Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Tarragona

tomo 5 · página 35 · ver la página del original

Tarragona. Femenino. Geografía. Provincia litoral, una de las cuatro que constituían el antiguo principado de Cataluña.

1. Preliminares.—Pocas serán las provincias de España que puedan ostentar un título tan cierto de su remota fundacion, como la que es objeto de este artículo. Todo el mundo conoce la primitiva division que hicieron los romanos de nuestra peninsula, fraccionándola en dos partes, denominadas citerior y ulterior, segun la posicion geográfica que cada una de ellas ocupaba con relacion á Roma. Así que los conquistadores del mundo alcanzaron la posesion de la parte citerior, erigieron á TARRAGONA en capital. La primera línea divisoria fué el Ebro: despues se removió el límite, dilatando el territorio, encabezado por esta ciudad, hasta el cabo de Gata, llamado entónces Charidemor, desde donde subía una línea por el interior á buscar el Duero, el cual deslindaba hasta en su embocadura ambas provincias. El emperador Augusto, siguiendo el ensayo hecho por los pompeyanos, alteró la division de la peninsula, formando tres provincias: la Tarraconense, la Bética y la Lusitania. La primera se hallaba situada en la parte más setentrional, entre la Galia y el mar Cantábrico, al Norte; el Atlántico, al Oeste; la Lusitania y la Bética, al Sur, y el Mediterráneo, al Este. Estos límites empezaban en el cabo de Creus y descendian por la costa del Mediterráneo hasta el cabo de Gata, por bajo de Cartagena, desde cuyo punto seguía la línea por el interior del territorio, atravesando las actuales diócesis de Granada, Guadix y Jaen; de suerte que, muchos de los pueblos, hoy andaluces, como Guadix, Baeza, Baza y otros, pertenecian á la provincia tarraconense. La linea de demarcacion proseguía luégo hasta tocar con el Guadalquivir, atravesándole entre los ríos Herrumbrales y Guadalbullon; penetraba despues por Sierra-Morena y, torciendo al Occidente, cortaba los limites que separan las provincias de la Mancha y Córdoba, cerca de Caracuel: desde aquí tomaba nuevamente la direccion Norte, cruzando las dos Castillas, hasta la márgen meridional del Duero; costeaba el Océano hasta la falda de los Pirineos y, siguiendo la línea de estos montes, iba á unirse de nuevo al cabo de Creus, punto del cual habíamos partido.—Segun Plinio, la provincia tarraconense se componía, sin incluir las islas, de siete circulos ó conventos jurídicos (nunc nniversa provincia dividitur in conventus septem Carthaginiensem, Cœsar Augustarum, Cluniensem, Asturum, Lucensem, Bracarum), cuyos nombres corresponden á los de: Cartagena, Zaragoza. Clunia, Astorga, Lugo y Braga. Este vasto territorio abarcaba, además de 194 pueblos, contributos dependientes de los otros, 179 ciudades, á saber: 12 colonias, 13 poblaciones romanas, 18 pueblos con derecho latino; I, aliado y 135, tributarios. La España citerior ó tarraconesa—dice el geógrafo citado—tiene, desde Cástulo hasta el cabo Pirineo, 1111’111 kilómetros de largo, y algo más siguiendo la costa; su anchura, desde TARRAGONA hasta las playas de Olarso, es de 555’555 kilómetros. Pero como desde la falda del Pirineo, donde la península se va angostando con la aproximacion de ambos mares, va ensanchándose más y más para juntarse con la España ulterior, esta anchura viene más que á duplicarse. Las naciones principales de la Tarraconense, segun Plinio, Estrabon y Ptolomeo, cabe empadronarlas, como se manifiesta en el siguiente cuadro: PUEBLOS SETENTRIONALES. Gallaicos ó gallegos, lucenses, brácaros, célticos, presamarcos, nerios, tamaricos, artabros, arrotrebos, pésicos, astures, augustanos, cántabros, murbogios y turmódigos. NACIONES CONFINANTES CON LOS PIRINEOS.

Autrigones, caristos, bárdulos, vascones, iacetanos, vescitanos, ilergetes, cerretanos, bargusios, lacetanos, é indigetes. PUEBLOS DE LA COSTA ORIENTAL.

Ausetanos, latetanos, cosetanos, ilercaones y contestanos. PUEBLOS DEL INTERIOR.

Vacceos, arévacos, carpetano-caracitanos, pelendones, berones, lusones, celtíberos, edetanos, turdetanoturbulenses, lobetanos, olcades, oretanos y bastetanos. Estos pueblos correspondían á los países modernos de: Cataluña, Aragon, Navarra, Vizcaya, Guipúzcoa, Astúrias, Galicia, Leon, Valencia, Castilla la Vieja y parte de la Nueva, en España; y las provincias de Minho y Tras-os-montes, en Portugal. Los limites, anteriormente expresados, fueron cercenándose despues hasta el siglo v, época en que invadieron los godos nuestra península, destruyeron el poder romano y con él, la grandeza y supremacía de esta ciudad, dejando de existir la provincia tarraconense. En adelante, el territorio situado al Este del Ebro, formó la famosa Marca del imperio franco-aquitano; luégo, el condado de Barcelona, y, más tarde, al dividirse el principado en siete corregimientos, figuró TARRAGONA como uno de ellos, comprendiendo 210 poblaciones, distribuidas en los seis partidos de: la capital, Reus, Montblanch, Falset, Valls y Villanueva. Dividida España en 1809 en 38 departamentos, se creó uno, con la denominacion de El Ebro, que abarcaba todo el territorio de esta provincia, cuya capital fué TARRAGONA ó Reus; por decreto de 17 de Abril de 1810, dado en Sevilla por el rey intruso, José Bonaparte, se dividió la Península en prefecturas y la de TARRAGONA, en tres subprefecturas; y, finalmente, en Marzo de 1822, se subdividió el principado de Cataluña en las cuatro provincias de: Barcelona, Gerona, Lérida y TARRAGONA, cuyos límites quedaron inalterables desde la última division, decretada en 30 de Noviembre de 1833.

2. Consideracion.—En lo civil y administrativo, está considerada como de tercera clase; en lo militar, constituye una de las cuatro comandancias generales de que consta la capitanía general de Cataluña; en lo judicial depende de la audiencia territorial de Barcelona, y en lo eclesiástico, de las diócesis de Barcelona, TARRAGONA y Tortosa: sus costas pertenecen á la provincia marítima de su nombre y á la de Tortosa; correspondientes ambas al tercio naval de Barcelona, departamento de Cartagena. 3. Situacion astronómica.—Se encuentra situada en la parte oriental de la Península, en la costa del Mediterráneo, entre los 41° 31' 42" de latitud setentrional, 40° 32 5" de latitud meridional y los 5° 19° 28" de longitud oriental, 3° 51? 57" de longitud occidental del meridiano de Madrid.

4. Limites.—Segun la division decretada en 30 de Noviembre de 1833, anteriormente citada, la provincia que nos ocupa, confina: al Norte, con la de Lérida; al Este, con la de Barcelona; al Oeste, con las de Teruel, Castellon y Zaragoza, y al Sur, con el Mediterráneo.

5. Extension.—El territorio abraza una extension de 152 kilómetros de largo, de Nordeste á Sudoeste; 61, de ancho, y 6.349, cuadrados de superficie.

6. Division.— La provincia está dividida en 8 partidos judiciales (Falset, Gandesa, Montblanch, Reus, TARRAGONA, Tortosa, Valls y Vendrell), subdivididos en 186 ayuntamientos que comprenden 263 poblaciones.

7. Costa.—La de TARRAGONA, tiene 87 millas de extension y da principio

en la desembocadura del Cenia, que separa esta provincia de la de Caste Ilon, y concluye en la desembocadura del Foiz, que forma el límite de la de Barcelona. A la entrada del Cenia hay una torre de vigía, denominada Sol del Rto; á I !/, millas de distancia, una pequeña playa, con algunas casas y una torre fuerte, llamada las Casas de Alcanar, y á 4 3/, millas de éstas, la poblacion de la Rápita, ó San Cárlos, única que se encuentra en todo el puerto de los Alfaques de Tortosa. Desde la punta de la Baña, que es la más saliente al Mediodía, sigue la costa baja de los Alfaques; á 12 millas, Nordeste, forma un poco de ensenada hasta la gola meridional, y á 21/,, Norte, se halla la gola setentrional: estas dos bocas, por las cuales desagua el Ebro, están determinadas por la isla Buda, que es rasa como toda la costa y á cuya parte más saliente se ha dado el nombre de Cabo de Tortosa. Desde éste, dobla la playa en direccion Noroeste hasta el puerto del Fangal, donde la tierra se presenta ya firme, aunque poco elevada, con una torre, nombrada de Cabo Roch. Desde aquí continúa la costa hácia el Nordeste, de escasa altura, doblada y pareja, ofreciendo: á unas 2 1/, millas de distancia, la torre del Aguila; á poco más de 3 y en la misma direccion, la de la Merla, y, luego, el fuerte de San Jorge, siguiendo siempre la costa, de bastante altura, en lo interior del país, y de poca, en la marina, con algunos pequeños trozos de playa sin fondeadero alguno. Al Nordeste del citado fuerte y á unas á millas próximamente, se eleva la costa un corto trecho; en el monte más oriental se destaca el castillo llamado el Coll de Balaguer, y, pasado éste, vuelve la costa á ser baja, con playas, presentando: la torre de Peñales y la de Milamar, en la cual principia una playa que gira al Oriente hasta la villa de Cambrils, distante 3 1/, mi Ilas de la mencionada torre. El cabo Salou, situado á los 41° 3' 52" de latitud y 7° 25' 15" de longitud, avanza hácia el mar como una milla; es más alto que la demás tierra, amogotado y de color amarillento. Su fondeadero constituye el único abrigo del viento Este, que ofrece toda esta costa hasta más allá de Barcelona, y puede servir para un crecido número de embarcaciones de todos portes: el fondo de la ensenada es de arena, con manchones de alga y limpio de piedras. Al Norte y Occidente de Salou, se distingue la Torre-Vieja; al Mediodía de ésta, un fondeadero para buques grandes, y en el extremo del muelle, fijo sobre un puntal perpendicular y á una altura de 8’359 metros, un faro, cuya luz se descubre á ó millas de distancia. Desde el cabo de Salou al de Oropesa, se ve un placer, que sale de la costa algunos kilómetros hácia el mar; doblado el cabo, hace la costa un poco de ensenada de arenal con ó millas de largo, en cuyo extremo se encuentra colocada la ciu dad de TARRAGONA, y, al Oriente de ésta, se divisa el cabo Gros, más elevado que la costa anterior, y el suelo, con piedras en su contorno. Despues del cabo Gros, prosigue la costa baja, casi enteramente de playa, hasta la desembocadura del río Foix, donde termina el límite de esta provincia.

8. Orografía.—El territorio de TARRAGONA, como el de todo el Principado, es generalmente montuoso. La cordillera de Prades, descendiendo de los Pirineos, en el Coll de Mayans y Vermadell, hácia la derecha de Puigcerdá, cruza la provincia de Lérida y, entrando por el Nordeste de la que se describe, forma su límite setentrional en direccion Oeste. En la parte oriental se encuentra el elevado monte de San Miguel, próximo á Pontils, el pico de Prenafeta, los montes de Montagut (Monteagudo) y las alturas de Rojols, en cuya cima se extienden dilatadísimas llanuras. Estos montes y la sierra del Tallat, que se halla más hácia el Norte, constituyen la Conca de Barbará y conducen las aguas al río Corp, tributario del Segre, al Francolí y al Gayá: sus ramificaciones, por esta parte del Este, se prolongan en descenso por el partido de Vendrell hasta terminar en el mar. Las gargantas, puertos y pasajes más notables, son: el estrecho de la Riba, por donde pasa el Francolí; el puerto de Lilla y el de Tenes, y, más al Mediodía, los montes de Selma y Montmell y el Coll de Santa Cristina, los cuales ofrecen parajes peligrosísimos por su escabrosidad y espesura. La mencionada cordillera se divide en Vilanova de Prades en tres ramales, que corren hácia el Occidente; en la de la derecha, se ve la sierra de la Llena, escarpada, de peñascos pelados y calizos por el lado meridional, que sirve de límite entre los partidos de Falset y Urgel y parte de La Garriga; la de la izquierda, se forma de los montes propiamente llamados de Prades, el Puig de Gallican, Molló de la Mola, de Vandellos y Coll de Balaquer, junto al mar. Los más elevados de estos montes, que separan las aguas que se dirigen al campo de TARRAGONA de las que corren al Ebro, son las de Prades y la Mota, y, sobre todos, el Puig de Gallican, cuya altura, aunque no bien conocida, será próximamente de 1.115 metros sobre el nivel del mar. El de la Mola, es un enorme peñasco, aislado, escarpado, calizo é inaccesible casi por todos sus lados. Forman el tercer ramal, que se desprende de la cordillera de Prades, los montes de Montsant, de la Figuera y Torre del Español, que llegan á la márgen del Ebro por Vinebre. El Montsant es un monte elevado, largo y uniforme, que empieza en Albarca y se extiende unas seis horas hácia el Occidente; en cuanto á los de la Figuera y Torre del Español, no ofrecen nada de notable; grandes peñascos, terrenos incultos, muchos matorrales y extensos bosques cerca del Ebro. Todos estos ramales de la gran cordillera de Prades van á perderse en la costa, dejando entre sí dilatadas llanuras, tan fértiles y notables como las de Tortosa. Otra cordillera importante, derivacion de la vasta línea, que tiene su principal grupo en Albarracin, entra en esta provincia por el partido de Gandesa y atraviesa los confines de Aragon y Valencia, en direccion al Ebro, pasando algunos de sus ramales á unirse con la de Prades. Al cruzar el partido de Gandesa, toma las denominaciones de: puerto de Arnés, de Horta, Pándalo, sierra de Caball y sierra de la Fatarella: sus puntos más culminantes son los llamados Escala de Arnés, Roca de Benet, Pico de San Salvador de Horta, y de Puigcaballé, en Gandesa. 9. Hidrogra fía.—TARRAGONA, como país montuoso, es abundante de fuentes, que dan orígen á multitud de riachuelos y arroyos, que fertilizan el territorio, cruzándole en diversas direcciones. Los ríos más importantes, que bañan la provincia, son: el Foix, el Gayá, el Francoli, el Ebro, el A lgas y el Cenia. El Foix arranca del partido de Montblanch; pasa al de Vendrell por los términos de Domenys, Llacuneta y Arbós; separa esta provincia de la de Barcelona y desagua en el mar entre Cunit y Cubellas. El Gayá tiene tambien su origen en el partido de Montblanch, próximo á San Magi; cruza el de Valls, por los términos de Pont de Armentera y Santas Creus; riega el de Vendrell, por Puigtiños, Salomó, Vespellá, Ardeñá y Riera, y desemboca en el mar por entre Altafulla y Tamarit. El Francolt nace al Norte de la Espluga, en la jurisdiccion de Vallclara; rodea la villa de Montblanch, por el Nordeste, y baja en direccion Sur, atravesando el campo y partido de TARRAGONA, hasta perderse en el mar, á corta distancia de esta ciudad. El Ebro se interna en esta provincia, dividiendo los límites de los partidos judiciales de Gandesa y Falset, hasta el paso de la barca de Benifallet; baña la parte occidental y meridional del país y termina su curso en el Mediterráneo. El A lgás se forma bajo el mojon divisorio de los tres antiguos reinos de la Coronilla, en las vertientes de los pueblos de Beceite, Cretas y Arnés; marca una parte del límite occidental de esta provincia y corre de Mediodía á Norte en una extension de 55 kilómetros; riega los términos de Caseras, Batea y Pobla de Masaluca y se une al Matarraña, en Nonaspe, para verterse juntos en el Ebro. El Cenia parte igualmente del referido mojon y se desliza de Norte á Mediodía, determinando la otra parte Oeste y Sudoeste de la provincia hasta el Mediterráneo. 10. Geologta.—El suelo es: primitivo, en algunos montes; secundario, en otros, y de aluvioz, en la mayor parte de los valles, cañadas y llanuras. La calidad de las tierras varía en casi todas las poblaciones y áun en el término de cada una de ellas: en el Priorato abunda el terreno pizar

roso y el de granito, llamado de soldó por los naturales, cuya piedra, así como la de pizarra, humedecida por las aguas del río, se endurece de tal modo, que no hay mármol que la iguale; en los valles y cañadas del mismo Priorato se encuentra tambien el terreno compuesto de una parte de arcilla y dos, de arena; en los llanos de Falset y campo de TARRAGONA, la arena silícea, y en algunos pueblos, la arcilla; predominando ésta, mezclada con arena, en otros puntos de las montañas de Prades; y el calizo, con mezcla de arcilla, en los montes de Montsant, la Mola, Colldejou, Llaveria y Vandallos. 11. Climatologia.—La temperatura que se disfruta en esta provincia, es: templada, en el centro y el litoral, resguardados de los vientos del Norte por la cordillera de montañas que los cruzan; cálido, en los valles y en ciertos parajes próximos á los ríos, y frío, en toda la parte setentrional; especialmente, en la citada cordillera y demás puntos culminantes. El clima es, por lo general, sano, aunque muy variable; la atmósfera se presenta pura y despejada. Los vientos dominantes son: en invierno, los del Norte y Noroeste; en verano, los del Sur y Sudeste; las enfermedades más comunes, las pulmonías, pleuresías, fiebres catarrales, inflamatorias, gástricas é intermitentes (miasmáticas ó palúdicas). 12. Vegetacion.—La parte montuosa, de que hemos hecho mérito, aparece cubierta de espesos bosques, poblados de pinos, encinas y robles, nutritivos pastos y gran variedad de hierbas medicinales. Los valles y las llanuras, destinados exclusivamente á la siembra de cereales, son, en su mayoría, fertilísimos, distinguiéndose: el extenso y hermoso campo de TARRAGONA, los llanos de Falset, los de Tortosa y la cuenca de Barberá. El cultivo del viñedo constituye una de las principales riquezas agrícolas del país, y sus productos sostienen un movimiento mercantil importantísimo, al cual contribuye, en primer término, la justa fama que, entre nacionales y extranjeros, han adquirido sus excelentes vinos; especialmente, los del Priorato. El plantío de frutales abunda en los valles, en las cañadas y faldas de los montes. 13. Producciones.—Las más comunes de la provincia, son: cereales, legumbres, frutas, hortalizas, patatas, algarrobas, avellanas, almendras, vinos, aceites, seda, cáñamo, sosa, barrilla, madera de construccion y leña para combustible; minas de plomo, cobalto, plata, cobre, manganesa, pórfido, feldespato, hierro y lignito; cría de ganados de todas especies; caza de liebres, conejos, perdices, cabras monteses, lobos y otros animales dañinos, y pesca muy activa de barbos, anguilas, tencas, lampreas y madrillas, en los ríos, y la ordinaria, en la costa. 14. Industria. — Enclavada la provincia, que se describe, en una zona sumamente fértil y de agradable temperatura; cruzada de ríos y torrentes; poblada de bosques; dotada de minerales, de canteras y de to dos los objetos necesarios para sostener siempre viva la prodigiosa actividad de sus habitantes; y estimulados éstos por su hermana, la provincia de Barcelona, donde los diversos ramos industriales han alcanzado extraordinario desarrollo y obtenido excelentes resultados; la industria de TARRAGONA no podía ménos que marchar rápidamente por el camino de los adelantos y de las mejoras, siendo raro el pueblo de alguna importancia, en que no aparece perfectamente desenvuelto el mismo espíritu manufacturero que domina en la capital. Reus, Valls, Vendrell, la Riba, Tortosa, Amposta, Santa Coloma de Queralt y otros muchos, cuentan con muy buenas fábricas de todas clases de tejidos de seda, lana, terciopelo, algodon, pañuelos, cintas, papel, curtidos, regaliz, cordeles, jabon, aguardientes, loza, toneles, obras de palma y molinos aceiteros, rivalizando las máquinas de vapor con las hidráulicas, y éstas, con los artefactos mecánicos, movidos por operarios ó caballerías. 15. Comercio.—El movimiento mercantil de la provincia es sumamente considerable, debido á la exportacion de los productos industriales, á que tanto contribuye el estado floreciente de las manufacturas; la de las producciones agrícolas, y, muy especialmente, la de los famosos vinos del Priorato, Campo de TARRAGONA y Vendrell; así como la importacion de granos de la Seo de Urgel, Castilla y Aragon. Entre los artículos exportados figuran: los tejidos de algodon, lana, seda y mezclillas; curtidos, aguardientes, loza, aceite, vino, frutas secas, ganados y maderas de construccion: entre los importados, los cereales, pesca salada, frutos coloniales y las primeras materias que exige la industria de tejidos. La exportacion del vino se evalúa en más de 250.000 hectólitros anuales; la del aguardiente y espíritu de vino, en 100.000, próximamente. 16. Ferias.—Las más notables que se celebran en la provincia, son: la de Amposta, en 25 de Julio; la de Prades, en 24, 25, 26 y 27 de Agosto; las de Valls, en 8 de Setiembre y el dia primero de Pascua de Pentecostés; la de Vendrell, en 15 de Octubre; la de Alcover, en 18 del mismo, y las de Falset, en 30 Noviembre y 21 de Diciembre. Constituyen el tráfico de todas ellas, principalmente, los ganados de todas clases, los granos y los productos industriales. 17. Etnogra fía.—Los naturales de la provincia de TARRAGONA, como los de toda Cataluña, son fuertes, activos, ingeniosos, constantes, valientes y emprendedores; obstinados, en sus empresas; violentos, en sus pasiones; implacables, en sus odios, y animosos é intrepidos, en el peligro; máxime, cuando se trata de alcanzar la gloria, la libertad ó las riquezas. Los catalanes, aunque de carácter rudo y lenguaje áspero, no son inaccesibles á las impresiones tiernas y dulces; muestran singular predisposicion para la industria, el comercio y las artes; particularmente, la música; son buenos soldados, excelentes marinos y amantes hasta el extremo de su independencia. 18. TARRAGONA.—Capital de la provincia civil y marítima, de la jurisdiccion y diócesis de su nombre; audiencia territorial y capitanía general de Cataluña; plaza fuerte de primera clase, puerto de los mejores del Mediterráneo, sede arzobispal metropolitana y residencia de las autoridades, de la delegacion de Hacienda, tribunales, corporaciones y oficinas provinciales. La ciudad, edificada sobre las márgenes del Francolí, en una colina, compuesta en su mayor parte de piedra berroqueña y variados jaspes, se encuentra á los 41° 7 107 de latitud Norte y 4° 56 15" de longitud Este del meridiano de Madrid; dista 495 kilómetros de esta capital y 78, Sudoeste, de Barcelona, y es sumamente agradable por su templado clima, su despejada atmósfera, su envidiable salubridad, su pintoresca situacion y sus amenos, fértiles y bien cultivados alrededores. Las principales producciones del término de TARRAGONA consisten en: minas de plomo, cobalto, plata, cobre y manganesa; habichuelas, cebada, algarrobas, vino, legumbres y verduras abundantes; algo de aceite y alguna fruta; cría de ganado lanar, cabrío y vacuno; caza de perdices, conejos, liebres, codornices y demás aves de paso, y, en los terrenos pantanosos, ánades, focas y otras aves acuáticas; en el rigor del invierno, pesca exquisita en la costa; ordinaria, en los ríos; y en el Francolí, sabrosas anguilas. La industria no cuenta en esta ciudad los grandes establecimientos que su inmediata la de Reus; pero sostiene buenas fábricas de toneles, tejidos, sederías, papel, cueros, cuerdas, loza, sombreros, muselinas, paños, satenes, aguardientes, jabon, velas para buques, fundicion de hierro, molinos de aceite y harineros y demás artes y oficios necesarios para las atenciones de la vida civilizada. La laboriosidad de los habitantes de esta provincia, que es comun á todos los catalanes, sostiene un comercio muy activo con muchos puertos de la Península y del extranjero. Los comerciantes tienen grandes almacenes de aceite, vino, aguardiente, bacalao, harinas, granos, frutos coloniales, pesca salada, maderas de construccion y otros muchos artículos, que exportan al exterior ó al interior de España, segun conviene á sus intereses; y en el casco de la capital se encuentra toda clase de tiendas de géneros, paños, quincalla, platerías y demás objetos que exige la cultura de un pueblo. 19. Interior de la poblacion.—Las numerosas casas que constituyen el casco de la capital, están construidas

con elegante sencillez; las hay hasta de cuatro pisos y en todas ellas abundan los mármoles y jaspes, no sólo porque el terreno ofrezca por todas partes ricas canteras de estas piedras, sino porque son muy frecuentes las grandes piezas labradas, que se descubren en las excavaciones que se practican, procedentes de los suntuosos templos y palacios levantados por sus antiguos dominadores. Las ca Iles son, por lo general, desiguales; algunas, muy estrechas y no todas empedradas, distinguiéndose entre ellas la Rambla, ancha, extensa y embellecida con algunos edificios de construccion moderna y uniforme arquitectura. Entre las plazas, las hay muy notables, como la de la Constitucion, ó de la Fuente, que forma un espacioso cuadrilongo. 20. Edi ficios públicos.— Hé aquí los dos más importantes que posee la poblacion: 1. Catedral. Es de estilo gótico y pasa por una de las más hermosas que cuenta España. Está situada en un pequeño Ilano, que se extiende en la parte más elevada de la ciudad. Una grande escalinata conduce al pórtico principal, que ofrece tres puertas, divididas por estribos, sobre los cuales se elevan dos pirámides: la del centro, es grande y suntuosa, de arco apuntado, cuyos junquillos van aumentando progresivamente para formar las archivoltas; se halla además dividida por un pilar, que representa la imágen de la Virgen; y encima, en bajo relieve, el Juicio final. Entre los arcos y basamento de estas pirámides hay colocadas 22 estatuas de piedra, que representan los 12 apóstoles y varios profetas, de un tamaño mayor que el natural: sobre la puerta del centro se ve una gran ventana circular de buen estilo, y al lado oriental, otra puerta de poco valor, llamada de Santa Tecla. El interior del templo es espacioso y verdaderamente sublime por su asombrosa solidez: su vastísima nave se divide en tres partes, que separan 5 arcos, sostenidos por varios pilares macizos y ornados de columnas corintias. El crucero es magnífico; la bóveda pertenece al estilo ojival. El altar mayor está decorado con muchos bajos y medios relieves, que representan la vida y pasion de Jesucristo y el martirio de santa Tecla: el sagrario es de mármol; en el camarin, que hay detrás del retablo, es notable la decoracion de ángeles, serafines y flores de la misma materia; al lado de la epístola se halla el sepulcro de Don Juan de Aragon, arzobispo de esta iglesia é hijo de Don Jaime II, muerto en 1334. La capilla, como el coro, está cerrada por su frente con una verja de hierro, sencilla y desprovista de todo adorno; la sillería, trabajada con labores de crestería, cuya madera es en su mayor parte de roble de Flándes. Las capillas son bellísimas y se encuentran suntuosamente decoradas: dos de ellas, contienen otros tantos mausoleos, levantados á dos arzobispos de TARRAGONA. La puerta que conduce al claustro, es muy antigua: se compone de cuatro cilindros, que sostienen otros tantos arcos, que forman las archivoltas por la parte exterior, en los cuales se ven entallados el monograma, el Salvador y los animales, que representan los cuatro evangelistas: la gran piedra de mármol, que sirve de arquitrabe, apoya sobre un grueso cilindro de obra romana que, colocado en medio, sobre una base de mármol con culebras enlazadas, forma dos puertas. Este claustro, perfectamente cuadrado, presenta en cada frente ó grandes arcos de medio punto, cada uno de los cuales comprende dentro de sí otros 3 redondos, cuya altura viene á ser como la mitad de los grandes; pero todos ellos descansan sobre columnas con bases y capiteles de riquísimas labores. En uno de los ángulos de este claustro se distingue la capilla de Corpus Christi, en la cual está encerrado en una caja de madera el cuerpo del rey de Aragon, Don Jaime I el Conquistador, hecho momia, perfectamente conservado, y en otras cajas, los restos de su esposa y otros monarcas de aquel reino. Dentro de esta misma capilla se encuentran los armarios en que se guardan las ricas alhajas y vestiduras de esta basílica monumental. 2. Palacio arzobispal.—La reedifificacion de este palacio, levantado sobre el terreno que ocupaba el antiquo Capitolio, dió principio en 1815 y terminó en 1819. Presenta una fachada de más de 50 metros, compuesta de dos elegantes cuerpos de arquitectura: el primero es almohadillado, de jaspe negruzco, con 3 grandes puertas y á ventanas en los intermedios; la portada del centro tiene 2 columnas jónicas, con sus bases y capiteles de jaspe amarillo con vetas encarnadas y blancas; sobre estas columnas descansan un cornisamento, con friso de jaspe, en cuyo centro se destacan las armas del señor Mon, en mármol blanco. La cornisa sirve de piso á un gran balcon, cuyos montantes y lindes son tambien de jaspes; las dos puertas laterales presentan la misma magnitud y configuracion que las del centro, con la sola diferencia de que en aquéllas son pilastras en vez de columnas. El segundo cuerpo tiene balcones sobre los vanos de las puertas y ventanas, con pilastras pareadas en los intermedios, encima de los cuales corre el cornisamento con que termina la fachada. La escalera interior, con arcos apoyados sobre una columnata de jaspe, es verdaderamente magnífica; el patio, corredor y las piezas interiores, son grandiosas y están perfectamente distribuidas; las vistas al campo, por la parte posterior, sumamente agradables y pintorescas. 21. Estadística.— La capital que se describe contiene: 21.670 habitantes, varios conventos, casa de huérfanos y huérfanas, de expósitos, hospitales, instituto de segunda enseñanza, numerosas escuelas primarias, seminario, academias de dibujo, de arquitectura y de náutica; sociedad económica, teatro, presidio, cárceles, fuentes, lavaderos y paseos; un magnífico muelle y seguro puerto; excelentes fortificaciones, aunque demasiado extensas, y numerosas antigüedades romanas, entre las cuales citaremos: los restos de constracciones pelásgicas, el Capitolio ó Arce, los templos, el Foro, el palacio de Augusto, el circo, el anfiteatro, los baños, el teatro, el acueducto, la Torre de los Escipiones, el arco de Sura ó Bará, y otros restos no ménos notables, como la vía A vreliana, que conducía de Roma á TARRAGONA; las villas ó casas de campo, situadas al rededor de la capital, sepulcros, columnas miliarias y otros monumentos que demuestran evidentemente la opulencia y poderío que alcanzó en los pasados tiempos esta antigua y gloriosa metrópoli de la España citerior. 22. Poblaciones.—Entre las más notables de la provincia, figuran las siguientes: 1.a Reus. Ciudad culta y riquísima, considerada como la segunda de todo el principado de Cataluña, por su poblacion, su industria y su comercio, con 27.691 habitantes, un ferrocarril, que la une á la capital, colegio de segunda enseñanza, escuelas primarias, establecimientos de beneficencia, buenas fábricas de sederías, telas pintadas y pasamanería, y exportacion é importacion considerables de vinos, aguardientes, frutas y otros varios artículos por el puerto de Salou. 2.a Tortosa. Plaza fuerte, circuida de reductos, situada sobre el Ebro, cerca de su desembocadura, con 23.808 habitantes, castillo, catedral, seminario conciliar, activa industria, regular comercio, puente de barcas sobre el Ebro, puerto que admite buques mdianos y campiña afamada por su fertilidad. 3.a Valls. Poblacion considerable, industriosa y mercantil, con 13.204 almas, colegio y término feraz, copiosamente regado por el Francolí. 4.a Ulldecona.—Villa enclavada en los confines meridionales de la provincia, con abundante cosecha de seda, algun tráfico y 6.007 habitantes. 5.a Vendrell. Villa pintoresca, con 5.292 almas, un cerro rodeado de pinares y curiosas antigüedades romanas. 6.a Roquetas. Bonita poblacion, enelavada en la desembocadura del Ebro, con 4.970 habitantes, fondeadero, manufacturas y regular tráfico. 7.a Montblanch. Villa de consideracion, bañada por el Francolí, con 4.866 habitantes, término fértil, mucha industria, colegio y crecidas cosechas de aceite. 8.a Falset. Villa notable, con 3.634 almas, campo ameno, fábricas de aguardiente y municiones, y abundantes minas de plomo.

9.a Gandesa. Villa con ayuntamiento, hospital de caridad, escuela primaria, iglesia antigua, de una arquitectura notable; restos de fortificaciones, buenas cosechas, destilatorios de aguardiente, hornos de cal, exportacion de vinos, aguas termales y 2.689 almas. 10.a Cornudella. Villa situada en el territorio Ilamado del Priorato, fecundo en estimados vinos, con 2.599 habitantes, escuela y alguna industria. 11.a Flix. Poblacion agradable, con 1.926 almas y campo ameno, poblado de huertas. 12.a Pradés. Pequeña villa, con 1.051 almas y una iglesia, la cual contiene un altar notable. 23. Historia.—El orígen de la insigne poblacion, cuya interesante historia vamos á reseñar, es absolutamente desconocido, si bien no falta quien afirma con el ilustre Cortés, que su antiguedad se pierde en la oscura edad de los primeros iberos, pobladores de la costa ibérica ántes que de todo el resto de la España mediterránea, con lo cual la supone una de las primeras poblaciones que estableció en la Península aquella grande expedicion oriental, que las letras sagradas atribuyen á Túbal, y la mitología, al Hércules primitivo. En cuanto á la etimología del nombre Tarraco, con que se la designa, el mismo señor Cortés opina haberse formado de las voces Tirah ó Tarah (fortaleza) y Goo, interpretándola Ara robusta, fortis (ciudadela fuerte) etimología natural y de fácil interpretacion, que algunos autores modernos no han vacilado en prohijar, por la armonía que presenta con la completa ignorancia del orígen de esta ciudad, antigüedad remotísima, su extension y estado primitivo. Siendo, pues, ciudad ibera, hubo de gozar un período verdaderamente patriarcal, sin que la simplicidad de aquellos tiempos nos dejara recuerdos que exponer ahora, como notables y fuera de lo comun respecto de la primera poblacion de España. Créese muy verosímil, y basta conocer la fertilidad de su campo para creer lo mismo, que los fenicios y los griegos llegaran hasta TARRAGONA, al frecuentar nuestras costas, con ánimo de explotar, por medio del comercio, las riquezas de los indígenas. Créese igualmente que TARRAGONA fué sometida á los cartagineses y suministró á Aníbal su contingente de hombres para su grande expedicion á Italia. Pero todo lo dicho no pasa de suposiciones más ó ménos fundadas, pues de la misma TARRAGONA no existe noticia alguna auténtica anterior á la dominacion romana. Neyo Cornelio Escipion, hermano del cónsul Publio, enviado por éste desde Marsella como su lugarteniente, al propio tiempo que Aníbal avanzaba á Italia (año 218 ántes de Jesucristo), desembarcó en Ampúrias con un ejército de 12.000 romanos; llegó por la costa hasta el Ebro, y, habiendo conseguido sobre los cartagineses la célebre victoria de Cissa ó Cinna, en que hizo prisionero á Hannon, dispersándole todo su ejército, con pérdida de 5 á 6.000 hombres, se retiró á TARRAGONA. Neyo, despues de pasar el invierno en esta ciudad, salió de nuevo para obtener otro famoso triunfo sobre los cartagineses, apresándoles la armada en la boca del Ebro, lo que le aseguró la posesion de toda la costa oriental de este río y la alianza de tantas ciudades españolas, cuyo número hacen subir algunos historiadores á 120. El año 216 anterior á nuestra era, llegó á TARRAGONA el procónsul Publio Cornelio Escipion con 1.000 hombres de desembarco, para encargarse del mando que tan dignamente había ejercido su hermano, saliendo luégo juntos ambos caudillos para conquistar á Sagunto.

TARRAGONA, ciudad absolutamente desconocida ántes en la historia, y cuya aislada existencia es, no obstante, demostrable, como hemos visto, empezó entónces á sonar en cierto modo. Elegida por Neyo Escipion para centro de sus operaciones, desde el primer año de su mando en nuestra Península, vino á ser, no diremos cabeza de la república, como otros que escrupulizaron poco el riguroso significado de las palabras; pero sí cabeza del dominio de la república en España. Al paso que este dominio fué extendiéndose y consolidándose, se acreció naturalmente la importancia de esta capitalidad que, por primera vez y sólo de hecho por entónces, había obtenido TARRAGONA. Su anterior sencillez indígena, poco adecuada al genio de sus nuevos señores, y ménos áun al carácter que éstos le dieran, debió ir desapareciendo paulatinamente hasta sustituir por completo la ciudad romana á la antigua de los cosetanos; cambio verdaderamente admirable que, por pausado que fuese, autoriza la expresion de Plinio: de que TARRAGONA fué obra de los Escipiones. Despues de la presa de la armada de Amílcar, hecha por Neyo Escipion en la boca del Ebro, encabezó TARRAGONA la España citerior, como ya hemos indicado en otro lugar de este artículo, y desde la expedicion de los dos Escipiones sobre Sagunto, empezó á encabezar tambien la de la España ulterior. TARRAGONA era cabeza de aquella conquista y la suerte de las campañas determinaba sus límites. El año 213 ántes de la venida del Salvador, el procónsul dominaba desde ella casi todo lo que anteriormente había pertenecido á Cartago en la Península. Poco tiempo despues, al abandonar á TARRAGONA, acompañado de su hermano, dividió sus fuerzas: esperaban los Escipiones extirpar definitivamente á los cartagineses de España, por medio del plan ideado, y ambos fueron víctimas. De aquí el que se crea, con fundada razón, que el monumento, llamado Torre de los Escipiones, que existe en las cercanías de TARRAGONA, lo levantó el ejército romano para perpetuar la memoria de aquellos dos bravos caudillos. Reseñar detalladamente los acontecimientos que se verificaron ó que influyeron en la suerte de nuestra ilustre y famosa ciudad, desde que empezó á encabezar las conquistas de Neyo Escipion hasta que llegó al estado en que la presentan Plinio y demás escritores del imperio, y que hemos indicado en los preliminares del presente artículo, sería tarea interminable; por lo que nos limitaremos á decir con un célebre autor: «desde entónces en TARRAGONA desembarcaban los cónsules y pretores; allí se renovaban los ejércitos, se licenciaban los soldados cumplidos ó eméritos; allí los gobernadores de España celebraban Concilios ó Córtes á todos los españoles aliados, como nos lo cuenta Livio; allí invernaban las tropas y de allí salían los ejércitos á las primaveras para hacer la campaña.» TARRAGONA, á pesar de las grandes vicisitudes, sufridas por los romanos en España, que pudieron precipitar la caida de esta ciudad y desprenderla del imperio, ofreció la notable circunstancia de conservarse por él hasta su término. Los invasores del Norte, sorteando entre sí las provincias Cartaginense, Bética, Lusitania y Galicia (año de 411 de nuestra era) y ocupándolas luégo, parece como que respetaron aún el númen ya espirante de Roma en la Tarraconense, pues no sonó en aquel reparto. En el año de 422 abrigó esta ciudad al jefe de la milicia romana, Castino, quien, vencido en la Bética, corrió á apoyarse en ella: prosiguió gobernada con toda su provincia á nombre de los emperadores y sonaron mucho las insurrecciones de los descontentos, que, con el nombre de bacaudas, empezaron por entónces á levantarse contra los abusos de los propretores, que agobiaban la provincia con irresistibles impuestos, para conservarse contra sus numerosos enemigos. Los suevos de Galicia invadieron la Tarraconense en 456, para hostilizar á los romanos; pero sin carácter de conquista; de modo que corrieron dos veces sus regiones en el mismo año, retirándose cargados de despojos y cautivos. La nobleza de esta provincia quiso oponerse á la preponderancia de los godos, y el ejército del rey Eurico acabó con ella por los años 466. Los francos la invadieron luégo é hicieron grandes daños, antes que Theudiselo lograra destrozarlos. La grandeza y autoridad, la fama imponderable que había disfrutado TARRAGONA por espacio de 693 años, que fué romana, quedó entónces reducida á sus recuerdos, afortunadamente consignados, en su mayor parte, en sus monumentos, en sus riquísimos mármoles, en sus numerosas medallas y en sus frecuentes é interesantes menciones históricas. TARRAGONA llegó al dominio de los godos sin haber sufrido menoscabo y conservó su carácter de capital de la provincia, que retuvo igualmente su nombre. Un denee

godo reemplazó en el gobierno al propretor romano; la autoridad de TARRAGONA, si bien había sido cercenada de los territorios que constituyeron la Cartaginense y la Gallecia, y lo fué tambien de las Baleares, que formaron la séptima provincia de España, alcanzó en cambio el predominio de la Vascunia gala. Por aquel tiempo, el antiquísimo nombre Tarraco recibió la sílaba epéntica na, como otras muchas poblaciones, cuya capital, conservando el derecho de batir moneda con el nombre de TARRACONA, figura en muchos documentos godos. En 516 se celebró en esta ciudad un concilio, primero provincial perpetuado en España, el cual viene á confirmar la grande importancia que llegó á tener en aquellos tiempos. En el mes de Julio del año 713 la conquistó Muza, y en la division de España, que hizo Yusuf en 747, quedó incluida en la extensa provincia de Zaragoza. El mismo Yusuf restableció luégo la hermosa carretera de Zaragoza á TARRAGONA, y Abd-er-Rahman I estableció en nuestra ciudad el arsenal con astillero. En 838 sonó su puerto árabe, y en 844 se construyeron buques en su arsenal, figurando entre las posesiones que llegó á adquirir en su rebelion el célebre Hafsun. En 1108 la opulenta ciudad de los romanos fué completamente asolada por una irrupcion de bárbaros, permaneciendo en este estado hasta el año 1117, en que el conde de Barcelona, Don Ramon de Berenguer, la cedió con su término y pertenencias al obispo de su ciudad, san Oldegario, arzobispo electo de TARRAGONA, á fin de que la restaurase, con facultad de traer de cualquiera parte pobladores, que viviesen libremente y fuesen gobernados por las leyes y costumbres que el referido prelado quisiera establecer. Los términos y pertenencias indicados, eran, segun la carta de donacion expresa, de una extension considerable. Su línea occidental, que puede demostrar el estado de la conquista por esta parte en aquel tiempo, pasaba por Monterrubio (Montem-rubeum), por el Coll de Balaguer hasta el mar. El papa confirmó esta donacion en 1118, dando el palio á san Oldegario, merced á lo cual y al ardiente celo manifestado por el arzobispo, volvió á existir TARRAGONA, cuyo solar, precioso museo de antigüedades, donde tantos monumentos admirables sobrevivieron á los rigores del tiempo y de los hombres, había llegado á cubrirse de maleza. El arzobispo Oldegario, deseando dar mayor impulso á la empresa de restituir á nuestra ciudad el esplendor que alcanzara en otra época, buscó la cooperacion de un caballero muy distinguido, Roberto de Aguilon, y habido consejo de los prelados su fragáneos y magnates de la tierra, le entregó el señorío de TARRAGONA y sus términos, para que él y sus sucesores la poseyesen como príncipes, reteniendo sólo con lo eclesiástico todas las décimas: Roberto prestó, en su consecuencia, el debido homenaje al arzobispo. Los esfuerzos del nuevo poseedor no fueron estériles á la restauracion y progresos de la nueva ciudad, la cual pasó más tarde á ser propiedad del rey de Aragon. En TARRAGONA determinó Don Jaime I la conquista de Mallorca en 1229, y, dos años despues, se celebraron en esta ciudad las bodas de la condesa de Urgel con el infante de Portugal. En 1234, 1260, 1288 y 1319, se celebraron Córtes en ella, y éstas últimas, particularmente, fueron notables por la renuncia que el infante Don Jaime hizo de sus derechos en la sucesion. En la desastrosa guerra, que sucedió á la muerte de Cárlos II, siguió nuestra ciudad, así como todo el Principado, en poder de los austriacos, la cual se entregó á disposicion de Felipe, en virtud del tratado, concluido en 14 de Marzo de 1713. La invasion francesa de 1808 halló los fuertes de esta ciudad en el peor estado de defensa. En 3 de Mayo de 1811 se presentó ante sus muros el general Suchet con su ejército: el conflicto de los tarraconenses, al verse sin las tropas necesarias para cubrir los puntos más importantes, fué grande, y por medio de uno de esos esfuerzos, que suelen inspirar á veces las situaciones más desesperadas, se improvisaron dos batallones y dos compañías de artillería, fuerzas insuficientes para atender á las principales atenciones. En 7 de Junio rompió el fuego la artillería francesa contra los muros de la ciudad: la rapidez con que se multiplicaban las baterías y trincheras á vista de los sitiados, era admirable: el 16 de Julio habían caido ya sobre la poblacion 1.500 bombas y granadas; pero, ni este horroroso fuego, ni los continuos asaltos del sitiador, bastaron á abatir el ánimo entero de sus valientes defensores, ni áun del pueblo mismo, el cual sufría todo género de fatigas y privaciones, inspirado por la santidad de su causa. Sin embargo, el 19 de Agosto de 1813, despues de una larga, tenaz y valerosa resistencia, cayó nuestra nobilísima ciudad en poder de los invasores, quienes, dentro ya de la poblacion, tuvieron aún que disputar el terreno palmo á palmo á sus esforzados defensores. Las pérdidas que ocasionó á TARRAGONA esta sangrienta, pero gloriosa jornada, se evaluaron en: 10.150 muertos españoles, 8.650 heridos, de los cuales murieron 1.900, incluidos ya en la cifra anterior; y 8.200 prisioneros: 750 de estos últimos fueron asesinados despues por sus conductores. La pérdida material ascendió á 88.571.597 reales (ochenta y ocho millones y medio). Dueños los franceses de la ciudad, repararon en lo posible sus fortificaciones y dejaron en ella una fuerte guarnicion que siguió tratando con indigna crueldad á los naturales que habían sobrevivido á la catástrofe. El 19 de Agosto del referido año evacuaron los franceses la ciudad, pero no sin realizar la noche ántes uno de los hechos más bárbaros é inhumanos que registra la historia. Segun un escritor moderno, los franceses, ántes de abandonar la heróica ciudad de TARRAGONA, «pegaron fuego á los repuestos de bombas y granadas cargadas; á las mechas de las minas de las murallas y baluartes; á las del molino de la poblacion, de los arcos de cañería de la fuente pública y del castillo de Pilatos; al repuesto de pólvora, en el Patriarca, y al almacen de víveres, mezclados con azufre, en la iglesia de Santo Domingo. Los ayes de los fugitivos tarraconenses, sofocados con la explosion del incendio que desvastaba la ciudad entera; los lamentos del desvalido anciano, al ver reducida á escombros su querida patria, mezclados con el grito feroz del sanguinario soldado, todo ofrecía la imágen triste de la desolacion de la antigua Troya.» Restituido Fernando VII á España, como término de aquella heróica lucha, llegó el monarca á nuestra ciudad, con su hermano el infante Don Antonio; no ofreciendo su historia nada de notable, ni en el cambio de instituciones que entónces se efectuara, ni en la restauracion de los liberales en 1820. En 27 de Agosto de 1823 fué nuevamente atacada por los franceses restauradores del absolutismo y entregada por la capitulacion de Barcelona.

Finalmente, la probada sensatez del vecindario de TARRAGONA y el ser ésta considerada como una plaza de armas importante, han conservado á esta poblacion al abrigo de los trastornos civiles que se siguieron á la muerte de Fernando y al destronamiento de Doña Isabel, sin que por eso haya dejado de ser nunca un apoyo inexpugnable de los defensores de las libertades patrias. 24. Varones ilustres.—Entre los muchos hombres esclarecidos, que cuenta TARRAGONA en el número de sus hijos, citaremos: de los flamines, á Cnæo Antonio, Cayo Egnatuleyo, Lucio Nemesio Palpero y Lucio Numisio Oviniano, Lucio Minicio Aproniano, Lucio Afranio Cereal y Marco Lullio Feliciano; á Lucio Antonio Silon, prefecto de la cuarta cohorte tarraconense; á los santos mártires san Fructuoso y sus diáconos san Eugenio y san Eulogio; á Don Paulo Osorio, distinguido historiador; á fray Guido de Perpiñan, escritor y obispo de Mallorca; fray Pedro de Perpiñan; Godofredo de Biure y Pedro de Biure, autores de las instituciones de la provincia tarraconense; Jerónimo Giraba, cosmógrafo muy apreciado de Cárlos I; Cuillermo de Monserrat, autor de un tratado de la sucesion de los reyes de Francia; Pedro Roca, traductor de varias obras del Aretino y de Bocario; Paulo Lorenzo, doctor en artes; á los Miralles, á Don Antonio Rovira y Don Lorenzo Miguel y Verderol, notables arquitectos, y á Don Antonio Martí, famoso

por sus grandes conocimientos en las ciencias. 25. Heráldica.—El escudo de TARRAGONA ostenta por armas las olas de un mar en campo de plata, y el timbre, corona con palmas, por privilegio de Felipe IV, concedido en 1645.

ETIMOLOGÍA. Latin Tarraco (ablativo, Tarracone), capital de convento jurídico y de la España citerior, donde concurrían en tiempo de los romanos los caminos de Barcelona, Lérida y Valencia.

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El texto de Barcia (1880-1883) es de dominio público. El troceado, esta página y sus datos son CC BY 4.0, Karb and Sil. Cítese: «Tarragona», en Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico (1880-1883), Biblioteca Wordkers, https://biblioteca.wordkers.com/d/barcia/tarragona.