Roque Barcia · 1880-1883
Púnico
tomo 4 · página 517 · ver la página del original
Púnico, ca. Adjetivo. Lo que pertenece á los fenicios y cartagineses. LENGUA PÚNICA. Lengüística. La que hablaban los cartagineses, perteneciente á la familia de las semíticas. Los PÚNicos. Historia de la literatura. Título de un poema épico de Silio Itálico, cuyo asunto es la segunda guerra PÚNICA.
ETIMOLOGÍA. 1. Griego polvie (photnix), fenicio; latín, Pœnus, por Phœnus, en Virgilio; pœnicus, en Varrón; pünicus, ortografía bárbara; italiano, punico; francés, punique; catalán, púnich, ca. 2. El latín pœnũs, en Virgilio, significa cartaginés. Reseña histórica.—1. Con el nombre de guerras PÚNICAS se designan en la historia tres luchas memorables entre Roma y Cartago, una de las más grandes epopeyas de la antigüedad, las cuales dieron asombros y prodigios á tres generaciones consecutivas. 2. Causas de estas guerras fueron el antagonismo de las dos repúblicas por sus gigantescas empresas y conquistas; la hostilidad natural de un pueblo de soldados contra un pueblo de mercaderes; el apetito de dominación que devoraba á los romanos, dueños del mar, que era el dominio de los cartagineses; en fin, las pretensiones de ambos pueblos á apoderarse de la Sicilia. Esta comarca estaba repartida entre los cartagineses, Hierón, tirano de Siracusa, y los mamertinos, antiguos mercenarios de Agatocles. Dueños de Mesina, por traición, estos últimos fueron allí sitiados por Hierón y por el cartaginés Hannón. A títulos de italianos, invocaron la protección de Roma y los comicios obligaron al Senado á socorrerlos. 3. Primera querra PÚNICA.—El cónsul Apio Claudio Caudex pasó el Estrecho, batió sucesivamente á los dos ejércitos sitiadores y persiguió á Hierón hasta los muros de Siracusa.
M. Valerio Máximo y M. Oracilio Craso (263) sometieron 67 ciudades, sitiaron á Siracusa y obligaron á Hierón á pactar alianza con el pueblo romano. 4. Roma concibió entonces el pensamiento de arrojar de la isla á los cartagineses: L. Postumio Megelo y Q. Mancilio Vitulo tomaron á Agrigento (362), después de siete meses de sitio y una victoria obtenida sobre 50.000 cartagineses. 5. Estos no tenían más que algu
nas ciudades marítimas; pero sus escuadras pirateaban por las costas de Italia. El Senado ordenó (261) la creación de una escuadra de 120 quinquerremes ó liburnos, según el modelo de una galera cartaginesa estrellada contra las rocas. A los dos meses, la escuadra pudo darse á la vela. 6. Cueo Cornelio Scipión Asina fué sorprendido por Anibal (260), cerca de las islas de Lípari, y hecho prisionero, el otro cónsul, C. Duilio Nepote, gracias á los cuervos (puentes móviles con ganchos), batió á su vez á Aníbal en Myles, primera victoria naval de los romanos, que valió á Duilio una columna rostral, cuya base é inscripción subsisten.
7. L. Coruelio Scipión principió (259) la conquista de la Cerdeña y de la Córcega, terminada (258) por C. Sulpicio Patérculo, mientras que A. Atilio Calatino, después de la toma de Misístrata, se apoderaba de Cancarina, Sitana y Erbesa. 8. El Senado, inaugurando una nueva política, resolvió atacar al enemigo de cerca: dos victorias navales, la de las islas Lípari (257), debida á C. Atilio Régulo Serrano, y sobre todo, la de Ecnoma (256), ganada por M. Atilio Régulo y Manlio Vulso, habían abierto el camino de Africa, previa la toma de Aspis ó Clypea. Régulo, que había quedado solo, pasó el Ragradas, batió una escuadra cerca de Adys, tomó esta ciudad, sometió 300 plazas, ocupó á Túnez y amenazó á Cartago, que pidió la paz, imponiéndole las más duras condiciones; pero el mercenario Xantippa influyó para que fuesen rechazadas, atacó á los romanos y Régulo cayó prisionero. Además, y no obstante dos nuevas victorias conseguidas por Fulvio Petino Nobilior y M. Emilio Paulo; una, por mar, en el cabo Hermeo, y otra, por tierra, cerca de Clypea (255), las tempestades destruyeron sucesivamente tres armadas considerables (255 á 253) y alejaron á los romanos de las costas del Africa, desde cuyos desastres renunció el Senado á la guerra por mar. 9. La lucha fué larga y obstinada en Sicilia: los cartagineses tomaron de nuevo á Agrigento (254); los romanos se apoderaron de Panorma, de Himera y de Lípari (254), mantuvieron enérgicamente la disciplina por el suplicio de un tribuno legionario y por la degradación de 400 caballeros culpables de desobediencia á Aurelio Cotta (252); y en fin, bajo L. Cecilio Metelo, vencieron á Asdrúbal cerca de Panorma (251). 10. Cartago pidió la paz, sin poderla obtener. Concentró sus fuerzas, bajo Cartalón, en Lilibea, atacada (250) por cuatro legiones y 200 buques de guerra; bajo Asdrúbal, en Drépana, cuyo puerto quiso en vano forzar P. Claudio Pulcher (249). Allí perdió 93 buques de guerra, por lo cual fué preciso aplazar las operaciones estratégicas en el Oeste de la Sicilia. 11. Amílcar Barca, dueño del monte Erecteo, entre Panorma y Eryx, ocupadas por los romanos, les tomó el monte Eryx; y á merced de estas dos posesiones inexpugnables, hizo vanos los esfuerzos de Roma, durante seis años, para tomar á Drépana y Lilibea (247 á 241). 12. Pero la energía romana ocasionó una nueva lucha: Lutacio Catulo fué á sitiar á Drépana con 200 quinquerremes, venció la escuadra de Hannón cerca de las islas Egates (241), y ésta fué una batalla decisiva que puso fin á la guerra. Cartago trató con Roma precipitadamente para salvar á Amílcar y, sobre todo, para disfrutar de los beneficios de la paz. Se obligó: «á evacuar la Sicilia y las pequeñas islas inmediatas, á pagar en diez años dos mil doscientos talentos (próximamente, 11.120.000 pesetas), y á no hacer la guerra á Hierón.» 13. Segunda guerra PÚNICA.—Sus causas fueron la preponderancia de Roma sobre las grandes islas, y la de Cartago sobre España; su ocasión, la ruina de Sagunto (219), sitiada por Aníbal, como protegida de Roma. 14. Cartago no había osado, ni desaprobar la conducta de Aníbal, ni tomar la iniciativa de la guerra; pero Fabio la declaró en 219. Sempronio y P. Cornelio Scipión hicieron, en Lilibea y en Liguria, los preparativos para pasar; uno, al Africa; otro, á España; enviáronse colonias á Plasencia y á Cremona, pero fueron arrojadas por los boianos y los insubrianos, aliados de Aníbal, muriendo el pretor Manlio. Aníbal franqueó los Pirineos con 60.000 hombres (218), batió á los volscos en el Ródano, subió los Alpes, á pesar de los montañeses, y llegó por el valle de Aosta hasta los insubrienses, no teniendo más que 20 000 infantes y 6.000 caballos. 15. Roma llamó á Sempronio, vencedor ya en el mar, cerca de Malta; P. Scipión envió á su hermano Cneo á España y pasó precipitadamente de Marsella á Pisa; pero llegó tarde para cerrar los Alpes á Aníbal, ó para exterminar al pie de los montes su ejército, fué batido y herido en el Tesino (218), y vencido de nuevo con Sempronio, su colega, cerca de la Trebia. 16. La Cisalpina estaba perdida para Roma, excepto Placencia y Módena; los galos en masa socorrieron al ejército de Aníbal; pero 60 galeras romanas le aislaron de Cartago, y Cneo Scipión, en España, batió á Hannón en Scissis, quemó en la embocadura del Ebro la escuadra de Asdrúbal y cerró á este general y á Magón el camino de Italia. 17. Aníbal invernó en la Cisalpina, penetró (217) en la Etruria por las lagunas del Arno, donde perdió parte de su ejército, dió muerte en el lago Trasimeno al cónsul Flaminio, hizo descansar á sus africanos y españoles, ensayó en vano separar de Roma á sus aliados del Este y castigó su fidelidad devastando la Umbría, el Piceno, los países de los marsos, de los marrucinos, de los pelignianos y los territorios de Arpi y de Luresia. 18. Nombrado prodictador Fabio Máximo Verrucoso, justificó su nombre de Cunctator evitando combatir con Aníbal. Le siguió á la Apulia; le dejó saquear la Daulia, el Samnium, la Campania; le encerró en el desfiladero de Casilinum; fué sospechoso de traición, porque el enemigo salió de aquel desfiladero; salvó generosamente de una derrota completa á Minucio, á quien un pequeño triunfo cerca de Larinum había hecho dar igual parte en el mando; y, apellidado el Escudo de Roma, obtuvo, al salir de su cargo, que los cónsules Sevilio Gémino y M. Atilio Régulo siguiesen su prudente y feliz táctica. 19. Aníbal se encontraba flaco de fuerzas; le habían abandonado parte de los galos; de las escuadras de Sicilia y Ostia se habían alejado los buques cartagineses; Otecilio se disponía á pasar al Africa; Postumio Albino contenía á los rebeldes de la Cisalpina; Cneo Scipión, recorriendo las costas de la España oriental, había sometido ciento veinte poblaciones y consolidado, con P. Scipión, la dominación romana en la Tarraconense, al mismo tiempo que habían influido para que los tartesios batiesen á Asdrúbal. 20. Pero la imprudencia de Terencio Varrón, impuesto como colega á Paulo Emilio, comprometió estos resultados favorables para Roma. Aníbal ganó la sangrienta batalla de Cannas (216), si bien este fué el último triunfo esclarecido que alcanzó. El Senado de Cartago le abandonó; la fracción Barcino hizo, sin embargo, decretar un refuerzo de 4.000 númidas, y Asdrúbal recibió orden de pasar de España á Italia, pero no pudo ir. Maherbal, jefe de los númidas, quería que Aníbal marchase sobre Roma, pero lo impedía el reposo de que sus soldados habían menester. Sostenidos por los abruzos, los lucanianos, algunas plazas de la Apulia y de Campania, debió contentarse con ser recibido en Capua. 21. En Roma se daban gracias á Varrón, «á consecuencia de haber alentado las esperanzas por la salud de la república; las lamentaciones estaban prohibidas; Marcelo, la espada de Roma, cerraba el camino del Lalium (Lacio), teniendo una legión en Teanum Sidicinum, y acampaba en Casidinum con 21.000 hombres; Varrón cubría la Apulia; M. Junio Pera Ilamaba los contingentes de los aliados, reunía legiones y 2.000 caballos y armaba 8.000 esclavos con los trofeos de los templos y de los pórticos; el Senado rehusaba rescatar los 10.000 legionarios prisioneros de Aníbal, enviando á los fugitivos de Venuza á servir, sin sueldo y sin honores, en Sicilia; en fin, los Scipiones, en España, rechazaron por segunda vez á Asdrúbal en la Bética, y las naves de Aníbal encallaron en las rocas delante de Nápoles (216), y de Noles, donde Marcelo le venció.
22. Aníbal, privado de Magón, que Cartago había enviado á España, formó un vasto plan para arruinar á Roma; trató con Filipo V de Macedonia, hizo pasar á Postumio Albino la Galia cisalpina (215), atacar la Cerdeña y sublevar la Sicilia. 23. Pero Fulvio Máximo operó un cambio completo en la política de Roma, decidiéndose por la ofensiva; reunió 9 ejércitos; equipó á escuadras; hizo que Manlio arrojase de Cerdeña á los cartagineses; que Levino quemase (214) la escuadra de Filipo; que Marcelo, su colega, rechazase á Aníbal de Cunas y de Noles (215-214); que Sempronio Longo batiese á Hannón en Grumentum (215) y Graco, á Benevent (214); y en fin, él mismo marchó contra Capua, de donde Aníbal huyó á Arpi por el Adriático, con el fin de encontrar la escuadra de Filipo. Allí hubo una serie de marchas y contramarchas de Aníbal, volviendo á la Campania (214), maniobrando audazmente entre los generales romanos, perdiendo en Arpi 1.000 soldados de caballería númida, atacando á Puzzoli, Nápoles, Noles, y corriendo después hacia Tarento para encerrar allí á Marcelo, su rival más temible. Pero Tarento lo evitó; Fulvio volvió á tomar todas las ciudades del Samnium y Aníbal no pudo contar más que con la Sicilia y España. 24. En Sicilia, Siracusa resistió dos años (214 á 212) á Marcelo, gracias al poderoso genio de Arquimedes; pero la toma de la ciudad, á pesar de dos victorias de Mutino sobre Marcelo, cerca de Himera, implicaba la rendición de Agrigento, abierta á Valerio Levino por el propio Mutino (210), y la sumisión de la isla entera, definitivamente reducida á provincia romana. En España, los Scipiones habían socorrido (215) á Illiturgis contra tres ejércitos cartagineses; salvado la ciudad de Intibili, cerca de Castulón (215); batido en cuatro encuentros (214) á Asdrúbal, á Magón y á los galos; arrojado de Sagunto á los cartagineses (213); preparado á Roma la alianza de Sífax, rey de Numidia, y decidido á los celtíberos á servir bajo las águilas romanas. 25. Vencedores juntos, se separaron desgraciadamente para la sumisión de la península: Publio, marchando solo contra Magón y Asdrúbal Giscón, fué á luchar contra los dos ejércitos, unidos á los del númida Massinissa y del español Indibilis, y pereció en la acción, mientras que algunos dias después, Cneo fué deshecho por á ejércitos victoriosos, y el de Asdrúbal, contra el cual marchaba. España estaba perdida para Roma, á no ser por el heroísmo de un caballero, Cneo Marcio, que obtuvo algunos triunfos, y por la audacia del joven P. Cornelio Scipión, que, nombrado pretor antes de la edad marcada (211), vengó á su padre y á su tío con la toma de Cartagena (210), por las victorias de Betula (209), de Hi pa (208) y otras varias. En cuatro años, y á fuerza de actividad, de moderación hacia los españoles, de firmeza y clemencia hacia sus tropas insurreccionadas, y merced también á sus hábiles alianzas, reconquistó á España. 26. Aníbal se había aprovechado de la división de las tropas romanas, para intentar levantar el sitio de Capua. Batió (212) á Apio Claudio y á Fulvio en los campos de aquella ciudad; sorprendió á Tarento; dispersó en Lucania el ejército de esclavos de Sempronio Graco, que murió en una emboscada; dió muerte á 15.000 hombres del centurión Pénula y á 16.000 del pretor Cneo Fulvio, cerca de Herdonea; en fin, intentó sobre Roma un golpe de mano (211), que el Senado y el pueblo despreciaron, vendiendo el campo en que estaba acampado y desguarneciendo de tropas la ciudad. Capua, por último, vuelta á tomar por los procónsules Q. Fulvio Flaco y Apio Claudio Pulcher (211), fué tratada con todo rigor, y Aníbal se vió obligado á refugiarse en el Brutium (Abruzo). 27. Reducido á una guerra puramente defensiva, la hizo con vigor y destreza admirables. Venció en Herdonea (210) al procónsul Cneo Fulvio Centumalo; Marcelo dejó que tomase á Salapia y Maronea y le batió, aunque fué batido por él cerca de Capua (209); no pudo impedir que Fabio tomase de nuevo á Tarento (209); atrajo á Marcelo á una emboscada y le dió muerte (208); obligó á los romanos á levantar el sitio de Locres; y, reforzado por una multitud de tránsfugas italianos, esperó con confianza á su hermano Asdrúbal que, escapando de Scipión (208), le llevaba de los Pirineos y los Alpes 52.000 españoles y galos (207). Pero, vencido en Lucania por el pretor Hostilio (207), supo que Asdrúbal había perecido á orillas del Metauro, batido por Livio Salinator y C. Claudio Nerón. Entonces se retiró de nuevo á los Abruzos y allí se mantuvo cuatro años aún, á pesar de todos los generales romanos En aquel momento, la Sicilia y la España estaban reconquistadas; los númidas eran aliados. 28. Scipión propuso llevar la guerra al Africa para atraer allí á Aníbal. Siendo cónsul (205), á pesar de la oposición de Fabio, preparó su expedición á Sicilia, mientras que Lelio la principiaba por incursiones en las costas de Cartago; sufrió, á causa de las iniquidades de Pleminio en Locres y de sus ocios en Sicilia, la información ó proceso de diez comisarios romanos; pasó al Africa (204), y allí encontró á Sifax aliado de los cartagineses; á Massinissa, destronado, y saqueado todo el país. Dió muerte á Hannón y á 2.000 cartagineses; incendió delante de Utica (203) los dos campos de Asdrúbal y de Sífax; batió á los dos en la Gran Planicie; hizo perseguir y prender al segundo por Massinissa, y asegurado por una excelente caballería para el restablecimiento de éste en Numidia, dueño de Utica y de Túnez, amenazó de cerca á Cartago, que llamó de nuevo á Aníbal y á Magón del Sur y del Norte de Italia. 29. Aníbal había derrotado cerca de Crotona al cónsul Sempronio (204) y contaba con la llegada de Magón, que había desembarcado en Liguria (205); pero Magón fué derrotado por los insubrienses (203), y murió de sus heridas en el mar. Aníbal mandó ahorcar á todos los mercenarios italianos que rehusasen seguirle; abordó á tierra africana, propuso, aunque en vano, la paz á Scipión, para no combatir con reclutas centra tropas aguerridas, y perdió (202) la batalla de Zama, última desgracia gloriosa del general cartaginés. 30. Volvió á entrar en Cartago, y obligó al Senado á aceptar las condiciones de Scipión. Por el tratado de 201. Cartago se obligaba: «á no conservar más que su gobierno y territorio propio; á entregar sus elefantes y sus barcos (Scipión les quemó quinientos, excepto diez trirremes); á pagar, en cincuenta años, diez mil talentos. (unos 55.609.000 pesetas); á no hacer guerra sin permiso de Roma, y á devolver á Massinissa todo lo que de sus antepasados había recibido.» 31. La segunda querra PúnicA es la más célebre de las tres, y una de las más famosas del mundo en todos los períodos de la historia, tanto por sus importantes peripecias y sus famosísimas batallas, como por el espectáculo portentoso que ofrecieron la constancia, la energía del Senado latino, por una parte; y por otra, el genio de Aníbal en lucha abierta y formidable con el genio latino. 32. Tercera querra PÚNICA.— Sus causas aparentes fueron ciertas dificultades que experimentaba Massinissa en el territorio de Cartago; sus instancias y súplicas al Senado de Roma para que acudiese en su ayuda; y más que todo, el proceso histórico de Catón, el cual, irritado al ver poblada, rica y próspera á la ciudad cartaginesa, terminaba todos sus discursos con la célebre frase: «Hay que destruir á Cartago.» La ocasión de la nueva guerra fué la resistencia de dicha ciudad (batalla de Oroscopa) á una nueva empresa de los númidas, y no se acordó hasta después que los cartagineses habían violado el convenio de 201, de cuya infracción pretendieron en balde dar satisfacción al pueblo romano. 33. Cartago fué atacada (149) por los cónsules L. Marcio Censorino y M. Manilio Nepote, que garautizaron la conservación de todos los bienes si los habitantes entregaban sus armas y máquinas de guerra. Así lo hicieron, y entonces se les ordenó establecerse á 80 estadios (15 kilómetros) en las tierras, porque Cartago debía ser arrasada. 34. Los cónsules llevaron la peor parte en tres encuentros; sus máqui
nas y escuadras fueron incendiadas parcialmente; una columna de ataque hubiera sido destruída, forzado el campo de Manilio y deshecha su armada, á no ser por Scipión Emiliano, que se encontraba siempre y en los momentos más oportunos en los sitios de mavor peligro, y que se apoderó de 2.200 hombres de caballería cartaginesa, supo reconquistar la confianza. de Massinissa y, después de su muerte, volvió á poner al frente de la ciudad á uno de sus hijos, Gulussa, con todas sus fuerzas. No habiendo sabido L. Calpurnio Pisón Cesonino, cónsul del año 148, mantener la disciplina de sus tropas, ni hacer avanzar el sitio, Scipión, en vez de la edilidad que pedía (147), obtuvo el consulado; restableció la disciplina; cortó toda comunicación entre la ciudad y el continente; cerró por medio de un dique la entrada del puerto; rechazó una nueva escuadra cartaginesa, que de improviso salió de un segundo puerto secretamente abierto en la roca por los sitiados; forzó durante el invierno el campamento de Neferis; y continuando en el mando en calidad de procónsul (146), se apoderó del puerto Coton, cuya posesión le quitaba la ciu lad. Necesitó, sin embargo, ocho días para llegar á la ciudadela (Byrsa), á través de calles estrechas y valerosamente defendidas.
Obligó, en fin, á capitular á 50.000 hombres, mandados por Asdrúbal. Aquella entrega, más que convenio ó capitulación, fué el último suspiro de una raza que se hunde en su fosa. 35. La tercera guerra PÚNICA fué la más honrosa para los vencidos, quienes combatieron como héroes, también la más famosa para los vencedores, ennoblecidos por el genio del grande Scipión, menos insigne avasallando con sus victorias el suelo africano, que muriendo olvidado y glorioso en las soledades de la Campania.
Resumen.—Epocas. 1. La primera guerra PÚNICA comprende desde el año 489 al 512 de Roma, ó sea desde el 264 al 241 antes de Jesucristo, abrazando un período de veintitrés años. 2. La segunda comprende desde el año 534 al 552 de Roma, ó sea desde el 219 al 201 antes del Salvador, comprendiendo un período de dieciocho años. 3. La tercera comprende desde el año 604 al 607 de Roma, ó sea desde el 149 al 146 antes del Mesías, abarcando un período de tres años. Por consiguiente, las tres querras PÚNICAS representan cuarenta y cuatro años de lucha incesante en un período de ciento dieciocho. Parece imposible que un general pudiese vivir años y años fuera de su patria, guerreando á fuego y sangre, las más de las veces en tierras enemigas. Tal es la empresa maravillosa del gran general cartaginés. Aníbal entró en Cartago después de treinta y cinco años de ausencia. 4. Resultados de la primera querra PÚNICA. La conquista y dominio de Sicilia por las armas de Roma. 5. Resultado de la segunda. La absoluta supremacía de los romanos en las costas de Africa y España, habiendo asegurado el imperio del mar contra el único pueblo que osó disputárselo. 6. Resultado de la tercera. La destrucción completa de la ciudad. En efecto, Cartago fué arrasada y sólo faltó que una piedra fúnebre hubiese transmitido á la historia el terrible proceso de Catón: delenda Carthago.
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