Roque Barcia · 1880-1883
Sevilla
tomo 4 · página 981 · ver la página del original
Sevilla. Femenino. Geografía. Antiguo reino, el más notable de los cuatro en que estuvo dividido el territorio de Andalucía.
1. Término, área, población y divisiones.—Enclavado al Mediodía de la Península, con inclinación al Sudoeste, confinaba: al Norte, con Extremadura; al Nordeste, con el reino de Córdoba, del que le separaba Sierra Morena; al Sudeste, con el de Granada, hasta tocar con el Mediterráneo; al Sur, con las aguas del estrecho de Gibraltar; al Sudoeste, con el Océano, que lo bañaba hasta encontrar en Ayamonte la desembocadura del Guadiana, y al Oeste, con el vecino reino de Portugal. — Los límites expresados abarcaban una extensión superficial de 800 leguas cuadradas, que, en 1785, poblaban más de 830.000 habitantes. — Este reino, según la división territorial, hecha en el año referido, se componía de ocho partidos: Antequera, Cádiz, Campo de Gibraltar, Carmona, Ecija. Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y SEVILLA; los cuales comprendían: 16 ciudades, 162 villas, 64 aldeas, 25 lugares, 9 cotos redondos, 15 granjas y ó despoblados, distribuidos en esta forma: Antequera, una ciudad, 8 villas, 9 aldeas y 2 despoblados; Cádiz, 2 ciudades y 9 villas; Campo de Gibraltar, 3 ciudades y un lugar; Carmona, una ciudad, 7 villas y 5 granjas; Ecija, una ciudad y 2 villas; Jerez de la Frontera, 2 ciudades y á villas; Sanlúcar de Barrameda, una ciudad y 5 villas; SEVILLA, 5 ciudades, 127 villas, 55 aldeas 24 lugares, 9 cotos redondos, 10 granjas y á despoblados.
Posteriormente, la mencionada división de partidos experimentó diversas modificaciones; formándose, por último, del risueño y fértil país, que constituía este famoso reino, las tres provincias de: SEVILLA, Cádiz y Huelva.
2. SEVILLA. Provincia de primera clase en lo civil y administrativo, dependiente: en lo militar, de la capitanía general de Andalucía: en lo marítimo, del departamento de Cádiz, y en lo judicial y eclesiástico, de la audiencia territorial y arzobispado de su nombre. 3. Situación astronómica —Se encuentra situada al Mediodía de España, próxima al Océano, con el que se comunica por medio del caudaloso Guadalquivir, entre los 36° 9/ 32" 38° 50 27" de latitud septentrional y los 0° 58° 12*/-2° 37 15" de longitud occidental del meridiano de Madrid.
4. Límites. —Concretándonos á la última división del territorio, establecida por decreto de 30 de Noviembre de 1833, la provincia que se describe, confina: al Norte, con la de Badajoz; al Este, con la de Córdoba; al Sur, con las de Málaga y Cádiz, y al Oeste, con la de Huelva y el Océano.
5. Extensión.—El espacio comprendido dentro de los límites expresados, tiene: 156 kilómetros de largo, de Norte á Mediodía; 147 de ancho, de Oriente á Occidente, y 13.714 cuadrados de superficie. 6. División provincial.--El territorio de SEVILLA consta de 757 poblaciones, representadas por 98 ayuntamientos, los cuales se hallan agrupados en 14 partidos judiciales, que son: Carmona, Cazalla de la Sierra, Ecija, Estepa, Lora del Río, Marchena, Morón, Osuna, Sanlúcar la Mayor, SEVILLA (4) y Utrera.
8. Topografla.—Pocos serán los terrenos que presenten en su configuración topográfica un contraste tan singular como los que comprende la provincia que nos ocupa, la cual abarca al mismo tiempo una sección montañosa, cuyos complicados accidentes difieren en gran modo de las llanuras del Guadalquivir. Esta sec
ción montañosa se divide en dos, que se distinguen en su extensión: la primera y más considerable, corre á la derecha del mencionado Guadalquivir, penetra en Sierra Morena y comprende los accidentes geológicos que determinan el cambio de dirección de este río, en tanto que la sierra continúa inclinándose al Occidente, hasta internarse en las provincias de Badajoz y de Huelva, para terminar en la desembocadura del Guadiana, en el Océano. La segunda sección pertenece á la región montañosa del Este de la Península, cuyo núcleo constituye la sierra de las Alpujarras; forma el cordón litoral del Oriente de la cuenca del Guadalquivir, incluyendo los últimos contrafuertes de la serranía de Ronda, en el distrito de Osuna, Morón, Algodonales y Montellano. Un examen detenido de esta región, característica de nuestras provincias meridionales, demuestra evidentemente cuán complicada es su topografía. Sus límites se presentan desde luego al Mediodía, trazados por el curso del Guadalquivir, que se desliza en dirección Oestesudoeste; pero al Norte, se perciben menos claros y definidos, y sus últimos eslabones se enlazan sin violencia con los accidentes de la Extremadura central. Sin embargo, estos límites pueden reconocerse en la serie de ondulaciones que, desde Valsequillo, á unos 7 kilómetros Sur de Azuaga, por Llerena, Guadalcanal, Monasterio y Cumbres Altas, determinan la barrera de separación entre la Extremadura y Andalucía. La región culminante de la Sierra Morena está concentrada en esta provincia, en una línea, cuya dirección puede marcarse por Constantina, Cazalla y las alturas que se hallan entre el Ronquillo y la Venta de Valde-Febrero; pero no hay accidente geológico que marque en esta región la línea divisoria de las aguas; y la disposición particular de sus diferentes contrafuertes y valles determinan el hecho singular de que las corrientes, como el Guadiato, el Galapagar, el Guezna, el Biar y otras, cuyo nacimiento se halla en el reverso Norte de las últimas cadenas de la sierra, atraviesan ésta y su región montañosa, contorneando los maeizos, que la forman, y constituyendo los afluentes de la derecha del Guadalquivir, en el cual vierten sus aguas desde Lora del Río hasta las inmediaciones de Santiponce. Es un hecho de grande importancia en el conocimiento topográfico de esta parte de la Peninsula, el que, á la distancia de un miriámetro de Azuaga, fuera ya de la acción de la Sierra Morena, se separan las aguas del Zujar, que van al Guadiana, de las del Sotillo, que las lleva al Biar, y las de éste, al Guadalquivir; de modo, que el sistema hidrográfico de este río comprende, no sólo las vertientes de la parte Sudoeste de la sierra, sino también las del Noroeste, y, con ellas, parte de los terrenos montañosos de la Extremadura, cuyas vertientes enlazan, por lo general, con el Guadiana. Esta disposición da una fisonomía singularísima á los macizos de la Sierra Morena: sus formas son más ó menos extendidas; en algún distrito, redondeadas; sus valles paralelos, cortados por cadenas en ángulos más ó menos inclinados á la dirección general de la cordillera que los atraviesa; y en el meridiano de Cazalla, por ejemplo, constituye la sierra una serie de cadenas y valles, que empieza, al Norte, en Malcocinado, San Miguel de la Breña, Molinos de Alanis, Minas de Cazalla, Pedroso y Cuestas de Montegil; separada por los valles del Sotillo, San Miguel de la Breña, Peñoncillo, Guezna y Parroso. Por último, la sierra presenta generalmente círculos de levantamientos, con radios de mucha consideración, y cerros elevados, de formas cónicas, como se nota entre la Venta de la Pajanosa y la Cuesta de la Media-Fanega, y en las alturas, próximas á la venta de Valde- Febrero, y especialmente, en los terrenos graníticos, que ocupan el espacio comprendido entre Santa Olalla y la Venta del Colorín, y aun en el camino de Cazalla, desde las Cuestas de Montegil hasta las inmediaciones del Pedroso. Componen los puntos culminantes de esta región montuosa las sierras de Osuna, de Morón y Algodonales, derivaciones todas de la de San Cristóbal, situada ya en la provincia de Cádiz, y que constituye el núcleo de sus montañas. La elevación de las mesetas de Sierra Morena sobre las llanuras de SEVILLA, está marcada por un desnivel de 1.000 á 1.200 metros, que separa la que se extiende desde el Pedroso hasta las cuestas de Montegil, sobre cuyo horizonte se destacan gallardamente las cumbres más altas de la sierra, evaluándose el total desnivel entre éstas y las llanuras de SEVILLA, en 1.500 á 1.600 metros. Si interesantes son las regiones montañosas que dejamos ligeramente descritas, no lo es menos la imponente llanura que comprende esta provincia, y que compone la porción mayor del triángulo que abarcan sus terrenos; cuyos límites determinados, al Norte, por la Sierra Morena, y al Nordeste, por el Genil y sierra de Ronda, forman el litoral. La cadena de colinas, que nace en Carmona, presenta en este punto un promontorio al Norte, en ángulo agudo, que ensancha su base á medida que avanza hacia el Mediodía, y fracciona en dos el golfo que procede de los contrafuertes de la sierra de Andújar, dando lugar al valle ó cuenca de SEVILLA y al de Marchena, Arahal y Coronil. El litoral de este grupo de colinas se extiende, á partir de Carmona, mirando al Occidente, y al valle de SEVILLA, pasando á distancia del Viso, y sigue por la hacienda de Acebuchal, la Torrecilla, Quintos y Doña María, donde se aproxima á la orilla izquierda del Guadalquivir, frente á las colinas de Herbes, La Puebla y Coria, prolongándose después en los Palacios, Dos Hermanas, Lebrija, Trebujena y otros puntos. Hacia el Oriente, en el valle de Arahal, pasa por Gandul y corre por Utrera, al Mediodía, atando sus ondulaciones con las alturas de Jerez de la Frontera. A la derecha del Guadalquivir y al Occidente de SEVILLA, se levanta otro grupo de colinas que en el cerro de Santa Brígida, frente de Santiponce, forma un promontorio, muy semejante al de Carmona, y el cual envía sus flancos: al Noroeste, en dirección de Albaida, y al Sur, siguiendo la orilla del río por Camas, San Juan de Alfarnache, hasta La Puebla y Coria, revolviéndose, al Oeste, hacia Sanlúcar la Mayor. Este grupo de colinas, aproximándose al que parte de Carmona, forma el estrecho por el cual corre el Guadalquivir. Al pie del horizonte que marcan estos grupos, se extienden los terrenos llanos cuyo carácter de nivelación se pronuncia al bajar de SEVILLA, y pasada Coria y La Puebla, el suelo se dilata de Oriente á Occidente, acercándose cada vez más á un nivel uniforme, y, al separarse el río, en los tres brazos que abarcan las dos islas mayor y menor, el terreno presenta una superficie perfectamente llana y con el tono que le da tanta semejanza á las pampas de Buenos Aires, para terminar en las marismas, que se extienden, por el Oeste, hasta las Dunas del Coto de Doña Ana, y, del otro frente, á Lebrija, Trebujena y hasta los confines de la bahía de Cádiz, por los Puertos Real y de Santa María. Resumiendo: la topografía de esta provincia puede presentarse en tres secciones: 1.*, terrenos montuosos, pertenecientes á las sierras Morena y de Ronda, con los accidentes consiguientes á la constitución de estas regiones montañosas, y enlazada con los hechos geológicos que han producido esta parte importantísima de los cimientos de nuestra Península; 2.a, grupo de colinas de Carmona y Castilleja de la Cuesta, correspondientes á la parte superior de los territorios terciarios; 3.a, llanura, sobre cuyo horizonte geognóstico se levantan estos dos grupos con un desnivel de 1.600 metros, en los puntos culminantes de la Sierra Morena, y cuyos terrenos pertenecen, por lo común, á los terciarios en sus distintas secciones. 9. Hidrogra fía.—Los ríos más considerables, que bañan esta provincia, son: el Guadalquivir, el Genil, el Carbones y el Guadaira. El Guadalquivir entra en la jurisdicción de SEVILLA, que divide en dos porciones casi iguales, así que abandona el término de la villa de Palma del Río, correspondiente á la de Córdoba, y por el mismo punto donde se le incorpora el Genil, su principal afluente: desde aquí corre declinando siempre hacia el Sur, por las cercanías de Peñaflor, Lora del Río, Guadajoz, Alcolea y Villanueva del Río; sigue su curso
por Tocina, Cantillana, Villaverde, Brenes y Alcalá del Río; continúa por Rinconada, Algaba y Santiponce, desde donde se dirige á la magnífica ciudad de SEVILLA, que deja á su izquierda, atravesando el puente de hierro de Triana, y, prosiguiendo por San Juan de Aznalfarache, Gelves, Venta del Peleón, Coria y la Puebla, y á la distancia de unos 8 kilómetros de esta última población, se divide en tres brazos ó ramales, que forman las islas, denominadas Mayor y Menor, uniéndose, por último, los dos brazos principales fuera de la provincia, entre Trebujena, que pertenece á la de Cadiz, y el Cortijo de Casa de Viejo, á la de Huelva. El Genil sirve de límite al territorio de SEVILLA con el de Córdoba, desde Badolatosa hasta su confluencia con el Guadalquivir, junto á Palma del Río, y cruza por la ciudad de Ecija en donde tiene un elegante y sólido puente. El Carbones nace en Sierra Blanquilla, término de Cañete la Real, provincia de Málaga, se interna en la de SEVILLA por los alrededores de la aldea de Algamitas; marcha en dirección de Villanueva de San Juan, Aldea de la Ratera y Puebla de Cazalla; pasa á la vista de Marchena y Carmona, uniéndose al Guadalquivir, próximo al despoblado de Guadajoz. El Guadaira tiene su origen en la sierra de Morón, camina por las inmediaciones de esta famosa villa, recibe el arroyo de Malajuncia y, dirigiéndose por entre Dos Hermanas y Gandul, Alcalá de Guadaira y la Venta de este nombre, se mezcla con el Guadalquivir, á corta distancia de la capital. A los ríos mencionados siguen en importancia: el de Sanlúcar, la Ribera de Galapagar, la de Huesna, la de Biar, la de Cala y la de Huelva, y otras muchas corrientes, de larga enumeración, entre las que se cuentan el Retortillo, el Gualbacar, el Madrevieja y el Salado. 10. Climatología. — La temperatura que se disfruta en esta provincia es generalmente elevada, y, en algunos puntos, superior á las latitudes iguales del hemisferio boreal. Las sierras podrían dividirse también, como en Méjico, en calientes, templadas y frías, según su elevación sobre el nivel del Océano, su distancia de las costas y otras circunstancias modificadoras de los climas físicos. Las tierras bajas, ribereñas del Guadalquivir y sus afluentes, llamadas vegas en el país, son las más cálidas: el termómetro Reaumur suele marcar en el verano de 25 á 30° sobre cero; elevándose á mediodía dos ó tres grados más, cuando reina el viento solano; particularmente, los denominados recalmones. Ecija y su campiña es sin duda el punto donde más se eleva la temperatura, circunstancia que le ha valido el dictado de: la sartén de Andalucía. La de SEVILLA y sus contornos, así como la de todos los parajes bajos, alcanza tanta altura como la de Ecija, oscilando entre los 24 y 280 En el invierno raras veces baja el termómetro á cero; la temperatura es, por término medio, de 3 á 6° por las mañanas, y de 7 á 12°, á medio dia; descendiendo de nuevo á prima noche aunque no tanto como al amanecer. El otoño y la primavera se hallan entre estos dos extremos: el primero, es más húmedo, por lo común, que la segunda, debido, ya á las lluvias, que son más frecuentes en aquél, ya á las nieblas, que se observan en las inmediaciones de los ríos y que el sol disipa en el mayor número de casos; la primavera es más fresca cuando llueve copiosamente, que en tiempo de sequía; su temperatura media (entiéndase al aire libre y á la sombra), se encuentra entre los 15° próximamente hasta los 18 ó 20°, á que llega por Mayo. Los terrenos elevados ó de sierra ofrecen por lo regular, en todas las estaciones, tres ó cuatro grados de diferencia con las llanuras bajas de que hemos hablado; siendo pocos los días en que se experimenta mayor frío ó calor que los indicados. Las nevadas son rarísimas; especialmente, en las llanuras y terrenos bajos: en las sierras, situadas en la parte septentrional, más comunes; aunque siempre de corta duración. 11. Salubridad.—SEVILLA es una de las provincias más sanas de España. Propiamente hablando, no puede decirse que existan en ella enfermedades endémicas, debidas á causas puramente locales, si se exceptúan las calenturas intermitentes, que suelen desarrollarse en algunos parajes, producidas por la evaporación de las aguas, que las lluvias ó avenidas periódicas del Guadalquivir dejan estancadas en aquellos puntos. En la capital, como en las otras grandes poblaciones, se observan los padecimientos del sistema nervioso, la tisis pulmonar, las escrófulas, la raquitis y demás dolencias que originan el refinamiento de las costumbres, el uso exagerado de los corsés en las jóvenes, la falta de ejercicio templado, los vicios que minan las constituciones más robustas y siegan en flor la existencia de las más débiles; en una palabra: multitud de causas, que se resumen en los vocablos civilización y cultura, y que son peculiares, no á una localidad determinada, sino á todos los grandes centros de población del mundo. Las enfermedades esporádicas ó accidentales, resultado natural de las influencias de las estaciones, del abuso de los alimentos, bebidas ó cualquiera otro de los agentes modificadores de nuestra débil naturaleza, son muy variadas. En invierno, tienen lugar las afecciones catarrales, reumáticas, de pecho, parálisis y apoplejías completas: las pulmonías y pleuresías son mucho más graves en las sierras que en las llanuras. En primavera, predominan las erupciones agudas, como sarampión, escarlatina, viruelas, roseolas; miliar, eritema y erisipelas, y las fiebres inflamatorias y meningogástricas de Pinel, así que se aproximan los calores. En verano, sobrevienen los padecimientos de los órganos digestivos, calenturas, vómitos, diarreas, cólicos, algunos casos de cólera morbo esporádico é irritaciones diversas, en que domina casi siempre el aparato bilioso. En otoño, los males que se desarrollan, sin dejar de ser de índole parecida á los indicados, revisten cierto carácter de gravedad: las fiebres intermitentes se hacen tenaces y refractarias á todo tratamiento; en las agudas, aparecen frecuentemente las tendencias atáxicas ó adinámicas; los que padecen dolores reumáticos, artítricos, osteócopos ó de otro género, experimentan notables exacerbaciones, y los tísicos y consuntos raras veces sobreviven á esta estación. En la gente del campo, las enfermedades son más agudas y enérgicas; pero francas y regulares en su marcha: las leves, se curan fácilmente, sin necesidad de los auxilios del médico, bastando los propios esfuerzos de la naturaleza. 12. Geología.—La base de la Sierra Morena está formada de rocas graníticas, las cuales constituyen el núcleo de esta cordillera en toda su extensión. El granito presenta algunas variedades: en el reverso Norte, que separa el río Guezna del Guardabarba, el feldespato es rojizo, granado y terroso, con pequeñas láminas de mica amarillentas; en el islote del Pedroso pasa á una roca granitoide, sumamente friable (frágil), que se descompone fácilmente y produce grandes depósitos arcilloso-areniscos. En Castilbranco, el anfibol hornblenda forma parte del granito, dando lugar á una anfibolita, y en los puntos culminantes de la sierra escasea la mica en proporción al feldespato y al cuarzo, ocasionando rocas que se aproximan, unas, á la leptinita, y otras, cargadas de cuarzo, se hacen sumamente duras y consistentes. Los terrenos de granito presentan también diferencias notables en su elevación y forma: los hay que ocupan los niveles inferiores de la sierra, como en los valles del río Rumblar, cerca de Bailén; de San Miguel de la Breña, Guezna y otros; y los superiores, como en la meseta del Pedroso, en las cumbres de Santa Elena, cuestas de Montegil y Santa Olalla. La riqueza del granito está limitada á su empleo como material de construcción. Las rocas pertenecientes al grupo de cristalinas, son el micamixto, el esquisto meláfiro, los esquistos arcillosos, los tallosos, el calizo, las pizarras, cuarjitas, y de todas ellas se encuentran ejemplares en la Sierra Morena; y aun cuando los trastornos, que han sufrido estos terrenos, hagan muy difícil determinar el orden de superposición, por lo general, y partiendo de un islote de granito, siguen los estratos de estas rocas en la serie siguiente: 1.°, micaesquisto; 2.°, esquisto maelifero; 3.° esquisto arcilloso; 4.°, esquisto fal
coso, pasando á las pizarras grawacas, cuarcitas y calizos. Estas rocas se sustituyen unas á otras en su contacto con el granito en los diferentes distritos de la Sierra Morena. En una parte de la de Ronda, se encuentran terrenos calizos, notándose además que en las montañas de la costa de Levante, ó sea de las derivadas de las Alpujarras, son frecuentes las rocas ígneas, como la serpentina, que se presenta en las inmediaciones de Marbella. Los terrenos carboníferos no escasean tampoco en la provincia que se describe. En Alanis existe un depósito, formado de conglomerados, psamitas y de una roca arcillosa feldespática, compacta, de color amarillento, con manchas ocrosas y muchas impresiones vegetales de helechos; en el Biar, hay otro depósito carbonífero, con todos los caracteres de estos terrenos, esquistos aluminíferos, con impresiones de vegetales, capas delgadas de combustible y una pudinga, llamada chinorro por los operarios del país, que pertenece á los mismos depósitos. Las capas de este criadero son muy parecidas á las de Villanueva del Río, el cual está situado en el reverso meridional de los últimos contrafuertes de la sierra, al pie del Guadalquivir. La superficie del terreno forma un conglomerado ó pudinga, cuyos elementos adquieren en algunos casos grandes dimensiones, y, debajo de esta pudinga, se hallan las capas de hornaguera y de esquistos arcillosos negros, cargados de betún y cubiertos de impresiones vegetales. Los terrenos terciarios ocupan toda la extensión de la llanura, comprendida desde el Genil hasta los límites que la separan de la provincia de Cádiz, donde penetran y continúan hasta las orillas del Océano. Constituye estos terrenos una serie de depósitos, que empieza por los areniscos y siguen los calizos hasta los arcillosos inferiores: los primeros, ocupan, con los cantos rodados y calizos terrosos, la parte superior ó cabeza de las colinas; los segundos, cargados de restos orgánicos, la media; los arcillosos forman el fondo ó suelo de la parte llana del territorio sevillano. En los terrenos, que cubren las aguas del Guadalquivir en las grandes crecidas, hay unos depósitos recientes, que puede decirse que corresponden al período cuaternario ó actual, formados por el légamo, que aquel río arrastra en su corriente. Compone estos depósitos una arcilla rojiza muy fina, cargada de arena, y la cual levanta anualmente la superficie de los terrenos bajos de las orillas del Guadalquivir. Las capas delgadas, acumuladas por la acción lenta y continua del río, elevan sucesivamente los bajos de aquellas llanuras, convirtiendo las marismas en terrenos de pastos, primero, y preparándolos después para el cultivo. Resumiendo: en las llanuras de esta provineia se conocen también tres secciones: 1.2, la superior, que forma la cabeza de las colinas, compuesta de los depósitos arenosos de cantos rodados y arcillosos rojizos; 2.a, calizo ferroso, seguido de otro basto, formado de restos orgánicos; 3.a, grande capa de arcilla azulada, que constituye la base de los terrenos. 13. Mineralogía.—El suelo de SEVILLA contiene diferentes minerales útiles á las artes, con mayor ó menor abundancia en sus criaderos, conforme á los límites geognósticos marcados por su naturaleza especial. Así sucede que el hierro, la plata, el plomo, el cobre y el carbón, se encuentran en la Sierra Morena; la cal y las arcillas, en los terrenos terciarios de la cuenca del Guadalquivir, y la cal de Morón, en los arranques de la sierra de Ronda. Como materiales de construcción, se utilizan además: el granito de Jesena, el calizo de Alcalá, los cantos rodados del depósito terciario y otros. Los minerales de plata se extraían antiguamente de las minas de Almadén, de la Plata y de Cazalla. Tanto en esta como en otras localidades, aquel precioso metal se encuentra en filones y en los esquistos silurianos, compuesto de las variedades de plata sulfurada con antimonio y arsénico, sirviéndole de ganga la cal espática. El plomo es muy común en toda la sierra, en estado de súlfuro ó galena, y en filones intercalados entre las rocas estratificadas silecsianas inferiores; el cobre se halla también en la sierra, y el hierro se presenta con abundancia en las especies magnético, oligisto y hematitis roja y parda, propias de estos terrenos. Finalmente, la arcilla plástica se emplea en la fabricación de loza de Triana y en la de ladrillos, y la de cal de Morón, para el blanqueo interior y exterior de los edificios. 14. Aquas medicinales.—Las más notables de la provincia son sin duda las que se encuentran en los alrededores del antiguo monasterio del Tardón, situado en el término de Aznalcollar. Las aguas de este manantial son perfectamente diáfanas, inodoras, insípidas al beber; su temperatura en el surtidero excede en todo tiempo de 20° del termómetro Reaumur, y su densidad no la distingue del agua destilada. Su propiedad medicinal inmediata es producir la excitación de los tejidos de un modo más ó menos sensible: su acción específica, la que corresponde á todos los preparados de hierro: aumenta la actividad del aparato digestivo y del sistema vascular, y obra también secundariamente como laxante y diurética, en razón á las sales de óxido de magnesio que contiene. Su administración puede ser utilísima á los que padecen infartos glandulares ó de las vísceras abdominales; en la hidropesía, anasarca y en la ascitis; en la amenorrea, leucorrea y clorosis; en la gastritis y gastro-enteritis crónicas, pero de ningún modo en las agudas; en la emicranea periódica; en todas las irritaciones crónicas del aparato respiratorio, hasta el primer período de la tisis tuberculosa, siempre que estas afecciones no vayan acompañadas de fiebre ó hemoptisis; en las debilidades del órgano de la visión; en el escorbuto; en algunas parálisis; en los escirros del estómago y del útero: aun cuando inclinen á la degeneración cancerosa; en ciertos afectos del aparato urinario; en el prolapso ó descenso de la matriz; en la anquilosis y reumatismo articular, en todos los exantemas crónicos y úlceras de la piel, y, por último, en todas las enfermedades atónicas, y, particularmente, de la piel, cuando éstas no van acompañadas de dolor y fuerte enrojecimiento de la parte. Además de las indicadas, cuenta la provincia: los baños sulfurosos fríos, que existen en la villa de Marchena; el manantial, que tiene su origen en el pozo llamado de las Pedreras, cuyas aguas, salinas y metálicas de cobre, son muy útiles para la curación de las úlceras pútridas, y la copiosa fuente, enclavada en la villa de Ronda, tan eficaz contra los cálculos de la vejiga. 15. Producciones.—El clima, sumamente templado y benigno de este país, hace que la mayor parte de sus tierras sea susceptible de todo género de cultivos. Los productos agricolas comprenden toda clase de cereales, semillas, legumbres, frutas, hortalizas, vinos, aceites, lino, cáñamo, azúcar, algodón, anís, batatas y tabaco, sus bosques están perfectamente poblados de árboles de diferentes especies, de multitud de arbustos é infinidad de plantas medicinales; sus ríos y arroyos suministran sabrosa pesca de sábalos, sabogas, barbos, robalos, anguilas, lampreas, sollos y camarones; muchos pueblos, situados en las faldas de las sierras, abundan en piedra berroqueña, mármoles blancos y azules, y jaspes de varios colores y de excelente calidad. El ramo de ganadería es también considerable: el número de cabezas de ganado vacuno se evaluaba, no hace muchos años, en 92.852; el mular, en 27.929; el caballar, en 44.546; el asnal, en 47.805; el lanar, en 448.985; el cabrío, en 188.240, y el de cerda, en 140.618. La caza mayor y menor de pelo y pluma es tan variada y numerosa como exquisita. 16. Industria. — La provincia de SEVILLA es esencialmente agrícola, y en este concepto, sostiene ventajosamente la elaboracion de los objetos que se relacionan con la labranza. Entre las restantes manufacturas, la más notable es la de sedería, que raya en la perfección. En tiempo de Don Juan II contaba SEVILLA, según parece, más de 13.000 telares, dedicados á los tejidos de seda, tisú de oro, plata, casullas, ornamentos de iglesia y otros análogos, cuyos productos alcanzaron gran fama en los pasados siglos. A partir de aquella época, que fué la de su apogeo, este importante ramo vino decayendo lentamente, á lo cual contribuyeron en primer término: la industria de los Países Bajos,
dependientes de la corona de España, durante la dominación de la casa de Austria; las guerras y demás acontecimientos, que se sucedieron en tiempos de los reyes austriacos; el descubrimiento de América; la emigración á aquellas regiones de una parte de la población sevillana y la habilitación de Cádiz como puerto principal, destinado á sostener las relaciones mercantiles con América, en perjuicio del comercio de SEVILLA y en menoscabo de su riqueza y de su industria. Hoy sólo cuenta este ramo con alguna que otra casa, donde hilan y tiñen la seda; pero, en cambio, se han establecido en diferentes puntos fábricas que producen, según los adelantos modernos, excelentes sargas, tafetanes, rasos, felpas, gros y otros muchos géneros que, si no aventajan todavía á los de Valencia y Málaga, pueden competir con los de otros puntos de España. La provincia cuenta también: varios establecimientos donde se tejen creas, mantelerías y demás objetos de lienzo; filaturas de estambre, fábricas de loza, hierro colado, jabones comunes y de olor, esencias, pomadas, aceites, curtidos, aguardientes y licores, numerosos molinos harineros y de aceite, así como importantes fábricas de fundición, cuyo ramo toma tal incremento, que puede competir con la industria de las grandes ciudades fabriles. 17. Comercio.—El de SEVILLA puede considerarse como activo, relativamente al de otros puntos de la Península, toda vez que el valor de las exportaciones casi excede al de las importaciones. Las primeras consisten generalmente en trigo, cebada, maíz, garbanzos, aceite, vino, lanas, naranjas, aceitunas, palo de orozuz, corcho, loza, jabones de todas clases, tejidos de seda, lienzos, utensilios de hierro y otros diferentes géneros: los granos y semillas se extraen sólo para el reino; el aceite, para éste y el extranjero: las lanas, uno de los productos de mayor entidad de la provincia, se destinan á las fábricas nacionales y extranjeras; particularmente, á las de Francia; el corcho sale para Cataluña é Inglaterra, el palo de orozuz, otro de los artículos de comercio de más importancia, se exporta con destino á este último punto, donde lo emplean en la composición de sus bebidas. El país recibe: azúcares, café, cacao, tabaco y demás productos de nuestras colonias; cueros, de Buenos Aires y Montevideo; palo de tinte, del Brasil y Campeche; diversos frutos procedentes de A mérica; tejidos de seda, lana, quincallería, estampas, lienzos, cristal, loza de porcelana, utensilios de acero, maderas, carbón mineral, vinos de lujo, carruajes, pianos, relojes, maquinaria y otros muchos efectos, de Francia, Inglaterra, Bélgica, Rusia y Alemania; y de las provincias de España, multitud de objetos, como trigo, lanas y chacina de Extremadura; géneros catalanes y hierro y artefactos de este metal, construídos en Vizcaya. 18. Ferias.—Las más concurridas que se celebran en la provincia, son las siguientes: SEVILLA, en los días 18, 19 y 20 de Abril, y Mairena del Alcor y Carmona, el 25: Sanlúcar la Mayor, el 1.° de Mayo; Cazalla, el 3; Osuna, el 13. y Lora del Río, el 30; Burguillos, el 14 de Agosto; Carmona, el 15; Constantina, el 16, y Alcalá de Guadaira, el 20: Marchena, el 2 de Setiembre; Osuna, el 3; Utrera, el 8; Lebrija, el 10; Puebla de Cazalla, el 12; Ecija, el 21, y Coria del Río y Herrera, el 25: Santiponce, el á de Octubre. Los principales objetos del tráfico en estas ferias, consiste en aperos de labranza, comestibles, ganados, géneros de quincalla, ropas, dulces y otros artículos. 19. Etnogra fía.—Los naturales de esta provincia constituyen el tipo más perfecto del tradicional carácter andaluz, el cual reune, á la viveza natural y sensibilidad activa de los pueblos meridionales, la imaginación exaltada de los asiáticos, y algunas veces, hasta su indolencia. Los sevillanos, como todos los andaluces, carecen de la reserva, un tanto maliciosa, del castellano; de la terquedad y sangre fría del aragonés y de la franca y valerosa rudeza del catalán. Por regla general, son galanteadores, enamorados, pendencieros, vivos, alegres, bromistas, impresionables, decidores, jactanciosos, y, en ciertos casos, provocativos; pero de buen fondo, sobrios, sufridos, valerosos y liberales hasta la esplendidez. La algazara. la música, el baile, el gracejo y las fiestas de toros, constituyen su pasión favorita. De la prontitud con que conciben una idea, de la vehemencia con que la sienten y la significan, así como de la rapidez con que perciben las relaciones más ocultas de los objetos, nacen naturalmente ese estilo hiperbólico y ese lenguaje exagerado, lleno de oportunas metáforas, de brillantes imágenes y de ingeniosas agudezas, chispas eléctricas del espíritu, que tanto distinguen á los privilegiados hijos del país. De esta misma disposición, que forma el carácter peculiar del andaluz, se deduce, como consecuencia necesaria, su extraordinaria aptitud para la poesía y las bellas artes. En efecto; la estética interesa más al sentimiento que al raciocinio, y un pueblo, dotado de una sensibilidad tan exquisita, no podía menos que sobresalir siempre en las manifestaciones de aquella belleza ideal, que constituye el patrimonio de las artes ingenuas. La pronunciación andaluza es, aunque alterada, rápida, suave, sonora y perfectamente adecuada á la vivacidad natural de sus habitantes, debiendo advertirse que están dotados de una admirable facilidad para aprender con perfección todas las lenguas, á lo cual contribuye el elemento gutural que deben al árabe. Las clases bajas, sin embargo de los defectos de su articulación, expresan por lo común su pensamiento sin la menor violencia: en las ilustradas, se notan los efectos de la cultura, unidos á aquella disposición natural; de donde resultan la facilidad y soltura con que escriben y hablan, cualidades que han producido tantos personajes eminentes, los cuales sostienen con gloriosa ventaja la reputación de Andalucía en el foro, en el Parlamento y en el periodismo. En el traje, en los usos y en las costumbres, como en la formación del lenguaje figurado y poético á veces de los andaluces, ha influído mucho indudablemente la larga permanencia de los árabes en tan fecundo suelo, pues no hay en España, ni dialecto que contenga mayor número de voces orientales, ni pueblo que conserve más vestigios de la antigua fusión. No fuera justo terminar este bosquejo imperfectísimo, sin dedicar algunas palabras al gran milagro de aquella tierra, al sexo, verdaderamente bello, de la feraz y culta Andalucía. Generalmente hablando, la andaluza es pequeña de cuerpo, de tez algo morena, de pelo negro y abundante, de ojos grandes, rasgados y expresivos, de talle flexible y andar garboso; este cúmulo de hechizos naturales, unido á la energía casi tropical de sus pasiones, su cariñoso trato, su sabrosa conversación, su inagotable y gallardo chiste, su graciosa ironía, su esmero en el hogar, la dulzura de sus sentimientos, su noble constancia en el amor, sus virtudes y su honradez en la familia, hacen de ella uno de los tipos más envidiables de su sexo. La mujer en cuestión ha recibido del Oriente cierto resplandor que alumbra su belleza, como si fuese el aura misteriosa que da tanto embeleso á las mujeres de la Biblia y á la dama del castillo feudal. Una mujer, detrás de aquellas celosías verdes, es la virgen detrás del velo; es la estrella detrás de la nube; es la ilusión de los amores detrás de la gasa de la fantasía, en donde se ve lo que no se presiente; en donde se presiente lo que no se ve, uniéndose en círculos inmensos el deleite de la realidad y el espíritu de la adivinación. Cuando la mujer se concibe dentro de estos moldes del alma, la fea se convierte en hermosa, como no hay flor, que dejemos de codiciar, cuando adivinamos sus colores por entre el follaje de la enramada. Volvemos á decirlo, porque cumple á nuestro propósito: la mujer, rodeada de esa atmósfera de misterio, semejante al disco luminoso que corona la frente de los santos, más que mujer, es la poesía de la imagen; más que una criatura corporal, es un canto del corazón. ¡Ah! Si las mujeres comprendieran lo que realza su hermosura la sombra indecisa de un velo, ¡cuán distinto fuera el destino del mundo! Si ese misterio, de que hemos hablado, puede llamarse el aroma de la hermosura, debemos decir que la mujer de Andalucía es positivamente, entre todas las mujeres del globo, una de las que tienen más aroma. En ninguna parte se nota en el
tocado de la mujer tanta ilusión, tanto deleite, tanto hechizo, porque en ninguna parte hay tanta ciencia natural en punto á combinar colores. Tanto en la sevillana como en la labriega, se admira un gusto delicado; y si no delicado, pintoresco, en la manera de ataviarse, como en la elegancia del calzado y en la sobriedad de los adornos, cuyo adorno más exquisito es la sencillez, como dice la copla: «¡Ah! No fuera tan hermosa si tuviera galas mil, que el adorno de la rosa es nacer rosa de Abril.» A este tenor, dice también otra redondilla: «En la mundanal tramoya galas no quiso tener, que las galas de la joya son galas del mercader.» Del aire misterioso que circuye á la sevillana, resulta su carácter más elevado; es decir, su genio, el cual, como nadie, posee el enigma de saber ocultar lo que precisamente intenta hacer ver, en lo cual consiste el arcano del sexo. Toda la ciencia de la mujer está reducida á lo siguiente: querer, haciendo creer que no lo quiere, de donde el amor saca los encantos del galanteo, de la lucha, de la preferencia y del favor. Pero hay otro arte, en que la mujer de Andalucía no tiene rival entre todas las mujeres del mundo: el arte bellísimo de ponerse las flores; arte que no se aprende; arte que ha nacido con ella, como nace la rosa en el mes de Abril. En cuanto á la sutil industria de cautivar al hombre, las elegantes de todos los países pudieran aprender más de una traza oculta de nuestras hermosísimas y deliciosas compatriotas. Esa oculta traza, ese arcano insondable, esa eterna desesperación de las demás mujeres, tiene su nombre; se denomina: sal andaluza. Pero lleguemos ya al prodigio de los prodigios, que sin razón anda bajándose por los suelos, cuando debería ocupar la parte más alta, como rey que se sienta en su trono. ¿No coligen nuestros ilustrados lectores el portento á que nos referimos? Hablamos del pie, al cual es aplicable la siguiente cuarteta, modelo preciosísimo de redondillas: «Un pie que no sé pintar; pie que cabe, por lo enano, en el hueco de una mano que lo quiere aprisionar.» Bellísimos son los versos anteriores: nos parece que no los hay más bellos; pero entre el pie y la redondilla, aun siendo tan garbosa, estamos (¡el cielo nos perdone!) por el peligrosísimo pie de nuestras bellísimas paisanas, que bien merecen el estribillo y el requilorio de incomparables. Finalmente, haremos notar que Andalucía ha recibido de los orientales una virtud original, que pudiera servir de compensación á grandes defectos: la hospitalidad, el amor al hombre, la piedad con el desvalido. En Oriente, esta gran virtud, que se extiende á los animales, penetra hasta en las I creaciones artísticas como una especie de prestigio fantástico. 20. SEVILLA.—Ciudad metropolitana, capital de la provincia civil, marítima, tercio naval, intendencia, diócesis, distrito universitario y jurisdicción de su nombre; y residencia del Gobierno civil, de la capitanía general de Andalucía, de la audiencia territorial, de la delegación de Hacienda, de la Junta y Tribunal de Comercio, de la intendencia militar del distrito, de las subinspecciones de artillería é ingenieros, de los juzgados de primera instancia y de los cónsules y vicecónsules de Bélgica, Brasil, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Holanda, Inglaterra, Italia, Países Bajos, Portugal, Prusia, Suecia y Noruega. 21. Situación. —Esta suntuosa ciudad, insigne en los órdenes político y eclesiástico, y de las más distinguidas de España, se encuentra deliciosamente situada en el centro de una extensa y fértil campiña, á la margen izquierda del caudaloso Guadalquivir, sobre el cual tiene un magnífico puente de hierro, que la pone en comunicación con el populoso y celebrado barrio de Triana. Su situación astronómica está determinada, según observaciones repetidas y dignas de crédito, en los 37° 22/ 43" de latitud Norte y 2° 16' 9° de longitud Oeste del meridiano de Madrid: dista 503 kilómetros de esta capital y 76, de la desembocadura del Guadalquivir en el Atlántico, y se halla elevada á 89/742 metros sobre el nivel del mar. 22. Clima.—Es, como el de la provincia, templado y saludable, debido, en primer término, á una atmósfera limpia, purificada incesantemente por el inmenso arbolado que cubre sus paseos, y embalsamada con la fragancia que despiden los extensos naranjales y floridos jardines que circuyen la población. En el estío, el calor ordinario es de 23 á 25° de Reaumur, al aire libre y á la sombra; en los días más rigurosos de la canícula, de 28 á 29°: en el invierno, el frío más crudo marca de 3 á 4° sobre cero, á la salida del sol, y de 10 á 11°, en el resto del día. Las oscilaciones cotidianas de la temperatura suelen ser rápidas y frecuentes en la primavera y el otoño, observándose entre ambas estaciones una diferencia de 12 á 14 en las 24 horas. Por lo común, los nublados y las lluvias tienen lugar en los meses de Octubre, Noviembre y Febrero; los días serenos y apacibles, en los restantes del año. SEVILLA se halla, pues, en el 5° clima: su dia más largo tiene 14 horas, 32 minutos y 28 segundos; la duración de su mayor crepúsculo, es de una hora, 57 4° 23. Recinto de la capital.— Antes del ensanche últimamente realizado, la opulenta población de SEVILLA se componía de dos partes: la ciudad, propiamente dicha, y los arrabales. La primera, esto es, la ciudad, se hallaba circuida de una gruesa muralla, flanqueada de 116 torreones, cuya construcción se atribuye á Julio César; formaba una circunsferencia de 7 kilómetros próximamente y ofrecía 15 puertas, llamadas: Real, de San Juan, de la Barqueta, de la Macarena, de Córdoba, del Sol, del Osario, de Carmona, de la Carne, de San Fernando, de Jerez, del Carbón, del Aceite, del Arenal y de Triana: esta última estaba ornada de columnas dóricas pareadas, terminando en un precioso ático, adornado de pirámides. Insuficiente luego el recinto murado de la ciudad para contener el exceso de población, extendióse ésta por las afueras, y, edificando numerosas casas y grandes edificios, y estableciendo parroquias y conventos, llegó á constituir los arrabales, denominados de: los Humeros, la Macarena, San Ro que y la Calzada, San Bernardo, la Carretería y Resolana, el Baratillo, la Cestería y Triana. La capital afecta hoy la forma de un hexágono irregular y su perímetro, comprendidos los arrabales, quizás exceda de 19 kilómetros. 24. División local.—La población estaba dividida, desde muy antiguo, en cuatro cuarteles, subdivididos en barrios y manzanas; división hecha por medio de dos líneas, cuadradas en el centro: una, que iba en dirección de Norte á Mediodía, desde la puerta de la Macarena hasta el alcázar, y otra, de Occidente á Oriente, desde la puerta Real á la del Osario. La primera de estas dos líneas, que pu de consluerarse como una sola calle, aunque con distintas denominaciones, divide la ciudad en dos mitades, dejando: 15 parroquias, á la derecha, y otras 15, á la izquierda; razón por la cual tomó antiguamente el nombre de: calle del Padrón. Esta misma división es la que se adoptó después para el territorio de los juzgados de primera instancia y la que sirvió de base á la municipalidad, para cuyos servicios se halla dividida la localidad en 8 distritos. 25. Interior de la capital.—A la prolongada permanencia de los árabes, cuyo sistema de construcción se dirigía principalmente á evitar el riguroso influjo que ejerce el sol en el estío en los parajes meridionales, débèse que mayor parte dnds przas de la ciudad sean reducidas, y las calles, por lo general, estrechas y tortuosas. Sin embargo, después de las grandes mejoras realizadas en estos últimos años, SEVILLA ofrece ya multitud de calles anchas y rectas, sin otro desnivel que el necesario para dar corriente á las aguas; é infinitas plazas espaciosas y elegantes, como la Nueva, verdaderamente magnífica, de 150 metros de largo por 90 de ancho, circuida de hermosos edificios y adornada con doble hilera de naranjos, y las del Duque, Constitución, Triunfo y Abastos. Los solares que con tanta frecuencia se encontraban en medio de las calles más concurridas, han desaparecido, transfor
mándose en bellísimos jardines y edificios muchos de los conventos que antes ocupaban manzanas enteras. La arquitectura y distribución interior de las casas bastarían por sí solas á embellecer la ciudad, aun cuando no contase con las grandiosas construcciones, de que hablaremos luego, y que justifican el antiguo dicho vulgar: «quien no ha visto á SEVILLA, no ha visto maravilla.» Las casas son de 2, 3 y hasta de á pisos, de sólida construcción y de elegante arquitectura; con habitaciones de invierno, cómodas y perfectamente abrigadas con cierres de cristales, y hermosos patios interiores, cubiertos con toldos y llenos de macetas, artísticamente colocadas alrededor de las fuentes, que hacen deliciosísima la estancia en su recinto durante los fuertes calores del estío. El uso de la cancela, peculiar de la encantada ciudad de SEVILLA, como poéticamente la llamaba el inmortal duque de Rivas, aumenta el embeleso de aquellas mansiones de verano, permitiendo contemplar desde la calle el golpe de vista pintoresco, sorprendente, casi fantástico, que ofrecen aquellos sombríos jardines, adornados patios y lujosos corredores ó salas de recibo, alumbrados de noche con grandes farolas ó elegantes lámparas. 26. Edificios públicos y particulares.—Describir con más ó menos minuciosidad, todas las construcciones grandiosas que cuenta SEVILLA, sería tarea difícil que, á más de parecer molesta, nos alejaría demasiado de nuestro propósito; y, como quiera que éste se ha limitado siempre á dar una idea general de lo más notable que encierran las poblaciones, nos concretaremos á reseñar brevemente las más señaladas por su mérito artístico, ó bien por su importancia histórica.
1. Catedral. Constituye uno de los monumentos más importantes en su género que posee España, y es notable por sus grandiosas proporciones, su bella arquitectura, sus preciosos cuadros, su rico tesoro y su famosa Giralda. Conocida generalmente con el nombre de Iglesia mayor, se encuentra situada al Mediodía de la capital, formando una manzana, circuída de una extensa lonja, á la que dan ascenso, por las fachadas de Occidente, Norte y Oriente, unas gradas de más ó menos peldaños, hasta nivelarse con el pavimento de la parte meridional: de trecho en trecho, se destacan grandes trozos de recias columnas; unos, modernos; otros, pertenecientes á las construcciones romanas de la ciudad y á las ruinas de la vecina Itálica, los cuales contribuyen á hermosear el exterior de este edificio, de cuya magnificencia dice el señor Ceán Bermúdez lo siguiente: «No de otro modo que cuando se presenta en el mar un navío de alto bordo empavesado, cuyo palo mayor domina á los de mesana, trinquete y bauprés, con armonioso grupo de velas, cuchillos, grimpolas, banderas y gallardetes, aparece la catedral de SEVILLA desde cierta distancia, enseñoreando su alta torre y pomposo crucero á las demás naves y capillas que le rodean con mil torrecillas, remates y chapiteles.» Esta exacta pintura revela la agradable impresión que produce el aspecto exterior de un templo, en donde se han agrupado, para embellecerlo, todos los primores de las arquitecturas gótica, germana, greco-romana, árabe y plateresca. Aparte una vieja muralla morisca, resto de una mezquita, situada al lado del Norte, sostenida por gruesos estribos y coronada de almenas y buhardas, el conjunto del edificio pertenece á fines del siglo xV y comienzos del XVI: las obras dieron principio en 1480, y en 1519 se hallaban bastante adelantadas para la celebración del culto divino. La planta de este templo, digno rival de los más suntuosos de la antigua Grecia y de la potente Roma, es cuadrilonga; mide 132 metros de longitud, de Oriente á Occidente, por 96 de ancho, de Norte á Mediodía, y presenta nueve puertas, adornadas casi todas con estatuas de barro cocido, hábilmente ejecutadas por Lope Marín, distinguiéndose entre aquéllas: la llamada de San Cristóbal, que da al Mediodía y cerca de la cual pintó al fresco Luis Vives un san Cristóbal de 10 metros de altura, y la del Lagarto, que mira al Norte, y en que se ve suspendido un enorme reptil que, según se dice, envió el sultán de Egipto al rey Don Alfonso el Sabio. El interior de la catedral consta de cinco naves, sin contar las 37 capillas laterales, y está alumbrado por 93 ventanas, guarnecidas de magníficas vidrieras, pintadas por algunos artistas flamencos. El efecto, es majestuoso de todo punto; ninguna iglesia de España presenta proporciones tan imponentes. La nave del centro tiene ocho bóvedas, además del cimborio y de la capilla real, colocada á la cabeza del templo, fuera del cuadrilongo indicado, y contienen 36 columnas ó pilares, de 50 metros de elevación, compuestos de lindas palmas, graciosamente agrupadas. El ornamento de las 68 empinadas bóvedas es sencillísimo, excepto las cuatro que se ven próximas al valiente cimborio y respaldo del altar mayor, que ostentan caprichosos follajes de estilo gótico; en las restantes nótanse sólo resaltos en los pilares, y arcos y cimbras en los marcos de las ventanas, en los nichos y en los graciosos calados de los andenes, que dan vuelta á la nave principal, al crucero y á las terceras naves, desde aquél hasta la puerta de la capilla de San Fernando. El pavimento está formado de grandes losas de mármol blanco y negro, cuyo costo ascendió á muy cerca de dos millones y medio (2.329.561 reales 31 maravedises). La capilla mayor se halla á la altura del templo: su grandioso retablo, que constituye la obra más celebrada, pertenece á la arquitectura gótica; es de una madera incorruptible, llamada alerce; se compone de 44 tableros, delicadamente esculpidos, en que se representan en bajorrelieves los principalés pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, y en él trabajaron, durante sesenta y ocho años, los más famosos artistas. El tabernáculo en que se conserva la sagrada Eucaristía, es de plata sobredorada y está considerada como una obra perfecta en su género. El coro se halla cerrado por elegantes verjas de hierro dorado, y contiene en sus frisos figuras de reyes y patriarcas de los ascendientes carnales de Jesucristo; una sillería, compuesta de 127 asientos, de estilo gótico; dos órganos, admirables por la acertada distribución de sus registros y azcrlantes, voces; an, mgmnéeco feris tol, ejecutado en 1570 por Bartolomé Morel, y algunos cuadros notables. La capilla real, que es la obra más suntuosa de la gran basílica, pertenece en parte á la arquitectura romana; tiene 27 metros de largo, por 20 de ancho, y da entrada al interior un arco de 29 de altura, decorado con 12 estatuas de reyes de las Sagradas Escrituras. Este arco aparece cerrado hasta la cornisa por una gruesa reja de hierro, en cuyo remate se destaca la figura de san Fernando á caballo, en el acto de recibir las llaves de la ciudad, que le entrega Axataf, puesto de rodillas. El frente de la capilla es semicircular en la parte que ocupa el altar mayor y presbiterio: de un zócalo, que rodea toda la fábrica, arrancan 8 pilastras con capiteles, donde descansa la cornisa, en cuyo friso resaltan varios genios con lanzas en la mano. En esta cornisa principia la cúpula, compuesta de fajas con recuadros, cerrando el todo una hermosa linterna con ventanas. Una bien ejecutada baranda de bronce separa la capilla mayor de las colaterales; dos espaciosas escalinatas dan ascenso al presbiterio semicircular, y entre ellas, se halla el altar y la urna en que se conserva el cuerpo de san Fernando. Esta urna, colocada sobre un zócalo de jaspes, con varios tarjetones de bronce, en que se leen diversas inscripciones relativas á la vida, muerte y canonización de aquel monarca, es de plata, oro, bronce y cristales, guardando en su construcción el orden plateresco, con adornos y relieves alusivos á pasajes de la historia del regio personaje, cubierto con la armadura con que solía presentarse en campaña, compuesta de gola, brazalete, peto y espaldar, grabados de oro; calza entera y espuelas. Esta misma capilla contiene además otros varios sepulcros, el pendón del ejército y la espada que el santo rey ceñía el día que hizo su entrada en SEVILLA. Entre las capillas anteriormente citadas, son dignas de mención especial: la de San Pedro, que encierra un magnífico retablo de estilo greco-romano y diversos cuadros de Zurbarán; y la del Baptisterio, en donde se admira el famoso lienzo de san Antonio de Padua,
del inmortal Murillo, obra portentosa de la inspiración del genio, una de las creaciones más sublimes é inimitables que han producido los artistas de la antigüedad y de la Enropa moderna. La sacristía mayor corresponde al orden plateresco, y en algunas partes, al compuesto, y, por lo general, recargada de adornos, así en los cuatro grandes arcos, que sostienen la bóveda y linterna, como en los postes que se levantan y en las medias columnas estriadas, de estilo salomónico, de cada lado, que basan en pedestales, puestos sobre zócalos. Esta capilla guarda preciosos cuadros de Murillo; un riquísimo tesoro; el tenebrario, candelero triangular de bronce, que sostiene 15 cirios, para el rito y ceremonial de semana santa, terminada por 15 figuras que representan á Jesús, sus apóstoles y discípulos; numerosas alhajas de oro, plata y pedrerías, en que resaltan la elegancia y el gusto artístico, y una custodia de plata de á metros de alto, de majestuoso é indescriptible golpe de vista, cuyas parihuelas conducen en las procesiones 24 hombres, cubiertos con riquísimos frontales, bordados de oro y plata, con pasajes de la Sagrada Escritura. La sala capitular corresponde á los órdenes dórico y jónico: es bellísima, de figura elíptica y comprende una circunferencia de cerca de 38 metros. De la cornisa arranca un cuerpo jónico de 1’388 metros de altura con 16 pedestales y otras tantas columnas estriadas en los dos últimos tercios que dividen aquella circunferencia en 16 espacios, terminando en una cornisa, donde principia la altiva bóveda ó media naranja, que remata en una linterna de 2’508 metros de elevación y 4’932 de longitud, dando luz por 8 ventanas, separadas por pilastras corintias. En los pedestales del cuerpo jónico se ven las armas del cabildo; en los 16 medallones de mármol, varios pasajes del Nuevo Testamento y visiones del Apocalipsis, y en los 8 basamentos, las cuatro virtudes é igual número de tarjetas, alternando con inscripciones, grabados de reconocido mérito. La célebre Giralda es una torre cuadrada, construida por los árabes hasta las tres cuartas partes de su altura, á la cual añadieron luego los cristiános un segundo cuerpo, sobre cuya elevada cúspide colocaron una colosal estatua de la Fe, que sirve de veleta giratoria. Las obras ejecutadas por los moros están decoradas de esculturas de un género mucho más sencillo que las de los otros edificios. En el interior de la torre hay una rampa de anchura tal y pendiente tan suave, que pueden subirla de frente varios jinetes hasta la misma altura donde empiezan las construcciones de los cristianos, desde cuyo paraje el ascenso se verifica por una escalera más rápida, compuesta de varios tramos. A la entrada de la nave principal se distingue una losa sepulcral, que recuerda que fué allí inhumado Fernando Colón, hijo del famoso navegante genovés. En este mismo sitio es donde se levanta en semana santa el magnífico monumento, de 33 metros de elevación, suntuosamente decorado de elegantes columnas y bellísimas estatuas, cuyo conjunto armónico, profusamente iluminado en las noches del jueves y viernes santo, produce un efecto maravilloso, é indescriptible. Finalmente, el cirio pascual que se enciende el sábado santo, pesa sobre 1.025 kilogramos, y el candelero de bronce que lo sostiene, es una imitación exacta del que existe en el templo de Jerusalén. 2. Impresión del templo. Vamos á decir dos palabras sobre las impresiones que se experimentan en el interior de la suntuosa basílica. Las enormes ventanas ojivales, con sus preciosas vidrieras de varios colores, comunican al templo una luz indecisa, confusa, indefinible, cuya atmósfera opaca, casi nebulosa, infunde en nuestro espíritu un patético, verdaderamente avasallador, bella y profunda poesía del templo cristiano. Aquí se comprende que el cristianismo no es la religión de la luz, sino la revelación de la sombra; no es la religión de la alegría y del placer, sino el entusiasmo del martirio y la apoteosis del dolor; no es el dogma de la figura, sino el dogma augusto del misterio. Por esto sucede que el supremo ideal del arte cristiano es la santa Madre de Jesucristo, la Virgen María, puesta de hinojos al pie de la cruz, redimiendo la conciencia del mundo con el aroma húmedo de una lágrima, historia sublime de su vida, arcano incomprensible de su corazón, perla divina de sus ojos, de donde nuestros ojos recibieron la luz y la esperanza. Hay en la catedral de SEVILLA una aura apacible y deliciosa, que parece ser el aliento de un genio amoroso, el cual adormece nuestro espíritu con las bellezas de la Biblia, entre la plegaria de Sion y el canto del Profeta. En la basílica del Vaticano se admira al Altísimo; en la catedral de SEVILLA se cree en Dios: allí se ve un cielo; aquí se le adora.
3. Acta. Persona autorizada nos ha dicho que el acta ó acuerdo, en que quedó resuelta la erección del gran monumento, que hemos examinado, decía así: Fagamos un templo tal e tan grande, que los venideros nos tengan por locos. No sabemos qué admirar más en los anteriores vocablos; si la sencillez conmovedora de la expresión, ó ese aire de heroicidad y de gallardía, que constituye el fondo del carácter antiguo. A tal empresa, tal palabra; á tal monumento, tal inscripción; á tal piedra, tal frase. ¡Dichosos los que así pensaron! ¡Dichosos también los que así lo dijeron! 4. El alcázar. Antiguo palacio, de construcción morisca, fundado, según se cree, por Abda-Lasis, y aumentado y renovado después por Don Pedro I de Castilla. Este grandioso edificio está situado en la plaza del Triunfo, al Sudsudeste de la catedral. Entrando por la puerta de la fachada que mira al Norte, se encuentra una gran cancela de hierro que sirve de puerta á un magnífico patio cuadrado, el cual presenta 24 arcos, sostenidos por 52 columnas de mármol, cuyos calados y labores están ejecutados con singular primor. El piso aparece cubierto de mármoles, elevándose en el centro una sencilla fuente. El artesonado de las galerías es de exquisito gusto, y en sus muros, adornados de graciosos arabescos, se destacan las armas de Castilla y las del emperador Carlos V. La pieza más notable de este alcázar es sin duda el salón de Embajadores. Forma un cuadrado perfecto, de 10 metros por lado, y las hojas de su puerta son de Alerce con vistosísimos embutidos y una inscripción árabe. En el testero de la sala y centro de las paredes colaterales, hay dos preciosas columnas de pulido jaspe, en las cuales descansan tres arcos que dan entrada á los departamentos contiguos; los ricos calados y labores de estos arcos pueden sólo compararse con el finísimo bordado de un encaje; los muros, desde el suelo hasta la media naranja, se hallan cubiertos de azulejos y adornos de estuco, de gran mérito, cuyos brillantes y permanentes colores, mezclados con el oro, dan mayor realce y grandiosidad. Hacia la mitad de su altura, presenta cuatro lindos balcones, que corresponden al piso alto, sobre los cuales, y descansando en una ancha franja de arabescos, con caprichosos relieves, leones, barras y castillos, se ve una serie de medallones con los retratos de los reyes de España, desde Chindasvinto hasta Felipe III. Esta sala, según probable opinión, fué testigo de la muerte dada por los maceros del rey Don Pedro á su hermano el infante Don Fadrique, cuya sangre salpicó las paredes y á la que se atribuyen algunas manchas, que en ellas se advierten. El piso alto es en su mayor parte de la época de Carlos V, salvo los artesonados de las piezas del jardín, una de las cuales, cubierta de labores, se remonta al tiempo de los árabes. En la parte meridional se encuentra el llamado Departamento del Rey, cuyas habitaciones dan á una galería con mirador de excerente arquitéctura, desdé el cuar se pasaba hasta la Torre del Oro por otra galería, que cruza por las murallas de los jardines. Estos se hallan adornados de fuentes, surtidores, estatuas y cubiertos de naranjos, jazmines, enredaderas y otras diversas plantaciones. 5. La casa de Pilatos. Este edificio, propiedad de los señores duques de Medinaceli, presenta una grandiosa portada de mármol, de orden corintio, perfectamente trabajada, y termina, como toda la fachada, por un cuerpo de arquitectura con antepecho, que circuye á una extensa azotea: sus balaustres están coronados de pequeños leones; y en las pilas tras se ven grabadas las cinco cruces
de Jerusalén. El primer patio y el anchuroso apeadero, que le sigue, sostenido por airosas columnas de mármol, abren paso á un segundo patio claustrado, que es el principal. Sus cuatro espaciosas galerías, que apoyan 24 columnas de mármol, forman otros tantos arcos lindísimos, caprichosamente desiguales en su ancho y adornados de preciosos arabescos. Constituyen el revestimiento de estas galerías un primoroso alicatado de azulejos de relieve, de diversos y vistosos dibujos y colores, distinguiéndose alrededor, colocados en ménsulas ó pequeños pedestales de piedra, varios bustos (de mármol) de Césares y otros personajes ilustres de la antigüedad. En el centro de este patio se destaca una bellísima fuente de alabastro, adornada con cuatro delfines y una gran taza, sobre la cual se eleva un notable busto de Jano: en los ángulos del frente, se ven dos colosales estatuas de Palas, y los escudos son dignos de encomio por su exquisito y difícil trabajo. Por este patio y después de atravesar un salón, revestido también de un alicatado de azulejos, se pasa á la capilla, digna de admiración por su estructura, los adornos de las paredes y los arabescos y calados que, como un velo transparente de encaje, la adornan y cubren completamente, sin excluir la bóveda y el arco de entrada. El salón del Pretorio es también admirable por su rica ornamentación y soberbio artesonado, cubierto de oro, en cuyo centro campean los escudos de armas de los marqueses de Tarifa y duques de Alcalá. En el otro ángulo del patio hay un regio salón cuadrado, con fuente y saltador en medio, alicatado de azulejos, y un precioso artesonado, de vistosas maderas, talladas é incrustadas de oro. El jardín de este lado, que es el principal, espacioso y repartido en I1 cuadros, tiene en el centro una elegante fuente de taza, y está poblado de naranjos, limoneros y jazmines. Conduce al piso principal una magnífica escalera, adornada con caprichosos alicatados de azulejos de relieve y riquísimos arabescos; sus descansos son espaciosos y bien repartidos, con artesonados de oro, y la media naranja que corona el cuerpo de esta escalera, así como la cornisa que le sirve de base, están consideradas como un verdadero prodigio del arte humano. 6. Casas capitulares. La parte principal de este edificio, situado en la plaza de la Constitución (San Francisco), mira á la calle de Génova y consta de dos cuerpos: en el primero, hay cuatro pilastras, perfectamente talladas, colocadas de dos en dos, y, en el espacio que separa cada pareja, se ven las columnas de Hércules con el plus ultra, las armas de la casa de Borgoña y dos medallones con bustos ya mutilados: un arco, revestido de follajes, forma en el centro la puerta, que es de dos hojas y está adornada con relieves y delicados frisos. Cuatro columnas, que guardan simetría con las pilastras del primer cuerpo, constituyen el segundo: están labradas con esmero; en sus espacios se distinguen dos bustos de guerreros, y, sobre la puerta del centro, las armas de la ciudad y las del cabildo eclesiástico, como testimonio de la concordia que existía entre ambas corporaciones. A la izquierda de esta fachada y formando escuadra, se ve otra igual, con dos puertas: el primer cuerpo presenta seis pilastras, sobre las que descansan otras tantas columnas corintias, que componen el segundo, con cuatro ventanas, que dan luz á las piezas del archivo. La fachada que mira al Oriente consta, como la principal, de dos cuerpos: el primero, es la admiración de los inteligentes; el segundo, arranca desde el cornisamento con seis pedestales y otras tantas columnas adornadas de relieves, con cinco ventanas de distintas dimensiones y formas en los intercolumnios. Sobre las principales columnas, estribando en sus capiteles, corre otro cornisamento, con un buen arquitrabe y seis pilastras talladas, en medio de las cuales se halla la puerta, entre dos columnas cubiertas de relieves con muchos grotescos y follajes. En el espacio que dejan las pilastras, hay cuatro ventanas: en el centro de las dos primeras se destacan las armas de SEVILLA; sobre las segundas, dos medallones con bustos. Las seis pilastras terminan en capiteles de diversas formas, con un caprichoso friso, en que se ven las armas imperiales. La puerta de esta fachada es también de dos hojas, en que aparecen grabadas de relieve las armas de la ciudad y las del imperio, y por ella se pasa al vestíbulo, cubierto con dos bóvedas de estilo gótico, distinguiéndose: en éstas, un gracioso florón; entre sus perfiles, varios genios, escudos y cabezas de notable hermosura, y al frente, en la parte superior del muro, un templete exornado con esta inscripción: CONCILIUM NOBILISSIMÆ CIVITATIS HISPALENSI Frente á la puerta principal se levanta un arco gótico, que da ascenso á la escalera, que es de piedra, espaciosa y cómoda, y, por una puerta, bastante pequeña, se pasa á la sala capitular baja, sobre cuya clave se eleva un templete, que representa á san Fernando sentado, con la espada en la mano derecha; y el globo, en la izquierda, y á los lados, los santos Leandro é Isidoro, arzobispos de SEVILLA. La sala tiene próximamente once metros de largo por ocho de ancho; el pavimento es de preciosos mármoles blancos y negros; las paredes están suntuosamente decoradas hasta el friso de la bóveda, la cual se halla enriquecida de exquisitas labores y fajas de molduras, formando 36 recuadros, que ocupan los bustos de los reyes de España. Los medios puntos, que reciben el artesonado, contienen, entre otros asuntos alegóricos, las virtudes teologales y cardinales y las bien ejecutadas estatuas de los tres personajes arriba mencionados. Después de las nuevas obras, ejecutadas en este edificio, entre las que se cuentan la gran fachada de piedra, levantada por la parte que corresponde á la plaza de la Libertad, y el elegante pabellón, recientemente construído, pocas serán las casas consistoriales de España que aventajen á las de SEVILLA en magnificencia, suntuosidad y riqueza artística. 7. Palacio de San Telmo.— Este antiguo seminario de mareantes, residencia actual de los señores duques de Montpensier, se encuentra admirablemente situado á orillas del Guadalquivir, en medio de bellísimos paseos y jardines, que lo convierten en mansión deleitosa, cercada de las pintorescas vistas que ofrecen el caudaloso río, el celebrado barrio de Triana, los bonitos pueblos y las deliciosas vegas, que circuyen la capital. La extensa fachada de este notable edificio consta de dos cuerpos: el primero, con ventanas, y el segundo, con balcones, practicados á igual distancia; distinguiéndose en cada uno de sus ángulos una torre ó mirador, que termina con agujas y pararrayos. La portada septentrional es de precioso mármol y está decorada con algunas estatuas; pero la profusión de caprichos, hojarascas y dibujos raros que la cubren, hace difícil determinar el orden arquitectónico á que pertenece. El patio principal es de forma cuadrada, bastante espacioso, con arcos que descansan sobre pilares de ladrillos, y contiene un reducido y bien cultivado jardín, con una elegante fuente en medio. En el ángulo meridional de este patio y frente á la puerta del edificio, se encuentra situada su bellísima iglesia, compuesta: de una nave, con pilastras y cornisa de orden corintio; un pequeño crucero, cinco altares y una media naranja y linterna. A la derecha de la entrada, en el referido patio, se ve una gran escalera de jaspes encarnados, construida en 1796. Finalmente, las reformas hechas en el local y el extraordinario lujo y magnificencia desplegados en el ornato de todas y cada una de las habitaciones, han convertido el palacio de San Telmo en una morada verdaderamente encantadora, digna de los elevados personajes que la ocupan. 8. El Consulado 6́ Casa-Lonja.—Se encuentra situado al Mediodía de la catedral, enteramente aislado y circuído de una anchísima lonja, cercada de gruesas columnas con barras y cadenas flotantes de hierro, á la cual se sube por varias gradas. El edificio, considerado como uno de los mejores de SEVILLA, fué construído de orden de Felipe II, bajo la dirección de Juan de Minjares y según el diseño presentado por el célebre Juan de Herrera. La planta forma un cuadrado de 55 metros, 671 centímetros de latitud, por cada frente, y 17554 de altura hasta el antepecho, que lo termina. Se
compone de dos cuerpos de arquitectura toscana, sin otro adorno que unas pilastras pareadas, que dividen cada una de las fachadas en I1 espacios. El todo del edificio aparece coronado por una balaustrada de piedra, y sobre las pilastras asientan unos pedestales cuadriláteros, que sostienen gruesas bolas, salvas las de las esquinas que presentan una gran pirámide. Las dos puertas centrales de las fachadas del Norte y Occidente abren paso al interior, comunicándose esta última, que es la principal, con un pequeño vestíbulo, formado por dos bóvedas redondas. En la segunda de éstas se halla la escalera, construída á fines del pasado siglo: es de ricos jaspes de Cabra, que cubren los costados hasta el nivel del piso superior, y consta de cuatro tramos, con once gradas cada uno, y tres espaciosas mesetas. Enfrente de la segunda, que es la mayor y donde cambia la escalera de dirección, se distingue un templete de orden jónico, compuesto de un cuerpo de dos columnas estriadas, que sostienen el arquitrabe, asentada sobre dos pedestales de la misma altura que el zócalo; y sobre la cornisa, otro cuerpo con las armas de España y dos columnas dóricas con la inscripción: Plus ultra. Diez arcos; seis de ellos, embutidos en el muro, asientan sobre el primer cuerpo de la escalera y sostienen el artesonado, compuesto de multitud de rosetones cuadrados, los cuales contienen preciosos florones, prolijamente tallados en piedra: en el centro se ve la linterna, cerrada por una bóveda circular, sostenida exteriormente por un gracioso cuerpo de orden corintio, compuesto de ocho airosas columnas. El vestíbulo superior corresponde al edificio: lo forman ocho arcos, que reciben cuatro semicirculos, y en ellos estriba la magnífica bóveda, cuyos casetones van disminuyendo de tamaño según se aproximan al cerramiento, donde aparecen las armas de España, esculpidas en piedra. Frente á la escalera hay dos puertas: la de la derecha, comunica con una escalera de ocho tramos desiguales, verdadero modelo de ingenio y valentía, pues está construida completamente al aire; la de la izquierda, conduce al famoso archivo de Indias. En el quinto tramo de la citada escalera se ve una pequeña puerta, la cual da entrada á las azoteas, que circuyen el patio, y el todo se encuentra cubierto por una bóveda formada de escamas que van disminuyendo progresivamente de la circunferencia al centro; y en medio del cual campea un escudo con estas iniciales: J. H. S. El patio es magnífico; tiene próximamente 20 metros cuadrados y 16 de elevación, y lo constituyen 20 arcos redondos, que corresponden al orden arquitectónico del edificio. Rodea este patio una espaciosa galería de 25 bóvedas. las cuales descansan, al Norte y Mediodía, en ocho robustos machones, que reciben los arcos, destinados á comunicar con los dos grandiosos salones que forman los vestíbulos. Todo el pavimento del piso bajo está compuesto de exquisitos mármoles blancos y negros, y en medio del patio se eleva una elegante fuente, adornada con la estatua de Colón. 9. La Torre del Oro. Este renombrado monumento de la antigüedad, que unos atribuyen á los romanos y otros á los árabes, fué construido, al parecer, para la defensa de la entrada del río y se hallaba en comunicación con la fortaleza del alcázar, por medio de una gruesa muralla, que enlazaba con la de la puerta de Jerez. Esta torre, situada, aisladamente, sobre la margen izquierda del Guadalquivir y derecha del Tagarete, presenta un esbelto poliedro, sobre la base de un dodecágono de tres cuerpos: el primero, coronado de almenas, contiene tres pisos, que ocupan las oficinas de la comandancia del puerto; el segundo, guarda la misma forma arquitectónica, y el tercero, que se cree sirvió en otro tiempo de faro, aparece cubierto de un cupulino, revestido de azulejos, sobre el cual se iza la bandera española en los días que exigen esta ceremonia. La obra es toda de sillería y su interior corresponde á su elegante arquitectura: la escalera, que da ascenso á los pisos de que hemos hecho mérito, es ancha y cómoda, con arcos redondos, que van dando vueltas en la misma dirección que aquélla; al segundo cuerpo se llega por un bien construído caracol, y desde su altura se contemplan deliciosas y sorprendentes vistas en una inmensa extensión. Esta torre figura mucho en la historia de Don Pedro I de Castilla, pues le sirvió para guardar sus riquezas, durante la encarnizada guerra promovida por sus hermanos, y de morada á doña Aldonza coronel, por los años de 1258, mientras que conservó relaciones amorosas con aquel monarca. 27. Estadística. — SEVILLA cuenta: 132.798 habitantes; muchos templos y conventos; un magnífico acueducto de 410 arcos, denominado Caños de Carmona; hermosos edificios de particulares; academias: de Buenas Letras, de Medicina y Cirugía, de Jurisprudencia y Legislación; sociedades: económica de Amigos del país; Sevillana de Emulación y de Fomento; una universidad, fundada en 1502, con buenos gabinetes de física, química, mineralogía y zoología y un jardín botánico, institutos provincial y local; escuelas: libre de Medicina y Cirugía, elemental de Industria y de Comercio, de Bellas Artes, normales de maestros y maestras, privadas de niños y niñas, públicas municipales y de instrucción primaria; colegios: médico de SEVILLA, de farmacéuticos, de sangradores y dentistas, de segunda enseñanza, preparatorios para carreras especiales y de niñas nobles; seminario conciliar; círculos; asociaciones mercantiles, de obreros y de ingenieros industriales; hospitales, asilos de mendicidad, casa de expósitos y de arrepentidas, hospicio y casas de socorro; cuarteles, parque y otros edificios militares; cárceles públicas, galera y presidio peninsular de SEVILLA; varios cementerios, buenos mercados, excelentes fondas, lujosos cafés, elegantes teatros, acreditados establecimientos de baños, nutridas bibliotecas públicas, privadas, interesantes colecciones de los archivos de la América española, desde el descubrimiento de Cristóbal Colón; ricos museos de pintura y escultura, preciosas galerías de cuadros de particulares, varias fuentes, lindísimos paseos y unos alrededores de lo más florido y pintoresco que presenta España. 28. Término municipal.—El área del término de SEVILLA mide próximamente 12.420 hectáreas, 15 áreas y 26 centiáreas, y linda: con los términos de la Rinconada, empezando en la orilla del río, cerca de la hacienda de los Comendadores; con el de Carmona, por el olivar de la hacienda de Torre Palma; con el de Alcalá de Guadaira, próximo á un arroyo que divide la dehesa de Matamoros, mirando al olivar de la hacienda de San José; con la villa de Dos Hermanas, en el sitio de Puente Horadada, y con la Algaba, Santiponce, Camas, Salteras, Castilleja de la Cuesta, San Juan de Aznalfarache y Tomares, sirviendo de límites, entre estos últimos pueblos, el cauce del río, Ilamado Madre Vieja del Guadalquivir. 29. Calidad y circunstancias del terreno.—Ef territorio comprendido en el término de SEVILLA presenta una superficie perfectamente llana. Sus dehesas son de monte bajo y secano: las márgenes del Guadalquivir, de primera calidad, merced al excelente abono que les suministran los continuos desbordamientos de este río, cuyas aguas, detenidas por las subidas de las mareas, tienen tiempo suficiente para depositar en ellas el sedimento que arrastran. El terreno es generalmente tenaz y á propósito para la mayor parte de las plantas primaverales, por la frescura que conserva; lo demás del término, flojo, de miga, ó arcilloso, y silíceo, ó arenisco. De regadío sólo se conocen las huertas y naranjales. Campiña.— Lk gran nknure que la circuye, está destinada á viñas, cortijos, haciendas, caseríos y dehesas, que abundan en naranjos, limoneros y toda especie de árboles frutales y plantaciones, siendo su vega un extenso y ameno verjel. 31. Industria.—La de la capital que se describe, es considerable y sostiene: acreditadas fábricas de tabacos, curtidos, cristales, loza, jabones, gas, pianos, naipes, cartones, sombreros, tejas, ladrillos, velas de sebo, almidón, fósforos, aguardientes, tapones de corcho, cerveza, bebidas gaseosas, azúcar refinada, tinta de imprenta, pastas finas, extracto de regaliz, sillas, paraguas y sombrillas, albayalde, fieltros, cartulinas, azule
jos y chocolates; cañones, pólvora, cápsulas, tejidos de seda, hilo, algodón y lana, fundición de hierro y demás artes y oficios que exigen las necesidades de su crecida población. La industria minera se halla regularmente desarrollada, siendo varias las minas de carbón de piedra, cobre, hierro, plomo y plata, en actual explotación. 32. Comercio.—Con la apertura de diferentes vías férreas, entre ellas, las de SEVILLA á Jerez y Cádiz, y de Córdoba á SEVILLA, el comercio de esta capital ha experimentado un progreso considerable. Las importaciones consisten principalmente: en telas de algodón, hoja de lata, quincallería, paños, lienzos finos y hierro fundido de Inglaterra; drogas, tejidos de lana, especería y acero de Francia; sederias, manteca y queso de Hamburgo; madera de construcción y bacalao de Suecia; cacao y palo de tinte de América; azúcar, canela, pimienta, te de Filipinas, y objetos de lujo de China: las exportaciones, en aceite, algodón, carnes saladas, cera, naranja, jabón, harinas, papel, zinc, vinos, plomo, cobre, loza, corchos, aceitunas, garbanzos y pasta, que se distribuyen, particularmente, entre Inglaterra, Francia, Bélgica, Cuba y Puerto Rico. El comercio de cabotaje se reduce: á aceite de almendras, procedente de las Baleares; arroz y seda en rama, de Valencia; mármoles y batatas, de Málaga; suela, becerros, jamones y huevos, de Galicia; algodón y productos químicos, de Cataluña; higos de Lepe, pesquerías y salazones del litoral de Océano Atlántico y chacina de varios puntos de la sierra. 33. Los patios de las casas, especialidades, copla.—Durante el verano, las familias ricas hacen su vivienda de la planta baja, aderezando sus espaciosos patios con sillerías, espejos y lucernas, cuyo precioso panorama aparece doblemente exornado por las fuentes, rodeadas de flores. En aquellas moradas hechiceras se toca el piano y se baila, mientras que la sombra de las sevillanas, reflejándose alternativamente en los espejos, en las paredes y en las baldosas, tiene el encanto maravilloso de las deidades griegas. Al contemplar aquel espectáculo, sin ejemplo en el mundo, se enseñorean deliciosamente de nuestro espiritu dos alucinaciones, en que entran de un modo confuso el sentimiento de la belleza y la emoción de la mujer; esa emoción indefinible, luz y gozo del alma, que es la gran poesía del mundo, porque es la poesía de Dios. En el instante de crear al hombre, el Soberano Artífice hubo de pensar; en el instante de crear á la mujer, hubo de sonreir. Nuestros ilustrados lectores advertirán sin duda que profesamos á las mujeres un amor sin limites. ¿Cómo no las hemos de amar, cuando abrigamos la esperanza de que nuestro polvo será humedecido por las ardientes lágrimas de una mujer? Cuando pensamos en que esa mujer ha de arrodillarse sobre nuestra losa, imaginamos que nuestro polvo ha de sentir su llanto; se nos figura que nuestras cenizas han de escuchar hasta el eco de sus suspiros. ¿Cómo no hemos de amarla en vida, cuando la amamos en la eterna soledad de la muerte? Finalmente, SEVILLA presenta cuatro especialidades únicas en el globo: los patios, el pan, los molletes y las aceitunas. No parece sino que la suerte hizo de ella la ciudad regalada, como dice la copla: SEVILLA, para regalo; Madrid, para la nobleza; para tropas, Barcelona; para jardines, Valencia. 34. Poblaciones.—Las más populosas é importantes de la provincia, después de la capital, son las siguientes: 1.a Ecija (la Stigis de los romanos). Ciudad antiquísima. ilustre y grande, situada en el camino real de Andalucía, á orillas del Genil, en una comarca pintoresca por los accidentes de su terreno y la variedad y lozanía de la vegetación. El clima que disfruta, es sumamente suave en invierno, pero excesivamente cálido en el estío, por lo que ha recibido el nombre de la sartén de Andalucia, como queda dicho en otro lugar. El suelo, poblado de extensos olivares, produce crecidas cosechas de trigo, aceite y exquisitos pastos, con que se mantiene numeroso ganado vacuno, mular, lanar, asnal, cerdal, y una excelente raza de caballos. A la industria agrícola hay que añadir varias fábricas de tejidos, sombreros y otras manufacturas: el comercio se ocupa de la extracción de granos, aceite y ganados en grande escala. La ciudad contiene: 24.979 habitantes, una buena plaza Mayor, circuída de pórticos; notables monumentos y edificios, arrogantes torres, magníficas iglesias, varios conventos, hospitales, hospicios, y una deliciosa alameda adornada de estatuas. Ecija alcanzó grande importancia en los pasados tiempos, como lo atestiguan las muchas inscripciones y antigüedades romanas, que aun conserva; ocupó el tercer lugar entre las poblaciones de la Bética; fué uno de los conventos juridicos en que dividieron á España los romanos, y colonia, bajo el nombre de Augusta Firme. 2.a Osuna. Bellísima ciudad, situada al pie de un elevado cerro, en forma circular, y á la entrada de una extensa llanura, con 16.883 almas. Su vistoso campo, poblado de olivos y frutales, es feracísimo en granos, vino, aceite, plantas diversas, semillas de toda especie y abundante ganado. La población posee elegantes edificios, iglesia colegiata, hospitales, cuarteles, deliciosos paseos, un notable acueducto de piedra, abierto á pico en una extensión de más de 200 pasos; buen instituto, industria de espartería, molinos aceiteros y comercio considerable de los productos de su suelo. Osuna ocupa el sitio de la antigua colonia germánica urbanorum, famosa por los sucesos de César contra los Pompeyos, y por ser patria del célebre Evrando, alférez de la legión 13.a, llamada ursaonenses, el cual alcanzó en tiempo de Trajano el singular honor de ceñir á sus sienes 29 coronas. La ciudad ostenta por armas un castillo; y sobre la puerta, una ventana, en la que se ven dos osos encadenados. 3.* Carmona. Ciudad notable, alegrísima, de las más alegres del mundo, asentada sobre una colina, en medio de una fertilísima vega, con calles bien trazadas, buen caserío, buenas iglesias, magníficas casas consistoriales, varios hospitales, muchos conventos y una población de 15.344 habitantes. En su término se cultivan olivares y viñedos, y se colectan cereales, frutas y hortalizas: sus montes están poblados de chaparros, jarales y otros arbustos. Su industria es de alguna consideración, con fábricas modernas de paños, sombreros, curtidos, aguardiente y multitud de molinos aceiteros, cuyos artículos son al mismo tiempo objeto de un singular tráfico. Carmona existía en la época de los romanos, bajo el nombre de Carmonia, y César le concedió el título de ciudad. Entre las numerosas antigüedades que todavía conserva, citaremos las vastas ruinas de su castillo y la puerta de Córdoba, que ostenta un bellísimo trozo de arquitectura, preciosa reliquia del arte antiguo. 4.” Morón de la Frontera. Población riquísima, colocada entre cuatro cerros, á unos 3 kilómetros de la margen derecha del Guadaira. Su campiña, abundante en semillas de toda clase, aparece cubierta de hermosos olivares, que producen exquisito aceite; y en su término se encuentran preciosos mármoles. La población está bastante bien edificada, y cuenta: 14.949 almas, seis plazas públicas, una buena iglesia gótica, antigüedades romanas, fábricas de sombreros, jabón blanco, cal, yeso, vidriado, tejidos, aceite y una estimada raza de cabaltos. Su comercio es considerable en productos del pais. Morón, que se cree que ha de ser la antigua Arunci, tiene por armas un caballo blanco ensillado, con las riendas cortadas, en campo rojo, y corona por timbre. 5.a Utrera (Iliturge Vericulum). Es también una de las poblaciones más ricas de España, situada en el confin meridional de la provincia, en un inmenso valle, cubierto de arbolado y que riega el río Salinas. Contiene 14.001 habitantes; dos iglesias parroquiales, una de ellas de estilo gótico, notable por sus cinco naves y altísimo campanario; cuartel de caballería, grandes alamedas, dehesas; huertas y olivares; fábricas de sombreros, vidriado, jabón, almidón, curtidos y aceite; comercio de ganados; particularmente, de caballos andaluces de una raza muy estimada; y en
los alrededores, abundantes salinas.: 6.a Marchena. Villa con ayuntamiento, cabeza de partido judicial de su nombre, enclavada en la pendiente de dos colinas, á 54 kilómetros de distancia de SEVILLA. Es residencia de una comandancia militar y de un tribunal eclesiástico, y posee: un palacio notable, la catedral de San Juan, buenas fábricas de tejidos, mucho ganado caballar, famosas aguas minerales, establecimientos de baños y 13.224 almas. Marchena fué dada en 1509 por el rey Don Fernando el Católico á Don Rodrigo Ponce de León. 7.a Lebrija. Villa enclavada en el término jurisdiccional de Utrera, á 10 kilómetros del Guadalquivir, muy recomendable por la hermosura de su cielo, la salubridad de su clima y la fertilidad de sus campos. La población está bien construída y cuenta: 13.224 almas, tres hospitales, un colegio, iglesia parroquial, regular industria y abundante cosecha de aceite, de que se hace un considerable comercio. Esta villa, construida sobre los cimientos de la antigua Nebrissa de los romanos, alcanzó grande importancia bajo la dominación de los moros; en 21 de Marzo de 1264 quedó incorporada á la corona de Castilla, y, durante la guerra de la Independencia, fué tomada por los franceses. Lebrija es patria de Juan Diaz de Solís, descubridor del Río de la Plata, y del insigne humanista Antonio de Lebrija, sabio maestro de Isabel la Católica. 8.a Constantina. Villa situada en el centro de la misma sierra, con 10.386 almas, hospitales. iglesia parroquial, canteras de piedras, minas de plata y hierro, molinos aceiteros y fábricas de aguardiente. Desde la altura en que se asienta la población, se distingue un horizonte extenso de país montuoso, variado y pintoresco en grado sumo. La villa fué fundada por el emperador Constantino, y en ella suelen encontrarse vestigios é inscripciones que recuerdan la época de la dominación romana. 9.a Estepa. Es cabeza de partido judicial, se halla circuida de extensos olivares y ocupa una elevada altura, que domina su fértil y dilatada campiña. Tiene anchas y rectas calles, hospital, iglesias parroquiales; una de ellas, de estilo gótico, construida por los moros, escuelas de latinidad y de instrucción primaria, restos de una antigua fortaleza y 8.663 habitantes. Su industria se halla representada por algunas fábricas de paños y molinos harineros, y el comercio exporta gran cantidad de aceite y granos. Créese que fué erigida en recuerdo de la antigua y memorable Astepa, cuyas monumentales y gloriosas ruinas se descubren aún junto al Genil. Siendo aliada de los cartagineses, fué sitiada por los romanos doscientos años antes de nuestra era, y sus moradores, faltos de recursos para continuar la lucha é inspirados tal vez por el heróico ejemplo de Sagunto, amontonaron sus riquezas en la plaza pública, y hombres y mujeres se arrojaron á las llamas. 10. Cazalla de la Sierra. Villa enclavada en la parte septentrional de la provincia, en la Sierra Morena, con 8.177 almas, alrededores deliciosos, aguas abundantes y exquisitas, fábricas de licores y aguardientes, minas de plata y carbón de piedra y molinos aceiteros. Son dignas de visitarse la ermita de la Virgen del Monte y la Cartuja. 11. Alcalá de Guadaira. Villa con ayuntamiento, colocada á 13 kilómetros Estesudeste de la capital, con excelentes condiciones higiénicas y en un territorio regado por las aguas del Guadaira, fecundísimo en granos y poblado de espesos olivares. Su población asciende á 7 964 almas, y constituye su principal industria la panadería, por lo que se le da también el nombre de A lcalá de los Panaderos. Son dignas de visitarse en esta población las ruinas de su famoso castillo, desde el cual se contemplan deliciosísimos paisajes. 12. Lora del Río. Villa importante, cabeza de partido judicial de su nombre, situada en la llanura que se extiende entre el caudaloso Guadalquivir y la vertiente meridional de Sierra Morena, con 6.772 habitantes, una iglesia parroquial notable, dos hospitales, fábricas de sombreros, curtidos, paños, seda y tejidos de lana; aguas minerales, crecidas cosechas de aceite y un castillo, desde donde se descubren magníficas vistas. Esta población fué tomada á los moros en 1243 por el rey San Fernando, y tiene por armas la cruz de la orden de San Juan de Jerusalén. 13. Viso del A lcor. Villa con ayuntamiento, enclavada á corta distancia de Alcalá de Guadaira, en un terreno llano y pedregoso, con 6.319 habitantes, buenas cosechas y regular industria. 14. Montellano. Villa situada en la jurisdicción de Morón, á 60 kilómetros de SEVILLA, con 6.319 almas, fábricas de jabón, tenerías, numerosos molinos de aceite y de harina, comercio de pasas, y en las inmediaciones, canteras de jaspe, imán y minas de plata. 15. Sanlúcar la Mayor. Notable ciudad, cabeza del partido judicial del mismo nombre, situada en la parte más elevada de un frondoso valle, regado por el Guadiamar. La población tiene la forma de una cruz, se halla dividida en cuatro cuarteles y contiene: 3.777 habitantes, magníficas fuentes, escuelas de minas, buenas Casas Consistoriales, bellísima situación topográfica, abundantes cosechas de frutas y aceite, manufacturas de jabón y tejas, molinos aceiteros, sabrosos pastos y pintorescas vistas, verdaderamente envidiables. 16. Luisiana. Población nueva, fundada bajo el reinado de Carlos III, á 72 kilómetros de la capital de la provincia, en una llanura, con 1.656 almas, campiña feraz y aguas minerales. 17. Santiponce. Villa con ayuntamiento, enclavada al Oeste, y en la jurisdicción de SEVILLA, sobre la margen derecha del Guadalquivir, con 1.362 habitantes, un hermoso monasterio de jerónimos y curiosas ruinas de un vastísimo anfiteatro romano. La población se encuentra en el mismo sitio que ocupara la antigua Itálica, y es patria de los emperadores Trajano y Teodosio, así como del famoso poeta Silio Itálico. 35. Historia.—I. Tiempos primitivos. El origen de SEVILLA es completamente desconocido, no obstante las investigaciones de los sabios; si bien puede desde luego considerársele como una de las ciudades más antiguas de la famosísima Bética. Edificada, según algunos historiadores, por los primeros íberos, hubo de verse después asaltada por los celtas, á quienes siguieron las invasiones de los pueblos más ilustrados y poderosos de la antigüedad. Los fenicios y los griegos llegarían probablemente á este privilegiado suelo por medio de su tráfico marítimo, y su comercio le proporcionaría nuevas riquezas y prosperidades; hasta que Cartago, penetrando en nuestro territorio y enseñoreándose de toda la Bética, se aprovecharía sin duda de las ventajas que le ofreciera SEVILLA, la cual vino desde entonces significándose bajo el nombre de Hispalis. Hasta aquí las apreciaciones, más ó menos fundadas, de los antiguos geógrafos, pues la historia de la insigne población que nos ocupa, no empieza realmente á ser conocida hasta la época de la dominación romana. Declarada la guerra entre César y los hijos de Pompeyo, lucha terrible, que vino á terminarse en este país y que decidió de la suerte del mundo, entonces conocido, grande debería ser la importancia que alcanzara SEVILLA, cuando, tomada por César, después de la derrota de los pompeyanos en la famosa batalla de Munda, dispuso éste que se perpetuara la memoria de aquel acontecimiento en el calendario civil de los romanos, grabándose en el día 9 de Agosto: Hoc die Cesar hispalium vic. Bajo César, la ciudad tomó el nombre de Julia Rumulea, y, bajo Augusto, fué elevada á la categoría de colonia romana y convento jurídico. De los pueblos enclavados en su demarcación, Plinio cita los siguientes: Celti, Aria, Axati, Arva, Cánama, Ilipa (apellidada Ilia), Itálica, Osset (cognominada Julia Constancia), Vergento (llamada Genio del César), Orripo, Caura, Siarum; al alcance de los esteros del Betis, Nebrissa (denominada Veneria), Colobona, y la colonia Asta; en el Mediterráneo, Asido (cognominada Cesariana); de la Beturia Céltica, Seria (llamada Fama Julia), Nertóbriga (apellidada Concordia Julia), Segeda (con los dictados de Restituta Julia), Contributa (denominada
también Julia), Ucultunia (nombrada después Cúriga), Laconimurgi (dicha Constancia Julia), Teresia, Cale, Acínipo, Arunda, Arucci, Turóbriga, Lástigui, Alpesa, Sisapo y Serippo. La reducción de todos estos pueblos á la geografía moderna, revela cuán grande era su extensión entre los distritos, encabezados, al Este, por Ecija, y al Sur, desde Medina-Sidonia, por Cádiz, comprendiendo, por el Norte, la Puebla de los Infantes, y limitado, al Oeste, por el Guadiana. El mismo Augusto le concedió el privilegio de acuñar moneda con su nombre, siendo varias las que se conservan con los dictados de: Colonia Romulea; Estrabón menciona á SEVILLA, con su propio nombre de Hispalis, que prevaleció durante toda la dominación romana, como ciudad ilustre, colonia de romanos y emporio donde se mantenta el comercio; Mela la incluye entre las poblaciones que apellida clarísimas; Plinio la cita con los dictados de Colonia romulense; y Ptolomeo le da el notable de metrópoli, aludiendo sin duda á su cualidad de convento jurídico, puesto que en su: época no se conocían todavía las metrópolis políticas. Por otra parte, los grandiosos monumentos, que la ciudad atesora, cuyas preciosas reliquias se ofrecen aún á la afanosa mirada de los hombres estudiosos; la robusta muralla, que determinaba el ámbito de la antigua Hispalis; las notables cloacas, construidas para la limpieza de la población; el famoso acueducto, llamado Caños de Carmona; sus hermosos mármoles, ilustrados por los eruditos Pérez, Bayer, Flórez, señores de la Academia de Bellas Letras de SEVILLA y otros ilustradísimos escritores; sus suntuosos palacios, levantados en la Puerta del Sol y el convento de trinitarios, y, por último, sus magníficos templos erigidos á Hércules, á Baco, á Marte y á Venus, atestiguan la magnificencia y el poderío que alcanzara la ciudad querida de César, cuando cayó bajo el dominio de los bárbaros del Norte.
II. Tiempos medios. La potente Hispalis se vió presa, en 411, de los vándalos silingos, cuyos caudillos debieron establecer en ella su residencia, en cuanto lo permitiesen las necesidades de una dominación tan agitada; por los años 419 fué tomada por los godos y, en 420, por los vándalos de Galicia. Estos últimos vencieron á los romanos, pasaron á las Baleares, volvieron sobre SEVILLA y, al dirigirse luego Gaiserico á la Mauritania, empezaron nuevas guerras entre suevos y romanos, hasta que, dominando, por fin, los godos, ocupó definitivamente la ciudad, en 441, el rey Bechila El primer monarca godo, que estableció su corte en SEVILLA, fué, según unos, Amalarico, y, según otros, Theudis; cuyo sucesor, Theudiselo, vivió y murió violentamente en esta ciudad, por la incontinencia con que trataba á las mujeres de los magnates. En 590 y 619 se celebraron en el recinto de la población dos concilios, presididos respectivamente por san Leandro y san Isidoro, cuyas obras constituyen uno de los monumentos más notables de la literatura hispano-latina, correspondientes á la época de los godos.—En la primavera del año 712, los sarracenos, llamados por el traidor Don Opas, tío de Witiza, como auxiliares para la reposición de su destronada familia, sitiaron la población, que hubo de capitular, después de un mes de vigorosa resistencia. El nombre de Hispalis, adulterado por la pronunciación de los nuevos conquistadores, se vió entonces sustituído por el de Esbilia, el cual paró más tarde en el de SEVILLA, que actualmente la distingue. Dueño Muza de la ciudad, donde fué recibido en triunfo, se dirigió hacia la Lusitania, dejando encomendado el gobierno de aquélla á Isab, hijo de Abdila el Towel de Medina; pero un alboroto popular, que causó á los musulmanes una pérdida de 80 hombres de su guarnición, dió margen á que Abd-el-Aziz, marchando sobre SEVILLA con un crecido ejército, por orden de su padre Muza, pasara á cuchillo á una gran parte de los habitantes, y, entregando luego la ciudad á algunas tribus árabes del Yemen, para reponer las bajas ocasionadas en el vecindario, á consecuencia de aquella bárbara medida, salió para los pueblos meridionales. Llamado Muza por el califa, en 713, dejó el mando supremo de la Península á su hijo Abd. el-Aziz, el cual, fijando definitivamente su solio en SEVILLA, se consagró al desempeño de su cargo, auxiliado por la célebre Egilona, viuda del infortunado Don Rodrigo, último monarca godo, cuyo cetro quedó sepultado en las márgenes del Guadalete. Degollado Abd-el-Aziz, en 715, por mandato del califa, una junta de caudillos eligió, para sustituirle, al esclarecido musulmán Ayub, cuya primera disposición fué trasladar su asiento á la ciudad de Córdoba, con lo que quedó SEVILLA reducida á un gobierno, si bien importante, dependiente de aquélla y adjudicada con su distrito y el de Niebla á los de Hemena ó Hemesa, en el empadronamiento de tribus y baldíos, realizado por Abul-Khatar. La grande entidad de SEVILLA continuó reconociéndose desde luego por la importancia de los caudillos, que obtenían su gobierno, y el papel que representara en todos los trastornos civiles, que vinieron á despedazar el poder de los musulmanes. En Setiembre ú Octubre de 844, penetraron por Guadalquivir y combatieron la ciudad los ejércitos normandos, quienes prosiguieron trabajando mucho tiempo el litoral de España; pero á la presencia de Abd-er- Rahmán, que había acudido en socorro de la población, retiráronse aquéllos, no sin derribar antes las murallas y destruir los edificios, que fueron levantados nuevamente por el emir. En 890, nuevas guerras civiles estallaron en el país, cuyo gobierno se disputaron con empeño los hijos de Abdalá; y en 903, el principe Kasem incitó al vecindario á negar sus tributos á Córdoba, el cual fué reducido por el emir. De esta suerte vino SEVILLA figurando siempre en los trastornos, que agitaron á los musulmanes, como era propio de su grande importancia, hasta que una serie de acontecimientos la puso, con la provincia, en las manos del famoso Mohamed, hijo de Ismail, apellidado Abu-el-Kasem, quien con su hábil política, logró alzarse con la soberanía independiente de la ciudad y sus dependencias, y, tomando el título de Mohamed I, fundó, en 1021, el reino muslímico de SEVILLA. La ambición desmedida de este poderoso y sagaz soberano puso en constante alarma á los demás potentados musulmanes: el de Carmona, sufrió pronto sus embates, viéndose precisado á recurrir al apoyo del de Málaga; fuerzas combinadas de estas dos poblaciones consiguieron un triunfo sobre las de SEVILLA; pero Mohamed, amenazado después por una liga mucho más poderosa, consiguió con su astucia vencer y arrojar del país á sus enemigos, alcanzando con sus victorias y entronques un poder asombroso. A su muerte, acaecida en 24 de Enero de 1042, fué proclamado su hijo A bed, á quien presentan los historiadores como una excelente persona, dotada de entendimiento claro y de imaginación viva; pero sensual, mujeriego é inhumano; tanto, que siendo príncipe, tuvo un serrallo de 70 beldades, número que elevó á 800, cuando empuñó el cetro, y en su alcázar llegó á reunir multitud de tazas, hechas de cráneos de personas distinguidas y ricamente adornadas, entre las que figuraban: la cabeza del emir Yahyah, hijo de Aty; la del ministro Ebu Haz-Wun; la del esclarecido Ebu Schud y otras no menos notables.
Abed, que llegó á descollar sobre todos los emires españoles, murió el 2 de Abril de 1069, á los 57 años de edad y 28 de su reinado, sucediéndole en el trono su hijo Mohamed II, el cual venía ya terciando en los negocios del gobierno. Este rey, tercero y último de SEVILLA, se distinguió por su valor, su bondad, su esplendidez y su numen poético; dispensó gran protección á las ciencias y sostuvo, con más ó menos fortuna, diferentes guerras; pero, tomada la ciudad en ó de Setiembre de 1091 por los ejércitos de Yusuf, fué hecho cautivo y conducido á Aghmat, donde murió en 1095, en medio de la mayor miseria, extinguiéndose con él la esclarecida estirpe de los Beny-A bed y el reino musulmán de SEVILLA, á los 70 años de su erección. En el arreglo que hizo Yusuf de los dominios españoles, cupo á esta ciudad y su distrito una fuerza permanente de 7.000 caballos. En 1114 dispuso en ella Ahmed la formidable lucha religiosa, que produjo la caida de los
almoravides y precipitó la de todos los musulmanes de Occidente. SEVILLA fué después sitiada y tomada por los almohades, quienes la dominaron por espacio de 102 años; pero orillamos desde luego los detalles de este interesante período histórico, hasta dar con los ruidosos acontecimientos, que precedieron á su caida y allanaron la conquista á los cristianos. En 1.° de Junio de 1211 llegó á esta ciudad el emir el-Mumenin-Mahomed el-Nar, cuya presencia en la Península llenó de terror á todos los príncipes cristianos; pero éstos, aprestándose á la defensa, lograron derrotar en las Navas de Tolosa al temido jefe moro, el cual se vió forzado á repasar el Estrecho, no sin desahogar antes su resentimiento contra los caudillos andaluces á quienes atribuyó la causa de su desastre. En los alrededores de esta misma ciudad empeñaron una sangrienta batalla los hijos de Abdel-Mumen-Abu-Zeyd y el Ola, el cual mandaba las fuerzas de su hermano el Adhel y fué vencido, terciando á favor de Zeyd 20.000 caballos cristianos. De este modo, destruyendo las guerras el poder musulmán, pasó el país á manos de reyes extranjeros; y SEVILLA, para evitar su tiranía, estableció una especie de república y se gobernó con sus magistrados propios, mientras que en otras partes se alzaban los caudillos indígenas con ínfulas de soberanos. El desorden llegó por esta época á su más alto grado, revelándose en todas partes la desunión, el encono y la debilidad de los musulmanes. En la primavera de 1248 puso cerco á SEVILLA el ejército cristiano, de donde resultó que el 19 de Noviembre (día memorable para la historia patria) se entregaron al rey San Fernando las llaves de la ciudad, terminando así en ella la dominación musulmana á los 536 años de haberse establecido. Posesionadas las tropas de la población, ocupó el monarca el alcázar, se aseguraron las fortalezas y coronaron de cruces las torres y mezquitas. La emigración de los árabes obligó al conquistador á poblar de nuevo la ciudad, á cuyo efecto adjudicó á sus vasallos, libre de todo tributo, las casas y haciendas de los emigrantes, con cuya medida y merced á las ventajas naturales de su suelo, volvió en breve á presentarse SEVILLA tan fuerte y populosa como antes. Muerto el rey Fernando el 31 de Mayo de 1252, en el momento en que disponía una importante expedición al Africa, pasó la corona á su hijo Don Alfonso, apellidado el Sabio, bajo cuyo reinado recuperó SEVILLA su antigua importancia, siendo el grande apoyo de todas las empresas militares, que se intentaban contra los moriscos. El nuevo soberano estableció en la ciudad escuelas de latín y árabe: se declaró decidido protector de las ciencias y celebró Cortes en 1282, para tratar de la guerra contra los musulmanes. Después de su muerte, acaecida en Abril de 1284, ocuparon el trono sucesivamente: Don Sancho el Bravo, quien reunió Cortes para reformar abusos introducidos en las revueltas pasadas; Fernando IV, el cual mandó arrojar de lo alto de una roca á los dos hermanos Carvajales, y Alfonso XI, quien, en 1330, ejecutó paces con los moros, entregándose después á sus amores con doña Leonor de Guzmán. Sucedió á este monarca Don Pedro I de Castilla, llamado por unos, el Justiciero, y por otros, el Cruel, el cual legó á las generaciones venideras la memoria de su rectitud, oscurecida por los abusos de autoridad, á que frecuentemente le arrastraban el impetu de sus pasiones y la indómita violencia de su carácter. Entre los numerosos atentados de este monarca, que las historias cuentan, citaremos: el cometido contra su propio hermano Don Fadrique, muerto á su presencia en el alcázar de SEVILLA, año 1358; el asesinato de doña Juana Lara, compañera inseparable de la desgraciada reina Doña Leonor, en 1359; y las muchas ejecuciones de personas distinguidas, realizadas por orden suya en 1360. Aprovechándose el bastardo Don Enrique de la ausencia de su hermano, quien había ido á celebrar Cortes á la ciudad de Burgos, entró en SEVILLA, cuya población, recordando sin duda los desmanes de su antecesor, le dispensó una entusiasta acogida. Pero como en aquellos calamitosos tiempos de instabilidad y desorden, todo se hallaba sujeto á la ley de mudanzas repentinas, el rey Don Pedro, que se había retirado fugitivo á Portugal, acompañado de algunos de sus parciales, logró al año siguiente (1367) rehacerse y entrar de nuevo victorioso en la ciudad de San Fernando, matando, entre otros varios personajes, á Micer Gil Bocanegra, á don Juan, hijo del señor de Marchena, y á doña Urraca de Osorio, madre de don Juan Alfonso de Guzmán. Fué verdaderamente célebre la ejecución de esta noble dama, por el exceso de crueldad que manifestó el monarca, mandando quemarla viva, y la gran heroicidad que demostró doña Isabel Dávalos, doncella de la Osorio, la cual, so pretexto de tener las faldas á su señora y evitar que se descompusieran, se arrojó en las llamas pereciendo con la noble víctima, cuya increible resolución la hizo tan noble como ella. El funesto desenlace que, en los campos de Montiel, tuvo la lucha fratricida entre Enrique de Trastamara y el rey Don Pedro, llevó al bastardo á SEVILLA, donde se le recibió de nuevo con grandes demostraciones de júbilo, regresando en 1369 á la ciudad de Toledo. Las grandes revueltas, ocurridas en 1392, entre los partidarios de Alvar Pérez de Guzmán y Pedro Ponce y los amigos y deudos del conde de Niebla, provocaron la cólera de Don Enrique, hasta el punto de hacer ajusticiar á mil hombres, que aparecían como más culpables. En 1395, fué arrestado el arcediano de SEVILLA, como promovedor de los escándalos y excesos cometidos contra los judíos III. Tiempos modernos. SEVILLA fué la primera población de España que tuvo reloj, el cual quedó colocado en la famosa torre de la Giralda el día ó de Julio de 1400. Tres años después, llenó de consternación á la ciudad un desbordamiento del Guadalquivir, cuyas aguas llegaron hasta la iglesia de San Miguel y puerta de las Atarazanas, y en 1435, volvió á amagarla otra avenida, no menos espantosa, del mismo río. En 1463 apareció la población dividida en dos bandos, capitaneados por dos arzobispos, que se disputaban la silla episcopal, y como se acudiese al rey, dispuso éste que se devolviese la posesión al prelado más anciano, que lo era don Alonso de Fonseca, pariente de su rival y del mismo apellido, castigando de muerte á los que aparecieron como más culpables del alboroto. En 1465 tomó parte en una liga tumultuosa con la ciudad de Córdoba y los poderosos del país: las conmociones se sucedían como encadenadas y costó no pocos esfuerzos á Don Enrique el cortar, sólo momentáneamente, las diferencias que la traían perturbada. En 1480 quedó establecido definitivamente en SEVILLA el odioso tribunal del Santo Oficio, que llegó á contar en su distrito hasta 4.000 ministros, comisarios, notarios y familiares, extendiendo después su terrible jurisdicción por toda España. La conquista de Granada que redondeó á los Reyes Católicos la posesión de las Andalucías, vino á amenguar la importancia y grandeza de la ciudad. El 10 de Agosto de 1519 partió de SEVILLA el intrépido Magallanes para el descubrimiento del estrecho á que dió su nombre, y en 3 de Marzo de 1526, se celebraron en ella las bodas del emperador Don Carlos y Doña Isabel, hermana mayor del rey de Portugal. Bajo el reinado de Felipe II, llegó á alcanzar el grado de consideración que revelan las siguientes frases de un conocido historiador: «Es á la sazón la marina mercante de España muy superior á la de Francia y aun á la de Inglaterra, y sobrepuja á todos con su prosperidad suprema SEVILLA, emporio de la opulencia y del primor. Imponen sus comerciantes la ley á Veracruz y Porto-Bello, y con el oro de Méjico y del Perú señorean los mercados de Berbería, Roma, Génova, Florencia, Venecia, Nantes, la Rochela, Londres y Lisboa.» En 1595 y 1626 sufrió la población dos nuevos desbordamientos del Guadalquivir, que causaron, particularmente el último, la ruina de más de 3.000 casas y la muerte de multitud de personas y ganados; y en 1684, diezmó al vecindario el terrible azote de la peste. Después de la conquista de América, tuvo esta ciudad por espacio de mucho tiempo el monopolio del comercio con las nuevas colonias, hasta que fué habilita
do el puerto de Cádiz. SEVILLA representó también un papel importantísimo en la gloriosa guerra que, para conservar su independencia, sostuvo con tanto heroísmo la nación española en los comienzos del presente siglo. Enterado el pueblo sevillano de los acontecimientos que tuvieron lugar en Madrid el día 2 de Mayo de 1808, se lanzó á las calles y, protegido por algunos soldados del regimiento de Olivenza, secundó el alzamiento nacional, siguiendo el ejemplo de otras muchas poblaciones. El 1.° de Febrero de 1810 ocuparon la ciudad los franceses, los cuales la conservaron en su poder hasta el 27 de Agosto de 1812, en que fueron arrojados del siguiente modo: á media noche del día indicado, abandonó Soult la ciudad con el grueso de sus tropas, dejando parte de la retaguardia, que debía desalojarla dos días después. El general Cruz Mourgeón, así que hubo rechazado de las alturas de Castilleja las avanzadas francesas, mandó adelantar por San Juan de Aznalfarache algunos cuerpos, que se posesionaron de Triana, colocándose entre los enemigos y el puente. La vanguardia, que mandaba el escocés don Juan Downie, y las fuerzas del coronel Skerret, acometieron á los invasores, desalojándoles de la llanura de la vega, donde se habían replegado, y, auxiliados por la caballería que capitaneaba don Juan Canterac, penetraron en el arrabal de Triana, Ilegando hasta el puente, en cuya cabeza se trabó un combate encarnizado. Dos veces fueron rechazadas nuestras tropas y herido el valiente Downie, cuyo valor, lejos de disminuir ante la resistencia tenaz de los enemigos, se aumentaba á la vista de su propia sangre: solo, y á caballo, saltó rápidamente por uno de los huecos que los franceses habían dejado en el puente, al quitar sus tablas, y cayó nuevamente herido en un ojo y en la mejilla, quedando prisionero; pero, esto no obstante, se conservó sereno y animoso, arrojando á sus soldados la espada de Pizarro, que le había ceñido la marquesa de la Conquista. descendiente de este famoso caudillo del Nuevo Mundo. Nuestra artillería, colocada en el malecón de Triana, y nuestras tropas ligeras, atravesando el puente por las vigas que no habían tenido tiempo de cortar los enemigos, obligaron á éstos á encerrarse en la ciudad por la puerta del Arenal. Los vecinos habilitaron al momento el puente con tablones, que cruzó velozmente nuestro ejército, para proteger las guerrillas. Franqueada aquella puerta, internáronse los españoles en la población, cuyos moradores, con sus gritos de alegría, el estruendo de las campanas, que echaron á vuelo, y la persecución que emprendieron contra los franceses, lograron aterrorizarlos de tal modo que, corriendo desordenadamente por las calles y arrojando sus armas, sin que bastasen á contenerlos los esfuerzos de sus jefes, se precipitaron fuera de los muros, por las puertas Nueva y de Carmona, dejando en poder de los sevillanos 200 prisioneros, dos piezas de artillería, multitud de equipajes, caballos y un riquísimo botín. Dos días después (29 de Agosto), se publicaba en SEVILLA la Constitución de 1812. En 11 de Abril de 1823, á consecuencia de la segunda invasión francesa, se trasladó el rey Fernando á esta ciudad, al que siguieron después el Gobierno constitucional y las Cortes, las cuales abrieron sus sesiones el 23 del expresado mes. La marcha de los invasores hacia esta capital puso al Gobierno en un conflicto: la indecisión sobre el punto que debería ele girse para poner á salvo la familia real, produjo acaloradas discusiones en una junta compuesta de los ministros de la corona y el Consejo de Estado, á quien se consultó, y en la que se decidió la traslación de la corte á Cádiz. El Gobierno participó al Congreso su anterior resolución, la cual había ya puesto en conocimiento del monarca; pero, en vista de la negativa absoluta de éste, acordaron las Cortes, en sesión de 11 de Junio, poner interdicción á la autoridad real, nombrándose, al efecto, una Regencia provisional, que, sólo para el acto de traslación á Cádiz, reuniese las facultades del poder ejecutivo. Constituida la Regencia, compuesta de los señores Valdés (don Cayetano), Ciscar y Vigodet, prestó juramento, trasladándose luego á palacio para disponer el viaje. A las seis de la tarde del día siguiente, salieron de SEVILLA el rey Don Fernando y su familia, acompañados del Gobierno y de dos batallones de milicianos nacionales, que prestaron en aquella jornada excelentes servicios. Los desórdenes que siguieron después y los desmanes á que se entregaron algunos, fueron causa de la voladura del polvorín, establecido en el edificio que ocupara la Inquisición, y en donde perecieron muchas de las personas que habían ido á él en busca de municiones. Dos ó tres días después de esta horrorosa catástrofe, se dirigía á la ciudad la división del general López Baños; pero la población, declarada en favor del gobierno absoluto de Fernando VII, le cerró las puertas; resistencia ineficaz, para impedir la marcha de las tropas, que penetraron en la ciudad, después de un ligero fuego; exigieron una contribución de la renta de un mes, de las fincas urbanas, que se apresuraron á satisfacer los propietarios, y á los dos días, la abandonaron precipitadamente por la aproximación y entrada de la vanguardia francesa. El 7 de Marzo de 1832 murió ahorcado el coronel don Bernardo Márquez, acusado de haber conspirado para restablecer el sistema constitucional, día que fué de consternación y luto para los amantes de la libertad, quienes deploraron la pérdida de este valiente y benemérito oficial. En 1834, divididos ya los españoles en dos poderosos partidos, que proclamaban principios diametralmente opuestos, agitáronse los ánimos y se perturbó con frecuencia el reposo público á causa de las conmociones populares, provocadas por uno y otro bando. El 30 de Agosto de 1835 se pronunció SEVILLA contra el Gobierno, á imitación de Barcelona, Valencia, Zaragoza y otras poblaciones; y en 30 de Junio del siguiente año, volvió á levantarse contra el Estatuto real, proclamando la Constitución de 1812, á cuyo alzamiento se adhirió don Carlos Espinosa, capitán general de Andalucía, admitiendo el cargo de presidente de la Junta que se creó para el gobierno del décimo distrito militar. Los desórdenes ocurridos en 1838 en algunas capitales de España, encontraron eco en SEVILLA, en cuyos habitantes se venía observando cierta inquietud desde el 10 de Noviembre del referido año. El 18 de Junio de 1843, al tenerse noticias de los alzamientos de Málaga, Granada y otros puntos contra el Regente, se insurreccionó la ciudad, que fué bombardeada por el general Van-Halem, conde de Peracamps, fortificada y defendida por el bizarro general Figueras, alentada briosamente por el espíritu del vecindario, cuyo heroísmo la hizo invencible. Al aproximarse Espartero, ya fugitivo, los sitiadores levantaron el cerco antes de amanecer, mientras que la insignia de muerte, la bandera negra, se balanceaba con orgullo en lo alto de la Giralda. Al verse libre del azote, la ciudad prorrumpió en un grito de victoria y de júbilo. El 7 de Mayo de 1848 entraron en la población los infantes duques de Montpensier, hospedándose provisionalmente en el alcázar y trasladándose luego al suntuoso palacio de San Telmo, descrito en otro lugar de este artículo; y en la noche del 13 tuvo lugar una sublevación militar contra el Gobierno constituido, que fué reprimida en la madrugada del 14. En los años 1854, 56 y 57, participó también la población de las revueltas políticas que agitaron el país, y en el alzamiento nacional de 1868, tomó la parte activa que un escritor refiere en los siguientes términos: «El 19 de Setiembre de 1868, el pueblo y la guarnición de SEVILLA, confundidos en una sola y generosa aspiración, secundaron el grito de libertad, que el 18 había resonado por primera vez en Cádiz y su bahia; SEVILLA tuvo la gloria de ser el segundo pueblo de España que rompió con heróico esfuerzo las cadenas del despotismo, al echar por tierra el derruído alcázar de lo pasado, cimentando antes que nadie el edificio del porvenir sobre la base racional y firmísima de los derechos individuales. Nos atrevemos á decir que ésta es la página más brillante de la historia de SEVILLA: en ella leerán las generaciones venideras que, si Cádiz levantó con la invicta marina el pendón de la libertad, SEVILLA, haciendo por medio de su Junta revo
lucionaria en la noche del 19 de Setiembre, la declaración de los derechos del hombre, reivindicó para éste su dignidad, hizo la revolución de las ideas y colocó á España ante los atónitos ojos del mundo á la altura de los pueblos más célebres por sus grandes hechos en favor del perfeccionamiento humanitario. Pero no es éste todavía el último hecho glorioso realizado por la ilustre población, cuya reseña histórica terminamos: las crónicas de SEVILLA registrarán otra página no menos brillante, la de 1873; jornada memorable, en que los sevillanos, combatiendo con la bravura y el heroísmo que lo habían hecho en épocas anteriores, derramaron pródigamente su sangre en defensa de aquellos sagrados derechos que, en 1868, habían proclamado de una manera solemne á la faz del mundo. ¡Loor mil veces al pueblo sevillano!» 36. Personajes célebres.—He aquí el inmenso catálogo de los hombres ilustres, que cuenta entre sus hijos la gloriosa SEVILLA.
1. Santos.—Santa Justa y santa Rufina, las cuales sufrieron el martirio en 287; san Hermenegildo, que le sufrió igualmente en 587; san Isidoro y san Leandro, arzobispos y compatronos; san Adulfo, san Juan y santa Aurea, hermanos; san Florencio y santa Flora.
2. Monarcas.—Don Enrique II, su esposa Doña Juana, Don Fernando IV Doña María de Padilla, mujer de Don Pedro I.
3. Infantes.—Don Felipe, hermano del rey Fernando IV; Don Fadrique, hermano gemelo de Don Enrique II y maestre de Santiago, y Don Tello, señor de Vizcaya. 4. Damas ilustres.—Doña Leonor de Guzmán, madre de estos dos y de Don Pedro I de Castilla, y favorita del rey Don Alfonso XI; la heróica doña María Coronel y la piadosa doña Guiomar Mamul.
5. Prelados.— El cardenal don Juan Cervantes; el cardenal arzobispo de Wéstminster y primado de Inglaterra, don Nicolás Wisemán; el arzobispo de Valencia, Beato Juan de Rivera; el arzobispo don Diego de Deza; el obispo de Chiapa, Bartolomé de las Casas; los ilustres deanes don Pedro Manuel, don Gabriel Torres de Navarro y don Nicolás Maestre; los venerables don Fernando de Contreras y don Fernando de Mata: el insigne orador sagrado fray Fernando de Santiago, y el padre fray Juan Bernal, á quien tantos cautivos debieron su rescate.
6. Nobles.—El conde de Niebla, inmortalizado por don Juan de Mena en sus Trescientas; sus insignes descendientes don Juan y don Enrique de Guzmán, primero y segundo duques de Medina-Sidonia, célebres por sus proezas contra los moros; los esclarecidos miembros de la casa de Arcos, don Manuel Ponce de León, llamado el Valiente, y don Rodrigo Ponce de León, egregio marqués de Cádiz, tan famoso en la historia de la reconquista española; los ilustres adelantados de la noble casa de los Afanes de Rivera, y, muy especialmente, los marqueses de Tarifa, don Fadrique y don Fernando, y el duque de Alcalá, de este último nombre; don Jerónimo Ortiz de Sandoval, conde de Mejorada, y don Miguel de Espinosa, conde del Aguila, célebres por su erudición y sus servicios, prestados en el municipio sevillano. 7. Hombres de Estado. Don Diego Caballero de Illescas y don Antonio Bucareli y Ursua, virreyes respectivamente de Navarra y de Nueva España; don Francisco Saavedra, sabio ministro y presidente que fué de la Junta Suprema de Gobierno en la memorable guerra de la Independenia..n. c. Riera,,ministro de la Gobernación que fué bajo el reinado de Don Amadeo I de Saboya.
8. Militares. El célebre general don José Carrillo de Albornoz, duque de Montemar, conquistador de Orán y de Nápoles; el no menos ilustre don Jaime Guzmán, marqués de la Mina, que conquistó á su vez á Saboya y Niza, y el heróico capitán de artillería, don Luis Daoiz.
9. Marinos. Don Luis de Córdoba, capitán general de la real armada; los almirantes Espinosa y Tello, don Cayetano Valdés y don Antonio de Ulloa, el cual tomó parte en las importantes investigaciones de la comisión que pasó al Ecuador en 1735; don José Mendoza,Ros capitán de navío, que tan eminentes servicios prestó á los navegantes con sus cartas, admiradas en toda Europa. 10. Hombres de ciencia. Don Juan Hispalense, profundo matemático; don Alonso de Santa Cruz y don Pedro de Medina, sabios cosmógrafos; don Nicolás Monardes, afamado médico, y don Diego Alejandro de Gálvez, doctísimo anticuario. 11. Poetas. Don Lope de Rueda, uno de los fundadores, el primero, de la comedia española; don Mateo Alemán, ilustre autor de la vida del Pícaro Guzmán de Alfarache; los insignes poetas don Fernando de Herrera, llamado el Divino; don Juan de la Cueva, don Juan de Jáuregui, don Baltasar del Alcázar, don Francisco de Medrano, don Juan de Salinas, don Pedro de Quirós, don Diego Jiménez de Enciso, don Miguel del Cid y don Francisco de Rioja. 12. Poetisas. Doña Feliciana Enríquez de Guzmán, doña Ana Caro y sor Gregoria Francisca. 13. Escritores. Don Juan de Mal Lara, don Francisco de Medina, don Diego Girón, don Gonzalo Argote de Molina, don Pablo de Espinosa, don Luis Peraza, don Pedro Mexía, don Francisco López de Gomara, don Fernando de la Torre Farfán, el abad Gordillo, el padre Valderrama y fray Fernando de Ceballos; el insigne analista de esta ciudad, don Diego Ortiz de Zúñiga; el erudito bibliógrafo, don Nicolás Antonio; don Luis Germán, fundador de la Academia sevillana de Buenas Letras; don Tomás González Carvajal, concienzudo traductor de los Salmos en metro español; el inspirado vate, sabio humanista y notable crítico, don Alberto Lista; don Félix José Reinoso, no menos recomendable como estadista y publicista que como literato y poeta; don Justino Matute, diligentísimo continuador de Ortiz de Zúñiga; don José Roldán, don José María Blanco, don Francisco de Castro y don Manuel María del Mármol, escritores y vates distinguidos; el padre Manuel Gil, apreciable erudito, y don Félix González de León, laborioso y entusiasta encomiador de las artes y tradiciones de su patria. 14. Arguitectos.—Don Diego Riaño y don Benito Morales. 15. Escultores.—Don Juan Martinez Montañés, don Pedro Duque Cornejo, don Bernardo de Gijón, don Jerónimo Hernández, don Pedro Delgado, don Benito del Castillo, don Blas Molner, don Pedro Roldán y su hija, conocida por la Roldana. 16. Grabadores y pintores. — Don Lucas Valdés y don Matías de Arteaga. 17. Pintores. —Don Juan Sánchez de Castro, patriarca de la escuela sevillana; don Gonzalo Díaz, don Alejo y don Luis Fernández, don Antonio Arfián, don Luis de Vargas, don Juan y don Agustín del Castillo, don Pedro de Villegas Marmolejo, don Pedro Núñez de Villavicencio, den Juan Simón Gutiérrez, don Sebastián Gómez y don Juan Pareja, conocidos por los mulatos; don Francisco Pacheco, no menos célebre como escritor y como poeta; Herrera el Viejo y el Mozo; Antolínez, Roelas, Varela, Martinez y Esquivel, y finalmente, los dos inmortales artistas que tanta gloria han dado á la pintura española: don Diego Velázquez de Silva, el admirable pintor de la naturaleza, y don Bartolomé Esteban Murillo, el sublime pintor de la luz y del cielo. 37. Títulos.—SEVILLA ostenta los de muy noble, muy leal, muy heróica é invicta: el primero, concedido por el santo rey Don Fernando; el segundo, por Don Juan II, en 1444; el tercero, por Don Fernando VII, y el cuarto, por Doña Isabel II. 38. Tratamientos y honores.— La ciudad tiene el tratamiento de excelencia, y su ayuntamiento, los honores de capitán general. 39. Heráldica.—SEVILLA adoptó por armas, en conmemoración de su reconquista, sobre escudo colorado, la imagen de san Fernando en su trono, con la espada desnuda en la mano derecha y un globo en la izquierda, y las de san Isidoro y san Leandro, á los lados, orlándolos castillos dorados, leones rojos sobre plata, y corona, al timbre. Al rey Don Alfonso el Sabio se atribuye la empresa de una madeja anudada con el lema de: No po, memoria de su indisoluble fidelidad
en el alzamiento de casi todas las ciudades y provincias del reino. 40. Conclusión.—Nuestros ilustrados lectores llevarán sin duda en paciencia que consagremos un ferviente saludo al pueblo sevillano, en donde los hados propicios nos depararon ilustre cuna, merced escasa de la Providencia para el mundo, preciadísimo don para nosotros que, aun en medio de la humildad de nuestra modestia, hemos heredado la altivez dichosa de la tierra natal. Madre tan poderosa y acaudalada, no negó nunca una presea, ni al menor de sus hijos; y esta fortuna nos cupo á nosotros, que debemos á nuestra ciudad una rica presea de su orgullo, pues no en vano ha dicho la musa española: No hay gloria, no hay maravilla. No hay empresa, no hay hazaña, Por doquier que el astro brilla, Como el ser hijo de España... Cuando se nace en SEVILLA. Y estos recuerdos de nación, tan agradables y lisonjeros siempre á los instintos de la memoria agradecida, son más elocuentes aún, cuando se formula en nuestros labios el adiós postrero, trocando sin pena las alegrías de la última luz por las tristezas de la primera sombra, al cubrir nuestro rostro con el sudario de la tarde. Y decimos sin pena, porque el Altísimo es tan clemente y el cielo es tan hermoso, que hasta el morir entre las nubes del ocaso tiene para el espíritu cierta dulce melancolía, cierta verdad sublime, cierta fantasía sagrada, como si la fe, rompiendo las paredes de la inmensa bóveda, leyera en la frente de Dios la cifra del misterio.
Allí, en aquella tierra de hechizos, que pudiera servir de morada á los ángeles, vertimos las primeras lágrimas por aquella noble ciudad, que nos tuvo en su seno amoroso: Y al ver de lejos la altanera palma Y tanto lirio azul y tanta rosa, ¿Qué hacer sino llorar, ¡patria del alma! Tan gentil al mirarte y tan hermosa? Y aun hoy, después de tantos días de amarguras y de silencio, cargados de años, de injusticias y de martirios; aun hoy repetimos entre sollozos: Por ti lloraba, ¡oh dulce patria mía! Mirando tu belleza encantadora, Que nada es comparable á la alegría Del hijo fiel que por su madre llora.
Allí, en aquella tierra amada del cielo, se nos apareció una figura, que brotaba bajo nuestros piés, que se retrataba en nuestros ojos, que sorprendía hasta los sueños de nuestra infancia; una figura que nos ha seguido á través de las cataratas, de los torrentes, de los abismos, de los mares, de los desiertos, como si fuera un genio atado á nuestra sombra, inexorable como el destino. Y nuestra niñez, contemplando aquella figura, cuyos contornos ideales no hemos podido percibir; nuestra niñez, decíamos, mirándola y no comprendiéndola, exclamaba otra vez, hablando con SEAl evocar los manes de tu gloria. Contemplaba quizá los cielos tersos, Y era rico y felice con tu historia Y la esperanza de mis pobres versos. El pecho se me oprime cuando miro De remoto fanal fúlgida llama, Y lleva el Betis mi primer suspiro Al mar azul que encadenado brama.
Quizá, entre nubes, al rayar el día, El golfo surcan tus pujantes proras. Siendo el piloto que tu genio guía La sacrosanta libertad que adoras. Pobre allí, en tu regazo, humilde y solo, Arde en mi corazón tu oculta tea, Y contigo clamé, de polo á polo: «¡Libre en la mar mi pabellón flamea!» En aquella tierra, donde el amor se siente como se aspira el aire; en aquella tierra deliciosa, mundo inspirado, donde sentir se llama amar, recibió nuestra dicha el primer sacramento de labios tiernísimos, porque sacramento es para el hombre el primer beso de una madre; allí sentimos los primeros dolores, las alegrías primeras; allí soñamos los primeros delirios, entre sombras ocultas, entre imágenes alucinadoras que inventa el deseo, arcanos misteriosos del alma, sombras calladas que se levantan del corazón, fantasmas divinos que sólo se ven una vez. Allí divisamos, como quien oye los ecos confusos de música lejana, las primeras apariciones de la vida, la sombra adorada de una mujer, la celeste visión de una virgen, estrella caida del cielo, querube bajado de la gloria. ¡Ay! Allí, pálidos, temblorosos, nos pareció oir los profundos suspiros de un corazón que ya no late, fascinación divina de nuestra alma. ¡Oh Dios eterno! ¿Por qué vivimos para recordar lo que ya no vive? ¿Por qué vivimos para llorar sin el consuelo del ser amado? ¿Por qué se convierte la vida en una espantosa oscuridad, tiniebla sin fondo, caos sin esperanza, eclipse eterno del corazón? Y nuestra niñez, al despertar absorta entre aquellos fantasmas de la inocencia, al abrir los ojos entre aquellas sombras de la profecía, exclamaba de nuevo, hablando siempre con la ciudad materna: Dame, como la soñé, La virgen que mi alma vió, Aquella que mi amor fué, La que en mis ojos lloró, La que llorando inventé Tú que en mi mente deliras Y en mis ojos te retratas, Pues me matas, si me miras, Mirame, ya que me matas Cuando en mi pecho suspiras. La ví en playa, en antro, en cueva, Y en la tempestad mugiente; Y en la imagen que renueva Una nube de Occidente, Adonde el viento la lleva. Y tú, divina serrana, ¿Quién te dió esa cara hermosa, Que huele á rosa temprana? Y ¡bien pudiera ser rosa, Si no fuera tan tirana! Y ¿quién te ha dado ese andar Que arranca tanto suspiro, Y ese talle singular, Que me mata, si lo miro, Y lo miro sin cesar? ¿Quién te da ese pie, que Antón En ayunas se comiera Y á fe que tiene razón? Pues, di, serrana hechicera: ¿Quién no se come un piñón? Y tú, que á este mundo vienes A causar penas y enojos: Muchacha de tersas sienes, Dame la gloria que tienes Detrás de tus negros ojos. Recibe mi fe sencilla, Cielo claro, que me das Tal lauro y tal maravilla, Que esto vale, y mucho más, Tener por patria á SEVILLA.
ETIMOLOGÍA. Antiguo HISPALIS, capital del convento jurídico de su nombre, de donde salían en la época romana cuatro caminos: el de Itálica, que se bifurcaba para Huelva, Aracena y Extremadura; el de Astigi (Ecija), que se partía en dos, y los otros dos conducian á Cádiz y Málaga. Sevilla Romero y Escalante (JUAN DE). Pintor español, que nació en Granada en 1627 y murió en 1695. Fué discípulo de Andrés Alonso Argüello y de Pedro de Moya; sobresalió por la frescura del colorido y dejó muy buenas obras en Granada y otras ciudades de Andalucía. Entre ellas, merecen citarse las siguientes: Martirio de San Cecilio; San Basilio, dando la regla á San Benito; Concepción; Angel Custodio; San Pantaleón; San Francisco; San Antonio de Padua; El Padre Eterno recibiendo á la Virgen; El castillo de Emaus; San Juan de Dios con los pobres; Asunción; Sacra Familia; La Virgen adorando al Santísimo Sacramento, con San Agustin y Santo Tomás de Villanueva; El Buen Pastor; San Féliw de Cantalicio; Cuadros de la vida de la Virgen y Presentación (en Granada); Concepción, Natividad y A sunción (en Córdoba); San Nicolás de Tolentino; Santa María Magdalena de Pazzis y A doración de los Reyes (en Jerez de la Frontera); y Martirio de Santos Justo y Pastor (en Alcalá de Henares).
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