Roque Barcia · 1880-1883
Platón
tomo 4 · página 281 · ver la página del original
Platón. Ilustre filósofo griego, hijo de Aristón, que nació en Colito, cerca de Atenas, en 430 ó 429 antes de Jesucristo, y murió en 347. Su verdadero nombre era Aristocles. Se ejercitó al principio en la poesía, y su primer maestro de filosofia fué Crotilo, que le enseñó la doctrina de Heráclito. A los 20 años se hizo discípulo de Sócrates, y cuando éste murió, concurrió eu Megara á la escuela de Euclides; visitó luego el Egipto, Cirene, la Magna-Grecia, á fin de aumentar y perfeccionar sus conocimientos. En estos viajes se impuso en la doctrina sacerdotal del Egipto, así como en los sistemas filosóficos de Pitigoras y Parménides. A su vuelta fundó cerca de Atenas, en la Academia, la célebre escuela que lleva su nombre. Muchas ciudades le pidieron y obtuvieron de él constituciones. Hizo tres viajes desgraciados á Sicilia, los dos últimos á petición de Dionisio el Joven, y con la esperanza de reformarle. La filosofía de PLATÓN reune toda la sabiduría antigua de los griegos. Abraza y armoniza todos los sistemas opuestos de Heráclito, Parménides, Pitágoras y Sócrates, con algo del carácter de los sacerdotes de Egipto. Ningún escritor pagano ha hablado tan dignamente como él de Dios, de la inmortalidad y de la virtud. Su doctrina puede encerrarse en pocas palabras: elevar la razón á Dios en todas las cosas y todas las cosas en él, porque es la verdad infinita, y la eterna razón de las cosas; elevar el amor á Dios; amar á Dios en todo lo que es bello, y todo lo que es bello en él; porque él es la belleza eterna é infinita, de la cual toda belleza finita y pasajera no es más que un reflejo. En PLATON, la belleza de la forma iguala á la grandeza del fondo. Contemporáneo de Fidias y de los escultores del Partenón, refleja en su estilo la sencilla majestad y la gracia vigorosa de las obras de aquellos artistas La doctrina de PLATON es exotérica (pública) ó esotérica (secreta). En sus obras no se encuentra completamente formulada en ninguna parte; es necesario reconstituirla reuniendo los principios esparcidos. Abraza todos los ramos de la ciencia: psicología, lógica, metafísica, teología, moral, política y estética. Su doctrina de las ideas forma la base del sistema entero. Tipos fundamentales, eternos é invariables de las cosas, verbo ó lógos divino, constituven la esencia de todo lo existente. Son innatas en el hombre, el cual no las produce ni las aprende, sino que las recuerda, y son en él la razón misma. Son la base de lo bueno, de lo bello y de lo verdadero. La unidad, ó mejor dicho, la armonía de las ideas, tal como se presenta en el seno de la razón divina, del eterno lógos, es el principio supremo del arte y de la política. En su República, enumera las diferentes formas de gobierno, que divide en legal, natural, consuetudinario, hereditario y violento ó tiránico. Además de la República, escribió el Eutifrón, ó de la santidad; Critón, ó deberes del ciudadano; Fedon, ó de la inmortalidad del alma, precioso monumento de la filosofía; Crátilo, ó de la naturaleza de los nombres; El Sofista; la Política, ó el arte de gobernar; El Parménides, ó de las ideas; Filebo, ó del deleite; El Banquete, ó del amor; El Fredo; El primer Alcibiades, ó de la naturaleza del hombre; El segundo A lcibiades; Hiparco; Los Erastes, ó de la filosofía; Teages, ó de la sabiduría; Carmiñes, ó de la moderación; Lisis, ó de la amistad; Eutidemo; Protágoras, ó los sofistas; Gorgias, ó de la retórica; Menón, ó de la virtud; Los dos Hipias; Ion, ó del entusiasmo poético; Menexeno, ú oración fúnebre de los atenienses que murieron por la patria; Clitofón; Timeo, ó de la naturaleza; Critias; Minos, ó de la ley; De las leyes, en doce libros, etc.
Reseña.—1. Descendía de Codro, por parte de padre, y de Solón, por su madre Perictioné. 2. Cuando su maestro Sócrates fué acusado, le aconsejó someterse á una retractación, ofreciéndose á servirle de fiador en aquel trance. 3. No quiso tomar parte alguna en las luchas políticas, y como su maestro, se mostró siempre poco afecto á la democracia anárquica de Atenas. Sin embargo, la tiranía aristocrática de los Treinta, entre los cuales tenía parientes y amigos, defraudó de tal modo sus esperanzas de prudentes reformas, que no dudó en afiliarse al partido libertador, dirigido por Trasíbulo. 4. En sus viajes á Sicilia y á la Magna-Grecia, debió conocer personalmente á los pitagóricos Architas y Timeo, estudiando las doctrinas de aquella grande y noble escuela en la obra de Filolao. 5. En Siracusa, sus amigos le pusieron en relación con Dionisio el Antiguo, el cual, irritado poco después contra él, le entregó á los embajadores espartanos. Trasladado á Egina, entonces tributaria de Esparta, sólo merced á la intervención de Anniceris de Cirene se libró de la esclavitud. 6. De vuelta á Atenas, fundó su escuela, cuando contaba ya 40 años, bajo la sombra de las enramadas de la Academia. De aquí proviene el nombre de A cademia, dado á las escuelas que continuaron la suya. 7. Hacia el año de 368, poco después de la muerte de Dionisio el Antiquo, y á instancias de Dión, tío de Dionisio el Joven volvió á Siracusa, con la esperanza de atraer al principe á su escuela filosófica y, tal vez, con el propósito de inculcarle sus máximas políticas. Pero muy en breve Dión fué desterrado y PLATÓN se vió obligado á volver á Atenas. 8. En 261 emprendió aún un nuevo viaje á Siracusa, con el fin generoso de lograr la reivindicación de Dión, y sólo la influencia de Architas pudo librarle de que fuera encerrado en una mazmorra. 9. Desde entonces no volvió á salir de Atenas, donde no abandonó un momento la dirección de su famosa escuela, hasta que murió, según se dice, escribiendo uno de sus diálogos inmortales. 10. Lo que dominaba en la enseñanza de PLATÓN, era la forma, reducida casi exclusivamente al diálogo. Sin embargo, dentro de ella desarrollaba á veces en un discurso no interrumpido los puntos más difíciles de su teoria. 11. En PLATON, lo mismo que en Sócrates, el obieto de la enseñanza es desenvolver y dirigir la inteligencia, más bien que imponerle una doctrina determinada. Para esto, ningún escrito puede reemplazar á la palabra y, aun dentro de ella, el discurso seguido no llena las necesidades de un diálogo entre el maestro y los discípulos. PLATÓN no quiso, como Sócrates, dejar á sus sucesores el cuidado de perpetuar su influencia de iniciación y, al par que hablaba, escribía. 12. Todos sus escritos, excepto las cartas, son diálogos en que su doctrina no está expuesta de una manera correlativa, pero cuyo resultado es llegar al desenvolvimiento de su teoría, haciendo que el pensamiento del lector se identifique con el del maestro. 13. Entre los diálogos que se le atribuyen, los que nos faltan, son poco numerosos, y aun tenidos en su mayor parte como apócrifos por sus contemporáneos. Poseemos, pues, cuanto escribió de importante; pero Aristóteles nos dice que su palabra iba con frecuencia más allá de lo escrito; y esto es lo que la tierra ha sepultado con sus despojos. 14. De las obras que con su nombre han llegado á nosotros, once fueron consideradas por los antiguos como sospechosas. Estas son: los diez Diálogos; el Demoducos, el Sisifo, el Eryxias, el Axiochus, sobre la justicia, sobre la virtud, el Minos, el Hiparco, el Theages y el Epinomis y el opúsculo Definiciones. La autenticidad del Clitophón y de los Amantes parece asimismo muy dudosa, y los críticos modernos han discutido con verosimilitud, pero sin verdaderas pruebas, la del primero y segundo A lcibiades, la del pequeño Hippias y la de El Ión. Por lo demás, ninguno de estos 17 opúsculos tiene importancia para la doctrina de nuestro personaje. 15. Dos de las trece Cartas que se le atribuyen, la segunda y la séptima, no tienen el crédito que las demás; pero indudablemente todas son de PLATÓN, aunque publicadas después de su muerte por sus discípulos y tal vez alteradas en sentido apologético para el maestro. 16. En cuanto á los diálogos importantes, su autenticidad está reconocida universalmente. Su objeto es
la filosofía; pero El Menezeno es un opúsculo esencialmente literario, y el Critias, histórico ó mitológico. En otros muchos diálogos figuran los mitos; pero solamente en calidad de episodios. El Fedro y El Gorgias conciernen especialmente á la retórica, y El Ión, á la poesía. 17. El Fedro es una obra brillantísima de la juventud de PLATÓN; sin embargo, en ella se ve ya aparecer toda su doctrina. 18. Otros varios diálogos parecen escritos antes de la fundación de su escuela. Estos son, de una parte, los que representan la lucha con los sofistas y que no se apartan en nada de la doctrina de Sócrates; de otra, aquellos que tienen por objeto la apología del ilustre maestro. 19. Los de la primera clasificación, forman una especie de introducción á la doctrina platónica. y comprenden: El pequeño Hippias, El Ión, El primer A lcibiades, El segundo A lcibiades, El Fedro. El Charmide, El Lysis, El Laches, El Protágoras, El Euthydemo, El Gran Hippias, La A pología, El Critón, E! Euthyphrón, El Menón y El Fedón. 20. En una segunda serie de diálogos, compuestos todos, ó casi todos, después de los precedentes, hace derivar de la discusión dialéctica su noción (yvoeis, gnosis) de la ciencia en general y de la filosofía en particular, los principios de su teoría de las ideas, su lógica y su método, dejando entrever la aplicación de estos principios á los diversos ramos de la filosofía especulativa y práctica. 21. Esta segunda serie se compone: de El Gorgias, de El Teteo, de El Sofista, de El Político, de Cratylo, de Parménides, de Filebo y de El Banquete. 22. Por último, una tercera serie comprende: La República, El Timeo, El Critias y Las Leyes. 23. En estos diálogos, excepto El Critias, desarrolla de una manera más encadenada y casi didáctica su fisiología, su moral, su política, su física y su teogonía. 24. El Critias queda aún incompleto. Las Leyes, publicadas después de la muerte de PLATÓN por Philipo de Oponto, que le añadió El Epinomis, á título de suplemento, datan, á lo que parece, de los últimos tiempos de PLATÓN. 25. La República, El Timeo y El Critias forman tres actos consecutivos del mismo drama, sucediendo lo mismo con El Teteo, El Sofista y La Política. 26. Los diálogos de la primera serie y El Gorgias ponen de manifiesto la doctrina de Sócrates y la de los sofistas. El Teteo combate la escuela de Megara. El Parménides desarrolla las teorías de la escuela de Elea. El Timeo representa la fusión de las doctrinas pitagóricas con la doctrina de PLATÓN. En estas dos últimas series, y principalmente en El Teteo, El Filebo, el discurso de Diótimo en El Banquete, El Timeo, La República y Las Leyes, es donde hay que buscar el fondo de su verdadera doctrina. Los demás diálogos suministran algunos datos complementarios; pero son, más que otra cosa, ejercicios y ejemplos del método dialéctico. 27. El punto de partida de la filosofía de PLATÓN, á semejanza de la de Sócrates, es el conocimiento de sí mismo. Pero en lugar de limitarse á los datos del conocimiento natural y á la filosofía práctica, quiere que el hombre se eleve metódicamente á la especulación por medio del análisis de sus pensamientos. Para PLATÓN, el fin á que tiende el hombre, es el conocimiento racional que, según él, tiene por consecuencia necesaria la virtud. 28. Este conocimiento es triple, como su objeto, y comprende: .°, el entendimiento, que percibe con una certidumbre absoluta las ideas, tipos eternos, inmutables y perfectos de cuanto existe; 2.°, la ciencia, que percibe con una certidumbre matemática las nociones generales, su definición y las consecuencias que de ellas se deducen; y 3.°, la opinión, más ó menos probable, que busca en el orden de las cosas sensibles la aplicación de las ideas, del entendimiento y las nociones de la ciencia. 29. Además, pero fuera del conocimiento racional, existe la percepción de los fenómenos, de las cosas sensibles y perecederas, no sirviendo á la ciencia para otra cosa que para recordar las ideas que el alma ha percibido en una existencia anterior. De aquí se viene al conocimiento de que las ideas son en realidad el principio de la esencia, concretándose en estos tres principios: el ser, la unidad y el bien, de los cuales el bien es el principio supremo de la finalidad. 30. En cuanto á la causa eficiente suprema, llega á ella por otro camino; por la contemplación del orden del universo, que supone una causa soberanamente poderosa, inteligente y buena. Dios es el origen necesario del bien. 31. El mal viene de la materia, ser eterno en que domina el ciego principio de la necesidad. La materia primera consiste en un ser incorpóreo, cuyo único atributo es la ilimitada extensión. Pero á esta materia indefinida se une eternamente una forma desordenada, y esto es lo que constituye la segunda materia; la cual, compuesta de corpúsculos de diversas formas geométricas, es enteramente inactiva por sí propia, pero está movida por un alma inconsciente, principio de cierto movimiento confuso. 32. Dios ha hecho penetrar la inteligencia en aquella alma, y ha producido así la separación de los corpúsculos elementales, su unión armónica, y el comienzo del mundo; esto es, del orden en el universo. 33. No existe más que un Dios inmutable; pero este Dios incondicional, ser absoluto, parece reflejar su esencia en un principio secundario, cuya creación tiene lugar del siguiente modo. El alma del mundo; más claro, el alma inconsciente, habiendo adquirido la inteligencia, se ha convertido en un Dios inmortal por la voluntad del Dios supremo. 34. Este principio ennoblecido se subdivide en tantas almas como cuerpos celestes, hombres y animales existen. Cada una de ellas participa más ó menos de la inteligencia; esto es, de la Divinidad, y por su mediación y haciendo penetrar en ellas su discurso, es como Dios obra sobre el mundo para lograr que domine el bien. 35. El hombre tiene un alma razonable, á la que pertenecen el entendimiento, la ciencia y la opinión. Esta alma es capaz de la felicidad y de la desgracia, del amor al bien y á lo bello; está dotada de voluntad; reside en la cabeza y no muere. 36. Además, el hombre tiene dos almas mortales, de las cuales, la una, asiento de las pasiones enérgicas, reside en el corazón, y la otra, órgano de las sensaciones, de los apetitos sensuales y de la imaginación, reside en el hígado. 37. Estas dos almas irreflexivas, pero dotadas de percepción interna y de voluntad, están en relación con el alma consciente, la cual sabe lo que pasa en ellas y debe regirlas y gobernarlas. 38. La virtud consiste en la asimilación á Dios; esto es, á la inteligencia suprema, que es al mismo tiempo el ideal del bien. La virtud, pues, es la tendencia constante hacia el bien en todas las cosas. 39. El vicio y el crimen son enfermedades que se curan por el castigo y la enseñanza. El vicio lleva consigo la desgracia como consecuencia infalible, no sólo en esta vida; sino más allá, puesto que la Providencia pone el alma en existencias sucesivas y corporales; aunque sin reminiscencias de los anteriores, en condiciones de nuevo perfeccionamento. Como se ve, PLATÓN admite la metempsícosis; pero solamente entre los hombres y sin llevar la transmigración al cuerpo de los animales. Con ella da á la moral un fin sublime y una sanción suprema; aunque desprovisto de libre albedrio. 40. Su politica se propone la organización de la sociedad teniendo como base el bien, es decir, la elevación del mayor número posible de hombres á la ciencia y á la virtud. Su fundamento es el sacrificio de todos al Estado, preparando á los ciudadanos á él por medio de la educación, y tratando de conseguir la unidad absoluta y la perfección ideal de la entidad social. Sin embargo, en La República, no respeta ni la libertad individual, ni la familia, ni la propiedad, por más que en Las Leyes, obra de su vejez, sacrifique algo de sus principios absolutos á lo que considera como debilidades de la naturaleza humana. 41. La estética de PLATÓN, sus teorías sobre lo bello, sobre las artes y sobre la poesía, son inimitables,
á pesar de la proscripción política que formula, á su pesar, en La República, contra las fábulas de la epopeya. Sus puntos de vista sobre la elocuencia son como el programa de La Retórica de Aristóteles. 42. En cuanto á su cosmología, hace de ella una ciencia conjetural, creyendo que no puede irse más allá de la presunción. 43. En astronomía, su sistema es, en general, el de Pitágoras, ó sea la admisión de la inmovilidad absoluta de la tierra en el centro del mundo, la revolución diurna del cielo entero de Oriente á Occidente y las revoluciones de la luna, del sol y los cinco planetas de Occidente á Oriente, alrededor de la tierra. Sin embargo, Teofrasto afirmaba que el gran maestro, en su vejez, había colocado la tierra como centro del mundo. Con efecto, un pasaje de Lus leyes indica enigmáticamente su sistema, que parece no ser otro que el de Copérnico, al cual había llegado tratando de explicarse por movimientos concéntricos las anomalías aparentes de la rotación planetaria. Sus explicaciones, temerarias a priori, presentan al lado de muchos errores algunas importantes conjeturas, tales como la teoría matemática de los sonidos, tomada de los pitagóricos, de la cual se vale para dar un notable impulso á las matemáticas puras. Preciso es perdonarle, como á Pitágoras, el haber introducido los números en ciertas especulaciones, donde representan un papel arbitrario, y de haber envuelto con frecuencia su pensamiento en mitos más ingeniosos que perceptibles, en gracia á los verdaderos progresos que imprimió á la ciencia de todos los siglos. 44. PLATÓN es, con su prosa admirable, uno de los más grandes poetas de Grecia. Después de la Biblia, nada se puede comparar á la donosura, á la elegancia y á la sublimidad de su estilo. Su filosofía es, á pesar de sus yerros, la aspiración más elevada del pensamiento humano dentro del paganismo. 45. La antigua Academia alteró su doctrina y la defendió con debilidad contra el peripatetismo; la media y la nueva, la hicieron degenerar en un escepticismo estrecho é inconsecuente. El neoplatonismo la transformó en una doctrina poderosa; pero profundamente errónea y que frisaba en el delirio. 46. Algunos padres de la Iglesia comprendieron mejor el platonismo, mientras que algunos heresiarcas extravagantes lo desprestigiaban afectando inspirarse en él. A través de estas encontradas corrientes es como el platonismo atravesó la Edad media. 47. El Renacimiento restauró el neoplatonismo más bien que las doctrinas del insigne filósofo. 48. La escuela cartesiana fué la que más hubo de inspirarse en sus bellísimos pensamientos, aunque sin hacerle grande honor; y lo que es más, sin rendirle verdadera justicia. 49. En nuestros días, la escuela de los materialistas condena el platonismo, mientras que los filósofos espiritualistas se apoyan en él, como en uua especie de dogma. 50. Juicio.—PLATÓN, hablando al mundo de una atracción íntima, eterna, amorosa, parece ser la profecía pagana del sublime Verbo cristiano. En este sentido puede decirse que la misma gentilidad pagó tributo á los misterios de la Redención. 51. Bibliogra fía.—Las mejores ediciones del texto griego de las obras de PLATÓN son: 1.°, la de MM. Baiter, Orelli y Winckelman (Zurich, 1838, un volumen en 4.°), comprendiendo el texto con las variantes, el Léxico platónico, de Timeo el Sofista, completado con el extracto de otros léxicos antiguos, la colección de los escolios, un índice de autores citados por PLATÓN, otro, de los nombres propios, comprendiendo los de los personajes á los que PLATÓN alude sin nombrarlos, y uno, de los manuscritos consultados; 2.°, la publicada en la Biblioteca de autores griegos, de MM. Didot. bajo la dirección de MM. Schneider é Hirschig. La mejor edición completa, con comentarios y argumentos, es la de M. Stalbaunn (Gotha, 1833 y siguientes, 10 volúmenes en 8.°). Una traducción francesa de las Obras completas de PLATÓN se publicó (Paris, 1821-1850) por M. Victor Cousin 52. Para la biografía de PLATÓN, además de Diógenes de Laercio y Snidas, deben consultarse las Cartas atribuidas á PLATÓN, dos Vidas de aquel filósofo; la una, de Olimpiodoro; y la otra, anónima; Apuleyo, De Dogmate Platonis y el principio del comentario de Proclo sobre El Timeo.
Además, deben verse: Combes-Dounous, Ensayo histórico sobre PLATÓN (Paris, 1809); Ast, Vida y escritos de PLATÓN, en alemán (Leipzig, 1816); Socher, Sobre los escritos de PLATÓN, en alemán (Munich, 1820); Herman, Historia y sistema de la filosofia platónica, en alemán (Heidelberg, 1839), y Scheleirmacher, en su traducción alemana de las Obras de PLATÓN. 53. Acerca de los personajes de los Diálogos, véase: Grœ Van Prinsterer, Prosographia platonica (Leiden, 1823). 54. En cuanto á la doctrina platónica, además de Diógenes de Laercio, consúltese: Apuleyo, De Dogmate platonis; Alcinous, Introducción á la doctrina platónica; Albinus, Introducción á los diálogos de PLATÓN y los comentarios antiguos de los diferentes diálogos, tales como Olimpiodoro, Proclo, Calcidio, etc., así como las obras modernas siguientes: Brandis, Manual de historia de la filosofía griega y romana, en alemán (Berlin, 1844); los argumentos de Cousin, de Stalbaunn y de Schleirmacher; Tiedemann, Platonis dialogorum argumenta platoniciense (Leipzig. 1792-1795); Van Heusde, Inicia philosophice platonice (Utrech, 1827-1837), Zeller, Estudios platónicos (Stuttgar, 1839) Th. Hermi Martin, Estudios sobre El Timeo (Paris, 1841): el mismo, Opinión de PLATÓN sobre los dioses; Julio Simón, Estudios sobre la Teodicea de PLATÓN y Aristóteles (París, 1840); Schurmann, De Deo Platonis (Münster, 1845); Trendelembourg, Platonis de iders et memoris doctrina ex Aristoteli ilustrata.
abrir en el lector · buscarla en todos los diccionarios · los datos de la obra