Roque Barcia · 1880-1883
Rodrigazón
tomo 4 · página 742 · ver la página del original
Rodrigazón. Femenino. El tiempo de poner rodrigones.
Rodrigo. Trigésimoquinto y último rey godo de España, que era hijo de Teodofredo, duque de Córdoba; empezó á reinar en 709, después de haber destronado á Witiza; se mantuvo en el trono por espacio de tres años y siguió las huellas de su antecesor, entregándose á toda clase de vicios. Desterró á los hijos de Witiza, por temor de que maquinasen algo contra él, y llamó á Pelayo, que estaba en Cantabria, confiándole el mando de su guarda. Según cuenta la tradición, como se hallara viviendo en el palacio real una joven de extraordinaria belleza, llamada Florinda, hija del conde Don Julián, gobernador de la Mauritania Tingitana, parece ser que el rey la vió en el baño y sintió por ella pasión violenta, que trató de satisfacer á toda costa; primero con halagos, y después, por la fuerza. El Conde, sabedor de este hecho, vino á la corte, disimulando su ira, procuró apoderarse de la dirección del gobierno y quitando de todos los puestos de importancia á los hombres verdaderamente útiles, los entregó á partidarios suyos. Promoviendo después una invasión de los francos en la Galia narbonense, que era posesión de España, hizo acudir allí todas las fuerzas disponibles, dejando indefenso el resto del país. Volviendo entonces al Africa, se avistó con los hijos de Witiza, que se hallaban en Tánger al lado de Requila, gobernador de aquella plaza, y en inteligencia secreta con el arzobispo Don Oppas, su tío, maquinando entre todos el destronamiento de RoODRIdo. Puestos de acuerdo se presentaron á Muza Abenzair, gobernador árabe de las provincias africanas, pidiéndole auxilios para invadir á España y destronar á RoDRIGO, ofreciéndole que el país, gobernado por uno de los hijos de Witiza, sería tributario de los árabes. Accedió Muza, aunque exigiendo que el conde Requila quedase en rehenes, para responder de le observancia del trato hecho Al principio sólo vinieron algunos centenares de africanos, que, en unión de los rebeldes, empezaron á talar las costas; pero viendo Muza que la empresa podía llevarse adelante, envió 12.000 hombres al mando de Tarik, para emprender formalmente la conquista. Sobrecogido RODRiGo, juntó apresuradamente un ejército á cargo de Sancho ó Iñigo, su primo, el cual se avistó con los árabes cerca de Tarifa y fué completamente derrotado por ellos, muriendo en el campo de batalla. Después de esta victoria, se extendieron los invasores por las provincias de Andalucía y Lusitania, apoderándose de todas las poblaciones, cuyos habitantes huían en tropel. Envió el Africa nuevos refuerzos y
entonces DON RoDriGO, cobrando una tardía actividad, llamó á su lado á cuantos podían tomar las armas y se cree que juntó un ejército de 100.000 hombres, con los cuales marchó al encuentro de los africanos, hallándolos cerca de Jerez, á orillas del Guadalete. Allí se pasaron siete días sin empeñar combate formal, hasta que el octavo se trabó la batalla decisiva. Peleóse por ambas partes con furor, y la victoria se mantenía indecisa, hasta que los hijos de Witiza, que habían, de acuerdo con el conde don Julián, venido de Africa, y á los cuales, con censurable confianza, había confiado DON ROpRIGO el mando de las dos alas de su ejército, abandonaron de repente sus puestos, pasándose al enemigo. Siguióles á poco rato su pariente don Oppas, con la gente que mandaba, y juntos todos, cargaron sobre los españoles que, al fin, cedieron y se declararon en completa derrota, consumándose la pérdida de España. DON RoDRIGO desapareció y se cree que se ahogó en el Guadalete, aunque otros opinan que fué á morir á Portugal.
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