Primer diccionario general etimológico

Roque Barcia · 1880-1883

Pindárico

tomo 4 · página 247 · ver la página del original

Pindárico, ca. Adjetivo. Lo que pertenece á Píndaro ó á su estilo; y así se dice: oda PINDÁRICA.

ETIMOLOGÍA. Píndaro: latín, pinda rìcus; italiano, pindaresco; francés, pindarique.

Pindaro. El más célebre de los poetas líricos griegos, que nació en Tebas por los años de 520 y murió en 456 antes de Jesucristo. La tradición aseguraba que su nacimiento y su muerte habían sido acompañados de circunstancias maravillosas, anunciándole la última los oráculos. Cultivó todos los géneros de poesía, aunque no han llegado á nuestros tiempos más que los himnos compuestos para celebrar el triunfo de los vencedores en los juegos de Grecia. Sus odas son altamente patrióticas y nacionales; su poesía es brillante, enérgica, robusta, llena de movimiento y fuego; abunda en hermosas imágenes, pintadas con brioso y verídico pincel; sus metáforas no son inverosímiles ni oscuras, pero sí atrevidas y bellas; la dicción, el estilo, la animacion de sus cuadros seducen; y todas estas cualidades hacen que se le puedan dispensar ciertos defectos leves como digresiones largas y alguna oscuridad. Su ciudad natal le erigió una estatua que fué encontrada por Pausanias 600 años después de su muerte. (SALA.)

ETIMOLOGÍA. Pindo: latín, Pindarus; italiano, Pindaro; francés, Pindare.

Reseña.—1. Nació en Cynocéfalo, cerca de Tebas, en la Beocia. 2. Era hijo de una familia de músicos y fué discípulo del poeta Lasos, de Hermione. 3. Ningún poeta ha sido colmado de tantas ni tan honrosas distinciones. Los tiranos de Sicilia, Gelón, Hierón I y Therón; el tirano de Cyrene, Arcesilas; los reyes de Macedonia, Augusto I y Alejandro; los Scopades, y sobre todo, los Alenades, célebres familias dinásticas de la Tesalia, le admitieron con frecuencia á su mesa y le alojaron en sus palacios. Los atenienses le declararon huésped público de su ciudad; los anfictiones le decretaron el derecho de hospitalidad en todas las ciudades de la Grecia; la Pythia ordenó, en nombre de Apolo, que recibiría la mitad de las primicias ofrecidas en los altares del dios, y este glorioso privilegio fué trasmitido á la familia del poeta. En la fiesta de Apolo, se sentaba coronado de laureles en su trono de hierro, y Tebas le elevó en vida una estatua, en que estaba representado con la lira en la mano y la frente ceñida de una diadema. Después de su muerte, importantes privilegios fueron concedidos á su familia, y en el saqueo de Tebas por los macedonios, más de un siglo después de su muerte, su casa fué respetada por orden de Alejandro. 4. PíNDARO compuso un gran número de obras, de las cuales la mayor parte se ha perdido. Entre los diversos géneros á que se dedicó, merecen especial mención los siguientes: odas triunfales; himnos; prosodias (jaculatorias para las procesiones); ditirambos; parthenias (odas sagradas cantadas por coros de doncellas); hyporchamas (cantos para las damas religiosas); trenos (cantos fúnebres); peans (cantos de alegría); scolias (canciones báquicas); elogios; epigramas y tal vez algunas tragedias. Sin embargo, de todas ellas no nos han quedado más que las odas compuestas en honor de los atletas vencedores en los diferentes ejercicios del circo, divididas en cuatro grupos: Olímpicas, Pythicas, Nemeas é Istmicas. De sus demás poesías no nos quedan sino fragmentos de poca importancia. 5. Las odas no parecen haber sido el género que más renombre conquistó á PíNDARO entre sus contemporáneos. A pesar de sus grandes é incontestables bellezas, muchas de ellas están desprovistas de interés. Los vencedores en los cuatro grandes juegos solemnes eran con frecuencia hombres vulgares, y el poeta debía verse embarazado por la esterilidad del asunto. Cuando no encontraba nada que decir del vencedor, se entretenía en el elogio de los dioses protectores de los juegos y dispensadores de la victoria, exhornándolo con el relato de alguna leyenda mitológica. Si el vencedor era hombre importante, conocido ó ilustre, hacía su elogio, el de su familia y hasta el de los fundadores de su ciudad natal, terminando siempre dirigiendo al héroe preceptos de moral práctica, tomada las más de las veces de la parte episódica. 6. El estilo de PÍNDARO es ordinariamente oscuro (ya para sus contemporáneos lo era), porque habla casi siempre valiéndose de alusiones, hasta el punto de que pocas veces se vale de la expresión recta. Imágenes sobrado atrevidas, hasta rayar en sorprendentes, y metáforas audaces; pero en más de una ocasión inconexas, hacen su lectura por extremo penosa. Pero una vez comprendido el sentido, se reconoce en la dicción una armonía pomposa y grande, al par que su rápido movimiento subyuga y fascina. Esta pompa, tan extraordinaria para nosotros, se explica por la grandeza é importancia de las victorias semireligiosas que cantaba, y que estaba

Ilamada á rodear de una auréola inmarcesible, no sólo al vencedor, sino á los genios protectores de la Grecia. 7. Las principales ediciones de PíN DARO son: la de HEINE, Gœttinga, 1798; la de BoECKH, Leipzig, 1811, y las de DISSeN, Gotha, 1830 y 1847. 8. Entre las traducciones en prosa francesa, deben citarse las de GIN, TOURLET, MUZAT, COLLÍN y POYARD. La de este último fué premiada por la Academia Francesa en 1851. En verso, la más completa es la de M. FRESSEMONTVAL (Paris, 1851). Además existen traducciones separadas de las Píticas (Pythicas), por VINCET (1825); de las Olímpicas, por GUICHEMERSE, (1845), y de las Nemeas, por OLRY 9. Resumen.— PíNDARO no fué el cantor de cierta época, sino el poeta de sus dioses y de su patria. En menos términos, hizo una epopeya de una historia, así como Heródoto hizo una historia de una epopeya.

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