Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Teruel

tomo 5 · página 93 · ver la página del original

Teruel. Masculino. Geografia. Una de las tres provincias que constituyeron el antiguo reino de Aragon.

1. Consideracion.—En lo civil y administrativo está considerada como de tercera clase; en lo judicial, corresponde á la audiencia territorial de Zaragoza; en lo militar, á la capitanía general de Aragon; y en lo eclesiástico, á las diócesis de su nombre, Zaragoza, Albarracin y Segorbe. 2. Situacion astronomica.— La provincia que vamos á describir, se encuentra situada en la parte oriental de la Península y límite meridional del antiguo reino de Aragon, á los 39° 51° 307 de latitud Sur, 41° 20 000 Norte, y 3° 57° 40" de longitud Este, 1° 58 15" Oeste del meridiano de Madrid.

3. Confines.—Segun la última division de España, practicada en 1833, la provincia de TERUEL confina: al Norte, con las de Zaragoza y Huesca; al Este y Sur, con las de Tarragona, Castellon de la Plana y Valencia, y al Oeste, con las de Cuenca y Guadalajara.

4. Extension.—El territorio tiene: 127 kilómetros de largo, de Nordeste á Sudoeste; 75 de ancho y 14.229 cuadrados de superficie.

5. Division.— La provincia se halla dividida en 10 partidos judiciales, que son: A lbarracin, A lcañis, A liaga, Calamocha, Castellote, Htjar, Montalban, Mora, TERUEL y Valderrobles, subdivididos en 279 ayuntamientos, que componen 457 poblacionees

6. Orografía.—Una gran parte del territorio de esta provincia se presenta quebrada, montuosa y dominada por encumbradas sierras, entre las que descuella la de Albarracin, que viene á ser como la matriz de las demás. Antillon la considera en su geografia como emanacion de la gran cordillera, denominada ibérica. Unida al elevado puerto de Uced, se extiende desde Gallocanta, por Tornos, Cerros del Poyo, Ojos Negros, Pozondon y Peracense, con el nombre de sierra Minera, derivado sin duda de las abundantes minas de hierro que contiene. Dejando á su derecha el río Xiloca, la ribera de Daroca y los campos de Cella y Monreal, continúa por las sierras de Orihuela del Tremedal, formando en el término de Griegos la célebre muela de San Juan, donde nacen en un mismo sitio los cuatro ríos Tajo, Cabriel, Guadalaviar y Júcar, los cuales, cruzando el país en distintas direcciones, van á perderse en los dos mares. La expresada muela es uno de los puntos más elevados de España, y sus montes suelen estar cubiertos de nieve durante ocho ó nueve meses del año. Por el lado NS., desde la muela de San Juan, se separa de esta cordillera otro ramal que, corriendo hácia el Estesudeste, forma el Collado de la Plata, el cual se encuentra á 1.336 metros sobre el nivel del mar. Más adelante se prolonga este collado por entre el riachuelo Ebron y el río Turia, dando orígen á las empinadas sierras de Camarena y Jabalambre hasta los confines de la provincia de Valencia. Al Norte de Albarracin y Mediodía de la Fuente de Cella, avanza otro ramal en direccion Este, el cual, formando las sierras de Gudar, en figura de círculo, se enlaza con otra ramificacion, que parte de la sierra de Camarena, prosigue por el puerto de TERUEL, sierra del Pobo y Montalban, constituyendo los montes de Segura y sierra de Pelarda. Desde la de Gudar, se desprende otro ramal, que forma la sierra de Mosqueruela, de la que salen otras ménos extensas; sigue hasta unirse en el reino de Valencia con la gran cordillera de montes, llamados los puertos de Beceite, y, continuando por la provincia de TERUEL, desde Peñarroya á Orta, señala el límite de la misma por aquella parte. Hay además otras montañas, más ó menos elevadas y extensas, como las de Alcalá de la Selva y Cabra, que pueden considerarse como ramificaciones de la sierra de Camarena y corren paralelas entre sí. La de Peña Palomera, emanacion de la del Pobo, se eleva cerca de Villarquemado, se extiende por Camañas, montes de Rubielos de la Cerida y Bañon, y, siguiendo la orilla del Xiloca, da abrigo, por el mismo lado, á los campos de Cella, Monreal y fértil vega de Daroca. De ésta se destacan otros dos ramales insignificantes, que se prolongan por Fuenferrada, Monforte y Barrachina, mereciendo especial mencion la empinada sierra de San Just, coronada de nieve la mayor parte del invierno, y que parece destinada á dividir el país, Ilamado Tierra baja, del resto de la provincia.

7. Hidrografía.—Todas las aguas que bañan este pais van á perderse en el Mediterráneo, con los ríos Ebro, Mijares, Turia y Cabriel. El Xiloca corre, de Oriente á Norte, un espacio de 77 kilómetros, y aumenta su caudal con los manantiales denominados Ojos de Monreal, y las aguas de varias fuentes de distintos pueblos y del río Pancrudo. El Martin se dirige de Norte á Nordeste, cuenta diversos afluentes de riachuelos, que nacen en los montes que cruza, y se une al Ebro, despues de 110 kilómetros de curso. El Mijares tiene su orígen en la provincia de TERUEL; pero no toma aquel nombre hasta salir de ella. El Linares corre unos 28 kilómetros y se interna en el reino de Valencia, próximo al puerto Mingalbo. El Guadalupe sube á Aliaga, atraviesa su partido y el de Castellote y desagua en el Ebro, á media hora de Caspe. El Alfambra se forma de dos pequeños riachuelos, que tienen su nacimiento en la sierra de Gudar, se une al A llepuz, corre 61 kilómetros, desde este pueblo al de Tortajada, describiendo una elipse, y confluye con el Guadalaviar á un cuarto de hora de TERUEL. El Guadalaviar, uniéndose al Alfambra, despues de 50 kilómetros de curso, en el punto que acabamos de indicar, se precipita en el Mediterráneo. El Turia es el mismo que los dos anteriores, pues los tres forman uno solo en la vega de TERUEL. El Nonaspe entra en esta provincia, procedente de la de Castellon, y pasa á la de Zaragoza por el término de Maella, tras un curso de 44 kilómetros. El A lgar arranca de los puertos de Beceite, corre unos 17 kilómetros y abandona la provincia. Finalmente, el Aguas se forma con tres arroyos y penetra en el país, procedente de Zaragoza, para confluir despues en el Ebro.

8. Climatologta.— El clima que se disfruta en la provincia, es por lo general frío, á causa de las infinitas sierras que la cruzan en todas direcciones. La parte conocida por Tierra baja, goza de una temperatura más templada y es bastante sana, si se exceptúan los pueblos situados en las inmediaciones de la gran laguna de Gallocanta, y los contiguos á las márgenes del río Xiloca, en los cuales se experimentan las fiebres intermitentes. Los vientos dominantes son: en el invierno, los de Norte y Noroeste, que producen un frío bastante intenso; en el verano, los del Sur y Sudoeste, que originan, en la estacion más calurosa, tempestades que suelen ocasionar terribles granizadas.

9. Producciones.—Entre las sierras que dejamos descritas, se forman dilatadas llanuras, como los campos de Cella, Monreal, Visedo y la mayor parte de la llamada Tierra baja, viéndose en sus cañadas vegas frondosísimas, fertilizadas por las aguas de los ríos mencionados. Entre las montañas, hay algunas de terreno áspero, pedregoso y rebelde á todo cultivo; pero el mayor número aparecen pobladas de robles, nogales y multitud de arbustos y plantas aromáticas. Las principales producciones del país consisten en cereales, vino, aceite, lanas, seda, cáñamo, lino, azafran, frutas exquisitas y hortalizas de todas clases; las hierbas de pastos, que son delicadas y abundantes, mantienen mucho ganado lanar, vacuno y de cerda; las sierras contienen buenas canteras de piedra de diferentes especies, y considerables bancos de yeso y cal; los montes, no sólo suministran excelentes maderas y leñas, sino tambien mucha y variada !caza; y los ríos, especialmente el Guadalaviar, el Turia y el Cuervo, producen sabrosísimo pescado.. 10. Industria.— Represéntanla algunas fábricas de paños ordinarios y bayetas, papel, jabon y curtidos; infinitos telares para la elaboracion de mantas de lana, de las que se usan en el país; fajas de diferentes colores, alpargatas y otros artículos de esparto, lana y cáñamo, destinados á las necesidades domésticas; tintorerías, herrerías, batanes, alfarerías, martinetes de batir cobre y varias salinas. 11. Comercio.—Es bastante activo; especialmente, el de cereales, que sostiene con las provincias de Cuenca, Guadalajara, Castellon y Valencia. Los artículos más importantes de exportacion, consisten en granos, seda, aceite, lienzos, bayetas y paños bastos; los de importacion, se reducen á géneros ultramarinos, arroz, bacalao, vino de Castellon, Aragon y Valencia; garbanzos de Castilla y manufacturas, así nacionales como extranjeras. 12. Ferias.— Son notables: las que se celebran en la capital, en 30 de Mayo y 21 de Setiembre; la de Hijar, en 2 de Febrero; la de Montalban, en 19 de Mayo; la de Cantavieja, en 28 de Agosto; la de Aliaga, en 8 de Setiembre; la de Orihuela de Aragon, en 12 del mismo mes; la de Calanda, en 29; la de Alcalá de la Selva, en á de Octubre, y la de Santa Eulalia, el 12; la de Hoz de la Vieja, en 3 de Noviembre; la de Calaceite, en 13 de Diciembre, y la de Alcañiz, en 21 del mismo. Todas estas ferias se hallan circunscritas, por lo general, á la compra y venta de ganados vacuno, lanar y caballar. 13. Poblacion.—Segun datos, que tenemos por fidedignos, la poblacion de la provincia que se describe, ha experimentado, desde 1594 hasta 1877, las alteraciones que se señalan en el siguiente estado: en 1594 contaba 90.292 habitantes; en 1787, 158.570; en 1797, 167.236; en 1826, 217.822; en 1831, 162.451; en 1832, 159.358; en 1833, 214.988; en 1836, 159.093 en 1841, 146.154; en 1842, 181.433 len 1843, 273.878; en 1849, 250.000;

en 1868, 237.276, y en 1877, último censo oficial, 249.052. 14. Etnografía.—Enclavada la provincia entre las de Zaragoza, Guadalajara, Cuenca, Valencia, Castellon y Tarragona, nada más natural que sus pueblos (singularmente, los de las fronteras) participen del carácter peculiar del aragonés y demás reinos que la ciñen, y hasta sigan, en igual proporcion, sus mismos usos, costumbres é idioma. Esto no obstante, los naturales del pais se distinguen por su docilidad y franqueza, siendo de notar que los que habitan la parte llamada de la Tierra baja, son los que, en sus trajes, acento y costumbres, conservan más íntegro el antiguo provincialismo. 15. TERUEL.—Capital de la provincia, de la jurisdiccion y diócesis de su nombre, residencia de las autoridades superiores civil y militar, de la delegacion de Hacienda, de un obispado, sufragáneo de Zaragoza, y de los tribunales de primera instancia.— Se encuentra situada en una eminencia, sobre la márgen izquierda del Guadalaviar, en el camino de Zaragoza á Valencia, á los 40° 21' de latitud Norte y 2° 34' 15" de longitud Este, distante 220 kilómetros de la capital de España.—Su clima es, aunque húmedo y frío, saludable; los vientos predominantes son los del Norte y Este; las enfermedades más comunes, las fiebres intermitentes.— El terreno es generalmente duro y poco asequible á ciertos cultivos, como la vid, el olivo y las frutas: su hermosa vega, regada por el Guadalaviar, produce granos, legumbres, frutas, miel, cera y cáñamo. En los alrededores se encuentran varias minas de cuarzo, hulla, alabastro, alumbre, azufre y algunos filones de plata, cobre, plomo, estaño y aguas minerales. Su industria se reduce á los trabajos agrícolas y diversas fábricas de paños, vidriado y lienzos; tintorerías, cordelerías, tenerías, batanes y demás artes y oficios necesarios.— El comercio se ocupa de la exportacion, por el Guadalaviar, de cáñamo, así en hilaza como trabajado, y maderas de carpintería, procedentes de las montañas vecinas. 16. Interior de la poblacion.— Las calles que ofrece esta capital, son por lo comun estrechas y tortuosas; pero aseadas y, muchas de ellas, con alcantarillas. La altura de los edificios es de 9 á I1 metros; su distribucion interior, antigua y de poco gusto, y su aspecto exterior, poco agradable, si se exceptúan las de construccion moderna. Entre sus plazas, citaremos la Mayor, que forma un polígono, de 449 metros cuadrados, con soportales en sus contornos, perfectamente pavimentados, y adornada de las principales tiendas de comercio. 17. Elificios y monumentos.—Los más notables que encierra la ciudad, son: 1.° La catedral. Consta de tres naves con un crucero, sobre el cual descansa un cimborio del gusto gótico, compuesto de dos cuerpos. La arquitectura del altar mayor es de estilo medio ó plateresco; la arquitectura más grandiosa, pertenece á la escuela florentina, del tiempo de Miguel Angel. En 12 tableros, que aparecen colocados en los diferentes cuerpos del retablo, se ven asuntos de la vida y pasion de nuestro Señor Jesucristo; en el paraje principal, la A suncion de nuestra Señora, y en los nichos de los retablos, 33 estatuas. A la derecha del crucero hay un magnífico cuadro de las once mil Virgenes, firmado, en 1628: pinxit Antonius Bisquert. Este eminente artista era valenciano: se estableció en TERUEL en 1620 y murió en 1646. Al lado de la epístola está la capilla de los Santos Reyes: todas las pinturas del retablo, particularmente la de la Epifanía, honran al mencionado artista. Es copia de otra de Rubens, ejecutada por Francisco Jimenez, natural de Tarazona, y la muerte de Bisquert se atribuye á la melancolía que le ocasionó el haber intentado inútilmente hacer otra igual pintura. En dos urnas, colocadas en cada uno de los lados de la capilla, se encierran las reliquias de los santos mártires Alejandro, Jacinto, Leon y Eugenio, y las de las vírgenes Jerónima, Margarita y Escolástica. La reja del coro, de estilo gótico, se halla adornada con grandes follajes, y algunos de sus ramilletes aparecen ejecutados con singular primor. Su sillería, regalo del obispo de este templo, Don Martin Ferrer, á principios del siglo XVII, es de órden dórico, con columnas estriadas entre los asientos. Entre las alhajas que contiene esta iglesia, figuran dos custodias: una, de plata, de órden plateresco, con ó columnas abalaustradas; otra, del mismo metal, de estilo churrigueresco, que forma un templete de dos cuerpos sobrepuestos, sostenidos por columnas, con relieves y adornos de buen gusto, y terminado en una corona imperial. El peso de esta última custodia se evalúa en catorce arrobas; su coste en 2.000 pesos. 2.° Torre de San Miguel. En el camino de Zaragoza distínguese esta torre, perenne centinela de TERUEL, pegada á su iglesia é inmediata á la antigua puerta de la Andaquilla. Presenta en sus cuatro lados multitud de compartimientos, cornisas y frisos sobrepuestos, y algunos cuadros en que se ven intercaladas varias pequeñas columnas de barro cocido y embarnizado de diversos colores, multitud de ladrillos, formando una especie de mosáico de agradable vista. Consta el cuerpo superior de una galería de arcos ojivos, sobre los cuales se dejan ver otros menores de forma tambien arábiga. Desgastada por los cimientos, se trató de repararla en 1459, á cuyo efecto se citó á los más hábiles profesores que existían entónces en el territorio: presentó cada uno su plan, siendo admitido el de Don Pedro Bedel, francés, por haberlo juzgado basado en principios, y, consiguientemente, de prontos y mejores resultados. Este notable artista apuntaló la torre con tal arte y maestría que, sostenida por las vigas, abrió el cimiento y lo obró de cal y canto hasta flor de tierra, dejando suspendida la torre y la obra en este estado para que formara asiento, por espacio de un año, y en 1551 empezó á cortar y á separar poco á poco, hasta dejarla en el estado en que hoy se encuentra. La construccion de los andamios y puntales fué tan portentosa, que los inteligentes corrieron ávidos á estudiarla y los curiosos, á deleitarse contemplándola, siendo muchos los que se trasladaron á la ciudad con el único y exclusivo objeto de admirar la obra del inmortal y modesto Bedel, que quedó terminada en el mismo año. 3.° A cueducto. Al Norte de la ciudad y pegados á la antigua Puerta de San Miguel de la Traicion, se descubren los elegantes, airosos y esbeltos arcos de esta obra, que reune toda la ligereza y solidez de la arquitectura romana, la cual fué encomendada al mismo Don Pedro Bedel, como homenaje rendido al genio que demostrara en la reparacion de la torre anteriormente descrita. Esta construccion consta de una doble fila de arcos esféricos, de 51’234 metros de elevacion, y de 26’470 de concavidad. Tres de los seis sobrepuestos tienen perforados los estribos para dar paso á las personas. Las aguas que conduce esta excelente obra, proceden de una fuente, situada á unos 3 kilómetros escasos de la ciudad, y, para que reposaran en este trecho, hubo necesidad de taladrar un cerro y construir 140 arcos de piedra. 18. Estadística.—Esta capital, cuyo nombre es en España de los más populares, por la trágica historia de los amores de Diego Marsilla é Isabel de Segura, cuenta, además, otros varios templos y edificios importantes, conventos, casa de misericordia, hospitales, cuarteles, teatro, instituto provincial de segunda enseñanza, seminario conciliar, numerosas escuelas primarias y 9.482 almas. 19. Poblaciones.— Entre las notables que componen la provincia, merecen citarse las siguientes: A lcaniz, ciudad situada junto al río Guadalupe, con 7.168 habitantes, colegio de segunda enseñanza, puerto sobre el expresado río, aguas minerales y campiña abundante en aceite, seda y otros frutos. A lbalate del Arzobispo, poblacion edificada á 124 kilómetros de Zaragoza, con 4.178 almas, buenas cosechas y algun tráfico. Calanda, villa de consideracion, con 3.831 almas, escuela y mucha industria; Hijar, villa enclavada sobre el río Martin, con 3.236 habitantes, buen puente, campiña feraz y fábricas de tejidos. Mora de Rubielos, con 3.288 habitantes y manufacturas de lana y lencería. Valderrobles, con 2.885 habitantes y fa

bricacion de papel, alambre, jabon y paños. A lcoriza, villa muy industriosa, con 2.752 almas. Castellote, con 2.433, cosechas, tejidos y otras manufacturas.

Calaceite, rodeada de frondosos bosques de olivos, con 2.210 habitantes. Albarracin, ciudad que fué episcopal, enclavada sobre el Turia, con 2. 168 almas, clima sumamente frío, catedral y fábricas de paños comunes. Cantavieja, en terreno montañoso, cubierto de pinares, con 1.934 almas, y murallas muy antiguas.

Montalban, con 1.828 almas, mina de azabache, alumbre y carbon de piedra. Calamocha, edificada sobre el Xiloca, con 1.766 habitantes, minas de cobre, lavaderos de lana y fábricas de paños y papel de estraza. Villel, notable por sus abundantes minas de azufre, con 1.274 habitantes. Ojos Negros, con 1.217, ricos criaderos de hierro y numerosas ferrerías. A liaga, edificada sobre el Guadalupe, con 1.068 habitantes y mucha industria.

Segura, con 763 almas y aguas minerales: y Concud, poblacion de 528 almas, situada cerca de TERUEL y en la cual, debajo de una capa de piedra, se encuentra una considerable cantidad de huesos humanos y de animales domésticos. 20. Historia.—Esta ciudad, tanto por su situacion, en territorio que fué de los celtíberos lusones, como por la alusion de los nombres que se le han atribuido, créese que ha de ser la famosa Turba de la España primitiva. La primera noticia histórica que aparece de Turba ó TERUEL, se refiere á la célebre guerra saguntina. Eran los turbitanos vecinos de los saguntinos, sin que obste á esto la considerable distancia en que se encuentran los sitios correlativos de las acrópolis de aquellas dos repúblicas, cuales son TERUEL y Murviedro; pues las dependencias de ambas se extendían por vastos territorios, como correspondía á la naturaleza de las ciudades antiguas, y las aldeas y terminos de los turbitanos se dilataban por todo el curso del Mijares hasta más abajo de Olva, donde empezaba la Edetania, con las posesiones de los saguntinos. El progreso de éstos, que no les permitía ya permanecer dentro de los límites que, al edificar su ciudad, les señalaran los edetanos, ni en la dilatacion que, sobre la misma region, les concedieran, los llevó, per último, á invadir las posesiones de los turbitanos. Esto es, al ménos, lo que resulta de la historia, en contradiccion con lo que han sostenido algunos escritores. No fueron, pues, los turbitanos quienes se apropiaron los territorios disputados, sino los saguntinos; los turbitanos no hicieron otra cosa que reclamarlos, suscitándose de aquí la empeñada cuestion de límites. Tratábase de dos repúblicas independientes, sin un poder superior que decidiese sus cuestiones, y miéntras este poder no apareció para llamar sobre ellas la atencion del mundo, quedaron oscurecidas para la historia, tratándose ambos pueblos como irreconciliables enemigos. Pero con el año 220 ántes de nuestra era, se presentó, por fin, el árbitro de aquellas diferencias, erigiéndose en tal, por autoridad propia, para decidirlas segun conviniera á sus particulares intereses. Era Sagunto ciudad reconocida por Cartago, bajo la proteccion romana, en el tratado de los límites: Turba perteneció por el mismo tratado á la conquista africana.

Aníbal, que buscaba un pretexto plausible para romper el tratado de paz, que Roma había arrancado á su poder en Africa, con el intento sin duda de realizar la idea predominante en su familia, de llevar la guerra á Italia, llegó á Turba, despues de recorrer los países de los vacceos y vettones, y, aceptando la alianza de los turbitanos, puso especial cuidado en recrudecer sus querellas. Hizo que una comision de esta ciudad pasara á exponer al Senado de Cartago los agravios que recibía de los saguntinos, para lo cual dió algunas cartas, en que atribuía la conducta de estos últimos á los romanos, de quienes decía que, suscitando turbulencias en España, estimulaban ocultamente á los saguntinos contra las ciudades amigas del Senado. Dispuesto ya á romper con Roma de una manera ostensible, practicó un reconocimiento sobre la parte oriental del Ebro, como había hecho su padre anteriormente, y, á su regreso al territorio turbitano, autorizado por el Senado para obrar contra los saguntinos, segun lo estimase conveniente, llamó representantes de ambas ciudades rivales; hizo que los turbitanos le expusieran nuevamente sus quejas, en presencia de quince legados saguntinos, y se erigió en árbitro absoluto. Negáronse éstos á reconocerle tal carácter, remitiéndose á la decision de sus aliados los romanos, como lo hicieron los turbitanos respecto de los suyos (los cartagineses), y Aníbal entónces los echó de su presencia y campo, y, en la noche siguiente, empezó á talar el territorio saguntino y á mover las máquinas de guerra contra la heróica ciudad. Puede verse esta desastrosa lucha en la reseña histórica del artículo Sagunto. Cuando los saguntinos pidieron condiciones honrosas para evitar la total ruina de la poblacion, que veían de cerca, una de las que se les impuso fué la restitución de los territorios que habían usurpado á los turbitanos, los cuales, viendo, al fin, colmados sus deseos con la destruccion de Sagunto, entraron en posesion de los territorios disputados, miéntras que aquellos de sus enemigos, que habían sobrevivido á los horrores de tan cruda guerra, eran vendidos como esclavos. Tres años despues, los Ecipiones, victoriosos de los ejércitos cartagineses en toda la España citerior, libertaron del cautiverio á los desgraciados saguntinos; les restituyeron su ciudad y sus campos; la abandonada Turba se vió arrasada, sus vecinos fueron vendidos en pública subasta y sus campos y aldeas quedaron tributarios de sus antiguos émulos. Los turbitanos de las aldeas, á pesar de su triste situacion y auxiliados tal vez por los cartagineses, volvieron á poblar su ciudad. Terminada la guerra púnica y cuando los españoles, dejando de alternar en causa ajena, vinieron á sostener directa y exclusivamente la suya propia, es probable que Turba hallaría ocasion de sacudir el predominio saguntino, si ya no lo había realizado. En el año 196 ántes de Jesucristo, fué testigo esta ciudad de una famosa batalla que, el pretor Q. Minucio, ganó en sus inmediaciones contra los celtíberos, mandados por sus generales Badar y Besasides, y en la cual quedó preso el primero, con 12.000 muertos y completa dispersion del resto del ejército. Este señalado suceso calmó la grande agitacion que había producido en Roma la guerra de España. Segun el erudito señor Cortés, la fábrica de los muros y torres de TERUEL, sus magníficas puertas de grandes sillares, especialmente, la del Tozal; el alcázar, de particular arquitectura y de grandes sillares tambien, y el aljibe de la plaza del Mercado, son restos todavía de su antigüedad romana. Todo cuanto se ha dicho relativamente á César, créese imaginario. Hé aquí copia de la memoria que aquel distinguido escritor, á quien tanto debe la literatura española, consagró á su patria y que juzgamos oportuna de este lugar. «Por decir algo del pobre y oscuro pueblo que me dió el sér, una porcion de turbitanos, al principio del siglo vIII, huyendo del furor de los sarracenos que ocuparon á TERUEL, se refugiaron en las quebradas breñas de la sierra de Jabalambre, y, habiendo hallado un vallecillo, regado por un riachuelo que formaba la figura de una pierna de hombre, llamado Gamba, y, estando este valleci Ilo en medio de dos montañas pobladas de pinos, que servían como de pespunte á la pierna, le pusieron el nombre de Gamba rona, de donde quedó Camarona, que vale tanto como pierna pespuntada, segun el significado de la voz goda Rona, en el Diccionario de Du Cange. En los documentos que se conservan en el real archivo de Barcelona, se halla dicho pueblo con el nombre de: Camarona, y hoy, se pronuncia Camarena. Los árabes ocuparon este pueblo y edificaron un castillo. El rey de Aragon, Don Pedro II, los arrojó de allí, habiéndoles dado una batalla en el Pano, que hoy conserva el nombre de la matanza, y donó el pueblo á Pedro del Pomar para que le poblara de cristianos, como lo hizo, estableciendo en él 30 vecinos, con otras tantas suertes de sus tierras cultivadas por los moros.» Dominado TERUEL por los árabes, no consta que éstos la destruyesen, como han asegurado algunos autores, habiendo pertenecido al

pequeño Estado musulman independiente, que se erigió en Albarracin. La ciudad permaneció en poder de los sarracenos hasta el año de 1171, época en que la conquistó, sin grandes pérdidas, el rey Don Alonso II. TERUEL apoyó decidida la autoridad de Don Pedro IV contra los unionistas de Aragon y Valencia, en premio de cuyos servicios le dió aquel monarca título y exencion de ciudad en 7 de Setiembre de 1347, ofreciéndole erigir en ella una iglesia catedral, lo que no se efectuó hasta el año de 1577. En 1363 pasó la ciudad á poder de Don Pedro I de Castilla, el cual recogió entónces el pendon real y las banderas castellanas, que se hallaban en la iglesia mayor. En 1427 reunió Córtes en TERUEL el rey Don Alonso V, en cuya época fué notable la ejecucion del juez de esta ciudad, Francisco de Villanueva, el cual fué ahogado en las casas consistoriales y arrojado su cuerpo á la plaza, pregonándose generalmente por el pueblo haber sido su muerte ocasionada por haber defendido con teson la libertad de la ciudad. En las Córtes de Alcaniz, celebradas en 1436, los procuradores de TERUEL y Albarracin y sus comunidades, propusieron y protestaron que: consentían y admitían los fueros, privilegios, usos y buenas costumbres del reino de Aragon en cuanto so perjudicasen, ni fuesen contra sus fueros, privilegios, usos y costumbres particulares. En 1485 se opuso el vecindario á la entrada de los inquisidores en la ciudad, quienes tuvieron que retirarse al lugar de Cella, consiguiendo luégo establecerse en la poblacion y ejercer libremente su terrible oficio, merced al apoyo que les prestara el rey católico. Sólo los censos, que se confiscaron á varias familias tachadas de herejes, ascendían anualmente á cerca de 133.000 ducados. En 1591, con motivo de las ocurrencias de Antonio Perez de Zaragoza, que dieron ocasion á Felipe II para desembarazar su autoridad sobre Aragon de los fueros que la coartaban, se amotinó el pueblo de TERUEL al recibir las cartas del desgraciado justicia mayor, el jóven Lanuza, en que hacía un Ilamamiento en defensa de las libertades patrias; se apoderó del depósito de armas y obligó á los regidores y demás personas principales á juntarse para resolver acerca de los auxilios que debían darse á Zaragoza; pero todo fué completamente inútil, y, al poco tiempo, tuvo que recibir á un ministro de la audiencia de Valencia, comisionado especial para que entendiese en el alboroto y, en su consecuencia, fueron ahorcados los más comprometidos, y condenados á galeras los ménos culpables.

TERUEL, que, con excelentes fueros y privilegios, había encabezado una comunidad, compuesta de 84 lugares con 30.000 almas, tuvo que lamentar mucho de aquella época, corriendo la suerte de los demás pueblos de España en los acontecimientos posteriores. Durante la guerra de la Independencia, prestó nuestra insigne ciudad importantísimos servicios, restableciéndose en ella la junta de Aragon, en 30 de Mayo de 1809, la cual tuvo que refugiarse en las provincias vecinas, á la llegada del general Suchet, á últimos de Diciembre del referido año. En los trastornos civiles, que se sucedieron despues, es de notar el asedio que el brigadier Enna puso á la ciudad á fines de Junio y principios de Julio de 1843. La constancia con que sufrieron sus hijos las fatigas y penalidades de aquel sitio, así como el valor con que resistieron á las tropas sitiadoras, valieron á su ayuntamiento el título de Excelentísimo, de que actualmente goza, y un nuevo cuartel para sus armas, otorgado en 2 de Setiembre del mismo año, que representa: en campo rojo, un cañon y un obús cruzados, con una pila de balas en su centro, como emblema del ataque sufrido y de la victoria alcanzada. 21. Varones célebres.— TERUEL es patria de los famosos Don Juan Diego Martinez de Marsilla y Doña Isabel de Segura, conocidos por los amantes de TERUEL, cuyos esqueletos se conservan todavía; del padre Jerónimo de Ripalda, de la Compañía de Jesus; de Don Sebastian Navarro y Arroita, obispo de Tarazona, y de Don Pascual Ibañez, autor de una memoria económico-estadística de todo el partido de esta ciudad, premiada por la Real Sociedad aragonesa. 22. Titulos.—TERUEL Ileva, desde tiempo inmemorial, los títulos de: muy noble, fidelísima y vencedora. 23. Heráldica.—El escudo de armas de la ciudad ostenta, además del cuartel mencionado, un murciélago, en memoria de la parte que tuvo esta gloriosa poblacion en la conquista de Valencia, y un toro con una estrella encima.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Teruel», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/teruel.