Roque Barcia · 1880-1883
Tero
tomo 5 · página 89 · ver la página del original
Tero. Femenino. Tiempos heróicos. Hija de Filas y de Deifila, amada por Apolo, de quien hubo á Queron, fundador de Queronea. Teroigne de Mericourt. Francesa célebre por su exaltacion revolucionaria. Era hija de un labrador del país de Lieja y fué á Paris en los primeros dias de la Revolucion; Ilevó una vida muy disipada y figuró en las escenas del 5 y ó de Octubre en Versalles. Cuando se sublevó Lieja, acudió allí; pero, detenida en el camino por la policía de Leopoldo, fué conducida á Viena y encerrada en la cárcel. Al cabo de seis meses recobró la libertad y volvió á Francia, más enfurecida que nunca contra sus enemigos; siguió figurando en todas las conmociones populares, y, especialmente, en la del 10 de Agosto. En aquel dia contribuyó á la muerte de un peloton de realistas armados y disfrazados, que habían sido presos por los patriotas. Entre ellos se encontraba el periodista Souleau, á quien odiaba encarnizadamente por las sátiras continuas que le dirigía. Poco tiempo despues fué sorprendida en el terraplen de los Fuldenses por un grupo de hombres, que la azotaron cruelmente. Esta injuria le hizo perder el juicio y fué encerrada en la Salpetrière, donde murió en 1819.
Reseña.—1. Sus nombres eran Ana Josefa, que cambió por el de Lambertina, y luégo, por el de TEROIGNE. 2. Era natural de la aldea de Mericourt, en las cercanías de Lieja, y, aunque hija de unos labradores, como quiera que sus padres poseían una considerable fortuna, le dieron una educacion tan escogida como la de las más elevadas clases. 3. A la edad de 17 años, su rara hermosura cautivó la atencion de un noble de las orillas del Rhin, llamado Conrado de Tesch, cuyo palacio distaba poco de su casa; y, seducida por él, huyó del hogar paterno para buscar un asilo en Inglaterra. 4. Despues de algunos meses de permanencia en Lóndres, donde, despues de abandonada cruelmente por su seductor, se entregó á toda clase de excesos, el mismo príncipe de Gales se prendó de sus encantos y sostuvo con ella unas relaciones licenciosas, que no duraron más que algunas semanas. 5. Cansada de la vida de Inglaterra, no tardó mucho en trasladarse á Francia, donde, por mediacion de Mirabeau, á quien iba eficazmente recomendada, conoció á Sieyes, á José Chenier, á Danton, á Roussin, á Brissot y á Camilo Desmoulins. 6. Esto no impidió que, establecida en Paris con el nombre de la condesa de Campinados, continuara haciendo una vida completamente libre, hasta que Romme, republicano místico, encendió en ella el fuego del iluminismo aleman, bajo cuya influencia, la juventud, el amor y la venganza volcanizaron su cerebro; y la que, despues del abandono de su primer seductor, había sido la cortesana de la opulencia, descendió á ser la prostituta voluntaria del pueblo, miéntras que, á imitacion de las de Egipto y Roma, prodigaba el oro que le proporcionaba el vicio. 7. Poco despues tuvo que emprender un precipitado viaje á Alemania, huyendo de las persecuciones de la policía, que la acusaba de haber disparado un pistoletazo á Laffayette; pero no fué muy afortunada en Austria, donde se la encerró en un calabozo de la fortaleza de Kuffstein. Leopoldo II la puso luégo en libertad, y, aprovechándose ella del giro que tomaban los sucesos públicos, volvió á Paris, segura de no ser inquietada. 8. Allí se estableció en la calle de Tournon, en una casa que bien pronto se vió convertida en centro de reunion de los principales concurrentes al club de los jacobinos; y, teniendo por amante predilecto á un exaltado patriota, llamado Maillard, se entreroxo V
gó públicamente á todo el que daba muestras más vivas de arrebato y de violencia. 9. Desde las primeras asonadas, se echó á la calle, como si dedicara su belleza á servir de enseña y de aliento á la muchedumbre. 10. Figurando siempre en primera fila, había forzado las verjas del cuartel de los Inválidos, para apoderarse de los cañones; y, en el asalto de la Bastilla, fué la primera que subió á la torre, mereciendo que los vencedores decretaran que se le regalase un sable de honor. 11. En las jornadas de Octubre, se presentó en Versalles con las mujeres de Paris; y á caballo, al lado del terrible Jourdan, acompañó al rey á la metrópoli, siguiendo con la vista, sin mudar de color, las cabezas cortadas de los guardias de corps, que servían de trofeos en las puntas de las picas. 12. Aunque su palabra adolecía de un marcado acento extranjero, tenía la elocuencia de los tumultos. Camilo Desmoulins habla del entusiasmo que excitó en los franciscanos una peroracion suya. «Sus imágenes, dice, tienen algo de Pindaro y de la Biblia, y su elocuencia está animada por el patriotismo de una Judit.» 13. Proponiendo un dia edificar el palacio de la representacion nacional en la plaza de la Bastilla, decía: «para fundar y embellecer este edificio, despojémonos de nuestros brazaletes de oro y de nuestras joyas; yo daré el ejemplo;» y, en efecto, se desprendió en la tribuna de todas sus alhajas. 14. Con estos y otros rasgos parecidos, con el prestigio de su belleza y con su audacia y su valor, poco comunes, su ascendiente sobre el pueblo llegó á ser tan poderoso, que un ademan suyo absolvía ó condenaba á las víctimas, hasta el punto de que los realistas temían encontrarla á su paso. 15. En este tiempo y por efecto de una de esas casualidades, que parecen venganzas premeditadas del destino, encontró en Paris al noble belga que la había seducido y abandonado. TEROIGNE DE MERICOURT que, en medio de la licencia de su vida, había tenido infinitos rasgos de magnanimidad, no quiso ser magnánima en aquella ocasion. Anheló vengarse del señor del castillo, en que había perdido su inocencia, y Conrado de Tesch fué una de las víctimas de las matanzas de Setiembre. 16. Haciendo coro con Juana Leduc y con la hermosa Ramilletera; teniendo por cohorte obligada aquella turba de mujeres salvajes, que se conocían con los nombres de las calceteras de Robespierre, ó de las tricotenses de la guillotina, su sed de sangre parecía no tener límite. Sin embargo, la muerte de los girondinos hizo en ella honda impresion y, acordándose del culto que había tenido á Brissot, pensó un momento en detener la marcha de aquella revolucion, á que ella misma había contribuido. Pero ya era tarde; cuando sus feroces compañeras oyeron que su voz demandaba piedad, se volvieron contra ella, la trataron de realista y, despues de desnudarla completamente, la azotaron de la manera más cruel en la explanada de las Tullerías en 31 de Mayo. 17. Este horrible castigo, más infamante que la muerte más ignominiosa, extravió su razon. Recogida del fango, si así puede decirse, fué encerrada en una jaula de la Salpetrière (casa de locas); en donde todavía vivió unos veinte años, los cuales no fueron otra cosa que un repetido acceso de furor. Jamás permitió que la vistieran, recordando de esta manera el ultraje de las Tullerías, áun en los mayores arrebatos de su frenesí. Solía revolcarse desnuda, con los cabellos sueltos y desgreñados, ó golpear convulsivamente los hierros de su jaula, ofreciendo el espectáculo desgarrador de una mujer que se convierte en furia. Así acabó su vida, entre los horrores de la locura, la abyeccion de la miseria y la repugnancia de la demacracion más espantosa, aquella mujer desgraciada á quien Ilamaban sus contemporáneos la hermosa de Lieja. ¡Ay! Muchos exclaman: «¡Veleidad y demencia de la suerte!» Nosotros decimos: «¡Justicia inflexible de la conciencia! ¡Fallo inapelable de la historia! ¡Adorable necesidad del destino del mundo!» Del castillo del Rhin, á las aventuras de Lóndres; del burdel de Lóndres, á la casa de la calle Tournon; de la casa de la calle Tournon, al fango de las Tullerías; del fango de las Tullerías, á una jaula de la Salpetrière. Tal principio, tal medio; tal medio, tal fin.» 18. Traje. Cuando tomaba parte en las insurrecciones y tumultos, vestía de amazona; se cubría con una clámide de color de sangre; ostentaba sombrero con penacho; sable, á la izquierda; y dos pistolas, en el cinto. 19. Retrato. Era más bien de alta estatura, esbelta y garbosa; de cabe Ilo castaño; de nariz un tanto remangada; de ojos azules; de pié diminuto; de mano pequeñísima; de movimiento enérgico; de mirada altiva y arrebatadora, á cuyas perfecciones unía una de esas blancuras extraordinarias, que se apoderan del espíritu con la ilusion de la pureza, como si diesen á la liviandad el encantador fingimiento de la esperanza, del amor y de la virtud. Esto no debe sorprender á nadie: la naturaleza da escamas brillantes á la serpiente. 20. En 1836 se publicaron unas Cartas dirigidas por LAMBERTINA á Rosa Lacombe, que la crítica unánime ha rechazado como apócrifas.
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