo sobre la poblacion el dia 5, ocasionando estragos terribles y daños irreparables.
Largas, difíciles y áun heróicas fueron por una y otra parte las operaciones del sitio; el general Blake hizo verdaderos prodigios de valor, rivalizando con sus generales y soldados; pero la suerte le fué adversa y hubo de capitular el dia 8, ocupando el 9 los sitiadores la ciudadela y puerta del Mar. Entregada la
plaza, salió el ejército por la puerta de Serranos, conservando los oficiales sus armas, equipajes y caballos, y los soldados, las mochilas, siendo conducido prisionero á Francia, y Blake, encerrado en un castillo, tan luégo como pisó aquel territorio. Suchet hizo su entrada pública el dia 14 por la puerta de San José, adonde salió á recibirle el Ayuntamiento, dirigiéndole una alocucion tan humilde como poco digna de un pueblo valeroso, que había declarado guerra á muerte á los invasores. 37. Las partidas de querrilleros, entrada de Bonaparte en VALENCIA y evacuacion de la plaza por los franceses.— Perdido el reino de VALENCIA, nombró la Regencia comandante general á Don Francisco de Copons y Navia, quien, desde el principio de su mando, procuró dar extraordinario impulso á las partidas de guerrilleros, entre las cuales llegó á distinguirse la denominada del Fraile, porque efectivamente la mandaba fray Asensio Nebot, de los descalzos de san Francisco. Semejante al Empecinado, á Mina, Durán, Villacampa y otros no ménos célebres, Nebot hostilizó infatigable á los franceses; y en tanto que este simple guerrillero tenía en continuo jaque á los enemigos de España, el general Don José O'Donnell perdía la célebre jornada de Castalla, ya por haberse acelerado—dice el conde de Toreno-á atacar, estando en vísperas de que aportase á Alicante la division anglo-siciliana; ya por sus disposiciones mal concertadas, ya, como afirmaban muchos, por haber desaparecido de la accion durante el trance más apretado. Poco despues (26 de Agosto de 1812), entró en VALENCIA José Bonaparte, perfectamente escoltado por un ejército de 12.000 hombres, alojándose en el palacio de Parcent, adonde acudieron á cumplimentarle todas las autoridades. A mediados de Setiembre, abandonó la capital el rey José; y el dia 5 de Julio de 1813, evacuaron los franceses la ciudad, despues de dieciocho meses de ocupacion. De este modo terminó la guerra de la Independencia en el territorio valenciano, el cual, despues de tantos sacrificios y de tanta sangre derramada, quedó sumido en la miseria por la destruccion del país, el abandono de sus ricas zonas agrícolas y los odios políticos que nacían entre las glorias y las lágrimas de aquella gran revolucion, como nacen los cardos entre los laureles. 38. Entrada de Fernando VII y gobierno de Elto en VALENCIA.—Suscrito el tratado de Valencey, salió Fernando VII de Francia (13 de Marzo de 1814), con el título de conde de Barcelona, y el 16 de Abril del referido año, á las cuatro de la tarde, hacía su entrada en VALENCIA, en donde salieron á recibirle personas de diversas categorías, afiliadas á los partidos más opuestos. Don Francisco Javier de Elío, capitan general de aquel distrito militar, le presentó por la tarde la oficialidad del ejército que mandaba, á la cual preguntó en presencia del monarca si juraban sostener al rey en la plenitud de sus derechos, pregunta que fué contestada afirmativamente. De este momento empezó Fernando á ejercer en VALENCIA la soberanía absoluta, sin miramiento ninguno á las resoluciones de las Córtes, cuya conducta trajo á la patria heras de luto y desolacion. El dia 5 de Mayo abandonó el rey la poblacion, llevando consigo un acompañamiento numeroso y una division del segundo ejército, mandada por su jefe el general Elío; pero el á se había expedido el célebre decreto, en que se negaba el soberano á jurar la Constitucion y reprobaba la reunion de Córtes y sus actos. Al regresar Elío al distrito de su mando, se encontró, como era natural, en una situacion violenta, pues se había puesto á la cabeza de una reaccion, que destruyó la obra de las Córtes de Cádiz. Mucho se ha escrito y hablado de la conducta de Elío durante el período de 1814 4 1820, considerándosele como perseguidor acérrimo de los hombres que profesaban principios liberales. Ello es lo cierto que, interesado en apoyar la situacion creada por el decreto de á de Mayo, estuvo muy léjos de obrar con la prudencia y la tolerancia que deben distinguir siempre á una autoridad de su alta jerarquía. Un procedimiento, pues, de esta naturaleza debía producir naturalmente la exaltacion de los ánimos y el deseo de destruir un órden de cosas semejante. De aquí procedieron luégo las fracciones fraguadas en nuestra ciudad para restablecer la Constitucion de 1812 y volver al mismo estado en que se hallaba el país cuando Fernando VII, al regresar de Francia, pisó de nuevo el territorio español. El número de los descontentos era considerable, y, por consiguiente, considerable tambien el de los conjurados. Al frente de ellos figuraba, como caudillo, al terminar el año de 1818, el coronel Vidal: el plan estaba perfectamente combinado, y, para Ilevarle á logro, no faltaban ni inteligencia ni decision; pero hubo un traidor que revelara la conspiracion la vispera del dia en que debía darse el golpe. Enterado Elío del proyecto, sorprendió á los conspiradores, de los cuales, unos, lograron ponerse en salvo, y otros, opusieron resistencia con las armas. Vidal salió al encuentro de su enemigo, le tiró una cuchillada, y, al rechazar el sable en la habitacion, le atravesó Elío el cuerpo de una estocada, cayendo gravemente herido. Presos y encerrados los que no habían podido escapar, fueron conducidos á la horca, despues de un brevísimo proceso, formado de una manera irregular. Algunos de los reos se distinguieron por el entusiasmo que animaba sus semblantes: el jóven Don Félix Bertran de Lis murió con admirable serenidad, habiendo rehusado con noble abnegacion las infames proposiciones que se le hicieron para salvarle la vida, si declaraba los nombres de los cómplices de la conspiracion; Vidal espiró á la vista del patíbulo, dejando imitadores que se encargasen de la venganza. De este modo siguió gobernando Elío en VALENCIA hasta el año 20, en que se publicó la Constitucion en toda la monarquía. 39. Pertodo constitucional.—El dia mismo de su proclamacion, de los calabozos de aquella ciudad, y, muy particularmente, de los de la Inquisicion, salieron muchas personas, comprometidas por la causa constitucional. En este corto período de sistema representativo se vió frecuentemente alterada la tranquilidad pública en la ciudad, que nos ocupa, como en otros diversos puntos del reino; teniendo que lamentar alguna vez sucesos desagradables, como consecuencia inmediata de la encarnizada lucha de los partidos. Uno de estos tristes acontecimientos tuvo lugar el 30 de Mayo de 1822. Con motivo de la solemnidad del dia de san Fernando, dirigiéronse varios artilleros á la ciudadela para hacer la salva de ordenanza, y, al entrar en aquel fuerte, se declararon en rebelion, dando vivas al rey absoluto y al general Elio, y mueras, á la Constitucion y á Riego. Apénas cundió por VALENCIA la sublevacion de la ciudadela, se tocó á generala, se puso la milicia sobre las armas, y el regimiento de Zamora, los coraceros del Rey, los cadetes del colegio militar y los oficiales sueltos ofrecieron su apoyo á la autoridad. El general Elío, encerrado en aquel mismo fuerte y á quien los sublevados trataban de sacar, para que se pusiera al frente del movimiento, se ocultaba y sustraía, negándose á tomar parte en una empresa tan arriesgada como dudosa. Las autoridades publicaron inmediatamente la ley marcial, ofreciendo al mismo tiempo el indulto á los sublevados, que depusieran las armas; se tomaron enérgicas medidas y los milicianos cercaron la fortaleza, posesionándose de la aduana, que la domina por completo, con lo cual quedó aquella bloqueada. Durante la noche, que fué tranquila, aunque imponente, los mismos sublevados ofrecieron á Elío los medios de fugarse; pero el general se resistió decididamente, añadiendo que nada debía temer, puesto que no había tomado parte en el alzamiento. El dia 31, al toque de diana, visto que los insurrectos desoían la voz de la razon, se rompió el fuego por ambas partes, el cual duró hasta el siguiente, en que enarbolaron los sublevados la bandera de parlamento, entregándose incondicionalmente. Esta intentona, hija del delirio, costó la vida al sargento primero, José Valero, y á 24 artilleros, que fueron pasados por las armas, y 16, condenados á presidio. A la vista de esta escena de sangre, de pasiones, de odios y de muerte, se disponía en VALENCIA la terminacion del proceso, que debía
decidir de la suerte del general Elío. 40. El general Elt́o.—Dos procesos se habían formado á este militar: uno, por las ocurrencias de 1814, en que, infiel á sus juramentos, había prestado á Fernando el apoyo de sus bayonetas para derrocar el sistema representativo; y otro, por los llamados apremios ó tormentos que, por espacio de seis años, dió á los presos en el castillo de Sagunto. Por el primero, había sido condenado á muerte, cuyo fallo se hallaba en consulta en el Tribunal Supremo de Guerra y Marina; el segundo, seguía una marcha lenta y tortuosa, porque en él no aparecía evidentemente demostrado el enorme delito que se le imputaba, de haber mandado quitar la vida á varios individuos, unas veces, sin proceso ni defensa y so pretexto de que eran ladrones, y otras, atropellando las formas legales y privando á los presuntos reos de los medios de defensa, que las leyes les concedían. Miéntras que estas dos causas seguían sus trámites, sobrevino la rebelion de los artilleros, anteriormente mencionada, en cuyo suceso se vió complicado el general Elío. Terminado en breve tiempo el sumario por un Consejo militar, compuesto de oficiales de la milicia, y despues de oir la defensa y al mismo acusado, conferenció el Consejo y, por unanimidad de votos, le condenó á la pena de garrote vil, previa la degradacion, conforme á ordenanza. La sentencia, fechada en 31 de Mayo de 1822, fué aprobada por el comandante general en la noche del 3; y el reo, puesto en capilla aquella misma noche.
Elío, hincado de rodillas, oyó el terrible fallo del Consejo con tranquilidad y resignacion: contaba 56 años de edad; y 40, de servicios. Acto continuo se encerró con su confesor y despues escribió una carta afectuosa á su mujer, Doña Lorenza Leizaur. El hombre de hierro de 1814 se mostró un buen cristiano y un cariñoso padre de familia en á de Setiembre de 1822. Amaneció aquel dia, y el general fué conducido al suplicio, vestido de uniforme y con todas sus condecoraciones é insignias: se formó el cuadro al rededor del patíbulo, levantado al pié de la pequeña colina artificial, que contiene el jardin, llamado del Real, plantado por el mismo Elío. La artillería ocupó las dos avenidas del puente y la imágen de los Desamparados se colocó á la salida de la puerta del Real. La compañía de granaderos del segundo batallen de la milicia, formaba la escolta, que conducía al reo, á quien circuían su confesor y la comunidad de los religiosos de Santo Domingo. Las calles de la ciudad se veían desiertas; las puertas, cerradas: VALENCIA estaba silenciosa; el dia, caluroso y sereno. El general marchaba con paso firme; entró en el cuadro, se reconcilió al pié del patíbulo, subió sus gradas con valor, se dejó degradar por mano del teniente del Rey, Don Mariano Medrano, y él mismo se ajustó la hopa. Pocos minutos despues, ya no existia el general Elío. Para unos, fué un militar valiente; para otros, un desgraciado; para los ofendidos, un saludable ejemplo del rigor de la ley; para nosotros, una víctima. ¿Por qué callar? Nosotros no callamos nunca cobardemente al pié de un patíbulo, en donde se profana la cruz del Calvario, aunque supiéramos subir á él. No llamamos mártir al general Elío, porque, para ser mártires, es indispensable no morir en defensa de los tiranos. No le veneramos como mártir; pero le amamos como victima. 41. Lucha entre constitucionales y realistas.—VALENCIA apartó bien pronto sus ojos del cadalso, en que acababa de morir un general, para fijarlos con ansiedad en las facciones, que amenazaban nuevamente la paz del reino. Los cabecillas Sampere, Chambó y Cappé organizaron rápidamente numerosas fuerzas en el Maestrazgo, amagaron los pueblos del Palancia y del Turia, y se aproximaron á Segorbe. El brigadier Laviña, destacado del ejército de La Bisbal para ir en persecucion de Bessieres, se encaminó á Jérica para contener los progresos de Sampere. En 8 de Mayo salió Laviña de Segorbe en busca de la faccion, á quien encontró ventajosamente situada en las gargantas y en los desfiladeros, que median entre Gaibiel y Matet. La accion fué reñida; pero nuestra columna quedó derrotada, con pérdida de algunos muertos y prisioneros, entre los que se contaban el mismo Laviña, los coroneles de Ecija y Jaen y varios oficiales y soldados. La faccion se apoderó seguidamente de Caudiel, Jérica y Segorbe; avanzó en masa el 18 de Marzo sobre Murviedro y se apoderó del castillo de Sagunto, cuyo gobernador, llamado Bucarelly, firmó una capitulacion tan vergonzosa para la guarnicion, como lisonjera para los rebeldes. La rendicion de Sagunto coincidió con la pérdida de Castellon de la Plana, que fué ocupada por las facciones reunidas. VALENCIA, alarmada, falta de recursos y trabajada por las luchas de los partidos, se preparó á la defensa, aventurando, sin embargo, la accion de Puzol, en donde una corta columna logró batir y dispersar á las facciones. Esto no impidió á Sampere proseguir su movimiento de avance sobre la capital, consiguiendo al cabo apoderarse de sus arrabales en 26 de Marzo, en cuyo dia hizo circular una extensa proclama en sentido religioso, bandera que ha servido más de una vez para ocultar grandes apostasías y reprobadas ambiciones. Este osado cabecilla estrechó á VALENCIA, arrojando sobre ella 250 granadas y multitud de proyectiles, que causaron considerables destrozos en los edificios; pero, amenazado de cerca por la columna de Bazan, tuvo que levantar el sitio en la noche del 29. La faccion se encontró efectivamente en Almenara con las fuerzas de Bazan, quien acababa de apoderarse de esta villa. El choque fué sostenido y sangriento; pero las tropas leales alcanzaron un triunfo completo, acuchillando y dispersando á la faccion. Vencedor luégo Sampere en la jornada de Chilches y engrosando su ejército con las fuerzas de Cappé, se dirigió segunda vez sobre VALENCIA, la cual quedó cercada el 9 de Abril. Desde este dia, las salidas de los valencianos fueron frecuentes y de varia fortuna; el fuego del enemigo era mortífero y destructor; faltaron los recursos, se desarrolló la miseria y, sin embargo, se acuñó moneda con el busto del monarca, y en cuyo dorso se leía esta inscripcion: VALENCIA sitiada por los enemigos de la libertad. Durante el sitio, Sampere había constituido en el inmediato pueblo de Burjasot, en donde tenía establecido su cuartel general, una Junta, que se titulaba superior gubernativa del reixo, compuesta de frailes y de personas de ideas reaccionarias, las más intolerantes é intransigentes. Esta Junta circuló proclamas y sublevó en todas partes las conciencias, abusando de la religion para hacer triunfar su odiosa política. 42. Intervencion francesa y triuafo de los realistas.—En tanto que tenían lugar los sucesos narrados, penetraba en España el duque de Angulema, al frente de 100.000 hombres, divididos en cinco cuerpos, comprendidas las fuerzas facciosas que capitaneaban España, O’Donnell y Eroles. El general Ballesteros, encargado de proteger al reino de VALENCIA, obligó á Sampere á levantar el sitio de la capital el dia 9 de Mayo, fraccionando su ejército en varias columnas, las cuales lograron apoderarse del Maestrazgo y de los alrededores de Játiva. Ballesteros bloqueó á Sagunto, y, para formalizar el sitio, no sólo exigió á la capital los recursos que necesitaba, sino que hizo conducir el parque de artillería, que existía en VALENCIA, Denia, Alicante y Peñíscola. La rendicion del castillo era inevitable, cuando Ballesteros, levantando súbitamente el campo el dia 10, que era el señalado para romper el fuego, y abandonando el parque y la artillería, se retiró á la provincia de Murcia, sin detenerse en VALENCIA un solo dia. Esta retirada obligó é la milicia valenciana á abandonar su patria y sus hogares el dia II, entre los sollozos y las lágrimas de sus familias, quienes quedaban expuestas á los furores de una reaccion triunfante é impulsada por la venganza. Todo era de temer del paso dado por Angulema, al aprobar la famosa proclama de la Junta provisional realista, dada en Bayona el ó de Abril, suscrita por Calderon, Erro y Eguía. El dia 13 de Junio de 1823, ocuparon á VALENCIA los realistas, encargándose: del mando militar, Don Juan Prats, por ausencia de Sampere; y del corregimiento, Don Fernando Pascual; hasta que se presentó el brigadier Don Luis María de Andriani, nombra
do comisario regio de esta provincia por la titulada Regencia de A lovendas, conforme á la célebre proclama que, en 23 de Mayo, firmó el generalísimo, descorriendo el velo á su política y abriendo el camino de la ruina, que la invasion preparó á España. 43. La reaccion.—El sistema constitucional quedó enteramente abolido en 1823. Andriani abolió por sí, en virtud de las facultades omnímodas de que estaba investido, la libertad de imprenta, restableciendo la previa censura; el corregidor Pascual prohibió transitar por las calles de VALENCIA de once á doce de la noche sin llevar luz, conminando con varias penas á los contraventores; y no bastándole esto, formó una especie de tribunal, compuesto de un tal Arévalo (a) el Coronado, comandante de la patrulla de capa; de Abella, espadero de oficio; de un zapatero, conocido por el Cuadrado, y de un agente secreto del mismo corregidor, á quien se daba el nombre de Camándules. A tales personas estaba encomendada la proteccion y seguridad de innumerables familias, cuyos individuos se vieron con frecuencia aherrojados en los calabozos sin formacion de causa y sólo por leves sospechas. Pero todo esto no era más que los preliminares de una persecucion que no había entrado aún en el periodo del delirio, como lo prueba el aciago establecimiento del tribunal de purificacion, que apareció en VALENCIA por primera vez en 23 de Junio. Los defensores del altar y del trono se preparaban á una terrible venganza despues de la capitulacion de Ballesteros en á de Agosto. Sin embargo, la libertad no moría huyendo: sucumbía peleando en Alicante y Cartagena, en donde la milicia de VALENCIA sostuvo con heroicidad la honra de España contra las poderosas huestes de Angulema. La reaccion es más temible que la revolucion, porque su venganza es fría, segura, calculada. El sistema del terror principió en VALENCIA prendiendo á los milicianos, que procedían de la capitulacion de Alicante. Unos, fueron presos al llegar á las puertas de la ciudad; otros, al presentarse al teniente del rey Don Rafael Berenguer: las cárceles se llenaron de víctimas inocentes, llevándose los atropellos y las iniquidades hasta el extremo de que los delatores y los testigos ni áun conocían á la mayor parte de los encarcelados. Muchos de los que en la época anterior habían cantado el trágala, servidores luégo del rey absoluto, insultaban en medio de la calle á las mismas señoras, en cuyas manos veían abanicos ó pañuelos verdes ó morados. Eclesiásticos ancianos se veían arrebatados del lecho y sumidos en un encierro, en donde pasaron años enteros sin tomarles declaracion, sólo por haber obtenido el nombramiento de un curato en los tres anteriores años, ó para dar sus plazas á algun corifeo furibundo de los que trocaron descaradamente el breviario por el puñal, arrastrando en los campos de batalla sus trajes de mansedumbre y empuñando el trabuco con manos consagradas. Los españoles, en su exaltado frenesí, retrocedieron en aquella época á la más remota edad de la barbarie. Era una reaccion que empujaba á la hez del pueblo y al estado eclesiástico á levantar en todas partes un brazo asesino, para herir sin conmiseracion, invocando el nombre de Dios sobre la sangre inocente de sus víctimas. Los realistas llevaron su furor hasta el punto de perseguir á los liberales en los mismos calabozos, obligando al alcaide á defenderlos con las armas en la mano, y dando márgen á que la audiencia impetrara de la autoridad militar el auxilio de la fuerza, y á que el general Saint-March mandase una guardia á los patios de las cárceles: y en medio de tanto delirio, de tanta sangre, de tantas lágrimas, celebrábanse el dia á de Setiembre pomposos funerales, para dar nueva sepultura á los restos del infortunado general Elío, en cuya fúnebre solemnidad invirtió el Ayuntamiento más de 92.000 reales. Los hombres del vulgo, quienes vestían el uniforme de realista, enardecidos en las reuniones que se celebraban en los conventos, acometían en las calles á los que habían pertenecido al ejército ó á la milicia nacional, y, en algunos puntos, les afeitaban por zumba, les arrancaban á viva fuerza las patillas, zambulléndoles la cabeza en los pilones de las fuentes; miéntras que la sociedad del Angel exterminador sustituía á la influencia democrática otro influjo sujeto á la voluntad del clero, quien apuraba todos sus recursos en el púlpito y en el confesonario. En virtud de una órden reservada, habíase creado una Junta secreta de Estado, compuesta de individuos iniciados en los misterios del realismo, presidida por un ex-inquisidor y cuya secretaría desempeñaba un canónigo de Granada, llamado Don José Salomé. Entre los descubrimientos de esta tenebrosa Junta, sobresale la formacion que ordenó á la policía de un índice ó padron general por riguroso orden de apellidos, en que de una manera arbitraria se anotaba á cada individuo el destino que había desempeñado durante el período constitucional, la opinion que gozaba, si había sido exaltado ó moderado, comprador de bienes nacionales ó vinculados, fracmason ó comunero. Los únicos documentos, en que se apoyaba la Junta, eran las revelaciones de Regato, los informes reservadísimos pedidos á los frailes y las declaraciones de los que supieron haber pertenecido á las logias de la revolucion, para delatar á mansalva por codicia de un vil salario. Formado este gran libro, circuláronse las listas á las provincias para que se vigilase á los sospechosos, y, muchas veces, preso un ciudadano, si salía inocente de los tribunales, insertábase en la causa la nota que tenía en el libro secreto, y le formaban cargo por ella. Los acusadores pagados, suscribiendo sin leer las respuestas, que de antemano les remitía el interrogador, llenaban los calabozos de gentes, á quienes, trascurridos meses y años, ni se les abría la causa, ni se les pedía declaracion. Tal era la situacion política, cuando el arzobispo de VALENCIA, Don Simon Lopez, por su pastoral, fechada en Enguera en 16 de Octubre de 1824, restableció en aquella diócesis el tribunal del Santo Oficio con el nombre de Junta de la Fe, compuesto: del arzobispo, presidente; de Don Miguel Torezano, inquisidor que fué; del doctor Don Juan Bautista Falcó, como fiscal, y del doctor Don José Royo, como secretario. La pena de muerte, impuesta por esta Junta á Antonio Ripoll, catalan, de conducta irreprensible, maestro que era de una escuela contigua al lago de Albufera, produjo una protesta de toda la prensa de Europa, dando lugar á que el Gobierno de la nacion preguntara: ¿qué tribunal era la Junta de la Fe, establecida en VALENCIA, que no estaba autorizada por ninguna órden del rey y carecía por lo tanto de toda clase de facultades? Pero el hecho quedó impune como otros muchos, pues la reaccion había llegado á ser superior al mismo monarca absoluto; y así lo reconoció el Gobierno, cuando dispuso la reorganizacion de los realistas; pero los más furiosos clamaron contra esta medida, amenazando con un degüello general de los liberales, parodiando la horrible matanza de la San Bartolomé. Estas exageraciones brutales estaban favorecidas por la intolerancia ciega de Don Mariano Herrero, juez de vagos, cuyo solo nombre inspiraba horror; y miéntras que estos monstruos hacían verter lágrimas y sangre, celebrábase el jubileo, publicado por el papa Leon XII, para invocar la misericordia de Dios, cuando se empleaba su santo nombre para ejercer terribles venganzas, que tenían consternados á los pueblos. 44. Marta Cristina.— La muerte de la reina Amalia, ocurrida el 17 de Mayo, y la venida de Doña María Cristina de Borbon, quien reemplazó en el regio tálamo á aquella señora, llenaron de esperanzas á los perseguidos, y de odio, á los patronos del Angel exterminador: y la revolucion de Francia, que elevó al trono á Luis Felipe de Orleans, vino á dar nuevo aliento á nuestros emigrados, reunidos en Perpiñan. Este conjunto de circunstancias favorables contribuyó á que VALENCIA reposase algun tiempo tranquila bajo el gobierno del general Longa, saludando el nacimiento de la infanta Isabel, quien vino al mundo en 10 de Octubre de 1830. Sin embargo, las tentativas, hechas por los jefes emigrados en Navarra y otros puntos, fracasaron completamente, lo cual, unido á la desgraciada expedicion de Torrijos, provocó una nueva persecucion, que desbara
tó los planes de alzamiento, que se fraguababan en VALENCIA. Pero los reaccionarios, acogidos al lado de Don Cárlos, dirigidos por el jesuita Carranza, espiaban los últimos momentos del rey, postrado en su lecho de muerte, y se cruzaban las más tenebrosas intrigas, para dar el cetro al sombrío Don Cárlos; hasta que el decreto de amnistía que, cual astro de luz, apareció en la Gaceta en 15 de Octubre, dió alientos al partido liberal, llamado á sostener los derechos de Isabel, respondiendo al otro decreto de 7 de Octubre, que abría nuevamente las puertas de las universidades. 45. Guerra civil de los siete años.— Entramos ahora en una nueva era, tan azarosa como la pasada, por los funestos acontecimientos y terribles consecuencias que trae siempre consigo toda guerra civil. Apénas Fernando exhaló su postrer suspiro el dia 29 de Setiembre de 1833, circularon rápidamente las proclamas de Valdespina y de Verástegui, respondiendo al alzamiento de Merino y Santos Ladron. El ó de Agosto de 1835, se alteró la tranquilidad pública en VALENCIA, con motivo de la aproximacion de una partida de facciosos; pero el tumulto tomó diverso rumbo que en otras capitales, tanto por las medidas que adoptaron las autoridades, como por el buen espíritu que animaba á la milicia: se llevó á cabo la pena de muerte, impuesta á siete reos, presos en aquellas cárceles, entre los cuales se contaba el famoso dean de Murcia, Don Blas Ostolaza; se deportaron otros prisioneros por opiniones políticas; se depuso de sus destinos al regente de la audiencia y á un oidor, y, con objeto de evitar los atentados cometidos en otras partes contra los religiosos, evacuaron éstos todos los conventos de la provincia, que quedaron suprimidos de órden superior. En Julio de 1837 demostraron los valencianos el excelente espíritu que les animaba en favor de la causa de la libertad, poniéndose en perfecto estado de defensa para rechazar al Pretendiente, creyéndose que, á su paso por la provincia, intentaría atacar á la capital; pero por fortuna no hubo ocasion de aprovechar las acertadas disposiciones que se habían adoptado, pues si bien llegaron las tropas carlistas hasta los arrabales y se cruzaron algunos disparos con las avanzadas, no llegaron á formalizar la agresion, siguiendo su marcha en direccion á Cuarte. El eco de los fusilamientos verificados en VALENCIA en el mes de Agosto, retumbó entre las ásperas breñas del Maestrazgo, y la guerra tomó en estas provincias todo el carácter de una lucha á muerte y sin cuartel. En 1838, despues del desgraciado éxito de nuestras armas en la intentada toma de Morella, se aproximaron Cabrera y Forcadell á los muros de la capital y sacaron de la huerta una fuerte contribucion en efectivo, y gran cantidad de grano, aceite y caballos, yendo despues el primero á presenciar la derrota de Maella, en donde perdió la vida el desgraciado y noble Pardiñas, y haciendo luégo fusilar en Horcajo á 96 sargentos de la division de este bizarro general. VALENCIA, que acababa de celebrar las fiestas del centenario de la conquista de Don Jaime I, oyó con horror el relato del espantoso drama representado en Horcajo, y arrojó sus grupos á la calle en són de motin. Don Froilan Mendez Vigo, segundo cabo de la provincia, quiso contener el movimiento dirigiéndose á la fuerza de la milicia, que se hallaba reunida en las Escuelas Plas; pero, al retirarse desairado por entre los grupos, que obstruían la calle de San Juan de Villarrasa, cayó muerto, atravesado por una bala, cuyo tiro había salido del centro de los amotinados. El gobernador y demás autoridades se retiraron á la ciudadela y hubo que nombrar una Junta provisional, encargándose interinamente de la capitanía general el mariscal de campo Don Narciso Lopez. En el mismo dia se órdenó el fusilamiento de 13 cabecillas y oficiales al pié de la cerca, que cerraba entónces por la parte meridional la fábrica de cigarros, y, poco despues, sufrían la misma suerte en el llazo del Remedio 55 prisioneros, por igual número que habían ejecutado los carlistas. Se había constituido una junta de represalias, que hizo de aquel tiempo un período verdaderamente horrible. Las generaciones venideras con gran dificultad se atreverán á dar crédito á tanta ferocidad en pleno siglo xiX. Felizmente para VALENCIA, el dia 31 de Agosto de 1839, saludaba España con júbilo la noticia del convenio de Vergara, que puso término á aquella enconada y fratricida guerra. 46. Segundo pertodo constitucional.— A la muerte de Fernando y en virtud de la cláusula undécima de su testamento, tomó las riendas del Estado, con el carácter de regente y gobernadora, su esposa Doña María Cristina de Borbon. Desde esta época, los repetidos cambios de gobierno, ocasionados por la encarnizada lucha de los partidos que se disputaban el poder, alteraron frecuentemente la tranquilidad pública en VALENCIA, cuyos ánimos se hallaban por otra parte sobradamente soliviantados con las noticias que se recibían de la sangrienta guerra que aniquilaba el territorio. En Agosto de 1835, se creó una junta de gobierno, la cual fué sustituida á mediados de Setiembre por otra reaccionaria, cuya activa persecucion obligó á fugarse al conde de Almodóvar; pero repuesta la primera, poco tiempo despues, por el ejército y la milicia, confináronse á los contrarrevolucionarios y se devolvió el mando á aquel digno general, con lo cual quedó el dia 20 completamente restablecida la tranquilidad. En los primeros dias de Mayo de 1836, volvió á turbarse á consecuencia de la falta de armonía que reinaba entre algunas autoridades y las personas que ejercían influencia por efecto de las circunstancias; el 5, se notaron síntomas de insurreccion, que tomaron al siguiente mayor cuerpo; el general Carratalá tuvo que hacer renuncia del cargo; se puso en libertad á cuatro individuos que se hallaban aún presos por los sucesos de Setiembre anterior, y con la satisfaccion de estas exigencias populares se calmaron los ánimos. El dia 8 de Agosto, se emancipó VALENCIA de la autoridad suprema, siguiendo el ejemplo de otras provincias, y se proclamó la Constitucion de 1812. Durante el año de 1839, nuevos disturbios vinieron á alterar con frecuencia la paz del vecindario, sin que se lograra las más veces averiguar la causa que los producían. En 30 de Mayo se notaron síntomas de conmocion popular, con motivo de la creacion del 4.° batallon de milicia; pero afortunadamente la autoridad militar pudo atajar el mal, declarando la ciudad en estado de sitio y estableciendo una comision de vigilancia pública. En 18 de Mayo, alterada otra vez la tranquilidad, se ensangrentaron las calles de la poblacion, sin que se supiese el propósito de los sublevados, quienes se habían hecho fuertes en la plaza de Santo Domingo, de donde fueron desalojados á la bayoneta por la tropa que mandaba el general segundo cabo Don Facundo Infante. En 23 de Agosto de 1840, desembarcó en el Grao la real familia, de regreso de su viaje á Barcelona, y en 1.° de Setiembre se recibió la noticia del pronunciamiento de la capital de la monarquía. La reina Cristina, conociendo su posicion, se apresuró á nombrar nuevo Gabinete, cuyos ministros se negaron á aceptar locargos; el levantamiento adquirió en tanto extraordinaria rapidez, extendiéndose á muchas provincias, las cuales, imitando el ejemplo de la capital, se emanciparon del Gobierno de Madrid, creando éste sus juntas gubernativas. En tal conflicto, la Reina Gobernadora encomendó la formacion del Ministerio al duque de la Victoria, nombrándole presidente por decreto de 16. Aceptó el general este nombramiento, y, para resolver más fácilmente las dudas que ocurriesen, se encaminó á la Corte, conferenció con la Junta de gobierno y se designaron las personas que debían componer el nuevo Gabinete, las cuales llegaron á VALENCIA con el general Espartero, el 8 de Setiembre; juraron y tomaron posesion de sus destinos al siguiente dia. La reina firmó luégo el decreto de disolucion de Córtes, que le presentaron los nuevos ministros y manifestó su resolucion irrevocable de renunciar la regencia. El dia 10, reunidos en la regia morada los ministros, las autoridades y todas las personas que, por sus circunstancias, podían dar mayor solemnidad al acto, se presentó Doña María Cristina y leyó un documento autógrafo
que, junto con un decreto, entregó al presidente del Consejo: en el primero, les manifestaba que el estado de los negocios y el delicado de su salud le habian decidido á renunciar la regencia del reino; en el segundo, declaraba que quedaba constituida la regencia provisional, la cual correspondía á los ministros, segun la Constitucion, hasta que las nuevas Córtes nombrasen las personas que debieran desempeñarla. Despues, fijó el dia 17 para su partida, que verificó á las seis y media de su mañana en el vapor Mercurio, que la condujo á Francia. A los pocos dias salieron para Madrid la reina Isabel, su hermana, la infanta Doña María Luisa y la Regencia provisional. En 1843, se levantó VALENCIA contra el Gobierno: en la tarde del 10 de Junio, se reunieron unas 200 personas en la plaza de la Constitucion, de cuyo punto partió la órden del toque de generala; las autoridades militares tomaron algunas medidas contra los amotinados; pero con marcada irresolucion y apatía. En la misma noche del 10, algunas autoridades estaban de acuerdo con los pronunciados. El dignísimo y malogrado jefe político, Don Miguel Antonio Camacho, dando ejemplo de un valor cívico, que debía tener en España muchos imitadores, se opuso enérgicamente á la insurreccion y trató de sofocarla. A las cuatro de la mañana del I1 se presentó en la plaza de Santa Catalina, decidido á reducir á los sublevados; pero pagó bien caro su noble y esforzado arrojo: un hombre, armado con un fusil, le acometió por la espalda, atravesándole el cuerpo con la bayoneta; herido mortalmente, se refugió en la iglesia de Santa Catalina, en cuyo sagrado recinto consumó el populacho su obra, asesinándole á puñaladas y arrastrando despues su cadáver por las calles. De este modo triunfó el pronunciamiento, mejor dicho, la coalicion moderada de 1843, en la cual fueron vilmente engañados los progresistas y sacrificada nuevamente la libertad. Los vencedores nombraron una Junta de gobierno, bajo la presidencia de Don Joaquin Armero. El 27 del mismo mes desembarcaron en el Grao de VALENCIA los generales Don Ramon María Narvaez y Don Manuel de la Concha, el brigadier Don Juan de la Pezuela y otros jefes militares, procedentes de la emigracion, quienes ofrecieron sus servicios á la Junta; ésta los aceptó, nombrando al primero general en jefe de las tropas del distrito, el cual salió á los pocos dias en direccion á Teruel, cuya poblacion secundó el movimiento, que era ya casi general en toda España. La parte que tuvo el general Narvaez en el movimiento de la ciudad; muy particularmente, en la organizacion de las fuerzas, le valió luégo del Gobierno el título de duque de VALENCIA. Esta poblacion secundó el pronunciamiento, que el general O’Donnell inició en Madrid en Julio de 1854. Coaligados los demócratas y los progresistas, salieron de la capital en direccion á Alcira, en donde, parapetados detrás de la muralla, resistieron y derrotaron completamente á la brigada del ejército que, compuesta de todas armas, habían mandado en su persecucion las autoridades de VALENCIA. Los insurrectos, despues de este brillante triunfo, abandonaron la villa y, dirigiéndose al Canal de Navarés, se fraccionaron en pequeñas partidas sueltas, sublevando los pueblos de la Marina. El 16, se pronunció la capital; se puso en libertad á los presos políticos, que se hallaban en las Torres de Serranos, y se nombró una Junta, de la cual, á pesar de las enérgicas protestas del pueblo, formaron parte hombres desacreditados, de opiniones conocidamente reaccionarias, quienes, no satisfechos sin duda con bastardear el movimiento, autorizar hechos punibles para descrédito de la nueva situacion y dividir á los partidos, prepararon, con su maquiavélica conducta, dias de luto á la poblacion. Con efecto; llegó el ó de Abril de 1856, primer domingo destinado para celebrar el sorteo de la quinta; y moderados y unionistas, aprovechándose hábilmente del disgusto natural que esta odiosa contribucion inspiraba al pueblo, provocaron un motin, con el objeto deliberado de comprometer á la milicia, tener un pretexto para proceder á su desarme y anular de este modo al partido avanzado, que era su constante pesadilla. La fuerza ciudadana, conociendo perfectamente la celada que se le tendía, hizo todos los esfuerzos imaginables por evitar el conflicto, procurando cuidadosamente de que ningun miliciano apareciera confundido entre las turbas amotinadas, que invadían la casa del Ayuntamiento, en donde debía celebrarse el sorteo. El tumulto, iniciado y sostenido por hombres desconocidos, niños y mujeres, fué tomando proporciones alarmantes; las turbas discurrían por las galerías y habitaciones del edificio, dando gritos desaforados y rompiendo cuantos objetos hallaban á la mano; y en este extremo, hubo necesidad de mandar un peloton de milicianos para sostener el órden. Pero ya era tarde: las fuerzas del ejército habían intervenido en el alboroto, dando cargas de caballería por las calles de la Sangre y de San Vicente, que ocasionaron algunas desgracias, y ante esta agresion tan extemporánea como injusta, se reunió la milicia y cada batallon ocupó el punto que se le designara. Don Juan Villalonga, capitan general del distrito, mandó destacar alguna columna de tropa por la calle y bajada de San Francisco, calles de la Sangre y de San Vicente; las cargas de caballería continuaban; las columnas habían llegado hasta la esquina de la plaza de Cajeros, en donde se hallaban las avanzadas de la milicia, y á los disparos del ejército, no tuvo aquélla más remedio que contestar. De esta inmotivada lucha, hubo que lamentar: en el ejército, 57 bajas; entre ellas, 17 muertos; y entre los paisanos, 17 heridos de ambos sexos. Llegada la noche, mandó el capitan general un parlamento, quedando el conflicto terminado y la milicia, encargada de mantener el órden público. Pocos dias despues, el digno alcalde-presidente de aquel Ayuntamiento, comandante de la milicia y jefe del partido democrático de VALENCIA, Don Félix Gallach, se comprometió á llevar á cabo el sorteo de la quinta, respondiendo del órden, y lo realizó cumplidamente sin el menor aparato de fuerza. Pero el plan de los moderados y unionistas quedaba frustrado, y era necesario que su objeto se realizara á toda costa. A este efecto, mandó luégo el Gobierno de Madrid al ministro de la Guerra, con amplísimos poderes y facultades extraordinarias, en averiguacion de lo ocurrido, el cual, llegado á VALENCIA y hospedado en la casa del conde de Cervellon, mandó llamar á la oficialidad de la milicia. El ministro de la Guerra, despues de reconvenirla de una manera destemplada, dura y descortés, mandó desarmar á compañías de cada batallon, so pretexto de reorganizarlos, designándose precisamente las más avanzadas en ideas políticas. Los voluntarios acordaron entónces, ó no entregar las armas, ó entregarlas todos sin distincion, y la mayoría, optó por este último extremo. El Ayuntamiento en masa presentó luégo la dimision, siendo sustituido por otro, compuesto de hombres pertenecientes á las fracciones progresista y unionista coaligadas. Pocos dias despues, el general O'Donnell daba su famoso golpe de Estado, que tanta sangre costó al heróico pueblo de Madrid. La reaccion había triunfado. En 1865 llevó VALENCIA á cabo una manifestacion popular, que puso de relieve la admirable union de aquel pueblo y la perfecta conciencia que tiene de sus derechos. El ministro de Hacienda entónces decretó un empréstito de 600 millones, que todo el mundo consideró como ruinoso para el comercio y la industria; y al siguiente dia, aparecieron completamente cerrados todos los establecimientos industriales y mercantiles de la capital. En el memorable alzamiento de 1868 tomó igualmente VALENCIA una parte muy activa: se levantaron numerosas partidas, que tuvieron en jaque á las columnas del ejército, hasta el 29 de Setiembre, en que se pronunció la capital; se obligó á dimitir á las autoridades; se nombró una Junta revolucionaria, compuesta de demócratas y progresistas; se desarmó á la guardia rural, que había creado el general Narvaez; se organizó la milicia y se derribaron por completo las murallas y los conventos de Santa Tecla, San Cristóbal y la Compañta, en donde se hallaban instalados los jesuitas. 47. Acontecimientos de Octubre de 1869.—Hemos llegado á la página más notable que registra la historia
contemporánea de VALENCIA. Pero ántes de reseñar el sangriento drama, que tan justamente preocupó entónces la atencion pública, fijaremos con la posible claridad las posiciones que respectivamente ocupaban la primera autoridad militar del distrito y la milicia ciudadana de la capital, á fin de que nuestros ilustrados lectores puedan formarse un juicio exacto de aquel ruidoso proceso, en que se ventilaba la honra de un pueblo digno, grande y generoso. 48. Breve exposicion de las causas que protocaron los acontecimientos.— Las tres provincias, que constituyen este antiguo reino, se hallaban en la época, á que nos referimos, profundamente perturbadas con motivo del reciente alzamiento de los carlistas. El capitan general, en la necesidad de sacar de VALENCIA las fuerzas de la guarnicion para perseguir sin descanso á las numerosas partidas que merodeaban por aquellos pueblos, juzgó oportuno, alentado sin duda por ofertas anteriores, consultar á los jefes de la milicia si podía contar con el auxilio de las fuerzas populares, y éstos, atendiendo sólo á la voz del deber, le ofrecieron unánimemente su incondicional apoyo para defender el órden contra todos los que intentasen perturbarlo; particularmente, contra el partido que se hallaba en armas. Esta promesa, hecha por los comandantes en nombre de sus compañeros, fué religiosamente cumplida por los voluntarios de la libertad, acudiendo solícitos á los puntos que se les designara, al menor conato de trastorno; estableciendo retenes y patrullas y prestando todos cuantos servicios se creyeron indispensables en aquellas circunstancias, para mantener el órden y la tranquilidad del vecindario. Los sucesos de Cataluña sirvieron luégo de motivo al Gobierno para proponer á las Córtes la suspension de las garantías constitucionales, y de pretexto, al ministro de la Gobernacion, para dirigir á sus delegados en las provincias una circular en que se les autorizaba para que, de acuerdo con las autoridades militares, se prendiera á los sospechosos, se suspendiesen periódicos y se tomaran cuantas disposiciones preventivas se creyeran del caso. La insurreccion, sostenida y áun excitada por la genialidad de un ministro y las intemperancias del Gobierno, se había extendido rápidamente por casi toda España, invadiendo nuestra provincia, y los rumores de desarme de los voluntarios, que habían circulado pocos dias ántes, con alguna insistencia, tomaron entónces mayor cuerpo. El dia 5 de Octubre, el capitan general de VALENCIA publicó un bando en que concedía á los sublevados de la provincia el plazo de veinticuatro horas para deponer las armas y retirarse á sus hogares, y terminaba con las siguientes palabras: «Llevada la cuestion al terreno de las armas, no dudeis que el triunfo estará de mi parte, porque, además de las leales tropas del ejército, cuento con el concurso de la milicia nacional y de todos los buenos liberales, que desean consolidar la revolucion de Setiembre, y temen que vuestros excesos nos conduzcan á la anarquía ó al despotismo.
Antes, sin embargo, de emplear la fuerza, ántes de desenvainar la espada, os presento el ramo de oliva.» Las autoridades habían asegurado formalmente no atacar á la milicia ciudadana de la capital, miéntras que continuara en la actitud pacífica y patriótica en que espontáneamente se había colocado. En la mañana del 6, los jefes populares recibieron una atenta comunicacion del capitan general, en que se les invitaba á una conferencia, que debía celebrarse aquel mismo dia en su casa-palacio; y, poco despues, se publicaba un bando en que se declaraba al país en estado de sitio. Los comandantes de la milicia habían determinado responder á la invitacion de la autoridad militar, y á las doce y media de aquel dia, eran introducidos en el despacho del general. Hé aquí el motivo y el resultado de aquella conferencia, tal cual lo hallamos en una memoria impresa, que tenemos á la vista, y cuyo relato se halla perfectamente de acuerdo con nuestras noticias particulares:—«Señores—dijo el general—he Ilamado á ustedes, porque así lo exigía mi conciencia de hombre y mi deber de autoridad. El Gobierno me faculta para desarmar la fuerza ciudadana que no me inspire confianza. La de VALENCIA jamás ha dado motivo para que ésta me faltara; al contrario, estoy completamente satisfecho de su conducta levantada y digna; pero, al presente, señores, nos encontramos en circunstancias azarosas y difíciles, y es de todo punto necesario que se me den explicaciones terminantes para saber á qué atenerme. El ministro de la Guerra me encarga pregunte á ustedes si puedo contar con su apoyo para sostener al Gobierno y defender los acuerdos de las Córtes, 2 la causa del órden y de la libertad. Si satisfactoriamente se me contesta á estas preguntas; si en esta cuestion, como no puedo ménos de esperar, se ponen ustedes, con todos los individuos de la milicia, á mi lado, desechen todo temor de desarme, puesto que de la conservacion del DERECHO ADQUIRIDO por los voluntarios de VALENCIA responde el capitan general en nombre del Gobierno.» Despues de una pequeña pausa, respondió grave y sereno uno de los comandantes—«General, vuecencia, como nosotros, sabe los sentimientos que constantemente han animado á los republicanos de VALENCIA, y, en particular, á la fuerza ciudadana: como ardientes defensores de la idea democrática, amamos el órden que, en nuestro concepto, es inseparable de la libertad; pero no podemos de modo alguno comprometernos á apoyar á un Gobierno que está haciendo traicion á sus principios y que con tanta audacia ha provocado á nuestro partido. En cuanto á...»—«En cuanto á los acuerdos de las Córtes—repuso otro vivamente—es imposible que á ellos sometamos nuestra voluntad, ya que nuestras doctrinas políticas están tan discordes con la marcha antirrevolucionaria que éstas siguen. El órden y la libertad encontrarán en nosotros y en nuestros compañeros su segura salvagvardia. El Gobierno y las Constituyentes deben buscar en su conducta el apoyo que pretenden encontrar en la nuestra. Obrando así, cumplimos con nuestro doble deber de voluntarios y de republicanos.» La conferencia duró dos horas, sin que los jefes de la milicia abandonaran ni un solo momento su firme y prudente actitud, á pesar de las excitaciones y ruegos del general, levantándose luego la siguiente acta: «Habiendo convocado al señor alcalde presidente del excelentísimo Ayuntamiento de esta capital y á los señores comandantes de los batallones de voluntarios de la libertad, y preguntados por el excelentísimo señor capitan general si podía contar con éstos para sostener el órden y la libertad, contestaron que sí, y, en prueba de su compromiso, firmaron esta acta. El señor alcalde manifestó que creía no tener necesidad de consultar á la corporacion, por cuanto en época no muy lejana había hecho ya igual ofrecimiento. VALENCIA ó de Octubre de 1869.—Siguen las firmas de los señores comandantes. Enterada la poblacion del resultado de la conferencia, tranquilizáronse los ánimos por el momento, para soliviantarse de nuevo en la mañana del 7, con la consumacion del acto que ménos podía esperarse de la hidalguía de aquella autoridad militar. Con efecto; el capitan general del distrito de VALENCIA, á pesar de su palabra, formalmente empeñada, de no atentar contra la milicia, en tanto que ésta perseverase en su actitud patriótica, había de antemano resuelto proceder á su desarme, y al efecto, pasó parte de la noche del dia indicado, combinando el plan de ataque: precaucion verdaderamente extraña, puesto que aquella autoridad CREÍA que para amedrentar los ánimos y recoger las armas bastaba pasear los cañones por la calle. 49. Contradicciones del general.— Para hacerlas resaltar á los ojos de nuestros ilustrados lectores, bastará que recordemos la conducta observada por los voluntarios y el proceder seguido por la autoridad militar desde los primeros momentos. Estalla la sublevacion carlista, inféstase el país, y el capitan general de VALENCIA llama á su lado á las fuerzas populares; sigue á ésta el levantamiento republicano, invaden la provincia las partidas insurrectas, y en el bando, que aquella autoridad publica, dice «que cuenta para destruirlas con el concurso de la milicia;» toma despues la insurrecion extraordinario vuelo, se extien
de la alarma y consulta con los jefes de los voluntarios, á quienes exige un compromiso firmado, que éstos se apresuran á darle; proclama, por último, el estado de sitio, y, á pesar de hallarse autorizado por el Gobierno para desarmar á la milicia, conrÍa Á SU CUSTODIA LOS PUNTOS MÁS ESTRATÉGICOS É IMPORTANTES DE LA POBLACION. Este proceder de la primera autoridad militar de VALENCIA, dadas las circunstancias críticas en que se hallaba el distrito de su mando y teniendo en cuenta la ingenuidad y franqueza, propias de su carácter, ó no significa nada, ó prueba evidentemente que tenía una confianza completa, absoluta, en la lealtad y patriotismo de los voluntarios de la capital. Pero llega el dia 8, y, cuando todavía resonaban en los oidos de sus jefes las seguridades dadas por el capitan general de no proceder á su desarme, esta autoridad asombra á VALENCIA con la publicacion del siguiente incomprensible «BANDO: En virtud de las órdenes que he recibido del Gobierno de la Nacion, y considerando que la autoridad de los comandantes de los voluntarios de la libertad se halla sumamente contrariada por la actitud que ha tomado gran parte de los oficiales, excitados por ciertos espíritus revoltosos, que tienen en un estado de perturbacion y alarma continua á este pacífico vecindario, vengo en ordenar lo siguiente: Artículo I.° Quedan disueltos todos los batallones de voluntarios de la libertad de esta capital. 2.° En el término de dos horas de fijado este bando, serán entregadas las armas en la Fábrica de tabacos, en el teatro Principal y cuartel de Santo Domingo. 3.° Todo voluntario, que dentro del plazo fijado en el artículo anterior, no hiciese entrega de su armamento y municiones en cualesquiera de los referidos puntos, será tratado como reo de rebelion y sedicion, y juzgado por el consejo de guerra permanente, para cuyo efecto se girarán las oportuuas visitas domiciliarias. 4.° Los vecinos que á la intimacion de las fuerzas del ejército, Guardia civil y carabineros, se nieguen á abrir y franquear las puertas de sus casas, incurrirán en la pena anteriormente dicha de rebelion. 5.° Tambien serán tratados como reos de rebelion los que directa ó indirectamente impidiesen ó intentasen impedir la ejecucion de este bando. VALENCIA 8 de Octubre de 1869.» La publicacion de este peregrino documento vino á dar al asunto una tendencia inopinada: á partir desde aquel instante, la cuestion para VALENCIA no era ya política, sino de decoro, de dignidad, de honra; y en este concepto, el pueblo valenciano, al acudir en masa al terreno de la fuerza, fué adonde debió ir, demostrando con este grande acto de valor y entereza, que era un pueblo que tenia perfecta conciencia de su dignidad. 50. Los efectos del bando.— El solo anuncio de aquella azarosa medida había ya producido el dia ántes profundo disgusto en toda la poblacion: así, pues, no era de extrañar que, á medida que iba fijándose, se precipitasen los grupos sobre las esquinas y, Ilenos de indignacion, lo hicieran en mil pedazos sin detenerse siquiera á leerlo. Los leales voluntarios de VALENCIA corrían presurosos á sus respectivos puntos, ardiendo en ira, y los gritos de: «¡Nos han vendido!» «¡Infames!» las armas!,» eran los únicos que en aquellos instantes brotaban de todos los labios. En unas calles se veía á los furrieles ir jadeantes avisando de casa en casa á los individuos de la milicia, miéntras que en otras se presenciaban escenas terribles.
Aquí, un valeroso hijo del pueblo, ciñéndose la canana y empuñando su escopeta, luchaba por desasirse, en su exaltacion patriótica, de los brazos cariñosos de su esposa ó de sus hijos; allí, grupos de voluntarios, comentando calurosamente la informalidad cometida, elevaban al cielo sus puños crispados como clamando venganza. El asombro ó la indignacion se veía reflejado en todos los semblantes; el vecindario se hallaba profundamente conmovido; los ánimos, exaltados; y las carreras precipitadas, el tumulto creciente y aquel clamoreo general, daban á la poblacion cierto aspecto sombrío, que no se puede definir. 51. La entrevista de las autoridades.—El alcalde presidente del Ayuntamiento, revestido de la severa majestad que le daba su doble carácter de alcalde popular y comandante de los voluntarios, se avistó con la autoridad militar del distrito para manifestarle la grande extrañeza y el profundo disgusto con que había visto la retractacion de su palabra empeñada; máxime, cuando que ni VALENCIA, en general, ni la milicia, en particular, habían dado motivo para tamaño ultraje. El capitan general contestó de una manera vacilante, escudándose con la órden del Gobierno. Esta respuesta, verdaderamente singular en un militar pundonoroso y digno, produjo una acalorada discusion, que el capitan general cortó bruscamente, manifestando con ceño adusto que era preciso decidirse pronto, puesto que, estando para espirar el plazo, se disponía á ordenar el ataque contra los que osaran desobedecer sus órdenes. A esta inesperada intimacion, el digno magistrado del pueblo contestó con cabal entereza: — «Puesto que nada son para vuecencia las justas reclamaciones de un pueblo herido en su pundonor; puesto que de ese modo olvida vuecencia todo cuanto de grande debe á la milicia, yo, en nombre de ese pueblo y en representacion de esa milicia, me declaro desligado de todo compromiso. La suerte de las armas decidirá.» La guerra quedaba declarada: el guante de desafio, que el capitan general había arrojado inhábilmente al rostro del pueblo en nombre del Gobierno, acababa de recogerlo con noble energía el alcalde popular en nombre de la poblacion. 52. Los preliminares de la lucha.— Eran las siete: en la plaza del Mercado, crecía el entusiasmo de un modo indescriptible. Los paisanos habían levantado una débil barricada en la embocadura de la calle Nueva, con los toldos, sillas y cestones, que habían dejado abandonados las vendedoras. La milicia ocupaba una extensa zona, cuyos puntos más importantes, eran: la casa de Beneficencia, las torres de Cuarte, las Escuelas Plas, el convento del Pilar, los Santos Juanes y la Lonja. Dieron las siete y cuarto: el plazo señalado por la autoridad militar había espirado y se aguardaba de un momento á otro el ataque, que debía dirigirse al Mercado, como centro principal de operaciones. A las primeras horas de la madrugada del 7, las tropas habían salido de sus cuarteles, de órden del general, posesionándose cautelosamente de la calle y plaza de la Libertad, calle y plaza de las Barcas, teatro Principal, Parterre, Glorieta y plaza de Tetuan hasta el pretil del río. Un batallon, en traje de campaña, con una escuadra de gastadores, perfectamente armados de azadones y picas, se hallaba formado en la plaza de Mendizábal; la caballería, en la de Tetuan, frente á la capitanía general. La artillería se había dividido y colocado en diferentes puntos; la batería más avanzada ocupaba la plaza de las Barcas, junto á la fuente. Gruesos pelotones guardaban las avenidas del centro de operaciones, que el capitan general había establecido en su casa-palacio, como sitio más á propósito para concentrar la escasa guarnicion de que disponía. 53. Las columnas de ataque.—Esta autoridad, resuelta desde el dia anterior á llevar á cabo el desarme, había dispuesto previamente la formacion de cuatro columnas, las cuales se componían: la primera, de una compañía del regimiento de Zamora, mandada por el capitan de Estado Mayor, Don Rafael Mir; la segunda, de cuatro carabineros de á caballo, dos piezas de artillería, una compañía de Guardia civil, y dos, del regimiento de Toledo, dirigida por el coronel Don Juan Alonso Zea; la tercera, de una compañía del regimiento infantería de la Princesa, á las órdenes del capitan de Estado Mayor, Don Luis Nebot; y la cuarta, de dos compañías; una, del regimiento de la Princesa, y otra, del de Toledo, al mando del comandante del mismo cuerpo, Don Roman Alonso. El grueso de las fuerzas de la guarnicion quedó de reserva. La direccion de estas cuatro columnas estaba encomendada al coronel señor Zea. 54. Ataque y defensa.—El capitan general, terminada su entrevista con el alcalde presidente del Municipio, dió la órden de marcha á las columnas de ataque. Puestas en movimiento, cada una siguió una direccion distinta, con la consigna de converger
todas á la plaza del Mercado, por la parte comprendida entre la Lonja y la calle del Trench, cuyas avenidas son precisamente las más dificiles de franquear por lo estrechas y tortuosas. La columna, mandada por el comandante de Estado mayor, Don Ramon Alonso, fué la primera que rompió el fuego con los voluntarios. Partiendo de la plaza de Tetuan, se dirigió por las calles de la Palmereta, San Bult, Horno del Vidrio, Trinquete de Caballeros, Palau, Miguelete y Correjerta, en donde sostuvo una corta, pero sangrienta refriega. Un voluntario y dos soldados quedaron tendidos en medio del arroyo. La columna siguió su marcha. Poco ántes de llegar á la esquina de la calle de Cadirers, se percibieron voces confusas; el jefe avanzó con cautela algunos pasos y asomó el cuerpo por el ángulo que forma la parte del edificio que antiguamente ocupara el Gobierno civil. Se oyeron tres detonaciones: el bizarro y jóven comandante dejó caer sus armas y, lanzando un ¡ay! doloroso, cayó exánime en los brazos de un soldado. El estupor se apoderó de la tropa: los soldados se miraban silenciosos; los oficiales bajaron la vista mordiéndose los labios de despecho. A poco, llegó la columna del capitan de Estado mayor, señor Nebot, la cual, siguiendo casi el mismo camino, había llegado á aquel punto sin ningun obstáculo. Los jefes de ambas columnas, considerando entónces que era sumamente arriesgado cruzar por el laberinto de callejuelas, que se extiende por detrás de la derruida iglesia de la Compañía de Jesus, se posesionaron del cuartel de la Guardia civil y do las oficinas del telégrafo, con ánimo de atacar la Lonja para penetrar por ella en el Mercado. Miéntras que en la calle de la Correjerta tenía lugar la corta escaramuza, que había costado la vida á tres infelices, trabábase en la de las Mantas un formal y empeñado combate. La segunda columna, mandada por el coronel Zea, había partido del mismo punto que las anteriores, dirigiéndose á lo largo de la calle del Mar. La proximidad del enemigo y los primeros disparos de la Correjería habían llegado al Mercado, enardeciendo la impaciencia de los voluntarios. El capitan de una de las compañías de la Lonja recibió órden de sus jefes, para que se apodera del campanario de Santa Catalina, ántes de que las tropas llegaran á la plaza de este nombre, estableciendo de este modo una avanzada, que interceptara por aquella parte la entrada del Mercado. Pero esta importante posicion no pudo tomarse, porque, al llegar los voluntarios á la calle de la Sombrererta, se encontraron con la Guardia civil de la columna de Zea, viéndose obligados á detenerse en la misma entrada de la plaza de Santa Catalina. Algunas personas pacíficas cruzaban á la sazon por aquel sitio y los voluntarios no se atrevieron á disparar por el temor de causar alguna desgracia; pero uno de ellos, no pudiendo contener los impulsos de la sangre, se adelantó impávido hasta en medio de la calle con el fusil amartillado. El oficial de la Guardia civil gritó á los suyos: ¡adelante! El voluntario se echó rápidamente la culata á la cara; una mujer cruzaba despavorida en aquel instante por delante del oficial de la Guardia, y una exclamacion enérgica salió de las filas de los milicianos: «¡Detente, Fulano, gritó uno, que es mi mujer!» El tiro partió, y el oficial, ensangrentado, cayó mortalmente herido. El tirador se volvió al compañero que le había gritado y, señalándole á su mujer, que corría ilesa á ganar una callejuela, le dijo con la mayor sangre fría: Donde yo pongo el ojo, clavo la bala. Allí tienes á tu mujer. La tropa, al avanzar contra los voluntarios, hizo una descarga cerrada, á la cual siguieron otras muchas, envolviendo la atmósfera en una inmensa nube de humo. Los voluntarios, en corto número, se replegaron hácia la puerta del templo de Santa Catalina y calle de las Mantas, por las Platerías, batiéndose cuerpo á cuerpo y á boca de jarro con las numerosas fuerzas que formaban la columna. Miéntras que los soldados de Zea rompían el fuego, la columna, mandada por el capitan de Estado mayor, señor Mir, la cual, atravesando por la calle de la Nave, plaza de Villarrasa y Abadía de San Martin, había llegado á la de la Pellerta Vieja, se vió detenida por unos cuantos grupos armados que, desde la de Chiponers, le oponían tenaz resistencia; pero la Guardia civil de la columna de Zea, deslizándose por detrás de la horchaterta de Santa Catalina, y cayendo de improviso sobre la plaza Redonda, les obligó á retirarse al Trench, dejando libre el paso á la columna. En tanto, la lucha se había hecho general en todas aquellas calles, tomando un carácter imponente. Las descargas se sucedían casi sin interrupcion; el humo de la pólvora lo invadía todo; los vivas entusiastas de los voluntarios aturdían los oidos. La artillería había conseguido colocar uno de sus cañones en la entrada de la calle de las Mantas, junto á la plazuela dels Caps, y su atronador estampido vino á aumentar la terrible grandeza del combate. Las tropas iban extendiendo su línea de ataque desde las calles que afluyen á la plaza de la Lonja hasta la Redonda. Zea, seguido de varios oficiales y de algunos soldados, avanzaba intrépidamente por la calle de los Cambios en direccion á la primera de las referidas plazas; como el malogrado comandante Alonso, iba á pié, con su revólver en una mano y la espada en la otra, logrando llegar hasta la esquina, desde la cual se distingue el terrado de la Lonja y los edificios que forman su plaza. Al apercibirle, dos ó tres voluntarios, que ocupaban un balcon, gritaron: ¡á ese, t́rale á ese! Zea levantó la cabeza y, al verlos en actitud hostil, apuntó su revólver, salió el tiro y un voluntario cayó de bruces sobre la barandilla; pero, casi simultáneamente con el tiro de Zea, sonó otro mucho más fuerte y se vió al coronel vacilar, cerrar los ojos, inclinar la frente y desplomarse, como herido por un rayo. La bala le había penetrado por la parte superior del ros, destrozándole el cráneo. Los soldados que le acompañaban, no osaron dar un paso más: las tropas, á cuyo frente se había puesto el coronel de Toledo, señor Gonzalez Escandon, en reemplazo del señor Zea, continuaban indecisas en las mismas posiciones. Los disparos de la artillería cesaron por un momento; y, cuando disipadas las nubes de humo, vieron los voluntarios el efecto causado por su nutrido fuego, multiplicaron las descargas, ciegos y embriagados por la lucha, sembrando el terror y la muerte en las filas del ejército, que se encontraba perplejo y vacilante. La noticia de las pérdidas experimentadas, y muy especialmente la de los dodignísimos jefes de Estado mayor, impresionó hondamente al capitan general y á los oficiales superiores que le rodeaban. Con la velocidad del rayo mandó formar otras dos columnas, más gruesas que las anteriores, y nombró al brigadier de ingenieros, señor Terrer, en sustitucion del coronel Zea. Llegado Terrer á su destino, mucho ántes de que la nueva columna saliera del centro de operaciones, reunió el grueso de la fuerza, hizo adelantar un cañon hasta la encrucijada que interrumpe las calles de lo Derechos y de las Mantas, mandó romper el fuego en toda la línea ocupada y se reanudó el combate con mayor empeño y vigor. La tropa se batía denodadamente; pero la resistencia era tenaz y la lluvia de balas, que caía sobre ella de todas partes, diezmaba sus filas sin permitirles avanzar. El brigadier Terrer mandó cargar á la bayoneta, y los soldados, jadeantes, con la cabeza baja y el fusil en ristre, se arrojaron sobre los voluntarios que defendían una pequeña barricada. Sonó una descarga; varios oficiales cayeron muertos ó heridos; los soldados se detuvieron; pero un toque de ataque resonó con fuerza; los jefes irritados gritaron: «¡adelante!» y aquella masa de hombres, impulsada como por un resorte, se lanzó de nuevo sobre la barricada: los cestos, las sillas, los toldos, rodaron al violento empuje, y el frente de la columna llegó á la entrada del Mercado. El fuego entónces se redobló; de las calles del Repeso, de la Merced, de Ramilletes, del Molino de la Robella, de todas partes, el tiroteo era tan vivo, que parecía más bien una descarga continuada.
Terrer, conociendo la situacion peligrosísima en que se hallaba la tropa, mandó ocupar las casas, para poder llegar por ellas al frente del Mercado, y en un instante, las cerraduras y las puertas saltaron á culatazos, é invadiendo precipitadamente las escaleras, se posesionaron
de los edificios más próximos á la plaza, al mismo tiempo que la tercera columna y las fuerzas que mandaba el coronel Escandon, iban abriéndose paso por entre las habitaciones de las manzanas que se extienden á los dos lados de la calle de las Mantas. El fuego fué disminuyendo hasta extinguirse casi por completo. El combate había cesado en un punto para empezar en otro. Una de las dos nuevas columnas, mandadas formar por el capitan general, para sostener el empuje, compuesta de tres compañías del regimiento de Toledo, al mando de su coronel Don Félix de Hevia, tenía órden expresa de apoderarse de la Lonja, defendiendo la derecha del ataque, y se dirigió á la calle de los Caballeros desde el centro de operaciones. El coronel mandó á sus soldados dividirse en dos filas y seguir por las aceras de la expresada calle, sin cuidarse de asegurar la retirada en un trance apurado, y esta grave falta comprometió á las fuerzas que mandaba y costó la vida á la mayor parte de su brillante oficialidad. La lucha empezó reñida y sangrienta. La tropa iba avanzando, guareciéndose en las esquinas y en los huecos de las puertas; las pequeñas y endebles barricadas, levantadas en la calle del Correo Viejo y plaza del conde de Buñol, fueron tomadas. Apénas la columna llegó á la vista del Trosalt, aumentó el fuego de una manera extraordinaria; de la calle, de la plaza, de las puertas, de los balcones, de las ventanas y de los terrados, descendía una verdadera granizada de plomo. El soldado vaciló; ante sus espantados ojos se levantaba una nueva barricada, que le cortaba el paso, y detrás de ésta, veíase otra, y despues, otra más formidable todavía; y aumentaba el pánico, crecía el tumulto, multiplicábanse los defensores, hormigueaban en la calle los voluntarios y el fuego era cada vez más atronador; y la mortandad, más tremenda y aterradora. El jefe de la columna volvió atrás su vista (era tarde) y comprendió entónces la falta que había cometido, dejando completamente descubierta su retaguardia. Los voluntarios se habían corrido por los callejones paralelos y, apoderándose de las barricadas, que la tropa dejaba desiertas á sus espaldas, le habian cortado la retirada. Considerándose perdido y colocado entre dos fuegos, in tentó el esfuerzo último, mandando cargar á la bayoneta. La tropa se lanzó sobre la barricada; se oyó una descarga; el coronel dió un salto terrible y cayó exánime junto á la esquina entre los cadáveres de varios soldados. El resto de la columna trabó una lucha desesperada, cuerpo á cuerpo, con los voluntarios. Y aquí tuvo lugar un episodio conmovedor, que dejamos para más adelante, á fin de no cortar el hilo de los hechos. La tropa se vió rechazada. En el infructuoso y temerario ataque de la barricada había muerto el desgraciado coronel Hevia, sustituyéndole en el mando el segundo jefe, señor Puig Samper. El aspecto que ofrecía la calle, era tristísimo; la mayor parte de la oficialidad y no pocos soldados yacían tendidos en toda la longitud, comprendida entre las calles de Calatrava y Salinas. En el rostro de la tropa se reflejaban el abatimiento y el terror. Los voluntarios habían recibido refuerzos y tenían su reserva convenientemente escalonada por compañías desde el Trosalt hasta el Mercado. El fuego era cada vez más nutrido. Puig Samper, encerrado en un círculo de plomo, sin salida posible, por la imprevision del coronel Hevia, dió órden á los soldados para que se guareciesen en las casas hasta que, enterado el general de su crítica situacion, enviara fuerzas en su socorro. Miéntras que esto se ejecutaba, sonó una descarga; el ayudante de Hevia, al sentirse gravemente herido, se vuelve á su jefe, quien, desde el umbral de la puerta del colegio de Santa Rosa, estaba animando á sus soldados: «Mi teniente coronel—le dijo con voz insegura—estoy herido: ¿puedo retirarme?» Puig Samper sacó el cuerpo para abrazar al teniente; pero no tuvo tiempo de consumar la accion: un tiro, disparado desde un balcon de las Calderertas, le dejó muerto. El desaliento y el horror de los soldados llegaron á su colmo: apénas quedaban oficiales. El resto de las fuerzas tuvo que refugiarse en los edificios inmediatos; cerráronse las puertas; se parapetaron con colchones en los huecos de las casas y el combate, cambiando de condiciones, cesó casi por completo. Hacía largo rato que había terminado la lucha en la calle de Caballeros; pero el fuego continuaba aún en la de las Mantas: en ambas partes se hallaba la tropa sin poder moverse, encerrada en las casas é ignorando en absoluto la suerte de las demás columnas.—El grueso de la reserva había salido, á las órdenes del coronel de Zamora, Don Cleto Angulo, poco despues que el infortunado Hevia, para caer sobre el Mercado por la calle de San Fernando. Esta columna, compuesta de unos 150 hombres de los regimientos de Zamora y Toledo, y dos piezas de artillería, se dirigió por la plaza y bajada de San Francisco y plazuela de Cajeros á la expresada calle. Apénas se oyeron las primeras descargas, comprendieron los voluntarios del Mercado que el enemigo intentaba de nuevo probar fortuna por la única parte de la poblacion que le quedaba libre. Las calles por este lado estaban completamente abiertas, y en breve tiempo, se levantaron algunas barricadas. La columna cruzó por la calle de San Vicente, pasó por delante de la de Calabazas y llegó á la embocadura de la de San Fernando. Los voluntarios, posesionados de la Casa-Lonja y de la iglesia de los Santos Juanes, y los que se hallaban apostados en las esquinas, empezaron á contestar con intrepidez y sin descanso al vivísimo fuego de la tropa. El coronel, con el objeto de atacar simultáneamente por dos puntos, había destacado algunas fuerzas para que, entrando en la plaza dels Porchets y cruzando la de la Merced, penetraran en el Mercado por la calle de este nombre, al mismo tiempo que daba órden de apoderarse de algunas casas de comercio en la calle de San Fernando y colocar los cañones en direccion á los Santos Juanes. El fuego de los voluntarios se redobló: la tropa, que no había conseguido posesionarse de los edificios, se veía forzada á replegarse, formando una masa compacta en el pequeño trozo de calle, comprendido entre la entrada de la de San Fernando y la de Calabazas, á fin de ponerse á cubierto de los disparos que, desde la plaza de la Merced, hacían los voluntarios. El estampido del cañon empezó á oirse, mezclado con las frecuentes descargas cerradas de fusilería. Habían trascurrido tres horas desde los primeros disparos; el coronel de la fuerza se había retirado gravemente herido; varios oficiales y soldados se encontraban en una situacion apurada; los artilleros sufrían un fuego horroroso y el resto de la columna no había podido aún pasar de la entrada de la calle. En esta situacion, el teniente coronel, señor Morales de los Ríos, que era el jefe que se había encargado, de dirigir las operaciones, mandó que cesara el fuego de cañon é, imitando el ejemplo de Terrer en la calle de las Mantas, formó su columna y dió órden de cargar á la bayoneta sobre el Mercado. Sonó la corneta; los oficiales animaban á la tropa; el jefe gritaba: «¡adelante! ellos!» pero los soldados permanecían inmóviles, aturdidos, en medio de tanta destruccion. Era cerca de las tres; la corneta había repetido sus toques y la columna no avanzaba. El fuego continuaba mortífero y el terrible toque de ataque, ejecutado con ira, se dejó oir de nuevo en la angostura de la calle de San Fernando. «¡A delante, muchachos!»—gritaba desesperado el jefe de la fuerza;—pero los soldados no osaban menearse, ó se retiraban á las aceras, para guarecerse, y los oficiales los llevaban á empujones y sablazos, sin que, áun así, consiguieran hacerles avanzar un paso. Convencido de lo inútil de sus esfuerzos y enterado por otra parte del mal éxito de las operaciones realizadas por las demás columnas, el valeroso coronel Morales ordenó la retirada; recogiéronse los heridos, que eran numerosos, y, llevando á vanguardia sus cañones, abandonó la calle, de la cual no había conseguido apoderarse en cuatro horas y media de nutrido fuego, posesionándose de la plaza de San Francisco. 55. Suspension de hostilidades.—El capitan general, al tener noticia de esta retirada, dispuso que las fuerzas, apostadas en las calles de las Mantas y adyacentes, hicieran lo propio. La autoridad militar, vista la heróica, cuanto inesperada resistencia de los
voluntarios, resolvió permanecer á la defensiva, hasta que el Gobierno de Madrid le mandara los refuerzos necesarios. Los voluntarios, que eran los primeros en lamentar aquel conflicto, que tenían la conciencia de no haber provocado, adoptaron la misma prudente resolucion. Sin embargo, no faltó quien, movido por un exagerado entusiasmo, intentara atacar á las tropas hasta llegar al centro de sus operaciones. A uno de éstos, que excitaba á sus compañeros para ir á clavar la bandera de cualquiera de los batallones en un balcon de la capitanía general, le contuvo un capitan con esta noble y sensata frase. «Mira, Fulano; hemos sido dignos; en nuestro deber está tambien ser cuerdos.» 56. Nuevas obras de defensa.— La noticia de la completa retirada de las tropas y suspension de las hostilidades, dieron tiempo á los voluntarios para extender sus líneas de defensa, llegando á ocupar las tres cuartas partes de la poblacion. Durante este movimiento de avance, los dueños de las casas, en que por vez primera entraban los voluntarios, maravillábanse de ver aquellos hombres, ennegrecidos por la pólvora y, al parecer, tan desordenados, con qué circunspeccion, obedeciendo la voz del deber, pisaban el domicilio ajeno, como si fuera cosa sagrada, quitándose el kepis delante de los vecinos y pidiéndoles humildemente: «que les dispensasen aquella molestia que, contra su voluntad, se veían forzados á causarles.» Los voluntarios habían ido apoderándose de las posiciones abandonadas por el ejército. Este se mantenía á la defensiva, apostado: en la estacion del ferrocarril, cuartel de San Francisco, teatro Principal, Sociedad de Crédito Valenciano, sucursal del Banco de España, colegio del Patriarca, universidad, colegio de Santo Tomás, aduana, ciudadela, capitanía general, Temple y ruinoso convento de los trinitarios. Los voluntarios habían recibido refuerzos del Grao, Ruzafa y otros pueblos cercanos. El entusiasmo llegaba á su colmo, á medida que se apreciaban los resultados de la lucha del dia anterior. En todas las calles se veían mujeres y niños, ayudando á los voluntarios en la construccion de nuevas obras de defensa. Aquel mismo dia quedó la ciudad completamente erizada de barricadas, capaces de resistir la agresion violenta de un ejército formidable. No había calle ni callejuela, por apartada que estuviese, que no presentara su entrada y salida bien defendidas por montones de adoquines y escombros admirablemente ordenados. Calle hubo que llegó á contar más de nueve barricadas. En alguna de ellas, ondeaban banderolas tricolores con el gorro frigio, miéntras que en otras se leía en gruesos caractéres esta elocuentísima inscripcion: «Pena de muerte al ladron.» «Guerra al general.» «Paz al soldado.» En una de las calles de Cuarte, el buen humor de los voluntarios les inspiró la idea de fijar un carton con una cuarteta improvisada, en que se ofrecía al capitan general, como premio de su conducta y de su victoria, una corona hecha de dos ramas de higuera infernal. 57. Conducta de los voluntarios despues del combate.—Concedida la tregua, lanzáronse los voluntarios á las calles, acudiendo á las casas en donde se hallaban encerrados los soldados, disputándose la satisfaccion de socorrer á los heridos y suministrándoles los alimentos que, con voz debilitada por el ayuno, reclamaban, dando lugar á escenas verdaderamente conmovedoras. El cadáver del coronel Hevia conservaba en sus bolsillos algunas monedas de oro, y colgado del pecho, un magnífico cronómetro del mismo metal, y los voluntarios no se permitieron poner las manos en aquel cuerpo inerte, sino despues de haber llamado á los pocos oficiales, que quedaban del regimiento de Toledo, para que se incautasen del dinero y de la alhaja. Los heridos eran conducidos con el mayor esmero: unos, al hospital provincial, y otros, á la inmediata casa de un concejal republicano, en donde se les asistía con no ménos solicitud. Los muertos fueron enterrados en una capilla de la iglesia de San Nicolás. Muchos voluntarios corrían de casa en casa, provistos de grandes jarros llenos de sustancioso caldo, dando de beber á los soldados desfallecidos, quienes los apuraban con avidez. Soldados y oficiales se mostraban asombrados del comportamiento generoso de sus indomables adversarios de la víspera. Sería cuestion de nunca acabar, como suele decirse, si tuviéramos que referir todos los actos de magnanimidad, de desprendimiento, de clemencia, de ánimo brioso, llevados á cabo por los voluntarios con esa alegría bienhechora, que inspiran al alma los santos afectos del amor y de la caridad. Se ha notado que el hombre, bastante valiente para ser vencedor, es siempre piadoso para con el vencido. Por el contrario, la cobardía, incapaz de honrarse con ninguna proeza de la gloria, busca la triste hazaña de la crueldad. «Ser cruel,» quiere decir en castellano: «ser cobarde.» 58. Negociaciones de paz.—Los dias 10, 11, 12, 13, 14 y 15, habían trascurrido y la situacion era la misma. Muchas familias, al tener noticia del bombardeo y ataque general, que se anunciaban, abandonaron la poblacion. Durante este tiempo, el capitan general había recibido numerosos refuerzos, por mar y tierra, y extendido la línea de circunvalacion, atacando á los voluntarios, posesionados de las afueras, entrando á sangre y fuego en las casas y cometiendo todo género de tropelías. En tanto, varias personas influyentes de la capital, con el arzobispo de la diócesis á la cabeza, gestionaban activamente una capitulacion honrosa para ambas partes. La comision, avistándose con el capitan general, le rogó encarecidamente que concediera á los voluntarios las condiciones más favorables posibles para que depusieran las armas, encargándose de trasmitirlas al Directorio. La autoridad militar manifestó que las únicas condiciones que podía ofrecerles, si se rendían á discrecion, era respetar la vida de los individuos y recomendar al Gobierno la clemencia de los jefes. El Directorio, enterado por la comision de las condiciones que imponía el general, se reunió con la Junta de armamento y defensa y los principales jefes de la milicia, acordando trasmitir al capitan general, por conducto de la comision negociadora, esta respuesta: «Autorizamos á la comision para que pueda hacer el uso que estime conveniente del acuerdo tomado en junta de oficiales de los voluatarios de la libertad, sobre los medios de terminar la lucha que existe entre nosotros y las tropas del general, que la comision nos ha propuesto. Depondremos las armas para evitar á VALENCIA los horrores de un bombardeo, con que ha prometido el general arrasarla, á fin de que nunca pueda creerse que para nosotros hay otra idea tan sagrada como los intereses y tranquilidad de nuestros conciudadanos; pero queremos que conste que, no habiendo tenido jefes los voluntarios en el primer momento de lucha, los oficiales de los cuerpos no pudieron más que, como individuos, ir al lado de sus compañeros; y las autoridades municipales, sostener el órden y atender á las necesidades, lo cual han cumplido con entera satisfaccion del vecindario; que esto no ha sido pensado, sino que nos hemos encontrado en los hechos por la fuerza de las circunstancias; y, por lo tanto, que á todos se les respetará la vida, personas é intereses, por no haber habido motores ni instigadores, sino circunstancias insuperables, y si se respetan las vidas de todos, se depondrán las armas y volverá cada uno á su casa; y para uso de la comision, le damos este acuerdo. VALENCIA 14 de Octubre de 1869.» El acta iba firmada por el secretario de la junta de oficiales. La comision dió cuenta inmediatamente al capitan general del acuerdo tomado por la milicia, el cual contestó que no podía admitir otra proposicion que el cumplimiento de su mandato del dia anterior, y, como despues se resistiese á conceder la tregua que la comision le suplicaba para inclinar el ánimo de los voluntarios, resolvió ésta salir aquel mismo dia en direccion á Madrid. Con efecto, á las ocho de la noche llegaron los comisionados á Alcira. El ministro de la Guerra reclamaba con mucha urgencia noticias de la insurreccion por medio del telégrafo; y el empleado rogó á los señores de la comision que se comunicaran con su excelencia,
como así lo hicieron, entablándose entre el ministro y los comisionados un largo diálogo, que no hace á nuestro propósito. Por último, un individuo de la comision partió para VALENCIA, encargado de trasmitir al capitan general la contestacion definitiva del Gobierno, que la comision acababa de recibir, en tanto que el resto de la misma continuaba su viaje á Madrid con la esperanza de influir más directamente en las resoluciones de los ministros. 59. Cerco de la poblacion.—Llegó, por fin, el 16 de Octubre, dia aciago y memorable en los fastos de nuestra ciudad. Un ejército poderoso, fuerte de 20.000 hombres, mandado por lo más florido de los generales de la revolucion, tenía circunvalada por completo á la capital: varias columnas de ataque, convenientemente situadas en diferentes puntos, sólo aguardaban la órden de marcha. El formidable tren de batir había llegado y las baterías se hallaban colocadas: una, junto á Patraix; otra, dividida en dos secciones, en las plazas de San Agustin y de San Francisco; la tercera, seccionada tambien en dos, en el patio del convento de monjas de Jerusalen y la otra, un poco más atrás; y la última, dividida igualmente en dos secciones, en Marchalanes y calle de Murviedro. Las fuerzas acumuladas en los alrededores de la capital y posesionadas del interior, eran las siguientes: Infantería. Regimientos de Toledo, Zamora, Granada, Principe, Princesa, Infante, Extremadura, Galicia, Aragon, Bailén, Navarra, Constitucion, Sevilla y Búrgos; batallones de cazadores de Madrid, Alcántara, Reus y Arapiles. Artillerta. Brigadas montada y de montaña. Caballeria. Regimientos de Calatrava, Bailén, Sagunto y Castillejos. Un regimiento de ingenieros. Batallones de voluntarios de Prim y voluntarios de Torrente, Guardia civil, carabineros, Administracion militar y Estado mayor. 60. Medidas previsoras de los voluntarios.—No obstante las negociaciones de paz, entabladas con el capitan general, los jefes de la milicia habían tomado todas las precauciones necesarias para evitar una sorpresa: los voluntarios habían recibido órdenes terminantes; la voz de alerta había cundido por las filas, y, para el caso probable de un ataque súbito y simultáneo, se habían dado las instrucciones oportunas á los jefes de barricada y convenido al mismo tiempo ciertas señales en los toques de corneta, para conocer los puntos adonde debían acudir en los momentos de peligro. Los cañones, fundidos por el pueblo y colocados en la torre de Santa Catalina y en algunas barricadas, estaban cargados; y todo el mundo, perfectamente provisto de armas y municiones, se hallaba en su puesto, aguardando con varonil resolucion el ataque del enemigo. 61. Instantes supremos.—A las ocho y media de la mañana, poco más ó ménos, recibió el Directorio por conducto de un oficial de Estado mayor, con el carácter de urgente, una comunicacion del capitan general, que se leyó delante de todos los jefes de la milicia reunidos y la cual decía: «Capitanía general de VALENCIA. A las siete y media. Al pueblo de VALENCIA en general, y á los que dirigen la insurreccion en esta capital, les consta que, antes y despues de la lucha, he agotado todos los medios de conciliacion, que digna y decorosamente puede adoptar una autoridad en las circunstancias que atravesamos. Sin resultado satisfactorio hasta el presente las negociaciones de paz que se han intentado, cúmpleme dar á conocer á ustedes el último telégrama, que acabo de recibir del Gobierno, que dice así: «Como última y definitiva resolucion del Gobierno puede vuecencia conceder la garantía de la vida á los insurrectos, inclusos los jefes, siempre que se entreguen como prisioneros de guerra á la clemencia de su alteza el regente del reino.» Y lo comunico á ustedes, intimándoles la rendicion en el término de dos horas, que cumplirá á las nueve y media del dia de hoy, y de no hacerlo, empezará el ataque y bombardeo. VALENCIA 16 de Octubre de 1869.—A los jefes de la insurreccion de esta capital.» La lectura de tal oficio, que ni áun firma Ilevaba, produjo en el ánimo de los oyentes un sentimiento unánime de indignacion. Dada la premura del caso, el Directorio, elevándose á la altura de las circunstancias, contestó lo siguiente: «Habiendo recibido una comunicacion con el membrete: «Capitanía general de VALENCIA,» sin firma alguna, que puede calificarse de anónima, en cuyo caso no debía tener contestacion, siendo ésta, sin embargo, esperada por el portador, se manifiesta: Que no es cierto su contenido en ninguna de sus partes, por cuanto quien ha gestionado espontáneamente con el general en obsequio de VALENCIA, ha sido una comision de la misma, presentada á aquella autoridad sin que lograse lo que deseaba, á pesar de componerla personas muy caracterizadas y respetables.
Además, los voluntarios de la libertad no pueden permitir se les califique de insurrectos, por cuanto se hallan con las armas en la mano por haber faltado las autoridades á la palabra que dieron al alcalde y comandantes, cuya falta de cumplimiento ha ocasionado el presente conflicto. Si el Gobierno tuviese conocimiento de las causas que lo han motivado, tenemos la seguridad de que no habría aprobado la conducta de las autoridades, y, por lo mismo, no se nos trataría como insurrectos, ni mucho ménos como prisioneros de guerra. Queda, pues, probado, que no es verdad cuanto consta en el escrito sin firma, que motiva esta contestacion, restando añadir que se dió palabra á la comision indicada de que el aviso del bombardeo se daría con cuatro loras de antelacion, y hoy sólo se conceden dos. Los voluntarios, en obsequio á la ciudad y como muestra de justa correspondencia á las simpatías y afecto que todas las clases de la sociedad les han demostrado, depondrán las armas siempre y cuando (sin distincion alguna) no se les incomode por nadie al volver á sus hogares. Y, por último, si el general se halla hoy dispuesto á atender con justicia á los voluntarios de la libertad, debe suspender toda hostilidad y determinacion hasta que la comision, que en este momento debe estar con el Gobierno, traiga la última resolucion del mismo. VALENCIA 16 de Octubre de 1869. Señor capitan general de este distrito militar.» 62. Bombardeo.—A las nueve y media de la mañana, segun se decía en la comunicacion que hemos transcrito, principiaron á dejarse sentir los horrores del bombardeo, á cuya enojosa descripcion renunciamos por justos motivos de prudencia, debiendo consignar únicamente, como verdad histórica, que la invicta ciudad fué entregada por patriotismo, no rendida por el bombardeo: es decir, fué sometida por la conciencia, no dominada por el espanto; de tal suerte, que nunca fué tan vencedora como despues de darse por vencida. 63. Proyectiles.— Durante las siete horas que duró el bombardeo, cayeron sobre la parte de la poblacion, ocupada por los voluntarios, mil quinientos proyectiles Auecos, clasificados en esta forma: Bombas de 12 pulgadas......... 140 Granadas esféricas de 7......... 150 Granadas de cañon rayado....... 700 Sistema Crupp................. 340 64. Datos estadísticos para la historia. Bajas del ejército, con exclusion de los muchos soldados á quienes dieron sepultura los voluntarios de la libertad. Regimiento infantería de Galicia.... Batallon cazadores de Reus. Regimiento infantería de Granada..... Regimiento infanteria de la Princesa. Regimiento infanteria de Aragon..... Regimiento infanteria de Sevilla... Batallon cazadores de Alcántara........ Batallon cazadores de Arapiles Regimiento infanteria de Zamora............... Regimiento infanteria de Toledo....:............... Artilleria montada. Artilleria de montaña....... Regimiento caballería de Sagunto................... Guardia civil..............
Carabineros... Batallon voluntarios de Prim Batallon voluntarios de Torrente.............. Administracion militar..... Estado Mayor............. to
Ya que un deber terrible nos manda hablar de criaturas sacrificadas, adviértase que nuestra piedad se extiende por iguales partes á unos y á otros; puesto que, al referir estos tristes sucesos para saludable enseñanza de la presente generacion, nuestro oficio no es un ministerio de querellas y de rencores, sino un sacerdocio de dolor y de olvido. No se estampa aquí el nombre del señor capitan general, porque no queremos desenterrar cenizas de nadie, pues harto luchamos en este mundo, para que vayamos á revolver el polvo de los muertos. Si ofendió el decoro de una ciudad valiente, leal, digna, pundonorosa; si desoló á un pueblo inocente y pacífico, que se puso á su lado de buena fe ¡Dios le perdone, como le perdonamos nosotros! Y al perdonarle así, conseguimos vengarnos verdaderamente, porque no en balde dijo un sabio que el perdon es la mayor venganza. 65. Homenaje.—Damos las gracias más sentidas á nuestro querido compañero, cuyas estimables tareas nos han proporcionado este precioso artículo de la nobilísima ciudad valenciana. Tambien debemos hacer constar que una buena parte de los antecedentes, que han entrado en la confeccion de estos apuntes, son debidos á los señores Don Manuel Trinchant y Don Ramon Lladró y Mallí, á quienes dedicamos con mucho gusto este homenaje de gratitud, ora por su erudito celo, ora por su afectuosa diligencia; aunque no ignoramos que tan excelentes virtudes tienen un galardon de mayor precio, que es el santo y venerable amor á una patria tan bella y gloriosa. 66. Episodio.— Vamos al episodio, de que prometimos hablar á nuestros ilustrados lectores. Un sargento, de la sexta compañía del segundo bata Ilon de Toledo, llamado Gil Rodriquez, cayó gravemente herido en las dos piernas sobre los adoquines de la barricada; vencido por el dolor, se asió con crispada mano del brazo de un voluntario, que acababa de disparar su fusil y se disponía á cargarlo de nuevo.— ¿¡Paisano— le dijo— sálvame, sálvame por Dios, que me muero!» El intrépido voluntario olvida al enemigo para acordarse sólo del hermano; echa el fusil al hombro, le toma en sus brazos y, despreciando la muerte, que le circuye por todas partes, corre precipitadamente á ponerle en salvo, desapareciendo del lugar del combate entre el humo embriagador de la pólvora. Al llegar al Trosalt, se detiene jadeante; el sargento, casi desvanecido, exhala ayes dolorosos. El voluntario le coloca con el mayor cuidado en la escalinata del horno; le desembaraza del correaje, del ros y de la mochila; procura animarle con frases consoladoras, y, auxiliado de otro compañero, le conduce al hospital de sangre, establecido en la posada de San Cristóbal, en medio de la admiracion de cuantos le rodeaban. Y ya que hubo quien logró arrancar su nombre á la modestia de su virtud, no queremos hoy omitirlo: este noble y valiente voluntario se llama Andrés Catalá; nombre que debiera esculpirse,, no en caractéres de imprenta, sino en letras de oro. Sí; ya que tantas veces se ha castigado con la hoguera y con el patíbulo los augustos misterios de un heroismo desgraciado, lágrima del tiempo que la historia recibe en su espíritu; ya que tantos mártires de la verdad y de la fe han vestido la hopa de los ajusticiados, premiemos hoy con el entusiasmo y con la alabanza los santos regocijos de aquella sublime abnegacion; esa abnegacion, interior y profunda, en donde está grabada por mano divina la grandeza de alma de un honrado hijo del pueblo. Para la moral de Jesus, Andrés Catalá es más grande que Alejandro Magno con todas sus empresas del Asia. ¡Bien haya mil veces Andrés Catalá! Cuando penetramos con el alma enlutada en aquellas horas de turbacion, de angustia, de sangre; cuando estudiamos imparcialmente la conducta de la honrada ciudad de VALENCIA en aquellos dias de sacrificio, nada nos parece más natural que la altiva y noble exclamacion del autor de este artículo: «Si no fuéramos valencianos, querríamos serlo.» Ignoramos si cometemos un pecado grave; no sabemos si somos crueles contra los latidos de nuestro corazon; pero ¡bendita sea la catástrofe que puede añadirse como rica presea á la historia inmortal de un gran pueblo! ¡Quién sabe si para la moral de la especie humana, es indispensable que algunos mueran afligidos, para que los demás puedan vivir honrados! Si esto es así; si así nos lo pide la historia, vamos á decirlo; aunque nos acusen de barbarie: ¡Bendito sea el que murió! ¿Hay coronas de siempreviva y de laurel en los cementerios? ¡Ah! Esas coronas del corazon no se depositan en los sepulcros; esas guirnaldas de dolores se tejen en el alma de la mujer, del niño, del anciano, porque el cielo ha querido que tambien las lágrimas se conviertan en flores. ¡Vírgenes de VALENCIA, no pidais encantos á vuestros jardines para ceñir vuestras cándidas sienes! ¡Virgenes de VALENCIA, no pidais hechizos á vuestros campos, para celebrar la alegría primera de vuestro casto amor! Cuando querais flores, VALENCIA os dará las flores sagradas de su martirio.
Conclusion.—Cuando se va de Játiva á la ciudad de estos apuntes, atravesando la embalsamada atmósfera de un perpetuo jardin, parece ser que la tranquila inspiracion de la naturaleza, la suave emocion del campo, la más suave y deliciosa de las emociones, se convierte en cierto sentimiento maravilloso, cual si participara del prestigio heróico de la epopeya, que tambien hay poema en el campo. Lo que en todas partes es el horizonte del cielo, allí es un horizonte de flores, de brisas, de aromas, de sueños perdidos, de suspiros indefinibles, los cuales alimentan en nuestro corazon las imágenes del deleite, como si nuestro corazon sintiera el acicate de dichas ocultas, de atrevidos deseos, de juveniles aprensiones, de memorias desconocidas, de amores ignorados, tanto más dulces cuanto ménos sabidos.
Allí, perdidos en bosques de azahar, bajo la gasa de aquellas noches en donde las estrellas parecen ser esperanzas del cielo; allí, en horas misteriosas de celestial olvido, en que parece que nuestra alma, vestida de blanco, asiste á una fiesta de Dios; allí se comprende que si los ángeles debiesen tener una patria en la tierra, la huerta del Turia, aquel paraíso, pudiera ser la patria de los ángeles. Tambien se comprende que el espíritu humano tiene un punto de conjuncion incomprensible, en que la belleza se confunde con la fascinacion. Y si al sentirnos dominados por la fascinacion de la belleza, vemos campear en los aires las torres y las cúpulas de una ciudad insigne entre visiones alucinadoras, la admiracion, pidiendo un acento á nuestros labios, no puede ménos de exclamar: «¡Qué hermosa eres, ciudad de VALENCIA!» Valencia de Don Juan. Geografia. Villa de la provincia de Leon, á 34 kilómetros de la capital, que es la Coyanza de los antiguos, famosa en la historia de España por el Concilio que lleva su nombre; Concilium cojacense.
Reseña.— Historia. 1. El Concilio se celebró en la era 1088, año de 1050, bajo el reinado de Fernando I, quien dice: «Yo, Fernando, rey, y Sancha, reina, para logro y aumento de nuestra cristiandad, celebramos Concilio en Castro Coyanza, diócesis de Oviedo, con los obispos, abades y magnates de nuestro reino; en cuyo Concilio estuvieron presentes los obispos Don Flora, de Oviedo; Don Cibrian, de Leon; Don Diego, de Astorga; Don Miro, de Palencia; Don Gomez, de Viseo; Don Gomez, de Calahorra; Don Juan, de Pamplona; Don Pedro, de Lugo; Don Gresgonio, de Orense, y otros muchos.» 2. El título VI establece: «que todos los cristianos, desde la vispera al sábado, vayan á la iglesia; y en domingo, á los maitines, á la misa y á todas las horas canónicas; y que no labren, ni anden camino, si no fuere en romería, ó por razon de dar sepultura á los muertos, ó visitar enfermos, ó si el rey enviara por alguno, ó por arremetimiento de moros. Ningun cristiano more con judíos en una misma casa, ni coma con ellos. Si alguno quebrantare esta constitucion, esté siete dias en penitencia; y si á ella se negara, siendo mayor de edad, se le suspenderá la comunion durante un año entero; si fuere menor, dénsele cien azotes.» 3. El texto latino del Concilio coyacense se encuentra en Risco (España Sagrada, tomo XYIVIII, apéndice I, página 261) y en Muñoz (Fueros, página 206).
4. La copia romanceada del propio documento se halla en el mismo autor (página 213). 5. En cuanto al texto latino, el padre Risco dice que lo copió del texto gótico de la iglesia de Oviedo. Consta de trece títulos.
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