Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Roudra

tomo 4 · página 782 · ver la página del original

Roudra. Femenino. Mitología. Divinidad adorada por los indios; el fuego. Rouget de l’Isle (JOSÉ). Célebre poeta, literato y compositor francés, que nació en 1760 y murió en 1836. Era oficial de ingenieros en los primeros días de la Revolución; sirvió después en el ejército del Oeste, y vivió completamente retirado durante las épocas del imperio y la Restauración. Debe su mayor celebridad á haber sido el autor de la letra y música de la Marsellesa, himno que ha quedado en Francia como el símbolo de la libertad; escribió además cincuenta cantos franceses, y una tragedia titulada Macbeth. (SALA.)

Reseña.—1. Su nombre era Claudio José, y nació en Montaigut, cerca de Lons-le-Saulier, departamento del Jura, el 10 de Mayo de 1760. 2. Era hijo de un letrado y pasó sus primeros años en una posesión, que su padre tenía á poca distancia del lugar de su nacimiento. 3. Hizo sus primeros estudios con gran aprovechamiento en un colegio de Lons-le-Saulier y, ya en su más tierna juventud, escribió algunas poesías, que puso en música, mostrando así su competencia en uno y otro arte. 4. Muy pronto hubo de renunciar á estos agradables pasatiempos. Destinado por su familia á la carrera militar, ingresó, á los 16 años, en una academia de ingenieros, de donde salió, en 1784, con el grado de subteniente, ascendiendo á los cinco á capitán. 5. Acogidas con entusiasmo por él las ideas revolucionarias, fué destinado, en 1792, al ejército del Rhin, con ingreso en el arma de artillería. 6. Con este empleo se hallaba en Strasburgo durante el invierno de aquel mismo año; y, estimado por su doble talento de músico y poeta, frecuentaba con familiaridad la casa del barón de Dietrick, patriota alsaciano, amigo de Laffayette y alcalde de la ciudad. La esposa y las hijas de Dietrick participaban del entusiasmo y del patriotismo, que palpitaban con especialidad en las fronteras, y viendo en el joven oficial de artillería uno de los más ardientes defensores de la patria, le querían como se quiere á un hijo y á un hermano. 7. En aquellos momentos reinaba la miseria en Strasburgo. La casa de Dietrick, opulenta al principio de la Revolución, había llegado á empobrecerse á consecuencia de los sacrificios que las calamidades de los tiempos habían ido exigiendo. Su mesa frugal era hospitalaria para ROUGET DE L’ISLE. 8. La noche de 24 de Abril, víspera del día en que debían entregarse las banderas á los voluntarios, después de uno de aquellos apacibles banquetes, Dietrick invitó á su huésped á que escribiera un himno, que guiara al ejército al combate. 9. Eran las doce de una noche muy fría. ROUGET DE L’ISLE entró trémulo en su alcoba. Buscó pausadamente la inspiración, ora en los impulsos de su alma de ciudadano, ora en el teclado de su instrumento de artista, componiendo, ya el tono antes que la letra, ya la letra antes que el tono, y combinándolos de tal modo en su fantasía, que él mismo no podía saber si había nacido antes la nota que el verso; pero comprendiendo que era imposible separar la poesía de la música, y el sentimiento, de la expresión. 10. Sintiéndose como agobiado bajo el peso de aquella inspiración sublime, quedóse dormido con la cabeza apoyada en su instrumento, y no despertó hasta el día siguiente. Los cantos de la noche volvieron dificilmente á su memoria, como las impresiones de un sueño. 11. Los escribió, los solfeó y corrió al encuentro de Dietrick. Este hizo despertar á su esposa y á sus hijas, que dormían aún, y llamó á algunos amigos apasionados, como él, por la música y entusiastas por la Revolución. RoUGeT empezó á cantar: á la primer estrofa, los semblantes mudaron de color; á la segunda, corrieron lágrimas; á las últimas, estalló el delirio del entusiasmo. La esposa de Dietrick, sus hijas, el padre y el joven oficial, se arrojaron llorando unos en brazos de los otros. ¡Había creado en horas divinas el himno de la patria! 12. Aquel mismo día, RouGer envió al mariscal Luckner su Canto de guerra del ejército del Rhin (que este título le había dado), siendo la banda de un batallón del Ródano y Loira la que ejecutó aquella música, que había de recorrer el mundo entero. 13. El 25 de Junio de 1792, un ciudadano llamado Mirens cantó por primera vez el himno en un banquete patriótico. Al día siguiente, El Diario de los departamentos meridionales lo reproducía en sus columnas con la denominación de: Canto guerrero de los ejércitos de las fronteras. 14. Este himno consta de siete estrofas. Las seis primeras fueron compuestas por RouGeT DE L’ISLE; la séptima se debió á la inspiración de un poeta poco conocido, llamado Luis Dubois. Durante la Revolución, se hicieron muchas ediciones de la Marsellesa, agregando á las estrofas de su autor dos ó tres más. Estas han caido en el olvido, salvándose las seis primeras y la séptima de Dubois. 15. Por un tremendo azar de los sucesos de la vida, la Marsellesa había de ser también el himno del Terror.

Dietrick, proscrito al poco tiempo, caminó hacia el cadalso al son de aquella música, nacida, como un hijo, en su propia casa, al dulce calor del entusiasmo y de la familia; aquella música idolatrada, que le había causado una alegría tan grande, viéndola brotar, virgen y hermosa, del inspirado corazón de su amigo. 16. El nuevo canto, ejecutado algunos días después en Strasburgo, voló de ciudad en ciudad con la velocidad del rayo. Marsella lo adoptó para cantarlo al principio y al fin de las sesiones de sus clubs. Los marse Ileses lo divulgaron por toda Francia, cantándolo al entrar en la capital el día 30 de Julio de 1792 y al atacar las Tullerías el 10 de Agosto, de donde viene el nombre de Marsellesa. 17. La anciana madre de De L’ISLE, realista y religiosa, le escribió aterrada: «¿Qué himno revolucionario es ese que canta una horda de foragidos, que

atraviesa la Francia y al que mezclan nuestro nombre?» 18. El mismo ROUGET, desterrado y proscrito por sus opiniones conservadoras, la oyó, lleno de espanto, resonar en sus oídos, como una amenaza de muerte, huyendo por los senderos de los altos Alpes. «¿Cómo se Ilama ese himno? preguntó á su guía. —«La Marsellesa;» le contestó el campesino. De este modo supo el nombre de su propia obra. El arma se volvía contra la mano que la forjara. La Revolución, en su demencia, no conocía ya su propia voz. 19. ROUGET, sin embargo, no queriendo permanecer ocioso cuando su patria se veía amenazada por el yugo extranjero, afrontando los peligros á que sus opiniones le exponían, se alistó como voluntario en el ejército de las Ardenas, al mando del general Valence, que le devolvió su antiguo empleo. Poco duró su nueva posición, puesto que, á los pocos meses de su alistamiento, fué preso como sospechoso en Saint-Germain-en-Laye, donde permaneció hasta la caida de Robespierre. 20. Después del 9 Thermidor, volvió á combatir por su patria á las ordenes de Tallien, tomando parte en la acción de Quiberón, en donde fué herido. 21. Nombrado capitán de primera clase; y luego, comandante, en Abril de 1796, pidió y obtuvo su retiro, viviendo en esta situación hasta el siguiente año, en que, á instancias de Hoche, solicitó volver al servicio, gracia que le fué denegada, en virtud del decreto que vedaba admitir en el ejército á los oficiales dimisionarios. 22. Entonces volvió á sus ocupaciones literarias que, como sucede frecuentemente, no le ocasionaron sino desventuras, siendo tal su estado de miseria, que en 1812 se vió precisado á vender la parte que le correspondía de la herencia paterna. 23. Se ha dicho que el Gobierno de Luis XVIII le señaló una pensión. Esto no es exacto; la Restauración no hizo nada en favor del autor de la Marsellesa. En 1830 fué cuando Luis Felipe le concedió una pensión de 1.500 francos, más afrentosa que el abandono. 24. En Diciembre de 1831 fué condecorado con la cruz de la Legión de Honor, y, merced á la influencia de Beranger, se le aumentó la pensión que disfrutaba, hasta llegar á la suma de 3.500 francos, afrentosa también. 25. Retirado más tarde á Choisy.-le Roy, pueblo inmediato á París, pasó sus últimos años al lado de su amigo el general Blein, muriendo el día 26 de Junio de 1836, á los 76 años. 26. Entre las muchas obras que dejó, merecen especial mención las siguientes: Recuerdos históricos de Quiberón; Ensayos en verso y prosa; A delaida y Mouvelle, novela; La escuela de las madres, comedia; Tom y Lucy, romanza con acompañamiento de violin, cuatro colecciones de romanzas;! La Mañana, idilio; una traducción de las fúbulas de Kriloff; Macbeth, tragedia lírica en tres actos con música de Chélard, y cincuenta cantos franceses, letra de diversos autores y música de ROUGET DE L’ISLE.

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